Capítulo 17

Primera Navidad

Los personajes de Miraculous Ladybug no me pertenecen, son propiedad de Thomas Astruc.

— Hablan —

Piensan

Había llegado el invierno a París y con ello el comienzo de una fecha de felicidad y armonía. Adornados la casas, calles y monumentos con luces y esferas de colores. En las casa se colocaban los bellos árboles de Navidad y la preparación de una celebración con toda la familia.

Dentro de la mansión Agreste se podía observar a Nathalie y a un joven ojiverde en el vestíbulo. Una azabache salió de su habitación de manera sigilosa en dirección a donde se encontraba el rubio. Al llegar se encontró con un hermoso árbol adornado con esferas y luces de colores mientras Adrien colocaba una grande y dorada estrella en la punta.

— ¿Qué te parece? — el chico la saco de sus pensamientos

— E-es… muy bonito — dijo la joven con su vista en el árbol.

— ¿Enserio? hice todo lo que pude para que quedara bien — él sonrió.

— Ya veo — dijo la chica admirando la decoración.

Él mantuvo su vista en ella, estaba pensando, podía asegurarlo. Tiempo atrás no se atrevió a indagar, pero ahora tenían la suficiente confianza como para hacerse preguntas — ¿Qué sucede?

— E-Es solo que… — calló no consideraba buena idea expresarse

— Es solo que… ¿Qué? — Insistió, sin embargo, ella bajo la cabeza. Adrien sabía, presentía que lo que estaba a punto de decir era importante — Soleil, tranquila puedes decirme, somos amigos ¿No es así? Confía en mí — sonrió a la joven

— Bueno… y-yo… e-es solo que… nunca he celebrado la Navidad o alguna otra festividad...o algo parecido — comenzó a jugar con sus manos.

— ¿De verdad? — Él pregunto, Soleil asintió suavemente.

No podía creer que ella no haya celebrado la Navidad, a pesar de que su padre era serio, gracias a su madre siempre la celebraban y era una de las mejores fechas del año. Pero, estaba seguro que no era oportuno preguntar sobre sus padres. Si, conocía a la señora Coste, quien parecía una mujer agradable, no había escuchado nada sobre su padre, si se lo imaginaba podría ser que no esté con ellas por una razón no muy buena, siendo triste para la azabache. Así que si ella no había mencionado nada sobre su madre, él no mencionaría nada sobre su padre, por respeto. — ¿Quieres ayudarme a decorar el resto? — le dijo el rubio

— Si…si no es molestia para ti — dijo la chica quien se notaba emocionada

Adrien sonrió ante aquella reacción — Claro que no. Ven buscaremos más esferas.

Ahora que podía celebrar Navidad estaba muy emocionada, ya sabía a quienes dar obsequios y tenía una gran ilusión de ver sus rostros cuando estuvieran en sus manos. Ya que no contaba con mucho dinero, haría los regalos con sus propias manos. La azabache meditaba que regalos podría hacer solamente con el material que tenía a su alcance. Sacó una caja llena de cosas que podrían considerarse como basura, no obstante, ella no pensaba lo mismo. Pensando en la personalidad de cada uno y lo que tal vez les gustaría, comenzó a trabajar.

Después de varias horas trabajando encerrada en su habitación, Soleil y Maitti habían terminado, realizaron tres regalos: un hermoso abanico de color negro con pedrería de fantasía plateada que había conseguido con anterioridad, colocadas en el país del abanico y justo en el ojo se encontraba una linda cadena con cuentas de cristal. El segundo era un cuaderno de dibujo de un tamaño moderado a modo de cartera, la portada estaba decorada con salpicadura de pintura de color rojo, negro y morado, ya que eran los únicos colores que pudo encontrar. Y por último el tercer regalo, era un colgante para celular. Uso el trozo de un hilo negro grueso, el dije era una piedra circular de color negro, aunque sobresalían varios colores brillantes, bastante extraña a su parecer, que había sacado de un anillo que había encontrado en uno de sus cajones, ella no utilizaba joyería y no era de su madre así que no le importo destruirlo para hacer el dije, esta piedra estaba rodeada de un aro de metal plateado haciendo que la piedra sobresaliera. Felices con lo que consiguieron hacer descansaron un poco.

