DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Hola a todas! Mi computadora otra vez está en reparación, así que me toca publicar un poquito a la carrera y les deberé, otra vez, los bloopers… Espero ya la próxima semana estar un poco más libre para publicar tranquilamente.
Por otro lado, esta semana abrí una página de facebook donde estaré publicando, además de actualizaciones, futuros proyectos, recomendaciones, y todo tipo de cosas relacionadas con el dramione, pueden buscarme como Irene Garza Fanfics =)
Espero que disfruten mucho el capítulo.
Este capítulo ha sido beteado por Mary Eagle Med
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Todo lo Incorrecto
Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8
Capítulo 8
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Lunes 11 de octubre de 1999
El lunes por la mañana, tengo que trabajar con ella en el proyecto del huevo de dragón. El viernes por la tarde, tuve un momento de brillantez, y Robards me pidió que preparara una reunión con el personal al inicio de la semana.
Llego un par de horas antes para preparar todo, y él ya está en mi cubículo, preguntándome respecto la reunión. Es ambicioso por mi parte, pero le digo que estaré listo para comenzar a las 9:30 a.m. Reúno en un solo archivo los mapas y la investigación que comencé el viernes, y empiezo a transformarlo en algo parecido a un informe.
Estoy en la sala de conferencias del segundo piso -mi segunda oficina, como decidí llamarla… cuando el resto del equipo comienza a llegar. Y de pronto ella está allí, mirándome directamente a los ojos.
Las fantasías sobre su rostro que tuve la noche anterior comienzan a nadar en mi mente: ella mirándome mientras yo la embisto; sus labios tensándose en una mueca similar a una "o", al tiempo que su cuello se estira… alcanzando la cima; y mis manos jalando su cabello para hacerla voltear a mirarme a mi...
Ella aparta la vista y toma asiento lo más lejos posible de mí. Veo a O'Connor jalar una silla para ella. Vaya. Él también está aquí.
Reenfoco mis energías en la reunión para la que no estoy preparado.
Y tal como había temido, ella comienza a hacer preguntas. Ella levanta la mano como la pequeña y buena Gryffindor que es, y me pregunto si sabrá lo que está haciendo, sentada allí con la espalda recta, como si estuviera en clase de pociones e intentara ganar puntos con su maestro.
Al final de la reunión, logro colar un:
—Diez puntos para Gryffindor.
Ella me frunce el ceño y creo que hoy será un gran día.
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Miércoles 13 de octubre de 1999
Tengo una reunión con Rita Skeeter para discutir el lanzamiento de Malfoy Consulting Group. Ella viene a cenar, y tengo la impresión de que cada vez que Rita ingresa a la Mansión Malfoy, se la pasa en grande.
Viscosa y trepadora cucaracha.
Madre se sienta en la cabecera de la mesa en silencio y me deja tomar la palabra. Cómo la aprecio.
—Me gustaría dar el anuncio el 1⁰ de noviembre —le digo, mientras el primer plato aparece sobre la mesa y después de haber detallado mi plan quincenal—. Y me gustaría mucho otorgarle una entrevista exclusiva a El Profeta ese día.
Los ojos ambiciosos de Skeeter deambulan por mi rostro mientras rompe su pan.
—Sería un honor, señor Malfoy. —Ella me guiña un ojo.
Yo le devuelvo una sonrisa.
Siempre es extraño recordar que las mujeres me encuentran atractivo. No tuve un espejo durante quince meses, y las cosas comienzan a perder su importancia en Azkaban... Me he enfocado durante tanto tiempo en distintas formas de obtener lo que deseo, que he olvidado la más básica de las técnicas.
Uso mi pulgar para quitar una mancha imaginaria de sopa de la comisura de mis labios, y succiono la yema de mi dedo con mis labios, chupando la nada. Sus ojos brillan tras sus lentes.
—¿Y qué hay de tu vida amorosa, querido? —Ella sumerge la cuchara en su tazón de sopa—. ¿A quién has agendado este fin de semana en tu itinerario social?
Yo parpadeo. Debí haber recordado que Skeeter antepone su trabajo a cualquier otra necesidad personal. Admirable.
Como no tengo compromisos sociales este fin de semana, elijo la respuesta más fácil.
—Creo que volveré a reunirme con Jeannette DuPont el viernes por la noche. —Volteo la servilleta en mi regazo y anoto mentalmente contactar a Jeannette—. La ubicación aún se debe definir, pero serás la primera en saberlo.
Ella me mira con ojos brillantes.
—¿Y serás visto más seguido con la señorita DuPont? ¿Quizás ella se reúna pronto con tu madre? —Rita mira a madre y la escucho ahogar un resoplido en su sopa, como toda una dama.
—Sabes que no tengo favoritismos, Rita. —Dejo que mi voz se deslice como seda, entrecerrándole los ojos.
—Has sido visto con Katya Viktor más seguido —dice Skeeter—. Y entiendo que el padre de la señorita Viktor apoya totalmente esta... relación.
—Nuestras familias han sido amigas durante un largo tiempo —dice madre. Por un momento pienso que dirá algo más, pero ella regresa a su sopa.
—Así es —digo yo—. Katya y yo tenemos una amistad muy especial. —Dejo que las palabras cuelguen en el aire, permitiéndole a Skeeter interpretarlas como prefiera.
—¿También la verás a ella este fin de semana? Seguramente, Draco Malfoy puede manejar más de una cita en un fin de semana. —Skeeter me guiña un ojo otra vez.
Mis labios se separan, listos para inventar otras dos citas.
—Nos reuniremos a almorzar con Hermione Granger este sábado.
Las palabras son como hielo sobre mi cuello, y giro bruscamente la cabeza para mirar a madre, y descubro a Skeeter haciendo lo mismo.
