DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Hola chicas! aquí estoy como cada viernes, trayendo un nuevo capítulo de esta traducción y esperando que lo disfruten mucho.

Éste capítulo ha sido beteado por Mary Eagle Med

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Todo lo Incorrecto

Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8

Capítulo 5

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Martes 14 de septiembre de 1999

"Él nunca fue un Mago Tenebroso"

Me grita desde las delgadas páginas del Profeta, y siento el papel arrugarse entre mis dedos.

"Él nunca fue un Mago Tenebroso"

-Hermione Granger, la bruja más brillante de nuestra Generación.

Cuando se le preguntó qué pensaba de su antiguo compañero de clase, Hermione Granger nos aseguró que el señor Malfoy es alguien completamente capacitado. Con un brillo enamorado en los ojos, ella le contó a esta humilde servidora todo lo ambicioso e inteligente que encuentra al señor Malfoy, y lo bien que piensa que encajará en el Ministerio.

¡Y quién podría culparla! El señor Malfoy comenzó su primer día en el Ministerio vistiendo una túnica gris bien confeccionada...

Recorro la página de arriba abajo, intentando averiguar en dónde había retocado la entrevista Skeeter, como siempre hacía.

"Él nunca fue un Mago Tenebroso"

Ella tiene demasiada fe en mí, eso es seguro.

Parpadeo y sonrío ante la imagen de mi apretón de manos con Potter, contando las personas que tendrán un ataque al corazón al verla. Pero mis ojos regresan a ella y a mi mano sobre su espalda, sus ojos me miran mientras la acompaño al ascensor.

Yo trago saliva. Nuestra primera foto juntos. Sacudo la cabeza. Nuestra única foto juntos, estoy seguro.

—Rita hizo un trabajo adorable, ¿verdad?

Miro hacia arriba y mi madre está leyendo el mismo periódico mientras toma su té matutino.

—Sí —contesto.

—Deberías enviarle una nota, haciéndole saber lo agradecido que estás.

La miro y ella me está observando.

—Por supuesto. Excelente idea, madre.

Bajo la vista hacia el periódico y ahí está nuevamente mi mano en su espalda.

—Las renovaciones comenzarán este fin de semana —dice ella. La miro de nuevo, sus ojos vuelven al papel—. Contraté elfos domésticos.

—Maravilloso.

Un estallido y Mippy aparece, sosteniendo una carta.

—Esto llegó para usted, señor.

Todavía estoy intentando acostumbrarme a que Mippy me llame "señor". Le doy las gracias y encuentro un sobre con sello lacrado que me resulta familiar. Mis labios se contraen, y sonrío cuando saco una breve nota y el recorte de Potter y yo estrechándonos la mano.

Por Merlín, Draco. No sabía lo urgido que estabas por conseguir amigos. Voy en camino.

BZ

Le sonrío a la página. Él ha dibujado algunas imágenes bastante inapropiadas sobre la cara de Potter.

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Martes 27 de diciembre de 1994

—Te debo un agradecimiento, Draco.

Levanto la vista de mi libro, con los ojos cansados, para encontrar a Blaise tumbándose en el sillón frente a mí. El fuego está casi apagado en la sala común.

—¿Oh, en serio?

—Ah-jaaa —tararea—. Parece que Daphne y Pansy tienen una especie de rivalidad en este momento… "cosa de chicas"… —Agita su mano, como si una mosca se hubiera interpuesto en su camino—. Como sea, digamos que a Pansy le gusta presumir, y a Daphne no le gusta que la superen.

Él me sonríe, una sonrisa cómplice.

Yo parpadeo hacia él.

—Bueno…

—Tú y Pansy follaron después del Baile de Navidad, ¿verdad? —clarifica. Siento calor en mi cuello.

—Oh, mmm... —Miro a mi alrededor y no encuentro a nadie escuchando—, sí.

—Daphne me lo contó ayer. Justo antes de meterme en un armario de escobas. —Él sonríe.

—Oh —dije, entendiendo finalmente—. Bien por ti, amigo. —Arrugo la frente—. ¿Un armario de escobas?

Él asiente, luego se inclina hacia adelante en su silla, con los codos sobre las rodillas.

—Sí, tienes que intentarlo —me dice—. Fue salvaje.

Él continúa. Me cuenta que derribaron el equipo hasta que encontraron una pared desnuda, que silenciaron el armario, que buscaron la mejor posición. Yo sigo revisando el resto de la sala común, asegurándome de que nadie esté escuchando.

—¿Y qué hay de ti? —pregunta él—. Estoy seguro de que, por tu "sensibilidad Malfoy", se lo hiciste en tu cama de doseles, con velas encendidas y pétalos de rosa sobre las sábanas… —Está sonriéndome, sacudiendo la cabeza.

—Ni velas, ni rosas. Pero sí. —Pongo los ojos en blanco y me pregunto cómo es que se siente tan cómodo hablando en público de esto. He intentado mantener esa noche fuera de mi mente durante los últimos días, y me pregunto, si Blaise puede hablar tan libremente... tal vez se ha arraigado en mí alguna especie de visión conservadora, y eso es lo que me incomoda—. Pero tendré que intentar lo del armario de escobas la próxima vez —le digo.

—No se entra ahí con previa cita —me dice—. Tendrás que intentar ser más espontáneo, al menos por una vez.

