DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Hola chicas! Mi lap ya volvió, todas salúdenla con amor! jajaja Ok no. XD No me extiendo mucho porque después de una semana lo que quieren es leer a Draco, no a mí jajaja así que, disfruten!
Éste capítulo ha sido beteado por Mary Eagle Med
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Todo lo Incorrecto
Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8
Capítulo 3
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Miércoles 19 de enero de 1994
Hay un hechizo muy útil que Blaise me enseñó el año pasado: Oculus Dolus. Es un truco que hace que tus ojos parezcan enfocados en una cosa para cualquiera que te observe, pero, en realidad, puedes mirar a donde quieras.
A Blaise le gusta usar ese hechizo para tomar siestas en clase de Transfiguración sin que McGonagall se entere. También afirma haberlo utilizado para convencer a Daphne Greengrass de bañarse con él en el lago, diciéndole "No te miraré mientras te desnudas", pero aún intento corroborar esa historia con Pansy.
Encontré todo tipo de usos para el hechizo durante el año pasado. El más reciente es para descubrir por qué Hermione Granger está mirándome.
Me sorprendo a mi mismo al admitir que no he hecho nada para merecerlo. Ha estado mirándome toda la semana, empezando desde el sábado en la biblioteca. Supuse que estaba molesta porque llegué primero para tomar su mesa favo... mi mesa favorita.
Entonces recordé que había estado mirándome durante la clase de Historia de la Magia dos días atrás. Ese día, tomé el libro que había sacado de la biblioteca, después de haberlo devorado durante el fin de semana, para leerlo por segunda vez, cuando me encontré con sus mirada helada desde el otro lado de la habitación. Le sonreí burlonamente. Pensé que tal vez estaba molesta porque yo estaba ignorando al profesor Binns al leer una novela en clase -no es que fuera su maldito asunto-, pero ayer sucedió nuevamente en la biblioteca.
La muy maldita estaba ocupando nuestra mesa –mi mesa favorita-, así que no podía ser esa la razón. Pero, luego, ella me miró fijamente mientras yo me ocupaba de mis asuntos, releyendo algunas páginas de este nuevo libro que disfruto bastante.
Cuando la descubrí mirándome ayer, lancé un Oculus Dolus. Para ella, yo estaba leyendo el libro, pero, en realidad, me pasé toda la tarde examinándola, tratando de averiguar cuál era su problema conmigo.
Además de los problemas de siempre, por supuesto.
Yo cambiaba de página de vez en cuando, y ella resoplaba.
Ahora me encuentro en la mesa de Slytherin en el Gran Comedor, y estoy intentando empezar el libro desde el principio otra vez. Pansy está a mi lado, charlando con Tracey Davis, y puedo sentir sus malditos ojos sobre mí nuevamente.
Oculus Dolus.
Está mirándome a través de todo el Gran Comedor, y me sorprende descubrir que ni Potter ni la Comadreja están con ella. Finnigan le hace una pregunta y luego ella se da vuelta para mirarme.
Intento concentrarme nuevamente en la historia. Releo la parte donde la Reina Malvada transfigura a su hijastro en perro. Me hace reír de nuevo.
—¿Qué estás leyendo, Draco? —canturrea Pansy. Se me encima metiéndose bajo el brazo y yo me la sacudo.
—Un libro. ¿Has oído hablar de esos?
Pansy me frunce el ceño y yo me levanto, tomando mis cosas para salir al vestíbulo. Por el rabillo del ojo, la veo ponerse de pie y seguirme.
Está acabando con mi paciencia y me doy la vuelta para esconderme tras una estatua al tiempo que ella aparece por las puertas, mirando en dirección a la Sala de Slytherin.
Yo saco mi varita y salgo.
—¿Por qué me estás mirando, Granger?
Ella voltea y sus ojos se posan en el libro bajo mi brazo.
—¿Terminaste con ese libro? —Ella coloca sus manos en su cadera de esa forma tan irritante.