Recostadas en la cama, miró a su pequeña compañera e hizo una nota mental, tenía conseguir una caja de chocolates para ella. Con los días que habían pasado juntas, notó cuanto adoraba los chocolates y a pesar de ello, aun no asimilaba por completo el hecho de ser una superheroína; la portadora del Miraculous del amor y la luz, le había dicho su kwami alado. La única misión que tuvo fue cuando salvo a Chat Noir, no había tenido que intervenir desde esa vez. Aún seguía con muchas interrogantes, pero tendría respuestas con el tiempo o eso le había dicho Maitti.

También tendría que conseguir algunos dulces para Alya, Nino y Marinette. Pues no los conocía lo suficiente como para animarse a hacer algo para ellos. Ladybug y Chat Noir; quería darles algo por todo lo que hacen. Quería darle regalos a todos sus compañeros de clase y eso incluía a Chloé y Sabrina, no obstante no tenía los recursos suficientes. Utilizaría sus ahorros para lo que alcanzará. Estaba tan entusiasmada con ello.

—Maitti— llamó la joven.

— ¿Si?

— ¿Crees que a los chicos les gusten los dulces?

— Yo creo que sí. No te preocupes. Estarán encantados

— Tienes razón.

Ahora solo le quedaba esperar para poder comprar los otros y entregarlos. Cerró los ojos cuando recordó algo. — ¿Maitti?

— ¿Qué sucede?

— ¿Qué crees que le guste al señor Agreste? ¿Crees que deba darle algo? ¿Se enojará? — Sinceramente, el señor Agreste la intimidaba.

—Son muy buenas preguntas.

Después de pedir el permiso para salir de compras, su mamá la volvió a sorprender al ceder, se llevó el regalo para Nathaniel y compró las cajas de dulces para los otros, además de un café colombiano. Al salir le pidió al chófer de su madre que fuera a varias direcciones, una vez más Adrien la había ayudado. Le agradó ver la sonrisa de los chicos al recibir un regalo, no tuvo el valor para darles a todos, pero si a los más cercanos. Una hora después llegó a casa. Antes de bajar del auto le dio una caja de dulces al chófer deseándole una feliz Navidad.

Entraba a la mansión sutilmente, hasta que una voz la llamó.

—Señorita Soleil.

—Señorita Nathalie. Buenas tardes.

—Buenas tardes. Su madre me pidió que le avisara que llegará tarde.

La joven bajo la cabeza—Entiendo. Gracias.

La pelinegra asintió, sin embargo, no se marchó.

Se quedó de espaldas a la puerta de entrada. Quería celebrarlo con todos, en especial con su madre, esperaba que llegara a tiempo. Continúo sumergida en sus pensamientos sin notar que la puerta se abrió empujándola.

El rubio entro despacio buscando con la mirada aquello que le dificulto abrir la puerta encontrándose con la joven —Lo siento Soleil, ¿Te lastime? — el chico lucia avergonzado.

—N-no, estoy bien.

El ojiverde sonrió a la azabache, entro por completo a la casa y camino hacia la ojiazul deteniéndose frente a ella —Nathalie... ¿Mi padre se encuentra en casa?

—Por ahora no, pero regresara pronto— dijo seria la asistente

—Ya veo... estaré en mi recamara. — Se desanimó y subió a su habitación cabizbajo. La asistente se retiró del vestíbulo yendo a su oficina. La chica se quedo de pie recordando la expresión del joven, nunca le había gustado ver a las personas tristes, mucho menos al rubio —Creo que es un buen momento— subió a su cuarto y tomó la bolsa que era para su amigo.

El ojiverde se encontraba acostado en su cama mirando al techo, — ¿Por qué siempre está ausente?

— ¿Estas bien Adrien? — el pequeño Kwami se acercó a su portador.

—Si Plagg, solo algo cansado. — Sin embargo el rubio no se refería a lo físico. Un suave ruido se escuchó desde la puerta. —Plagg escóndete— De inmediato supo de quien se trataba pues solo alguien llamaba a la puerta de esa forma. Se acercó a la puerta y la abrió dejando ver a la azabache cabizbaja.

—Hola Soleil... ¿Qué sucede? — espero su respuesta.

