DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Hola chicas! aquí estamos una vez más! Hoy quiero agradecer particularmente a Mary Eagel Med por haberme ayudado a betear los capótulos hasta hoy. ¡Te voy a extrañar, María!

Espero seguir trayendo a todas ustedes un buen trabajo de traducción.

No entretengo más, disfruten el capítulo.

Este capítulo ha sido beteado por Mary Eagle Med

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Todo lo Incorrecto

Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8

Capítulo 10

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Jueves 2 de marzo de 1995

Le sonrío a la revista, leyéndola en el desayuno. No sé cómo es que ella se las arregló para hacer enojar a Rita Skeeter, pero Skeeter ha tomado represalias.

La señorita Granger, una muchacha nada agraciada pero sí muy ambiciosa, parece sentir debilidad por los magos famosos, debilidad que ni siquiera Harry Potter ha podido satisfacer por sí solo.

Pansy se ríe a mi lado. Me había deslizado la revista, esperando felizmente mi respuesta. Tracey Davis está intentando leerlo por sobre mi otro hombro.

—¡Aquí apareces, Pans! —chilla Tracey—. ¡La llamaste fea! —Tracey se ríe.

—Fea con ganas —corrige Pansy. Puedo sentirla mirándome, esperando alguna felicitación.

Mis ojos tartamudean sobre el fragmento que habla de que Krum la invitó a Bulgaria a pasar el verano. Aparto los ojos de la página y me giro hacia Pansy.

—Genial —le digo, y le guiño un ojo.

Ella me besa en los labios.

Todavía estoy tratando de acostumbrarme a esta extraña relación en la que Pansy me metió. Aparentemente, si yo consigo tener sexo con ella una vez por semana, ella tiene derecho a besarme en público.

—¿Potter ya lo ha visto? —pregunto.

Parece que todos en la mesa de Slytherin estiran el cuello para mirar por sobre la de Ravenclaw. El Trío Dorado está charlando alegremente. Weasley, atascándose de comida; Potter, leyendo una carta; y la Chica Dorada, consultando su libro de Pociones.

—¡Vamos a mostrárselo! —Pansy toma la revista.

—¡No tan rápido! —Me retracto—. Mejor en pociones. —Yo sonrío. Pansy se ríe.

Salimos del Gran Comedor como una manada de lobos. Pansy empuja la revista en la cara de Blaise, y él y Daphne leen mientras caminan. Crabbe y Goyle se arrastran detrás. Puedo escuchar a Goyle preguntarle a Crabbe por qué se supone que todos debemos estar felices.

Los esperamos fuera del aula de Snape. A medida que ellos se acercan, Pansy apenas puede tener bajo control su entusiasmo -bastante irritante en realidad- y le arroja la revista a Granger.

Antes de que puedan leerlo, Snape nos hace pasar. Estamos girando sobre nuestros asientos para verlos leer.

Estoy esperando ver su rostro cambiar. Estoy esperando que ella se sonroje de vergüenza y Potter refunfuñe. Skeeter expuso públicamente detalles de su vida personal, posiblemente arruinando su futura felicidad, y estoy aturdido. Tal vez Potter verá qué clase de escoria es y la abandonará.

—No puedo esperar por ver cómo le afecta esto a Weasley —se burla Pansy.

Ella está sentada justo a mi derecha, y yo aparto los ojos del ceño fruncido de Granger para mirarla.

—¿Weasley?

—¡Sí! —susurra ella—. ¡Quiero ver si él se cree algo de lo que dice! ¡Quiero ver si se pelean!

Yo parpadeo hacia ella.

—¿Creerse qué?

—¡Lo de ella y Potter! Oh, sería tan lindo si, gracias a esto, los tres dejan de hablarse —sisea—. Él ya está tan deshecho por lo de ella con Krum.

Miro a los tres en la fila de atrás. Weasley tiene el ceño fruncido, las orejas poniéndose rojas.

Mi cerebro está girando.

—¿Qué quieres decir? ¿Respecto a Weasley?

Mis ojos se clavan en ella cuando se da la vuelta para mirarme. Ella habla despacio.

—Weasley y Granger están completamente obsesionados el uno con el otro.

Siento que un pedazo de mí se rompe. Quizás sea una costilla. Tal vez es un pedazo de mi cráneo, que se abre para permitir que la información se vierta dentro de mí.

—Te refieres a Potter. Ella es la sangre sucia de Potter. —Mi voz es plana, sin vida.

Pansy se ríe.

—Los chicos pueden ser tan cerrados algunas veces. —Ella mira hacia atrás para ver nuevamente al Trío Dorado antes de inclinarse hacia mí—. Potter y la sangre sucia son amigos. No hay nada entre ellos. Es a Weasley a quien tiene en la mira. Quiero decir, creo que los Weasley son realmente peores que los muggles, pero la idea de ella intentando diluir su sangre pura con su asquerosa...

La diatriba de Pansy se apodera de mí cuando miro a los tres, palabras y frases saltando.

—…siempre peleando…

Observo mientras él señala el artículo y ella pone los ojos en blanco.

—...tan celosos todo el tiempo...

Weasley le hace una pregunta y ella se sonroja. Él comienza a moler distraídamente sobre su mortero, esperando su respuesta.

—...probablemente se tienen ganas desde hace años.

Observo la forma en que él se inclina hacia ella. Más cerca de lo que Potter se pone. Ella lo mira y desvía los ojos, con las pestañas revoloteando y el rubor subiendo por su cuello.

Severus interrumpe a todos. Quita diez puntos a Gryffindor por leer una revista en clase. Luego empieza a leer el artículo en voz alta.

Me rio en todos los momentos correctos. Me burlo de la mesa de atrás.

Pero estoy viendo que la vergüenza de Potter no es por él mismo, incluso cuando Severus lee chismes sobre su vida amorosa. Se siente avergonzado por su amigo.

Observo a Weasley. Él esta hirviendo.

Todavía estoy tratando de comprender cómo se me escapó esto.

Siempre pensé que era Potter. Potter, con sus habilidades para el quidditch y su increíble suerte. Potter, el favorito de Dumbledore y de todos los malditos maestros de esta escuela. Potter, quien la lleva a sus aventuras y necesita de su intelecto, y quien le permitió entrar a su Trío Dorado.

Severus los separa. Ella ha sido desterrada a un asiento al otro lado de Pansy, para el deleite de ésta. Potter se sienta al frente.

