DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Hola chicas, muchísimas gracias por estar aquí y comenzar ésta nueva traducción junto conmigo. Les dejaré las notas de la autora, súper importantes. Aunque sí me gustaría resaltar que, aunque la primera persona del singular no sea su narrador favorito al leer, deberían darle una oportunidad. EN VERDAD. Yo soy de esas que prefieren leer en tercera persona, pero el fic vale la pena y este estilo de narración es necesario para meterse en la piel de Draco. Denle una oportunidad, les prometo que no se van a arrepentir.

Éste capítulo ha sido beteado por Mary Eagle Med

Nota Autora: hola. ;) Gracias por seguirme hasta acá.

He intentado marcar una diferencia entre la voz de Hermione en LFCDA y la que necesita Draco en esta historia, por lo que el tiempo verbal y el PoV son diferentes. Si leer en primera persona no es lo tuyo, no hay resentimientos. El Universo Alterno de La Subasta se narrará nuevamente en el PoV de Hermione y en tercera persona. Así que supongo que nos veremos allá. :)

Además, el lado de la historia de Draco puede volverse mucho más oscuro, y obviamente, desde la perspectiva de un chico adolescente. Así que ténganlo en cuenta en el futuro. Puede haber advertencias en esta historia.

* ESTA NO ES UNA HISTORIA INDEPENDIENTE * - "La Forma Correcta de Actuar" debe leerse antes de "Todo lo Incorrecto"

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Todo lo Incorrecto

Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8

Capítulo 1

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Viernes 27 de agosto de 1999

Están murmurando otra vez, intentando mantener al mínimo el volumen de su voz para que el prisionero no pueda escucharlos. Pero el prisionero está a cuatro metros de distancia, y no lo están logrando.

Desearía que me sacaran de la habitación si lo que necesitan es discutir. Que me lleven de vuelta a la pequeña habitación en la que me tenían esta mañana. Pero, por supuesto, me dejaron aquí en medio de todos, en una jaula. En exhibición.

Elijo un punto a un metro de distancia para fijar la vista ahí. No quiero mirarlos, y no quiero quedarme dormido. Suelto un bostezo.

—Sr. Malfoy. Su siguiente testigo ha llegado. ¿Está listo para continuar?

Casi sonrío. ¿Acaso tengo otra opción?

Asiento en respuesta, interesado en ver qué "testigos" puedo tener.

Y Harry Puñetero Potter entra. Me mira y tiene la audacia de hacer una mueca, como si sintiera compasión por mí. Vaya broma.

Le preguntan sobre la noche en que Dumbledore murió. Nadie me había dicho nunca que Potter estuvo allí todo el tiempo. Él dice algo sobre una cueva, y volar de regreso, y luego Aparecer en la Torre de Astronomía.

Ya conozco esta historia, así que cierro los ojos.

—Y luego lo vi bajar su varita.

Abro mis ojos y Potter me está observando, y yo hago una mueca despectiva sabiendo que nada de lo que diga podría ayudar con mi caso. Sus ojos brillan. ¿Acaso empezará a llorar?

—Vi a Draco Malfoy bajar su varita cuando Albus Dumbledore le ofreció su protección. Creo que habría aceptado la oferta si los mortífagos no hubieran entrado en la Torre de Astronomía en ese preciso momento.

—Señor Potter, la noche del asesinato de Albus Dumbledore ya está redactada en el informe del testimonio que ofreció Severus Snape. No podemos reabrirlo esa noche.

—¿Y si tengo nueva información? Información que puede ayudar al acusado.

—Ya nos ha dicho que Draco Malfoy no pudo matar a Albus Dumbledore —el dolor del recuerdo me sacude—, y eso lo tenemos en el archivo.

Una pelirroja interrumpe.

—¿Tiene nueva información para nosotros, señor Potter?

Observo a Potter trastabillar con sus palabras, intentando encontrar el camino de vuelta hacia sus nobles intenciones. Comienza a hablar de la noche en que los rapiñadores los capturaron. Me mira una vez, rápidamente, y me alegra darme cuenta que ya estoy mirándolo confundido.

¿Qué podría tener que decir sobre aquella noche? Recuerdo su piel cubierta de pústulas, su cicatriz hinchada, desfigurando su estúpida forma. Recuerdo a mi padre obligándome a bajar a echarle un vistazo. Y sus inquietantes ojos verdes observándome.