Ella está sorbiendo la sopa en su cuchara, como si no acabara de hacer añicos el delgado cristal sobre el que he estado caminando durante meses.
—¿Hermione Granger? —Skeeter desliza sus ojos hacia mí, y están muy abiertos y expectantes—. No tenía idea de que ustedes dos se llevaban tan bien, Narcissa.
Me siento como un pez, boqueando por agua fuera del río. Y soy consciente de que cualquier cosa que Skeeter esté leyendo en mi cara en este momento llegará a El Profeta. Cierro la boca, parpadeo, y vuelvo a concentrarme en madre, que está limpiándose los labios con su servilleta.
—Ella trabaja en esa encantadora librería del Callejón Diagon. Draco y yo hemos visitado la tienda desde hace años, y nos sorprendió gratamente encontrar a la señorita Granger trabajando allí. —Ella sonríe—. Y, por supuesto, Draco la conoce mucho mejor desde que trabajan juntos en el Ministerio.
No tengo idea de qué está planeando madre, pero sé que necesito detenerla.
—Sí, he comenzado a relacionarme con muchas personas desde que empecé a trabajar en el Ministerio. —Levanto mi cuchara de sopa y me tiembla la mano—. Harry Potter y yo podría decirse que somos una especie de "amigos" ahora. Me ha pedido que juegue en su equipo de la Liga Interdepartamental…
—¿Y a qué hora ha dicho que almorzarán ustedes tres el sábado? —Skeeter le pregunta a madre. Y sé que estoy hundido hasta el fondo cuando ni siquiera la mención de Harry Potter logra hacer que Skeeter voltee.
—Me temo que sólo serán ellas dos. —Me recuesto y dejo que mi cuchara choque contra el tazón. La sopa desaparece—. Yo tengo otros compromisos este sábado. Pero mi madre y la señorita Granger desean cultivar su... amistad.
—Oh, pero, Draco, por supuesto, podrá reunirse allí con nosotras. Tu cita de negocios es ahí mismo en el Callejón Diagon, ¿no es así, cariño? —Los ojos de mi madre son fríos, y no sé cómo discutir con ella estando aquí.
Los ojos de Skeeter se mueven entre nosotros como si estuviera siguiendo una quaffle.
—¿Y cuánto tiempo llevan usted y la señorita Granger desarrollando su... amistad, Narcissa?
Yo abro la boca y mi madre toma la delantera.
—Hace algunas semanas. De hecho, ella vino a cenar a la Mansión el fin de semana pasado.
Y es como si ella hubiera abierto una puerta que nunca más podré volver a cerrar.
Miro a mi madre, tomando inocentemente su sopa. Skeeter ha perdido el apetito en favor de un tipo diferente de hambre. Y veo como sus ojos arden y se mueven rápidamente, como si una pluma estuviera escribiendo en su mente.
Trato de pensar qué decir. Alguna forma de cambiar esto. Negar la explosión de información en el cerebro de Skeeter. Hacerla olvidar todas las viejas costumbres de cortejo entre los sangre pura y que ignore la clara evidencia frente a ella.
Skeeter se gira hacia mí.
—Bueno, eso es encantador. Creo que sería muy positivo para la opinión pública saber que tus... —Sus ojos bailan— ...antiguas preferencias han cambiado, Draco. Sin importar con quién de ustedes se esté relacionando ella.
Yo trago saliva.
—Estoy pensando… —Skeeter levanta los ojos al techo, calculando—. Un artículo en el periódico matutino del domingo. —Ella se da golpecitos en la barbilla—. Podríamos publicar algunas fotos tuyas con la señorita DuPont, por supuesto. Pero si pudiéramos captarte tomando el té con Hermione Granger, tal vez colando un par de líneas respecto a tus futuros planes de negocios, con un poco de sabor a que "algo está cocinándose" por ahí...
—No podría estar más de acuerdo, Rita —dice madre—. Creo que una amistad con Hermione Granger podría augurar grandes cosas en el futuro.
Yo miro fijamente mi sitio en la mesa hasta que llega el segundo plato.
Al terminar la cena, escolto a Skeeter a la salida. Beso suavemente su mano antes de que ella desaparezca dentro de la chimenea. Regreso con mi madre y la encuentro en la biblioteca.
—Tal vez no he sido claro —mi voz es tensa—. Padre me negará mi herencia si no me mantengo lejos de ella.
Ella retira la taza de té de sus labios.
—¿Eso es lo que te dijo? ¿Esas fueron sus palabras exactas? —Ella me mira y espera.
—"Este negocio o tu sangre sucia". —Es una oración difícil de pronunciar. No recuerdo cuándo fue la última vez que usé esa palabra. Se siente diferente en mi lengua.
Ella se ríe entre dientes.
—Oh, qué dramático… —susurra hacia su taza de té. Luego, volteando hacia mí y más fuerte—: ¿Le has hecho una propuesta de matrimonio a la señorita Granger?
Siento mis costillas crujir dentro de mi pecho.
—No, por supuesto que no —me burlo.
—Entonces no veo razón para que estés rompiendo los "términos" de tu padre. Estás avanzando con las operaciones de tu negocio de acuerdo a lo planeado, claramente eligiéndolo.
—¿Y qué otra cosa podría significar un "almuerzo con mi madre en público" sino "avanzar"?
—Como dijiste, Draco —Madre sonríe—. Ella es mi amiga, no tuya.
Yo resoplo.
—Yo no… —Me paso la mano por el cabello—. No quiero arruinar esto, madre. —Ella me mira con curiosidad y yo le aclaro antes de que pueda asumir otra cosa—: El plan de negocios. No quiero que padre se enoje y poner mi futuro en peligro.
