Disclaimer: Los personajes de Hellsing les pertenecen a sus respectivos autores, editoriales y productoras. Es una historia destinada sólo al entretenimiento y sin fines de lucro.
.
"Aquel que ha contemplado la belleza está condenado a seducirla o morir"
August von Platen
.
Puedo olerlo.
El aroma del miedo, el tenue sonido de pasos desesperados por conservar la vida. Puedo percibirlo, a pesar de ese estado de letargo que se me ha impuesto por veinte años. Es poco lo que lúcidamente puedo escuchar o sentir, pero lo poco que capto, basta para darme cuenta de que algo grande sucedería. De que algo grande me sucedería.
De repente, escucho un melodioso chillido que hace que las entrañas se me estremezcan por primera vez en… ¿20 años? ¿50 años? ¿100 años? ¿Toda la vida? Imposible… alguien como yo no debería sentir ese tipo de cosas por primera vez…
— Papá, ¿esto es lo que me protegerá? ¿Este cadáver podrido y seco me protegerá?
Podría hacer eso y más.
— Padre, esto no tiene gracia…
Evidentemente no me habla a mí. Ella le habla a alguien más, que sólo está en su mente. Sí, porque es una ella.
— ¿Te importa si me quedo aquí?
¡Me habló!
— De todas formas, no tengo ningún sitio adónde ir…
Sí, sí, quédate, no me molesta. Y sigue hablándome… háblame, quiero escucharte…
— Yo creí que un gran caballero con una gran armadura estaría aquí… si eso fuera cierto sería feliz.
Ah, querida. Si supieras…
— Dejar aquí un cadáver por tantos años… ¿por qué?
Habla. Sigue hablando. Me gusta escucharte…
— ¿Moriré? No quiero morir…
Tú no te vas a morir.
De pronto, siento una energía inmunda haciendo acto de presencia junto a nosotros; son varios, pero es uno el que me inquieta y me hace querer recobrar fuerzas sólo para matarlo. Pero no puedo, por más que quisiera.
— ¡Qué bien escondida estabas, Integra!
Integra. Así que ese es su nombre…
— ¡¿Por qué lo haces?! ¡¿Crees que alguien como tú puede dirigir Hellsing?!
Hellsing… ah, sí.
— ¡Silencio! ¡Por ningún motivo te dejaré Hellsing a ti!
Percibo a otros dos tipos acercándose a mí.
— ¿Quién es este?
— No tengo idea, no está en los registros.
Muero por clavarles los colmillos y hacerlos mi cena, pero con gran esfuerzo sólo logro sisear un poco mientras me apartan el cabello para verme el rostro.
— Es sólo un cadáver, está seco.
Se escucha un disparo y el grito de ella… de Integra. Y siento que la sangre virgen empapa mi rostro… el nivel de éxtasis que experimento es algo indescriptible, me apresuro a absorber ese elixir mágico sin dejar escapar nada. Y las fuerzas vuelven a mí, puedo moverme, puedo ser consciente de manera perfecta, como si un hechizo fuera deshecho… sólo para caer en otro mucho más potente.
Abro los ojos y veo más de ese dulce brebaje a mis pies, y no dudo ni por un segundo en lanzarme al suelo para beberlo cual sediento, cual mendigo condenado a lo tomar lo que le tiran. Bebo, saboreo y me relamo con el sabor de tal ambrosía, ¿cómo puede existir manjar semejante a ese? Yo, que en mis muchos años he probado de todo y de lo bueno, vengo ahora a encontrarme con esta sangre tan suave, tan deliciosa y tan pura. La algarabía a mi alrededor no me permite regocijarme con mi arrebato de placer.
Están aterrados.
— ¡Está vivo! ¡¿Cómo es esto posible, Sir Richard?!
— No… no lo sé. Mi hermano nunca me contó sobre esto.
Yo sólo los contemplo a la espera de una excusa para dar el golpe. Aunque no lo necesito.
— ¡Dejen de preguntar y disparen! ¡Acribillen a los dos!
Ahí está. Y así, comienza mi banquete.
— ¡DIOS MÍO! ¡¿QUÉ DEMONIOS ERES?!
Hmpf. Con que ese es el tal Richard… el muy idiota cree que apuntándome va a hacer que retroceda.
Detengo su acción y con ello le corto la mano. Los berridos que lanza son insoportables.
— Escoria…
Y entonces…
Ahí está ella, encogida de miedo y sorpresa contra la pared. Integra. La sirena que con su canto en forma de sangre me llamó y atrapó cual marinero incauto, llevándome a las profundidades del océano azul de sus ojos. Es ahí que me doy cuenta de que ya soy su prisionero para siempre y que siento algo en mi pecho que me hace sospechar de ese músculo inútil tratando de volver a la vida.
Pero lo ignoro, porque prefiero contemplar la belleza de la niña que se despliega ante mis ojos. Esa criatura es digna de ser retratada por Botticelli si este todavía viviera; dueña de un largo cabello rubio, que parece brillar con luz propia, inclusive en la media sombra en la que nos encontramos, enmarcando su rostro de piel lozana y besada por el sol, tan llena de vida; su naricilla que parece un pellizco y que ella yergue con orgullo pese a su creciente temor; y sus ojos… esos ojos azules como el mismo mar al que bien dispuesto estoy a ahogarme (si pudiera hacerlo), que centellean como un par de tormentas pero al mismo tiempo brillan en su inocencia. Miro con asombro, con devoción y hasta con miedo la divina belleza de esa ondina, que ahora mismo el destino me la ofrece en bandeja de plata, y que me confunde. No sé si lanzarme a devorarla para que sea parte de mí, o de alabarla como si fuera una diosa. Pero sé que estoy desarmado por completo, por una niña… ¡por una Hellsing!