Echo un vistazo al fondo de la habitación nuevamente, donde encuentro al pelirrojo mirándola, con cara larga.

Pansy se gira hacia mí, riéndose de algo que acaba de decirle a Granger, esperando que yo haya escuchado y lo apruebe. Yo aparto los ojos de la fila de atrás y le sonrío.

Krum era una parodia, pero una aceptable.

Potter… podía vivir con eso.

¿Pero un Weasley?

Parpadeo hacia la pizarra, escribiendo los ingredientes, con la mano de Pansy sobre mi rodilla.

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Jueves 28 de octubre de 1999

Ella ha estado tratando de ignorarme esta semana. En los ascensores. En la cafetería.

Cuando Potter aparece el martes, buscando sus malditos croissants, arrastrándola tras él, ella no puede verme a los ojos.

Estoy intentando averiguar si ella se siente incómoda con nuestro... "coqueteo" del sábado, o si es otra cosa. Quizás el proyecto de Gringotts.

Pero cuando el jueves me encuentro con Mathilda Grimblehawk en un ascensor que sube lentamente, yo aprovecho la oportunidad.

—Escuché que Granger tiene algunas ideas excelentes para Gringotts —le digo después de intercambiar saludos.

—Sí, sí. Ella es bastante progresista, ¿no es cierto? —dice Mathilda mientras hojea la pila de documentos que sostiene con su barbilla mientras busca algo. Yo sostengo la pila mientras ésta se inclina peligrosamente hacia un lado—. Gracias, Malfoy. Pero sí, mañana lo revisaré con ella. —Ella saca una carpeta de la pila y la mira con curiosidad—. Debemos llegar a un acuerdo que complazca a los duendes.

La observo mientras sus ojos escanean la carpeta. Para un ojo inexperto, ella no ha revelado nada. Pero es claro que la propuesta de Granger no procederá.

—Espero que se pueda llegar a ese acuerdo —le digo, sonriendo—. Mi familia tiene una larga historia con dragones. Aunque a mi me llamaron así por una constelación, claro.

Mathilda me mira, casi viéndome por primera vez. Parece que solo tuvo tiempo de aplicarse máscara de pestañas por uno de sus ojos, y no en ambos.

—Por supuesto. ¡Lo asumí! —Ella me sonríe. Yo le sonrío de la misma forma con la que conseguí la gracia de Skeeter unas semanas atrás.

—Mi madre también está muy interesada en el proyecto. Granger lo discutió con ella y llamó su atención. Y madre siempre está buscando proyectos en los que pueda invertir...

Era como si Mathilda tuviera galeones en sus ojos.

—Es muy amable de su parte. Tu madre siempre ha sido muy filantrópica, ¿no?

Yo asiento. Puedo notar que Mathilda ha dejado de hojear su carpeta y me está prestando toda su atención mientras el elevador se dirige hacia su piso.

—Bueno —continúa ella—, haremos todo lo que esté en nuestras manos para evitar que los dragones sean dañados. Pero Gringotts no cederá en algunas cosas. Ellos quieren una bestia.

Llegamos a su piso. La ayudo a reunir sus documentos en una pila manejable y me despido.

Una bestia.

Voy directamente a casa después del trabajo. Planeaba ir al campo, volar, practicar algunos de los ejercicios que Potter jugará el domingo. Pero atravieso las chimeneas de la Mansión y me dirijo a la biblioteca. Llevo allá mi cena, y a madre no le importa.

Hay algo con la palabra "bestia" que cuelga en mi mente.

Llevo diez minutos buscando entre los estantes mi copia de Animales Fantásticos antes de darme cuenta que ella la tiene. La tomó prestada. Probablemente ella tenga la respuesta justo frente a sus narices.

Frunzo el ceño ante los libros frente a mí. Hay un libro sobre duendes del siglo XVI que me guiña un ojo. Lo jalo y hojeo algunos capítulos.

Estoy sentado entre las estanterías y he revisado doscientas páginas cuando al fin lo encuentro.

Pruebas sustanciales han demostrado el odio y aversión entre las quimeras y los duendes, siendo menester para las quimeras evitar por completo a los duendes.

Dejo caer el libro y me pongo de pie, dando vuelta en las esquinas en busca de las fábulas y las ficciones.

Tres horas más tarde tengo fuentes de cinco textos diferentes, todos afirmando que las quimeras sólo se doblegan ante los duendes. Estoy ansioso por armar un informe y citar estos libros antes de caer en cuenta que ese es el trabajo de Granger. Y entregarle una propuesta hoy antes de que ella se reúna con Mathilda sólo agravará las cosas.

No, este tiene que ser su proyecto.

Le escribo una nota a Morty, preguntándole si en Cornerstone tienen el cuento de hadas que leí y, de ser así, si podía dejármelo reservado para mañana, cuando madre entra a la biblioteca.

Debe ser tarde. ¿Por qué está aún despierta?

—¿Quieres desayunar? —pregunta ella.

Giro la cabeza para mirar el reloj de pedestal en la esquina. Ya son las 5:00 a.m.

La miro sorprendido.

—Sí, gracias.

Ella me está frunciendo el ceño, sosteniendo un periódico entre los dedos.

Ella golpea la mesita lateral con el periódico.

—Te dije que no te metieras con esa chica búlgara. —Ella sale de la habitación.

Me acerco a El Profeta lentamente, con la mente corriendo a través de todas las posibles cosas que podrían haber hecho enojar a mi madre.

Lo dejó abierto en las páginas de la sociedad, y volteo al periódico, encontrándome con una fotografía de Granger con un tipo de pelo rubio.

¡Y Hermione Granger parece haberse recuperado de la herida infringida por Draco Malfoy y su actitud de mujeriego! Fue vista anoche en el Grifo Galopante, bebiendo cerveza de mantequilla con Rolf Scamander, nieto del activista de criaturas mágicas Newt Scamander. Los dos charlaron durante tres horas, en lo que parece la primera de muchas prometedoras citas entre ambos activistas.

No puedo dejar de ver la imagen en movimiento. Ella agita las manos y le cuenta una historia. Él la hace reír, y luego continúa mirándola fijamente.

Bajo el periódico y me paso la mano por el rostro. El agotamiento finalmente me golpea. Miro la nota que estoy a punto de enviarle a Morty.

