Capítulo 29

Falso

Los personajes de Miraculous Ladybug no me pertenecen, son propiedad de Thomas Astruc.

—Hablan—

Piensan

...

La joven peliazul caminaba hacía su salón de clases cabizbaja, con varios pensamientos cruzando por su mente, recordando la última vez que hablo con el rubio de la clase. No comprendía el porqué de su actuar, es decir, Nathaniel no había tenido la culpa de nada y ahora que lo pensaba tampoco había hablado con el pelirrojo, sin embargo, al parecer estaba bien pues pasaba la mayoría del tiempo con Alix o con Soleil, no sabía que se llevaba tan bien con la pelirrosa.

Al subir la mirada, se encontró con una escena que, contra todo pronóstico, la molestó. Kylie se aferraba al brazo del ojiverde completamente pegada a él, y por si fuera poco, el chico no parecía incómodo por su cercanía, e incluso se sonreían. Era increíble que después de su anterior actitud ahora hiciera esto y justo enfrente del aula. La chica se dispuso a llegar hasta ellos.

— ¿Realmente paso? — Él rubio rió.

—Por supuesto. Yo tampoco lo podía creer. —Ella lo imitó. — Debiste haber estado ahí, en verdad fue divertido.

—Quizá pueda ir la próxima vez.

—Por supuesto. —Recargó su cabeza en el hombro del joven y este se sonrojo un poco. —Me gustaría mucho que me acompañaras. —Sonrió. —Es más yo puedo… —El carraspeo de alguien interrumpió el momento de ambos chicos.

—Disculpen. Pero están bloqueando la entrada. — Dijo con una mirada afilada.

—No. De hecho, no. — Respondió la rubia-rosada con una sonrisa. —Puedes pasar perfectamente.

Ella frunció el ceño. —Entonces seré directa. Si quieren coquetear pueden ir a otra parte.

— ¿Disculpa? —dijo Kylie.

No sabía porque su enojo estaba aumentando, pero decidió respirar y calmarse. —Es incomodo que estén justo en la entrada.

Adrien iba a intervenir, no obstante, le fue impedido. —Escucha. Al parecer estas molesta en este momento y me atrevería a decir que no es algo común en ti y lo entiendo, así que me iré a mi salón de clase; realmente no quiero seguir molestando. — La ojiazul la miraba sorprendida mientras esta se apartaba del joven. —Lamento mucho si te cause problemas Adrien. —Dijo desanimada.

El ojiverde suavizó su mirada. —No causaste ninguno.

—Espero les vaya muy bien en clase. Hasta luego. —La modelo se alejó del lugar dejando al par.

El chico se volvió a Marinette. — ¿Qué fue eso?

—Solo estaba diciendo la verdad. — Se cruzó de brazos.

— ¿Y no te parece que fuiste un poco grosera?

Ella frunció el ceño. —No eres el más indicado para hablar de ello.

— ¿A qué te refieres?

Un sonido hizo eco por toda la escuela marcando el comienzo de las clases.

—Hablaremos después. —Termina la peliazul y entra al salón siendo seguida por el rubio.

Al llegar la hora del receso los alumnos salieron felices de poder descansar un rato. Marinette y Alya salieron juntas como de costumbre y se dirigieron a una banca para almorzar.

— ¿Cómo esta Nino?

—Me dijo que ya estaba mejor y que solo era un resfriado. —Ambas tomaron asiento. —Quise ir a visitarlo, pero dijo que no era necesario, además no quería contagiarme.

—A decir verdad, me he estado sintiendo un poco cansada. —La castaña se distancio de su amiga al instante. — ¡Alya!

—Lo siento amiga, pero pensándolo bien no quiero enfermarme. —Vio como la peliazul entrecerró los ojos. — Tranquila, es una broma. —Rió un poco.

—No creo que este enferma, tal vez solo sea porque no he dormido muy bien.

— ¿Y eso por qué?

—He tenido muchos pensamientos en mi cabeza, así que mi cerebro no ha dejado de trabajar.

—Hola chicas. — El par miro a la recién llegada.

—Hola Zoey ¿Qué sucede?

—¿Han visto a Kylie? La estoy buscando, pero no está por ninguna parte.

Las amigas se miraron entre sí. —No la hemos visto. Lo siento. —Contesto la ojiceleste.

—Ya veo. —La modelo de cabello castaño suspiró. —Bien. Muchas gracias.

—No hay de qué. — Alya le sonrió.

—¡Zoey! —Se escuchó el grito de una voz femenina.

Esta vez las tres se giraron hacia la voz y observaron como Kylie caminaba hacía ellas siendo interceptada por otra compañera de la escuela quien al parecer le pidió una foto con ella. Después de complacer a la chica, se dirigió a ellas.

—Kylie, te estuve buscando.

—Lo siento, pero tenía que hablar con alguien.

— ¡Ah! ¿Con Adrien?

La rubia se sonrojo. —¡No tenías que gritarlo!

—Entonces si era él.

