Capítulo 4.

Un nuevo comienzo

Los personajes de Miraculous Ladybug no me pertenecen, son propiedad de Thomas Astruc.

— Hablan —

Piensan

— Adrien… ¡Adrien, despierta! —

— Déjame dormir Plagg — contestó un adormilado rubio

— ¿No piensas ir a la escuela? — Preguntó el Kwami

— No Plagg, no tengo ánimos de ir — el joven rubio se enredó más en los cobertores

— Pero ¿tu? —

— Si Plagg, voy a quedarme aquí —

— ¿Adrien? ¿El responsable Adrien no va a ir? Pero ¿Por qué? —

— ¡Porque no quiero verla ahora! — el ojiverde le grito a Plagg quitándose las cobijas de encima. El pequeño Kwami se sorprendió por tal actitud — Lo siento Plagg —

— No importa… y en cuanto a Marinette, tarde o temprano volverás a verla y tendrás que hacerle frente a la situación — dijo Plagg

— Si lo sé, lo sé. Pero hoy no iré a clases me quedaré en casa — dijo el rubio

— ¿Qué hay de tu padre? — dijo el kwami

— Le dije que estaba enfermo — respondió Adrien ocultándose de nuevo debajo de las mantas.

— Bien… ¡pero yo tengo hambre! ¡aliméntame! — Plagg comenzó a jugar con el cabello del ojiverde para que se levantará de la cama.

— ¡Aaah¡ ¡Plagg! —

Una joven peliazul esperaba nerviosa la llegada de cierto rubio, quería saber cómo sería su relación a partir de ahora. Al pasar los minutos la primera clase dio inicio, después la segunda y tercera clase, hasta que sonó la campana dando inicio el receso.

— Alya no has visto a Adrien de casualidad — pregunto la ojiazul

— No amiga, no llegó a las primeras clases y nadie lo ha visto. Yo diría que no va a venir— contestó la castaña

Adrien — la peliazul entristeció.

En una habitación de la mansión Agreste se encontraba trabajando Gabriel, revisaba que cada diseño se encontrara perfecto, sin ninguna falla.

— Señor Agreste, tiene una llamada — informó Nathalie. Gabriel le indicó a su asistente que le entregara el teléfono.

— ¿Allô? —

— ¡Me costó conseguir un número de teléfono para localizarte! — se escuchó una voz femenina.

— ¿Solo llamo para decir eso? Me hace perder el tiempo — contestó el ojiazul enfadado.

— ¡Ah! ¿Así le hablas a tu amiga? — Gabriel se sorprendió al escucharla pero después sonrió de lado, ahora la recordaba.

— Me sorprende tu llamada — dijo Gabriel más animado

— A mí me sorprende que no me reconocieras…pero basta de dramas ¿Cómo has estado? Espero que bien —

— En efecto, me encuentro bien — contestó el ojiazul volviendo a usar un tono serio

— ¿Y cómo va tu carrera de diseñador? —

— Soy un famoso diseñador, me atrevo a decir que el mejor de París — dijo Gabriel orgullosamente

— ¡Felicidades! Sabía que lo ibas a lograr —

— Me he enterado que eres la publicista más solicitada en varios países — dijo el rubio

— Y no estas equivocado, no es por presumir al igual que tú, me atrevo a decir que soy la mejor en cuanto a publicidad y marketing se trata. Me ayudó mucho el salir de París sin embargo ha llegado el momento de que regrese —

— Supongo que a eso se debe tu llamada — dijo Gabriel

— No solamente te llamo para informarte de mi regreso, también porque te tengo una propuestas —

— Te escucho — dijo el ojiazul curioso

— Quiero que lo hablemos personalmente, a mi regreso y como ahora sé que tu agenda está muy ocupada, te estoy avisando para que me reserves un poco de tu tiempo, ¿entendiste? — dijo la mujer de forma autoritaria

— No has cambiado en nada, te sigues creyendo mi superior — respondió Gabriel sonriendo

— Si, lo sé —

— ¿Y cuándo llegarás? — pregunto el ojiazul

— Mañana a primera hora estaré en París y me dirigiré directo a tu casa ¿me das la dirección? —

