DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Hola a todas! Ya es viernes! y aquí les traigo un nuevo capítulo. Espero que todo esté bien, ya me había acostumbrado a trabajar con Mary y la extraño mucho e hice mi mejor esfuerzo por no cometer burradas jajajaja

Les agradezco mucho, como siempre, todo el apoyo que he recibido con esta traducción. Estamos a un capítulo de ir a la mitad!

Bueno, ya me callo yo y las dejo con lo bueno: el capítulo. Nos leemos pronto chicas!

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Todo lo Incorrecto

Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8

Capítulo 11

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Domingo 16 de noviembre de 1997

El fuego en la sala común está muriendo. Son casi las tres de la mañana y estoy pensando en avivarlo.

No he podido dormir en algunas semanas. Siento que la guerra se acerca. Su peso me mantiene despierto.

Sin embargo, no sé cuál es la excusa de Blaise.

Cabeceó hace una hora, sentado frente a mí, mientras leía su tarea de Historia de la Magia.

Él no ha sido seleccionado para ser mortífago. No tiene relaciones familiares que lo empujen hacia la guerra. Todo lo que tiene es a su madre y a su nuevo esposo, por el tiempo que dure.

Lo veo dormir y siento envidia.

La pared de la mazmorra se abre y aparece Theo Nott, moviéndose en silencio antes de descubrirme observándolo.

—¿Qué te mantiene despierto ahora? —dice, tomando nota de que Blaise está noqueado.

—Podría preguntarte lo mismo —canturreo—. ¿O debería preguntar "quién"?

Theo se detiene y, antes de permitirse sonrojarse, dice:

—Una Hufflepuff. —Él sonríe, una sonrisa apretada—. Es una sangre pura, te lo aseguro.

Él se deja caer en una silla y yo decido no presionar más, a sabiendas de que el único Hufflepuff sangre pura en nuestro grado es Ernie Macmillan.

—¿Algo nuevo que reportar? —pregunta Theo. Mira alrededor de la habitación buscando entrometidos, aunque está claro que somos los únicos dos ocupantes conscientes de la sala común, y pregunta—: ¿Sabes algo de Potter desde que se infiltraron en el Ministerio?

Yo sacudo la cabeza.

—Padre no me ha dicho nada.

Miro de nuevo la chimenea. Theo siempre intenta colarse en el meollo del asunto.

—Yo he escuchado algo interesante.

Volteo a verlo. Sus cejas están levantadas y está examinándose las cutículas.

Qué marica de closet tan irritante.

—¿Sí? —Yo muerdo el anzuelo.

Él mira alrededor de la habitación nuevamente, fijando los ojos en el durmiente Blaise, y luego de vuelta a mí.

—¿Has oído hablar de una subasta? —pregunta él.

Un año atrás, mi ojo se habría crispado.

Dos años atrás, habría inhalado profundamente y enfocado mis pensamientos para inventar una mentira.

—Sí —le digo—. He oído rumores.

Theo sonríe.

—Estoy pensando en pedir una sangre sucia para mi cumpleaños.

Él ríe.

Yo le devuelvo la sonrisa.

—O a un Weasley —dice—. Hacer que limpie mi casa. Que lustre mis zapatos.

Estoy a punto de hacer un comentario respecto a que la mayoría de las opciones Weasley son hombres... lo que limitaría su funcionalidad para la mayoría de los chicos, cuando Blaise se me adelanta.

—Podrías hacer que uno de ellos trabaje para ti usando sólo un taparrabos, Theo —dice la voz amodorrada de Blaise. Él se sienta y se frota los ojos—. En verdad espero que subasten a los dos mayores. Son infinitamente más atractivos que el resto. —Él encuentra la energía para guiñarle el ojo.

—¿Qué se supone que significa eso? —Su mandíbula se tensa. Sus ojos se lanzan hacia mí y luego vuelven a Blaise.

