—Touya…

La voz de Fuyumi lo sacó de sus pensamientos. Abrió los ojos y levantó un poco la cara para mirar a su hermana que estaba bajo el marco de la puerta de su habitación. Tenía unos días aprendiendo a tocar la guitarra con un maestro que venía todos los días por la tarde para trabajar con él. Luego. como ahora iba a su cuarto y descansaba antes de hacer la tarea de la escuela. Este día en particular se perdió en sus pensamientos, eran días diferentes para Touya y se estaba adaptando bien. Ya no se sentía ansioso y con miedo. Las pesadillas no habían vuelto, no tenía estrés y se sentía feliz.

—¿Qué pasa Fuyumi? —Preguntó incorporándose en la cama.

—Papá te espera en la sala de entrenamiento —Dijo con voz baja mientras se tallaba nerviosa el brazo izquierdo.

—¿Entrenamiento? —Repitió como si no hubiera escuchado. Su corazón comenzó a latir ansioso y sintió como se erizaba la piel de su espalda— Pero… Pero él dijo que… —No terminó la frase, no pudo hacerlo.

Su hermana se mantenía mirando el suelo como si estuviera apenada por la situación, no era su culpa pensó Touya. Era la suya por haberse confiado y creer que su padre realmente quería lo mejor para él.

Touya se levantó despacio de la cama y asintió cabizbajo. Su hermana sonrió débilmente y se giró para volver por el pasillo. El chico se cambió la ropa y se puso la ropa ligera de entrenamiento que hacía mucho no usaba. Se sentía asustado. Sus ojos estaban comenzando a llenarse de lágrimas. No quería entrenar, le aterraba volver a prenderse en fuego.

El camino de su cuarto a la sala de entrenamiento fue como ir hacia la silla eléctrica. Touya se sentía atrapado en un camino sin salida. En su cabeza las imágenes de su cuerpo quemándose, el olor de su carne quemada y el sonido abrumante de la piel chirriando en el fuego lo hicieron sentir nauseabundo y aterrado. Al llegar apartó la puerta corrediza con manos temblorosas. Asomó la cara con cautela, su padre no estaba por ningún lado. Pensó entonces que tal vez había ocurrido algo que necesitaba su presencia. Sus hombros se relajaron, esperaba no tener que entrenar.

—Touya —La gruesa voz de su padre a sus espaldas casi lo hacen saltar del susto— ¿Estás bien? —Preguntó su padre con calma mientras arqueaba una ceja.

El chico asintió con rapidez mientras apretaba con nerviosismo la tela de su camiseta blanca. Miró a su padre que llevaba aquella caja negra que trajo del trabajo tiempo atrás.

—¿Por qué? —Dijo casi en un murmuro mirando el suelo.

Enji entendía la reacción de su hijo mayor. Seguramente estaba sintiéndose traicionado. Se acercó con calma y coloco su pesada mano sobre la cabeza de cabellos blanquecinos de su hijo. Con suavidad la palmeó un par de veces. Su hijo levantó la cara confundidos y sus ojos azules miraron los de Pro Hero. En ellos sin duda había miedo y también sorpresa.

—Siéntate hijo —Le dijo mientras una sonrisa leve se dibujaba en su rostro.

Touya se sentó con las piernas cruzadas en la duela de la sala de entrenamiento. Su padre se sentó frente a él también con piernas cruzadas y la espalda recta. Lo miró cruzar los brazos contra el pecho y cerrar los ojos como pensando lo que diría. Aquella situación como muchas otras que habían estado pasando esos días le pareció curiosa a Touya.

Enji se dio unos golpecitos con el índice en la frente y luego jaló la caja negra para ponerla entre su hijo y él.

—Te dije que este era un regalo para ti ¿lo recuerdas? —Preguntó acercando la caja a su hijo.

—Sí, si lo recuerdo —Respondió Touya pasando una mano sobre la caja de material rígido.

—Ya es hora de que lo abras.

Touya lo miró con duda, pero al final lo hizo. Puso sus dedos en los seguros de la caja y los quitó produciendo un clic metálico. Cuando levantó la parte superior por completo sus ojos azules fueron a dar a las dos barras de vidrio templado que había en el interior. Su labio inferior hizo un gesto de confusión, y sus cejas se levantaron con sorpresa. Cosa que no paso desapercibida para su padre que pensó que seguramente él se miró igual cuando abrió la caja frente a su amigo Sato.

—¿Qué tipo de regalo es este? —Preguntó tomando una de las barras entre sus manos.

—Son para que controles mejor tu quirk.

La cara de Touya ensombreció.

—Sabía que tarde o temprano me harías volver a entrenar —Dijo con un tono de voz molesto y herido.

—No se trata de…

—¡No te importó en absoluto! —Interrumpió Touya poniéndose de pie abruptamente— ¡No quiero entrenar!