Por supuesto que era Harry Potter. Cualquier persona con medio cerebro lo habría sabido.

—…y él se negó a identificarme —dice Potter.

Una risa estalla de mi garganta. Una burla. Supongo que esa es una forma de verlo.

Potter se da vuelta para mirarme. Y el ligero horror en su rostro lo vale. Le sonrío como si acabara de atrapar la snitch.

—Señor Potter —pregunta la pelirroja—, tengo algunas dudas sobre Dolores Umbridge y las acciones del señor Malfoy durante el tiempo que ella presidió Hogwarts.

Yo suspiro. Me acomodo en mi jaula. Me recuesto contra las barras y cruzo los tobillos y los brazos, y dejo que me condenen.

El sonido de la voz de Potter se funde con el entorno. Y espero un cambio en el aire. Después de diez minutos más o menos, siento que se ha ido.

—Señor Malfoy. —Un hombre canoso—. Ésta es su oportunidad de hacer algún comentario respecto al testimonio proporcionado. ¿Tiene algo que decir?

Yo levanto una ceja.

El hombre canoso se frota el puente de la nariz. He logrado exasperarlo. Diez puntos para mí.

—Señor Malfoy, permítame recordarle que está enfrentando una condena de hasta ochenta años en Azkaban. Si tiene algún comentario o alguna aclaración que hacer respecto al primer testimonio, le recomendamos que lo haga ahora, si puede ser de ayuda en su caso.

Nada me mantendrá fuera de Azkaban, idiotas. Ya lo han decidido. Si el testimonio del propio Harry Potter no puede ayudarme, necesitarían desenterrar a Dumbledore para lograrlo.

—Anotado. —Mi voz es áspera, pero al menos la insolencia está en su lugar. Algunas túnicas moradas ponen los ojos en blanco.

—Entonces procederemos, señor Malfoy.

—Adelante.

Una mujer rubia suspira y me mira con lástima. La odio por eso.

El hombre de cabello gris le pide al pequeño mago corpulento de la puerta que traiga al siguiente testigo.

¿Otro? ¿De verdad? Mantengo los tobillos cruzados, los brazos cruzados y recuesto la cabeza sobre las barras, cerrando los ojos.

—Indique su nombre.

—Hermione Jean Granger.

Mis ojos se abren de golpe. Mi pie izquierdo toca tierra firme, descruzando los tobillos en caso de caerme.

La miro. Túnicas color gris pardo, unos horrendos zapatos grises. Tonos neutros por todas partes. Parece que está intentando desempeñar su papel de escoria del Ministerio. Lo cual es cierto, según escuché la última vez.

—Hermione Jean Granger. Está usted aquí por su propia voluntad, sin haber sido convocada en defensa del acusado. ¿es correcto?

Estoy conteniendo la respiración. Esperando su respuesta.

—Sí, es correcto.

Ella está agarrando la barandilla de la plataforma de testimonios y mirando al frente. Comienza con su discurso -mucho más ensayado que el de Potter- sobre alguna noche del pasado marzo, y no es hasta muy tarde que me doy cuenta de que está hablando de esa noche.

Y ella todavía no voltea a mirarme.

Como de costumbre.

Como siempre.

Aparto abruptamente mis ojos de ella y observo a las personas de túnica púrpura. Mis ojos se dirigen a la mujer rubia que siente lástima por mi. Me doy la vuelta y retomo mi posición. Tobillos cruzados, brazos cruzados. No recuerdo en qué momento dejé caer mis brazos.

Me concentro en construir los muros que no he necesitado durante meses. Estoy oxidado. La única Oclumancia que uno necesita en Azkaban es para esconderse de sus pensamientos.

La melodía de su voz me atraviesa e intento no escuchar, sólo percibo fragmentos sobre "darles tiempo suficiente para escapar" y "elegir no identificar a Harry Potter".

Comienzo desde el principio.

Un montón de ladrillos frente a mí. Rojos, comunes. Coloco una línea simple frente a mis pies. Una herramienta manual se mueve rápidamente para llenar los agujeros con la pasta adhesiva.

El Wizengamot comienza a hacerle preguntas. Ella no ha ensayado para eso. No escucho sus palabras, sino el tono y tempo de su voz. Suena como cuando Severus solía atosigarla hasta hacerla equivocarse.