—¡Detente! —Se volvió hacia las otras dos jóvenes. —Hola. Siento si las molestamos. —Tomó el brazo de su amiga. —Nos vemos después.

—Adiós. —Dijo Zoey con una sonrisa.

—Adiós. —Respondió la de lentes. Después miró a su amiga y se percató de que esta tenía el ceño fruncido.

— ¡¿En serio?!

—Si. —Suspiró.

—Vaya amigo. No esperaba eso. —Se escuchó del otro lado de la línea.

—Yo tampoco ¿Qué crees que debería hacer?

—Eso depende de cómo te sientas tú y que es lo que quieras.

—Hummm…

—Kylie es muy bella y por lo que he visto y me has contado es alguien agradable, y realmente no te está pidiendo algo muy grande, pero como he dicho, la decisión es tuya.

Adrien pensó en los momentos que había logrado pasar con la chica, era agradable y amable, no solo con él sino también con los que la rodeaban, siempre hacía preguntas para saber cómo estaba e incluso preguntaba por su padre. Era una chica con carácter y decidida y si realmente era una joven bella, pero ¿Estaría bien aceptar?

— ¿Adrien?

— ¡Oh! Lo siento Nino, me distraje.

—No te preocupes. Y ¿Qué vas a hacer?

Volvió a suspirar. —Voy a pensarlo.

—Eso está bien amigo. Bien, es hora de que tome mi medicamento. Nos vemos mañana.

—Hasta mañana Nino.

Tendría que pensarlo bien pues no quería herir a la joven que solo había sido amable con él.

Una vez terminadas las clases, Adrien se dirigió a la salida para esperar a su amiga y poder irse a casa, sin embargo, no contaba con encontrar al chico de mechas azules. — ¿Qué hace aquí? — Iba a continuar con su camino evitando que se diera cuenta de su presencia cuando vio como la castaña y la peliazul se acercaron Luka. Siguió observando la interacción, en especial de Marinette y el hermano de Juleka. Era increíble que después de lo que le dijo en la mañana ahora ella estuviera haciendo lo mismo, frunció el ceño y decidió apartar la mirada. No obstante, un par de minutos después se escucharon gritos cerca de las instalaciones lo que provoco pánico en los alumnos haciendo que algunos fueran de inmediato a sus hogares y otros regresaran a la escuela. El ojiverde ingreso a uno de los vestidores para poder transformarse, mientras la ojiazul hacia lo mismo en otra parte.

La azabache y el pelirrojo observaban como sus compañeros corrían hacia los salones asustados.

— ¿Qué está pasando? —Dijo la joven.

—Probablemente sea un nuevo villano atacando. — Nathaniel tomó su mano. —Nosotros debemos hacer lo mismo ¿Puedes correr?

Entendía por qué hacía la pregunta, después de todo Chloé había hecho de las suyas otra vez haciendo que tropezara de nuevo

—Si.

—Bien. — Ambos corrieron a la biblioteca

Soleil miró hacia atrás observando la entrada. —Esperó que Chat Noir y Ladybug lleguen pronto.

La nueva villana reía mientras perseguía a las personas de las calles por las que caminaba.

— ¿Acaso no quieren divertirse? —La gente corría aterrada ignorándola por completo. —No prestar atención a quien te está hablando es algo grosero. — De repente cubos de gran tamaño y varios colores giraban a su alrededor. —Y las personas groseras merecen un castigo. —Lanzo cuatro de esos cubos hacia los que huían, no obstante, fueron detenidos por los héroes de París.

— ¡No te muevas! —Ladybug aterrizó frente a la akumatizada secundada por su compañero.

—¡Hola Ladybug! ¡Qué alegría que estés aquí! — Sonrió —Soy Géométrie. — La chica de piel azul tenía un atuendo bastante característico pues todo tenía que ver con cubos de colores. Tenía dos coletas que terminaban en un cubo, una diadema de pequeños cubos, una falda con vuelo cuadriculada y todo lo demás era relacionado a eso. — Y necesito que me entreguen sus Miraculous. —Terminó extendiendo su mano.

—Lo siento, pero no te los daremos. —Respondió el felino.

La expresión de Géométrie cambio de una alegre a una triste y se miró a la mariquita — ¿Eso es cierto?

La ojiceleste se descolocó ante su cambio de actitud. — Hummm…Si.

—Ya veo. —Nuevamente los cubos se hicieron presentes girando a su alrededor. —Entonces tendré que quitárselos. —Sonrió, sin embargo, no era una sonrisa amigable.

El sonido de la lluvia hacía eco por toda la escuela. El de ojos turquesa veía con asombro la cantidad de libros que su amiga había tomado y puesto en la mesa, eran nueve en total. Al llegar a la biblioteca se encontraron con Iván y Mylène, la azabache preguntó por los demás y ellos la tranquilizaron diciéndole que también se habían resguardado. Luego ella buscó diferentes libros mientras él se puso a dibujar y eso terminó en la situación actual. Soleil leía el segundo su segundo libro al mismo tiempo que tomaba apuntes, realmente se veía concentrada.