Totalmente derrotado sin dar pelea. Debe ser cosa del destino, de Dios o del Diablo, anular todo nuestro poder y voluntad ante la vista del objeto anhelado...
Oh, destino cruel, no te cansas de ponerme pruebas. Ahora haces que sea el feliz esclavo de una niña que ostenta el apellido más odiado para mí. Cuya valentía y belleza conmueven mi muerto corazón. Si así es la niña, no quiero pensar en cómo será la mujer.
Tiemblo de emoción sólo de pensarlo.
Y lo más irónico es que todo esto sucede conmigo sin que ella me haya dirigido la palabra directamente.
De haberlo sabido, no hubiera venido a Inglaterra hace 100 años. Me hubiera quedado en Rumania y aguantado un siglo más sin salir de cacería con tal de reclamarla como el imponente conde que era, llegado el momento. Pero no me quejo: como príncipe, como conde, o como monstruo domesticado, me habría postrado a sus pies sin perder el tiempo, ofreciéndole riquezas y eternidad. Algo que haré apenas tenga oportunidad.
Las vueltas de la vida y de la no-vida. Tantos años los hombres de esta familia tratando de controlarme, someterme y experimentar conmigo, sólo para que una pequeña tenga control sobre mí con sólo mirarla. ¿Son conscientes, Arthur y Abraham, del polluelo que han puesto sobre mis fauces? Me río de ustedes y de su apellido, porque me la quedaré para mí. Mi egoísmo y algo más hacen que me alboroce en la realización de cómo esta cadena de amo-sirviente se romperá. Me la voy a quedar y llevará mi nombre. Será mi condesa.
Pensando en ello, me aproximo a Integra, para a continuación, clavar una rodilla al piso ante ella. Mi digna ama y señora.
— Esperando órdenes, señorita Hellsing.
No le quito la mirada de encima. Me deleito con esa visión de temor en su rostro, que en un éxtasis de encanto me da a comprender la más profunda belleza, esa que sólo emerge en la oscuridad y el miedo. La belleza tal y como yo, como ser de las tinieblas, la concibo, admiro y contemplo de una manera que sólo la noche puede mostrarme en todo su esplendor. Mi sangre hierve y mi cuerpo arde, mientras mi memoria evoca paisajes y delicias del alma y el arte, que supe apreciar como humano, pero ignoraba como monstruo, en lo que sigo contemplándola fijamente sin perderme ni un aleteo de sus pestañas siquiera. Tiene un efecto dulcemente sedante en mí, un individuo atribulado y condenado, clara señal de que debo ser más medido y mañoso en mis planes si quiero tenerla para mí a largo plazo... no, para siempre.
Pero la molesta voz de Richard arruina el primer momento mágico entre mi ama y yo.
— ¡Hellsing será mío! ¡HELLSING ES MÍO!
Y dispara directamente hacia Integra. Eso no lo puedo permitir... la protejo con un brazo mientras miro al hombre con desprecio y como si fuera una cucaracha que debe ser pisoteada inmediatamente.
— Richard, tu sangre tiene un olor putrefacto y lo mismo digo de tus pensamientos. Nunca serás mi amo...
Todo esto lo digo mientras Integra prepara el revólver para acabar con él. Sonrío con satisfacción: es alguien de armas tomar, literalmente. Es perfecta para mí.
— ¿Cuál es tu nombre?
Me estremezco una vez más al escucharla hablarme, su voz, aunque dulce y aguda, no deja de ser firme y llena de autoridad. Esto sólo la engrandece a mis ojos.
— Alucard. Así me llamaban.
La observo una vez más de manera furtiva, y puedo ver que al fin su rostro se relaja y sus rasgos se suavizan, haciéndola más encantadora, pero menos arrebatadora. Creo que prefiero verla enojada e intranquila, así la conocí y así la quiero siempre. Lo bueno es que a su edad es fácil hacerla cambiar de humores.
Pero no puedo negar que su indefensión hace que mi pecho se contraiga, como queriendo abrazarla fuertemente hasta que se le rompan los huesos, con tal de que nadie más la toque. Ella es mía y la protegeré hasta el día que muera o decida ser mi igual. Y cómo quisiera que se me dé la segunda opción, pues siento que en toda mi inmundicia y monstruosidad no estoy preparado para verla morir en 50 o 60 años, que para alguien como yo es un suspiro de tiempo. El final se acerca irremediablemente, y yo tengo que saber mover mis fichas para aferrarla a mí para siempre.
Por lo pronto, tengo que resolver otras preocupaciones inmediatas: cómo le pudo suceder a Integra todo esto y esperar a que el viejo Walter regrese para enterarme de más cosas y ver qué se trae ese ángel de alas rotas. Sin duda descubriré cosas muy interesantes.
Por fin encuentro la perfección y la belleza que un demonio como yo siempre buscó corromper o apropiarse, y esperaré pacientemente por mi momento y porque la fruta madure. Y como no puedo morir, estoy condenado a seducirla, tentarla y convencerla para que se quede a mi lado hasta que Dios o quien sea así lo dictamine.
Pero yo, marinero, ya no estaré solo. Y ella, mi sirena, tampoco.
.
FIN
.
.
.
Notas: Hay un poco de Alucard en ese lolicón... pero no me van a negar que el muy cochino seguramente ya tenía pensamientos impuros hacia ella apenas la conoció. Creo que muchas de las decisiones de Alucard y algún que otro cabo suelto en la historia (si estuvo encerrado veinte años es porque era indomable; si después de treinta años volvió, era por algo...) tienen que ver con eso...
Y nada gente, es una pequeña versión dentro de lo canon sobre el primer encuentro entre Alucard e Integra. Espero que les guste :)
¡Hasta pronto!
