DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.

Nota Traductora: Buenos días chicas! Muchas gracias por todos los comentarios y el apoyo, de verdad, no puedo agradecérselos lo suficiente. Espero que tengan un hermoso fin de semana…

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Todo lo Incorrecto

Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8

Capítulo 12

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Jueves 13 de junio de 1996

Me duele el cuello por todas las veces que he asentido en acuerdo.

Umbridge me encontró escabulléndome en las cocinas, así que la convencí de que iba en camino a buscarla para discutir con ella algunas de mis sospechas. Sospechas sobre los Gryffindor, principalmente.

Ella ha estado monologando desde entonces. Yo asiento nuevamente, canturreando un "ajá" en acuerdo.

—Muy bien —le digo—. Y podría apostar que mi padre apoyará completamente ese decreto.

Ella me mira, con sus pequeños ojos brillando, y un traqueteo por el pasillo llama nuestra atención.

Filch viene corriendo hacia nosotros con las rodillas subiendo hasta su pecho, como siempre.

—El poltergeist está jugando con los telescopios de la escuela. ¡Embarrándolos de tinta! —Los ojos de Filch están saliéndose de sus órbitas—. ¡Ya estoy en eso, directora!

—Suma inquisidora —lo corrige ella y suelta una risita.

—¡Suma inquisidora! —Él hace un saludo y se aleja. Una vez que está fuera de nuestro campo visual, rumbo a las escaleras que conducen a la torre de Astronomía, yo me giro hacia ella.

—Como estaba diciéndole. —Me echo el cabello hacia atrás y ella se aclara la garganta—. Mi padre está muy impresionado con todo el trabajo que ha hecho este año aquí, señora. Y una vez que termine el ciclo escolar, espero que usted pueda visitarnos en la Mansión para que lo conozca.

Los ojos de Umbridge brillan, como si acabara de ofrecerle el mejor corte de carne.

—¡Umbridge! es decir, ¡directora! —Weasley se detiene frente a nosotros.

—Suma Inquisidora —dice ella.

—Sí, Suma Inquisidora, o... sí...

Él dirige sus ojos hacia mí antes de regresar la vista hacia la direct… Suma Inquisidora.

—¿Señor Weasley? —Su remilgada voz taladra mis oídos.

—¡Se trata de Peeves! —Él apunta—. En el aula de Transformaciones… ¡está destrozándolo todo!

Umbridge no se mueve.

—¿Peeves, dices?

—¡Sí! ¡Tenemos que ir allá! —Weasley comienza a avanzar hacia el pasillo que conduce a Transformaciones.

Yo le estrecho los ojos. Él me regresa la mirada.

—Señor Weasley. —La voz de Umbridge es aguda—. ¿Cómo es que usted sabe que Peeves está en el aula de Transformaciones, si acaba de llegar desde la dirección opuesta?

Weasley parpadea. Qué idiota.

—Bueno, las travesuras viajan tan rápido aquí —intenta.

Umbridge lo fulmina con la mirada.

De pronto, se escucha el sonido de una docena de gatos maullando. Yo salto, levantando los pies como si evitara pisar ratones. Pero no hay gatos aquí. Weasley está haciendo lo mismo que yo, pero Umbridge simplemente mira su varita, desde donde proviene el ruido. Su rostro palidece. Ella mira a Weasley.

—¡Expelliarmus!

La varita de Weasley vuela de su bolsillo hacia el pequeño puño de Umbridge. Unas cuerdas explotan desde la punta de su varita para envolverlo por la cintura. Su pecosa y ancha cara parece asustada.

Yo observo extasiado cómo ella avanza hacia él.

—Señor Malfoy —dice Umbridge, entregándome la varita de Weasley—. Por favor, busque al resto del Escuadrón Inquisitorial y reúnanse conmigo en mi oficina.

Ella agarra a Weasley por el cabello y lo obliga a seguirla por el pasillo.

Este es el mejor día de mi vida.

Me apresuro hacia el Gran Comedor, les silbo a Crabbe y Goyle y, segundos después, tengo a toda la manada avanzando conmigo por el pasillo, suplicando que les cuente la historia.

Ginny Weasley y Lunática Lovegood están creando algún tipo de distracción. Conservo a un par de chicos del equipo y le pido al resto que capturen a las chiquillas.

Umbridge acaba de llegar a su oficina por un lado al tiempo que nosotros llegamos por el otro, ella todavía está arrastrando a Weasley por el cabello. Ella lo empuja al suelo y me saluda con la cabeza justo antes de abrir la puerta de su oficina.

Estoy justo detrás de ella cuando susurra "¡Expelliarmus!" y la varita de Granger cae al piso. Ella gira en estado de shock y yo ya estoy allí, empujándola de espaldas contra la pared. Mi mano captura su boca, con la palma extendida sobre sus labios abiertos, y la fuerza de todo lo que está pasando me proyecta bruscamente contra ella, con mi rostro respirando su aliento.

Mi corazón está desbocado. Sólo puedo imaginar a Umbridge acercándose sigilosamente a Potter. Giro el delgado cuerpo de Granger, jalándola de espaldas contra mí otra vez. Esta vez mi brazo se desliza alrededor de su cintura. Su aliento en mi mano.

Umbridge alcanza la parte posterior de la cabeza de Potter.

Y se siente como si estuviera obteniendo todo lo que siempre he deseado. Hay una directora que realmente me respeta. Potter está a punto de obtener lo que se merece. Y ella está entre mis brazos.

Ella trata de patear y la jalo de nuevo hacia mí, mi brazo se enrolla aún más alrededor de su vientre y no puedo contener mis dedos mientras estos se estiran, intentando tocar más. Ella se siente tan suave contra mí. Está temblando y yo suspiro contra su cabello, inhalando e intentando ubicar el más delicioso de los aromas. Es su champú, o su perfume, o ella, y está presionada contra mí. Puedo sentir su espalda contra mi ingle, sus huesos de la cadera bajo mis dedos y su cuello está perfectamente inclinado como para presionar mi boca bajo su oreja si lo deseo.

Ella está jadeando contra mi mano en busca de aire y me descubro a mi mismo girando mi rostro hacia el suyo, a punto de presionarlo contra su sien, cuando Potter le grita a la mano de Umbridge que tira hacia atrás de su cabello, sacándolo de la chimenea.

Esto es muy peligroso. Mi sangre palpitante me distrae. Puedo sentir sus costillas expandiéndose contra las mías y yo estoy absorbiendo su aroma, sintiendo su cabello cosquillear en mi cuello.

Quiero presionarla de nuevo contra la pared. Dejarla sentirme.

Me concentro en los ladrillos, construyendo un muro descuidado. Parpadeo y, cuando la varita de Potter vuela por el aire, yo la aparto a ella lejos de mí, entregándosela a Bulstrode para que la vigile.

Siento alguna clase de victoria, aún cuando Umbridge rechaza mi ayuda en el bosque. La sensación de éxito no se desvanece a pesar de que los Gryffindor nos dominan, ni cuando escuchamos sobre la batalla en el Ministerio. No es hasta más tarde esa noche, cuando los aurores llegan por mi padre, que finalmente me pregunto qué creí haber ganado.

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Martes 9 de noviembre de 1999

Ella se ve más ligera. Tal vez lo estoy imaginando, pero en comparación con el peso que yo cargo en mi penoso andar, ella parece flotar.

Ella cruza la mirada conmigo en los ascensores el martes y voltea hacia otro lado. Como si yo no existiera.

Ella está frente a mí en la fila de la cafetería el miércoles y finge no darse cuenta.

El jueves, de camino a casa, ella cruza el Atrio llevando una pila de documentos y algunos de sus papeles se alejan flotando. Antes de que ella pueda tomar su varita para juntarlos, yo los reúno y los coloco encima. Ella mantiene su rostro apartado de mí mientras murmura un agradecimiento y avanza a través de la chimenea sin decir una palabra más.