— Place du Châtelet, 75001 París — contestó el rubio

— Bien entonces nos vemos mañana — dijo la fémina de forma alegre

— De acuerdo —

— Adios… Señor Agreste — dijó la mujer

Gabriel colgó el teléfono y llamo a Nathalie

— ¿Si, señor Agreste? —

Quiero que mañana esta casa este impecable a primera hora y aumenta las porciones del desayuno, tendremos invitados —

— Si señor —

— ¿Cómo esta Adrien? —

— Sigue durmiendo señor —

Gabriel se detuvo a pensar por unos segundos — Puedes retirarte — Nathalie se dirigía a su escritorio y Gabriel decidió ver a Adrien, quería asegurarse que se encontraba bien, el día anterior lo noto muy decaído y eso le preocupaba de sobremanera. Gabriel se dirigió a la habitación de Adrien y toco la puerta.

— Adrien — llamó el ojiazul

— ¡Ah!... ¡Plagg escóndete, es mi padre! — Dijo el rubio mientras volvía a desordenar su cama y alborotarse más el cabello para que pareciera que recién había despertado.

— ¡Pero mi queso! —

— Después de te lo comes, ¡escóndete ahora! — Adrien tomó el Camembert, lo guardó y le abrió la puerta a su padre.

— Hola papá — dijo el ojiverde aparentando sueño y haciéndose a un lado para dejarlo entrar

— ¿Cómo te encuentras? — pregunto el ojiazul

Adrien se sorprendió, no pensó que fuera a verlo para saber cómo se encontraba ya se había reportado enfermo y asumió que con eso bastaba, se sintió feliz por ello.

— Me siento mejor que ayer, pero…no lo suficiente como para ir a la escuela el día de hoy —

— Ya veo… llamaré a un médico — Gabriel tomó el teléfono y estaba a punto de marcar

— ¡No! — el joven rubio grito. El ojiazul se sorprendió un poco por su acción

— Es decir… solo necesito descansar un poco para mañana estaré mucho mejor — Adrien dijo con una sonrisa nerviosa

— De acuerdo — Gabriel acepto no muy convencido y se dio la vuelta disponiéndose a marchar — Te dejo descansar… y una cosa más Adrien — dijo sin mirar a su hijo y con las manos atrás.

— ¿Qué ocurre papá? — dijo el ojiverde curioso

— Mañana tendremos invitados, llegarán a primera hora y desayunarán con nosotros —

— Entiendo —

— Descansa… hijo — Dijo Gabriel con cierta calidez

— Si, gracias papá — Después de verlo marchar el rubio sonrió, solo en algunas ocasiones su padre demostraba su cariño hacía el, de una forma no muy común, y eso lo animaba de inmediato. Plagg al darse cuenta de que el padre del chico ya no estaba salió de su escondite.

— Al fin… ¿Y mi queso? —

— Toma, disfrútalo — el rubio le dio el queso al Kwami

— Estas de mejor humor, eeeh — dijo Plagg notando el creciente ánimo del ojiverde

— Creo que si… bien, limpiemos la habitación — dijo el rubio notando el desorden que había.

— ¿Limpiemos? — Plagg dijo mientras comía

— Si Plagg me vas a ayudar o no habrá más Camembert para ti — dijo el Adrien actuando autoritario

— Esta bien, todo sea por mi precioso — dijo el Kwami mientras acariciaba el queso

— ¡Empezemos! — el ojiverde recogía cosas mientras Plagg lo ayudaba en lo que su pequeño cuerpo le permitía.

Este día no fue tan malo como pensé que sería — pensó el rubio mientas sonreía

Llegada la noche, una mujer caminaba hacia la salida del aeropuerto, setras la seguía una joven chica donde las esperaba un auto muy lujoso, de color negro y con las ventanas polarizadas. El chofer bajo del auto y le abrió la puerta a la mujer, al estar dentro del auto esta última le indico el lugar al que se dirigirían.

Al fin en París, este será un nuevo comienzo — la mujer sonrió de lado.

Gracias por leer