Mientras yo estuve esclavizado en mi biblioteca, llenando los huecos que tenía su proyecto de dragones, ella estuvo en una cita.

Por al menos tres horas. Tal vez ella aún sigue en esa cita.

Tal vez ella se está despertando en este momento, silenciando su alarma y dándose vuelta entre los brazos de él, preguntándole si le gustaría desayunar.

No. Fue una primera cita. Ella no podría...

La foto de ambos me observa desde la mesa auxiliar. Ella ríe.

Yo trago saliva y salgo a buscar a mi lechuza.

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Sábado 30 de octubre de 1999

Precisamente a las 5:30 de la tarde abro la puerta de Cornerstone, silbando una vieja melodía.

Y ella prácticamente me gruñe.

Oh, excelente.

—Draco, sólo porque Skeeter escribe que me visitas en Cornerstone cada sábado, no significa que tengas que hacerlo.

Ella toma la bolsa que Morty me dejó reservada ayer y la estrella contra el mostrador. Parece que ha estado esperando todo el día para golpear algo. O a alguien.

—Por qué te ves realmente salvaje hoy, Granger. ¿Algo nuevo en tu cabello? —le disparo de vuelta, observando sus rizos recogidos en una coleta suelta.

Ella no dice nada al respecto.

—¿Necesitará que envuelva este regalo, señor?

—Naturalmente. —Ella se da vuelta para sacar la libreta contable. Yo voy directo al grano—. ¿Tu junta con Mathilda no salió como planeabas, verdad?

Ella deja de pasar las páginas de su libreta.

—¿Cómo lo sabes? —Ella me mira, como si se preguntara si ha sido por mí que su propuesta no fue aprobada. Oh, si tan solo ella supiera.

—Escucho cosas —le digo, sonriendo.

—Ella piensa que los duendes no se comprometerán, que quieren una bestia —se queja, sacando el libro de la bolsa.

—Qué mal. Ya pensarás en algo más —le digo, como si hubiera estado cronometrado.

Ella ve el libro, y una sonrisa maliciosa tira de sus labios. Sus ojos se dirigen a los míos, listos para una batalla.

—¿Tu chica no puede manejar una novela de ficción? —dice ella, y yo la miro alegremente mientras ella se cree que está ganando el juego—. También podríamos envolver un diccionario para ella.

Sus ojos están muy abiertos y alegres. Yo me inclino hacia adelante, relajándome en el mostrador, listo para pasar los siguientes cinco minutos bromeando con ella mientras ella envuelve el libro.

—No, no. Si ella aprende palabras grandes, tendremos que empezar a comunicarnos más.

—Por supuesto —ella asiente en acuerdo, y se gira, rodando los ojos. Toma el papel de regalo y las tijeras—. Si le gusta éste, yo recomendaría: A para Acromántula, B para Bludger, C para Centauro. Es un best seller en ese nivel de lectura.

Ella cree que está siendo graciosa. Ella piensa que me está derrotando.

—Comenzaste a llamarme Draco —canturreo.

Sus dedos se congelan a medio doblez. Ella me mira, como si la hubiera pillado haciendo trampa en sus TIMO. Parte de su cabello está cayendo sobre sus ojos y yo quiero empujarlo hacia atrás por ella. Me pregunto qué haría si lo hiciera.

Ella se acomoda el cabello detrás de la oreja y se aclara la garganta.

—Bueno, creo que… tu madre te llama Draco, así que…

—Sí, no he podido evitar que siga haciéndolo.

La veo sonreír hacia el periódico y mi pecho se entibia. No es como cuando solía reírse con Potter. Es más tranquilo, como si quisiera guardarse el momento sólo para ella.

La veo envolver el libro. Es una estupidez infantil, pero voy a hacer que los envuelva. Y que le ponga un buen moño.

Puedo sentir el latido de mi corazón en la punta de mis dedos, emocionado por descubrir qué hará cuando se de cuenta de lo que he descubierto. Casi me tiemblan las manos, así que giro mi anillo alrededor de mi dedo. Ella está marcando un doblez sobre el papel de regalo naranja. Sus dedos se mueven rápidamente. Y pienso en lo fuertes que deben de ser. Después de años de hacer las cosas de forma muggle, y continuar haciéndolas por costumbre y, tal vez, sus manos tengan pequeñas cicatrices o callosidades. Me pregunto cómo se sentirán sus dedos sobre mi piel.

Y soy proyectado fuera de mis serpenteantes pensamientos por la imagen de sus fuertes dedos sobre el cabello color arena del chico Scamander.

—No he tenido oportunidad de conocer a Rolf Scamander, pero escuché que es un tipo fascinante.

Deseo no haberlo dicho en cuanto ha salido de mi boca.

Ella me mira y sus manos fuertes hacen temblar la envoltura. Ella abre la boca y la cierra.

—Yo… Sí, es decir, tampoco lo conocía antes, —sus ojos se vuelven hacia la envoltura—. Es muy abierto para discutir el legado de su abuelo, así que lo encuentro… mmm, fascinante en realidad.

Ella está nerviosa. Tal vez intenta esconder algo. Tal vez se vergüenza de haber permitido que Scamander se la llevara a casa en su primera cita, algo así como: "nunca hago estas cosas, en verdad, Rolf", y después de examinar su colección de libros y tomarse otra copa de vino, permitió que él la desnudara...

Ella se sonroja. Yo me reenfoco en mi plan.

Ella envolverá el regalo con un listón. Yo le pediré que lo vuelva a hacer, ya que este regalo es muy especial para mí. Ella pondrá los ojos en blanco.

Y luego yo le preguntaré si no le importaría escribir la tarjeta por mi, ya que su caligrafía es mucho mejor que la mía. Ella gruñirá y me siseará y yo la veré hacer pucheros mientras piensa para qué chica será. Pero yo la haré escribir una nota respecto al capítulo sobre Quimeras. Y si no lo descubre aún, entonces le pediré que se lo dirija a ella misma directamente.

Y cuando ella me mire con asombro y confusión, le sonreiré, levantaré una ceja y saldré, dejándola con su perfectamente envuelto regalo.

Tal vez ella caiga en cuenta, recuerde la fábula sobre quimeras y venga corriendo rodeando el mostrador...

La puerta detrás de mí hace ruido. Yo suspiro. Estoy pensando en hechizar a quien quiera que sea cuando escucho:

—Buenas tardes.