Ella deja su taza de té, se levanta de su silla y se acerca a mí.
—Draco. —Ella coloca una mano sobre mi hombro—. Ahora que ya eres un adulto más en esta familia, tendrás que aprender a jugar los juegos de tu padre, es cierto. —Ella arquea sus labios hacia mí—. Pero siempre puedes crear tus propias reglas.
Ella me aprieta el hombro y se dirige a la cama.
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Sábado 16 de octubre de 1999
Tengo que recoger un libro para mi madre y recoger a una Chica Dorada para el almuerzo.
Madre me envía por delante con una mirada que no deja lugar a discusiones. Tengo que llegar a donde Florean Fortescue con Hermione Granger del brazo o morir en el intento.
Me obligo a recordar que cualquier publicidad es buena, siempre y cuando la marca tenebrosa no termine flotando sobre Fortescue para el final del día. Madre tiene razón. Una amistad con Granger sólo puede augurar cosas buenas.
Estoy a punto de abrir la puerta de Cornerstone, cuando me doy cuenta de que estoy frunciendo el ceño hacia los adoquines de la calle. Tengo que parecer accesible. Honesto. Amable. Y yo no soy ninguna de esas cosas cuando estoy cerca de ella. Derribo mi muro de ladrillos y abro la puerta.
Ella está garabateando algo, apoyada en el mostrador, y lleva puestos sus malditos jeans y una playera de cuello bajo. O al menos parece de cuello bajo, mientras comprime su pecho en dirección a la entrada.
Me acerco al mostrador, intentando recordar lo que había planeado.
Ella me mira sonriendo, y luego la sonrisa se desvanece de su rostro.
—¿Qué?
Por supuesto.
—¿Qué? ¿Así es como saludan a la clientela aquí?
Ella se endereza, y veo que su prenda superior no es tan reveladora después de todo. Sólo es mi imaginación desenfrenada.
—¿Estás aquí por el libro en reserva? —dice ella, y mi mente corre.
Sí, y almuerzo.
Te ves hambrienta.
Estoy aquí para llevarte a Fortescue a rastras.
Termino asintiendo, esperando un momento mejor. Ella me frunce el ceño y toma el libro del estante tras ella. Mientras escribe algo en su libreta contable, intento encontrar las palabras correctas. He invitado a muchas chicas a tener una cita conmigo. Pero esto no es una cita. Es publicidad orquestada, para que el mundo pueda pensar que…
—¿Han cambiado tus gustos, Draco?
Ella extrae las palabras de mi mente. Y la observo mientras ella me sonríe.
Draco, otra vez.
Ella hace un gesto hacia el libro que sostiene. Tiene una cubierta rosa. Por supuesto, madre tenía que hacerme las cosas más difíciles.
—Oh, no es… para mí —es todo lo que puedo murmurar.
—Ah, muy bien. —Como si estuviera decepcionada de no poder mofarse de mí por el libro. Y, de pronto, el libro está dentro de una bolsa y la bolsa está siendo tendida hacia mi, y sus ojos dicen adiós.
Pero aún no he mencionado el almuerzo.
—¿Envuelven para regalo en Cornerstone?
Ella parpadea hacia mí. Murmura algo y se sonroja mientras retira el libro de la bolsa. Aparta la libreta contable y se gira para buscar el papel de envoltura. Y ahí estoy yo, en el mostrador. Ella había estado leyendo El Profeta en algún momento de la mañana. Y había dejado la página abierta en el artículo de mi cita con Jeannette.
O tal vez sólo sea una coincidencia. Y ella no siente ningún apego emocional al verme junto a una hermosa chica francesa.
Ella se gira hacia el mostrador y se detiene cuando ve el periódico abierto en ese artículo. Sus pómulos se tiñen de rosa.
No fue una coincidencia. Mi sangre se calienta. ¿Será posible que ella tenga el más mínimo interés en mi vida social?
La veo guardar el periódico y comenzar a colocar el papel de envoltura. Sólo tengo unos segundos antes de que ella lo golpee con su varita y los bordes se doblen y la cinta flote para unirlos.
—Mi madre y yo nos detuvimos para un almuerzo rápido en Fortescue.
Es rápido. Concreto. Pero caigo en la cuenta de que no es una pregunta.
—Oh, dile que le mando saludos.
Y, extrañamente, ella empieza a plegar el papel. Centra el libro en el papel de envoltura, juntando los bordes, y pegándolos con cinta adhesiva. Qué extraño.
—¿El señor Hindes baja a cubrirte a la hora del almuerzo? —digo, mientras sus dedos trabajan sobre el papel. Nunca había visto a alguien envolver un regalo sin magia.
—Sí, por lo regular, a la una.
Está distraída por el trabajo que realiza con sus manos, así que me lanzo.
—¿Te gustaría acompañarnos a almorzar?
Sus manos se resbalan del papel de envoltura y ella me mira. Yo intento mantener una expresión cordial.
—¿Tu madre quiere repetir nuestra escena del sábado? ¿En público? —ella se burla y aparta la vista de mí.
—Si hay sopa de calabaza, te prometo que te dejaré comerla.
Ella sonríe, como si ahora la sopa de calabaza fuera una broma constante entre nosotros. Y tal vez lo sea. Ella está atando un listón, haciendo que el regalo luzca hermoso, y estoy pensando que nadie debería romper jamás un envoltorio así.
—Dile a tu madre que aprecio la invitación, pero estoy muy ocupada hoy. Fue muy amable de su parte al ofrecerlo.
Miro alrededor de la tienda. Hay dos personas sentadas en sillas en la esquina. Y me molesta un poco que ella piense que ha sido mi madre quien la invitó, aunque… ella tenga razón.
—Soy yo quien lo está ofreciendo, Granger.