Ella pasa de nuevo a mi lado en el Atrio el viernes y la veo observando los círculos bajo mis ojos y mi cabello sin lavar y, antes de sentir el rubor de la vergüenza, ella se da la vuelta.

El sábado, decido enfocarme en otra cosa. Me reúno con un administrador de propiedades después del quidditch y él me muestra algunos lugares que podrían expandirse y ocultarse mágicamente. Me reconoce como el hijo de Lucius Malfoy y no pregunta cuál es mi rango de precios.

Cuando llego a casa paso por la biblioteca de mi madre. Ella está leyendo una carta, la dobla en cuanto me ve.

—¿Qué es eso? —Asiento con la cabeza hacia la carta.

Madre respira hondo y dice:

—Es de la librería Cornerstone. Ya llegó algo que había ordenado por anticipado. —Ella nivela sus ojos conmigo y yo arrastro mis pies—. ¿Tienes alguna reunión mañana en el Callejón Diagon?

—No —le espeto—. Ni quiero tener ninguna.

Ella asiente lentamente.

—Entonces, ¿tal vez debería recogerlo yo?

Ella me ha observado durante esta semana. Me ha visto sin bañar, sin dormir, sin comer. Ella no me ha dicho nada, aún molesta por nuestra discusión.

—¿No tienen servicio de entregass en Cornerstone? —le digo. Sus labios se tuercen—. Creo que sería mejor si nuestra relación con la librería Cornerstone se mantiene estrictamente profesional.

Ella levanta una ceja hacia mí.

—Como desees.

Me doy la vuelta y subo las escaleras. Descorcho una poción para dormir sin sueños y me tiro sobre la cama, completamente vestido.

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Lunes 15 de noviembre de 1999

Robards me entrega un caso a primera hora el lunes y es la distracción perfecta.

Se reune conmigo al mediodía y le hago saber que el progreso es lento.

—Puedo ver si Mathilda está dispuesta a prestarnos a Granger —dice, y mis ojos se dirigen a él—. Ustedes dos trabajaron muy bien juntos en el otro...

—No, está bien —lo interrumpo, apartándome el cabello de la cara—. Aquí tengo todo bajo control. Tal vez mañana.

Yo esbozo una sonrisa tensa. Él la devuelve.

—Si estás seguro...

—Completamente —le digo.

A la mañana siguiente, Granger llama a la puerta de la sala de conferencias.

Me había olvidado de ella por cuarenta y tres minutos en total. Fue relajante y vacío.

Nos miramos el uno al otro y me doy cuenta de que tengo una pluma metida entre los dientes como un idiota.

—Robards me mandó llamar —me explica.

—Le dije que lo tenía bajo control. —Esta es una batalla perdida.

—Bueno, pues ya estoy aquí.

Ella se mueve por la habitación, coloca sus cosas y, con un esfuerzo lento, se acerca a mí. Me aparto para que ella no tenga que estar en mi espacio personal. Me aclaro la garganta.

—Hemos realizado algunos arrestos en el Callejón Diagon durante el mes pasado —empiezo—, y aunque los crímenes son diferentes, cuatro de los magos detenidos han llevado runas encima.

Me lanzo a la larga historia, la logística, los sospechosos, los clientes potenciales. Le entrego una pila de documentación para examinar, una pila de documentos en borrador. Ella está en silencio y yo no me atrevo a mirarla.

Vuelvo a la historia familiar del tercer mago mientras ella se pone al día. Después de media hora ella se levanta, tronándose la espalda, y saca su varita.

Me recupero del momentáneo temor por mi vida cuando ella comienza a pegar los informes y fotos en la pared de la sala de conferencias.

La imagen que estoy examinando sale volando de entre mis manos.

—¿Qué estás haciendo?

—Confía en mí. Es muy útil.

Ella va a la pared y comienza a crear una especie de línea de tiempo, ¿tal vez? Pasamos las próximas horas en silencio. La línea de tiempo crece, agregando hipótesis.

Pero no puedo concentrarme con ella aquí. Su aroma...

La miro y ella está tirando de su labio entre los dientes, pensando mucho. Tengo que mirar hacia otro lado.

Una hora más tarde me he rendido. Convoco un Oculus Dolus y sólo paso el tiempo observándola leer, observándola apartarse el cabello de la cara y viendo sus labios moverse en silencio sobre las palabras. Todo mientras mis ojos parecen enfocados en la lectura.

¿Qué querrá ella? ¿Una disculpa?

No. Una explicación.

¿Por qué está tu sangre en las paredes de mi sala?

¿Padre se lo dijo? ¿Qué sabía mi padre sobre esa misión? ¿Qué verdades torció él para hacerla desconfiar así de mí?

Libero el encantamiento Oculus Dolus.

—Fue una misión. Del Señor Tenebroso.

La veo respirar profundamente y luego mirarme.

—¿Qué tipo de misión?

Considero contarle todo. Contarle sobre el traslador, sobre el molino abandonado en Cokeworth. Contarle sobre la forma en que me acerqué a la silla del Señor Tenebroso después de la cena, solicitándole que me permitiera ser aprendiz de Yaxley.

Pero esa no es su pregunta.

—El peor tipo. —Mantengo mis ojos sobre ella, rogándole que me interrogue.

—Entonces, después de encontrar la casa vacía... ¿decidiste redecorar? —Su tono es ligero, pero acusatorio. Casi como una vieja broma entre amigos.

—Fue diseño de Yaxley.

—Pero, ¿con tu sangre?

—¿Por qué iba él a derramar su propia sangre? —Sonrío, sombrío y pequeño.

Quiero decirle; decirle que tenía un plan, que estaba preparado para...

Pero entonces, ¿dónde quedaríamos? ¿Qué me preguntaría después? Y, ¿yo le respondería?

Dejo que su cerebro trabaje y yo miro mi documento.

Tal vez ya pasó lo peor. Tal vez terminemos con esta confesión y volvamos a ser como éramos, con libros y café, y visitas los sábados.

Lo dudo.

Le pregunto:

—¿Qué otros secretos te ha contado mi padre? —La espero.

—Tu padre no me dijo nada sobre eso.

Es como si un rayo me atravesara. La miro y está evaluándome. Ella continúa:

—Me dijiste que no fuera a mi casa. Así que, por supuesto, fui.

Yo parpadeo. Así que es una desconfianza generalizada hacia mí. Eso es lo que mi padre le dio. Si yo le dijera que se gire a la izquierda, primero comprobaría sobre su hombro derecho.

Un golpe en la puerta y Potter entra.

—Hola, Malfoy. —Él ve a Granger y se congela—. Oh, mmm... ¿Estás ayudando de nuevo?

—Robards me mandó llamar —dice, como si tuviera que defender su decisión de estar en esta habitación.

—Mmm, bueno. Han interceptado otro mensaje.

Él agita un trozo de papel en su mano y yo me siento agradecido por tener una pista sobre el caso, esperando que ella pueda estar fuera de esta habitación para mañana. Ella arranca el mensaje de los dedos de Potter y yo estoy leyéndolo por encima de su hombro antes de darme cuenta de que su aroma es más fuerte estando aquí.

—Bueno, esto encaja con el germánico del Noreste, pero esto otro encaja con el escandinavo —murmura.

—Habíamos descartado el alfabeto escandinavo. Debe ser el germánico.

—Pero ahora que tenemos esto, no podemos descartar el escandinavo.

Tomo el mensaje entre sus manos mientras ella se dirige hacia sus notas.

—Oh —dice Potter—. Tú... hiciste un Muro.

Miro hacia arriba y él está examinando la pared del fondo.

—¿Hace eso con frecuencia? —pregunto.

Potter me sonríe, como si fuera una broma que entenderé cuando sea mayor.

—Es algo reciente. —Él se mueve y se gira hacia mí—. ¿Ambos tomarán un descanso para salir a almorzar?

Almuerzo. Mierda.

Son las doce y diez. Katya probablemente está paseando por la calle de la cabina telefónica, esperando a que yo aparezca.

Debería limpiar, guardar los documentos y empacar mi maletín. Marco el sitio en que vamos haciendo notas respecto al mensaje reciente.