Necesito inventar una excusa para quedarme. Caminar un rato por los estantes hasta que este cliente se haya ido. Miro detrás de ella y no veo ningún otro libro en reserva. ¿Quién es este idiota?

—Ron, hola.

Todos los músculos de mi cuerpo se congelan. Mis ojos se dirigen a ella para asegurarme de que sólo está bromeando. No lo hace.

Me enderezo y giro la cabeza para encontrar a Weasley sobre la alfombra de bienvenida. Su mano todavía está en la puerta, como si aún no estuviera seguro de querer entrar por completo al lugar. Él alterna la vista entre ella y yo. Y sus ojos se fijan en mí.

Siento que mi cuerpo vuelve a zumbar, borracho de testosterona. Le sonrío, y vuelvo a mi posición cómoda, justo donde estaba antes de que él interrumpiera tan groseramente.

—Bueno, quién iba a decirlo. llega el periódico a Irlanda.

Ella baja lentamente el trabajo que estaba haciendo con el papel de regalo y rodea el mostrador. Mis ojos la siguen mientras ella se acerca a él. Sus ojos todavía están sobre mí. Yo le sonrío.

Ellos se abrazan, intercambian bromas. Y aún estoy aquí parado. Más bien reclinado. Ya que este lugar es una librería y yo estoy comprando un libro, realmente no hay razón para que me tenga que ir.

Ella trata de alejarse de él y él la abraza, sus ojos se deslizan hacia mí.

Así que él lo sabe.

Me pregunto si fueron las fotografías las que lo hicieron saber.

O simplemente es mi presencia aquí, consolidando todos los pensamientos salvajes que cruzaron por su mente durante las últimas semanas.

Finalmente, ella logra escapar de él, volviendo alrededor del mostrador. Él me mira.

—Malfoy.

—Weasley —le digo. Y me aseguro de parecer lo más cómodo posible—. Excelente juego el de la semana pasada.

No puedo evitarlo. Él me frunce el ceño, las orejas se ponen rojas.

—¿Así que estarás aquí en la mañana para el juego de quidditch? —pregunta ella, mientras sus dedos se mueven rápidamente sobre la envoltura. Me pregunto si aún será prudente molestarla respecto a la envoltura y moño perfectos—. Puedes sentarte conmigo y con Katie Bell.

Weasley todavía me está mirando cuando dice:

—No, en realidad. Acabo de hablar con Harry y el señor Acorn. —Sus labios se tuercen en una mueca que debe ser su forma de expresar "presunción"—. Parece que el buscador de Transporte Mágico se enfermó hoy, y en lugar de cancelar el evento, Acorn me pidió que relevara al buscador mañana.

Yo le enseño lo que es realmente "presunción". Le devuelvo la sonrisa diez veces.

Él es un pésimo guardián, y planeo reforzar ese rasgo suyo mañana.

—Oh, maravilloso.

Oh, Granger todavía sigue aquí.

—Sí, maravilloso —repito—. Es agradable saber que dejan entrar a cualquiera… cuando tienen una necesidad así.

Ron frunció el ceño.

—Así es, evidentemente. —Él asiente en mi dirección.

Yo le sonrío. Ha mejorado en esto desde Hogwarts.

Ella arranca el listón negro del carrete, atrayendo nuestra atención hacia ella mientras se esfuerza por terminar la envoltura.

No podré dárselo aquí. Frunzo el ceño cuando Weasley se acerca al mostrador.

—¿Comprando un regalo de Halloween para alguien? —pregunta él, como si fuera algo para burlarse.

Ella jala la cinta con sus fuertes dedos y gira el libro.

—Sí —le digo—. Para alguien muy especial para mí.

Lo miro, listo para contarle más sobre lo importante que es para mi la destinataria de este libro, tal vez dejando caer algunos detalles sobre sus fuertes manos y sus caderas bien formadas.

Granger resopla.

Ambos nos giramos a mirarla.

Ella se sonroja y termina rápidamente con el moño, dejando caer el regalo dentro de una bolsa de Cornerstone.

—Aquí tienes. Gracias.

Sus ojos me ruegan que me marche, pero no será tan rápido, Granger.

—No, gracias a ti, Granger. —Le sonrío, con el mismo encanto que uso con Skeeter, Mathilda, Jeannette y Jacqueline. Ella me parpadea. Me giro hacia Weasley, dejando que esa sonrisa se desvanezca lentamente—. Te veré mañana en el campo, Weasley.

—No puedo esperar, Malfoy.

Y realmente, es su culpa por intentar tener la última palabra.

Tomo la bolsa que ella me ofrece y me estiro para alcanzar una de las mentas -La señorita Granger descubrió que los copos de menta son las mentas favoritas del señor Malfoy para después de la cena, y comenzó a llenar el mostrador de Cornerstone con ellas-, y la giro entre mis dedos.

—Hasta mañana —canturreo.

Hago crujir la menta entre mis labios, sin atreverme a mirar hacia atrás.

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Lunes 2 de septiembre de 1996

El aroma de su cabello hoy es abrumador. Ella debe haberle hecho algo.

O tal vez es que no he estado cerca de ella durante dos meses, y su aroma se había desvanecido de mi mente.

Es el primer día de clases, y ella ya está rebotando sobre sus talones, rogándole a Slughorn que le otorgue puntos a su casa por haber leído por anticipado.

Y por mucho que me haya preparado para hoy, por mucho que haya meditado y cerrado mi mente y esté enfocado en mi tarea de este año, aún no puedo apartar la vista de ella.

—Es poción multijugos, señor. —Ella identifica correctamente el caldero hirviendo frente a ella. Sus ojos se iluminan cuando Slughorn está de acuerdo.

He tratado de no pensar en ella desde que recibí mi tarea. Severus está satisfecho con mi progreso, con mi capacidad de separarla de mi misión. Pero eso fue en la mansión, antes de que la escuela comenzara. Antes de que volviera a compartir clases con ella, y antes de que su aroma sofocara las habitaciones en las que estaba.

—¡Es Amortentia!

Volteo hacia el sonido de su alegre voz. Ella está frente a un caldero, a tan solo cinco pasos de mí. La sangre se escurre del rostro mientras la veo recitar junto al profesor la información sobre la poción de amor.

La poción de amor que ha estado irradiando el aroma de su cabello hacia mí.

Ella está resplandeciente, relamiéndose ante la atención de Slughorn. Siempre es agradable verla en clase, cuando irradia orgullo y derrama conocimiento, y no es consciente de las miradas que tiene encima.

