DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Hola a todas y bienvenidas! Quería avisarles por aquí que necesito tomarme un par de semanas para organizarme con el inicio de clases de mis hijos, y prepararme con algunos capítulos por adelantado pues he estado peligrosamente cerca de no publicar en tiempo y forma y no quiero que pase eso. Por tal motivo, esta historia será actualizada la próxima vez el día 14 de septiembre. De verdad lamento mucho tener que hacerlas esperar, pero es para asegurarme de no quedarles mal en el futuro.
Agradezco como siempre todo su apoyo y cariño.
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Todo lo Incorrecto
Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8
Capítulo 13
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Martes 6 de mayo de 1997
Tal vez esto sea lo correcto.
Tal vez así es como siempre debió haber sido. Con Potter de pie sobre mí.
Siempre supuse que el cuerpo intentaría salvarse, pero mi corazón está bombeando sangre más rápido, como si no supiera...
¿Cómo puede el cuerpo no saber?
La sangre está ahora en mi garganta, como hierro líquido. Yo toso.
Myrtle. Ella está gritando. No sé para qué. Así es como se supone que debe ser. Nadie vendrá corriendo a salvarme, Myrtle.
Potter se arrodilla a mi lado. Está tan mojado por todas partes.
Tal vez esto sea lo correcto. Tal vez debería ser la cara de Potter lo último que vea. Un apretón de manos que él nunca aceptó, su brazo alejando mi mano de la snitch, la forma en que ella lo abraza y lo mantiene cerca...
Será más fácil de esta forma. No le he fallado al Señor Oscuro, Potter me mató. Probablemente dando inicio a la guerra. Mi madre... ella lo asesinará por esto. Ella arrasará con el castillo. Pero madre estará a salvo, porque yo no fallé…
Pero tampoco tuve éxito. No seré recordado como el chico que mató a Albus Dumbledore. Así no es como ella me recordará. Con suerte, ella me recordará como el mayor error de Potter. Casi sonrío.
Veo manchas en el techo. ¿Tal vez me estoy rindiendo? Hay un gorgoteo que reconozco como mis pulmones, burbujeando sangre a través de ellos.
Potter todavía está aquí. Y aún así desearía que fuera alguien más, alguien con los ojos muy abiertos y la piel suave, que incluso podría saber cómo solucionar esto. Ella probaría algunos hechizos. Quizás lloraría encima de mí. Y yo tomaría su mano…
Negro. Está muy oscuro aquí.
Y luego llega Severus. Casi me río, porque seguramente esto no es lo que él deseaba.
Escucho una canción en algún lado. Me pregunto si ella sabrá cantar.
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Sábado 20 de noviembre de 1999
Draco:
No podré mantener nuestra reunión de esta tarde. Te deseo todo el éxito con Malfoy Consulting Group, pero creo que no es el negocio correcto para mí o para mi familia.
Tiberius Ogden
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Lunes 22 de noviembre de 1999
Toco la puerta de Robards.
—¡Señor. Malfoy! ¡Pase!
Si tan sólo todos pudieran ser tan alegres como Robards, el mundo sería un lugar más brillante.
—Buenos días, señor. ¿Puedo hablar con usted un momento?
—Por supuesto, por supuesto. —Él aparta su té y cierra un archivo—. ¿Qué tienes en mente?
—Yo... mmm... quería informarle que Granger y yo tuvimos un distanciamiento. —Yo trago saliva. Sus cejas saltan—. No es que estuviéramos muy cerca en primer lugar. —Yo sonrío.
—Oh, ya veo. —Él parpadea. Él no lo ve.
—Entonces, creo que sería mejor para todos los involucrados si pudiéramos evitar trabajar juntos en los proyectos. Cuanto menor sea el contacto, mejor —le digo.
Robards asiente.
—Está bien. Sí, está bien. —Él mira su escritorio—. ¿Hay algo que pueda hacer? ¿Necesitas ayuda de una fuente externa al problema?
—No —le digo—. Es una disputa completamente personal. —El susurro de Draco roza mi oído—. Cometí algunos errores, tomé algunas malas decisiones y creo que es mejor para la señorita Granger si mantengo mi distancia.
Robards suspira y asiente.