Yo miro el libro.
—¿Qué?
—En realidad no deberías leer libros que ni siquiera son tuyos en la mesa del comedor. Si derramaste aunque sea una pequeña gota de café sobre las páginas, Madame Pince no te dejará vivir para el final del día. —Ella mira hacia otro lado—. Confía en mí.
¿Qué tontería es esta?
—Bien, qué bueno que yo no tomo café —le digo. Después me giro, ignorándola, y comienzo a alejarme.
—¿Terminaste de leerlo o no? —me grita ella a la distancia.
Por Merlín, ¿no puede bajar el volumen? Odiaría que alguien piense que estamos teniendo una verdadera conversación.
—¿A ti qué te importa, sangre sucia? —Sonrío y sigo caminando. Estoy confundido porque no he escuchado un jadeo indignado o un lloriqueo autocompasivo. Dije "sangre sucia", ¿o no?
—¡Sólo puedes sacar un libro por dos semanas como máximo!
Me giro y le grito.
—¡Entonces puedes tenerlo en dos semanas! —Yo sonrío—. ¡A menos que lo registre nuevamente!
Ella resopla y camina a zancadas de vuelta al Gran Comedor.
¡Por Merlín, cómo la odio!
Observo el libro verde y dorado en mis manos. ¿Armó todo este alboroto por un maldito libro? ¿Ha perdido horas de su vida mirándome durante la semana sólo porque yo tenía este libro?
Abro la tapa y reviso la hoja de registros de la biblioteca. Encuentro su nombre seis veces. ¡Seis veces!
Sólo Granger es capaz de enojarse con alguien por un maldito libro.
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Martes 7 de septiembre de 1999
Katya Viktor era una cosita flacucha la última vez que visité Bulgaria.
Por supuesto, yo tenía nueve años, así que tampoco era muy impresionable. Ella tenía doce años y me ignoró completamente mientras nuestros padres brindaban por sus respectivos logros.
A lo largo de los años, la he visto modelar equipamento de quidditch que sabía que nunca usaba, ofrecer fiestas para los Ministros Búlgaro por lo que sé que no tenía edad suficiente para votar y usar collares de diamantes para Corazón de Bruja que sé que le pagaban por utilizar.
Cuando ella entra en el bar, con el cabello agitándose a su espalda y las cabezas girando para seguirla con la mirada, es difícil recordar aquel palo de escoba de doce años.
Sus ojos aterrizan en mí y sonríe.
—¡Draco! —Ella me jala para besarme en la mejilla. No recuerdo la última vez que los labios de una chica tocaron mi piel—. ¡Qué bien te ves!
Y sé que ella se refiere a "...para alguien que acaba de salir de Azkaban", y estoy muy agradecido de que la hayan criado con tanta clase.
Ella pide una bebida y la veo flotar hacia el taburete alto. Una vez que sus ojos han liberado al camarero de su trance, ella voltea a verme, y su rostro es cálido, sus ojos brillan y sus dientes son muy grandes.
Se parece demasiado a ella. Esto es un error.
Katya me pregunta por mi madre, se ríe cortésmente en los momentos correctos, me cuenta sobre el trabajo de caridad que realiza su madre, y, de pronto, me da la vía de entrada que necesito.
—Y las cosas siguen igual con mi padre. Invitó a cenar al Subsecretario del Ministerio Búlgaro la próxima semana… porque se acaba de divorciar. —Toma un sorbo de su copa y pone los ojos en blanco.
—¿Y qué opina Andrei al respecto?
Su perpetua sonrisa se derrite de su rostro, e inmediatamente lamento la forma en que me expresé. Observo su garganta moverse al tragar su bebida. Ella baja su vaso.
—¿Cómo conoces a Andrei? —Ella levanta una ceja sin dejar de mirarme.
