DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: ¡Hola chicas! Feliz viernes. No se a ustedes, pero esta semana se me pasó volando. Por fortuna aún sigo siendo consciente del día de la semana en el que estamos jajaja

Este capítulo ha sido beteado por Mary Eagle Med

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Todo lo Incorrecto

Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8

Capítulo 7

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Sábado 25 de septiembre de 1999

Volar es sencillo. Deslizarse entre bludgers y rebasar uniformados a toda velocidad. Con el rugido del viento en mis oídos imponiéndose a cualquier murmullo.

Lo que no es sencillo es lidiar con la mirada de la pelirroja antes de despegar. O la forma en que Potter me observa después de que la pelirroja se lo lleva aparte.

Tengo que recordarme que no son mis amigos cuando Goldstein habla sobre ir por unos tragos después de la práctica. Yo me reuso y veo que los hombros de Potter descienden aliviados.

Salgo de allí antes de que la chica Weasley empiece a gritarme.

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Domingo 26 de septiembre de 1999

Al menos ganamos contra Juegos y Deportes Mágicos. Ginny Weasley encuentra la forma de hacer a un lado cualquier diferencia entre nosotros durante el partido, porque me lanza un pase cuando estoy libre y yo deslizo la quaffle por un costado del guardián en el último segundo.

Goldstein me abraza en el aire y casi me tira de la escoba. Yo me permito sonreír. Sólo una vez.

Potter luce como si quisiera hablar conmigo mientras nos dirigimos a los vestidores a ducharnos y cambiarnos, así que sólo tomo mis cosas y me voy... por mucho que me encantaría permitirle a Potter ver la cicatriz que él cavó en mí mientras me cambio la camisa.

Conjuro un fregotego rápido sobre mí al tiempo que llego al borde del campo y escucho una voz a corta distancia.

—¡Vamos Gryffindor, vamos! ¡Vamos Gryffindor, vamos!

Me giro hacia la voz y me encuentro de frente con unos ojos familiares y alegres. Mis pasos se detienen.

Pansy.

Ella me sonríe como si sólo hubieran pasado unos cuantos días desde la última vez que nos vimos. Ella luce mayor.

Me pregunto si yo también.

Pienso en las cartas y notas que me escribió durante aquellos quince meses, y en las solicitudes de visita denegadas.

—Te ves bien de rojo, Draco. —Ella levanta una ceja hacia mí y recorre mi uniforme con los ojos.

Aparecemos en un restaurante al que solíamos ir durante el verano previo al quinto año. Vincent solía pedir torrejas y panqueques combinados y se sentaba a comer en silencio junto a Greg, mientras Pansy, Blaise, Theo y yo charlábamos. Yo parpadeo.

—¿Qué tal el Ministerio? —me pregunta ella, una vez que hemos ordenado—. ¿Ya estás en camino a convertirte en el próximo Ministro de Magia? —se burla de mí, entrecerrando los párpados mientras se lleva la taza de té a los labios.

—Difícilmente. —Agito la miel—. Es tal y como se esperaría que fuera: un trabajo de escritorio con un puñado de mis personas menos favoritas de Inglaterra.

—¿Cuánto tiempo te queda?

—Once semanas. —Que no pasarán lo suficientemente rápido—. ¿Y tú? ¿Sigues estudiando con Madame le Roux?

—Ah, entonces sí recibiste mis cartas. —Ella se acaricia los labios con la servilleta y me alza una ceja.

Siento que el calor llega hasta mis mejillas.

—Las leí. No sabía qué responder.

—Oh, vamos, Draco. —Ella sonríe—. Quería escuchar todas las cosas emocionantes que te pasaban: "Hoy caminé por mi celda en el sentido de las manecillas del reloj en lugar de hacerlo en sentido contrario". "¡Hoy el guardia me pateó una sola vez!".

Yo miro fijamente mi taza de té.

—¿Quién más trabaja contigo? —ella cambia de tema, uno de sus puntos fuertes—. Hoy vi a Anthony Goldstein y a algunos otros que reconocí. Pero Ginny Weasley, ¿qué no estaba jugando con las Holyhead Harpies?

—Ajá. Pero ella es novia de Potter, así que al parecer tiene pase libre.

—Mmm… Como buena Weasley. —Pansy sonríe, y nuevamente tenemos trece años, haciendo a un lado a los débiles y riendo. Ella me mira a los ojos y dice—: Siempre mezclándose con la crema y nata, especialmente cuando no son dignos.

Y, de pronto, estamos hablando de un Weasley distinto, de alguna forma. Otra de sus fortalezas. Yo le sostengo la mirada, esperando.

—¿Y quién más trabaja allí ahora? —Ella se remueve en su silla, y me doy cuenta que lleva varios minutos elaborando para llegar hasta aquí; elaborando hasta llegar a ella. Pansy es maravillosa. Pero yo trago saliva.