—Soy espontáneo —resoplo. Pienso en las conversaciones que escucho durante las prácticas de quidditch, entre Marcus y otros chicos. Y me doy cuenta que me he unido a su "club". Ahora sé cosas y tengo cosas que aportar.

—¿Cuánto tiempo duraste? —me pregunta.

Yo lo miro fijamente, sabiendo lo que insinúa.

—Horas —digo secamente.

—Sí, tampoco yo. —Él sonríe—. Intenté hacerla llegar primero, pero me estaba tomando demasiado tiempo. —Se sienta en su silla y yo trato de olvidar que es Daphe de quien estamos hablando—. ¿Y tú?

Intento igualar su indiferencia, y sonrío.

—Sí, una vez que nos pusimos en marcha, no pensé mucho en ella.

El doble significado me golpea tan fuerte que siento que la sonrisa se me borra del rostro. Veo unos ojos muy abiertos debajo de mí, en lugar de los profundos de Pansy; mi cara enterrada entre rizos, en lugar del cuello desnudo de Pansy. Parpadeo, respiro y miro de vuelta a Blaise.

Él me está observando. Sus ojos están entrecerrados. Respira profundo y habla.

—¿Conoces a alguien con la contraseña para el baño de los prefectos? Me encantaría probar hacerlo en el agua. —Y siento que ha cambiado el tema a propósito.

Charlamos un rato, y comienzo a relajarme con esta camaradería, esta hermandad. Él menciona a algunos de sexto que rompieron durante el Baile de Navidad, y bromea diciendo que tuve una noche mucho mejor que la de ellos.

Yo sonrío.

—Granger estuvo lloriqueando por todos lados esa noche.

Mis ojos se dirigen a él.

—¿Por qué? —Me arrepiento tan pronto sale de mí.

Él se encoge de hombros.

—Yo qué se. Alguna pelea con Weasley. —Su mirada vuelve a mí—. O tal vez Krum se propasó con ella.

Trago saliva y siento que los músculos de mi mandíbula se tensan. Sonrío ligeramente.

—Es un idiota por llevar a la sangre sucia en primer lugar, por pensar que ella le daría algo a cambio.

—Sí. —Él me mira fijamente—. Qué cosa tan estúpida. Enamorarse de una sangre sucia. Especialmente de ella.

Sus ojos son negros y están sobre mí. Desearía que volviéramos a hablar de sexo en los armarios de las escobas.

—No podría estar más de acuerdo —le digo.

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Viernes 17 de septiembre de 1999

—Por las bolas de Merlín, ha sido una semana larga.

Levanto la vista del té que revuelvo y encuentro a Anthony Goldstein sacando una taza del armario. Asiento solidariamente.

—¿Viste el memorándum sobre las familias de Durmstrang? —pregunta Goldstein.

—No, todavía no. He estado ocupado en la sala de conferencias.

—Está confirmado que se trata de Borisov y Dimov. —Inclina su taza hacia mí—. Tenías razón. Bien pensado, Malfoy.

Reprimo una sonrisa, y me conformo con asentir nuevamente.

—Malfoy. —Una nueva voz en la entrada de la cocineta. Me doy vuelta y es Potter—. ¿Tienes esos informes sobre las familias Borisov y Dimov? Resulta que tenías razón.

Levanto una mano para ahuecarla sobre mi oreja.

—Lo siento, me perdí esa última parte, ¿qué decías, Potter?

Él frunce el ceño y se mete las manos en los bolsillos.

—Nunca dije que no fueran ellos, sólo dije que deberíamos tener informes sobre todas las posibles familias Búlgaras…

—¿Mmm? —Me inclino hacia él, como si me costara escucharlo.

Él suspira.

—Dije que "tenías razón".

—Oh, espléndido. —Vuelvo a mi té, revolviendo el resto de la miel—. Sí, los informes de Borisov y Dimov están terminados. Están en la sala de conferencias.

—No crees que Robards nos haga quedarnos hasta después de las cinco, ¿verdad? —Goldstein se queja—. Realmente necesito ir por ese trago.

—No, no debe ser tan apremiante. Puede esperar hasta el lunes. —Potter camina hacia la puerta y lo miro. Me está observando preparar mi té con una expresión extraña en el rostro.

—Brillante —murmura Goldstein—, ¿todavía será en ese bar calle abajo?

—Mmm, sí. —Potter me mira—. ¿Quieres unirte a nosotros, Malfoy?

Parpadeo. No he escuchado una sola palabra de lo que han dicho.

—¿Dónde?

—Mmm... Algunos de nosotros iremos al bar de la esquina después del trabajo. Sólo unas cuantas personas de la oficina.

Abro la boca para declinar. Para excusarme diciendo que tengo planes mucho más interesantes para un viernes por la noche. Posiblemente, quejarme sobre no desear pasar más tiempo del necesario con ellos.

—¿La primera ronda va por mi cuenta? —dice Potter, con las manos todavía en los bolsillos, como un niño de cinco años. Sus cejas están levantadas. Y estoy pensando nuevamente en aquella vez con Madame Malkins y en mi mano extendida hacia él en el tren a Hogwarts cuando acepto acompañarlos.

Caminamos juntos, como una banda de hermanos, como un grupo de amigos. Katie Bell está con nosotros, e incluso ella me pregunta cómo ha sido mi primera semana, pregunta sobre mi madre.

Malditos Gryffindors.