—No lo sé. He estado poniéndome al día con los chismes de El Profeta y algunas otras publicaciones recientemente, y encontré unas fotografías de ustedes dos del año pasado. Investigué un poco y…
—¿Qué quieres, Draco? —Sus ojos son firmes, su boca está apretada.
Un escalofrío me atraviesa. Ella piensa que la estoy chantajeando. En su opinión, no soy mejor que mi padre.
Miro hacia la superficie de la barra.
—Lo siento. Eso no fue lo que quise decir.
—¿Y qué querías decir, entonces? —Su voz ya no es cálida. Bien por ella.
La miro e intento de nuevo.
—Lo que quise decir fue: "debe ser difícil para ti fingir que no estás con Andrei. Difícil para ambos". Y también: "por favor, siéntete libre de hablarme sobre él con sinceridad".
Ella me examina. Yo intento dejarla entrar, sin construir mi muro. Intento no arruinar esto.
—¿Y es por eso que me escribiste, solicitando reunirte conmigo? ¿Para ofrecerte como mi confidente? —Ella juega con su copa sobre la barra.
—No, no exactamente —le digo—. Pero creo que podríamos ayudarnos mutuamente. Si es que necesitas ayuda.
Ella inclina su cabeza hacia mí.
—¿Cómo?
—Necesitas un novio sangre pura —le digo, y siento una sonrisa en mis labios—. Y, de acuerdo a mi agente de prensa, yo necesito una envidiable vida social.
Ella entrecierra los ojos.
—¿Una "envidiable vida social", dices? —Ella me devuelve la sonrisa y puedo decir sin temor a equivocarme que esta unión estaba destinada a suceder—. Tienes la apariencia y riqueza de Draco Malfoy. No veo ninguna razón por la que no seas capaz de tener esa envidiable vida social de la que hablas.
—Todavía estoy reajustándome —le digo. Trago saliva y desvío la mirada—. De Azkaban. —Es increíblemente difícil ser tan abierto con otra persona—. No planeo casarme por un largo tiempo, y creo que muy pocas chicas entenderían eso. Especialmente las chicas con el estatus de sangre y clase que se me permite elegir.
Espero, deseando que ella pueda entenderme. Me siento débil. Me siento muy expuesto.
—Hay alguien a quien quieres, pero no puedes tener.
Mis ojos se dirigen a ella. Abro la boca para negarlo. Nada sale.
Sus ojos son amables, como si ella pudiera entenderme. Me cuesta encontrar las palabras para decirle que nuestras situaciones no son similares. Ella tiene Andrei, y yo...
—¿Cuál es tu plan, Draco Malfoy? Para conseguir tu "envidiable vida social". —Ella toma un sorbo de su copa y me lanza un guiño amistoso. Mi silencio la ha forzado de alguna forma a aceptar, y me siento sucio por eso.
—Sólo citas a cenar, fotografiadas por El Profeta. Informales y sin compromisos. Durante tres meses. Después de eso, podemos seguir por caminos separados.
—¿Qué pasará al terminar esos tres meses? — pregunta ella.
—Terminará mi período de prueba en el Ministerio. Podría mudarme del país, cambiar mi apellido a Black. —La última parte es broma; aunque todavía es algo que estoy considerando.
—Hmmm —Ella inclina su cabeza hacia mí.
—¿Qué?
—Tu padre está en Azkaban en el futuro previsible, Draco. Ojalá yo tuviera tanta suerte. —Ella esboza una ligera sonrisa y yo la miro fijamente—. Significaría que puedo ser dueña de mi propio camino. —Ella pone su mano sobre mi rodilla y casi salto ante el contacto—. Eres el último Malfoy. Lo que significa que el apellido es tuyo para hacer con él lo que quieras.
La miro a los ojos, interrogante.
—Si no te gusta el apellido Malfoy —dice ella—, cámbialo. Pero no huyas de él.
Las palabras que he estado formando en mis sueños destellan ante mis ojos. Black Consulting Firm. Malfoy-Black Consulting Group.