—Nada, Theo. Nada. —Blaise cierra su libro y estira los brazos sobre su cabeza—. Estoy seguro de que te referías a Ginny Weasley. A tenerla a ella como esclava y que te trajera las comidas a tu cama.

Entonces, Blaise ya está al tanto de La Subasta. O, al menos, no le sorprende. Yo me concentro en el vacío mientras ellos discuten.

Theo hierve a fuego lento en su silla.

—La chiquilla Weasley es demasiado cara. Tanto ella como Granger tienen un valor inicial de 10,000 cada una.

Las palabras de Dolohov se reafirman. 10,000 para empezar.

Me duele el estómago.

Y Blaise me mira. Luego de vuelta a Theo.

—¿Tanto?

—Sí —Theo pone mala cara—. Demasiado caro para un Weasley. Lo más probable es que llegue hasta 20,000. Es ridículo. Sólo porque es la novia de Potter.

Mis ojos están fijos en él. No me molesto en voltear hacia Blaise, él ya me está mirándome.

—¿Y qué hay de Granger, entonces? —pregunta Blaise. Se recuesta en su silla—. ¿En cuánto va la Chica Dorada?

—Probablemente en veinticinco, tal vez treinta. —Theo da un bostezo dramático. Ahora que no tiene toda mi atención, está listo para irse a la cama—. ¿Qué te pasa Blaise? No tienes los galeones para ellas.

—Tengo suficientes galeones. Y no tengo que preocuparme por que mi herencia esté ligada al día de mi boda, como algunos, Nott. —Blaise le da una sonrisa perezosa—. Además, Draco y yo podríamos compartir una.

Yo volteo a verlo. Sus ojos oscuros me están sonriendo, taladrándome.

—¿A quién le echaste el ojo, Draco —pregunta Theo.

—A nadie en particular —le digo—. Primero tendremos que ver a quiénes capturan los rapiñadores. —Me levanto, estirándome—. Caballeros. Me voy a la cama.

Theo luce como si yo acabara de robar su línea de salida y Blaise me mira como a una bola de cristal, encontrando todas las respuestas que estaba buscando.

Desciendo las escaleras, resignado a permanecer despierto en mi cama de doseles.

30,000. Más 5,000 si es virgen.

Ignoro los ronquidos de Crabbe y Goyle, cerrando las cortinas a mi alrededor.

No puedo confiar en la palabra de Theo, él no está tan bien conectado. Necesitaré investigar un poco más a fondo durante las vacaciones.

Y sólo espero que ella no haga nada estúpido mientras tanto.

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Martes 2 de noviembre de 1999

Golpeo el pulgar contra la mesa mientras Katya se come su ensalada.

—¿Por qué nos reunimos sin cámaras, Draco? —pregunta ella.

La observo. Ella mastica en silencio, sus labios presionados de una manera delicada.

—Necesitaba hablar contigo de nuevo —le digo—. Respecto al afecto en público.

Ella parpadea y toma un sorbo de su vaso de agua.

—¿De nuevo? —Ella levanta las cejas—. He recibido cartas de odio por haber roto el corazón de Hermione Granger en nuestra última farsa. Recibí cartas de parientes lejanos, abriéndose camino hacia la lista de invitados de nuestra boda.

Ella sonríe alegremente. Yo la miro sin comprender.

Ella voltea hacia su ensalada.

—¿Qué dijo tu padre?

Yo reacomodo mi servilleta.

—Nada. —Empujo mi tenedor de vuelta a su lugar—. No dijo una sola palabra.

La miro y siento que es una de las pocas personas en mi vida que entiende lo que eso significa. Ella respira hondo. El aire circula entre nosotros.

Yo continúo:

—Necesito distanciarme lo máximo posible del artículo de ayer. Del intrincado triángulo amoroso que Skeeter se ha inventado. —Mi lengua barre mis dientes—. Es infantil, en realidad. Y estoy tratando de presentarme a mí mismo como un adulto responsable.

—¿Y crees que los adultos responsables se abrazan entre sí para que las cámaras los capten? —Ella me sonríe.