—Katie Bell.

—Oh-oh. Qué fuerte.

—Un idiota llamado O'Connor. Era un Gryffindor.

—Creo que alguna vez me lo topé.

—Algunos Ravenclaws mayores son Inefables.

—Naturalmente.

—El tipo ese Kingsley es el Ministro…

—¿Y qué hay de Granger? —Ella bebe su té, mirándome.

—Ella trabaja en el cuarto piso. Criaturas Mágicas.

—Mmm... parece apropiado. ¿Tienes que pasar mucho tiempo con ella y Potter? —Ella baja su taza de té. Apenas y hace ruido.

—Con Potter, sí. Él me asigna casos para que investigue.

—¿Pero con Granger no?

—No, no hay necesidad de que interactuemos directamente.

—¿E indirectamente? —Hay una sonrisa tirando de la comisura de sus labios. Mis dedos se enroscan alrededor de la servilleta en mi regazo.

—Tampoco hay necesidad de eso.

—Mmm… —canturrea, y yo estoy observando mi platito cuando dice—: Es una pena. Siempre fuiste un gran fanático de las interacciones directas.

No puedo alzar la vista para verla a los ojos. Mi té está demasiado caliente, pero aún así dejo que me queme la boca mientras bebo.

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Sábado 7 de octubre de 1995

—¿No prefieres buscar un aula, Draco? Hace mucho frío en el pasillo.

—Shh. Yo te mantendré caliente —tarareo en su oído, jalándola hacia mí. Ella ríe.

—¿Pero qué pasará si alguien nos atrapa? ¿No es la noche que Granger patrulla?

Mi mano todavía está en su cadera.

—¿Lo es? —La beso su cuello. Ella emite un pequeño jadeo—. Vamos, quedémonos allí. —Tomo su mano y la jalo hacia la intersección del pasillo.

—¿No quieres privacidad? —Pansy se resiste clavando los talones y casi la hago caer. Vamos a llegar tarde—. No puedo hacerte todas las cosas que quiero hacerte si estamos en el pasillo, Draco —susurra mi nombre en mi oído y yo finjo un escalofrío.

—¿De verdad? —le digo yo—. Puedo pensar en muchas cosas que yo sí puedo hacerte en el pasillo. —Sonrío de forma que sé que siempre funciona y la arrastro por los adoquines. Consulto mi reloj mientras ella camina a mi espalda, y compruebo que tenemos tres minutos de ventaja. A menos que ella decida tomar una ruta diferente. A menos que ella pase más temprano.

—Draco…

Yo la silencio con mi boca. La presiono contra la pared e inmediatamente deslizo mi muslo entre sus piernas. Ella chilla y suelta una risita. Yo mantengo quieta su cabeza mientras la beso, abriendo la boca, inclinándole la cabeza, llenándola con mi aliento. Ella me toma de los hombros y creo que puedo escuchar pasos.

Mis manos se deslizan hacia abajo y giran sobre la espalda de Pansy. Ella jadea. La jalo hacia mí, deslizándola por mi muslo, presionando más arriba y ella gime.

Escucho un jadeo a veinte pasos de distancia, cerca de la intersección del pasillo. Presiono mi lengua nuevamente en la boca de Pansy. Acaricio su trasero en círculos, y ella está oprimiéndose contra mi muslo. Buena chica.

Hay silencio tras nosotros. Las manos de Pansy se retuercen en mi cabello y ella baja mi cabeza hacia su cuello. Aprieto los ojos para no buscar el rostro de ella mientras me sumerjo en el cuello de Pansy.

¿Dónde estaba el ruido aclarándose la garganta? ¿El quejido de indignación previo a llamarme con un grito?

Un escalofrío recorre mis venas cuando caigo en cuenta de que ella está observándonos. Yo muerdo el cuello de Pansy y la hago jadear. Llevo mis manos a su rostro, besando nuevamente su boca mientras dejo que mis manos vaguen por la parte frontal de su cuerpo, acariciando su pecho y presionándome contra su estómago.

Quiero que ella vea esto. Quiero que ella sepa lo que soy capaz de hacer.

Escucho pasos tranquilos cuando llego a la parte inferior de la falda de Pansy y dejo que mis dedos se cuelen por debajo. ¿Ella estará acercándose? Pansy gime y me doy cuenta de que estoy golpeteando mi cadera contra ella.

Agudizo mi oído, esperando percibir su respiración o el sonido de sus latidos. Y los pasos son cada vez más tenues.

No puedo evitarlo. Levanto la cabeza y me giro hacia donde se supone que ella debería estar. Y veo una silueta desapareciendo al otro extremo del pasillo, con los rizos rebotando tras su espalda, y la cabeza agachada.