Malfoy Consulting Group.
Trago saliva. Y dejo que mis ojos vaguen más allá de su hombro, pensando.
—Ahora —dice ella, trayéndome de vuelta—. ¿El jueves por la noche? —Ella saca una agenda de su bolso—. Hay un restaurante justo al final de esta calle. Yo digo que nos encontremos en el punto de Aparición y caminamos hasta allí. Hazle saber al fotógrafo del Profeta que estaré lista a las 7:30. —Ella me mira y sonríe.
—Gracias, Katya.
Ella termina su bebida.
—Y no te olvides de contarle a tu novia sobre este arreglo. Me encantaría conocerla en privado para que se sienta más cómoda.
Siento que mis venas se congelan.
—Yo... eso no será necesario. Ella no es mi... —Inhalo profundamente y Katya me está observando. Siento que puedo ser honesto con ella, ya que estamos a punto de engañar al mundo entero—. Ella no me quiere.
Sus ojos me miran, y estoy feliz de encontrar que no hay lástima en ellos.
—¿Cómo es eso posible? —Ella suelta una pequeña risa.
Yo trago mi whisky de fuego, sintiéndolo arder mientras recorre mi garganta. Hago resonar el cristal al chocar contra la barra.
—Porque ella me conoce.
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Sábado 11 de septiembre de 1999
Creo que ella se beneficiaría del Oculus Dolus. Y estoy bastante sorprendido de que nunca lo haya aprendido. Me hace cuestionarme de dónde habrá sacado Blaise ese hechizo.
Llegué a Cornerstone hace aproximadamente una hora y, de alguna manera, logré pasar frente a ella sin intercambiar ninguna clase de saludo incómodo. Hojeé un rato los títulos de ficción hasta que finalmente encontré el primer libro de la nueva serie de Lance Gainsworth. No tenía idea que estaba escribiendo una nueva serie. Pero supongo que eso es lo que uno se pierde al estar en Azkaban.
Estoy en una silla, hojeando el libro y encontrando el mismo estilo de prosa y narrativa del que me enamoré en su serie Indeseables. Llevo cuatro capítulos, y ella me ha estado mirando desde la segunda página.
Sólo soy consciente de ello debido a mi amigo Oculus Dolus.
Está mirándome leer, y un déjà vu llega a mí. Ella sigue mis dedos mientras pasan las páginas. Se da la vuelta y finge escribir en su libreta contable. Y vuelve a mirarme.
Es un testamento a su escritura el que no pueda decidir qué es lo que más me interesa: su comportamiento extraño o la nueva novela de Lance Gainsworth.
Reprimo cualquier estupidez que pasa por mi mente cada vez que sus labios se separan cuando cambio de página. Y cualquier escalofrío que me corroe cuando ella parpadea, se sonroja y voltea a otra parte.
Ella está desconcertándome.
Y tal vez no debería volver a venir a Cornerstone.
Una harpía pasa a mi lado. Ella me mira y yo le levanto una ceja, olvidando que sólo puede verme leyendo el libro.
Cuando miro de nuevo hacia el mostrador, Granger está ayudando a una mujer mayor, dirigiéndose a la sección de ficción. Ella está tirando de una escalera rodante y todo lo que puedo ver son sus pantalones de mezclilla. Jeans, los llaman. Se adhieren a su trasero mientras sube la escalera. Ella mira a la mujer para leerle los títulos en voz alta y su melodía flota por la habitación.
Observo cómo casi le rueda los ojos a la mujer mayor. Yo sonrío y ella voltea a verme. Me giro rápidamente hacia el libro antes de recordar que ella no puede ver dónde están puestos mis ojos.
Volteo nuevamente al tiempo que ella aprieta los labios y se pone roja. Ella comienza a sacar libros de los estantes, la mujer mayor está contándole la historia de su vida.