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Martes 23 de noviembre de 1999
Señor Draco Malfoy:
Su solicitud para visitar al prisionero número LM537 el 1º de diciembre de 1999 ha sido rechazada. De conformidad con el artículo 8192, Sección 4a, de la Ley Mágica, un preso puede rechazar una solicitud de visita por cualquier motivo.
Si usted es el representante legal del prisionero LM537, comuníquese con el Departamento de Seguridad Mágica, Servicios de Administración.
Atentamente,
Ulyses Olyphant
Coordinador de Visitas de Azkaban
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Parpadeo ante la carta. Esto debe ser un error. Saco un nuevo pliego de pergamino y envío una segunda solicitud, esta vez para el 2 de diciembre.
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Miércoles 24 de noviembre de 1999
—Anoche hablé con Siobhan Selwyn —la voz de mi madre me detiene en mi camino al trabajo.
La miro fijamente.
—¿Sí?
Sus ojos dejan el periódico y se vuelven hacia mí.
—Ella y su hermana están interesadas en recibir algunos consejos de negocios. Comenzarán una pequeña boutique en Diagon Alley a principios del próximo año. Deberías reunirte con ellas.
—En realidad, esa no es la clientela que Malfoy Consulting buscará —le digo.
—¿Ah no? —Ella me levanta una ceja—. ¿Las boutiques son demasiado pequeñas para ti?
—El esposo de Siobhan está en Azkaban, madre.
Ella me mira fijamente.
—También el mío.
Abro la boca y la cierro.
—Me refiero a que no puedo asociarme con mortífagos conocidos. Estoy intentando distanciarnos de eso.
—Negocios son negocios, Draco. —Ella bebe su té—. El acuerdo no tiene por que llegar a El Profeta.
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Jueves 25 de noviembre de 1999
Señor Draco Malfoy:
Su solicitud para visitar al prisionero número LM537 el 2 de diciembre de 1999 ha sido rechazada. De conformidad con el artículo 8192, Sección 4a, de la Ley Mágica, un preso puede rechazar una solicitud de visita por cualquier motivo.
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Me froto las sienes. Tomo un nuevo pergamino.
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Sábado 27 de noviembre de 1999
Señor Draco Malfoy:
Su solicitud para visitar al prisionero número LM537 el 3 de diciembre de 1999 ha sido rechazada. De conformidad con el artículo 8192, Sección 4a, de la Ley Mágica, un preso puede rechazar una solicitud de visita por cualquier motivo.
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Quemo la carta. Tomo un nuevo pergamino.
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Padre:
Tú y yo tenemos algunas cosas que discutir lo antes posible. He estado ocupado construyendo una agenda de clientes, consiguiendo el espacio para la oficina y reuniéndome con inversionistas potenciales. Si te niegas a reunirte conmigo, ¿cómo voy a garantizar el depósito de mi herencia?
Adjunto a esta carta una solicitud para visitarte el 4 de diciembre. Espero que sea un mejor momento para adaptarme a tu apretada agenda.
Tu hijo,
D.M.
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Domingo 28 de noviembre de 1999
—Bueno, todo es muy impresionante, Draco. —El Señor Harding se recuesta en su silla y mira los rayos de sol que entran por las ventanas del restaurante—. Nunca había pensado en expandirme al mundo muggle.
—La moda muggle está en constante crecimiento. Por lo general, a una velocidad mucho mayor que la del mundo mágico —le digo. Puedo sentir el latido de mi corazón con la anticipación de cerrar un trato—. Las joyas, especialmente las joyas que brillan tan deslumbrantemente como las de Harding, también deberían hacerlo.
—¿Y tienes al personal y las habilidades necesarias para hacer la transición de Harding Jewelers al mundo muggle? Necesitaríamos asesores financieros, asesores comerciales, asesores de marketing...
—Absolutamente —le digo—. Estoy contratando lo mejor de lo mejor en cada uno de esos Departamentos…
—¿Pero, tienen experiencia en el mundo muggle? —me interrumpe él, replegando su servilleta sobre su regazo—. Sin ofender, Draco, pero el apellido Malfoy realmente no es asociado con los muggles.
—Mi personal estará bien versado…
—"Lo estará". —Sus ojos brillan sobre mí, destellando como sus diamantes—. Te diré qué haré: después de que la empresa de consultoría haya estado funcionando por un tiempo, y después de que hayas llenado todos los puestos de tu personal, contáctame de nuevo. —Él se cepilla los pantalones y se levanta de la mesa—. Una vez que tengas todo dominado, hablaremos de nuevo.