Como si yo no valiera la pena.

—¿Draco? —Pansy susurra contra mi mejilla, y me doy cuenta que me he detenido. Me detuve por completo. Siento que Pansy voltea para seguir mi mirada y giro la cabeza hacia ella, volviendo a atacar su boca.

Ella debe estar a veinte metros de la intersección del pasillo. Me pregunto qué tan fuerte puede gemir Pansy y si es capaz de hacerse oír a veinte metros.

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Domingo 26 de septiembre de 1999 - más tarde

Pansy habla sobre la nueva línea de moda que espera iniciar. Yo tengo la oportunidad de intercambiar ideas sobre el grupo de consultoría. No hablamos de la guerra, ni de Hogwarts, ni de pasillos. Cuando nos despedimos, ella me hace prometerle que le escribiré. Estará en Francia en el futuro previsible, y me pregunto si podría volver a visitar los viñedos.

Cruzo una de las chimeneas de la Mansión, listo para subir las escaleras, bañarme y quedarme en silencio hasta la cena.

—¡Señor Malfoy, señor!

Yo me detengo. Me giro. Observo.

Mippy está sonriéndome.

—¡Su madre solicita su presencia en la biblioteca, señor!

Yo aprieto la mandíbula.

—Gracias, Mippy.

Mientras camino por el pasillo, sacudo los hombros, tratando de concentrarme en las cualidades que debe tener un hijo amoroso.

Llamo suavemente y abro las puertas.

—Madre, ¿querías verme?

Está sentada delicadamente en su silla, con una taza de té a su lado. Ella tiene un aire de travesura cuando me mira, y definitivamente no es mi expresión favorita.

—¡Draco! ¿Ya en casa?

Ella planea algo. Me abstengo de poner los ojos en blanco y entro a la habitación.

—Sí, salí con…

Pero hay una silueta en la silla contigua, quieta como una estatua, y pierdo el hilo de lo que decía cuando la veo a ella ahí sentada, con los tobillos cruzados, una falda floral, sosteniendo una taza de té. Como si ella encajara perfectamente aquí.

Lo cual supongo que es cierto.

Y su cabello está jodidamente mal. Incorrecto otra vez.

Sus ojos son enormes y esperan, y olvido que no estamos solos, y que la razón por la que está aquí es porque mi madre está completamente loca.

Mi madre me sonríe con los ojos brillantes.

—Draco, querido. —Qué empalagosa, ¿a quién crees que engañas?—. Invité a Hermione a tomar el té hoy. ¿No te lo había dicho?

Mi mandíbula se tensa. Pienso en las dos, juntas durante horas, hablando sobre mí. Mi madre obligándola a contarle acerca de nuestro pasado y nuestro tiempo en el Ministerio y ¿ella le habrá contado a madre sobre lo que pasó el viernes? ¿Sobre no querer volver a verme nunca más?

—No, no lo hiciste.

—Por favor, únetenos, Draco. —No es una petición.

Estoy a punto de pedirle a Granger que nos disculpe para poder gritarle un momento a mi madre, cuando ella hace exactamente eso. Balbucea algo respecto a volver a la librería, y me pregunto cómo es que ella siquiera está aquí en lugar de en su trabajo. Ella deja en la mesita su taza de té haciendo tanto ruido que sigue sonando minutos después, repiqueteando por la habitación.

Madre frunce el ceño y habla acerca de programar otra cita de té juntas, y ella prácticamente está temblando mientras asiente, poniéndose de pie para tomar su bolso.

Corre, Granger.

—Draco, ¿podrías, por favor, escoltar a Hermione a las chimeneas?

Mi mandíbula podría quebrarse en cualquier momento. Mis dientes rechinan y estoy a punto de chasquear los dedos para que Mippy llegue a tomar mi lugar cuando ella murmura que puede encontrar el camino sola.

—Oh, tonterías —dice madre—. No es problema, ¿o sí, Draco? —He visto esa mirada antes, cuando yo era mucho más joven. Ella solía mirarme así cuando estaba a punto de avergonzarla frente a sus amigos de sociedad.

Me pongo el disfraz de alguien que no tiene nada que temer ni ocultar, y abro para ella la puerta de la biblioteca. Ella se gira para agradecer a mi madre y madre le pide que la llame Narcissa. Eso hace que yo ruede los ojos, y madre lo nota al tiempo que Granger se gira para pasar a mi lado, con su aroma floreciendo en el aire al pasar.

La conduzco hacia las chimeneas, concentrándome en el destino en lugar de sus pisadas ruidosas o la forma en que puedo sentir el aire moverse entre nosotros.

Justo cuando creo que he terminado; justo cuando siento que el aire comienza a aligerarse y puedo divisar el final del recorrido, los elfos -habitualmente silenciosos- dejan caer algo en la sala de estar. Ella voltea y mira fijamente la puerta.