—Soleil.

— ¿Sí? — Dejo de escribir e hizo su libro a un lado prestándole total atención.

—Disculpa que te interrumpa, pero ¿Por qué tantos libros?

— ¡Oh! Es solo que… no-no he tenido una educación como normalmente la han tenido otros y… estoy atrasada en cuanto a los temas que se supone debería saber; así que estoy haciendo todo lo posible para estar a su nivel.

—Además eres un año menor que nosotros. Comprendo. —Él sonrió. — ¿Sabes? Si necesitas ayuda con algo puedes preguntarme, tal vez no sea el mejor de la clase, pero podría ayudarte en otras cosas.

—Estoy segura de que sí. —Sonrió. —Gracias.

Los pasos se escucharon por los pasillos hasta que dos personas se acercaron a ellos. La azabache los reconoció al instante.

—Señorita Soleil. —Dijo con el mismo porte profesional de siempre.

—Señorita Nathalie. — Se levantó.

—La hemos estado buscando junto a Adrien, supongo que esta con usted.

—No, él no está aquí. Pensé que estaba en algún salón de la escuela.

La pelinegra de mechón rojo y el guardaespaldas se miraron con preocupación. —Hemos preguntado a varios de sus compañeros y buscado por toda la escuela. No lo encontramos.

No está aquí.

—Tenemos que buscarlo. — Dijo la de ojos azules. —La esperaremos afuera señorita.

—Guardaré mis cosas e iré enseguida. —Ambos salieron de la biblioteca. Se dispuso a recoger sus pertenecías y devolver los libros con la ayuda de Nathaniel. —Espero que no le haya pasado nada. —En ese momento el recuerdo de Adrien alejándose de ellos cuando Le Tisserand atacó volvió. — ¿Habrá hecho lo mismo? pero ¿Por qué?

—Estoy seguro de que está bien. — El pelirrojo le sonrió. Si bien ellos no estaban en los mejores términos por ahora, sabía que su amiga se preocupaba por él. —Es alguien inteligente. —Ella devolvió el gesto que no fue notado. Al terminar ambos salieron encontrándose con Alya.

—Chicos que alegría que estén bien, pero ¿Han visto a Marinette? —La castaña dijo con las manos en su pecho.

Soleil y Nathaniel se conectaron sus miradas. —No la hemos visto. —Respondió el de ojos turquesa.

— ¡Esa chica! Siempre está desapareciendo. —Suspiró. —Gracias, la seguiré buscando. Adiós.

—Adiós. — Respondió el joven.

Esto es muy extraño.

—Tienes que apresurarte. —Su amigo la saco de sus pensamientos.

—Lo siento. —Sacudió su cabeza— Vamos.

Rompió el cubo Rubik que había logrado atrapar liberando a la mariposa —Ya has hecho mucho daño pequeño akuma— Abrió su yo-yo listo para purificar— ¡Yo te libero del mal! —La atrapo con éxito — ¡Te tengo! —Después abrió su yo-yo para liberar a la blanca creatura. —Adiós pequeña mariposa. —La misión había terminado — ¡Miraculous Ladybug! —Con sus últimas palabras dio por terminada la misión regresando todo a la normalidad.

Los héroes evitaron mirarse y esta vez no se acercaron para chocar sus puños.

—Nos vemos después. —El felino extendió su vara para irse, sin embargo,fue detenido por la voz de su compañera.

— ¿Te vas a ir solo así?

Se giró solo para ver como ella se acercaba ignorando la lluvia. —Me parece que hay algo de lo que tenemos que hablar. —Dijo encontrándose con los ojos del ojiverde.

—Tienes razón, pero este no es el momento. Está lloviendo y se hace tarde.

—Bien. — La peliazul se dio la vuelta y lanzó su yo-yo para marcarse.

Genial. Esta molesta. — Suspiró y también se retiró del lugar.

….

Adrien llega a la escuela cuando escucha el tono de llamada de su teléfono y ve que tiene varias perdidas. Con valor presiona contestar. —Allô?

— ¡Adrien!

—Nathalie que….

— ¿Dónde estás?

—En la entrada de la escuela. Escucha yo…

—Vamos para allá. No te muevas.

—Si, pero…

El sonido de llamada finalizada se hizo presente a lo que el joven suspiró, tenía el presentimiento de que estaba en problemas. Algunos minutos después, el auto se estacionó frente a él y subió sin objeción. Se encontró con su amiga en el asiento trasero y entonces recordó que no le había comunicado nada.

—Ho-hola Soleil.

—Hola Adrien ¿Estas bien?

—Si. Estoy bien. —Abrochó su cinturón de seguridad y el auto arrancó.

Ella respiró profundo. —Me alegró.

Él sonrió. Poco después, llegaron a la Mansión Agreste; bajaron del coche y entraron a la casa solo para ver a Gabriel Agreste en las escaleras que conectaban al vestíbulo. El mayor bajo con calma y se colocó frente a su hijo.

— Déjenos solos. — Ordenó.