—Creo que formalizar con una mujer es algo responsable. Una elección madura. —Compruebo su reacción.

—¿Estás seguro de que estás formalizando con la mujer correcta? —dice ella, guiñándome un ojo. Yo inhalo—. Entre más coquetees con Hermione Granger, más cambiará la opinión pública...

—Si no te sientes cómoda, lo entiendo. Podemos seguir viéndonos sólo para cenar.

Es muy abrupto. No debí haberme precipitado. Tomo un largo sorbo de vino, evitando sus ojos.

—Déjame consultarlo con Andrei. Te informaré mañana.

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Viernes 5 de noviembre de 1999

Estoy pensando en Pansy, en realidad.

Mis dedos se enroscan alrededor de la cadera de Katya, mi otra mano acaricia su brazo.

Estoy pensando en Pansy y en cómo realmente le debo alguna clase de disculpa.

Katya me sonríe antes de juntar mis labios contra los suyos. Ella arrastra sus manos hacia mi pecho y hacia mi cabello, presionando su cuerpo contra mí, y estoy pensando en lo mucho que desearía no haber engañado a Pansy de esta forma. Haciéndola posar.

Sólo que esta vez es para una cámara y no para una prefecta de cabello voluminoso.

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Sábado 6 de noviembre de 1999

Es una mañana difícil en el Campo Hodgley. Ginny Weasley ha sido ascendida en las Holyhead Harpies, por lo que se retirará de la liga de quidditch del Ministerio. Me pregunto si tiene algo que ver con cierto cuestionamiento respecto a si los Weasley-que-no-trabajan-para-el-Ministerio deberían ser admitidos a jugar en la liga de quidditch del Ministerio.

No es que yo sepa nada sobre esa carta anónima.

Goldstein quiere jugar como cazador en su ausencia. Él es una mierda.

Estoy viendo a Turpin, nuestro otro golpeador, intentando entrenar a una bruja de treinta años del Departamento de Investigación sin absolutamente ninguna fuerza en la parte superior de su cuerpo para golpear una bludger con el bate. Ella es rápida en su escoba, claramente una excelente buscadora, y me pregunto si debería cambiar de puesto con ella y dejarla jugar como cazadora sólo para poder golpear algunas cosas los fines de semana.

Ella golpea la bludger directamente hacia mí, como si estuviera escuchando mis quejas. Yo me agacho.

Ella sonríe.

Touché.

Potter claramente se está poniendo nervioso por la calidad de su equipo. También yo me iré en un mes. Una parte de mí no puede esperar por salir del Ministerio y sus inútiles rivalidades interdepartamentales, y la otra disfruta la competencia, como en Hogwarts.

Él está garabateando en un cuaderno de jugadas y ejercicios cuando yo me encamino a las duchas. Ni siquiera me molesto en secarme el cabello en mi prisa por marcharme rápidamente antes de que él me arrincone y me cuente sus estrategias defensivas.

Me aparezco en la colina fuera de las puertas de la Mansión, sintiendo el viento agitar el cabello mojado cerca de mis oídos. Dejo caer mis cosas en la entrada, metiendo mi valija y la escoba en el rincón donde guardamos los abrigos en las fiestas. Estoy hambriento, así que me dirijo a la cocina.

Al final del pasillo puedo escuchar la voz de mi madre desde la biblioteca. ¿Está hablando con su elfina? Quizás tenga compañía, pero es muy temprano para invitados. Debería informarle que estoy en casa.

Estoy a pasos de las puertas de la biblioteca cuando estas se abren de golpe y Hermione Granger sale disparada a través de ellas, deteniéndose para mirar el busto de mi padre, antes de que sus pies la lleven directamente hacia mi pecho. Mi aliento me abandona.

Sus ojos están muy abiertos y húmedos. ¿Mi madre la ha hecho llorar? Ella está jadeando.

—¿Qué pasó?

Mis manos cosquillean por tocarla, mantenerla quieta. Acariciar sus brazos hasta llegar a sus dedos.