Potter, fiel a su palabra, no me deja acercarme a la barra a pagar por mi propia bebida, así que me quedo con Goldstein y Bell por unos minutos.

Son lo suficientemente amables. Eligen una mesa alta contra la pared mientras esperamos a Potter, y hablan sobre el caso en que trabajamos, lo que me parece extraño, porque siempre pensé que el punto de reunirse fuera de la oficina era no hablar de trabajo, pero supongo que todavía tengo mucho que aprender respecto a la dinámica de los compañeros de trabajo.

Cuando Potter regresa, se sienta frente a mí. Después de quince minutos más o menos, Bell saluda de pronto a alguien y huye más rápido de lo que puedo parpadear. El lugar se está abarrotando, y me pregunto si continuará concurriéndose conforme avance la noche. Respiro hondo.

Bell regresa con la chica Weasley, quien reclama la silla al lado de Potter, enviándome una extraña sonrisa a modo de saludo. Ella nunca me había sonreído antes.

Y antes de que pueda hacer algo insípido, como agitar la mano, Granger aparece sobre su hombro saludando a Potter, su presencia es pequeña. Ella ha hecho algo a su cabello otra vez. Veo a Goldstein levantar una mano para saludarla mientras continúa hablando de las familias Borisov y Dimov, y ella alza la vista y sonríe fugazmente. Se apoya contra la pared al lado de la silla de Weasley.

¿No quiere una silla? ¿No se quedará mucho tiempo? Ella es la bruja más brillante de nuestra generación, ¿por qué no aparecen inmediatamente sillas disponibles para ella?

Tomo un largo trago de mi vaso, comienzo a sentir un cosquilleo en mis dedos.

He hecho un buen trabajo evitándola toda la semana. Atravesamos las chimeneas a la misma hora el miércoles, y logré caminar al ritmo justo hacia los ascensores para que ella llegara primero y me obviara por completo. He tenido que dejar caer mis paredes durante toda la semana, conocer gente nueva, disculparme con viejos conocidos. Interactuar con ella sin mis defensas mentales no habría sido... aconsejable.

Ella observa a Goldstein con atención mientras él habla. Y me pregunto si mantener sus ojos apartados de mí es una decisión activa, o si realmente no merezco ni un saludo.

—Seguramente, ¿el Ministro Escandinavo de Magia se ocupará de ellos? —Bell ofrece.

—No es probable —digo, involucrándome por primera vez desde que ella se sentó. Siento que todos los ojos se vuelven hacia mí. Todos menos un par—. La hermana del Ministro está casada con el hermano mayor de Dimitri Borisov. Las familias son muy unidas.

Oigo a Bell quejarse, sacudiendo la cabeza.

—Entonces, si vuelven a entregarlos a su propio gobierno, ¿no serán castigados? —confirma Goldstein.

Asiento, y, en mi visión periférica, veo a Granger empujar su cabello sobre su hombro. Mi mano se retuerce alrededor de mi vaso.

Intento concentrarme en lo que Potter dice. Pasan diez minutos de lo mismo, y ella todavía sigue de pie, al lado de la mesa, como si no deseara una silla. Veo que la chica Weasley se inclina y le susurra algo al oído. Ella salta y luego se sonroja. Miro hacia otro lado mientras el color asciende por su cuello y me concentro nuevamente en Potter. Ella se escapa y desaparece, y yo siento que puedo respirar de nuevo.

—…para discutirlo el lunes con Robards…

—Tengo que decir que esto es exactamente lo que siempre pensé que sería descansar en la sala común de Gryffindor —interrumpí a Potter—. Sentarse a discutir sobre cómo fueron nuestras últimas ocho horas de vida.

Potter sonríe, y Bell y Goldstein se carcajean.

—No todos pasamos nuestras tardes peinándonos, Malfoy —dice Weasley, con una sonrisa que podría rivalizar con la mía.

Mientras la mesa se carcajea, yo le sonrío.

—Claramente. Por la forma en que el cabello de Potter sobresale en todas direcciones.

Potter estira la mano para alisarse el cabello.

—Está mejorando, ¿no?

—Por supuesto que sí, cariño, —dice Weasley. Ella hace una mueca y la mesa se ríe de nuevo.

Todavía estoy sonriendo cuando un vaso lleno de whisky de fuego se desliza en mi mano. Miro hacia arriba y Granger nos ha traído otra ronda. También a mí. Como si yo fuera uno de sus amigos. Está recogiendo los vasos vacíos, de pie junto a Bell, en la cabecera de la mesa, y está justo a mi lado.

Y como siempre, ella está evitando mirarme.

Y yo hago algo estúpido.

—Cuando termines de liberar a los dragones y centauros, Granger, deberías considerar una carrera como mesera.

Y ella me mira. Y me doy cuenta que al comentario le ha faltado el cumplido o el insulto. Es simplemente nada. Pero ella está observándome en busca de algo.

Y la pelirroja interrumpe, con algún comentario sobre la torpeza de Granger -un rasgo que nunca he visto- y es como si la chica Weasley nos hubiera salvado a ambos, aunque no sé de qué.

Todavía está parada cerca de mí cuando Bell anuncia que va a tener un bebé. Y estoy intentando no voltear a ver a Granger mientras reacciona. Afortunadamente, mi atención es convocada cuando Bell menciona el quidditch.