Nathalie colocó una mano en el hombro de la joven indicándole que caminara. La tímida chica no quería dejar solo a su amigo, pero tampoco quería hacer enojar, probablemente más, al señor Agreste y que las cosas fueran peor, así que obedeció.

— ¿Dónde estabas Adrien?

—Papá yo… — ¿Qué iba a decirle? Tenía que pensar en algo rápido. —Estaba escondido, un villano comenzó a aterrorizar a la ciudad y…

— ¡No me mientas! —El rubio se asustó debido al tono de su voz. —Nathalie y tu guardaespaldas te estuvieron buscando por toda la escuela, recurrieron a tus compañeros de clase, y ¿Que me vas a decir? ¿Qué te escondiste en otra parte? —El chico se quedo callado. — Desapareciste por bastante tiempo, estas empapado, dejaste a Soleil en la escuela ¿Pensaste en lo que iba a decir su madre? Después de todo tu te ofreciste a cuidarla y sobre todo… —Suspiró. —Nos asustaste a todos. —Adrien bajo la cabeza. — Ve a tu habitación, estas castigado.

El joven quería decir algo para defenderse, sin embargo, nada cruzaba por su cabeza y hasta cierto punto, le daba la razón a su padre, por lo que solo asintió. Entró a su habitación y se tiró en la cama; de pronto ya no tenía energía para nada.

— ¿Estás bien Adrien? —Preguntó el pequeño Kwami.

—Si Plagg, solo un poco desanimado, pero es todo. —Suspiró. Ahora estaba castigado y lo más seguro es que no se le permitan permisos para nada y lo peor de todo es que sería mucho más difícil hacer su labor de héroe. Y luego estaba Soleil, a quien había dejado sola y sin avisarle nada.

Sintió una vibración seguido de un sonido proveniente de uno de sus bolsillos. Sacó su teléfono y abrió el mensaje recién llegado.

Soleil:

¿Cómo estás?

Adrien:

Estoy bien. No te preocupes.

Soleil

No quiero molestar, pero ¿Estás seguro?

Adrien:

Seré honesto. Estoy castigado

Soleil:

Lo siento.

Adrien:

No tienes que disculparte. Voy a hacer mi tarea y me iré a dormir ya que no tengo nada más que hacer

Soleil:

De acuerdo. Si necesitas algo, puedes decirme.

Adrien:

Gracias. Lo tendré en cuenta 😊

Soleil:

Bien 😊

Adrien:

Soleil:

Adrien:

Creo que debemos dejar de contestar o esto no tendrá fin, héhé

Soleil:

Tienes razón 😊. Lo siento

Adrien:

No hay problema

Tomó las cosas necesarias para comenzar a trabajar y se dirigió a su mesa. Esperaba que las cosas mejoraran pronto.

A la mañana siguiente, el joven rubio escuchó su alarma apagándola de inmediato. Se levanto lentamente sintiéndose cansado, con sueño, calor y sentía la garganta irritada. Entro al baño para tomar una ducha esperando que su situación mejorara. Poco tiempo después bajo al comedor, sin embargo, no tenía hambre, así que lo único que tomo fue una manzana. Se dirigió al vestíbulo para encontrarse con Gorilla y Soleil para ir a la escuela, no obstante, su padre también estaba ahí, algo que era raro.

—Regresarás a casa después de la escuela. No tendrás ninguna actividad el día de hoy.

El bajo la cabeza. —Si padre.

Subieron al auto y sin perder más tiempo, este arrancó. No sabía porque no dejaba de sentir calor y ahora sospechaba que empezaría a dolerle la cabeza.

— ¿Te encuentras bien? —Dijo su acompañante en voz baja al ver como tenía una expresión de incomodidad.

—Estoy bien Soleil. Solo creo que no dormí lo suficiente. —Le sonrió.

—De acuerdo. Si te si-sientes mal puedes decirme.

—Gracias. —Volvió a sonreír. Al pasar saliva volvió a sentir ese dolor. —Creo que me voy a enfermar o ya podría estarlo. —Suspiró. —Bueno, no puedo faltar a la clase de Física, tendré que soportarlo.

Al llegar a la escuela, caminaron hacía el salón de clases, pero fueron interceptados en el camino por la peliazul.

—Hola chicos. —La chica trató de sonreír.

—Hola. — Contestaron al unisonó.

Luego de que pasaran varios segundos sin decir nada, pues la tensión podía sentirse en el aire, Marinette decidió hablar de nuevo, no obstante, ahora se dirigió solo a él joven.

—Adrien… ¿Podemos hablar?

— ¿Ahora? Tenemos clase. —Huía de su mirada.

—No, me refería a la hora del receso. — Dijo con firmeza.

Esto no puede estar pasando. Bien — Finalizó y retomaron su camino siendo seguidos, a una distancia prudente, por la ojiazul.

Después de cuatro cortas horas, a opinión del rubio, el receso empezó, lo que significaba que era momento de encontrarse con la peliazul para aclarar las cosas. Sinceramente no quería salir del salón, estaba comenzando a sentir frío, pero también estaba sudando, tenía sueño y el dolor de cabeza incremento.