—Yo… Draco, lo siento, siento mucho todo esto. Yo… yo jamás quise que esto pasara. —dice ella. Se da vuelta y corre hasta la chimenea. Su cabello está trenzado otra vez.

Mi cuello todavía está caliente por el sonido de mi nombre. Me doy vuelta para ver a mi madre, en la biblioteca, junto al gabinete de licores.

—Bueno, Draco —susurra, agitando un vaso de ginebra—. Tu padre se las arregló para arruinarlo todo.

La observo llevarse el vaso a la boca y mi cerebro se ajusta a lo que acaba de decir.

—¿Padre? —El calor me abandona. Siento arena en mi garganta—. ¿Qué tiene él que ver con ella?

Ella se sirve otro trago. Una rareza. Lo bebe y se gira hacia la ventana.

—Ella fue a verlo hoy.

Mis costillas se tensan.

—¿Qué? —le gruño.

Ella sacude la cabeza.

—Juzgué mal…

Y yo estoy corriendo. Sigo su camino hacia las chimeneas. Tal vez todavía esté buscando el polvo flu, pero el pasillo está vacío. La puerta principal está entreabierta y yo la abro, y encuentro una pequeña figura alejándose de la Mansión, con el cabello revuelto y escapándose de la trenza mientras abre las puertas de hierro.

La observo detenerse, intentar desaparecer y luego continuar corriendo. Yo bajo a trompicones las escaleras frontales, entro en los jardines y corro por el sendero. Ella sube hacia la cima de la colina y, cuando yo llego a las puertas de hierro, ella hace otro intento y desaparece. Yo me apoyo en las puertas, jadeando.

Padre…

Hay innumerables formas en las que Lucius podría hacerla llorar. Pero la mejor manera...

Subo el camino, empujo la puerta principal y marcho hacia la biblioteca. Madre todavía está en la ventana.

—Arreglaré esto Draco —le dice a su vaso.

—No harás tal cosa —siseo. Sus labios se fruncen y bebe un trago—. ¿Cuál era tu plan maestro, madre?

Observo su largo cuello moverse mientras traga, aún mirando por la ventana.

—Él me prometió mantenerse fuera del camino, permitir que tu negocio avance y no interferir más con tus finanzas. Siempre y cuando pudiera conocerla.

Yo me río. Y lo hago cruelmente a propósito.

—Has perdido tu toque, madre. —Ella cambia el peso de su cuerpo—. Yo ya tenía mi trato con él. Tenía las cosas bajo control —escupo.

—Lo sé, Draco —dice—. Quería quitarte esa carga, eso es todo. —Ella se lleva la mano a su mejilla, refrescando su piel acalorada.

—Qué dijo ella.

Madre entrecierra los ojos hacia los jardines, su mano se gira, sus dedos ascienden a sus labios.

—La presioné. Fue demasiado. —Ella está pensando en voz alta, no me habla a mi.

—Madre.

—Y el anillo fue demasiado... —susurra.

—¡Madre! —Yo todavía estoy de pie en la puerta de la biblioteca y ella todavía está en la ventana, hay toda la habitación entre nosotros. Ella me mira.

—Ella dejó en claro que ustedes dos no están en una relación.

La miro compadecerse de mí. Mujer ingenua y tonta. Eso es un hecho, no una sentencia de muerte.

—Y dejó en claro que nunca lo estarán.

Mi ojo se crispa.

Mi piel está tensa. Mi mente…

Elijo ladrillos amarillos, colocando el mortero con una pequeña herramienta manual. La primera fila es fácil. La coloco en una esquina y apilo los ladrillos hasta que no puedo ver más sus rizos.

Mi madre me mira y tuerce los labios.

Es más fácil mirar los hechos ahora. Ahora que ella está escondida detrás de un apresurado muro de ladrillos amarillos.

Ella lo sabe.

Él le dijo cuánto la deseaba. Cómo la habría mantenido cautiva.

Él le dijo la verdad sobre La Subasta.