—¿Malfoy? ¿Tienes hambre?

El siempre caballeroso Potter.

—Gracias, pero no. Tengo un compromiso previo.

—Te veré después del almuerzo —dice ella con voz baja.

Asiento y sigo empacando mi maletín, limpiando la sala de conferencias en caso de que alguien la necesite durante el almuerzo. Tomo mi abrigo del estante, lo coloco bajo mi brazo y avanzo hacia la puerta de la sala de conferencias para encontrarme con Katya sonriéndome alegremente y Granger mirándome fijamente.

Mi sangre se detiene.

—¡Draco! ¡Mira a quién conocí al fin!

Katya está radiante y Granger se ve un poco gris.

Ella puede verlo, ¿no es así? Lo similares que son. Cómo son una imagen reflejada la una de la otra. La piel de Granger es más cremosa y las piernas de Katya más largas, pero son iguales.

—Maravilloso. —Mi voz se quiebra—. Granger, ella es Katya.

—He estado parloteando. Lo siento. ¡No puedo creer que me la haya encontrado! —Katya sonríe.

Demasiado efusiva. ¿Fueron treinta segundos lo suficientemente largos como para revelar todos mis secretos?

Granger se despide y, de pronto, Katya está invitándola a almorzar con nosotros.

Me arrojaré frente a un automóvil muggle en el camino.

—Oh, eres muy amable, pero ya tengo planes para el almuerzo —revira Granger—. Gracias, Katya.

Katya continúa sonriendo, planeando y conociéndola, y mis ojos ya no pueden soportar verlas juntas. Me siento como una poción a punto de estallar.

Hay un músculo en mi cuello que tiembla y giro la cabeza, tronándome los huesos.

—Te veré después del almuerzo, Granger. —Ignoro la forma en que sus ojos siguen mi mano en la espalda de Katya, guiándola lejos.

—¡Qué placer conocerte, Hermione!

Familiaridad para llamarse por el nombre en menos de dos minutos, una hazaña en la que he estado trabajando durante casi diez años.

De camino a almorzar, tengo que escuchar sobre el proyecto Gringotts de Granger y su activismo con los elfos domésticos y su piel hermosamente clara, y si de casualidad yo sé qué es lo que usa en el cabello porque tiene sus rizos muy definidos.

—¿Por qué iba yo a saber qué champú usa ella? —estallo finalmente.

Katya se queda callada un momento.

Me trueno el cuello de nuevo.

—Lo lamento, llegué tarde. No sabía que te escabullirías en el Ministerio para encontrarme.

Ella se ríe y dice:

—No me escabullí. Conseguí un pase de Invitada. —Está callada cuando giramos en la esquina rumbo al lugar donde almorzaremos, luego—: ¿Ella trabaja en tu piso?

—No. Estamos trabajando juntos en un proyecto.

La fachada de la cafetería es como un faro y camino más rápido, esperando obtener silencio.

—¿Trabajan juntos en proyectos regularmente?

—Desde hace poco.

Por fin se queda nuevamente en silencio y yo le abro la puerta, mirándola a la cara. Ella me está observando.

Ella lo sabe.

Respiro profundamente. Caminamos hacia una mesa en la esquina.

Está bien si ella lo sabe; tenemos un acuerdo. No tengo por qué mentirle.

Mientras nos sentamos, recuerdo que no habrá cámaras. Katya fue quien organizó esta reunión. Intento relajarme y digo:

—¿Por qué pediste reunirnos hoy? ¿Algo va mal?

—Sí y no.

Arrastro mis ojos del menú y parpadeo al mirarla.

—¿Oh?

—Bueno —dice ella y traga saliva—. Nuestro último truco publicitario... —El beso. El segundo en el callejón—. Andrei no estuvo tan tranquilo por él como pensé que estaría.

—Oh —digo. Mi frente se arruga—. Yo... mmm, si quieres puedo hablar con él. Lo lamento.

—No lo hagas. —Ella sonríe, un sonrojo tirando de sus mejillas—. Él... —Ella se ríe—, quiere que nos fuguemos.

Yo la miro fijamente y sonrío.

—¿Funcionó como un hechizo?

Ella me golpea el brazo.

—¡No era mi intención ponerlo celoso! —Ella se acomoda el cabello hacia atrás—. Pero, él quiere hacerlo oficial. Vamos a ahorrar un par de meses y después nos casaremos. Y lidiaremos con mi padre.

Yo sonrío, pero algo está faltando.

—Eso es maravilloso. Me alegro por ti. —Doblo mis manos—. Pero, ¿supongo que tú y yo tendremos que terminar nuestro acuerdo?

Ella asiente.

—Me temo que sí. No necesitamos hacerlo público si no lo deseas. Podemos simplemente... desvanecernos.

—Está bien. De todos modos, no podemos estirar esto por más tiempo. Creo que mi padre sabe que es una farsa.

La mesera llena nuestros vasos. Bebo el agua.

—¿Está todo bien? ¿Te está poniendo obstáculos?

—Siempre —digo, el alivio fluye a través de mis músculos ante la idea de hablar de esto con alguien—. Pero él y yo tenemos un acuerdo. Abriré el 1º de enero.

Continúo. Le cuento sobre mis reuniones con Mockridge y mi próxima cita con Ogden. Le cuento sobre la oficina, me siento más orgulloso y emocionado que en meses. Ella me escucha. Bebe un sorbo de té y hace preguntas, y tal vez debería detenerme y preguntarle más sobre su vida, pero ella pone los ojos en blanco cuando menciono que Blaise tomará el liderazgo en Mercadotecnia y me pregunta si realmente creo que él tiene el perfil adecuado para Malfoy Consulting.

—Es bastante bueno, te lo aseguro. Es un absoluto canalla, pero también es el representante más joven en la historia de las bodegas de magos en Sicilia. —Rompo en dos mi panecillo.

—¿Y tendrás algún trabajo de caridad? —pregunta ella.

—Una vez que nos estabilicemos, planeo tomar un caso pro-bono cada trimestre.

Ella me levanta una ceja.

—Mmm… —Bebe su té.

—¿Qué?

—Bueno —comienza, mirando por encima de mi hombro hacia la ventana—, asumiría que uno de tus mayores obstáculos al inicio será la opinión pública. —Ella me mira fijamente—. Y una de las mejores formas de dar a conocer a tu empresa es a través del trabajo caritativo y cómo representas a las especies desfavorecidas. —Ella inclina la cabeza hacia un lado—. Podrías tener una División completa dedicada al trabajo pro-bono. Que represente a todas las personas y especies que nunca antes habrían sido asociadas con el nombre Malfoy.

Yo parpadeo. Una División completa representa mano de obra, y salarios. y espacio de oficina, y beneficios. Y trabajo constante, mucho trabajo constante.

Estoy mirando mi taza de té, calculando, cuando Katya dice:

—Y hablando como alguien que tiene experiencia en obras de caridad puedo afirmar que, con la persona adecuada al mando, todos esos gastos pueden obtenerse mediante recaudación.

Yo la miro, y sonrío.

—Katya, si deseas un trabajo, podrías haberlo pedido.

—Oh, no; no hablo de mí. —Ella ríe—. Yo estaré bastante ocupada con mi propio trabajo. Pero necesitarás a alguien con una buena reputación. A alguien que... cuando entre en una habitación, la gente desee arrojarle dinero sólo para estar cerca de ella. —Ella bebe su té y puedo escuchar las palabras antes de que salgan de su boca—. ¿Por qué Hermione Granger trabaja como analista en el Ministerio?

Yo trago saliva y aparto la vista de ella.

—Creo que está tomando el camino lento para convertirse en Ministro. Pero ella... no sería una buena opción para Malfoy Consulting.

—¿Por qué no? Pensé que ahora eran amigos.

Miro la mesa y me imagino diciéndole a mi padre que hice exactamente lo que me pidió, pero que una parte de esa preciosa herencia irá hacia Hermione Granger y que la mantendré a mi lado. Casi me río.