Me pregunto si sabrá dónde está, y una punzada de calor oscurece mis ojos mientras pienso que madre pudo haberse reunido con ella en cualquier otro lugar.

Veo sus ojos fijos en la puerta, veo su ardiente curiosidad. Y ella necesita marcharse antes de ver que el candelabro está nuevamente en el piso, y que hay un agujero donde ella se convulsionó, y que la chimenea desde donde yo la observé está destrozada…

—Renovaciones —me escucho decir.

Siento sus ojos sobre mí, así que le ofrezco el polvo de flu y ella desaparece, dejando su aroma tras ella.

Miro la chimenea un momento más. Luego, me doy la vuelta y me dirijo a buscar a madre.

Empujo las puertas y mi madre lee con satisfacción, bebiendo su té.

—Ella no está comprometida —anuncia ella, mientras cambia de página.

Algo de la presión en mis costillas se libera y trago saliva.

—Tuvimos una discusión el viernes y creo que es mejor si me mantengo alejado de ella.

Madre me mira con las cejas alzadas.

—¿Qué tipo de discusión? —pregunta, tan astuta como un zorro.

No creo que madre sepa algo sobre La Subasta. Siendo esposa de un mortífagos, nunca fue ajena a las personas groseras y violentas que vivieron en su casa años atrás, pero no quiero que ella sepa lo que yo habría sido capaz de hacer; que sepa cómo la habría mantenido secuestrada.

Yo aparto mis pensamientos con un parpadeo.

—Ya no importa ahora.

Me giro y cierro las puertas de la biblioteca tras de mí.

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Jueves 30 de septiembre de 1999

Ella ha sido ineludible durante toda la semana. Me la topé en los ascensores, la encontré en la cafetería y ahora estoy trabajando en un caso directamente con ella.

Draco Malfoy

Analista y Consultor

Departamento de Seguridad Mágica

Oficina de Aurores

Gracias por el informe detallado sobre el incidente relacionado con el huevo de dragón. El Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas desea obtener la mayor cantidad de información posible sobre los atributos físicos del huevo para poder comenzar a identificar la raza.

Espero su respuesta a la brevedad posible.

Sinceramente,

Hermione J. Granger

Analista y Asistente de Investigación

Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas

División de Bestias

Oficina de Investigación y Restricción de Dragones

Pongo los ojos en blanco ante su caligrafía y cortesía, y escribo una respuesta.

Tenía forma de huevo.

Sin formalidades. Sin títulos ni saludos. Sonrío al imaginarla abriendo la nota, revoloteando alrededor de su cubículo mientas exige justicia y competencia.

El memorándum ya se ha ido cuando me doy cuenta que obtener una respuesta emocional por parte de ella es algo incorrecto.

Me muerdo la mejilla y espero.

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Viernes 8 de octubre de 1999

—Draco. —La voz de mi madre me detiene mientras me levanto de la mesa del desayuno—. Solicito que estés presente en casa mañana por la noche. Por favor, cancela cualquier plan que tengas con... Katya.

Ella sisea el nombre eslavo como si fuera vergonzoso tenerlo en la lengua.

—Está bien —le digo. No tiene sentido discutir sobre los planes que no tengo con una novia que no es mía—. ¿Qué tienes planeado, madre? —Me llevo la taza de té a los labios y apuro mi té.

—Hermione vendrá mañana.

Me atraganto y toso. Tomo mi servilleta y limpio mi mentón antes de que el té manche mi túnica. Ella está sonriendo. Ella lo cronometró, esperando que me ahogara.

—¿A qué estás jugando? —le siseo.

—A nada, cariño —dice ella—. Hice una nueva amiga y me gustaría conservarla.

—Entonces, ¿por qué tengo que estar yo aquí? —siseo—. Sabes que tengo que ser visto con amigos los sábados por la noche…

—¿Entonces crees que deberíamos salir los tres? —Ella me sonríe.

Yo frunzo el ceño.

—Con compañía adecuada. —Mi sangre hierve al pensar en ser fotografiado junto a ella. Sentada en una mesa con una servilleta de tela y copas de vino mientras madre charla con ella, aprobándola, y el mundo entero ve una familia feliz. Excepto mi padre, que lo ve como traición. Y debilidad.

—No puedo pensar en una mejor compañía para tu reputación —dice madre, mientras empieza a untar mermelada y queso crema en su bollo—. Skeeter estaría extasiada, ¿no crees?

Estoy tentado de hacerla atragantarse con su bollo, igual que ella hizo que me ahogara con mi té, pero decido hablar antes de que tome un bocado.

—Padre desea que me mantenga alejado de ella si planeo recibir mi herencia antes de casarme.