Coloco la segunda capa de ladrillos rojos encima de la primera. Y lentamente comienza a formarse un muro que se construye a partir de la nada. Una tercera capa, el mortero acumulándose entre los ladrillos.

—¿Tuvo usted alguna relación con el señor Malfoy durante sus años en Hogwarts?

Aprieto los dientes y me concentro en la nada que siento.

—Éramos compañeros de clases.

Construyo la cuarta línea de ladrillos, cada vez más descuidada, apresurado por llegar a la quinta y la sexta fila.

La imagino en mi mente y, de pronto, el muro se construye hasta su ombligo. Ella me mira en mi mente, preguntándome qué estoy haciendo.

Los ladrillos llegan hasta su cuello.

Escucho el nombre de mi madre saliendo de sus labios y eso me detiene. Me giro para mirarla en la vida real. Ella está aferrada a la barandilla y ruborizada.

—…debido a su "ayuda durante la Batalla de Hogwarts". Creo que ya he explicado un momento en el que la ayuda de Malfoy fue necesaria. Creo, incluso, que puedo mencionar otras acciones y momentos en las que las acciones del acusado hablaron de él no como un mortífago, sino como un hijo o como alguien muy joven. Creo que los crímenes del señor Malfoy deberían ser expugnados y se le debe otorgar un perdón completo.

Y me río cuando me doy cuenta de que, en este caso, yo soy el "señor Malfoy", y Hermione Granger me ha elegido a mí para rescatarme.

Un perdón completo. Como con sus elfos domésticos. Ahora soy yo su proyecto de caridad.

Ella se da la vuelta para mirarme y sus ojos están muy abiertos y aterrorizados. Y escucho los ladrillos desmoronarse y caer al piso.

Atemorizada. ¿De mí?

O por mi. Se ha imaginado cómo sería mi vida en Azkaban. Y se aterroriza por mi. Y siente lástima por mi.

Se gira hacia las personas mayores de púrpura y la veo luchar por mí. Sin ninguna razón, excepto que me tiene lástima.

—...Lo que sí me cualifica es que soy humana y soy capaz de encontrar espacio para el perdón…

Y ella me ha perdonado.

Bueno, quién le pidió que lo hiciera.

Observo como se eleva su temperatura mientras responde, su rostro rosado y sus manos apretando la barandilla como si prefirieran estar alrededor del cuello de alguien. Y ella es magnífica y está aduciendo cada cosa que he intentado no recordar. Se ve exactamente como la recordaba. Y mis ladrillos están regados a mis pies.

—Draco Malfoy no asesinó a Albus Dumbledore. Él no mató a nadie. Por lo tanto, no veo por qué está siendo juzgado por el Wizengamont en pleno, como si fuera un asesino y un firme seguidor del Señor Tenebroso. El que su apellido sea Malfoy no significa que ustedes puedan dejar caer sobre sus hombros los pecados de la guerra.

Todo se queda en silencio. El Wizengamot está inmóvil.

Y ella piensa que me conoce.

Me abstuve de pensar en ella por casi un año. Cancelé mi suscripción al Profeta meses atrás. La tenía guardada en su caja, pero ella tenía que irrumpir aquí, reinsertándose de nuevo en mi vida. Tenía la esperanza de pudrirme en paz, pero ella tenía que arruinar mis planes.

Un ardor familiar se enciende dentro de mis entrañas, ese que no puedo determinar si es deseo de besarla o de matarla. Como la llama de una vela que bailotea en cualquier dirección con el viento.

Siento que el Wizengamot se remueve. Le agradecen su testimonio.

Ella se gira para mirarme, y sé que yo la estoy observando con ojos como dagas. La misericordiosa Hermione Granger. Protectora de los oprimidos.

Y, en un momento, ella pierde toda su confianza. Pierde el calor y la pasión y me mira parpadeando, como si yo estuviera drenándola. Yo espero a que ella me sostenga la mirada. Tal vez que me suelte un "De nada, Malfoy".

Pero parece que se arrepiente de mirarme. Se ve aterrorizada.

Se baja del estrado de testigos y sale, con sus horrendos zapatos grises resonando al caminar.

¿Es esta la última vez que la veré? ¿Aterrada y cautelosa? Y sintiendo lástima por mí.