—Humm... Y-yo... So-solo… — no sabía que decirle, ella solo quería hacerle estar con él que no se sintiera solo, estar solo era horrible. La chica se dio valor para poder hablar — ¿Pu-puedo hacerte co-compañía? — Esperaba que no se molestara por culpa de sus palabras

Se sorprendió por su petición, aunque le gustaba que ella quisiera quedarse con él. — ¡Claro! Entra. — Se hizo a un lado para dejarla pasar.

—Gracias. — La tímida joven entro a su recamara con precaución.

—Y... Que deseas hacer, como veras tengo muchas cosas — el joven dijo con una sonrisa nerviosa, puesto que no estaba preparado para su llegada.

—No te pre-preocupes, puedes s-seguir con lo que hacías yo estaré aquí— la chica camino hacia el sofá y tomo asiento manteniendo oculto el obsequio.

—Gracias pero...no estaba haciendo nada así que puedes hacer lo que quieras, puedes caminar por la habitación si lo deseas—Extendió sus manos invitándola a pasear por su cuarto.

La azabache comenzó a caminar hacia la computadora de su amigo mientras este la observaba, no obstante, se angustio cuando observo la mano del kwami sobresalir de una taza de porcelana que estaba en la mesa del ordenador — ¿No pudo encontrar un mejor lugar para esconderse?

—Esta es tu ¿Computadora? ¿Verdad? — dijo observando los monitores apagados.

— ¿Eh?... A s-si —Se ponía cada vez más nervioso al ver que se acercaba inconscientemente a la taza. De pronto esta comenzó a moverse a la orilla de la mesa —No puede ser.

—Creo que... son muchas pantallas para mí—Se preparaba para actuar por si Soleil se daba cuenta del movimiento de la pieza de porcelana, la cual ya estaba en la orilla solo faltaba que Plagg saliera y se escondiera rápidamente en otra parte.

— ¿Qué extraño? — Escuchó la voz de la chica.

— ¿Que sucede? — Él la miró, ella se encontraba observando la taza.

—Esa taza... se encontraba aquí. — Señalo el lugar la joven. Se acercó a la pieza de porcelana e intento tomarla con cuidado. Adrien estaba sudando frío mientras la observaba; esperaba que Plagg ya no estuviera ahí. Antes de que tocara la taza esta cayó al suelo rompiéndose en pedazos, ambos se quedaron petrificados.

—Lo-lo siento no...no era mi in-intensión ro-romperla—Trataba de explicar. La reacción de la joven le pareció graciosa y él comenzó a reír. Detuvo su actuar y miro al rubio reír, sonriendo al verlo de esa manera. Alegre.

El chico se calmó poco a poco —Tranquila, ni siquiera la tocaste, no es tu culpa. — Caminó, se situó junto a ella y colocó una mano en su hombro —Fue un accidente— ella lo miro y asintió —Levantaré las piezas.

—Te-te ayudaré— Los dos chicos limpiaron la zona —Al parecer Plagg logro irse— Terminaron de limpiar y tomaron asiento en el sillón. Observaban la nieve caer a través de la gran ventana de la recamara del joven.

— ¿Cre-crees que podamos salir? Es decir, solo en el patio de la mansión — habló la azabache.

— Claro ¿Por qué lo preguntas? — dijo curioso.

—Me-me gustaría poder jugar con la nieve— susurró

—Entonces vamos— dijo sonriendo.

Una vez fuera de la mansión. Ambos se hincaron y jugaron con la nieve que cubría el patio y algunas partes de la casa. Le sugirió a su amiga el hacer figuras de nieve o un ángel de nieve explicándole como se hacían. Al final Soleil opto por hacer un muñeco de nieve.

A pesar de no mostrar su rostro, el rubio podía sentir la alegría de la chica al construir el muñeco, podría atreverse a decir que incluso estaba sonriendo. Trabajaban juntos para dar forma a la nieve. Después de un tiempo apreciaron lo que habían creado.

—Yo… lo imaginaba de otra forma— dijo el ojiverde mientras miraba el supuesto muñeco de nieve.

—Creo que tienes razón.

Al seguir mirando, la cabeza del muñeco se resbalaba de su lugar para finalmente caer al piso. Se quedaron en silencio por un par de segundos hasta que la risa del chico se hizo presente. Ella sonrió al verlo feliz.