Su cuchillo de untar se detiene en su camino hacia la mermelada. Y mi madre, volviendo la cabeza hacia mí con ojos furiosos, exclama:

—¡Papanatas!

Me río entre dientes. Hay momentos en que encuentro a mi madre realmente preciosa. Y siento que si no río, explotaré.

—¿Él te dijo eso? —exige ella.

Asiento y miro las baldosas bajo mis pies.

—Me dio una parte de mi herencia para que pueda trabajar de aquí a año nuevo. Pero el resto sólo se liberará si él está seguro de que yo continúo enfocado.

Observo mientras ella pone los ojos en blanco y alisa la servilleta sobre su regazo.

—Bueno, lo que tu padre ignore, no lo lastimará. —Ella se lleva el bollo a la boca y mastica.

—Tal vez sólo deberían cenar ustedes dos. Como te dije, tuvimos una discusión... —Trago saliva y parpadeo el recuerdo de sus ojos humedecidos mientras le pregunto si tendría que haber pagado por su virginidad aquella vez—. Dije todo lo correcto para hacerla odiarme. —Miro a mi madre—. Ella no aceptará cenar contigo si estoy yo.

—Pero ella ya lo hizo. —Madre me levanta las cejas. Las mías se unen.

¿Qué juego está jugando Granger?

—No parecía haber nada raro con ella la última vez que vino —continúa la madre—. Estaba perfectamente feliz visitándome e incluso charlamos un poco sobre el tiempo que compartió contigo en Hogwarts. —Mis ojos se dirigen a ella mientras me sonríe y toma un poco de mermelada con una floritura—. Quizás, no eres tan malvado como piensas, Draco.

Ella empuja su bollo más allá de sus labios y me sonríe.

—O, tal vez, ella sólo es tonta —le digo.

Me giro para marcharme y me dirijo al trabajo.

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Sábado 9 de octubre de 1999

Tomo el té de la tarde con Noelle Ogden. La he visto en fiestas navideñas a lo largo de los años, pero nunca hemos tenido la oportunidad de conocernos realmente. Es algunos años mayor y actualmente estudia en una universidad muggle en los Estados Unidos, así que nos ponemos al día con algunas cosas.

Traigo a colación el grupo de consultoría y empiezo a abrir puertas para pedirle que se lo cuente a su padre.

Me quedo fuera pasada la hora de la cena. Ya lidiaré con la ira de mi madre más tarde.

Finalmente, cruzo la chimenea un poco después de las ocho y me preparo para toparme con ella en su camino de salida.

Silencio en el pasillo.

Camino hacia el comedor occidental, listo para unirme a ellas si aún están comiendo. Doblo en la esquina y madre está sentada en la mesa, leyendo un libro.

—¿Ella no se presentó?

Madre me mira, disgustada.

—Claro que lo hizo. Está en la biblioteca, buscando libros.

—¿De pronto nos convertimos en una librería de segunda mano? —le disparo. Ella me devuelve la mirada—. Lamento mucho haberme perdido la cena pero…

—Descuida, no lo hiciste —ella me sonríe—. ¿Podrías ir a ver cómo está nuestra invitada?

Yo arrugo la frente.

—¿Me esperaste para cenar?

—No lo hice —dice ella, pasando una página en su libro—. Hermione también tenía que hacer algunas diligencias. —Ella me mira con una amplia sonrisa, y tres puestos para cenar aparecen sobre la mesa—. Justo a tiempo, perfecto.

Salgo del comedor con ganas de patear algo en el camino. Recorro pesadamente el pasillo hacia la biblioteca y, cuando abro las puertas y no puedo encontrarla de inmediato, me doy cuenta de que tendré que buscarla, como si fuera un maldito criado.

Ella no está lejos de las estanterías principales. Me da la espalda y lleva el cabello suelto, cayendo sobre sus hombros. Estoy tentado en golpear con mis nudillos las repisas de madera, a modo de saludo, pero esta es mi jodida biblioteca y ella no tiene por qué mierda estar aquí. Estoy a punto de decir algo agudo que con suerte la hará saltar, cuando veo que ella está haciendo malabares con un montón de libros en un solo brazo. Tiene uno abierto sobre su codo, mientras lee la tabla de contenidos, y está equilibrando el resto entre su cadera y pecho.

Es todo tan nostálgico. Yo trago saliva. Recuerdo haberla visto así en la biblioteca de Hogwarts, sin detenerse nunca a dejar algo de carga y sin hacerlos levitar jamás.

Conjuro una canasta. Me aclaro la garganta. Me aclaro la cabeza.

Ella salta y sus ojos se desorbitan cuando me ve. Sus mejillas se sonrojan, y yo espero seguir teniendo el ceño fruncido.

Cuando ella me dice que sólo está tomando prestados los libros, me doy cuenta de que no debería estar entregándole una canasta. Ella tendría que estar cargando esos libros durante toda la noche. Incluso durante la cena.