— …y se supone que para cada uno tiene un olor diferente, según lo que nos atraiga. Yo huelo a césped recién cortado y a pergamino nuevo y a…

Ella deja de hablar, sonrojada. Probablemente a punto de decir algo estúpido sobre el olor de los pies de Weasley o las axilas de Potter. O el aliento matutino de Gilderoy Lockhart.

O, más probablemente, algo similar a la loción de Weasley. Aprieto la mandíbula y giro los ojos para encontrarlo, para comprobar si le ha crecido el cerebro durante el verano. Si también él estará oliendo su cabello por toda la habitación.

Encuentro una cabeza pelirroja al otro lado de la habitación, justo frente a mí, con Granger en medio de ambos. Qué poético.

Levanto la mirada para ver si él la escuchó trastabillar, casi haciendo una confesión.

Él me está mirando con los ojos entrecerrados. Con los brazos cruzados sobre el pecho, voltea hacia ella una vez y luego vuelve a mí.

Yo le frunzo el ceño. Luego me volteo, preguntándome qué estaría haciendo con mi cara mientras ella respondía las preguntas y se sonrojaba al tiempo que describía las cualidades de una poción de amor.

Resuelvo visitar la oficina de Severus esta noche. No estoy preparado para el principio del ciclo escolar.

Me las ingenio para hacer un comentario a Theo a mi lado cuando Slughorn le pregunta si está relacionada con Hector Dagworth-Granger, burlándome de su sangre sucia.

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Domingo, 31 de octubre 1999

No he sabido nada de ella.

Pensé que, a estas alturas, ya habría sabido algo de ella.

Me pongo la camiseta y empaco la ropa que usaré después del partido.

Tal vez ella haya tirado mi regalo. Tal vez lo vio y se puso tan furiosa que ni siquiera le echó una ojeada a la tarjeta.

Me rocío mi colonia, me aplico mi filtro solar y alboroto mi cabello.

Tal vez ella y Weasley aún están riéndose de mí.

Tomo mi capa y bajo las escaleras.

Tal vez ella no ha tenido la oportunidad de abrirlo. Tal vez ella y Weasley han estado enredados el uno con el otro toda la noche.

Tomo la escoba que Mippy me ofrece y me salgo por la puerta principal, cruzando los jardines y las puertas principales. Camino veinte metros más y siento que los encantamientos anti-aparición se disuelven. Desaparezco.

Soy el primero en llegar al campo. Consulto mi reloj. Son las 6:30 a.m.

Tal vez he estado emocionado de más.

Dejo caer mi bolso, me quito la capa y salto sobre mi escoba, usando sólo mi camisa delgada. El viento frío me escoce, pero aprovecho el tiempo para calentar, para practicar movimientos complejos y poner a trabajar mis músculos, para practicar jugadas de quidditch que no he necesitado desde que fui buscador.

Practico mi versión del Amago de Wronski, algo que he intentado ejecutar durante años desde que vi a Viktor Krum hacerlo en la Copa Mundial de Quidditch cuando tenía catorce años. Potter también se volvió bastante bueno haciéndolo con los años, no es que alguna vez pretenda decírselo, pero yo nunca tuve las bolas para intentar este movimiento en un partido real. Si no podía lograrlo y terminaba estrellándome contra el piso frente a todos en la escuela… bueno, no valía la pena.

Me aviento en picada hasta llegar tan cerca del piso como me atrevo, no tan abajo como Krum, y asciendo bruscamente, con mis rodillas rozando el pasto.

Escucho un estallido.

Miro hacia abajo y algunos jugadores de Transportación Mágica acaban de llegar. Veo una cabeza pelirroja entre ellos.

Comienzo mi enfriamiento, haciendo círculos simples alrededor del campo, mientras observo como algunos de los jugadores de Transportación Mágica saltan sobre sus escobas. Unos cinco minutos más tarde, Weasley, Potter y la chica Weasley ya están en el borde del campo, cerca de mi bolsa. Yo desciendo y camino hacia ellos. Ginny está estirando, mientras Potter se prepara para montar su escoba y empezar su calentamiento. Echo un vistazo a las gradas y veo a Granger caminando, tratando de encontrar un asiento.

—Las túnicas están en los vestidores, Malfoy —dice Potter mientras despega.

Agarro mi bolso y mi capa, notando que mientras su hermana hace estiramientos, sentadillas y corre en su sitio, Wesley simplemente está de pie allí, observando el campo.

Me pregunto si va a molestarse siquiera en calentarse, o si eso está por debajo de un jugador profesional de quidditch como él.

Me dirijo a las cabañas y escucho:

—Buen vuelo, Malfoy. —Miro hacia atrás. Weasley está inspeccionando el campo, con los brazos cruzados—. Ciertamente has mantenido el ritmo. No sabía que tenían un campo de quidditch en Azkaban.

Siento que mi sangre, ya caliente, comienza a hervir. Le estrecho los ojos. Veo a Ginny Weasley detenerse a medio sentar y voltear a mirar a su hermano. Ella abre la boca para intervenir, pero yo puedo manejar esto solo, gracias.

—No lo tienen —le digo con calma, observando la sonrisa de satisfacción de Weasley mientras mantiene la vista en el campo—. Me alegra volver a jugar. Realmente no puedo agradecerle lo suficiente a Granger por sacarme de allí.

Su ojo se contrae.

Me volteo para dirigirme a los vestidores, observando de reojo las cejas de Ginny Weasley alzándose.

Cuarenta y cinco minutos después y ya todos tenemos puestos nuestros uniformes. Potter nos está dando la charla previa, pero yo estoy concentrado en nivelar mi respiración. Goldstein dice que Skeeter está ahí afuera. Hay una gran multitud.

No estoy nervioso por la prensa ni el estadio. Sólo deseo con desesperación anotarle uno a Weasley. Sólo uno. Tal vez el fotógrafo de Skeeter pueda captar el momento, y yo le pediré a la oficina el original para en marcarlo y colgarlo al lado de mi cama.

—Y no dejen que la multitud los afecte —nos dice Potter—. Simplemente mantengan las jugadas como siempre las hemos hecho. Ron es un gran guardián, un jugador profesional, pero tiene sus debilidades, al igual que todos nosotros.

—Él puede ser un bravucón arrogante —dice Ginny. Algunos se ríen.