—Los dos sabemos quién te envió, Malfoy.
Malfoy.
Ella deja caer el libro envuelto en una bolsa de Cornerstone y me lo acerca. He fallado. ¿Por qué iba ella a querer ir conmigo a algún lado después de la forma en que la he tratado?
La puerta tras ella se abre y Morty el vendedor nos está interrumpiendo antes de que yo haga algo estúpido, como decirle cuánto significaría para mí llevarla a almorzar.
Los ojos del hombre se iluminan al verme. Yo le estrecho la mano. Todavía le agrado. Y eso molesta a Granger.
Y mientras ella refunfuña hacia la libreta contable, y los ojos de Morty parpadean, yo entiendo que quizá la mejor forma de llegar a Hermione Granger no es a través de ella.
—Estaba aquí para ver si a la señorita Granger le gustaría acompañarnos a mi madre y a mí a almorzar en el Callejón.
Los ojos de Morty se agrandan y dice:
—¡Oh, qué adorable! Sí, por favor, háganlo. Yo me encargo de la tienda. —Y de repente ella está siendo empujada fuera del mostrador, incluso aunque lucha para evitarlo.
—Es usted muy amable, señor Hindes —le digo. Y él tiene la audacia de guiñarme un ojo mientras Granger sale marchando hecha una furia por la puerta que le mantengo abierta. Y me pregunto si él recordará la forma en que mis ojos se dirigían hacia ella durante el verano cuando me recostaba a leer en los sillones.
Camino detrás de ella, sintiéndome victorioso.
—Bueno, felicidades, Malfoy —dice ella bruscamente—. Ya tienes acompañante para el almuerzo.
—Estoy tan complacido de que Morty pudiera cubrirte —le digo, arrastrando las palabras y rodando los ojos—. Parecías agobiada ahí dentro.
Caminamos hacia Fortescue en silencio. Y extraño el ajetreo de la vía principal del callejón Diagon, en lugar de esta maldita calle lateral. Finalmente, estamos por llegar a la esquina y siento que ella se detiene a mi lado. Algunas mujeres mayores con bolsas de compra cruzan frente a nosotros, y yo bajo de la acera, guiándola para avanzar, y ella se crispa. Noto que mi mano está en su espalda, y la retiro cuando ella aparta sus ojos de mí, sintiéndome estúpido por haberla tocado.
Giramos en la esquina y ahí está mi madre. El pináculo de la moda, lista para ser fotografiada para El Profeta. Está usando un maldito sombrero, por el amor de Merlín.
—Tu madre ciertamente sabe cómo llamar la atención —reflexiona ella. Nos acercamos a la puerta y me doy cuenta que madre ha elegido una mesa cercana a la calle para que todos los transeúntes puedan vernos y para que el fotógrafo pueda obtener una mejor toma.
Mantengo la puerta abierta para ella cuando entramos al patio.
—No tienes una idea.
Observo mientras mi madre la saluda, y no puedo evitar notar la verdadera sonrisa que ella tiene en el rostro. Madre hace un gesto hacia la silla que tiene enfrente y yo le acerco la silla. Ella me mira igual que hizo durante la cena, y luego se sienta.
Me apresuro a entrar a ordenar nuestras bebidas y un plato de bollos. Y pienso en huir.
Regreso a la mesa y madre está balbuceando tonterías sobre necesitar más miel para el té de Granger, así que respondo:
—Granger toma café.
La mesa se queda inmóvil. Ha sido un error estar tan familiarizado con sus gustos. Así que remato con una broma sobre poner miel en su café.
—Yo… sí, en realidad, tomo café más seguido. —Ella me mira mientras me siento a su lado—. Gracias.
Ella mira hacia otro lado antes de que yo pueda responderle.
Empiezo a preparar mi té. Las dos conversan. El camarero entrega los bollos. Y descubro que hay veces en las que me quedo petrificado y no puedo apartar la vista de su boca. Ella se relame el café de los labios después de cada sorbo, y aunque eso siempre ha sido un hábito suyo, me hace más difícil apartar la mirada estando tan cerca de ella en lugar de al otro lado del Gran Comedor.
Madre interrumpe mi observación de ella haciendo preguntas o pidiéndome mi opinión, y tengo la sensación de que ella está al tanto de mi obsesión, y está evitando que me ponga a mií mismo en ridículo.
¿Así es como uno vive sin Oclumancia? ¿Esta rendición sin esperanza a lo que anhelas?
La conversación ha sido perfectamente ligera, perfectamente no intrusiva. Así que ya debería haber sabido que mi madre sólo estaba calentando.
—Hermione, querida, me encantaría conocer a tus padres la próxima vez que visiten Inglaterra —dice ella. Granger se atraganta con su bollo, y tengo que voltear a mirar significativamente a mi madre. Ella me ignora.
¿Podría acaso ser más obvia?
Granger mira hacia la mesa mientras dice tonterías respecto a que las festividades son una época ocupada para sus padres.
Ella está mintiendo.
La observo mientras mi madre se entromete, mientras los dedos de Granger se retuercen alrededor de su servilleta, mientras levanta el cuchillo de mantequilla y lo vuelve a bajar y lo levanta de nuevo.
—Tuvimos que borrarles la memoria hace dos años, antes de que… todo empezara. Ahora viven juntos en Australia, sin un solo recuerdo de mí.
Hay un silbido hueco en mis oídos. Ella continúa hablando sobre las pequeñas formas en que consigue seguirles el rastro. Sus ojos están vacíos.
Y yo estoy corriendo escaleras arriba, de dos en dos, entrando por la puerta de un dormitorio, girando, inhalando y desmoronándome.