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Jueves 1 de enero de 1998

Mi abuela le heredó sus ojos a todas sus hijas. Pero su cabello y su nariz se los heredó a Bellatrix.

Ahora que he conocido a mi tía, me sorprende verla tan representada en esta mujer mayor a la que he estado visitando dos veces al año durante toda mi vida.

—Draco, cariño. —Mi abuela comienza a ponerse de pie.

—No es necesario, ma chérie. —Me acerco a ella y la guío para que se siente. Ella me sonríe. Su único nieto. Su único nieto, si no contamos a...

—Me alegra que estés aquí. —Ella me acaricia el cabello hacia atrás—. Ya está muy largo. —Me mueve la nariz como solía hacerlo.

—Lamento que no pudiéramos vernos en Navidad —digo, tomando asiento frente a ella en el salón—. Ha sido... —Pienso en el Señor Tenebroso, deslizándose por mis pasillos y en los mortífagos comiéndose mi comida.

—Inconveniente —termina ella por mí. Está frunciendo el ceño hacia su taza de té, y espero que esté dirigido a las cucarachas que pululan por la mansión, y no a su familia. Haría esto infinitamente más fácil.

—Sí —le digo—. Extraño un poco la libertad que solía tener... —Compruebo sus ojos, esperando que estuvieran recriminándome por hablar mal de los planes del Señor Tenebroso—. Pero, estoy intentando ajustarme a los cambios.

Ella frunce los labios, igual que hace mi madre, y asiente sin decir nada.

—¿Cómo se está adaptando tu padre? —Ella bebe su té, mirándome—. Lamenté escuchar que tú y tu madre tuvieron que estar sin él todo ese tiempo.

No: "lamente que hubiera sido encarcelado injustamente" o "lamenté escuchar que le falló al Señor Tenebroso". Se lamenta por mí y por mi madre.

—Yo estaba en la escuela, pero madre estaba sola, lo sé. Creo que apreciaba mucho tus cartas y el tiempo que podía pasar contigo, aunque fuera breve.

Su elfo doméstico me ofrece una bandeja de bollos. Mis favoritos están ahí. Tomo uno, pero mi estómago está rugiendo.

—Me he vuelto más cercano con Bellatrix —le digo, probando. Ella me mira con ojos firmes—. He aprendido mucho de ella.

Un pequeño músculo en su mandíbula se contrae.

—Dile que le mando saludos —dice ella. Y bebe su té.

Intrigante. Y útil.

Ella me mira. Sabiendo que estoy a la mitad de un monólogo y todavía no he llegado al clímax.

Así que voy directo al grano.

—Mientras estuve en la escuela el año pasado, Nymphadora estuvo allí. Como seguridad. —Miro hacia arriba y su rostro no trasluce nada. La delgada piel alrededor de sus ojos no se mueve—. No llegué a conocerla, por supuesto, pero... nos vimos.

Ella pone su taza de té sobre su platillo y se limpia los labios.

Yo rompo una esquina de mi bollo, preparándome para el siguiente paso.

—Ella está embarazada, sabes —me dice.

Yo alzo la vista. Mi abuela se está sirviendo otra taza de té. Ella no me mira a los ojos.

¿Los mortífagos lo saben? ¿Esto es de conocimiento público? ¿Es información valiosa? Mis ojos descienden al pedazo de bollo entre mis dedos.

¿Cómo lo sabe la abuela? La miro a los ojos. Están sobre mi.

¿Cómo sabría ella, a menos que lo hubiera escuchado de...?

—Esa es una noticia maravillosa. —Yo sonrío. Ella asiente.

La abuela Druella y yo solíamos jugar un juego cuando yo tenía seis o siete años. Cada vez que quería más dulces después de la cena, u otra porción de pastel, ella miraba directamente a mi madre a los ojos, comenzando una extraña conversación sobre jardinería, o sobre el Ministro de Magia alemán, y apartaba los ojos de mi madre del pastel o del frasco de dulces hasta que yo estuviera a salvo para deslizarme y tomar lo que quería. Incluso lo intentamos cuando yo tenía trece años, mientras jugaba a las cartas con mi padre. Le saqué cincuenta galeones esa noche.