Seguirían jugando con la nieve, pero Nathalie los llamó — Jóvenes. La cena esta lista.

...

Todos se encontraban en la gran mesa del comedor, Ambos padres llegaron a tiempo y se encontraban sentados juntos, después Nathalie quien había sido invitada por el señor Agreste y por último los chicos quienes se encontraban sentados frente a frente. En la mesa había un gran banquete a pesar de que las personas eran pocas. La ojiplata y el ojiazul comenzaron a discutir sobre los negocios, los demás permanecían callados. Soleil pudo notar que el ánimo del su amigo decayó de nuevo. El joven tenía una expresión triste y no había tocado su comida. La azabache espero a que él indicara que había terminado y lo llamo. Esta vez sí entregaría el regalo

—A-Adrien— habló un poco nerviosa. La miro esperando que continuara.

— ¿P-podrías acompañarme? — Pidió amablemente.

La observo confundido aceptando al final —Claro— Los chicos se levantaron de sus asientos avisando de su retiro a los adultos. Se dirigieron a la pequeña habitación de la joven y entraron.

Era la primera vez que entraba a su cuarto, le parecía tan… vacío. Los muebles eran muy sencillos y eran pocos. No había decoración alguna, se veía tan monótono. La azabache ofreció asiento al rubio en su cama y abrió el cajón donde tenía la pequeña bolsa camino hacia é, luego se sentó a su lado, de modo que pudiera observarlo.

Soleil respiro profundo y se armó de valor para poder entregarle aquello —A-Adrien yo... bueno… humm...

Él la miraba extrañado — ¿Que sucede?

—Yo... — Las palabras no salían de su boca —Yo... — Cerro los ojos y extendió sus manos mostrándole el regalo. —To-to-tómalo— es lo único que pudo pronunciar.

El ojiverde dudo por unos segundos, sin embargo, al final tomo la bolsita con cuidado — ¿Es para mí? — Parecía algo obvio, no obstante, quería ella lo confirmara. Mantuvo el regalo en sus manos observando como asentía.

—La-lamento si no es de tu-tu agrado, pe-pero quería entregarte algo— La chica expreso bajando la cabeza. La miro por un momento y después desvió su mirada al obsequio entre sus manos, abrió la bolsa para ver su contenido. Se encontró con una cajita de cartón pintada de negro adornada con un listón plateado, hizo a un lado la bolsa y abrió la pequeña caja. Vio un colgante muy bonito y a la vez masculino; siguió observando la pieza por unos cuantos segundos y su mirada volvió a la azabache.

—Me gusta... de verdad... me gusta— él le sonrió y se acercó más a ella, tiempo atrás no notó la estatura de la joven, era una cabeza más baja que él. —Gracias. — Se inclinó un poco y envolvió sus brazos alrededor de Soleil.

Sintió que se ponía rígida por el contacto. Se arrepintió de inmediato y quiso alejarse, pues al parecer la había incomodado, sin embargo, antes de que pudiera moverse, los brazos cautelosos de la chica lo rodearon con delicadeza correspondiéndole, él sonrió. Ambos sintieron una gran calidez muy agradable, misma que hizo que siguieran abrazados por varios segundos más.

Finalmente se separaron y la joven miro al suelo, un rubor adornaba su rostro que era cubierto por su cabello —De nada.

El mantuvo su sonrisa y su animó mejoró—Tú... ¿Lo hiciste? —Asintió de nuevo sin dejar de observar la reacción del chico.

—Entonces... me gusta mucho mas ahora— Adrien hizo más grande su sonrisa haciéndola sonreír también.

El ojiverde miro el colgante otra vez, sacó su celular y los alzo enfrente de Soleil, ella no entendía que estaba tratando de decirle — ¿Podrías colocárselo?... por favor— La azabache se ruborizo pero acepto su petición, tomo el colgante y comenzó a colocarlo de forma torpe, con manos temblorosas; estaba nerviosa debido a la cercanía y por las veces que rosaba sus manos. Eso tampoco pasó desapercibido por su amigo, puesto que en días anteriores notó reacciones parecidas ante su toque.

—Li-listo— menciono la joven.