Su padre se puso de pie. Las manos de Touya se cerraron en puños a sus costados. Miró a su padre con coraje y su puño izquierdo fue a dar contra el abdomen de su padre que ni siquiera se movió. No dio señal alguna.

—No… no quiero… morir… —Dijo el chico con la voz quebrada y las emociones desbordando su pequeño cuerpo.

Las manos de Enji rodearon el cuerpo frágil de su hijo que primero intento apartarse, pero después se aferró a su camiseta con fuerza mientras lloraba dejando salir todo lo que guardó por tanto tiempo. Enji levantó en brazos a Touya, y sostuvo a su hijo contra su pecho como si fuera un bebé de nuevo.

—Todo esta bien Touya —Palmeó con suavidad la espalda de su hijo.

Espero con paciencia hasta que el chico dejó de llorar. La respiración entrecortada por el llanto volvió a la normalidad y Touya se talló la cara con las manos. Miró a su padre quien sonreía como nunca lo había visto. Enji lo dejo sobre el suelo y se puso en cuclillas frente a él.

—Está bien llorar Touya —Los ojos del chico no se despegaban de los de su padre— Y no morirás hijo, te lo prometo. No dejaré que eso pase, es una promesa.

La voz sincera con la que su padre le hablaba, su cara amable que recordaba poco y sus acciones hicieron que el chico creyera que todo era cierto.

—Entonces ¿Por qué quieres que este aquí ahora?

—El doctor dijo que debías ejercitarte ¿lo recuerdas? —Touya desvió los ojos un poco como recordando y luego asintió— El doctor dijo que podías mejorar tu dominio de quirk, si eso pasa no deberías tener miedo de incendiarte de nuevo.

—¿De veras? —Preguntó mirando hacia la caja en el suelo— Pero ¿Y sí…?

—No haremos nada difícil y además estaré aquí contigo, ¿Quieres intentar? —Estiró la mano hacia su hijo ofreciéndola, Touya dudo un momento, pero al final tomó la mano de su padre que se cerró sobre la suya que era pequeña— Muy bien Touya.

Enji pensó que el primer paso estaba dado. Ahora vendrían otros pasos difíciles pero que estaba seguro irían bien. Solo tenían que ser cuidadosos y no sobre exigir a Touya.

La tarde de entrenamiento había sido diferente para Touya que por primera vez se sentía tranquilo en aquella habitación. Su padre y él pasaron la tarde juntos. Hicieron estiramientos juntos, Touya se divirtió saltando la cuerda y contó entre risas hasta el 500 sobre la espalda de su padre mientras hacía flexiones. No recordaba sentirse tan bien en compañía de su padre durante los entrenamientos, esta vez había sido divertido y el tiempo paso rápido. Su sesión de ejercicio fue ligera su padre en cambió se esforzó como siempre. Pues había pasado buen tiempo sin ejercitarse por lo de su brazo fracturado. Enji decidió tomar está sesión para acercarse a su hijo y asegurarse de que se sintiera seguro y confiado en su compañía. Quería volver a unir esos lazos con su hijo mayor. Era uno de sus objetivos mantener la sonrisa de Touya.

El chico miró a su padre tumbado en la duela respirando con fuerza. Su pecho iba arriba y abajo. Estaba sudado y el cabello se le pegaba a la cara.

—¿Estas cansado? —Preguntó de cuclillas a su lado y con las manos en las rodillas.

Enji abrió los ojos y la sonrisa de su hijo a su lado lo lleno de felicidad. No recordaba que él le regalará una así antes. No podía recordar casi a Touya en su otra vida. Estaban las fotos, pero no se trataba solo de la imagen, no podía recordar de aquel Touya su sonrisa. Su mirada cálida e infantil. Pero ahora estaban frente a él y algo en su pecho lo hacían sentir melancólico. En un movimiento rápido tomó el brazo de su hijo y lo jaló. Lo levantó sobre él recordando el juego preferido de su hijo cuando era aun un niño de pañales.

—¡Vuela Touya! —Dijo con una sonrisa abierta que ni el mismo reconocía en él.

Su hijo extendió los brazos a los lados. Su risa lleno todo el lugar cuando su padre comenzó a moverlo de un lado a otro mientras Enji aun estaba contra la duela de la sala de entrenamiento. Touya pudo recordar aquellos días cuando obligaba a su padre a levantarlo así y el simulaba volar.

—¡Puedo volar, puedo volar!

Rei estaba preocupada por Touya y Enji. Se había pasado la tarde con Natsuo y Fuyumi en la sala de estar. Pero su mente estaba en su hijo mayor. Impaciente de que no salieran fue a ver que pasaba. Mientras más caminaba por el pasillo hacia la sala de entrenamiento más fácilmente podía escuchar la voz de su hijo. La hermosa y melodiosa risa contagiosa de su bebé. Se asomó con cuidado y la escena que apareció ante ella le lleno el corazón de amor. Sintió que las lagrimas corrían por su rostro. Apartó un poco más la puerta provocando un ruido que hizo a Enji y Touya dirigir sus miradas hacia ella.