—Lo sé —le digo. Me acerco a ella y giro la canasta entre mis dedos—. Le dije a mi madre que era tonto pensar que serías capaz de cargar tu selección sin la ayuda de un pequeño trineo. Así que me mandó a entregarte esto.

Le extiendo la canasta. Mi insulto no resultó lo suficientemente insultante. Puedo decirlo porque me está mirando detenidamente mientras toma la canasta y respira profundamente. La dejo organizar los libros, y estoy a sólo dos pasos de ella, inhalando su aroma.

—A mi madre le gustaría que te nos unieras a una cena tardía.

Y tal y como sospechaba, ella no tenía idea de que tendría que quedarse cenar.

—¿Qué? ¡Son las ocho y media!

—Sí, por eso es que se llama cena "tardía", Granger. —Un fuego se enciende tras sus ojos cuando le hablo, y yo intento reenfocarme en el asunto en cuestión—. La mesa ya está puesta para tres. Mi madre nos espera.

Ella tartamudea e intenta decir que no tiene hambre, y el sonrojo en su cuello me está distrayendo cuando le digo que la cena no es opcional.

—El hecho de que tú seas incapaz de decirle "no" a mami, no significa que nadie más pueda —me dice con rudeza—. Me disculparé directamente con ella y declinaré su oferta.

Ella clava la nariz al aire y algo dentro de mí se enciende.

La tomo del brazo mientras ella intenta esquivarme para salir de aquí.

—Mira, niñata boba. —Espero a que su rostro se gire hacia el mío, y hay algo ardiendo en su interior—. Tú elegiste ser amiga de mi madre e infestar mi hogar…

—Para ser precisos, ella fue quien me eligió…

La interrumpo, apretando la carne de su brazo un poco más fuerte.

—Y por la razón que sea, te ha invitado a cenar con ella esta noche, ha salido de su rutina y cenará tarde para poder ajustarse a tu ocupado itinerario…

—¡Intenté llegar después de la cena!

—…así que no entiendo cuáles son tus intenciones al estar aquí, rondando en mi biblioteca y jugando a la casita con mi madre…

—Descubrí que tu madre es una gran conversadora, una anfitriona generosa y una persona realmente encantadora. Es una pena que ese rasgo genético haya terminado en ella.

Mi piel está ardiendo donde mis dedos entran en contacto con su piel. Ella me está mirando a los ojos, insultándome igual que solía hacer, y sería muy fácil para mi empujarla contra los estantes y saborearla, dejarle las repisas marcadas en la espalda.

Algo cruza por su rostro y aparta su brazo con brusquedad, rompiendo nuestro contacto visual. Y yo lo extraño de inmediato.

Ella sale de la biblioteca, con la misma teatralidad que recuerdo de la escuela. Yo la sigo en silencio y sonrío cuando ella toma el camino equivocado. Me apoyo en el marco de la puerta e intento parecer presumido.

—Granger.

Ella se da vuelta y me mira mientras hago un gesto con la cabeza hacia la derecha. Ella resopla y me deja guiarla por la casa. La escucho aminorar el paso un par de veces, y cuando volteo por encima de mi hombro, la veo contemplando las pinturas en las paredes, e incluso, una vez, se detiene para contemplar la puesta de sol a través de los ventanales de piso a techo.

Me pregunto si a ella le gustará. La Mansión.

Parpadeo y sigo avanzando, escuchándola alcanzarme.

Madre sonríe cuando entramos en el pequeño comedor, y cuando le quito la cesta del brazo, ella me mira con sospecha. Yo le acerco la silla y ella sigue mirándome con sospecha. Me siento frente a ella, y ella aún me mira con sospecha.

Mi madre la alienta a que se lleve consigo toda la biblioteca, y veo que ella le sonríe con facilidad y yo miro hacia el mantel. Es blanco. Está vacío. No tiene recuerdos ni sentimientos.

Yo inhalo su vacuidad.

—Casi tomo las copias autografiadas de la serie de Lance Gainsworth para leerlas nuevamente, pero tu madre me comentó cuánto amas esos libros, Draco. Odiaría que te separaras de ellos.

Como agua helada cayendo por mi espalda y fuego lamiendo mi frente, todo al mismo tiempo.

Draco

Me encuentro con sus ojos.

Ella me envía una sonrisa traviesa que me recuerda demasiado a la de mi madre, y me concentro en lo que dice sobre los libros antes de comprender que ha encontrado mi serie de Gainsworth.

Le devuelvo una mueca.

—Muy amable de tu parte, Granger. —Y puedo ver que madre está bastante complacida consigo misma—. ¿Y qué libros sí estás llevándote esta noche?