— ¿Estas bien? —Habló el de gorra roja.

—Estoy bien. —Trató de relajarse. —Vámonos. —Caminó a la salida comentándole con quien y que iba a hacer en ese tiempo.

Por fin, el par de amigos se separó al encontrar a ambas chicas, quedando solo el ojiverde y la ojiazul. Tomaron asiento en una de las bancas más alejadas del patio, para evitar ser escuchados.

La peliazul decidió comenzar primero. —Escuchas Adrien, ese día que estaba junto a Nathaniel no tenías por qué hacer lo que hiciste, no tenías por qué estar molesto, ni mucho menos ser grosero con él. —suspiró. —Y después has sido bastante cortante conmigo.

—Se que no debí molestarme porque tú y él estaban juntos; fue un impulso y no volverá a pasar. —Subió la mirada para encontrarse con esos grandes ojos celestes. —En cuanto a lo de ser cortante, no creo que lo haya hecho.

— ¿Hablas enserio?

—Creo que he hablado contigo adecuadamente y no he hecho nada que pueda afectarte desde ese día. —Hablo con firmeza, a pesar del terrible dolor de cabeza que tenía.

Ella frunció el ceño. —Creo que no te has escuchado, pero has sido frio conmigo, y eso de que no hayas hecho nada es una mentira ¿No recuerdas lo de esta mañana?

La miró confundido — ¿Te refieres a lo de Kylie? No estábamos haciendo nada malo.

—Por supuesto, coquetear abiertamente en la entrada del aula y reunirte con ella no tiene nada de malo. —dijo con burla. — Si querías darme celos, debiste pensar en algo mejor.

— Es una broma ¿verdad? ¡La única que hizo algo malo esta mañana fuiste tú! fuiste grosera con Kylie y aun así fue amable contigo; y lo siento, pero no todo se trata de ti. — Dijo masajeándose las sienes. —Créeme que nunca he pensado en darte celos.

—No puedo creerlo. — Negó con la cabeza.

—Además, el que este o no con Kylie no tendría por qué afectarte.

— ¡No eres el mejor para decir eso! ¡No tienes por qué molestarte si estoy con Nathaniel!

El dolor de cabeza estaba empeorando al igual que los escalofríos y sentía como su ropa se pegaba a su cuerpo. — ¿Sabes qué? Hablemos otro día. — El chico se levantó dispuesto a marcharse.

— ¿Te vas, así como así? —Ella se levanta y cruza los brazos.

—Tengo que irme. — Avanza sin siquiera mirar a la chica.

De acuerdo, estaba equivocado si pensó que podría soportar estar todo el día con esos síntomas. El sonido de su celular llamó su atención y contestó.

—Allô?

—Hola Adrien. —Se escuchó la voz de la asistente de su padre. —Llamo para informarte que tu padre no llegará a casa y que lo más probable es que este incomunicado, por lo que me pidió que te recuerde que volverás a casa y el hecho de que no este, no significa que él castigo sea dejado de lado. Lo siento.

—Si, por supuesto. De todas formas, el nunca esta para mí y ni siquiera es capaz de llamarme el mismo para recordarme que estoy castigado, es decir, está claro que es lo importante ¿No es así? Gracias Nathalie. —El chico colgó y continuó su camino.

La azabache se encontraba en el salón de clases pues había olvidado la manzana que había logrado traer. Con la fruta en mano y sus cosas guardadas correctamente se dispuso a salir cuando escucho el sonido de la puerta cerrarse.

—Siendo honesta esperaba nunca volver a verte, pero mira cómo es la vida, desgraciadamente nos volvemos a encontrar. — La chica avanzaba a su lugar. —Debo admitir que llegué a pensar que después de verme saldrías corriendo a contarle a todos todo tipo de tonterías sobre mí, pero al parecer eres tan estúpida como para no hacerlo. —Ahora estaba a una corta distancia de ella. —De cualquier forma, hicieras lo que hicieras no me afectaría.

—Pe-Pensé que…

—¿Qué? ¿Creíste que había cambiado y sería buena contigo? —sonrió divertida. — ¡Pero que idiota! De verdad que no tienes ningún remedió Silly Sun. Sigues siendo igual de patética. —Se acercó más y jalo de su cabello. —Supongo que sabes de que tratará todo esto, seguiremos con la misma dinámica de siempre, es decir, estar aquí es realmente aburrido y necesito divertirme. —Volvió a tirar de su cabello provocando un quejido de la contraria; sonrió y soltó su cabellera. Esta vez tomó su mochila y la miró asqueada. —Desde que la tomé me pareció repugnante, aunque ya sabes lo que dicen, todo se parece a su dueño. —Abrió la mochila y comenzó a examinar sus cosas, después de unos segundos, la giró y tiró todas sus pertenencias al piso. —No hay nada interesante a parte de este teléfono y para el colmo es una vergüenza también. —Le sonrió. —Te daré un consejo Weirdo, deberías sacar todas tus cosas de valor porque alguien podría robártelas o simplemente hacer esto… —Tiró el teléfono para después pisarlo.