—Y favorece el aro central y el derecho —le digo.

Todo se queda en silencio, y veo a Potter mirándome.

—¿En serio? —Las cejas de Ginny se juntan.

Yo asiento. Potter parece estar considerando la nueva información.

Justo entonces nuestro árbitro entra.

—¿Todos listos?

Es Oliver Wood. Mi reacción inmediata es el desdén. Un árbitro Gryffindor para favorecer a los jugadores de Gryffindor.

Me toma un momento darme cuenta que yo soy uno de esos jugadores de Gryffindor, vestido de rojo y todo.

—Está bien —dice Potter, mientras Wood se va—. ¡Espero una ventaja de cincuenta puntos para el medio tiempo, y una ventaja de ochenta puntos para el silbatazo final!

El equipo aplaude. Yo concentro mi energía en volver a atar mis agujetas.

A las ocho en punto salimos disparados de los vestidores. La multitud es grande. No he volado frente a una multitud así desde Hogwarts. Mantengo mis ojos apartados del sitio donde antes vi a Granger eligiendo asientos.

Hacemos un círculo en el aire alrededor de Wood. Él bromea acerca de cuán orgullosa estaría Madame Hooch de todos nosotros jugando de nuevo en el mismo campo. Once en sus escobas ríen. Me parece que mis guantes necesitan un ajuste.

Estoy enfocando mi mente, intentando deshacerme de cualquier pensamiento errante que no trate sobre mi escoba, el viento o los aros.

Me pregunto si anoche ellos durmieron juntos. ¿Tan pronto después de Rolf Scamander?

Lo aparto, como tierra debajo de una alfombra.

Miro a Weasley y lo encuentro saludando a alguien entre la multitud. No necesito voltear para saber que ella le está devolviendo el saludo.

Los guardianes se marchan a sus postes, los golpeadores a sus puestos, Wood arroja la quaffle, y empezamos. Transportación Mágica toma primero el control de la quaffle, de acuerdo a la estrategia de Potter, y yo comienzo a seguir a una mujer de piel morena por el campo, dándole espacio para estar libre.

Nuestro guardián es bastante bueno. Bloquea fácilmente el primer disparo, bajado en picada para tomar la quaffle para luego arrojársela a Ginny Weasley. Ella esquiva una bludger y vuela bajo, arrojando a ciegas la quaffle hacia arriba, y ahí está Potter para atraparla. Los buscadores están tratando de reajustarse, con ella volando bajo, y yo me dirijo hacia los aros como respaldo. Potter se desvía, apuntando hacia el aro izquierdo, y veo a Weasley lanzarse en la dirección equivocada antes de tambalearse hacia atrás y librar apenas el tiro.

Weasley le envía a Potter una burla juguetona mientras Potter pone los ojos en blanco, sonriendo. Potter se vuelve hacia mí al tiempo que regresamos al campo. Él me asiente, comprobando de primera mano que Weasley favorece el aro derecho. Yo levanto una ceja y me alejo.

Diez minutos más tarde, estoy cruzando el campo con la quaffle. Estoy a tres segundos de los aros, y Weasley está preparado, tenso, con los brazos en el aire. La buscadora de Transportación Mágica me persigue y la veo hacerse para atrás.

Lo que significa que una bludger viene a alcanzarme. Miro a Weasley, preguntándome si podré lograrlo. Él sonríe.

—¡ESTOY LIBRE! —escucho sobre el viento, y arrojo la quaffle en la dirección en que escuché la voz de Ginny Weasley, y luego me dejo caer. La bludger roza mi oído.

No lo habría logrado. La bludger me habría arrancado la cabeza.

Levanto la vista para ver la quaffle avanzando hacia el aro –el izquierdo nuevamente-, mientras él se lanza para tratar de detenerla.

Sonrío, mientras la multitud vitorea. La bludger rebota hacia mí y yo me desvío, escuchando alegremente mientras los hermanos Weasley se atacan verbalmente.

La quaffle es arrojada, y yo la intercepto. Mis otros dos cazadores ya están en posición de defensa, así que me lanzo hacia los aros, a medio campo de distancia. Oigo a la multitud murmurar y el bateo de un golpeador contra una pelota. Vengo desde la izquierda, lanzando la quaffle en curva hacia el aro central. Weasley casi la deja pasar. Las puntas de sus dedos la aferran temblorosamente.

Él me sonríe y yo me giro antes de perder mi concentración. El partido reinicia. Jugadores se colocan en posición.

Transportación Mágica nos esquiva algunas veces, pero nuestro guardián los detiene. Vamos diez a cero y ya llevamos veinte minutos de juego.

Cada vez que Potter se acerca a los aros y no anota, Weasley le grita algo petulante. Está empezando a irritarlo, estoy seguro. Sin embargo, él encaja el golpe.

Uno de los golpeadores de Transportación Mágica me envía una. Me sigue tan de cerca como un buscador, siempre lanzándome bludgers. Su puntería también es buena. Estuvo cuatro o cinco años por delante de nosotros en Hogwarts. Es un Slytherin, de hecho.

Potter pide una jugada que hemos estado practicando. Los tres correremos por el campo al mismo ritmo, lanzando la quaffle de un lado a otro, intentando engañar al guardián y a la defensa.

Justo antes de que me devuelvan la quaffle, me giro hacia el golpeador que ha estado tras de mí.

Me pregunto si esto valdrá la pena ...

—¡Hey, Williams!

Él me mira furioso.

—Ahora sé por qué Flint no te mantuvo en el equipo. Tu puntería es una mierda.

Él me mira entrecerrando los ojos cuando suena el silbato. Me retiro, al centro de nuestra formación de buscadores. Potter hace un pase a Ginny Weasley por encima de mi, Weasley esquiva a una buscadora y me lanza un pase.

Veo a su hermano en los aros, mirándonos, esperando a ver si nos persiguen buscadores o bludgers. Esperando para ver quién tendrá la quaffle una vez que estemos a buena distancia.

Vuelvo a lanzarle a Ginny Weasley, ella me la devuelve rápidamente y yo le hago un pase a Potter en el último minuto.

Escucho un silbido tras mi cabeza.

La bludger de Williams.

Potter tira al aro correcto, Weasley la golpea, y yo me clavo, volteándome a tiempo para ver la bludger que apuntaron a mi cabeza fallarle a Ron Weasley por muy poco, golpeando los aros y haciendo que la madera se astille, dispersándose por todas partes.