Entonces recuerdo sus lágrimas y la forma en que su cabello voló tras su espalda mientras corría fuera de la Mansión. La mirada en sus ojos cuando me preguntó por la sangre que había encontrado en su casa.

—Hasta cierto punto —respondo—. Pero ella nunca querría trabajar para mí.

—Contigo.

Miro hacia arriba. Katya está jugando con el asa de su taza de té. Ella dice:

—Trabajaría contigo. Con total autonomía.

Observo sus dedos moverse mientras pienso en la forma en que trabajamos juntos para resolver el caso de las runas y el misterio del huevo de dragón y…

—Es una idea brillante, Katya; pero me temo que imposible.

Sirvo un poco más de té en mi taza. Agito la miel. Miro el vapor.

—Por tu padre —dice ella con firmeza. Como si lo hubiera sabido todo el tiempo.

Yo respiro hondo y vuelvo a mirar sus inteligentes ojos.

—¿Qué tipo de arreglo tienes con él, Draco? —pregunta ella.

Yo trago saliva y aprieto mis labios.

—Mantenerme alejado de ella.

Katya asiente.

—Eso debe ser muy difícil. Especialmente por la forma en que ella te mira.

Mis ojos se dirigen a ella, y una calidez ansiosa nada en mis venas.

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Jueves 18 de noviembre de 1999

Creo que no me gusta el acento estadounidense.

Quizás sea algo más específico.

No me gusta la letra "R".

—Pero el carro estaba parado cruzando la calle, así que, tipo, ¡corrimos cargando los vestidos!

Me pregunto si mi ojo está crispándose igual que mi cerebro.

Noelle tira de la pajita de su bebida entre sus labios y sorbe felizmente. Estamos a punto de terminar la noche, creo. Ya preparé el almuerzo con su padre. Ella ya me aprecia. Y hemos coqueteando lo suficiente como para mantener las cosas informales y sin complicaciones.

Sí, es hora de que Noelle se vaya a casa. Y que deje de hablar.

—¡Fue tan divertido! Tipo, ¡se cayó! Tipo, ¡en la calle!

Me pregunto cómo sonará la tranquilidad. Ha pasado tanto tiempo desde que la escuché.

—¿Quieres otra bebida? —le digo—. O, espera, dijiste que necesitabas levantarte temprano para ver a tu abuelo mañana, ¿cierto?

—A-jáaaa. Es un madrugador, así que básicamente...

—Es una lástima. Te traeré tu abrigo.

La guío hacia la puerta, deteniéndome para ayudarla a ponerse el abrigo y, justo antes de que su brazo pueda deslizarse, un bufón la golpea. Realmente no tengo la energía para defender el honor de Noelle Ogden esta noche, así que espero que sea un simple accidente.

—¡Lo siento, amor! — Aiden O'Connor. Y Granger se detiene a su lado. ¿Cuándo apareció ella?

Él está hablando sobre una fiesta de jubilación cuando finalmente me doy cuenta de que su brazo desaparece detrás de la espalda de Granger, sosteniéndola cerca de él.

Ella se sonroja.

Yo aparto la vista de ella.

—O'Connor, Granger, les presento a Noelle.

Noelle le da la mano a O'Connor y comienza a bailar en su sitio cuando Granger se presenta. Otra miembro del club de fans de Granger.

Me duele la cabeza.

—Oh, Draco, ¡ahora tenemos que quedarnos! —Noelle me agarra y yo casi me la sacudo.

Las chicas y algunos amigos de O'Connor se dirigen hacia una larga mesa abierta. O'Connor me sigue hasta la barra para ordenar una ronda de bebidas para todos sus amigos y, mientras él murmura en voz alta que debió haberle preguntado a Granger qué quería, yo me dirijo al cantinero y le pido una cerveza de mantequilla.

Lanzo algunas monedas a la barra y él todavía está buscando sus sickles.

—Yo me encargo. —Levitando la orden de bebidas a nuestra mesa, me preparo para lo que parece ser una velada horrible.

Granger y Noelle están charlando, no es mi vista favorita del mundo.

Noelle les hace preguntas. Noelle se ríe. Noelle suena como una idiota. Y Granger me mira, como si se me hubiera ablandado la cabeza. Yo aparto la vista de ella.

Alguien me toca el hombro y, antes de que pueda girar y hechizarlo, escucho una voz familiar.

—Reconocería la parte posterior de tu cabeza en cualquier lugar, amigo.

Marcus. Me rio.

—¡¿Qué estás haciendo aquí, bastardo?! —Salto y sus brazos me rodean, golpeándome la espalda y riendo en mi oído. No lo he visto en cerca de tres años, antes de que él se fuera a su interinato en pociones. Finalmente se arregló los dientes.

—Buscando pasar un buen rato —Él se ríe—. No que tu sepas dónde buscar uno.

Empujo su hombro, sintiéndome otra vez de trece.

—¿Cuánto tiempo estarás en la ciudad?

—Otra semana, luego de vuelta a Brasil. Me han convertido en Maestro Pocionista. —Él está rebosante, su sonrisa arrogante me es tan familiar; probablemente es la misma que veo en el espejo todas las mañanas.

—Felicitaciones. ¡Tendremos que brindar para eso!

Por Merlín, había olvidado lo que se siente tener un amigo que no sea Harry Potter.

—Marcus, ¿recuerdas a Noelle Ogden?

Noelle salta y lo abraza. Sobre su hombro, él levanta una ceja hacia mí, una especie de aprobación, como si hubiera conseguido a la bruja más bonita del baile. Yo no lo corrijo.

Pero luego los ojos de Marcus se deslizan hacia Granger y, en un momento, la frase "la bruja más bonita del baile" se retuerce en mis costillas.

—Hermione Granger —rezuma, y yo veo un vestido azul girando alto alrededor de sus pantorrillas, mostrando sus piernas—. ¿Acaso no eres un regalo para la vista?

—Hola, Flint. —Ella lo mira con cautela.

Intercambian saludos. Noelle sorbe su bebida hasta que sólo queda hielo. Marcus me pregunta sobre Greg Goyle y yo le confieso que no lo he visto. Observo a Granger por el rabillo del ojo y veo que se gira hacia O'Connor. Él dice algo que la hace reír. Ella casi escupe su bebida. Se da vuelta para mirarnos a Marcus y a mí, y yo miro hacia otro lado, hacia Noelle, mientras ella continúa la historia que está parloteando. Le sonrío a Marcus, pero él ya me está mirando, con los ojos fijos en Granger y de regreso.

Me enfoco en Noelle.

Marcus comienza a dominar la conversación, como siempre lo hace. Le está contando a Noelle una historia particularmente grosera sobre Millicent Bulstrode y me echo a reír antes de que él remate, recordando la expresión de su rostro cuando sus dedos se pusieron morados. Cuando él termina y Noelle se ríe, lo miro y él está mirando por encima de mi hombro otra vez.

El hielo en la bebida de Noelle traquetea.

—Traigamos otra ronda, ¿sí? —Marcus deja su vaso vacío y asiente hacia mí. Estoy a medio camino con mi whisky de fuego, así que bebo el resto y lo sigo.

Veo a Noelle girarse hacia Granger cuando nos vamos.

—Entonces, ¿qué estás haciendo aquí con Granger, en nombre de Merlín? —Marcus sonríe.

—No estoy con ella. —Me aparto el cabello de la cara, el whisky de fuego todavía me quema la garganta—. Noelle y yo nos encontramos con ellos. Todos trabajamos juntos en el Ministerio. Y resulta que Noelle es algo fanática de Granger. —Asiento de vuelta a nuestra mesa, donde Noelle se ríe y habla mientras Granger escucha.

—Creo que yo también soy algo fanático —murmura Marcus. Mis ojos vuelven a él.

Reconozco la mirada en sus ojos, deslizándose sobre su rostro y vertiéndose más abajo. Vi la misma expresión en él hace cinco años mientras conversaba con algunos búlgaros acerca de Granger saliendo con Krum; yo acababa de cumplir quince años. Me doy cuenta de que Marcus en ese entonces tenía la misma edad que tengo yo ahora.