—No, no espera, por favor…

No obstante, la chica no se detuvo hasta quedo desecho. Miró de reojo las ventanas para asegurarse que nadie la haya visto. —Como sea. Solo te dejaré unas cuantas cosas en claro: Tuviste tu oportunidad de decirle a tus amigos sobre mí, pero la perdiste, así que ni se te ocurra hacerlo ahora o tú y ellos pagaran las consecuencias, no te metas en mis asuntos, no quiero estorbos y por último podrás llamarme Kylie en presencia de otros, pero no se te ocurra hacerlo cuando estemos solo tu y yo, mi nombre no debe ser manchado por tu asquerosa boca. — Sin esperar respuesta, se retiró del salón.

Estaba muy cansado y todo estaba empezando a molestarlo, esperaba que el horario escolar terminará lo más pronto posible. Entro al aula solo para encontrar a su amiga en el suelo con su teléfono en las manos destrozado.

— ¿Qué fue lo que paso? — Ella voltea a verlo, sin embargo, no dice nada.

El dolor de cabeza y la fiebre empeoran. Él suspira y masajea sus sienes. —Voy a hablar con Chloé. El chico comenzó a caminar a la salida, pero la chica se apresuro a llegar hasta él.

Una vez estando a su lado, habló—E-Espera, e-ella no fue quien…

—Por favor Soleil, no tienes que mentir.

—No, no estoy…

— ¿Qué sucede aquí? —El chico de gorra roja entró en ese momento.

—Chloé rompió el teléfono de Soleil. — Ese dolor lo estaba matando y ahora su estomago le estaba pidiendo de comer

—No. Ella no lo hizo. — Si bien era cierto que la rubia no era amable con ella, esta vez no esta involucrada de ninguna manera.

—Entonces ¿Quién lo hizo? — habló el de anteojos.

—Fue… "Ni se te ocurra hacerlo ahora o tú y ellos pagaran las consecuencias" — Antes de que pudiera decir otra cosa las palabras de la rubia-rosada atravesaran su mente. La joven no dijo nada más y miro al suelo ¿Qué podría decir?

—No entiendo porque insistes en defenderla. — comentó el rubio. A decir verdad, su paciencia y tranquilidad se le habían agotado, dejando el paso libre para el enojo y la irritabilidad.

—Es que…

—Es que es increíble que dejes que te suceda esto. Empiezo a pensar que tal vez es una perdida de tiempo el querer ayudarte, es decir, no haces nada por cambiar las cosas. —El chico empezaba a elevar la voz —¡Defiéndete! ¡Por que estoy cansado de hacerlo yo y estoy seguro que los demás también! — Dio media vuelta dispuesto a dejar a la joven.

—Oye hermano, creo que necesitas calmarte. —Intervino el pelinegro.

— ¡¿Calmarme?! ¡Lo que necesito es irme a casa!

Salió del aula dando un portazo. Dejando a un chico desconcertado y a una joven cabizbaja.

Ya afuera busco una banca para sentarse y descansar un poco, no obstante, pareciera que el mundo no dejaba que eso sucediera. Sintió algo enredarse alrededor de su cintura para después ser jalado con brusquedad y escuchar gritos a su alrededor. Se encontró cara a cara con una rana enorme de colores verde y azul. Afortunadamente, un yo-yo golpeo su cara haciendo que lo soltara para luego ser atrapado por la mariquita.

—Será mejor que te apresures. —Fue lo que escuchó antes de que la heroína se fuera.

—Esto no puede empeorar. —Suspiró y corrió hacía un lugar seguro para transformarse.

Después de una larga y desgastante lucha para el felino, y esta vez con la ayuda de Love Wing, lograron detener al akumatizado y salvar el día nuevamente. Él había fallado en varias ocasiones debido a su mal estado y eso empeoró algunas cosas. En ese momento estaban en lo alto de la torre Eiffel.

—No sé que te sucede, pero espero que lo arregles pronto. — La peliazul o miraba con el ceño fruncido.

— ¡Bien! — Respiró. — ¡Lo siento! ¡¿Contenta?!

La ojiceleste negó con la cabeza. —No podemos darnos el lujo de fallar en este tipo de situaciones y… creó que necesitas tranquilizarte. —Con ello, Ladybug se alejó del lugar, no sin darle una mirada desaprobatoria antes.

El joven héroe se dejo caer de rodillas al suelo y respiró profundo. Estaba cansado de todo, seguía enfermo y ahora se sentía peor al recordar lo mal que había tratado a sus amigos.

— ¿Estas bien?

Escuchó aquella voz proveniente de la persona que estaba a sus espaldas. ¿Qué si se sentía bien? Creía que ya era obvio. Iba a arremeter verbalmente contra la chica, sin embargo, se detuvo al percatarse de lo que haría y ya no quería seguir siendo grosero con las personas y estaba seguro que ella solo quería ayudar.