No es hasta este preciso momento que me pregunto si será Legeremancia.

Trago saliva y hago algo que no había hecho a propósito desde que tuve mi varita apuntando a un débil mago de cabello gris, aferrándome al costado de la Torre de Astronomía, bajando, bajando… bajando mis muros.

Tengo miedo, abuela.

Ella parpadea. Y me envía un pensamiento, tal y como lo hace Severus.

Por supuesto que sí, mi querido niño.

Mi garganta se ahoga en un jadeo, gorgoteando. Me arden los ojos.

Tengo que apartarme de su mirada. Miro mi bollo, desmenuzado en mi mano.

—Draco —canturrea ella. Yo levanto los ojos, húmedos y borrosos—. ¿Está tu madre a salvo?

—Por ahora —respondo—. No tengo motivos para temer por su seguridad inmediata. Siempre ha sido una anfitriona amable. —Tomo mi taza de té, oigo el repiqueteo del platillo.

Bebo un sorbo, intentando controlarme. La miro.

No es por nosotros que tengo miedo. Hay alguien a quien yo...

Incluso en la privacidad de mi propia mente, no puedo decirlo. Hay un joyero sin abrir en su esquina.

Pienso en Greyback, Yaxley y Dolohov atravesando una puerta principal en una calle tranquila, con las varitas listas.

Yo parpadeo. Ella asiente. Lo ha visto.

Ella es nacida de muggles.

La abuela inclina la cabeza, no esperaba esto. Siento el susurro de su mente buscándola.

Yo me cierro, construyendo de golpe un muro, empujándola fuera.

Ella mira hacia su té a modo de disculpa. Yo me paso la mano por el cabello, despeinándome.

—¿Qué te trae por aquí hoy, Draco?

Yo tranquilizo mi corazón acelerado y digo:

—Puede llegar un momento, en el futuro, en el que necesite apoyo económico. —La miro—. Y me preguntaba si podría acudir a ti.

Ella me estudia.

—Sabes que siempre cuidaré de ti, Draco —dice ella—. Pero solicitar una suma considerable a un miembro de la familia, después de haber cumplido diecisiete años... —Me mira de reojo, sus fríos ojos azules intentan descifrarme—. Bueno, debido a la magia antigua, te haría perder tu derecho a una herencia…

—Soy consciente de ello.

Sus cejas se levantan.

—¿Cuánto crees que necesitarás?

—Aproximadamente 35,000 galeones.

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Domingo 7 de noviembre de 1999

Ella no viene al trabajo el sábado ni el domingo. Me paso por Cornerstone los dos días. Morty me dice que está enferma. El sábado compro un libro para no parecer demasiado desesperado. El domingo, ni me molesto.

Puedo verlo todo en mi cabeza.

Señorita Granger. Muy amable de su parte al pasar por aquí.

Señor Malfoy. Me sorprendió mucho su invitación.

Recorro el tráfico dominical del Callejón Diagon, chocando hombros con la gente.

Pensé que debía conocerla en persona. Mi esposa tiene la impresión de que usted y mi hijo están en una relación…

No, no. Él se burlaría de ella, alargándolo.

Pensé que ya era hora de que nos conociéramos oficialmente. Narcissa le tiene mucho cariño.

Entro en el Caldero Chorreante, dejándome caer sobre un taburete.

Yo la aprecio mucho.

Y mi hijo también le tiene mucho cariño.

Oh, eso no puede ser cierto. Él realmente no me soporta, señor Malfoy.

Ya llevo dos whiskys de fuego. Pido un tercero.

Tonterías. Ha estado enamorado de usted durante años. Es muy obsesivo al respecto, a decir verdad.

Tom me detiene antes de mi cuarto whisky. Intento pagar el doble para negociar la oportunidad de uno más. Él me echa.