Siento que hay cuchillas de afeitar en mi garganta mientras trago y miro a Noelle, que tiene una sonrisa tonta en el rostro. Quizás Marcus, Noelle y yo podamos cambiarnos a una mesa diferente.

—¿Cómo están las mujeres en Brasil? —pregunto y, cuando aparto los ojos de Granger, él ya me está mirando—. ¿Alguien allá abajo ha captando tu interés?

Él sacude un pensamiento, luego sonríe.

—Unas cuantas. Como siempre. —Señala al cantinero—. Escuché que te has enganchado a Katya Viktor. —Me sonríe.

—Lo mantenemos casual —le digo, tratando de hacerme el bromista. Él ríe.

—Excelente. ¡Entonces podemos hacer que te acuestes con alguien esta noche! —Marcus me revuelve el cabello, con los dedos más ásperos de lo necesario. Se ríe y me da una palmada en la espalda.

Después de que el cantinero nos trae nuestras bebidas, Marcus insiste en pagar. Levitamos todas las bebidas y él me recuerda la vez que obligamos a Crabbe y Goyle a levitar nuestro jugo de calabaza todos los días durante un mes. Me río y casi aviento una cerveza de mantequilla frente a O'Connor.

Marcus se sienta frente a Granger y veo sus ojos contemplar la cerveza de mantequilla que se desliza en sus manos.

—¿No bebes, Granger? —se burla Marcus. La miro mientras ella decide qué hacer con él.

—No, sí lo hago. Sólo que despacio. —Ella toma el vaso y levanta una ceja hacia él.

Yo tomo un sorbo de whisky de fuego.

—Apuesto a que nos estás quitando puntos en tu cabeza a todos —dice Marcus—. Diez puntos menos a Slytherin por tomar más de un trago por hora. Diez puntos menos a cualquiera-que-fuera-tu-maldita-casa en Ilvermorny, por reír fuera de lugar.

Busco una mesa más pequeña, apartada de ella. No hay ninguna disponible; y creo que hacer que Marcus se aparte de su lado sería difícil.

—¿Eras de las santurronas, Hermione? —se une Noelle. Yo pongo los ojos en blanco.

—¡Oh, era la peor! Incluso antes de ser prefecta, daba rondas como Premio Anual —se queja Marcus—. Dime, Granger, ¿alguna vez rompiste las reglas, aunque fuera una vez?

La miro y ella está concentrada en él, como si fuera un problema de Aritmancia que está ansiosa por resolver.

—Rompí las reglas muchas veces —dice ella—. Pero a diferencia tuya, nunca me atraparon.

Ella bebe de su vaso. Y Marcus sonríe. Yo bebo la mitad de mi vaso.

La cosa continúa así. Noelle se ríe. Marcus comienza una historia o un recuerdo de Hogwarts y luego se gira hacia Granger, preguntándole su versión de los hechos. Ella le pone una expresión de piedra con frases cortantes. Yo bebo.

Granger se vuelve hacia O'Connor. Marcus la llama por su nombre. Yo bebo.

Granger frunce el ceño. Marcus le sonríe. Noelle se ríe y sorbe. Yo bebo hasta el fondo.

—Tengo que hacer pipí —anuncia Noelle. Marcus y yo nos paramos cuando ella deja la mesa. Tal vez podamos encontrar otro lugar para hablar, lejos del resto de ellos.

—¿Juegas mucho al quidditch? —le pregunto.

—No he tenido la oportunidad de hacerlo. —Él bebe—. Pero escuché que has estado jugando con Potter —sonríe—. Traidor.

Yo sonrío.

—Ha sido... desafiante —le miento—. Es una mierda para capitanear un equipo —miento de nuevo. Veo el orgullo hincharse en el pecho de Marcus.

Charlamos unos minutos más, pero sigo viendo sus ojos deslizarse a mi lado, mirando algo junto a la barra. Sus labios se tensan.

Marcus me agarra del brazo.

—¡Ey! Hablando de quidditch, ¿recuerdas esa vez que asustamos a Potter fuera del campo?

—Sí. Y recuerdo que Potter nos derribó con un patronus ese día.

—¡No! ¿de verdad? ¡Granger! —Él se vuelve hacia su taburete y pone mala cara cuando lo encuentra vacío. Me enfrenta de nuevo—. Oh, ahí está ella.

Mis ojos escanean la habitación, sólo captan rizos cuando salen por la puerta lateral.

Curioso.

O'Connor se ríe en la barra. ¿Ella lo abandonó? Su bolso tampoco está.

—No se veía muy bien hace un segundo —dice Marcus, y escucho su voz sobre mi hombro—. Espero que no intente aparecerse.

—Yo... mmm, estoy seguro de que no lo hará. —No puedo quitar los ojos de la puerta por la que ella se escabulló—. Disculpa, voy corriendo al baño.

Marcus no dice nada mientras me muevo entre la multitud, lejos de él. Ella sólo bebió dos cervezas de mantequilla. A menos que hubiera estado bebiendo previamente en la fiesta de retiro. ¿Por qué se escabulliría?

Empujo la puerta para abrirla, la brisa golpea mi cuello y el sonido se derrama en el callejón. Ella está a mi izquierda, prácticamente en la basura. Cajas y cajas a su alrededor, apenas en pie, sujetándose de la pared para mantenerse en pie.

—¿Granger?

Su cabeza gira hacia mí.

—Malfoy. —Su lengua es espesa. Veo la varita en su mano y dejo que la puerta se cierre detrás de mí, acercándome a ella.

—¿Qué estás haciendo aquí? —me pregunta, con palabras pastosas.

—Estaba a punto de hacerte la misma pregunta. Espero que no estés intentando una aparición, Granger. No pareces estar en estado conveniente.

Una brisa en el callejón trae su aroma hacia mí.

—¿Por qué estás aquí afuera? —Ella pestañea con párpados pesados. Sus pupilas están desenfocadas. Está completamente borracha.

—¿Cuánto tomaste en la fiesta de jubilación? —No puedo evitar el desprecio en mi voz, preguntándome dónde demonios está O'Connor, deseando golpearlo por dejarla llegar a este estado.

Ella toma grandes bocanadas de aire.

—¿Cómo supiste que vendría aquí? ¡Qué quieres de mí! —Su voz hace eco alrededor de los muros de piedra, rebotando en las cajas.

Su cara está tensa, casi asustada. Por un momento, incluso me pregunto si ella me está hablando a mí. Si ella puede escucharme. Tal vez se trate de alguna hierba...

—¿Qué te pasa? —pregunto. Ella murmura algo y levanta la mano antes de que yo pueda acercarme. Su palma está cortada, una gruesa gota roja se desliza por su muñeca—. Estás sangrando.

Tomo su muñeca, tirando de ella hacia mí. Tengo que curarla. Tal vez con un tergeo y luego envuelvo la herida con mi pañuelo.

Un jadeo. Su mano suelta su varita intentando agarrar mi garganta. Ella arranca su muñeca de mi agarre y tira del cuello de mi camisa. Quiere estrangularme. Doy un paso atrás, listo para recibir el ataque. Listo para un asalto.

Su cuerpo vuela hacia mí, presionándose contra el mío y acariciando mi cabello. Yo me tambaleo hacia atrás, enderezándonos y preparándome para empujarla lejos de mí si ella aprieta mi garganta. Inhalo, sintiendo que mi corazón late con fuerza.

Mis manos estabilizan sus caderas, mis músculos están listos para pelear y ella lleva su rostro a mi cuello, parándose sobre la punta de sus dedos.

—Draco... —Un susurro contra mi piel. Sus dedos se enredan en mi cabello.

Estoy tenso y estático. Esperando que se burle de mí. Esperando que me ataque.

Una caricia suave en mi cuello. Un gemido. Y sus labios se abren, succionando.

Mis pulmones no funcionarán. Mis manos están congeladas, agarrando sus caderas. Ella jadea contra mi cuello y besa mi mandíbula, su lengua presionándose contra mi piel.