—No. En realidad, no. — Dijo cabizbajo.

Escuchó su respuesta, y recordó el error que había cometido antes. Así que esta vez caminó hasta estar frente al chico y se arrodilló para quedar a la misma altura que él. — ¿Hay algo en lo que pueda ayudar?

Subió su mirada encontrándose con aquella dorada y luego de unos segundos dio una pequeña sonrisa. —No estoy seguro. — Sintió una mano en su hombro.

— ¿Quieres hablar de ello? — Habló procurando que su voz sonara lo más suave y amable posible.

Al principió quería negarse, no obstante, algo lo hacía sentir la suficiente confianza como para hablar. Empezó por contar que estaba enfermo, los problemas que había tenido con personas cercanas a él, su actitud hacía ellos sin revelar algo que comprometiera su identidad y omitiendo varias cosas, para finalizar con lo que había ocurrido en la batalla y su comportamiento con Ladybug.

—Debes pensar que soy de lo peor. —Dijo tratando de evitar su mirada.

—No. — Dijo dulcificando su voz. —Creo que todos los problemas fueron acumulándose y el hecho de que tuvieras todos esos malestares solo hicieron que al final explotaras. —Volvió a colocar sus manos en los hombros del ojiverde. —Creo que si hablas con ellos y explicas la situación van a comprender, e incluso se ofrecerán a ayudarte.

Suspiró. —Eso espero.

—Estoy segura. No tienes por qué preocuparte. —Sonrió.

Sus miradas volvieron a cruzarse sintiendo una gran calidez e imitó su gestó para después asentir. Antes de que la chica pudiera ponerse de pie, sintió como unos brazos la rodeaban y la hacían acercarse al cuerpo de Chat Noir.

—Gracias. — Él sonrió.

A pesar de que no sabía que hacer en un inició, finalmente correspondió al abrazo. —No tienes que agradecer. —De igual forma, una sonrisa se formó en su rostro.

….

Entro a su habitación procurando no hacer mucho ruido, y una vez terminado su tiempo de transformación buscó a la asistente de su padre.

Abrió la puerta y entró a la oficina de la pelinegra. —Nathalie.

— ¿Adrien? ¿Dónde estabas? Estaba a punto de llamar a tu padre, no estabas en la escuela y Soleil no sabía sobre ti. —La mirada de la mujer era de completa angustia.

—Lo siento, un villano atacó la escuela y me capturó; Ladybug me salvó y me trajó hasta aquí. Lamento haberte preocupado.

La pelinegra dio un suspiro de alivio. —Me alegra que estés bien.

—Si, sobre eso…creo que estoy enfermo, hummm… mucho.

La de ojos azules se acercó al joven y colocó una mano en su frente. —Llamaré a un médico e informaré a tu padre. —Tomó su teléfono. —Espera en tu habitación por favor.

El rubio asintió y volvió a su recamara sin notar que estaba siendo observado por alguien más. Resignado a que era muy probable que no se presentara a la escuela al día siguiente, tomó un baño y se puso el pijama para luego acostarse en su cama, aunque no duro mucho, puesto que el médico llegó en muy poco tiempo. Después de darle un tratamiento e indicaciones para su cuidado, volvió a acostarse y dormir un rato.

Sintió como era sacudido levemente haciendo que abriera los ojos; escuchó que lo llamaban y se incorporo quedando sentado y apoyado en el respaldo de la cama.

—Lamento despertarte Adrien, pero la señorita Nathalie me dijo que necesitabas comer. —La chica observó como el cuerpo de su amigo temblaba.

Él parpadeo varias veces para despertar por completo, ya que sentía bastante frío se cubrió desde la cabeza con una de las mantas. El olor de la comida hizo que su estómago gruñera. —Lo siento. — Rió avergonzado.

—No hay problema. — La chica colocó la pequeña mesa sobre su regazo, pues el chico no tenía permitido dejar su cama.

En ese momento, volvieron a él los recuerdos de ese día, agacho la cabeza sintiéndose culpable, mientras que la azabache terminaba de ordenar sus cubiertos.

—Esta listo. —Anunció la joven.

—Mu-Muchas gracias. —El chico siguió sin subir la cabeza y acomodo su manta. Dio un suspiró y miro a su amiga. —Soleil.

— ¿Sí?

—Discúlpame. Me comporté de la peor forma contigo, no debí haberte gritado y debí haberte escuchado. — A pesar de querer dejar de mirarla por la vergüenza, no lo hizo. —Yo no quería decirte todo eso, es solo que estaba muy enojado, todos los problemas que tenía se acumularon y después me empecé a sentir muy mal, me dolía la cabeza, tenía sueño, estaba cansado… no trato de justificarme, pero creo que necesitabas una explicación. Lo siento mucho, nada de lo que dije es verdad. Lo siento.

—Esta bien. —Respondió. —Aunque no tienes que preocuparte, hummm… tenía la sospecha de que algo te estaba pasando, no te veías del todo bien. Así que está bien, tranquilo.