—¿Hay una liga interdepartamental de quidditch en el Ministerio? —pregunto. Y silencio. Me queda claro que no estoy invitado.

Potter se aclara la garganta para dar la noticia, o mentir, o decepcionarme, y dice:

—Sí, la formamos hace unos cuantos meses. ¿Juegas, Malfoy?

Debería burlarme y alzar mi nariz al aire mientras les digo que tengo mejores cosas que hacer que jugar al quidditch para principiantes con ellos.

Y en cambio les pregunto si tienen un Buscador.

Granger está volviendo a su posición cerca de la pared, y creo que es porque hablamos de quidditch, pero todavía puedo sentir sus ojos sobre mí cuando Potter me ofrece la tercera posición como cazador.

—... si Katie sale entonces necesitaremos un tercero, para unirse a mí y a Ginny.

Giro la cabeza hacia Weasley, y mi mirada está mucho más cerca de terminar sobre ella, apoyada contra la pared, sosteniendo su cerveza de mantequilla como un arma.

—¿Y cómo es que entraste al equipo del Departamento de Seguridad Mágicas si no trabajas ahí? —digo. Me pregunto si este intercambio de chistes entre la chica Weasley y yo durará.

Ella simplemente me sonríe de nuevo y dice:

—Salir con Harry Potter tiene sus ventajas.

También en Hogwarts era una coqueta incorregible. Y aquí está, del brazo del niño más famoso del Mundo Mágico, y me sonríe como si estuviera poniéndome a prueba.

Y siento los ojos de Granger sobre mí, y me pregunto si puedo conseguir mantenerlos allí.

—Tendré que probarlo alguna vez.

Yo sonrío. La chica Weasley me devuelve la sonrisa. La mesa se carcajea y resopla, y sus ojos todavía están sobre mí, donde pertenecen. Y no me atrevo a mirarla, rompería cualquier hechizo que tenga encima.

Potter comienza a darme detalles sobre quidditch. Él es el capitán del equipo -por supuesto- y comenta algunas jugadas que el equipo del Departamento de Seguridad adora. Granger todavía está de pie junto a la chica Weasley y nadie le trae una maldita silla y escucho a Goldstein preguntarle sobre su trabajo, pidiéndole recomendaciones de libros para su madre.

Y no puedo evitarlo.

—Debería intentar la serie Indeseables.

Volteo a verla y ella me está mirando. Yo le sonrío.

—En realidad es bastante astuta. Son siete novelas, todas desde distintas perspectivas de los mismos momentos. Algunos dirían que es tedioso, pero Gainsworth consigue mantenerlo interesante, revelando nueva información cada vez que la escena es visitada de nuevo.

Mientras hablo, sus ojos se encienden y un sonrojo se extiende por su mandíbula. En ese momento, me doy cuenta que está usando alguna clase de maquillaje en los ojos.

—Ok, gracias —dice Goldstein—, y el autor es…

Yo abro la boca para contestar pero ella me gana.

—Lance Gainsworth

Tomo un sorbo de mi vaso para no sonreír. Veo que el suyo está casi vacío.

—¿Y tú estás de acuerdo, Hermione? —Anthony le pregunta.

—Oh, sí. —Ella me lanza una mirada fulminante y yo mantengo mis ojos en los suyos—. Podría decirse que tengo exactamente la misma opinión.

Eso me hace sonreír y me alejo de la mesa antes de comenzar a reír. Dejo lo que queda en mi vaso y me dirijo a la barra, pensando en su vaso de cerveza de mantequilla vacío. El cantinero está abrumado, el lugar está mucho más lleno que antes. Estoy casi al frente de la fila cuando miro hacia la mesa y veo que ella finalmente se consiguió una maldita silla, pero ahora no está hablando con nadie, sino que mira la mesa y trata de interesarse por lo que Potter y Goldstein discuten.

Ordeno un whisky de fuego para mí y una cerveza de mantequilla antes de poder evitarlo. Me doy la vuelta y cuando la multitud se separa, alguien está sentándose en el taburete a su lado. Ella se da vuelta para mirarlo con una pequeña sonrisa.

Es O'Connor. Y siento que mis molares rechinan.

Sin embargo, ella parece incómoda. Quizás no se supone que él deba acercársele en público.

Continúo avanzando hacia ellos. Todavía necesito pagarle un trago, me niego a deberle ningún favor.

Medir el momento indicado siempre ha sido una de mis cualidades, y esta no es la excepción, cuando ella intenta beber un sorbo de su vaso vacío y O'Connor dice:

—Déjame traerte otra bebida.

Deslizo su cerveza de mantequilla entre ambos. Me paro lo más alto que puedo, pero aún contemplo la estúpida cara de O'Connor.

—O'Connor, ¿cierto?

—Sí, Malfoy. Qué gusto verte —dice, y en realidad parece que lo dice en serio. Me estrecha la mano—. ¿Qué tal tu primera semana?

—Excelente, gracias.

Espero a que me invite para unirme a su conversación, robarles su tiempo juntos e inmiscuirme entre ellos. Pero él se excusa. Quizás... ellos no están...

Él toca su hombro suavemente cuando se va, y tengo que apartar mis ojos de ahí, observando su retirada mientras se dirige a la barra. Él saluda exuberantemente a alguien, haciendo mucho ruido y con gesticulaciones efusivas.