Siento un escalofrío desde mi estómago hacia afuera y la corriente fluye hasta la punta de mis dedos. La aprieto. Ella gime.

Su pecho se presiona contra mi cuerpo, buscando aire, empujando sus senos hacia mí. Mi mano se desliza para acercar sus caderas y la otra asciende por su columna, hasta su cabello; sus rizos me hacen cosquillas en los nudillos. Las yemas de mis dedos encuentran su cuello y ella gime contra mi piel, succionando mi cuello como si estuviera hambrienta.

Esto no está bien. Ella no...

Sus caderas se mueven, empujando hacia adelante.

Mis ojos giran dentro de mi cabeza.

—Granger, ¿qué estás haciendo?

Me tiemblan los brazos intentando no presionarla, no avanzar demasiado rápido. Siento sus labios rozar mi mandíbula y me pregunto qué tan cerca estará. Me giro hacia ella, impaciente.

Ella me empuja, desequilibrándome, y los dos tropezamos. Ella golpea su cabeza contra los ladrillos.

—¿Qué me hiciste? —exige ella.

Más bien al contrario, Granger. Me reenfoco en ella, en su pregunta.

—¿Qué? —Mi voz es aguda, jadeante.

—¿Por qué me estás haciendo esto? —Su labio tiembla. Siento que toda mi excitación se desvanece.

—¿Granger?

Ella está asustada. Yo estoy buscando pistas. Su piel está roja y sobrecalentada, su boca abierta y jadeante. Ella todavía parece desearme y siento ácido en la garganta al pensar que está aterrada por eso. Que está avergonzada.

Especialmente con la forma en que ella te mira. Katya había dicho...

Ella comienza a caerse. Salto para atraparla, con ambas manos alrededor de su cintura. Ella jadea.

Está borracha. Está borracha y ya no sabe lo que está haciendo.

Observo sus pupilas dilatados y sus labios jadeantes. Su cabeza cae hacia un lado, como si fuera demasiado pesada para su cuello.

No está borracha.

—¿Qué te pasa? —Mi voz es fuerte. Levanto su cabeza y su garganta resuena en el aire.

Ella gime y el sonido flota a través de mis oídos, baja por mi pecho y gira hacia mi polla. Su mano se levanta para presionar la mía, sosteniendo mi palma contra su cara. Me toma de la camisa con los dedos de su otra mano, gira su cabeza hacia mi mano y comienza a succionar, justo sobre mis venas. Su lengua da vueltas y desaparece.

—Oh, por Dios, Draco.

Ella me mira a la cara, sus ojos velados de lujuria.

Especialmente con la forma en que ella te mira.

¿Ella me lo permitiría? Podría arrinconarla en este callejón tranquilo, empujar mi rodilla entre sus muslos y deslizar mis dedos por su falda. Podía levantarla, meterme entre sus caderas, arrastrar sus piernas alrededor de mi cintura. Podía presionar mis labios contra su cuello, saborearla, perderme a la deriva en su boca.

¿Ella me lo permitiría?

Mi mano todavía está en su cintura. Estoy mareado por el deseo. Presiono mi mano junto a su cabeza, sus ojos me miran mientras succiona mi muñeca.

Finalmente está entre mis brazos, besando mi piel, tocándome e implorándome.

—Granger... —Respiro contra su rostro. Mis dedos se enroscan contra los ladrillos.

—¡Detente! ¡No hagas esto! —Ella me suelta y empuja.

Yo salto hacia atrás, jadeando. Estuvo tan cerca.

Levanto las manos, con dedos temblorosos, esperando que ella no mire más allá de mi cintura donde mi polla está dura.

—¿Por qué me seguiste hasta aquí?

—Te vi salir.

Ella me mira confundida.

—¿Qué me diste? —sisea.

—¿Qué te di yo? —Estrecho mis ojos hacia ella. Finalmente puede formular oraciones coherentes, pero sus palabras no tienen sentido.

—¡¿Qué pusiste en mi bebida, Malfoy?!

Yo le frunzo el ceño. Poner en su bebida. Abro la boca para decir "nada", para pedirle que me lo aclare.

Pero su comportamiento: cayéndose, tocándome, besándome. Todo es incorrecto.

Modificación del comportamiento. Poción de lujuria.

Poción.

Marcus. Miro hacia la puerta por la que salí. ¿Por qué querría él...?

—¿Qué es esto? ¿Cómo lo detengo? —Su voz me trae de vuelta. La miro justo cuando comienza a caer de nuevo. Me muevo hacia ella—. ¡NO ME TOQUES!

Me congelo. Espero a que ella se enderece.

—¿Por qué me envenenaste? ¿Qué es lo que deseas?

¿Qué yo la envenené? ¿Qué yo la envenené y vine aquí para...? Eso es lo que ella piensa. Y casi lo hice. Borracha o no, casi lo hice.

Mi estómago se contrae. Voy a vomitar.

¿Cómo pude haber pensado que ella me lo permitiría?

Estoy a punto de disculparme, decirle que iré a buscar a O'Connor, cuando la puerta se abre de nuevo y allí está él.

—¡Aquí están! —Ella cierra los ojos—. Estamos hablando sobre ir al bar que está a un par de calles, ¿qué opinan?

Yo espero. Espero a que ella le pida que llame a las autoridades. Espero a que ella le diga que intenté abusar de ella cuando evidentemente había sido drogada.

Estaba tan claro ahora: arrastrando las palabras, cayéndose, tropezando sobre mí. Y a mí no me había importado.

—¿Qué está pasando? —pregunta O'Connor.

Su varita está en el suelo entre nosotros. Todo lo que necesitará Seguridad Mágica es una instantánea de este momento. El exmortífago que asalta a Chica Dorada.

La escucho hablar:

—Yo... tomé de más. —Alzo la vista. Ella está mirándome—. Draco me atrapó intentando aparecerme en casa. Y no estoy en estado conveniente. —Ella suelta una risa hueca.

Yo le frunzo el ceño. ¿De qué tienes miedo? Dile la verdad.

—Granger, ¡no aguantas nada! —O'Connor se acerca a ella. Ella mueve su cabello hacia atrás y me molesta lo provocativa que se ve; con los labios rojos y el cabello suelto y enredado. O'Connor dice—: ¿Te cortaste?

Él alcanza su mano. Yo me sobresalto, demasiado tarde para evitar que él la toque, para que no vuelva a empezar todo.

Los dedos de O'Connor rodean su muñeca y el aire se detiene. Ella no se mueve. Me mira; una nueva oleada de ira brota de ella.

—Me caí.

¿Por qué sólo pasa conmigo?

Marcus hizo esto. Sus dedos en mi cabello en la barra, ásperos y antinaturales, tiraban de mi cabello.

Ella todavía está mirándome. O'Connor la está alejando, riéndose de su ebriedad. Su varita todavía está en el suelo. Ella tiene tanta prisa por alejarse de mí.

—Granger.

Se giran. Ella toma la varita que le tiendo. O'Connor se ríe.

El zoquete la rodea con el brazo y la guía hasta el punto de aparición y yo espero a que se vayan, deseando poder moverme. Me aferro al odio en sus ojos; no lo había visto en mucho tiempo.

Abro la puerta lateral del bar y mis ojos escanean hasta que lo encuentro. La gente está apartándose de mi camino. Noelle se ríe a su lado y la ignoro mientras ella me saluda.

Quiero golpearlo. Quiero clavar mi puño en su rostro y sentir los huesos crujir. Pero debo asegurarme...

Èl me mira, sonríe y dice:

—Eso fue rápido.

Lo tengo contra la pared en segundos.

—¿Cuál es tu jodido problema?

La gente se aleja de mí y escucho a Noelle jadear.

Él se ríe, sus nuevos y elegantes dientes le cortaron los labios.