Él le brindo una pequeña sonrisa. —Eres increíble. —susurró. —Gracias.

—No es nada. —Le entrego una servilleta para que la pusiera en su pecho, puesto que estaba temblando aún y era probable que manchara su ropa.

Ahora el rubio, trataba de evitar que su cuerpo temblara para poder comer correctamente, pues a pesar de estar cubierto su cuerpo seguía sintiendo frío.

—La comida ya no esta tan caliente, puedes comerla con seguridad.

La escuchó decir, tomó la cuchara y tomó un poco de sopa, no obstante, a pesar de sus intentos seguí temblando un poco. La joven se dio cuenta de ello.

—Si necesitas ayuda… hummm… puedo hacerlo por ti.

— ¡No, no, no, no! —Dijo de inmediato. —Esta bien, yo puedo hacerlo. —Un sonrojo apareció en sus mejillas. Quiza no era del todo cierto, pero el que ella lo alimentara sería muy embarazoso.

— ¿E-Estas seguro?

— ¡Si! Tal vez me tarde un poco, pero estoy bien. —Sonrió aun con el sonrojo en su rostro.

—De acuerdo.

Más tarde, al terminar su comida, casi cena, la chica le entregó su tarea, luego de realizar sus deberes conversaron y le enseño a jugar algunos juegos de mesa hasta que se hizo tarde.

—Ojalá pueda dormir. —Dijo al mismo tiempo que tomaba su medicamento.

—Yo creo que sí. —Contestó la azabache.

Él se metió dentro de la cama y ella se sentó en una silla frente a esta.

—¿Tu que harás?

—Voy a guardar mis cosas y después iré adormir también. —Se levantó y se dirigió al escritorio de su amigo.

—Bien. Buenas noches.

—Buenas noches.

A pesar de que intentó de dormir, pareciera que el sueño no llegaba. Volteó para ver que es lo que hacia su acompañante pues aún escuchaba ruido. Ella había terminado de acomodar sus pertenencias, al parecer había guardado sus juegos de mesa y ahora ordenaba el escritorio del ojiverde. —Que considerada. —Completo su objetivo tomó su mochila para irse no sin antes ver al joven modelo y percatarse de que estaba despierto.

No puede ser. —Aparto la vista de inmediato y se dio cuenta que se había quedando viendo las actividades que hacía, esperaba que ella no pensará mal.

— ¿No puedes dormir?

—N-No, realmente no.

Bien. Adrien no podía dormir y queriendo ayudar, pensó en algo que le sirviera para que durmiera, entre todos sus pensamientos se atravesó el recuerdo de su infancia, recordó como ella hacia que lograra quedarse dormida. Bajo su mochila y se sentó en la silla frente a la cama.

—Puedo hacerte compañía hasta que duermas… cla-claro si quieres.

Después de pensarlo por algunos segundos, accedió. —Si, claro si no tienes ningún problema.

Volvieron a tener una platica amena por aproximadamente una hora, siendo interrumpida por un bostezo del ojiverde.

—Creo que por fin me quedare dormido. —Apago la luz de su habitación dejando encendida solo una lampara.

—Eso esta bien. —Sonrió a pesar de que no la veía. De repente otro recuerdo vino a ella y se armo de valor para ponerlo en marcha, en ella funcionaba y quizás también el él y de no ser así el chico podía decirle que le molestaba o no.

Aun con despierto el chico escuchó una melodía, y extrañado buscó con la mirada de donde provenía y no tardó mucho en encontrar su origen, pues este estaba a una corta distancia de él. Su amiga le estaba cantando, bueno más bien tarareaba, era una verdadera sorpresa y a pesar de que no era un bebé o un niño pequeño no lo incomodaba o le molestaba, al contrario, era agradable. Con aquel sonido se atrevía a decir que la azabache tenía buena voz y también lo hacia bien, de verdad le gustaba. Cerró los ojos concentrándose en la voz.

Soleil continúo tarareando por varios minutos, con la esperanza de que el chico por fin pudiera tener un largo descanso. Se detuvo al ya no saber que más cantar; observó el rostro de Adrien y se encontraba bastante pacifico. Para comprobar si se había quedado dormido dijo su nombre en voz baja y escuchó su respiración tranquila. Sonrió, apago la lampara y con ayuda de la luz de luna tomó su mochila para por fin retirarse esperando que su amigo se sintiera mejor al día siguiente y no sabía porque toda esta situación se le hacía muy similar a la situación de Chat Noir.

…..

Quiero agradecer a todos quienes comentan y siguen mi historia. Esta vez he tardado más, debido a la situación actual, con la escuela entre otros problemas, además de la falta de ánimo que he tenido, no trataré de actualizar más seguido. Muchas gracias por su apoyo. Espero que hayan disfrutado del capítulo. Gracias por leer :)

Todos los comentarios y sugerencias son bienvenidos. Me gustaría saber que opinan de la historia, y disculpen las faltas de ortografía, trataré de mejorar.

¡Muchas gracias a todos los que leen esta historia y gracias por su paciencia!