Un pequeño "gracias" me trae atrae de vuelta, y ella asiente con la cabeza hacia su cerveza de mantequilla. Con toda la confianza que soy capaz de reunir, me siento a su lado, mirándola de frente.

—Me recuerda a Weasley. —Sale de mi boca antes de que pueda detenerlo. Y culpo al whisky de fuego.

Al menos el comentario atrae sus ojos hacia mí. Ella está en medio de un sorbo de su vaso. Sus ojos son grandes y redondos mientras baja el vaso.

—¿Ron?

—No, la madre —me mofo—. Sí, Ron. —La sílaba es asquerosa en mi boca.

Observo mientras ella se gira para observar a Aiden, como si esperara encontrarlo de pronto con el pelo rojo.

—¿Será por el modo en qué sonríe y estrecha la mano que te recuerda a Ron? —Ella se vuelve hacia mí y me envía una pequeña sonrisa. Como si tuviéramos una broma privada.

—Eso debe ser.

—Pareces estar encajando bastante bien con los Gryffindors —dice, expresando en voz alta todas mis preocupaciones.

—Bueno, Goldstein es un Ravenclaw, así que nos aferramos el uno al otro cada vez que alguien intenta correr dentro de un edificio en llamas para salvar gatitos.

La observo sonreírle a su cerveza de mantequilla. Una verdadera sonrisa. Y yo olvido por qué he intentado alejarme de ella toda la semana.

—Pensé que estarías salvando elfos domésticos, no estudiando dragones.

Ah, sí, por esto. Aprieto mi vaso, sintiendo mi anillo raspar contra él mientras ella me mira, sus ojos danzando sobre mi rostro. Es muy intimo conocer estos detalles sobre ella.

Ella tiene espuma de cerveza de mantequilla en sus labios, y, justo cuando lo noto, su lengua rosa se asoma a través de sus labios para limpiarla, y luego desaparece nuevamente dentro de su boca. Es casi obsceno. ¿Tendrá ella alguna idea de lo que estaba haciendo?

Siento que mi pecho se calienta, y trago saliva mientras ella mira más allá de mí, hablando hacia algún punto sobre mi hombro. Dice alguna tontería acerca de querer trabajar con los elfos domésticos eventualmente, y yo digo:

—¿No deberían estar haciendo hasta lo imposible para darte cualquier puesto que desees? ¿O te olvidaste de poner "trío dorado" en tu currículum?

Ella se mira las manos.

—En realidad, lo envié bajo un nombre falso.

Yo la miro de reojo.

—¿Y por qué hiciste eso?

Sus ojos están vidriosos cuando me mira, y me pregunto cuánto de esta conversación se debe a su lengua relajada. La observo mientras me mira a los ojos y luego respira profundamente, como si hubiera dejado de respirar.

—No quería ser tratada de forma especial después de la guerra —dice. Ella aparta la vista de mí y me pregunto qué estará viendo justo detrás de mi hombro—. Quería ganar la posición por méritos propios y no por los amigos que hice en primer año.

Ella sonríe hacia su vaso. Tímida. Como si hubiera hecho algo mal. Como si no quisiera que la miraran. Yo arrugo la frente.

Pienso en la chica que sacó a Umbridge de su oficina y se metió en un bosque lleno de centauros furiosos; en la chica que arrastró a Goyle hasta su escoba, mientras el fuego Maligno le lamían los talones; la chica que hizo una campaña para liberar a los elfos domésticos; la que descubrió al monstruo en la Cámara de Slytherin; la que me abofeteó con ojos ardientes y me siseó en la cara; y la que giraba usando un vestido azul.

Ella me mira con cautela, como si hubiera olvidado quién es.

—¿Piensas que por eso te llaman "Chica Dorada"? ¿Porque Potter y la Comadreja te aceptaron en su club?

Sus ojos son profundos mientras me mira, su respiración superficial. ¿Realmente necesito explicárselo a ella, de entre todas las personas?

Y, de pronto, sus ojos se clavan en mis labios. Y siento que el aire sale lentamente de mi pecho.

—¡Oye, Granger!

Me la arrebatan cuando O'Connor intenta atraer su atención hacia él. La veo parpadear, con los ojos nublados y a él gritarle algo desde el otro lado de la barra. La veo rechazar su oferta, y sus mejillas se sonrojan. Estoy pensando en su cabello recogido y el maquillaje en sus ojos cuando O'Connor le grita algo sobre "la próxima vez".

¿Lo hizo por él? El cabello, el maquillaje. Como había hecho para Weasley y Krum, e incluso para McLaggen.

Ella mira a O'Connor marcharse, llevándose el vaso a los labios. Yo tengo el cuello caliente y hablo sin pensar.

—¿Cuánto tiempo llevan saliendo?

Ella se sacudió para mirarme.

—¿Disculpa?

Siento el alcohol chapoteando contra las grietas de mi muro de ladrillos.

—O'Connor —le digo—. ¿Están juntos? —Y bebo más para olvidar que estoy borracho.

Sus ojos se abren, como si hubiera sido atrapada. Abre la boca para protestar y la voz de Potter la interrumpe.

—Oigan, Ginny y yo estamos a punto de irnos. Hermione, ¿quieres quedarte o venir con nosotros? —Potter pregunta.

Nos mira un momento, alternando entre Potter y yo. No pueden confiar en mí si me quedo solo con ella.