Ella sube otro peldaño y yo miro sus piernas enfundadas en mezclilla. Sus caderas. Está buscando libros al final del estante, y sus costillas se estiran y veo las silueta de su torso, y me pregunto si podría llegar a tiempo si se cayera. Observo su camiseta ligera –playera, la llaman- y cómo se adhiere a su cintura cuando de pronto ella se inclina y el algodón se levanta revelando su piel. La parte superior de sus caderas. La pendiente de su cintura. Sólo son cinco centímetros, pero es una parte de ella que jamás había visto.
Aparto mis ojos. Intento sacudirme la imagen de estar detrás de ella en la escalera, presionando las yemas de los dedos contra su piel.
No debería haber regresado.
Me pongo de pie, liberando el hechizo Oculus Dolus, y salgo de la sección de ficción, sintiendo que el calor sube por mi pecho.
Estoy a medio camino cuando noto que sostengo el libro de Gainsworth entre las manos. Me giro y ella está de vuelta en el mostrador, mirando hacia otro lado, mirando nuevamente esa libreta contable.
Subo los pocos peldaños hacia el mostrador, como si ella me estuviera jalando hacia allá, y una vez que llego a la caja registradora, mis ojos se mueven hacia sus caderas. Se ha vuelto a bajar la camiseta.
Bien por ella.
Justo antes de que ella voltee, asumo una posición casual y reclinada. Como si fuéramos amigos. Como si fuera algo familiar.
Observo cómo se le corta la respiración.
—Malfoy. —Se acomoda nuevamente la camiseta y me pregunto si me habrá descubierto—. ¿Te gustó la nueva serie de Lance Gainsworth?
Pequeña descarada. Arrojo el libro sobre el mostrador. Y sus ojos son brillantes y hay rosa en sus mejillas, y cómo deseo hablar con ella.
—Aún no estoy seguro —le digo—. Pero pensé que tal vez debería comprarlo, pues ya he doblado las esquinas de algunas páginas.
Su cuerpo se detiene a medio movimiento y me observa como si acabara de matar a su director favorito.
Libros. Hermione Granger y sus libros.
Yo sonrío.
—Relájate, Granger.
Sus mejillas comienzan a levantarse en una sonrisa. Una pequeña carcajada. Y ella voltea hacia otra parte.
Mírame a mí.
—Aún no he tenido tiempo de comenzar esta serie, pero amé profundamente su serie Indeseables —dice ella. Sus ojos siguen mirando el título del libro que escribe en la libreta contable.
Mírame a mí.
Hermione Granger y sus libros.
—De verdad. ¿Qué te gustó de ella? —digo. Siento que mi concentración se reduce exclusivamente a ella, mi visión se vuelve borrosa alrededor de su cuerpo. Me reclino sobre el mostrador.
Ella me mira. Y hay algo en su expresión cuando sus ojos aterrizan sobre mí.
—Pues —Se pasa los dedos por el cabello, pero aparta la vista de mí—, me gusta mucho su estilo. —Ella trata de mirarme y sus ojos se alejan. ¿Puede espiarme a través de las habitaciones, pero no me mira a los ojos?
Ella está describiendo la serie Indeseables, mirando hacia el mostrador. Al igual que hizo en el tribunal. Al igual que en Hogwarts.
—Podría argumentar que contar la misma historia una y otra vez es tedioso —la interrumpo—. No llegas a ningún lado si estás atrapado en un solo momento.
No tengo tiempo para lidiar con mi hipocresía antes de que vuelva a mirarme a los ojos.
—Yo… Yo no estoy de acuerdo —Sus ojos parpadean—. No es el mismo momento porque estás leyendo la escena desde siete ángulos distintos, y descubriendo algo nuevo cada vez que vuelves a visitarla.
Comienzo a repetir las palabras de Pansy.
—Lo encuentro terriblemente aburrido. El argumento es insípido, los personajes carentes de imaginación, y no pude empatizar con ese remedo de auror corriendo de un lado a otro, arruinándolo todo…
Mi voz se va apagando y compruebo su reacción. Ella está ofendida. Abre la boca para hablar y se detiene. Está a punto de gritarme.