Mi madre la toma de la mano. Y yo no sé cómo podría haber sobrevivido si mi madre se hubiera marchado. Si ella no pudiera acordarse de mí.
Granger le sonríe con los ojos húmedos.
La observo intentando sacudirse. Intentando cambiar de tema, pero hay algo jalándome.
Dolohov y Rowle.
¡Esa es ella! ¡Es la perra que nos lanzó el obliviate!
Y puedo visualizarla. En su sala de estar, sólo que en esta ocasión está llena de muebles. Y ni siquiera puedo concebir la idea de apuntar a mi propia madre con mi varita.
Ella no ha visto a sus padres en dos años. Por culpa de los mortífagos. Y la piel de mi brazo izquierdo me arde.
—Fue muy astuto por parte de la Orden tomar esa precaución. —La miro y sus ojos me están taladrando, leyendo lo que quiero decir.
—Sí —dice ella. Su voz es apagada, mezclada con años de secretos—. No puedo estar más agradecida.
Sus ojos están fijos en los míos. Y ella me agradece por mi silencio. Madre se las arregla para tomar el control de la conversación, y yo me permito disfrutar del paseo.
—Bueno, en realidad ya debería volver a la tienda. Muchas gracias a ambos por invitarme. —Sus ojos parpadean hacia los míos, antes de volver a mi madre—. Y gracias por el almuerzo.
—Fue maravilloso verte querida —dice madre—. Draco puede escoltarte de regreso a Cornerstone.
Observo mientras ella abre la boca para declinar, y se lo piensa mejor.
Yo ya estoy apartando su silla y entregándole su bolso. Ella abraza a mi madre, y veo sus brazos apretarse.
Me pregunto cuánto echará de menos a sus padres. Si ellos solían ser cercanos. Si ella ha intentado revertir el hechizo.
Ella está callada a mi lado mientras caminamos. El viento está revoloteando su aroma a nuestro alrededor.
—¿Piensas quedarte en la Oficina de Aurores? —ella me pregunta—. Tu periodo de prueba termina en unas seis semanas, ¿no es así? —Ella me mira y varios de sus rizos vuelan hacia su rostro.
Yo meto las manos en mis bolsillos para evitar apartarlos hacia atrás de su oreja. Quizá en este punto mis muros ya se están volviendo necesarios. Incluso si son débiles.
—Sí, el 10 de diciembre. De hecho, comenzaré algo nuevo. Me tomaré un par de semanas por las fiestas, y después saltaré hacia un nuevo año. Un nuevo milenio.
Ella sondea la información. Como sabía que haría. Y cuando le digo que estoy comenzando un grupo de consultoría, siento una pesadez en el pecho. Como si esperara que mi padre saliera de entre las sombras y comenzara a reprenderme por involucrarla en esto de alguna forma.
—Lo anunciaré el 1º de noviembre. —No sé por qué me parece algo relevante. Miro hacia un callejón cuando lo pasamos, pensando en qué otra cosa podríamos discutir.
Pero ella no quiere hablar de ninguna otra cosa.
—¿Una consultoría? ¿Y en qué se va a especializar?
Intento recordar el discurso que dí a Skeeter la otra noche.
—Litigaciones y contratos, finanzas, administración y operaciones, y estoy esperando tener algunas otras ramas menores con especialistas selectos. —Soy lo suficientemente vago como para no resultar interesante, o eso espero.
Ella suelta una risita.
—¿Qué?
—Es sólo que tú… abrirás una compañía —dice ella, y se ríe de nuevo—. A los diecinueve
¿Ella me cree incapaz? Un atisbo de ira me recorre.
—Tú y tus amigos derrotaron a un mago oscuro a los dieciocho.
—En realidad, Harry tenía diecisiete —dice ella, sonriendo al piso.
—Gracias por recordármelo. —Yo pongo los ojos en blanco.
—Así que, si estoy entendiendo correctamente, ¿te encargarás de brindar consejo legal en las audiencias del Wizengamot, asesorarás empresas respecto a sus presupuestos y operaciones, y cosas por el estilo?
Hay algo incomodándome en el pecho. Algo familiar. Y mientras más información intenta sacarme sobre M.C.G., más crece esa sensación.
Todo lo que sé es que la quiero tan lejos de M.C.G. y de la herencia como me sea posible.
—Esencialmente. —Podría seguir, pero no lo haré.
—¿Y piensas que las personas y las empresas te contratarán en base a tus diecinueve años de experiencia en esos ámbitos?
¿Se está burlando de mí? El tono de su voz despierta mi orgullo como a un dragón dormido.
—No. Contratarán a mi firma basados en el personal del que me rodeé. Especialistas y similares —resoplo.
Me lanzo en un monólogo sobre todas las personas importantes con las que me rodearé. Mockridge, Ogden, Wentworth. Estoy alardeando. Estoy haciendo valer mi nombre. Y no puedo parar. Siento que sus ojos se vuelven hacia mí y quiero que ella se impresione. Quiero su aprobación. Estoy hablando sobre mis planes para que otros departamentos incluyan divisiones de caridad cuando ella me interrumpe.
—Es muy emocionante, Draco —dice ella. La miro por primera vez y ella me sonríe. Ya no está mofándose de mí—. No necesitas defender tu compañía ante mí. Creo que será todo un éxito. —Siento una ligereza en mi pecho, que erradica la sensación incómoda de antes—. Estuviste excelente dirigiendo la reunión del huevo de dragón esta semana: preparado, sucinto, autoritario. Es como si hubieras nacido para eso.
La reunión la impresionó. Y sus palabras se asientan en mi mente.
Preparado. Sucinto. Autoritario. Nacido para eso.
Draco.
Yo cierro mi mente. Ella ya se ha metido muy adentro. El viento gira de nuevo a nuestro alrededor, y tengo que abstenerme de tocarla. De besarla, tal vez.