—También estoy a punto de irme —le digo. Echo un vistazo a sus grandes ojos y su mandíbula laxa y digo—: Debería irse junto a ustedes, Potter. No creo que deba aparecerse por ahí sola.

Ella frunce el ceño e intenta demostrar su sobriedad cayéndose del taburete. Es precioso. La tomo del codo antes de que se caiga, y sólo la suelto cuando ella se da cuenta. Tengo que alejarme de ella antes de hacer algo horrible. Como tocar sus rizos.

Potter está confirmando conmigo el entrenamiento de quidditch de mañana, y ella se sonroja. Parece un poco perdida, y ahora que lo pienso, me pregunto por qué no se habrá ido con O'Connor.

—No puedo esperar, Potter —le digo. Y ella me mira con sus ojos oscuros.

—Buenas noches, Draco —susurra ella.

Y suena mejor en sus labios de lo que nunca fui capaz de imaginar, desde mi celda en Azkaban mientras me perdía a la deriva, o en mi cama de doseles mientras mi mano descendía más allá de mi abdomen.

Ella bate sus pestañas hacia mí y se da vuelta para dejar que Potter la guíe. Él se despide y yo asiento. Cuando la puerta se cierra tras ellos, vuelvo a respirar.

Mientras el sonido de su voz diciendo mi nombre hace eco en mi cabeza, me pregunto qué pasaría si no volviera a construir mi muro.

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Sábado 18 de septiembre de 1999

Había soñado con regresar a jugar un deporte organizado. Incluso aunque Potter estuviera a la cabeza. Incluso a pesar del ligero dolor de cabeza causado por el whisky de fuego.

Intenté "jugar en equipo" toda la mañana, siguiendo las jugadas de Potter y ayudando a la chica Weasley a marcar en lugar de acaparar todo el tiempo la quaffle. Incluso me invitaron a tomar una copa después de la práctica, pero tuve que declinar.

Hoy me dirijo a Azkaban para ver a mi padre.

Aparté el cabello de mi frente, peinándolo como siempre me había enseñado a hacerlo. Me veo extraño en el espejo después de haberlo usarlo suelto durante las últimas semanas. Puedo ver toda mi frente.

Madre ha estado revoloteando toda la mañana, y aunque aprecio el té, los bollos y el ajuste al cuello de mi camisa, eventualmente le grito que me deje en paz.

Abro la carpeta dentro del baño. Miro las páginas y me contemplo frente al espejo, practicando las que serán mis expresiones faciales.

—Es una especie de empresa de consultoría, padre —susurro. Hago una mueca. Sacudo la cabeza y me miro directamente a los ojos en el espejo—. Comenzaré un negocio. Necesito mi herencia. —Me entrecierro los ojos. No, no. Debes apelar a sus debilidades—. Me gustaría comenzar un negocio, a nombre de la familia Malfoy. Pero necesito tu ayuda, padre.

Cierro los ojos y pienso en ladrillos y piedras, y mortero y cemento, y abro los ojos para encontrarlos en blanco. En el extremo derecho de mi mente, cierro la tapa de un joyero forrado en latón.

Un cabello suelto está fuera de lugar. Sumerjo el peine en el gel.

Estoy caminando de un lado a otro por la biblioteca a las 3:42. Madre se asoma por las puertas.

—¿Necesitas algo, Draco?

—No —le ladro—. Gracias —digo más suave.

Ella asiente y se queda allí.

—Recuerda, el dinero es tuyo, Draco. Sólo estás negociando el plazo.

—Lo sé, madre. —Cruzo caminando de nuevo hacia las sillas, luego me giro y vuelvo a la chimenea. El plazo y las estipulaciones matrimoniales.

—Skeeter tomará una fotografía de ti saliendo. Dice que quiere convertirlo en un artículo sobre tu soltería.

Detengo mi andar.

—¿Cómo hará eso?

—Tu herencia, entregada a ti sin haberte casado. Serás bastante deseable.

Yo me río.

—Esa es la menor de mis preocupaciones.

Mi varita vibra en mi bolsillo, haciéndome saber que son las 3:45. Tomo la carpeta, mis manos se deslizan sobre la piel. Asiento hacia mi madre y arrojo el polvo de Flú a la chimenea.

Cruzo y un olor familiar me asalta. Azkaban.

Un guardia me recibe con el ceño fruncido. No lo reconozco de mis tiempos aquí, pero estoy seguro que él sabe perfectamente quién soy. Él es más rudo con mis pertenencias de lo que necesita ser, pero después de un examen exhaustivo de la carpeta, caminamos por un pasillo familiar. Las celdas de visita.

Me abre la puerta y yo respiro antes de ingresar.

Él me recibe de espaldas. Está de pie al otro lado de la mesa, mirando hacia otro lado, como si estuviera examinando algo por una ventana, sólo que no hay ventanas. Es un juego de poder.

Se da vuelta una vez que la puerta se ha cerrado. Sus ojos se posan sobre mí y sonríe honestamente.

—Hola, Draco.

—Padre. —Mi voz es fuerte. Me pregunto si deberíamos abrazarnos, o estrecharnos la mano. En cambio, no hago nada.

—Por favor, toma asiento. —Siempre en su papel de anfitrión generoso.

Me acerco a la silla de metal y me siento, colocando la carpeta sobre la mesa. Él la mira pero no dice nada.

—¿Como has estado? —le pregunto.