Natsuo y Fuyumi aparecieron corriendo detrás de ella atraídos por el sonido de la risa de su hermano mayor. Entraron en la habitación y fueron a caer encima de su padre para recibir también atención. Rei se adentró en la habitación con calma aun con la emoción que aquella escena de padre e hijo provocó en ella.

—Papá también quiero volar—Pidió Natsuo mientras su hermano mayor se sentaba en la duela con la cara enrojecida. Su hermana se sentó a su lado.

—Rei ¿Estas bien? —Preguntó Enji mirando a su esposa y con su hijo menor sentado sobre su pecho.

—Estoy bien querido, no te preocupes —Dijo con una sonrisa mientras miraba a su esposo tirado de espaldas en el suelo.

Natsuo comenzó a brincotear sobre el pecho de su padre exigiendo atención. Enji sonrió de medio lado y lo levantó sobre él como un ligero muñeco de trapo. La cara del menor de los Todoroki se iluminó con alegría y gritó con emoción mientras su padre lo batía de un lado a otro.

—Más rápido —Gritó Natsuo. Su padre se puso de pie y los ojos del chico se abrieron cuando la altura se multiplicó.

Fuyumi los miraba desde la duela donde estaba sentada con Touya. Pero sus ojos estaban encantados con aquel momento familiar. Enji puso a Natsuo en el suelo y el niño corrió a los brazos de su madre tambaleándose, pero riéndose. El pelirrojo extendió la mano hacia su hija que lo miró sorprendida. Le tomó la mano y él la levanto por los aires también. Enji lanzaba con delicadeza a su hija y la atrapaba con cariño. La niña se reía mientras iba arriba y abajo. Con los cabellos yendo de un lado a otro. Ahora entendía para que eran aquellos techos tan altos, eran para que los niños pudieran jugar con su padre pensó la niña.

Luego de un rato jugueteando con sus hijos, la sala de entrenamiento quedo sola. Nunca se había tomado antes la molestia de pasar un rato así con sus hijos. Aquello le pareció maravilloso. Estaba seguro de que sus hijos ya no tendrían la vida que antes el dibujo. Sabia que Touya viviría, que Fuyumi no se sentiría sola, que Natsuo no tendría rencor, que la sonrisa de Rei permanecería y que Shouto tendría una familia feliz, completa y amorosa.

Los siguientes días continúo ejercitándose con Touya, Natsuo y Fuyumi también se habían unido a las sesiones. Era un momento familiar ahora. Les gustaba estar con su padre y pasar el rato con él.

Los tres chiquillos miraban a su padre sentados en la duela con curiosidad. Su padre había dicho que Touya estaba mejorando su condición física y que podría usar aquellas barras extrañas que Enji guardaba en una caja oscura.

—Escucha Touya. Esto esta diseñado especialmente para ti —Los ojos de Touya miraban con atención a su padre— Las usaras para ir mejorando el dominio en tu quirk.

—¿Cómo se usan? —Pregunto poniéndose de pie.

—Solo tienes que dejar salir tus llamas en ellos, así, observa… —Dio unos pasos atrás alejándose de sus hijos— Debes hacerlo con calma —Las manos de Enji apretaron las barras y su fuego abrazador comenzó a expandirse a través de todo el cuerpo de las barras de vidrio.

Los ojos de los tres niños estaban iluminados con interés. Touya pensó que aquello era genial. Tal vez si podría ser un héroe, pero sería uno solo si el lo quería. Se acercó a su padre con una mano extendida. Las llamas de Enji se extinguieron lentamente y luego le dio a su hijo las barras.

—Hazlo con calma.

La cara de Touya tenia algunas gotas de sudor cayendo a su costado. Sus manos apretaron las barras y con el corazón latiendo en su pecho. Con una mezcla de miedo y emoción inundándolo miró a su padre. Las llamas de fuego azul y fuerte comenzaron a cernirse sobre las barras de vidrio por un momento se sintió asustado de ver su propio quirk en acción. Dio algunos saltos emocionado. Blandiendo las barras envueltas en fuego azul.

—¡Lo hice! ¡Lo hice papá! No me estoy quemando ¡Estoy bien!

—Eso es asombroso —Gritó Natsuo con los puños al aire.

—¡Bien hecho hermano! —Felicito Fuyumi jalando a su hermano pequeño lejos del fuego de Touya.

—Eres increíble hijo —Dijo casi sin pensarlo.

Los tres niños miraron a su padre y luego comenzaron a reírse.