—Supongo que fue ligeramente, mmm… pobremente escrito.
… ¿Qué? ¿Qué le pasa? Vamos, pelea conmigo.
Ahora es el momento de canalizar a Blaise.
—Para ser el único personaje que aparece en los siete libros, lo encontré notablemente ordinario —Me inclino perezosamente e intento recordar las principales quejas de Blaise—. El auror no tenía familia o amigos. Entonces, ¿qué se supone que vamos a obtener de siete novelas en las que él está en todo momento dos pasos por detrás de los Indeseables…?
—¡Exactamente! ¡Eso es lo que hace un buen drama, Malfoy! El auror no puede ser omnisciente, ¡o no habría historia!
Su volumen aumenta y sus ojos se iluminan.
Sal a jugar, Granger.
—Eso es lo otro —me quejo. ¿Qué había escrito Skeeter en su reseña del Profeta?—. ¿Por qué siete novelas? ¿No podía condensarlas? ¿Qué tal una trilogía? O mejor aún… una sola novela con siete puntos de vista, si es que en realidad necesitas todos...
—¡Una novela! ¿Condensar toda la información en una sola novela...?
—Si a eso puedes llamar "información".
—Bueno, Malfoy, algo debe haberte gustado si leíste los siete libros y...
—No lo hice. Leí dos.
Ella jadea, muy melodramáticamente, y necesito hacer algo con mis manos para evitar reírme. Saco una menta del tazón en el mostrador y giro el envoltorio entre mis dedos. Dejo que mis ojos descansen sobre su rostro.
—¡Sólo leíste dos! ¿Cómo puedes comentar sobre la serie siquiera? Los dos primeros son casi infantiles en comparación con el tercero y el cuarto...
—Oh, no —le digo—. Leí el primero y el último.
Miro como su boca se abre. Sus labios son rosados. Ella está tartamudeando.
—No… Ni siquiera sé cómo contestarte a eso. —Ella mira hacia otro lado. Decepcionada. Y me recuerda sus tiempos en Hogwarts... la forma en que solía reprender a los chicos.
Se está moviendo rápidamente, como si deseara que ya me fuera. Yo juego con la menta, intentando hacer ruidos exasperantes.
—Sólo es una opinión, Granger —intento.
—Pues, es la opinión errónea.
Me río antes de poder detenerme. Ella me está entregando la bolsa. La venta ha terminado. Pero yo no vine aquí a hacer negocios.
Me inclino sobre el mostrador hasta que estoy a la altura de sus ojos. Mírame.
—Sabes, Granger —le digo—. Tal vez acabas de recordarme por qué detesto tanto a este Grainsword…
—Gainsworth, —Y sé que ella está a un paso de explotar.
—…tal vez no quiero el nuevo libro después de todo.
Y sus ojos se encienden, sus labios me escupen palabras, su piel está en llamas. Empuja la bolsa contra mi pecho con la misma fuerza que sentí contra mi mejilla tantos años atrás. Ni siquiera escucho sus palabras mientras me regaña, me amonesta. Sólo miro su rostro y escucho su tono. Y ella es gloriosa. E intoxicante. Y es justo como siempre la he deseado.
Ha terminado. Ella inhala con fuerza, y el sonido me sacude. Estoy agradecido por el mostrador entre nosotros. Me impide hacer algo increíblemente estúpido.
—Ahí está ella —Sale de mí, flotando como una oración. Ella parpadea, esperando que le sisee. Tomo la bolsa apretada contra mi pecho, esperando rozar su piel mientras se desliza fuera de sus manos. Sé que le estoy sonriendo, que mis ojos le dicen demasiado, pero no puedo detenerme—. Pensé que te habíamos perdido, Granger.