—Oh, igual que siempre. ¿Cómo te sientes? —él dice—. ¿Estando libre?

—Algunos días se sienten igual —le respondo honestamente. Su rostro es amable. Y recuerdo que no lo había visto en un año y medio. No ha envejecido en absoluto—. Madre te envía saludos.

—Sí, igualmente para ella —dice—. Estoy tan contento de que hayas elegido venir a verme en esta visita, Draco. A pesar de lo mucho que aprecio ver a tu madre, por supuesto.

—Por supuesto. Ha pasado mucho tiempo. —Le miento.

—Pero, ¿siento que tienes otro motivo para visitarme? —Sus ojos se deslizan hacia la carpeta.

—Podría decirse. —Sonrío ligeramente. Me inclino hacia adelante en mi silla—. Como ya debes saber, comencé a trabajar en el Ministerio esta semana. —Él asiente y yo continúo—. Y aunque obviamente es un trabajo probatorio, ha sido suficiente para comprender que no quiero trabajar como un parásito por el resto de mi vida. —Volteo a verlo, para comprobar su reacción—. Los Malfoy no entregamos informes. —Él levanta una ceja en señal de aprobación. Yo me aclaro la garganta—. Terminaré de trabajar allí el 10 de diciembre y he estado pensando en lo que me gustaría hacer después. Haber vivido sedentariamente en Azkaban me ha impulsado a querer emprender, a querer luchar por algo. —Lo miro a los ojos, con la expresión facial que he practicado—. Me gustaría comenzar un negocio, a nombre de la familia Malfoy. Pero necesito tu ayuda, padre.

Sus ojos se vuelven hacia la carpeta y se reclina en su silla.

—Un negocio.

—Sí —le digo—. Una empresa de consultoría. Malfoy Consulting Group. Quiero rehabilitar la imagen de nuestra familia y comenzar a construirme un nombre en este mundo. —Alcanzo la carpeta de piel, aferrándola entre mis manos como un escudo—. Tengo estipulada la misión, el modelo de negocio, los análisis financieros y algunos otros documentos aquí.

Empiezo a abrirlo.

—Y necesitarás tu herencia —me dice.

Yo levanto la mirada. Me concentro en mantenerme inmóvil, en acomodar mis ladrillos.

—Sí, es una parte de esto.

Él aprieta sus labios, y dobla sus manos sobre la mesa.

—Todo está muy bien pensado, Draco. Estoy verdaderamente sorprendido. —Él sonríe y la sonrisa no alcanza sus ojos—. Debes haberlo planeando por un largo tiempo.

Yo asiento.

—Estoy seguro que no tengo que decirte que hay que encontrar formas de mantenerse ocupado mientras se está en Azkaban. —Yo sonrío.

Él asiente hacia la mesa. Sus pulgares giran uno alrededor del otro. Se levanta suavemente.

—Todo esto es muy impresionante. —Se pasea alrededor de su silla y mira hacia la pared en blanco—. Y me siento inclinado a ayudarte. —Mi pulso salta. Él se da vuelta y apoya los brazos en el respaldo de la silla—. Pero tendrás que decidir qué es lo que deseas más, Draco. —Él nivela sus ojos conmigo, y me siento muy joven—. Este negocio o tu sangre sucia.

Él parpadea con calma sin dejar de mirarme.

Me quedo quieto, respirando regularmente. Una técnica que aprendí de él. La bilis sube por mi garganta al pensar que él sabe respecto a ella. Y trago saliva involuntariamente.

Él lo nota, y sonríe.

No tiene sentido jugar, pedirle aclaraciones o preguntarle "¿de qué sangre sucia hablas?".

El joyero forrado de latón se agita.

—No culpes a tu abuela por hablar, Draco. Estaba bastante preocupada después de su almuerzo contigo aquel día. —Él se pone de pie y comienza a caminar lentamente alrededor de la mesa—. Ella vino a mí pidiéndome que tuviera piedad de tus circunstancias. Me contó cuan difícil fue para ella perder a Andrómeda. —Sisea el nombre junto a mi oreja mientras se mueve tras de mí—. Yo estaba bastante confundido —se ríe, y me resisto al impulso de tronarme el cuello—. ¿Mi hijo? ¿Escapando con una nacida de muggles? —Él curvea su camino al pasar por mi espalda. No confío en mí mismo para corregirlo—. ¿Mi hijo, poniendo en peligro su herencia, y sustento, por una sangre sucia? —Aparece sobre mi hombro izquierdo, deteniéndose allí, como si quisiera que volteara a verlo—. Y luego escucho rumores sobre esta... subasta. Ciertas cifras mencionadas quí y allá. —Hace una pausa, como si estuviera esperando una reacción por mi parte—. Y unos cuantos meses después, allí está ella, retorciéndose en el piso de nuestra sala de estar. Y ahí estás tú... débil por ella.

Escucho el eco de su grito contra la chimenea. Mi ojo se crispa y él lo nota. Rodea la mesa y vuelve a sentarse.

—Después de pasar tanto tiempo a mis espaldas con Severus, me sorprendió mucho descubrir que tus emociones sacaban a flote lo mejor de ti.

Me encuentro con sus ojos. Siento que empuja contra mi muro, pero confío en mis habilidades. Veo el momento en que entiende que no podrá entrar. Y luego me sonríe lentamente, como un gato salvaje.

