Quinn no era una demaciana ejemplar, aunque por fuera pareciera lo contario.

Por más que fuera la líder de los guardabosques demacianos, por más que fuera la guardabosque más destacable y por más que el rey –o próximo rey, siendo más exactos- Jarvan IV Lighshield pusiera su total confianza en ella, seguía sin ser una demaciana ejemplar.

Y eso, de cierta manera, comía la conciencia de Quinn porque ella amaba a su reino; era el sitio que la vio crecer, en donde ocurrieron cosas que impactaron mucho en su vida y el que premio sus méritos.

Pero actualmente no era la única que conocía todos esos aspectos de vida.

Recientemente –los últimos 3 años- había entablado una especie de amistad con el que consideraba su rival: Talon. Aún recordaba la primera vez que ambos cruzaron miradas –y armas-, había estado siguiendo su rastro por aproximadamente una semana por los verdes bosques a las afueras de Demacia hasta la frontera con las tierras noxianas.

Luego de ese casi mortal –para ambos- encuentro, se topaban continuamente cumpliendo misiones fuera o dentro de sus ciudades-estados, que más de una vez acababan en persecuciones y batallas donde los dos acababan hechos girones; y, por el bien de quién sabe qué, ambos declaraban una tregua para poder retirarse y seguir con sus deberes.

Más de una vez Valor la reprendía por eso, estaba segura de que si el pájaro pudiera hablarle, le preguntaría «¿Por qué demonios dejas al asesino suelto?» y, como si ella pudiera interpretar sus graznidos, le respondía «No es mi deber matarlo, por ahora».

Aunque ella misma no entendía por qué lo dejaba ir, no le tomaría ni cinco minutos aprovechar cuando bajaba la guardia y atravesar su cabeza con las flechas de su ballesta; pero para cuando pensaba eso él ya había desaparecido y aquello le creaba aún más dudas. Sabía que Talon era un asesino entrenado y muy eficaz, podría también aprovechar su descuido para cortar su yugular en solo segundos pero nunca pasaba, quizás era respeto a su tregua o cuestión de honor. Nunca lo sabría a ciencia cierta.

Muy a pesar de todo eso, con el paso del tiempo y sus encuentros, se fueron acercando el uno al otro; comenzando con pequeños gestos de saludo y terminando en ayudarse el uno al otro si de casualidad sus misiones tenían algún símil o si el otro necesitaba alguna clase de apoyo. Y no iba a negar que al inicio ella dudaba de las intenciones de Talon pero a la vez sentía que podía confiar en él, era extraño incluso para ella misma.

La cuestión fue escalando tanto que no supo en qué momento se tomaron por primera vez de la mano, «Tus pasos son muy cortos, no te quedes atrás» había dicho Talon aquella vez. Tampoco supo cuándo se dieron su primer abrazo, «Debemos mantener el calor o Freljord nos matará de hipotermia» se excusó ella en esa vez. Menos sabía cuándo compartieron el primer beso, ninguno tuvo alguna explicación en esa ocasión, y por supuesto no podía siquiera creer que llegaran a tener sexo.

Y aquello causaba más conflicto dentro de Quinn, aunque no era exactamente que se arrepintiera de ello, pero se sentía culpable; culpable por disfrutarlo y por haberlo repetido una y otra vez hasta el presente, culpable por esperar cada nuevo encuentro con el asesino y culpable por haber desarrollado sentimientos más fuertes por él que el mero deseo sexual.

Suspiró.

A veces también se sentía como una tonta, porque sospechaba que ella era la única que se sentía de esa manera. Talon no era exactamente el epítome de la expresividad, sus pocas demostraciones de «amor» se basaban en abrazos y algunos monosílabos. Era gracioso como Quinn podía interpretar los sonidos de los animales pero no los monosílabos del asesino, quizás era porque los animales eran menos complejos que los humanos.

Pero ahora su culpa había comenzado a crecer, similar a la pequeña vida que ahora se anidaba en su vientre. Si antes se preguntaba si su «relación» con Talon era peligrosa, ahora temía que su cabeza rodara por la plaza central demaciana.

Le dio un vistazo a bosque de Uwendale a través de la ventana, regalando una suave caricia a su vientre. Había sido dada de baja temporalmente porque se había sentido mal en los últimos días, pensado al inicio que era producto del estrés o de alguna enfermedad.

Que equivocada estaba.

Vio cómo su fiel compañero aviar se paraba en el alfeizar de la venta, ella estiró la mano para dar unas caricias a su cabeza emplumada a las que el ave respondió frotándola contra su mano. Agradecía mucho la compañía de Valor, era como si el alma de su hermano hubiera renacido en el ave: Leal, confiable y majestuoso.

—¿Qué voy hacer, Caleb? —murmuró más para sí misma que para Valor.

Sus entrenados oídos captaron el sonido de las hojas moviéndose pero no exactamente por el viento; tanto ella como Valor pusieron su vista en el sitio de dónde provino exactamente el sonido y ahí lo vieron, una sombra furtiva que estuvo lejos de alertarlos.

Esta iba a ser una noche muy larga.


No tengo mucho que comentar, decidí reescribir y juntar mis dos fanfics de Talon y Quinn en uno solo, este fue el resultado.

Últimamente me ha dado por renovar mis escritos así que espero que esto sea de su agrado.