—De verdad... Gracias—Le sonrió de forma dulce. Ella bajo la cabeza de nuevo

—No...no hay de que— subió la mirada.

El silencio gobernó por un momento hasta que el rubio lo rompió — ¿Podría preguntarte algo? —Ella asintió— ¿Por qué te pones nerviosa cuando alguien te toca?

Lo pensó por un instante. Él lo había dicho antes, eran amigos y había confianza entre ellos.

Esperó su respuesta.

—E-Es… solo no estoy acostumbrada al contacto físico con otras personas, no me siento cómoda. — Le había dicho una verdad a medias. Al final no pudo decirle el verdadero motivo.

—Ya veo. — El silencio volvió. Ella le había dicho algo que seguramente era personal y sintiéndose un poco culpable, decidió compartir algo también, a pesar de lo que había pensado en la tarde. — ¿Sabes? —Se acercó a la ventana de la habitación— Mi madre y yo solíamos adornar la casa y el árbol de Navidad juntos. Se respiraba una gran alegría siempre— hizo una pausa admirando la vista— Hasta que…—Sintió una mano temblorosa sobre su hombro.

Soleil había dudado sobre su acción, sin embargo, termino tocándolo. — De verdad no tienes por qué…— Fue cortada cuando la mano del joven se situó sobre la suya.

—Lo sé. Pero quiero hacerlo, contarlo. Creo que ahora la confianza entre nosotros ha crecido y no tengo problema con ello — sonrió débilmente.

Guardo silencio, más que dispuesta a escuchar.

Él mantuvo su mano sobre la de ella —Hasta que desapareció hace un par de años. Desde entonces, en todas las celebraciones siento un gran vació. Sé que tengo a mi padre, pero él ha cambiado tanto desde ese día. Es frío y distante. —Suspiró —Y mi mamá… ella es hermosa… tan cálida, amable y muy amorosa… —respiró profundo—La extraño tanto. —Siguió mirando las iluminadas calles.

De nuevo el silencio se hizo presente. Soleil no sabía que decir, no había estado en una situación como esta en mucho tiempo—Me gustaría contarte algo sobre mi padre también —hablo sin pensar y el ojiverde se giró hacia ella —Pero… no sé nada sobre él y lo que puedo decirte es… que ha estado ausente desde que tengo memoria. N-No sé dónde está y mi mamá no habla de él cuando yo estoy presente e incluso se enoja cada vez que pregunto. —Soltó un suspiro —Lo único que sé es que se apellida Lumière, porque mi apellido es ese.

Ellos guardaron silencio de nuevo observando la bella ciudad de París, iluminada con luces de colores, cubierta por la nieve y adornos navideños.

—Me siento mejor. — Dijo el rubio —Me gusta hablar contigo.

—A mí también.

— ¡Cierto! — Dijo de repente el joven modelo—Espérame aquí, ya vuelvo.

—De-De acuerdo. — Espero serena en el mismo lugar hasta que llegó.

Con las manos tras su espalda se aproximó a ella —Cierra los ojos y extiende tus manos— sonreía travieso— Sin dudarlo hizo lo que le dijo y sintió un pequeño peso en sus manos. —Ahora puedes abrirlos.

La joven vio una caja entre sus manos de color verde y dorado, con un gran moño rojo.

—Sé que no es tan bueno como el que me diste, pero espero te guste— dijo feliz.

Examinó la caja. Eran chocolates. —Muchas gracias— sonrió— Lo aprecio mucho— abrazó la caja y la dejo descansar entre sus brazos —Me encanta.

— ¡Que bien! Pensé que tal vez no era lo correcto.

La chica se acercó a él, extendió un poco sus brazos y lo abrazó, sin estar nerviosa, sin dudas. Solo escuchó a su corazón. Esta vez fue el turno del joven rubio de sorprenderse. Ella le había dicho que no estaba acostumbrada al contacto y ya lo había tocado dos veces —Tal vez soy la excepción— sonrió para sí y correspondió al abrazo sintiendo esa dulce calidez otra vez.

—Feliz Navidad Adrien. — dijo aun abrazada a él.

—Feliz Navidad Soleil—una enorme sonrisa adorno su rostro.