—Es una pena que Voldemort no haya ganado, sabes. —Él me mira—. Me hubiera encantado probarla.

Mi ojo vuelve a crisparse. Mi rodilla rebota una vez.

—Y me dí cuenta que te habías preparado para la posibilidad de que ella nunca hubiera sido tocada. —Él asiente hacia mí, aprobándome—. Es probable que al final te hubiera permitido quedarte con ella, Draco. Siempre y cuando me hubieras dejado poseerla primero.

Mis dedos se aprietan alrededor de la carpeta.

—No te preocupes, hijo. Te habría pagado a cambio tus 5,000 galeones.

Mis hombros chasquean y arrojo la carpeta hacia su cabeza. Él la esquiva antes de ser golpeado y yo me levanto, mirando hacia la pared del fondo. Presiono las palmas de mis manos contra mis ojos. Como él no pudo penetrar mi muro, encontró otra forma de abrirse paso.

—¡Estás fuera de práctica, Draco! Solías ser más difícil de quebrar. —Él se ríe entre dientes, como si estuviéramos jugando algún juego del que conozco las reglas—. Realmente sólo me quedaba una frase más por decir. Algo así como: "¿crees que alguna vez logres hacerla gemir tú después de haberla hecho gritar yo?"

—Es suficiente. —Sacudo los hombros y volteo para encontrarlo sonriéndome—. He venido a discutir mi futuro, no el pasado.

—Ella fue a testificar en tu juicio. ¿Cómo te hizo sentir eso? —Él inclina su cabeza hacia un lado.

—En la carpeta, encontrarás modelos alternativos de negocio, si el primero no te convence…

—Y ahora trabajan juntos en el Ministerio. ¿La ves a menudo?

—Esta reunión no es respecto a ella, es sobre la empresa…

—No. Es acerca de la herencia. Lo que se relaciona directamente con ella.

Respiro temblorosamente y miro el suelo. Una inequívoca señal de derrota. La tapa del joyero se ha roto.

—¿Qué me asegura que no escaparás con ella una vez que el dinero esté en tus cuentas? ¿Cómo podré garantizar la santidad de mi linaje una vez que haya firmado para entregarte el dinero?

—Eso no va a suceder…

—¿Por qué no? Estuviste a punto de tirar todo por la borda una vez…

—Porque reconstruir mi reputación, la reputación de esta familia, es más importante. Distanciarme todo lo que pueda de ti es más importante para mí.

Observo como se queda quieto. Inmóvil como una tumba, solía decirme.

—Necesitaré algo más, Draco. —Su boca se abre, su lengua se agita, pero por lo demás está estático—. Algo que también es necesario que escuches. —Se inclina hacia el frente, hablándome como a un niño de seis años—. ¿Por qué no puedes simplemente huir con ella?

Ella parpadea con los ojos muy abiertos en mi mente. Mirándome por encima de un vaso de cerveza de mantequilla, por encima de una libreta contable. Consumiéndome, recorriendo mi rostro, mis labios, mi cabello. Sus labios separándose de los míos cada vez que pierde el aliento, cada vez que la miro. El susurro de "buenas noches, Draco" acaricia mi oído.

No es suficiente para volver realidad un sueño.

—Porque ella no me quiere.

Él revisa mis ojos, de un lado a otro. Se reclina, desvía la mirada y coloca su pulgar contra sus labios, pensando.

—¿Cuándo comenzarán las operaciones? —me pregunta. Mi corazón late.

—El 1º de enero.

—¿Y cuándo harás el anuncio?

—En noviembre.

Él asiente a la mesa.

—No puedes comenzar operaciones el 1º de enero.

Yo parpadeo hacia él.

—¿Por qué no? Es un nuevo milenio. Es una fecha perfecta para comercialización y visibilidad.

—La Gala de Fin de Año de tu madre. Debería ser tu fiesta de lanzamiento.

Abro la boca para discutir. La cierro.

—Puedes abrir el 1º de enero —dice—. Continúa reuniendo clientes, reuniendo empleados. Pero no podrás comenzar a operar hasta febrero como muy pronto.

Yo asiento. Sus ojos me recorren, examinando mi expresión, mi tensión. Él aparta la mirada.

—Te entregaré una parte de tu herencia, para comenzar —dice. Aprieto la mandíbula, agradeciendo mi suerte—. El resto se entregará el 1º de enero.

—¿Dependiendo de qué? —Pregunto. Siempre hay una trampa.

—Dependiendo de nada, Draco —canturrea—. Sólo quiero asegurarme de que realmente tomas en serio este negocio. —Él se reclina—. Es muchísimo dinero. Odiaría verlo... despilfarrado.

Como antes. Cuando casi tiré todo por la borda por ella.

Este negocio o tu sangre sucia.

Yo trago saliva. Él lo nota. Yo me doy la vuelta.

—Y qué esperas que haga con esta "porción".

—Pues, Draco —dice—, no necesitarás toda la herencia para asegurarte una oficina, un asesor legal y comenzar a relacionarte con posibles inversionistas, socios y empleados. —Sus ojos brillan y sé que él ha ganado—. Y no seré tacaño. Para que puedas ponerlo en marcha, liberaré… mmm, digamos... —Sus ojos bailan sobre el techo, como si estuviera calculando. Entonces sus ojos grises me perforan—... 35,000 galeones.

Mi ojo se crispa. La esquina de su boca se tuerce.

—Sí, padre.

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