Maldición. Eso estuvo cerca. Buen tiro, Williams.

Suena el silbato de Wood. Miro hacia la multitud y encuentro la mitad del estadio en pie.

La encuentro a ella de inmediato. Sentada con Katie Bell, con la boca abierta.

Me pregunto si ella estará preocupada por él.

Bajo hacia el pasto para tomar agua donde las alegres chicas que manejan la fuente, repartiendo vasos de papel.

—Casi no la cuentas.

Me giro, con un vaso de papel en los labios, y encuentro a Weasley. Sus ojos son duros mientras toma un vaso sin mirar a las chicas.

—Sí, una lástima lo del aro. —Levanto la vista y veo a Wood intentando juntar las piezas—. La puntería de Williams realmente necesita algo de trabajo. —Arrojo el vaso de papel en la bolsa de basura y camino hacia mi escoba.

—Si tan solo tus amigos pudieran verte ahora, Malfoy. —Él me sigue—. De rojo Gryffindor, jugando al lado de Harry Potter.

—Bueno, estoy seguro de que lo verán en los periódicos, Weasley —gorjeo. Me giro para mirarlo. Él está cazándome, esperando el ataque.

—Lamento que no tengas a nadie apoyándote en las gradas. Para ver todos tus trucos elegantes —se burla.

—No lo sé —le digo, y mis ojos se dirigen a ella, donde nos observa a los dos—. Creo que estoy bastante bien representado hoy. —Lo miro y él está furioso.

Puedo hacer esto todo el día, Weasley.

Él se me acerca. Yo me mantengo firme.

—Creo que ya es hora de que busques una nueva librería, Malfoy.

Odio que todavía sea más alto que yo. Y él lo sabe.

—En realidad, me gusta bastante la librería Cornerstone. —Inclino mi cabeza hacia él.

—¿Qué no tienes toda una biblioteca en casa?

—Sí. Y es enorme.

Él capta la insinuación. Sus fosas nasales se dilatan.

—Estoy seguro de que no es tan grande.

—Oh, no, sí lo es. Pregúntale a Granger —le digo—. Ella ya la vio.

Sus ojos se oscurecen. Veo sus brazos ondular mientras él aprieta los puños.

Eso es, Weasley. Pégame.

—Ya ha estado allí varias veces —continúo.

Él la mira con una rápida inclinación de la cabeza y vuelve a enfocarme.

—Mantente. Alejado. De. Ella. —Su voz es grave y hace un muy buen trabajo amenazando.

—¿Por qué? —le digo yo con calma—. Tú ya te has alejado lo suficiente por los dos.

Él me empuja.

Yo sonrío.

—Irlanda está muy lejos, Weasley. —Mi piel está zumbando—. Sólo la mantenía caliente para ti.

Veo el golpe venir a una milla de distancia. Lo recibo con gusto.

Él me truena la mandíbula.

Gracias, Weasley.

Ahora es mi turno.

Mi cabeza gira hacia adelante y hacia atrás y lo ataco, golpeando hasta hacer que sus pies se levanten del piso, asegurándome de aterrizar con fuerza encima de él. Oigo el aire saliendo de sus pulmones, y me alejo lo suficiente como para que mi puño pueda aterrizar en su mandíbula. Él me empuja la cara y yo me pongo encima de él. No puedo ver otra cosa además de sus pecas y ojos azules y luego el cuerpo de ella debajo de él, pasando los dedos por su cabello, gimiéndole.

Él me golpea en el ojo con fuerza. Yo embisto su cabeza nuevamente con mi puño. Estoy a punto de aventarme hacia él para romperle la nariz, cuando dos brazos me jalan hacia atrás, y yo estoy inclinado, luchando por volver a él.

—¡Ya es suficiente! —La voz de Potter junto a mi oído me devuelve al campo de quidditch, al pasto, a los uniformes.

Él me está arrastrando por los brazos. Puedo ver la sangre del labio partido de Weasley y casi sonrío. Él está listo para venir por mí, sin nadie que lo detenga. Me golpea en el estómago.

Mi visión es negra. Escucho gritos. No puedo respirar.

Mis brazos se liberan y caigo de rodillas. Entonces alguien está levantándome, arrojando mi brazo sobre su hombro y alejándome. Trastabillo para seguirles el ritmo.

Estamos en los vestidores antes de darme cuenta que fue Potter. Él está balbuceando disculpas respecto a no tener la intención de retener mis brazos, y no creer que él fuera a golpearme, e ir por algo de hielo.

—Lamento haber arruinado el juego —jadeo.

Levanto la vista, con la mitad de mi visión cerrada por la hinchazón. Él sacude su cabeza.

—Ustedes dos en el mismo campo era una mala idea desde el principio.

—¿Tú y yo estamos bien? —le digo.

—Bueno, sí. Yo soy un santo.

Yo me río y me duele el estómago.

Ginny Weasley irrumpe por las puertas. Me preparo para otro ataque Weasley.

Ella me mira y se ríe, su mano se levanta para cubrir su boca.

—Bueno —dice ella—, ¿quién la tuvo más grande?

Ella se ríe, yo casi sonrío.

—Ginny... —se queja Potter, con el rostro retorcido en desagrado.

El resto de nuestro equipo llega. Reprogramaremos el partido.

Me disculpo con ellos. La mayoría se encogen de hombros.

Me ducho lentamente, haciendo una mueca cuando el agua golpea mi ojo. Cuando estoy vestido, Goldstein me entrega una crema para sanar el corte.

Potter me espera. Salimos y hay una pequeña multitud allí, pero luego ella está frente a mí, con los ojos en llamas.

—¿Estás bien? —ella pregunta.

La veo observar mi cara, mis moretones. Más lástima de la Chica Dorada. Yo le frunzo el ceño.

—Estoy bien.

—Bien. —Ella asiente. Y me empuja, haciéndome tropezar más fuerte que cuando Weasley lo hizo. Choco contra la puerta del vestidor—. ¡¿Qué demonios te pasa?!

Mis ojos están muy abiertos.

—¿A mí?

—¡Sí! ¿Por qué le estás dando a Skeeter más municiones? —Ella me empuja ¡de nuevo!—. ¡Sabes que la fotografía de su altercado aparecerá en todos los periódicos de mañana!

No había pensado en Skeeter y su fotógrafo en todo este tiempo, pero, de pronto, están justo detrás de ella, tomándonos una fotografía.