Yo me muerdo la lengua mientras nos estrechamos la mano.
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Lunes 29 de noviembre de 1999
—Señor Malfoy, admito que asistí a esta reunión como cortesía a su madre.
Yo asiento.
—Por supuesto, señor Shafiq. Espero poder...
—Pero no me interesa tener el apellido Malfoy rondando cerca de mis finanzas; ni personales, ni profesionales.
Yo mantengo mi sonrisa cordial en su lugar.
—Lamento escuchar eso, señor Shafiq. Espero que me permita decirle que entiendo sus preocupaciones y trabajaré muy duro para rehabilitar el apellido Malfoy.
—¿Cómo? —El bigote del señor Shafiq se contrae. No está buscando ninguna respuesta. Sólo se burla de mí.
Yo trago saliva.
—Me enfocaré en las relaciones con los muggles. Algunos de nuestros clientes utilizarán nuestros servicios para hacer la transición de sus negocios hacia el mundo muggle. —Él me mira sin pestañear—. Tomaremos un caso pro-bono al trimestre, enfocándonos en aquellos que necesitan asistencia legal frente al Wizengamot…
—¿Y el mundo de las criaturas mágicas? —pregunta él—. Tu historia con elfos domésticos y hombres lobo es bastante... conocida.
—Al igual que la historia de nuestra familia con los dragones. —Estoy a punto de perder mi expresión agradable.
—Los dragones y los elfos domésticos no son lo mismo. —Él saca su monedero y arroja unos sickles sobre la mesa de té.
—Oh, no —le digo, extendiendo la mano—. Yo invito el té, señor Shafiq.
Él deja caer los sickles y estos traquetean.
—Guarde sus galeones, señor Malfoy. —Él se ajusta el abrigo a su alrededor—. Si sólo puede financiar un caso de caridad al trimestre, debe andar muy apretado económicamente.
Él pasa rozando mi silla cuando se marcha. El interior de mi mejilla sangra por donde mis dientes se clavan.
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Martes 30 de noviembre de 1999
Señor Draco Malfoy:
Su solicitud para visitar al prisionero número LM537 el 4 de diciembre de 1999 ha sido rechazada. De conformidad con el artículo 8192, Sección 4a, de la Ley Mágica, un preso puede rechazar una solicitud de visita por cualquier motivo.
Si usted es el representante legal del prisionero LM537, comuníquese con el Departamento de Seguridad Mágica, Servicios de Administración.
Atentamente,
Ulyses Olyphant
Coordinador de Visitas de Azkaban
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¿Qué pudo haber cambiado?
Miro la carta de mi viejo amigo Ulyses.
¿Qué podría estar provocando este comportamiento? ¿Será una negativa a firmar la herencia? O es simplemente un juego de poder.
No ha habido fotos en El Profeta desde... la semana pasada, en el callejón. Nada que él pudiera ver.
Mi madre se cruza conmigo y mira la carta.
—¿Correo interesante?
Yo aprieto la mandíbula, preguntándome si debería meterla en esto.
—Yo... —Sacudo la cabeza—. Es padre.
Ella se detiene mientras se acomoda los guantes.
—¿Sí?
—No quiere verme. No contesta mis cartas.
Ella me arranca el pergamino de las manos y lo lee. Y se ríe.
Después conjura un nuevo pergamino y una pluma. Garabatea en su elegante caligrafía una solicitud para mañana, 1º de diciembre.
—¿Podrías enviar esto? —Ella coloca la carta en la credenza y camina hacia la chimenea.
Unas horas más tarde, desgarro la carta de respuesta dirigida a ella.
Señora Narcissa Black:
Su solicitud para visitar al prisionero número LM537 el 1º de diciembre de 1999 ha sido aprobada. Consulte los documentos adjuntos para obtener instrucciones sobre su llegada y artículos prohibidos.
Frunzo el ceño ante la respuesta de Ulyses.
Quizás mi madre merezca más crédito.
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Miércoles 1 de diciembre de 1999
Si hubiera dormido anoche, esto no habría sucedido.
Habría estado lo suficientemente despierto como para notarla en el Atrio. Me habría desviado y dirigido primero hacia la cafetería en lugar de estar allí esperando el ascensor.