Sus ojos están abiertos, inspeccionándome. Sus mejillas se ponen rojas. Y me pregunto si esto es alguna clase de coqueteo. Me pregunto si ella lo reconoce como tal. Si yo lo hago.
Levanto una ceja ante su mirada inquisitiva. Empujo la menta entre mis labios, esperando que atraiga sus ojos hacia mi boca, y me voy antes de arruinarlo todo. Antes de ir demasiado lejos.
Balanceo la bolsa al salir y me obligo a no mirarla. La luz del sol baña mi rostro y, mientras los entrecierro, trato de no enfocarme en el enorme error que estoy cometiendo. Qué estúpido al dejarla meterse bajo mi piel.
¿Cómo volveré a meterla en su caja ahora que está fuera?
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Domingo 7 de enero de 1996
Toco a la puerta de piedra. Hace más frío aquí que en la Sala Común de Slytherin, y me acomodo la bufanda alrededor del cuello.
—¿Sí?
Empujo la puerta para encontrar a Severus parado frente a un caldero, rociando crisopos.
—Señor Malfoy —me saluda. Tapa el matraz con ingredientes y pone el caldero a remover—. ¿Cómo estuvieron tus vacaciones de invierno?
Cierro la puerta tras de mí. Veo mi mano temblar cuando la retiro de la puerta.
—Excelente, profesor. ¿Cómo estuvieron las suyas?
Me giro para observarlo y lo dejo mirarme a los ojos. Yo trago saliva.
Él me lee. Como a un libro. Le permito verlo todo.
Ve aquella mañana en que mi madre me despertó sacudiéndome el brazo y diciéndome que teníamos visitas. Ella tenía los ojos muy abiertos y humedecidos, y estaba temblando mientras sacaba la ropa de mi armario. Fue la primera vez que escuché su voz, aguda y viscosa, como una melodía de pesadilla. La visión de mi padre sobre su rodilla doblada, ante una figura encapuchada.
—Ah, joven Draco Malfoy. Por fin nos encontramos.
Me estremezco y veo a Severus presionar sus labios. Agita la mano y silencia la habitación. Él mira su escritorio.
—¿Has tomado la marca?
—No —grazno yo—. Aún no.
Severus se da vuelta para mirar de frente sus estantes.
—¿Qué sentiste al estar en su presencia? ¿Estabas temblando y aterrorizado frente a él? ¿O era una especie de tranquilidad extraña?
—No la llamaría tranquilidad...
—¿Tu mente estaba acelerada o estabas concentrado? —pregunta.
—Más concentrado que disperso. —Yo planto mis pies y lo espero.
El se desliza frente a mí, cruzando los brazos como un murciélago.
—¿Y a que has venido, Draco?
Abro la boca para hablar, pero sólo lo observo, esperando que él me entienda. Él me devuelve la mirada.
—Me dijiste que podrías ayudarme.
—¿Ayudarte con qué? —Me mira fijamente. Me va a obligar a decirlo.
Usé las vacaciones de invierno para aclarar mi mente. Sin clases, sin pasillos, sin comidas compartidas. Ella no estaba allí, invadiendo mis días. Pero aún podía escucharla. Justo antes de despertar por las mañanas, susurrando cosas seductoras en mi oído para hacerme despertar rígido. O leyendo la tarea de Historia de la Magia por las noches, justo cuando mis ojos se apartaban de las páginas. Intenté no pensar en ella por las noches, traté de imaginarme a otra chica mientras me autocomplacía. Pero ella siempre se abría paso, justo cuando estaba a punto de terminar, y eran sus ojos los que me miraban mientras yo desaparecía dentro de su boca, y eran sus manos las que se deslizaban por mis hombros. Intenté dejar de masturbarme por unos días, para encontrar algo de paz. Quizás para reiniciarme. Pasaron cuatro días antes de rendirme y permitirme construir un mundo de fantasía alrededor de ella, imaginando sus labios entre los míos y sus manos sobre mi cara.