Ella frunce el ceño ante mi acusación de robar nuestros libros y continúa hablando directamente con mi madre. El concepto de bloquearla es infinitamente más difícil cuando su voz flota a través de la habitación, y yo intento concentrarme en la forma en que su tono se agudiza en ciertas palabras hasta uno que es casi molesto.

El primer plato aparece sobre la mesa.

Mi respiración es regular. Mis ojos la están mirando. Y mis manos están firmes.

Justo a tiempo para que madre vuelva a meterme a la conversación.

— Draco, has escuchado sobre el proyecto de Hermione en Gringotts, ¿cierto?

—No puedo afirmar haberlo hecho.

Ella comienza a hablar sobre su especialidad. Algo sobre el dragón en Gringotts. Cuando termina su historia, la veo mirar la sopa y catalogar las cucharas. Ella voltea rápidamente a ver a mi madre para averiguar qué cuchara tomó.

Es aborrecible. No preciosa.

—¿Y piensas que los duendes estarán dispuestos a hacer las cosas de forma distinta? —pregunto, y estoy casi seguro que ella observa mi cuchara de sopa adentrándose en mis labios.

Sus ojos voltean a otra parte y dice:

—Pienso que la negociación es siempre posible.

Yo me río. Ella es la persona menos abierta a la negociación que he conocido...

—He trabajado personalmente con ellos en varias ocasiones durante el pasado mes. A ellos no les simpatizan los cambios que proponen los magos.

Ella ya ha sumergido la cuchara en su sopa. Me pregunto cómo se verán sus labios, frunciéndose alrededor del cubierto. O tal vez, en vista de que nunca ha tenido entrenamiento, la cuchara desaparecerá por completo entre sus labios.

Parpadeo.

—Entonces tendremos que hacerles ver…

—No puedes hacerle ver nada a un duende —la interrumpo. Ella ha olvidado su cuchara y tal vez yo también.

—El Ministerio es capaz de obligar por ley a los duendes a acceder —dice ella. Sus mejillas comienzan a sonrojarse y siento que las mías corresponden. Hay un brillo detrás de sus ojos y yo quiero verlo resplandecer, así que utilizo la frase precisa para provocarla.

—¿Entonces piensas que los derechos de los duendes deben estar supeditados a las leyes de los magos?

Sus ojos se abren y su mandíbula cae y mi pecho se calienta. Estoy sonriendo antes de poder evitarlo.

—Nunca he dicho tal cosa… —Y la interrumpo de nuevo, hablando lo suficientemente apegado a la verdad para enloquecerla.

—Las negociaciones solamente funcionarán si tú consigues lo que quieres, ¿no es así, Granger? —Me relajo contra mi silla y veo como ella parpadea rápidamente mientras me observa, y puedo sentir nuevamente su mano chocando contra mi mejilla.

—Draco.

Había olvidado que mi madre estaba aquí. Un excelente enfriamiento.

Ella baja la cuchara.

—Lo único que quiero es que no se vuelva a hacer daño a una criatura mágica a manos de Gringotts. Existe una mejor solución en algún lugar, y quiero que magos y duendes estén de acuerdo con ella.

Me doy cuenta de que ella todavía no ha probado la sopa de calabaza, y tal vez no debería hacerlo. No se la merece.

—Tal vez sea la mejor solución, Granger —le digo perezosamente—. O tal vez no seas tú la primera persona en iniciar esa lucha, sólo para descubrir que mantener un dragón en las mazmorras de Gringotts es el mejor método de seguridad que existe.

Yo observo el mantel, el tazón de sopa, cualquier cosa que no sea ella. Como si ella fuera intrascendente.

—No podrá ser el mejor método si tres adolescentes de diecisiete años fueron capaces de liberarlo y salir encima de su lomo la primavera pasada —dice ella bruscamente, y, cuando la miro, está ardiendo, mirándome a los ojos, y pienso en nosotros luchando así, sin una mesa de por medio. Quizá peleando en el dormitorio. Tal vez ella todavía discutiría conmigo mientras está boca arriba, con mis manos abriéndole la blusa. Aún mirándome, peleando por algo que dijimos durante la cena.

—¡Mippy! —Madre aún sigue aquí. Ella le pide vino a la elfina.

La veo mirar a mi madre, sonreír en tono de disculpa e intentar levantar nuevamente su cuchara.

Oh, no. No vas a hacerlo, Granger.

—Por supuesto, meterse tan profundamente en las bóvedas requiere cierto grado de felonía, si recuerdo correctamente —le digo, retomando el tema—. Los tres adolescentes de diecisiete años usaron Imperdonables para traspasar las primeras barreras de seguridad. Así que tal vez no es el dragón lo que falló.

Sus ojos en mí otra vez, y casi suspiro. Madre intenta ofrecerle vino y ella se niega.