Una vez que estoy refundido, de pie contra la pared del fondo, ella entra y me sonríe.
—Buenos días —le digo.
Algunas otras personas comienzan a llenar el elevador y ella se desliza, acercándose a mí. Yo aprieto mis brazos en mis costados.
Supongo que la poción ya habrá abandonado su sistema. Todos esos ingredientes eran temporales. Pero no quiero arriesgarme.
Recuerdo cómo se sentían sus caderas en mis manos y me pregunto qué pasaría en este ascensor, con el personal de Deportes y Juegos atrapados aquí con nosotros, si toco su muñeca y la poción explota en sus venas. Si ella sería capaz contenerse o se abalanzaría sobre mí, empujándome contra la pared, arrastrando sus manos sobre mi cuerpo...
—Sólo te queda una semana más, ¿cierto?
Incluso mantengo mis ojos al frente. Siento que ella se gira hacia mí.
—Sí. El próximo viernes es mi último día. —Puedo convertirlo en ocho días más. En verdad puedo hacerlo.
—Qué emocionante —canturrea ella—. ¿Va todo bien con tu Firma de Consultoría?
No. Casi me río. Me trago la sensación.
—Todo bien, hasta ahora. Estamos planeando lanzar la empresa el 1º de enero.
—Eso es maravilloso —dice ella—. Felicitaciones. —Es casi como si ella lo dijera en serio. El ascensor se detiene finalmente en el cuarto piso—. Que tengas un gran día —me dice, volviéndose para sonreír ampliamente sobre su hombro al salir.
Yo asiento hacia ella, sintiendo más aire entrando el elevador ahora que ella lo dejó.
Aire frío.
Llego a casa cuando mi madre regresa de Azkaban. Volteo a verla expectante. Ella se toma su tiempo quitándose los guantes.
—¿Quieres cenar estofado? —me pregunta.
—Claro.
Ella llama a Mippy. La elfina toma sus pertenencias y comienzan a hablar sobre la cena. Yo espero.
—Visitarás a tu padre en Navidad —dice ella—. Azkaban permite una visita en las festividades, además de la mensual…
—Sí, lo recuerdo.
Ella me asiente.
—No tienes nada de qué preocuparte. La transacción se realizará según lo planeado.
Ella se aleja de mí.
—¿Madre?
Ella voltea de nuevo y levanta una ceja.
—A menos que él quiera un divorcio. Uno muy caótico.
Y se va.
Esa noche, en la cena, le pido que me ayude a conseguir clientes e inversionistas. Ella contiene su sonrisa de gato y yo agradezco que no suelte un: "te lo dije".
Al día siguiente, en el desayuno, madre tiene una lista de posibles inversionistas y clientes potenciales. Yo alzo una ceja y ella me dice:
—Nunca me lo pediste.
El viernes, ella me pregunta si he pensado en una división benéfica para el grupo de consultoría.
Ha estado constantemente en mi cabeza.
—Creo que sería importante para la imagen de la compañía ofrecer más trabajo de caridad —dice ella, revolviendo su leche en el té. Esta es la cuarta idea que ha planteado hoy. Es como si hubiera estado conteniéndose hasta ahora, esperando a que yo se lo pidiera.
—Estoy de acuerdo, sólo creo que habrá resistencia —le digo—. Estaba pensando en comenzar con los derechos de los hombres lobo. Muchas de esas leyes son defectuosas. Envié una carta y una propuesta a Quentin Margolis y a la manada del Bosque del Norte la semana pasada, buscando su apoyo y sus testimonios. Me dijo que podía irme a la mierda.
Madre frunce los labios hacia abajo ante mi lenguaje vulgar.
—¿Eso dijo? —Ella le da un sorbo a su té.
—Esa era su intención. —Pongo los ojos en blanco—. Dijo que ellos se las han arreglado bastante bien durante años sin la ayuda de la familia Malfoy.
—Mmm… —Ella mira por la ventana—. Quizás la familia Malfoy no debería ser quien se acerque. ¿A quién has contratado hasta ahora?
Yo rompo un trozo de mi bollo.
—A Blaise, en Marketing; a Cuthbert Mockridge, en Finanzas y a Dorothea Bulstrode, en Administración. Además de algunos...