—¿Y qué te hace pensar que la pelea tiene que ver contigo, Granger? —le frunzo el ceño, pero sus ojos están haciendo eso otra vez. Esa cosa del fuego.

—¡Por supuesto que tiene que ver conmigo, porque ustedes nunca puedes dejar las cosas tranquilas! —Ella está jadeando, exhalando furiosamente y escupiéndome ácido en la cara.

Yo pongo los ojos en blanco. Después de todo, ella no es tan importante como cree que es.

—Para tu información, he ansiado golpearlo desde el día en que lo conocí.

—Sí, y estoy segura de que lo que fuera que dijiste para hacerlo golpearte primero no tuvo nada que ver conmigo. —Ella me pone los ojos en blanco—. ¡Has estado hostigándolo todo el fin de semana!

Su voz está adquiriendo esa cualidad chillona. Esa que no es atractiva en absoluto.

—¿Hostigándolo? —Yo sonrío—. Creo que no estoy entendiendo lo que quieres decir…

—Oh, Malfoy, por favor. ¿Las mentas?

Ella pone las manos en sus caderas y yo no puedo evitar sonreír.

—Esas son mis mentas favoritas, Granger. ¿Cómo lo averiguaste?

—Y sabías que Ron estaría conmigo cuando llegó tu regalo

Ron estaría conmigo. Mi mandíbula se aprieta.

—Y, por cierto, de nada por eso —le digo—. ¿O aún no has podido descifrarlo?

Es como si la hubiera golpeado físicamente. Su mandíbula se desploma.

—¿Qué no he podido descifrarlo? ¡Por supuesto que lo hice! Incluso alguien tan bobalicona como tu chica del martes podría haberlo deducido.

—Oh, tenía curiosidad, en vista de que no recibí ninguna tarjeta de agradecimiento…

—Pues gracias, Malfoy, por llegar a salvarme de mi ignorancia…

—De nuevo es Malfoy, ¿verdad? —Observo cómo sus mejillas se encienden y sus ojos bailan sobre mi rostro—. Pensé que estábamos llegando a alguna parte, Granger.

—Sí, cuando te comportas como un absoluto imbécil, es Malfoy —me susurra, todavía jadeando como si yo la estuviera haciendo correr un maratón.

—¿Y cuándo es Draco? —digo arrastrando, mirándola con ojos cautelosos mientras ella resopla.

—¡Cuando eres un absoluto cabrón! —Ella me empuja de nuevo, y casi la agarro por los brazos y la acerco a mi. La fulmino con la mirada y ella apunta mi cara con un dedo—. No te atrevas a convertirme en una mezquina de nuevo.

—Yo no te he convertido en nada, Granger. Fue él —le dije. Siempre será mi culpa, ¿no?

—Si quieres golpearlo, golpéalo. No me uses a mí para hacer que te golpee primero

Bueno, ella tiene un punto.

Ella se marcha, incluso cuando Skeeter toma fotografías e intenta hacerle preguntas. Weasley acaba de regresar e intenta decirle algo. Al menos los dos caímos en desgracia. La observo alejarse, y respiro hondo, pero sin fuerza, observando sus caderas mientras ella avanza a trompicones por el pasto.

Me paso una mano por la cara, olvidando mi ojo, y hago una mueca.

Me giro para tomar mi bolsa, y Potter me está observando. Se sacude lo que fuera que había estado pensando, y me pasa mi bolsa, ayudándome a ponerla sobre mi hombro.

—Gracias —le digo. Me alejo, desapareciendo antes de que Skeeter pueda acorralarme.

Y voy a un bar.

Me despierto a la mañana siguiente con una lechuza picoteando mi ventana. Mi cabeza se está partiendo y mi ojo está cerrado por la hinchazón.

Tomé una poción para dormir sin sueños a las 6:00 p.m. y ahora, doce horas después, finalmente estoy despertando. Mi madre puso una poción para el dolor y una crema correctora anoche en mi mesita auxiliar.

La lechuza picotea de nuevo.

Voy a mi ventana. El pájaro genérico entra.

Es una carta. La abro. Hay una página de El Profeta y una pequeña nota. El periódico capta mi atención, y veo que es la fecha de hoy. Lo abro.

¡LA LUCHA POR EL CORAZÓN DE HERMIONE GRANGER!

por Rita Skeeter

Es la portada. Ahí estoy, mandando a Weasley al piso. Como un animal.

La veo a ella en la fotografía, al borde del campo, gritando que nos detengamos. La veo empujándome contra los vestidores, mis ojos sedientos sobre ella.

En ninguna parte del periódico se menciona que Draco Malfoy está inaugurando una empresa de consultoría, convirtiéndose en un hombre independiente y saliendo de la sombra de su padre.

Jalo la pequeña nota. No está dirigida ni firmada, pero reconozco la caligrafía de mi padre.

Pensé que darías el anuncio el 1º de noviembre.

Mi ojo bueno parpadea. Eso no es una pregunta.

Es una acusación.

Ni una palabra suya durante semanas. Nada cuando publicaron las fotos de Fortescue. No hay seguimiento de nuestra discusión del mes pasado.

Los vociferadores que recibo a lo largo del día no me pesan tanto como esa oración.

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N/T: Actualizaciones todos los viernes. ¿Me dejas un Review?

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*BLOOPERS DE EDICIÓN*

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*Línea original del fic*

—¿Quieres desayunar? —pregunta ella.

Giro la cabeza para mirar el reloj de pedestal en la esquina. Ya son las 5:00 a.m.

MEM: Ay, no, ¡estuvo toda la noche despierto por ella!

IG: lo sé, estúpido adorable.

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*Línea original del fic*

Estoy enfocando mi mente, intentando deshacerme de cualquier pensamiento errante que no trate sobre mi escoba, el viento o los aros.

Me pregunto si anoche ellos durmieron juntos. ¿Tan pronto después de Rolf Scamander?

MEM: Este weón no tiene ni la menor idea de que Hermione es virgen xd

IG: Sí que sabe, pero le encanta torturarse a sí mismo.

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*Línea original del fic*

La encuentro a ella de inmediato. Sentada con Katie Bell, con la boca abierta.

Me pregunto si ella estará preocupada por él.

MEM: En verdad, no ha dejado de mirarte a ti xd

IG: Y ya se exhibió ante Katie jajajajajaja