Ambos sabían que desde ese momento las cosas serían diferentes entre ellos. Habían abierto un poco sus corazones y estaban dispuestos a abrirlos por completo. La azabache, pensaba en el largo tiempo que paso sin sentirse tan cómoda y feliz con alguien. Y el rubio necesitaba bastantes abrazos en estos momentos. Tenían a alguien a quien acudir, sin temores, a partir de ahora. Se separaron sin ninguna prisa. La chica fue quien habló primero.

—Ahora tengo que irme... Voy a entregarles un obsequio a mi mamá y al señor Agreste.

— ¿También les darás uno? — Pregunto sorprendido. Sobre todo por la mención de su padre — ¿A mi padre?

—Si... es un abanico... espero le guste. Y para el señor Agreste es un sobré mediano de café. — Pensó en su madre y en el papá de chico por un instante— ¿Crees que le guste el café?

—Claro que sí. Puedo acompañarte si quieres.

—Te lo agradecería mucho.

— ¿Adrien? —dijo la chica.

— ¿Si?

—Es solo que… compre dulces para Ladybug y Chat Noir… creo que no fue buena idea. Solo quería darles algo ya que siempre salvan a París, protegen a las persona y velando por nosotros. Pero no sé dónde encontrarlos.

El rubio sintió que su corazón se derretía, estaba enternecido. Nadie había tenido la idea de regalarle algo a los héroes y aquí estaba esta chica con esa intención y preocupándose por no poder entregarlos. —Te ayudaré a darles los obsequios. Déjamelo a mí. — Después de todo, tenía a uno enfrente, e incluso él podría entregarle el otro a Ladybug.

—Gracias— dijo con una sonrisa

—De nada. Ahora vamos— Caminó a su lado —Tranquila, sé que les van a gustar— La joven asintió y partieron en la búsqueda de sus progenitores.

...

Odile se encontraba hablando con Nathalie en la oficina de esta última. La asistente escuchaba con total atención, sin embrago, un sonido corto el habla de la rubia. Nathalie abrió la puerta dejando ver a Soleil.

— ¿Que sucede? — la rubia llamo la atención de su hija.

La azabache saludo a la asistente rápidamente. Respiro profundo, se acercó a su madre temblorosa y extendió la bolsa de regalo hacia la ojiplata —No quiero mo-molestar... solo que-quería entregarle esto.

La rubia observo extrañada a la chica que tenía en frente, después desvió su mirada a la asistente de su amigo. Tomó el presente en sus manos y sonrió —Gracias Soleil— sonrió para sí misma; se sorprendió cuando la rubia colocó una de sus manos sobre su cabeza dándole una leve caricia. Sonrió de nuevo —De nada y discúlpenme por la molestia— la joven comenzó a caminar — Permiso. — Y salió de esa oficina.

...

Adrien bajaba las escaleras, pues buscaba a Nathalie y al estar a punto de llegar al vestíbulo, se encontró con la señora Odile conversando con su chofer y entregándole una bolsa de regalo al hombre.

—Guárdalo.

—Entiendo señora.

Después de eso tomaron caminos distintos.

—Me alegro por ella— el rubio pensó en su amiga. Luego se dirigió a una oficina en busca de la mujer

...

Un pelirrojo se encontraba en su habitación, sentado en su cama observando una caja decorada. Siendo sincero, no esperaba un regalo. Hace unas horas, Soleil había llegado, le deseo una feliz Navidad y le entrego la caja. Sonrió por el recuerdo.

La abrió con cuidado y se encontró con un pequeño cuaderno en forma de cartera, la portada le gustó mucho pues aunque de los colores que no eran muy vivos, esa combinación se veía bien. El tamaño y elegante diseño la hacía fácil de transportar. Era totalmente práctica. Le encantó.

—Siempre tan linda y amable. — Recordó el día que había encontrado a la azabache después de clases, cuando lo ayudo de emergencia y muchas otras ocasiones. — Nos vemos en unos días y Feliz Navidad, otra vez. — se dijo así mismo manteniendo su sonrisa.

...