Estamos de vuelta en Cornerstone, deteniéndonos para terminar nuestra conversación, y creo que ya debería despedirme y marcharme.
—Has planeado esto por mucho tiempo, al parecer —dice ella—. ¿Vas a invertir tu herencia en este nuevo negocio?
Y de esto se trataba. La incómoda sensación girando alrededor de mis costillas mientras ella se abre paso entre mis planes y sueños. La necesidad de mantenerla apartada. De mantenerla en la oscuridad. Es como ver a tu amante conociendo a tu esposa.
—Ese es el plan.
—Inversión y pasión son dos ingredientes clave para el éxito —dice ella. La miro y ella me está sonriendo. El viento empuja su cabello hacia mí otra vez—. Y tu padre debe apoyarte si planea liberar tu herencia.
Es como electricidad. Mi rostro se contrae y tengo que apartar la vista de ella.
Pero ella me hizo una pregunta y tengo que responder. La piel me hormiguea.
—Sí, una suma pequeña al principio. Después, el resto el 1º de enero, dependiendo de ciertas cosas. —Como si no tuviéramos esta conversación en lo absoluto.
De pronto me doy cuenta de que una vez que me vaya del Ministerio, una vez que llegue el 1º de enero, tal vez nunca más la vuelva a ver, mas que de paso. Yo trago saliva. Mis ojos la recorren mientras ella se acerca a la puerta de la librería.
—Bueno —dice ella con voz alegre, girándose hacia mi—, es una pena para todas esas chicas mestizas y nacidas muggle que pensaron que invertirías ese dinero en un futuro feliz a su lado. —Mi corazón late en mis oídos, preguntándome si ella sabrá lo cerca que está de la verdad—. Qué gran decepción para ellas.
Ella lee los artículos sobre mí en el periódico, es evidente. Y claro que lo hace pero, no es una simple ojeada superficial. Pienso en el artículo sobre la cita de anoche con Jeannette, el que ella tenía abierto sobre el mostrador.
—Pensé que, precisamente tú entre todas las personas, sabrías que no se debe creer una palabra de lo que escribe Skeeter —le sonrío, implorándole que me escuche. Que haga caso omiso de las Jeannettes y Jacquelines y Noelles y Katyas.
Hay una sonrisa tirando de sus labios, y su rostro se vuelve hacia mí, abierto y esperando. La observo sacudir la cabeza, como si acabara de despertar de un pequeño sueño.
Ella me sonríe. Como si fuéramos amigos. Y tal vez lo somos.
—Creo que hicimos un gran trabajo hoy, Malfoy —dice ella—. Una cita para almorzar de una hora y media junto a tu madre, y sin víctimas fatales. Yo diría que eso es progreso.
Una cita para almorzar. ¿Progreso hacia qué? Siento que mi piel se calienta ante las posibilidades.
Ella asiente y se gira para entrar. Pero yo necesito que ella sepa...
—Granger, sobre tus padres…
Las palabras la golpearon físicamente.
—¿Sí?
Quiero decirle. Quiero decirle lo inteligente que fue al prever lo que sucedería. Lo horrible que pudo haber sido. Lo jodidamente brillante que fue al haberlos escondido tan bien.
—Hiciste lo correcto.
—Gracias. —Ella está mirándome.
Debo despedirme. Pero necesito saber…
—¿Has… has vuelto a tu casa después de que finalizó la guerra?
—No, no desde que me fui.
Siento que el aire fresco vuelve a mi interior. Me siento tan agradecido de que no haya visto la pared. Que no haya visto la sangre.
—No lo hagas.
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Miércoles 24 de diciembre de 1997
No pude dormir la noche que Dumbledore murió, al igual que hoy. Ahora estoy acostado en mi cama, como aquella vez, mirando el techo y esperando.
Está nevando. Un poco de magia navideña.
Consulto mi reloj. Son las 5:00 a.m. Aún faltan doce horas.
Un suave golpe en mi puerta. Debe ser madre.
Me deslizo de entre mis sábanas y camino para abrir la puerta.
Me sorprende encontrar a Severus. Él me mira desde el umbral, enfundado en túnicas negras. No hace ningún movimiento para entrar, pero me observa. Lo siento empujar contra mis muros.
—Bien. Estás concentrado —me dice, y entra en mi habitación.
Cierro la puerta detrás de él y silencio la habitación, conjurando hechizos para hacernos saber si alguien se acerca.
Me giro para encararlo. Capto un atisbo de mis delgadas mejillas frente al espejo. Severus se detiene cerca de mi escritorio.
—Tu tía te llevó a las mazmorras ayer. ¿Tuviste que resistir más cruciatus?
—No —le digo—. Matamos ratas. Padre le pidió que me enseñara.
Él asiente.
—¿Y estuvo complacida con tu progreso?
—Sí. Fui capaz de matar a tres por mi cuenta.
—No es lo mismo, Draco.
—Sé que no lo es.
Sus ojos negros se clavan en los míos, tomándome por sorpresa. Pero aún así no encuentra grietas.
—Greyback se unirá a ellos —me dice. Él espera que yo reaccione.
No lo hago.
Greyback. Tendré que reajustar mi ataque.
Él se gira hacia mi escritorio y saca de su túnica un gran pergamino enrollado. Lo deja desenrollarse y coloca un pisapapeles sobre el borde curvado.
—Destruye esto cuando hayas terminado.
Yo asiento hacia él.
Él saca un pañuelo del bolsillo en su pecho y, en el centro, hay una canica. Con cuidado de no tocar el orbe, él me lo extiende.
—Esto los llevará a un molino abandonado en Cokeworth. Hay un hotel llamado Railview justo al sur. Puedes dejar a los muggles allí. Modifica sus recuerdos de ser necesario.