Me asalta un recuerdo de ella sonriendo, aferrándose a Potter y tomada de la mano de Weasley. Cansada, feliz y victoriosa después de la batalla final, mientras yo la observaba desde la mesa de Slytherin junto a mi madre. Eso era lo que tendría.

Y ahora esto.

—Señor Malfoy, ¿le gustaría hacer algún comentario respecto al testimonio proporcionado?

Algo está mal con ella. Algo no tiene sentido. Y estoy a punto de ir a Azkaban de veinte a ochenta años.

—Esta será su última oportunidad para dirigirse hoy a la corte. Lo interrogaremos después del almuerzo y, posteriormente, nos reuniremos nuevamente el lunes para tomar sus declaraciones finales y emitir su veredicto.

¿Por qué había venido? ¿Qué querría? ¿Tan sólo soy un elfo doméstico para ella?

Los escucho gritar mi nombre una vez más, algunas mujeres malhumoradas se ponen ansiosas.

Un pensamiento me presiona, empuja a través de mi garganta y baja hacia mi pecho.

Tengo que salir.

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Viernes 27 de agosto de 1999 - más tarde

Me lleva una hora convencerlos de mi valor para el Ministerio en las actuales investigaciones sobre artefactos oscuros y mortífagos. Les sugiero un período de prueba, por el tiempo que deseen, pero no están satisfechos. Finalmente, la pelirroja sugiere que les proporcione mis recuerdos a modo de testimonio. Todos aman la idea.

Lucho por encontrar una forma de evitarlo mientras reúno una lista de todo lo que desearía que nunca viera otra alma. Todos esos recuerdos que viven en una parte aislada de mi mente. Los recuerdos que la habilidad y el entrenamiento me ayudaron a enterrar.

Finalmente, llegan a un acuerdo. Me piden recuerdos de cualquier cosa relevante para los próximos juicios e investigaciones, tres meses de libertad condicional en el Ministerio -trabajando directamente con Potter, supongo- y mi presencia en las siguientes audiencias de los mortífagos que aún están en juicio.

Me miran esperando mi aceptación. Como si fuera fácil. Estoy a punto de aceptar cuando la pelirroja habla.

—Y, por supuesto, me gustaría incluir, entre los recuerdos que proporcione, el 30 de marzo del 1998.

Un murmullo de "¡eso, eso!" y "eso sí que podría ayudarte, querido". Aprieto la mandíbula mientras pienso en una chimenea y un grito. Me rasco la sien y pregunto.

—¿Quién tendrá acceso a estos recuerdos? —Me imagino a Harry Potter comiendo palomitas mientras se acurruca junto a su pichoncita Weasley frente al Pensadero.

—El Wizengamot.

—¿Y la Oficina del Aurores? —pregunto.

—Exclusivamente el Wizengamot —dice la rubia. Ella me está mirando atentamente, viendo a través de mí.

Yo asiento. Odio todo esto. Después, considero los veinte años que recibió mi padre. Tendré treinta y nueve años para entonces. Recuerdo los planes que hice durante mis primeros meses en Azkaban, cómo soñaba con crear una empresa o con simplemente escaparme a Francia para hacerme cargo de los viñedos.

Y, luego, sus ojos aterrorizados, pálidos y sin vida, como su ropa. Como todo lo demás respecto a ella. Y necesito averiguar qué le pasó.

—Acepto.

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Jueves 7 de diciembre de 1995

La clase doble de Pociones junto a los Gryffindor solía ser mi favorita de todas. Me encantaba ver a Potter y Weasley trastabillar mientras realizaban las recetas más sencillas, y cuando Severus se burlaba de ellos o ignoraba la mano de ella en el aire... ah, eso era oro puro.

Ahora se habían convertido en una grosera tortura.

Soñé con ella anoche. No fue la primera vez y no será la última, lo sé. Pero hace que estas clases dobles sean insoportables.

Snape me observa detenidamente durante toda la lección y hago todo lo que está a mi alcance para mantener mis ojos apartados de ella. Él me llama una vez y rápidamente me recupero y le doy una respuesta. Tal vez sea incorrecta. Su mirada se queda fija en mí mientras ella dispara la mano hacia arriba para hacer una pregunta y yo parpadeo –más bien, mi ojo se crispa- para mantener la mirada fija al frente de la habitación.