Los chicos se encontraban en el auto. Con la excusa de comprar algo, lograron salir. Su objetivo era buscar a los héroes de París. El ojiverde sabía que no tendrían éxito, no obstante, podría hacerse cargo. Soleil traía una manta sobre sus hombros pues a pesar de tener un suéter más, aun sentía un poco de frío. Traía consigo los dulces para ambos héroes y algunas cajas sobrantes. Siguieron vagando por las calles de París buscando a través de las ventanas a Ladybug y Chat Noir. Como ya sabía, no encontraron a ninguno de los dos, incluso esperaba que por alguna razón la mariquita apareciera, pero no fue así.

—Adrien. —Escuchó la voz de la joven y se giró para verla— ¿Podrías decirle al señor que se detenga? Por favor — dijo aun mirando por la ventana.

Intrigado hizo lo que pidió y le indicó a Gorilla que se detuviera. Cuando se detuvo la chica abrió la puerta y bajo del móvil, dejando las cosas dentro. Se acercó a un grupo de cuatro integrantes que estaban acurrucados en una acera.

—Bu-buenas noches— dijo con nerviosismo.

El mayor del grupo, que al parecer era un joven de no más de veinte años, fue quien respondió dubitativo —Buenas noches.

—Si-siento molestarlos, e-es solo que yo… humm…— suspiró al no encontrar las palabras— Vu-vuelvo enseguida.

Dio media vuelta y un poco más adelante se encontró con el modelo — ¿Qué sucede Soleil?

—Yo… ya vuelvo. — Con ello fue hacía el auto, tomó la bolsa con los dulces y la manta.

Caminó de regreso siendo seguida por el chico. Al llegar se hincó para quedar a la misma altura que ellos, mientras el rubio saludaba.

—Humm… yo quiero da-darles esto— ella le acercó la bolsa y la manta esperando que los tomara.

El chico la observaba desconcertado e inseguro, sin saber si aceptar. Sintió como los pequeños durmientes se acercaban más a él tratando de encontrar calor, haciendo que el dejará sus miedos. Acercó lentamente su mano y tomo aquellos objetos. Luego de tomarlos, vio cómo se quitaba el suéter que llevaba quedándose con una blusa holgada de mangas largas y también se lo entregó. Aquello hizo que dejará de estar a la defensiva y se relajara.

—Son… humm… a-algunos dulces. Lo siento, es lo único que traigo conmigo — dijo cabizbaja.

—Está bien. Gracias— dijo esta vez sonando más amable.

El ojiverde observo todo lo que la azabache había hecho, haciendo que se conmoviera y siguió su ejemplo. Se quitó el suéter y se acercó al grupo.

—Toma esto también— se hincó y mostró el suéter en sus manos sonriendo.

—Gracias. — dijo tomándolo.

Movió a los niños para poder abrigarlos, ganándose gruñidos de su parte haciéndolos sonreír. La chica se ofreció a ayudarlo a lo que él aceptó. Una vez abrigados dos de ellos, el tercero lo colocó entre sus brazos y Soleil se encargó de envolverlos a los cuatro con la manta.

—Muchas Gracias— dijo sonriendo al ver a los pequeños sin frío — Me llamó Henri.

—Mu-mucho gusto. Mi n-nombre es Soleil — respondió.

—Y yo soy Adrien. Encantado. — sonrió de vuelta.

Conversaron durante varios minutos. Supieron que él joven tenía diecinueve años y que los niños no eran sus hermanos, no tenían ningún parentesco, pero eran importantes para él y estaban esperando a alguien mayor, quien había ido a trabajar. Esa persona conseguía pequeños trabajos para poder conseguir comida y el cuidaba a los chicos. Podrían haber seguido por más tiempo, sin embargo, Gorilla llamó la atención del rubio.

—Hora de irse— le avisó a la joven.

—S-sí.

—Te-tenemos que irnos— dijo la azabache, si era sincera quería quedarse un poco más

—Lo entiendo. — Él sonrió —Muchas gracias por la manta y los dulces. A ellos les va a gustar mucho, y sobre todo… gracias por su compañía.

—No tienes que agradecer, es lo menos que podemos hacer— el ojiverde le dio una sonrisa débil.

Ambos chicos se levantaron listos para irse.

—Po-por cierto— dudo en decir aquello—Fe-feliz Navidad— fue secundada por su amigo.

Lo que al principio fue una sonrisa amarga, poco después se convirtió en una sincera y les deseo lo mismo a ellos. Los jóvenes se disponían a irse, pero la voz de Henri los detuvo.