Yo asiento, tomo el pañuelo y el traslador y los coloco en mi mesa auxiliar.
—Solicita una audiencia con Remus Lupin si eres capturado por la Orden. Cuéntaselo todo —me dice. Yo lo miro sin comprender—. Y me refiero a todo, Draco.
Yo asiento.
Él me mira de arriba abajo, luego de vuelta a mis ojos vacíos.
—Es posible que ella no esté allí. Ella es muy brillante.
—Weasley está con su familia, ¿cierto? O eso es lo que nos han dicho los espías…
Severus levanta una ceja en acuerdo.
—Los Gryffindor son extremadamente sentimentales. Ya lo sabes. —Me alejo de él hacia el pergamino abierto sobre mi escritorio—. Y las probabilidades de que ella esté allí deben ser muy altas si Greyback nos acompañará.
Él me observa mientras yo echo un vistazo al pergamino, con los ojos arrastrándose sobre las líneas, tratando de descifrar el dibujo.
—Entiendes por qué no pude ofrecerme como voluntario. —No es una pregunta.
—Por supuesto, Severus. —Mis ojos encuentran una inscripción en la esquina del documento.
—Espero verte de vuelta en Hogwarts dentro de dos semanas. Si no, ya te veré al final de todo esto.
Yo me río entre dientes. "Al final de todo esto", lo que sea que eso signifique.
Siento que él me mira, hasta que se va.
Los planos de una pequeña casa de dos plantas me devuelven la mirada. Hay una pequeña entrada y una abertura a la izquierda hacia la sala de estar, una chimenea, una cocina al fondo, una escalera que conduce a dos dormitorios. Me inclino hacia adelante para examinarlos. Ninguno de los dos dormitorios es más grande que el otro. No hay suite principal. Uno de los dormitorios está más alejado de la calle, es más tranquilo, más cómodo para dormir, para leer. Probablemente sea el de los padres.
Pero en esa misma habitación trasera veo unas pequeñas marcas dentro del armario. Miro más detenidamente, intentando comprender su significado.
Estanterías. Estanterías empotradas.
Paso la siguiente hora memorizando la distancia que hay desde la puerta de entrada hasta las escaleras, desde la cocina hasta la puerta trasera, desde la habitación de enfrente hasta la habitación de atrás.
Quemo el pergamino. Le pido a Mippy que traiga mi té a las 6:00 de la mañana. Me niego a ver a mi madre.
Medito, y empujo hacia el frente los recuerdos nublados y retorcidos que Bella me hizo conjurar mientras apuntaba mi varita contra las ratas. Y me propongo planificar.
¿Greyback primero o Greyback al último?
Me visto con mi túnica negra, deslizando mis brazos en la tela.
Dolohov suele incapacitar antes de matar. Él se burlará primero. Él se mofará de mí. No será el primero.
Desenvuelvo la canica del pañuelo blanco, mirándola y observando cómo el cristal nublado propaga la luz.
Yaxley es eficiente. Matará en cuanto se de cuenta. No será el último.
Guardo la canica y el pañuelo, y tomo mi varita y mi máscara.
¿Greyback primero o Greyback al último?
Salgo de mi habitación, cierro la puerta y camino por el pasillo, ignorando la habitación contigua a la mía. Bajo las escaleras.
Greyback no es un experto en varitas. Se sorprende fácilmente y es lento para moverse. Pero si Yaxley va primero y después Dolohov, Greyback tendrá tiempo de reaccionar. Y si está muy cerca de cualquiera de los muggles, matarlo al final los pondrá en riesgo.
Me encuentro con sus rostros burlones en mi vestíbulo, y caminamos juntos a través de la nieve hasta la colina desde la que podemos desaparecer.
Pero si Greyback va primero, Yaxley actuará de inmediato.
Todavía estoy decidiendo el orden en el que debo matarlos cuando aparezco sobre el asfalto frente a una casa de dos pisos, con el rociador del vecino haciendo ruido a mi derecha.
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Domingo 17 de octubre de 1999
—¡Draco Lucius Malfoy, DESPIERTA!
La voz me saca de mi sueño. Todavía estoy abriendo los ojos cuando algo ligero me abofetea.
—¡Qué mierda es esto!
Algo golpea mi pecho.
—Maldita sea, ¿qué está pasando? —me quejo.
—¡Yo debería hacerte la misma pregunta!
Levanto la vista y Blaise Zabini está en mi cama, de pie sobre mí, golpeándome con un periódico.
—¡Qué mierda! ¡Quítate de encima!
—¿Llevas apenas dos meses fuera de Azkaban y ya te estás cogiendo a Hermione Granger?
Mis ojos se abren completamente. Un escalofrío recorre mi pecho.
—¿Qué? —pregunto con el corazón palpitante.
Él desdobla el periódico enrollado y empuja la portada contra mi cara.
EL DESVENTURADO ROMANCE ENTRE HERMIONE GRANGER Y DRACO MALFOY.
Por Rita Skeeter
—¿Pero qué mierda?
Me siento, arrebatándole el periódico y doblando las piernas para poner los pies en el suelo. Hay una fotografía. Le estoy sonriendo a ella. Y me veo completamente voraz.
—No, no, no, no —murmuro, escaneando las palabras que flotan frente a mí, encontrando frases como "ojos llenos de lujuria" y "mentas favoritas". Skeeter lo truqueó. Ella me engaño—. Esa perra...
—Entonces, ¿debo asumir que esto no es tu anuncio de compromiso? —dice Blaise a mi espalda.
—Esto no es... no es... —Respiro profundamente, sintiendo el aire espeso—. Se suponía que esto debía estar en las páginas de sociedad. Se suponía que era un almuerzo con mi madre. Buena publicidad para nosotros.