—Así que, ¿tú propones mantener a un dragón torturado y mutilado en el piso inferior y reforzar la seguridad en el piso superior? Eso seguramente solucionará el problema de tortura y mutilación.

Ya ni siquiera sé de qué estamos hablando. Todo lo que sé es que no tiene permitido comer su sopa y no tiene permitido mirar hacia otro lado.

—¿Draco? ¿Vino?

—No, madre. —Mis ojos están enfocados en ella y siento que el resto de mi visión comienza a desdibujarse—. Sólo digo que el fallo que encontraste en la seguridad está basado en su habilidad de burlar al dragón, pero no habrían sido capaces de burlar al dragón sin romper un poco la ley en el piso superior. —Levanto mi cuchara otra vez y sonrío—. Aunque tal vez quieras mantener ese argumento fuera de tu presentación, Granger, o podrían decidir investigar más a fondo.

Madre todavía está hablando de vino. Yo estoy tratando de no sonreír. Y Granger ha abandonado su sopa.

—Oh, pues gracias, Draco, pero el Wizengamot ya revisó a detalle la situación. Verás, soy perfectamente capaz de mantenerme fuera de Azkaban por mis propios medios, sin la ayuda de ningún defensor.

Yo me congelo. Oh, tú, cabroncita altanera.

La miro, listo para rebatirle de alguna forma, y veo el calor abandonando sus ojos mientras ella levanta de un tirón su servilleta del regazo, sonrojándose en cara y pecho.

La observo mientras ella se excusa, mientras se disculpa con mi madre, mientras mira tristemente la sopa.

¿A dónde vas, Granger? Apenas estamos comenzando.

Ella está de pie y madre le ruega que se quede.

Me imagino a mi mismo obligándola a quedarse. Atándola a su silla y tentándola con esa sopa, vertiéndosela por la garganta mientras la hago gemir con la otra mano…

Madre sigue hablando y yo parpadeo. Ella está sugiriendo que yo la acompañe y yo realmente preferiría no levantarme en este momento.

Ella se burla, dice que preferiría perderse en los calabozos de la casa que mi compañía.

La miro mientras ella me ignora, despidiéndose de mi madre y huyendo del comedor. Mi corazón sigue latiendo con fuerza y bombeando sangre hacia abajo mientras pienso en su rostro enfurecido y sus ojos encendidos, y en cuánto me gustaría que mi madre nos permitiera un minuto a solas para poseerla encima de la mesa del comedor, con la sopa derramándose sobre el mantel.

—Bueno, Draco —susurra madre—. Espero que estés contento.

Se supone que está siendo condescendiente. Se supone que es sarcástica.

Mis labios se curvan. Es la primera vez en dos semanas que siento algo además de frío.

—Indescriptiblemente. —Me río. Me levanto, caminando para irme.

—¿A dónde vas?

—Voy a escoltar a nuestra invitada —le digo inocentemente. Madre pone los ojos en blanco.

Mippy aparece, luciendo nerviosa, y dice:

—¡La señorita olvidó sus libros! —Los tomo y me dirijo hacia las chimeneas. Los libros son monstruosamente pesados, así que conjuro un hechizo ligero como pluma. Estoy cerca del vestíbulo cuando escucho un susurro.

—¡Accio polvos flu!

Sonrío, y ella me escucha acercarme. Ella cruza los brazos sobre su pecho y yo mantengo mis ojos en su rostro. Todavía se ve deslumbrante, así que cuando le entrego los libros, levanto el hechizo de ingravidez y sus ojos se oscurecen cuando termina de recuperar sus libros.

Está inhalando pesadamente por la nariz, apretando los labios, y su pecho se agita contra los libros. Yo muevo mi muñeca y el polvo flu aparece. Ella pone los ojos en blanco e intenta alcanzarlos. Yo los aparto.

Considero levitarlos por encima de nuestras cabezas, sólo para verla saltar por él. Tal vez ella arroje los libros y se presione contra mí, aferrándose a mis hombros.

—Madre está bastante disgustada, como supondrás —le digo—. Después de la escena que montaste, espero que esta sea tu última visita a la Mansión Malfoy.

Ella me mira intentando apuñalarme con los ojos y veo de nuevo la luz en ellos.

—Oh, vete a la mierda, Draco.

Ella toma el polvo de flu y desaparece.

No sé qué me puso más duro: la obscenidad o el tercer "Draco" que ha salido de sus labios en una sola noche.

Todavía estoy de pie junto a las chimeneas. Debería volver y disculparme con mi madre. Terminar la cena junto a ella. Pero subo las escaleras y cierro la puerta de mi habitación, y me permito imaginar los muslos de Hermione Granger a cada lado de los míos, mis manos enrollándose en su cabello, sus labios susurrando "Draco" contra mi cuello.

Es la primera vez en dos semanas que me permito fantasear con ella.