No sé a qué se refiere, señor Malfoy.

¿No lo sabe? Hasta dónde habría llegado él para obtenerla, ¿y usted no lo sabe?

Trastabillo hacia el Londres muggle. Esto es mejor, aquí nadie me conoce. Nadie sabe lo que habría hecho.

¿Obtenerme?

Seguramente ha oído hablar de La Subasta, señorita Granger. Una habitación fue construida en la Mansión, sólo para usted, antes de que la guerra terminara. Usted habría dormido en una habitación contigua a la suya, encerrada en su bonita jaula para siempre.

Un bar muggle aparece frente a mí y, afortunadamente, tengo suficiente dinero muggle para beber un último trago. Pido un whisky de fuego y el hombre tras la barra alza una ceja.

Su hijo me habló de una subasta, pero no era así. Me dijo que él me habría vendido.

Oh, no, señorita Granger. La habría conservado sólo para él. Y algunos años después, se habría casado con una joven sangre pura y la habría mantenido a usted al margen, como la común prostituta que es.

Alguien intenta hablar conmigo en el bar muggle y yo lo ignoro.

Lo único que me da curiosidad, señorita Granger, es cuánto tiempo habría podido mantener él sus manos lejos de usted. Durmiendo justo al lado suyo. Tentándolo. Después de todo, tendría que obtener ganancias por su inversión.

Dejo caer mi dinero en la barra y me tambaleo hacia la luz del sol. Hay automóviles muggles por todas partes y yo sólo desearía poder desaparecer.

Así que, señorita Granger, ahora podrá comprender por qué tengo tanta curiosidad respecto a su actual relación con mi hijo. Narcissa ha sugerido que ustedes están involucrados y, debo admitir que, siempre pensé que usted tenía estándares más altos.

Nosotros no estamos en una relación. Y nunca lo estaremos.

Estoy en un callejón. Estoy hiperventilándome, apoyado contra unos contenedores de basura y dejando que el whisky de fuego abandone mi cuerpo. Me duele la cabeza y no puedo abrir los ojos.

Si me escindo, que así sea. Necesito salir de aquí.

Saco mi varita y me desaparezco en dirección a casa. Dejando atrás mis zapatos.

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Lunes 8 de noviembre de 1999

Mi artículo de El Profeta sale el lunes. Es exactamente como Skeeter lo habría impreso la semana pasada. No se habla de Hermione Granger ni de Ron Weasley. Ni de cualquier intoxicación pública ayer.

Le echo una ojeada antes de dirigirme a la oficina.

La gente me sonríe. Me felicitan. Hoy no recibo vociferadores, aunque sí algunos currículums que me hacen reír.

Potter me observa cuando llego a mi escritorio. Como si tuviera algo que decirme. Como si estuviera ansioso por preguntarme algo. O tal vez golpearme.

Aceptaría cualquiera de las dos cosas.

Unas horas después me dirijo a los tribunales. Jugson. He tenido interacciones limitadas con él, pero no hay forma alguna de que él estuviera bajo un Imperius.

Debí haber tomado una poción pimentónica. Probablemente la resaca se me nota tanto como la siento.

Estoy apoyándome contra la pared del ascensor cuando éste baja la velocidad y se detiene en el cuarto piso. Levanto los ojos para encontrarla al otro lado de un precipicio, mirándome.

Yo espero. Espero que ella me golpee de nuevo, que me escupa.

Ella entra en el ascensor y se para a mi lado.

Espero a que ella me sisee, o me pida que me largue en el siguiente piso.

—Buenos días.

Yo parpadeo.

¿Por qué? ¿Cómo puede saludarme?

Estoy abriendo la boca para desearle buenos días cuando O'Connor se une a nosotros en el quinto piso. Él empieza a halar hasta por los codos. Me felicita por el artículo. Cuenta una anécdota sobre sus deseos de abandonar el Ministerio. Siento que está a punto de comenzar a enumerar sus habilidades especiales cuando el ascensor aminora la marcha en el Atrio, y él comienza a salir.