Y luego, a la mañana siguiente, el Señor Tenebroso aparece en mi casa. Como si lo supiera. Como si hubiera sido convocado por mis pensamientos sobre ella.
Vuelvo a mirar a Severus. Sus ojos están en blanco. Quiero aprender a hacer eso. Necesito aprender.
—Necesito que me enseñes Oclumancia. —Y es como si la piedra que estaba oprimiéndome el pecho hubiera sido retirada.
Severus asiente y se dirige hacia la esquina de su oficina. Comienza a hurgar entre sus cajones.
—Tienes la ventaja, Draco, de ser capaz de despejar tu mente cuando lo deseas. Hay varias técnicas de Oclumancia, y creo que puedes dominarlas todas con el tiempo. Tus... familiares —dice, y sé que se refiere a Bellatrix, que está escapando de Azkaban mientras charlamos, de acuerdo a la conversación que mi padre tuvo con el Señor Tenebroso—… sólo son capaces de dominar una de esas técnica. Es rudimentaria, pero efectiva.
Se da vuelta y tiene en sus manos un libro y un objeto envuelto en tela.
—Volverás aquí el martes por la noche —continúa, caminando hacia mí—. Comenzarás con lo básico, cómo despejar tu mente y construir muros. —Me entrega el libro—. Debes leer los primeros siete capítulos de este texto para cuando nos reunamos el martes. —Tomo el libro, intentando asimilar la idea de estas lecciones aunadas al trabajo escolar regular—. Dado que estás en condición de despejar tu mente a voluntad, comenzaremos con los cimientos básicos de la edificación, y no avanzaremos hasta que estés listo para dominar conceptos más útiles, aquellos que no se encuentran en ningún libro.
Mientras me pregunto cómo Severus pudo dominar un concepto que no se encuentra en ningún libro, me extiende el objeto envuelto en tela. Él continúa.
—Hasta entonces, mantén esto en un lugar seguro.
Yo lo miro.
—¿Qué es? —Lo tomo y desenvuelvo la tela polvorienta hasta encontrar un joyero, un poco más grande que mi mano, hecho con anticuados espejos y enmarcado en latón. Me recuerda a uno que mi madre tiene en su tocador.
—Esto —me dice, mientras abro la tapa para encontrarlo vacío— será la caja de la señorita. Granger.
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N/T: Actualizaciones todos los viernes.
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*BLOOPERS DE EDICIÓN*
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*Línea original del fic*
Para ella, yo estaba leyendo el libro, pero, en realidad, me pasé toda la tarde examinándola, tratando de averiguar cuál era su problema conmigo.
Además de los problemas de siempre, por supuesto.
MEM: Uff, sí, como decirle sangre sucia y tratarla como el hoyo, claro
IG: Ya sabes, el coqueteo usual
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*Línea original del fic*
Ella resopla y camina a zancadas de vuelta al Gran Comedor.
¡Por Merlín, cómo la odio!
MEM: Aww, los dos piensan lo mismo, es tan romántico xddddd
IG: del odio al amor hay un paso, y los dos lo cruzaron muy rápido!
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*Línea original del fic*
Y sus ojos se encienden, sus labios me escupen palabras, su piel está en llamas. Empuja la bolsa contra mi pecho con la misma fuerza que sentí contra mi mejilla tantos años atrás.
MEM: El weón que se calienta con el recuerdo de una bofetada xd
IG: Sólo Draco
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*Línea original del fic*
Mientras me pregunto cómo Severus pudo dominar un concepto que no se encuentra en ningún libro, me extiende el objeto envuelto en tela. Él continúa.
MEM: Porque él tiene peores secretos que los tuyos, Draco, por eso
IG: Me encanta toda esta tutela de Snape porque es TAN JODIDAMENTE PERFECTA no se cómo no se le ocurrió todo esto a JK, y si se le ocurrió pero lo dejó pasar… pues que triste. Es oro.