— ¡Soleil! —Ella giró en su dirección—Le haces honor a tu nombre. Es bello y perfecto para ti.

No supo que responder. Sus palabras la sorprendieron y al final solo pudo agradecerle— Gra-gracias. A-Adiós.

—Adiós — dijo el joven de diecinueve años aun sonriendo.

Mientras caminaban al auto, Adrien pensó en aquellas personas en la misma situación que el chico que acababan de conocer. No se había percatado de esa parte de la ciudad de París. La Navidad era una fecha de felicidad y amor; de estar con la familia, sin embargo, había personas sin hogar, sin familia, con una gran tristeza en sus corazones. Al ver como Heri paso de tener una apariencia cansada y llena de miedos a una sonrisa de auténtica paz y alegría, a los niños dejando de temblar por el frío… lo hacía sentir feliz. Por último, repasó las palabras de Henri: tenía toda la razón. Soleil era el nombre perfecto para la chica con un gran y hermoso corazón que tenía al lado.

La joven interrumpió sus pensamientos— Creo que ahora no tengo nada que darles a Ladybug y Chat Noir. Pero ellos…

Fue cortada por su amigo— ¿Sabes? Yo creo que ellos estarían orgullosos de lo que hiciste. Y eso es suficiente. — colocó una mono sobre su cabeza y le sonrió.

Después de desearle buenas noches a su amiga, entró de su habitación. El ojiverde llamó a su kwami y escucho un pequeño grito

— ¡No! ¡¿Por qué?! — esa era la voz de Plagg.

El rubio camino hasta su sofá y encontró al pequeño kwami llorando desesperadamente.

— ¿Qué ocurre? — pregunto un poco preocupado.

— ¿Qué clase de ser, es capaz de hacer eso? — dijo aun llorando, sin embargo esta vez sonaba actuado.

— ¿De qué hablas Plagg?

—De esto. — Él le mostró un gran trozo de Camembert mugriento, lleno de tierra y polvo.

—Todo ese drama es por… ¿esto? — él rio.

—Tú nunca lo entenderías. — Indignado le dio la espalda a su portador.

Adrien rodó los ojos y toda la intención de acostarse en su cama fue interrumpida por una bolsa en ella. —Plagg ¿Qué es esto? — tomo la sucia bolsa de regalo.

—La encontré en el mismo bote de basura que este pobre queso— dijo con las orejas caídas.

No le sorprendía que su kwami vagara por algunas partes de la mansión o fuera de ella. La abrió sin ningún cuidado, después de todo, estaba en la basura. Sacó un abanico bastante bonito y una caja de lo que parecían ser dulces. Colocó las cosas a un lado y reviso la bolsa, tal vez podría encontrar una tarjeta para saber a quién pertenecía, sin embargo, no halló nada.

Volvió a sostener el abanico, observando cada parte que lo conformaba, cuando unas palabras cruzaron su mente — Si... es un abanico... espero le guste. — Tenía que ser el regalo que hizo Soleil. No había otra explicación y los dulces… quizás también fueran para su madre, —Pero… ¿Por qué estaban en la basura?

Puso todo en la bolsa y la guardó. Le preguntaría más adelante, no obstante, el enterarse de ello, la entristecería, es decir, celebró por primera vez la Navidad y uno de sus regalos terminó en la basura. Tendría que averiguar qué fue lo que ocurrió.

El joven bostezó y se preparó para dormir —Ya déjalo Plagg. Tienes tu regalo de navidad que es mucho más grande que eso. Hay que descansar. —El kwami negro obedeció a regañadientes. —Buenas noches Plagg.

—Buenas noches.

Con todo lo que había ocurrido ese día, consideró que esta Navidad había sido una de las mejores que había tenido en los últimos años.

Quiero agradecer a todos quienes comentan y siguen mi historia. Muchas gracias por su apoyo. Espero que hayan disfrutado del capítulo. Gracias por leer :)

Todos los comentarios y sugerencias son bienvenidos. Me gustaría saber que opinan de la historia, y disculpen las faltas de ortografía, trataré de mejorar.

¡Muchas gracias a todos los que leen esta historia y gracias por su paciencia!