—Todos son sangre pura —afirma, enderezando su cuchillo y tenedor. Yo puedo escuchar sus palabras incluso antes de que ella tome aliento—. ¿Has considerado preguntarle a Hermione Granger si tiene algún interés en unirse a la compañía?
—Ella ya tiene un trabajo, madre.
—Igual que Dorothea antes de que aceptara trabajar contigo.
—Creo que Granger me sustituirá pronto, trabajando en estrecha colaboración con Potter. —Desmenuzo mi bollo en pedazos pequeños—. Ella será muy feliz.
—Lo dudo, cariño —tararea. Yo la miro. Ella se lleva la taza de té a los labios y, antes de beber, me dice—: Le costó casi un año que aprobaran su proyecto del dragón. Y eso considerando que trabaja en la Oficina de Investigación de Dragones. —Observo cómo vuelve a colocar la taza en el platito—. Tal vez esté interesada en una oferta de medio tiempo sin abandonar el Ministerio. Dale la oportunidad de ayudar a la comunidad de criaturas mágicas.
Yo miro mi cuchara.
—Katya me dijo algo similar.
Madre levanta una ceja.
—Mmm... es más inteligente de lo que parece. —Mis labios se arquean en una sonrisa—. No pierdes nada preguntándole a Hermione, ¿verdad?
Yo trago saliva.
—Me temo que las cosas han empeorado desde la última vez que ella estuvo en la Mansión. Ya no querrá tener nada que ver conmigo.
Vuelvo a doblar la servilleta en mi regazo, juntando las esquinas y deslizando los bordes. Madre guarda silencio. Y entonces:
—Eres una serpiente, Draco. Y has dejado que ella te convierta en un gusano.
Mis ojos se fijan en ella, y ella está de pie, retirando su servilleta y llamando a Mippy para que la ayude con los arreglos florales.
Sus palabras me molestan el resto del día.
Apenas puedo concentrarme en el proyecto que Robards me asignó ese día mientras trabajo en la sala de conferencias.
Me dejo llevar, preguntándome cómo sería trabajar con ella en proyectos que le apasionen. Tal vez nos reuniríamos dos veces a la semana, o a almorzar los fines de semana. Ella me acompañaría a cenas y bailes, y barreríamos a las multitudes, buscando a las personas correctas para hablar sobre cómo desea ella cambiar el mundo. Sus ojos se iluminarían con el mismo fuego de cuando peleó por el dragón y yo la privé de aquella sopa de calabaza, y podría dejar que mi mano descansara sobre su espalda, instándola a presionar más, a golpear, a matar…
Puedo saborearlo.
Puedo olerla.
Mis ojos se abren. Reviso el pasillo, me aseguro de que ella no esté de visita con Katie Bell. Robards me confirma que él no la llamó, pero siento como si yo la hubiera invocado; invocado su aroma.
Se desvanece después de más o menos una hora, pero yo aún estoy garabateando más ideas sobre hombres lobo que sobre los contrabandistas detenidos la semana pasada.
El sábado me miro en el espejo durante diez minutos, me revuelvo el cabello y dejo caer mis muros. Skeeter y su equipo se fueron hace una hora. Tuve mi entrevista para Corazón de Bruja y mi sesión de fotos. Nunca antes me había preguntado qué debería ponerse una chica en una primera cita, pero ahora me cruza por la cabeza sin parar. Mi respuesta a Skeeter fue tan patética como genérica:
Lo que sea que la haga sentir cómoda.
Skeeter me alzó una ceja, me sacó del set y dijo:
—Draco Malfoy, ¿aceptarías que una mujer vistiera pantalones de chándal en Le Porte Rouge?
Yo hice una mueca y reformulé mi respuesta en algo más cortés.
Guardo la carpeta de piel y me doy otro vistazo. Parezco muy joven y vulnerable. Lo odio, pero sé que es necesario.
Me cruzo con mi madre en el comedor al salir.
—Draco, cariño.
Yo vuelvo sobre mis pasos y asomo la cabeza.
—¿Sí?
—Hoy envío las invitaciones para la fiesta de lanzamiento. Creo que contar con la presencia del señor Potter y la señorita Weasley sería una excelente publicidad. —Ella me mira—. Pero sólo si también invitaremos a Hermione.
Yo trago saliva.
—Te informo esta tarde.