—Señorita Granger.

—¿Pero eso no haría que la descuraina se integrara demasiado rápido?¿Qué no debería ser agregada lentamente?

Siento los músculos de mi mandíbula apretarse. Ella tiene razón. Y daría cualquier cosa por rebatirle, pero no tengo ni idea de qué poción estamos discutiendo. Y luego pienso en cómo me gustaría corregirla. Con las manos pegadas al escritorio y la falda levantada.

Sacudo la cabeza.

Y, de pronto, comienzo a imaginar que es ella quien me corrige a mi. Dándome lecciones, con sus muslos separados rodeándome y sus manos sobre mis hombros, rebotando mientras me alecciona sobre la forma adecuada de integrar descurraina a una poción.

—Señorita Granger. —La voz de Snape me devuelve al presente—. No solicité correcciones.

Escucho a Crabbe reírse entre dientes a mi derecha. Y dirijo mis ojos hacia la pizarra, reacomodándome en mi silla e ignorando la incomodidad en mis pantalones.

No necesito mirarla para saber que sus mejillas están sonrojadas. Y, con suerte, tal vez ella esté mordiéndose el labio para evitar resongar. No necesito dejar que mis ojos se deslicen en su dirección para saber que ella estará garabateando furiosamente, escribiendo con caligrafía desordenada e irregular. Pero no importa. Ella revisará sus notas más tarde y las escribirá nuevamente, haciéndolas legibles y detalladas.

Trago saliva y empiezo a tomar mis propias notas.

Pasan veinte minutos y supongo que la clase está por finalizar.

—La clase terminó. Señor Malfoy, por favor, quédese un momento.

Miro fijamente mi libro de pociones, sintiendo la mirada de mis compañeros alrededor mientras guardan sus cosas. Vuelvo a sentarme. Inmóvil y paciente. Un movimiento desde la esquina atrae mis ojos y, por supuesto, es ella. Sin razón alguna.

Ella mira hacia otro lado tan pronto nuestros ojos entran en contacto y continúa guardando sus cosas. Es la penúltima persona en salir por la puerta.

—Draco. —Él ha usado mi nombre de pila, así que sé que, sin importar lo que Severus tenga que decirme, no es respecto a la escuela—. ¿Por qué estás tan distraído?

Me muerdo la lengua y volteo a verlo. Él me mira por encima de su nariz.

—Los TIMOS están por empezar —le digo—. Tengo muchas cosas en la cabeza. Y ahora soy prefecto. Muchas responsabilidades.

Él me examina. Yo decido quedarme callado hasta que vuelva a hablar.

—Te sugeriría —me dice— resolver estas... responsabilidades cuanto antes, Draco. —Sus ojos se deslizan hacia la puerta. Él agita una mano para cerrarla con candado. Después, vuelve a agitarla y siento el zumbido de un hechizo silenciador. Yo suelto un suspiro lento y él vuelve a hablar.

—No te ayudará en nada estar distraído. Estos momentos requieren toda tu concentración.

Lo miro parpadeando y me pregunto por qué la necesidad de conjurar un hechizo silenciador. Él me está mirando directamente a los ojos, como tratando de decirme que yo debo entender algo. No parece que vaya a decir nada más, así que me levanto y recojo mis libros.

—Por supuesto, Severus.

—¿Irás a casa para Navidad este año, cierto?

Lo miro con el libro de pociones a medio guardar en mi mochila.

—Sí, ese es el plan.

—Estoy seguro que eres consciente de la posibilidad de recibir… visitas estas vacaciones. —Su voz se agudiza al final y ahora entiendo por qué ha silenciado la habitación—. Es probable que incluso se vuelvan invitados permanentes.

Me estremezco ante la idea de Lord Voldemort deslizándose por la Mansión.

—No, no tenía la certeza. —Trago saliva—. Gracias por avisarme. —Me quedo quieto, sin saber si ya hemos terminado.

—Incluso es posible que tengas la oportunidad de conocer algunos familiares. Del lado de tu madre. Si no es esta Navidad, será un poco después. Estoy seguro. —Sus ojos son negros y taladran los míos.

¿Tía Bellatrix? Pero ella está en Azkaban. ¿Una fuga?