Ella también irá a los tribunales. Por Jugson.

Estamos solos en el ascensor otra vez. ¿Será demasiado tarde para decir buenos días?

—Realmente fue un excelente artículo. Skeeter hizo un trabajo maravilloso al presentar Malfoy Consulting Group al mundo mágico.

La estoy mirando, esperando.

—Gracias.

—Y felicitaciones por Corazón de Bruja. —Ella se ríe. Ella tiene tan mala impresión de la revista que apenas y llega a parecer cumplido.

La sigo fuera del ascensor, sosteniendo la puerta abierta para ella. Todo lo que puedo escuchar es el chasquido de sus zapatos contra el piso. Ella se detiene contra la pared en la que yo me apoyo. Es mucho mejor así. Así no tengo que mirarla.

Pero aún puedo girar la cabeza y observarla. Ella me evita, con los ojos fijos en el piso de piedra.

—No estabas en Cornerstone ayer —susurro, el sonido es fuerte en el pequeño pasillo.

Ella contiene la respiración. Espero a que su pecho descienda al exhalar y no lo hace.

—No, estaba enferma. —Ella no me mira—. ¿Morty pudo ayudarte?

No estaba en Cornerstone por Morty. O por libros. Estaba allí por ti.

Me giro para mirarla. Tengo que saber el daño. Tengo que empezar a remediarlo.

—Escuché que fuiste a ver a mi padre.

Ella finalmente exhala.

—Así es —dice ella—. Fue muy amable al querer reunirse conmigo.

Yo la miro y espero. Y nada. Eso es todo lo que siente que me debe.

Me trueno los nudillos. Aparto el cabello de mi cara.

Tal vez sea todo lo que me debe.

—¿Y fue una reunión agradable?

Ella no me mira. Como si volviéramos a empezar desde el principio. Como si tuviera que convencerla de que soy digno de sus ojos.

—Perfectamente agradable. Nunca llegué a conocerlo en realidad. —Su rostro se gira hacia el mío, finalmente encuentra mi mirada, sólo para decir—: Te pareces mucho a él.

Me golpea como una bofetada en la mejilla. Siento que los músculos de mi rostro reaccionan de ese modo.

Mi pecho se enfría y creo que es momento de alejarme, pero veo de reojo una sonrisa en la comisura de sus labios.

Ella quiere lastimarme. Ella quiere dar un puñetazo.

Me acerco a ella, antes de que pueda apartar la vista de mí.

—De haber sabido sobre esa reunión, la habría detenido.

Nunca quise que lo supieras; que supieras lo que soy.

—A mi madre le gusta meterse en asuntos que no son de su incumbencia. Te pido una disculpa por haber quedado atrapada en sus enredos.

Te prometo que jamás te habría tocado. Me habría cortado el brazo antes de tocarte.

—No sé qué fue lo que te dijo mi padre, pero…

—¿Por qué está tu sangre en las paredes de mi sala? —dice ella.

Y mi mente se queda en blanco.

¿Eso? ¿Eso es lo que le dijo mi padre?

Intento responder y no emito ningún sonido.

No tenía idea de que mi padre sabía sobre el mensaje de Yaxley en la pared de su casa.

¿Y él se lo contó?

¿Para demostrarle que soy un monstruo?

¿O…?

—¿Señorita Granger? —El hombre robusto asomó la cabeza por la puerta. —¿Está lista?

—Muy lista.

Ella se aleja de mí, sintiendo que ha ganado. Pero a mí nadie me informó el nombre del juego.

Ella quería lastimarme.

Pero aún así me dio los buenos días.

Y ella salió corriendo de mi casa, disculpándose conmigo.

Draco, lo siento, siento mucho todo esto. Yo jamás quise que esto pasara.

La puerta de roble se cierra tras ella y estoy solo en el pasillo.

Tal vez no le contó sobre La Subasta después de todo.

Tal vez fue algo mucho peor que eso.