—¡Vamos, Draco! ¿Por qué te cuesta tanto simplemente divertirte? —Él sacude la cabeza, como si hubiera rechazado un cigarrillo. Yo lo alejo de la pared y lo estrello nuevamente contra ella, escuchando cómo su cabeza se estampa contra el muro. Noelle grita.

—¿Qué es? —demando—. ¿Cuándo desaparece su efecto?

Él hace una mueca y me agarra las manos, empujándome.

—¡Por Merlín! ¡Con una mierda, Draco! —Me empuja lejos. Saca un frasco de su bolsillo y yo se lo arrebato. Le quedan algunas gotas. Él dice—: La hice yo mismo.

Tendré que llevarla a casa. Tendré que deconstruirla y descubrir qué errores cometió, experto en pociones o no.

—Debería haber funcionado.

—Alzo la vista y él me está examinando.

—O —dice—, ¿tal vez es tan frígida como siempre pensamos? —Él levanta una ceja. Y yo impacto mi puño contra su cara.

Él cae otra vez contra la pared y yo apunto mi otro puño para romperle sus dientes nuevos. Su cabeza choca contra los ladrillos y escucho al cantinero gritándonos que salgamos.

—Mantente alejado de ella, cabrón. No quiero que vuelvas a mirarla siquiera otra vez.

Me doy la vuelta, esquivando a varios tipos que piensan que pueden echarme. Agarro el brazo de Noelle y la atraigo conmigo. Su cara es amplia y horrorizada.

—¡Algunas cosas nunca cambian, eh, Draco! —suelta tras de mí. Siento que el calor me sube por el cuello cuando salimos al aire frío.

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Sábado 16 de abril de 1994

Fue por la Saeta de Fuego. Tiene que ser.

Yo tenía la snitch. La tenía. Y entonces Potter y su elegante escoba realmente me humillaron.

Estoy caminando a zancadas de vuelta a los vestidores. Toda la casa de Gryffindor está inundando el campo, levantando a Potter sobre sus hombros.

—¿Qué carajos, Malfoy?

Me giro y Marcus corre hacia mí.

—¡La tenía! ¡Sabes que la tenía! ¡Él me superó! —grito.

—¡Eso es mierda de dragón! —Él me empuja y yo retrocedo, enderezándome. Estoy sorprendido de que realmente me haya puesto las manos encima—. Estabas metros por delante de él. La única razón por la que te derrotó es porque estabas distraído.

—¿Distraído? Yo no estaba…

—¡Te vi! Revisando las gradas de los Gryffindor, asegurándote de que tu novia te estuviera viendo hacer el clavado.

—¿Mi ...? ¿Mi qué? —Mis ojos están saliendo de mi cabeza.

Él me agarra del cuello de la playera y me arrastra hacia él.

—Ella no está aquí por ti — me sisea—. Ella está aquí por Potter.

Mi sangre está bombeando.

—Yo… no tengo idea de lo que…

—Pon la cabeza en orden, Draco, o le escribiré a tu padre. Le diré que cada vez que la jodida Hermione Granger está en las gradas del campo de quidditch, tú no puedes mantener los ojos sobre la snitch.

Él me empuja y me tropiezo a un lado, justo cuando Severus se acerca para hablar con el equipo. Me quedo boquiabierto tras él, respirando con dificultad. Severus pasa junto a mí, sin molestarse en ayudarme a levantarme.

Miro a la multitud de Gryffindor. Wood está llorando. Potter está sosteniendo la copa. Y Granger está de pie al borde de la multitud con Weasley, saltando arriba y abajo.

Yo no me quedo mirándola. Volteo hacia mi uniforme, me quito la hierba y la tierra. No es que la mire.

Es sólo que ella siempre está leyendo un maldito libro en las gradas y no levanta la vista de allí por nadie.

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Jueves 18 de noviembre de 1999 - más tarde

Noelle me está gritando, pero no puedo escucharla. Ella aparta su brazo de mi agarre y se detiene en la calle.

—¡Qué demonios, Draco!

—Vamos a llevarte a casa —pruebo, volviendo a tomarla del brazo. Ella se mantiene firme.

—¡¿Cuál es tu problema?! ¿Peleando? —Ella agita las manos, su cabello se estremece salvajemente. No tengo tiempo para esto; necesito llegar a mi laboratorio de pociones.

Probablemente contenga asfódelo.

¿Será una variante de Amortentia?

¿De dónde proviene la desorientación?

Noelle sigue gritando.

—…tipo, ¡espero que no haya sido un alarde de testosterona! Marcus y yo sólo estábamos hablando. Y además, Draco, ¡no tienes derecho sobre mí!

—Ya. Cállate. —le siseo—. El mundo no gira a tu alrededor. Tú no tienes nada que ver con esto. No eres importante.

Ella parpadea con la boca abierta. Siento culpa, pero luego pienso en los huevos de ashwinder...

Ella me fulmina con la mirada. Dice algo acerca de encontrar sola el camino a casa y yo me siento muy aliviado cuando ella se marcha. Desaparezco en el acto, sin importarme comprobar si hay muggles observando.

Aparezco en la colina fuera de la Mansión. El viento me cala y corro por el camino hacia la puerta principal. Bajo las escaleras hacia nuestro laboratorio de pociones. Saco el frasco de Marcus de mi bolsillo. Le quedan tres gotas.

Caliento los calderos y comienzo el proceso de descomponerla, tomando sólo dos gotas y guardando el resto. No he hecho esto en años. No he estado en esta habitación desde antes de la guerra. Solía relajarme. Ahora estoy apurado y prácticamente tirando al piso los matraces.

Yo tenía razón.

Amortentia diluida, con una variante de poción pimentónica. Hace que el bebedor se sobrecaliente y necesite salir...

Aquilea, para la confusión.

Púas de puercoespín, para incrementar la euforia una vez se entra en contacto con la persona cuyo cabello ha sido agregado.

Preparo un antídoto. Algo para aliviar el calor, la confusión y la euforia. Lo agrego a un antídoto de poción de amor, hirviendo y revolviendo en contra de las manecillas del reloj.

Lo envaso, corro escaleras arriba y salgo por la puerta hacia la colina rumbo al punto de aparición. Salgo a una calle de la que se supone que no conozco de nombre, al lado de un edificio del que se supone que no sé la dirección.

Atravieso la puerta principal y estoy a medio camino de las escaleras antes de darme cuenta que no tengo idea de cómo se supone que debo hacer esto.

La puerta se abre cuando estoy a tres escalones del rellano y Potter sale, encogiéndose de hombros. Mi pie se cierne sobre el siguiente escalón y él se congela cuando me ve, con la mano en el pomo de la puerta.

Él voltea hacia dentro, cierra la puerta y me mira con dureza. Aprieta los labios.

Yo trago saliva.

—¿Cómo está ella?

No hay respuesta. Me mira de arriba abajo y, por primera vez en todos mis años conociéndolo, es claro para mí que este es el hombre que derrotó al mago más oscuro de nuestro tiempo. Dos veces.

Inhalo temblorosamente. Saco el vial de mi bolsillo.

—Si continúa teniendo síntomas... si todavía está mareada o sobrecalentada, puede tomar esto...

Él me empuja.

Estoy volando hacia atrás, mis manos aferrándose a la barandilla, mis rodillas rodando sobre mi cabeza mientras mi espalda golpea contra los escalones, enderezándome antes de continuar descendiendo. Estoy al pie de la escalera, sobre mi trasero. Miro a lo alto de las escaleras.

Potter está chisporroteando magia.

—¿Crees… —comienza, descendiendo hacia mí—, que alguna vez dejaría que ella bebiera de nuevo algo que tú preparaste?

—Yo no la preparé. —Me duele respirar.

Él se detiene a dos pasos de mí.

—¿La tocaste? ¿Le pusiste las manos encima?

El dolor en mi espalda podría ser una costilla rota. Tengo que estirar el cuello hacia atrás para mirar al niño que vivió.

—No quise... —escucho mi voz, agrietada y húmeda. Veo borroso y sé que estoy a punto de llorar frente a Harry Potter—. No sabía que ella estaba...