Me está contando planes confidenciales. Me está mirando, vertiendo información en mi mente y no sé qué quiere de mí.

—Será una feliz reunión, sin duda, —intento. Tal vez él está poniéndome a prueba.

—Te invito a mantenerte concentrado. Cuando conozcas gente nueva, Draco.

Concentrado.

—Por supuesto. Gracias, Severus.

—Tus distracciones... podrían ser muy peligrosas —me dice. Él se acerca a mí—. Para ti y para la señorita Granger.

El frío se retuerce en mi pecho. Siento la piel de mi rostro vibrar, tensarse. Mis ojos están abiertos y fijos en él.

—No tengo idea de qué estás hablando.

Él suspira. Sus ojos recorren mi rostro, mi cuello y hombros, y regresan a mis ojos.

—Eso nunca funcionará con él, Draco. O con tu tía. O incluso con tu padre...

—No tengo idea de lo que estás intentando deci...

—¿Tienes una relación con ella o sólo estás imaginándotela?

Avanzo un paso hacia él y mi rostro se calienta.

—No. Tengo. Idea. De. Qué. Hablas. —Acentúo cada palabra, siseándoselas en la cara. Ahora soy casi tan alto como él.

Él frunce el ceño y aparta la mirada. Se aleja de mí, de vuelta al frente de la habitación.

Estoy viendo rojo mientras aviento mi pluma y tintero en la mochila.

—Tienes todas las características de un gran Oclumante, Draco. Cuando te sientes acorralado, pones tu mente en blanco. Tienes tendencia a la autoconservación. La mayoría de las personas comenzarían a pensar en las consecuencias de sus acciones o en sus seres queridos, pero tu mente se enfoca en la tarea a realizar. —Me da la espalda—. Sería muy sencillo para ti aprender.

—No necesito Oclumancia —le siseo—. No tengo nada que esconderle al Señor Tenebroso. —Arrojo mi mochila al hombro—. ¿Leer las mentes de tus alumnos se ha convertido en un mal hábito?

—No fue necesario que me adentrara en ella, Draco. En lo absoluto. Estabas gritándomelo —me dice. Yo resoplo en respuesta—. Necesitas comenzar a controlar tus emociones y tus pensamientos. Yo puedo ayudarte.

—No necesito ayuda. No te necesito. —Camino a zancadas hacia la puerta, sacando mi varita para desbloquearla.

—Si el Señor Tenebroso llegara a enterarse...

Yo me doy la vuelta.

—¡Él no se enterará! —Y siento que mi aliento me abandona. Lo he admitido en voz alta. No parece ufanarse por ello. Parece devastado. Aprieto la mano alrededor de mi varita. Intento relajar mi rostro y burlarme—. Sólo es sexo. Sólo es una fantasía. —Me encojo de hombros—. Tengo quince años.

Él me mira fijamente.

—Entonces te sugiero que te desahogues con una persona más… adecuada.

Yo trago saliva. Él agita su mano y libera los hechizos de la habitación.

Abro la puerta y salgo corriendo.

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*BLOOPERS DE EDICIÓN*

como habrán notado, ahora tengo beta 3 y ella me ha sugerido poner aquí algunos comentarios graciosos que hemos discutido durante el proceso de beteo.

*Línea original del fic*

Ya nos ha dicho que Draco Malfoy no pudo matar a Albus Dumbledore —el dolor del recuerdo me sacude—, y eso lo tenemos en el archivo.

MEM: Váyanse a la mierda flojos.

*Línea original del fic*

Recuerdo a mi padre obligándome a bajar a echarle un vistazo. Y sus inquietantes ojos verdes observándome.

MEM: Por momentos, esto se me hace muy Drarry jajaja

IG: Ay ya sé... pero... Son palabras de lovesbitca8, no mías. Yo le pondría" y sus exasperantes ojos verdes", pero tampoco me quiero tomar tantas libertades XD.

*Línea original del fic*

Una mujer rubia suspira y me mira con lástima. La odio por eso.

MEM: Amo que sea tan imbécil Debo estar mal de la cabeza xd

*Línea original del fic*

Un perdón completo. Como con sus elfos domésticos. Ahora soy yo su proyecto de caridad.

MEM: No, imbécil, para de llorar

IG: jajajajaja si aquella es cabezota, éste le dice "comper que ahí voy"