—Oh, pero ella sí almuerza allí con tu madre. Revisa la página siete.
Mis dedos tiemblan, rasgando el papel, y allí estoy, escoltándola al otro lado de la calle, con mi mano sobre su espalda mientras ella me mira con los ojos muy abiertos.
—¡Ella se estremeció! ¿Por qué esto no muestra que se estremeció? ¿Por qué me está mirando con ojitos de corderito, mierda…?
Veo la foto de nosotros tres en el patio de Fortescue. Ella está hablando con mi madre y yo la estoy devorando con los ojos.
—Oh, mierda. —Dejo caer la cabeza en mis manos—. Oh, esa perra viscosa.
—Entonces —comienza Blaise—, tú y Granger…
—No estamos juntos. —Yo salto de la cama y empiezo a caminar por la habitación—. Esto ha sido extremadamente exagerado. Era solamente un almuerzo con mi madre.
—Entonces, ¿cuál es el problema?
Yo lo miro. Él todavía está encima de mi cama, usando sus zapatos.
—¿Qué?
—Si sólo fue un almuerzo... —me dice—, si sólo fue publicado por la opinión pública, entonces yo diría que cumplió su cometido. Todo el mundo sabe que Skeeter es una sensacionalista.
Yo camino de nuevo.
—Estas fotografías son...
—¿Dos jóvenes coqueteando? —Blaise se rió—. No hay nada de malo con eso. Ya no está con Weasley, ¿verdad?
Ron Weasley es la menor de mis preocupaciones. Mi padre verá este periódico hoy. Probablemente ya lo haya hecho.
Miro a Blaise.
—¿Por qué estás aquí?
—¿Estás bromeando? —Él sonríe, y asiente hacia papel arrugado en mis manos—. Prácticamente te estás besuqueando con Granger en la portada de El Profeta. —Él sonríe y se recuesta sobre sus manos—. ¡Pensé que era hora de visitarte!
Yo miro hacia otro lado. Me paso la mano por el cabello mientras vuelvo a la primera página, observándola volverse y sonreírme.
—Entonces, ¿ustedes dos son amigos? —pregunta él, mirándonos a ambos en la portada.
Yo lo miro fijamente.
—No —le digo—. Estoy intentando distanciarme de ella.
—Sí, ¿y cómo te va con eso? —bromea, y veo como ella vuelve a girar sobre los escalones de Cornerstone. En la imagen, mis ojos hacen algo extraño, como fuego.
—Es amiga de mi madre. Han pasado tiempo juntas. —Aparto mis ojos de ella—. Pero ella y yo somos lo mismo que siempre hemos sido.
Él se ríe y remueve el periódico hasta que vuelve a abrirlo en la página siete.
—Sí, así es como yo observo a los hijos de mis nuevas amigas. —Él señala la foto de nosotros caminando, ella alzando los ojos para mirarme mientras yo la toco.
Yo cierro el periódico y lo empujo hacia él.
—No estamos… —Sacudo la cabeza, tratando de encontrar las palabras adecuadas—. Esto entre nosotros no va a suceder. —Siento las palabras hundiéndose en mi pecho hasta llegar al fondo de mi estómago.
—¿Ella está saliendo con alguien?
Yo miro hacia arriba, rodando los ojos.
—No…
—¿Ella es lesbiana?
Me tomo un momento para considerarlo.
—…No…
El periódico me golpea en la cara otra vez.
—¿Entonces qué mierda te pasa, Draco?
—¡Deja de pegarme! —Él me golpea de nuevo—. ¡Alto! ¡Ella no me quiere!
Él hace una pausa, con su brazo aún estirado, listo para golpearme de nuevo.
—¿Y lo has intentado al menos? ¿Has hecho algún tipo de esfuerzo?
Yo parpadeo hacia él. Esto no tiene sentido.
Él me mira fijamente y se encoge de hombros.
—De acuerdo —me dice—, ella no te quiere. —Conciso y directo. Abre el periódico con el que me ha estado golpeando y me empuja la portada a la cara. Yo lo miro mientras él nivela su mirada con la mía—. Eso no quiere decir que nunca lo hará…
Yo estrecho mis ojos sin dejar de mirarlo. Él se pone de pie, coloca una mano sobre mi hombro y me sonríe.
—Cualquiera puede ser seducido, Draco.
Siento las palabras flotar en mi piel. Él me entrega el papel y dice:
—Cree lo que tú quieras, es decir, yo no he estado cerca. Pero te apuesto lo que quieras a que ella ya está a medio camino…
Miro la fotografía donde nos giramos para sonreírnos el uno al otro. Observo la forma en que sus ojos casi parecen alegrarse al aterrizar en los míos.
Blaise me da una palmada en el hombro y me hace un lado al pasar.
—¿A dónde vas? —le pregunto.
—De vuelta a Italia. Ya voy treinta minutos tarde a una reunión. —Él me guiña un ojo y comienza a alejarse.
—¿Quieres un nuevo trabajo en enero? ¿Marketing y Relaciones Públicas?
Él se da vuelta, con una expresión engreída y condescendiente en su rostro.
—Draco, ya tengo las tarjetas de presentación preparadas. —Él me sonríe y desaparece tras la puerta.
Escucho sus pasos avanzando por el pasillo. Yo trago saliva. Veo nuestros rostros girándose el uno hacia el otro nuevamente. Observo cómo ella se burla respecto a las chicas que no podrán ser mis esposas, y cómo lo acepto. Y parece que podría haberla besado como despedida. Y ella podría habérmelo permitido.
Cualquiera puede ser seducido.
Giro las palabras alrededor de mi pecho hasta que me las creo.