Pero no puedo continuar, porque sí lo sabía. Ella estaba tambaleándose y arrastrando las palabras. Y, cuando ella me tocó, yo la toqué de vuelta.

Me sorbo la nariz desviando la mirada, dejando entrar aire a mi pecho roto.

—Ella no quiere hablar de esto. Dijo que simplemente le dieron una poción para drogarla y que trató de arrojarse sobre ti —me dice. Levanto el cuello para mirarlo, la luz en el hueco de la escalera es como un halo detrás de él—. ¿Te aprovechaste de ella? ¿Tú…?

—No —toso—. No así. No lo hice... Nos detuvimos. Ella me detuvo. —Inhalo jadeando. Quiero levantarme. Quiero largarme, pero no sé qué tan gravemente herido estoy. Y no quiero averiguarlo delante de él.

—Tienes un chupetón en el cuello —me dice. Yo lo miro fijamente, levanto mi mano y veo un moretón en mi muñeca—. ¿Eso te lo hizo ella?

—Sí.

Miro mi muñeca, como si pudiera ver la magulladura volviéndose púrpura frente a mis propios ojos.

—Ella no tiene marcas —dice, con voz tranquila—. Ginny lo comprobó mientras la ayudaba a meterse en la ducha.

Yo lo miro y asiento.

Potter hace una pausa, pensando. Se inclina y levanta el vial que rodó por las escaleras mientras yo caía.

—¿Qué es esto?

—Es una mezcla. Antídoto para poción de amor con algo para combatir los mareos, el sobrecalentamiento y la confusión.

—Ella no tiene ninguno de esos síntomas —dice—. Ella solo está llorando y vomitando.

Esto apesta. Por mucho que me odie a mí mismo ahora, me siento tentado a nunca volver a lavar esta camisa, para poder mantener en ella su aroma. Pero ella está deshaciéndose de mi sabor, exprimiéndolo fuera de su sistema como si fuera ácido.

Sólo sacudo la cabeza.

—Bien.

Me muerdo la lengua y empiezo a levantarme. Potter se detiene, todavía dos pasos por encima de mí, y observa cómo me arrastro para ponerme de pie.

No puedo mirarlo a los ojos.

—¿Costilla rota? —pregunta. Su voz es más gentil.

—Tal vez. —Empiezo a girar. Él saca su varita.

Lanza un hechizo de diagnóstico y ambos miramos la costilla rota. Me hace un gesto para que me dé la vuelta y conjura un brackium emendo. Mis huesos explotan. Aprieto los dientes para no gritar.

—Gracias.

Camino hacia la puerta.

—Ustedes dos... —comienza. Yo me detengo—. Son tóxicos. —Su tono no es acusatorio, sino triste.

Yo lo miro con una sonrisa sombría.

—No tienes idea, Potter.

Me marcho, adolorido en el torso y en cada lugar que golpeé en mi caída.

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Viernes 19 de noviembre de 1999

Son las cuatro de la madrugada cuando regreso a la puerta principal de la Mansión. Subo las escaleras a mi habitación y me dirijo al baño. Las luces brillan sobre las paredes y yo me giro para verme en el espejo.

Hay un gran hematoma sobre mi yugular, pequeños besos a lo largo de mi mandíbula y una marca gruesa en mi muñeca. También hay un corte en la piel de mi nudillo donde se incrustó en la cara de Marcus. Saco mi varita para curarlos u ocultarlos, y veo líneas rojas y secas a través del cabello sobre mi sien. Giro la cabeza para observarlas en el espejo.

Es su sangre, la de su mano. La misma mano que se aferró a mi cabello con dedos fuertes.

Oh por Dios, Draco.

Cierro mis ojos. Realmente es ridículo pensar que ella querría abrazarme así, que yo dejé que eso sucediera. Me empiezo a reír. Me río hasta que me duele la espalda. Me quito la camisa y hago exactamente lo que pensé que podría hacer: la guardo en los cajones de mi armario al lado de una caja de recortes de periódico.

Me baño y me preparo para el día a las seis de la mañana. Veo los chupetones al salir y la vergüenza que me dan es un poco reconfortante. Un recordatorio de lo que sucedió.

Es mi culpa que haya sucedido. Si hubiera sido más cuidadoso con Marcus. Si lo hubiera alejado antes de ella. Si me hubiera concentrado más mientras buscaba la snitch.

Y tal vez hasta sea bueno para mi imagen tener chupetones en el cuello. Me río con una risa exhausta.

Llevo mi trabajo a la sala de conferencias.

Horas después la puerta se abre y ahí está ella, luciendo pálida y cansada. Ella cierra la puerta a su espalda.

¿Está loca? La poción todavía está en su sistema.

Se para frente a la puerta, levantando la cabeza.

—Siento haberte acusado de drogarme anoche —dice. Yo dejo mis papeles y miro el escritorio—. Acababa de... acababa de descubrir lo que estaba sucediendo cuando saliste. Te agradezco que hayas salido a ver si estaba bien, ahora sé que tu intención no era seguirme para... No debí apresurarme a sacar conclusiones. Estaba asustada.

Yo asiento. Tomo el frasco que traje, el que contiene una última gota de la poción que Marcus fabricó con sabrá Merlín qué intención. Se lo lanzo, temeroso de acercarme a cierta distancia de ella.

Ella lo atrapa, milagrosamente, y yo casi me río.

—Huevos de ashwinder, asfódelo y algunas otras cosas —digo, enumerando la investigación que hice—. Sus efectos deberían incluir un lento proceso de fiebre, seguido de mareos y desorientación, para terminar con lujuria cuando la persona cuyo cabello ha sido agregado a la poción te toca. Fue Flint.

Ella me mira como si ya lo supiera.

—¿Y usó tu cabello y no el suyo?

Tengo que apartar la mirada de ella.

—Marcus tiene formas muy interesantes de divertirse. —Es todo lo que digo. Mis ojos están de nuevo en mis documentos.

—Gracias por salir a comprobar cómo estaba —dice ella—. Y gracias por no... tomar ventaja de la situación.

Se me escapa la respiración como una risa. Mis labios se tuercen.

—Debo tener una definición distinta de "tomar ventaja de la situación"

—Podría haber sido mucho peor anoche —dice ella.

La escucho marcharse. Yo asiento hacia la habitación vacía.

Sí, podría haber sido peor... si ella no hubiera vuelto en sí las dos veces que entramos en contacto.

Me habría presionado contra ella, sujetándola entre mi cuerpo y la pared. Hubiera girado su rostro hacia mí con la mano ya en su mejilla, reclamando sus labios y empujando mis caderas contra las suyas. La hubiera saboreado, enroscando mi lengua alrededor de la suya y abierto su blusa, botón por botón, hasta poder besarla en el pecho. Habría sumergido mis dedos debajo de sus bragas y la habría obligado a montar mi mano mientras yo acariciaba sus senos, silenciando sus gemidos con mi boca. Cuando su labios se abrieran durante el clímax, habría dejado que ella se corriera ahí, en el callejón, entre las cajas sucias y recipientes vacíos; antes de arrancarle las bragas y desabrocharme los pantalones, olvidando cuánto deseaba recostarme junto a ella la primera vez, mirándola.

La habría levantado, envolviéndome sus piernas alrededor mientras me hundía en ella, atrapando su cuerpo contra los ladrillos y, mientras ella gemía por la poción, la habría tocado justo antes de penetrarla, jugando con su clítoris hasta hacerla gritar, contrayéndose alrededor de mi, aferrándose a mí y gimiendo mi nombre, sólo porque el tiempo no estuvo a su favor y usaron huevos de ashwinder.

Potter llega a la sala de conferencias a la hora del almuerzo. Lo miro, esperando. Él trae una taza de té y la deja sobre mi escritorio antes de salir. Sacudo la cabeza hacia él.

—Una vez escuché el rumor de que el Sombrero Seleccionador casi te pone en Slytherin, Potter.

Él se da vuelta y asiente.

Yo bebo un sorbo; tiene miel.

—No hubieras durado ni un día allí.