Ella me mira, ve mi portafolio y mis dedos temblorosos. Y sonríe.
—De acuerdo.
Cruzo el Callejón Diagon. Camino cuatro veces hacia Cornerstone antes de inhalar profundamente y finalmente abrir la puerta de un tirón. La encuentro en el mostrador, arrojando algo y cerrando la libreta contable. Ella me saluda y luego alza la vista, y en los segundos antes de que sus ojos se posen sobre mí, considero decirle que me equivoqué de tienda, que lo siento y darme la vuelta.
—Oh, hola. —Sus ojos se iluminan.
—Granger. —Muevo la cabeza a modo de saludo, subiendo los escalones hasta el mostrador.
—¿Tú... tienes algún libro en reserva? —Ella se gira hacia los estantes. Todo es demasiado cortés.
Contemplo la posibilidad de ir directo al grano y no hacerla perder más de su precioso tiempo. Pero, en cambio, le digo que voy a echar un vistazo.
—Maravilloso —chilla. Y por un segundo me preocupa que sea por miedo. El endurecimiento de sus rasgos, los ojos demasiado brillantes. Y, luego, ella está rodeando el mostrador—. En realidad hay... mmm... hay bastantes títulos nuevos desde la última vez que estuviste aquí.
Y ella está entrando en la sección de ficción. Me toma un tiempo vergonzosamente largo darme cuenta de que se supone que yo debo seguirla. Ella me lleva a un estante y trato de ignorar a los cuatro o cinco clientes que nos observan.
—Hay una nueva novela, ligeramente basada en un libro muggle de la década de 1980 —dice, moviendo los dedos sobre el libro en cuestión—. Futuro distópico, ley matrimonial, regulaciones para tener hijos. —Ella me mira—. En mi opinión, el libro muggle es mejor, pero nadie ha oído hablar de él por aquí, así que...
Ella alterna la mirada entre mis ojos y yo me pregunto si estará esperando una respuesta. Ella se aleja y yo la sigo.
Me muestra un libro de terror, uno que dice que a ella no le gustará y que yo tampoco puedo imaginarme que le guste. Pero sus dedos recorren el lomo del libro y sus ojos ya no pueden mirarme a mi. Tiene las mejillas rosas y me pregunto de qué se avergonzará. Ella avanza, guiándome, y veo que su mirada se posa en una mujer joven sentada en una de las cómodas sillas, antes de dar la vuelta por otro pasillo.
—La última novela que quería mostrarte... mmm... Aquí. —. Doy la vuelta por el pasillo justo a tiempo para verla doblada por la cintura, con los vaqueros apretándose a su trasero. Mis ojos están clavados en ella al tiempo que se levanta y saca un libro del estante inferior—. Una nueva biografía sobre Chadwick Boot —dice. Y me las arreglo para dirigir mis ojos hacia su cara.
Ella está divagando sobre Terry Boot. Se sonroja y sus ojos están lejos de mí. ¿Sabrá ella que nos ha apartado de miradas indiscretas, llevándonos a un espacio privado entre las estanterías, donde cualquier cosa podría pasar? Miro sus manos, acariciando la portada del libro.
Ella nunca había hecho esto. Nunca me había mostrado cosas que le gustaría que yo leyera.
—Llevaré los tres. —Le devuelvo la mirada y ella me observa fijamente.
—¿En serio? Mmm... Maravilloso. —Ella me sonríe y yo me pregunto qué tan fácil sería olvidar que Marcus Flint alguna vez existió. Olvidar a mi padre. Ella baja la vista y sus pestañas revolotean—. Quiero decir... No quería forzarte a hacerlo —se ríe, un sonido estrangulado—. Eres libre de seguir buscando, por supuesto.
—No, no —le digo. Tomo el libro, casi rozando su pulgar. Y vuelvo a ser una persona distinta, alguien más cercano a quien Skeeter cree que soy—. Si Hermione Granger recomienda leer un nuevo libro, sería tonto no escucharla.
Ella balbucea, parpadea, recoge los otros libros y pasa a mi lado, rozando sus caderas contra mi muslo.
Si ella vuelve a sonrojarse... Si vuelve a mirarme con ojos oscurecidos… si vuelve a rozarse contra mí…
Yo sonrío hacia el pasillo vacío.
La sigo hasta el mostrador, tratando de recordar mi plan e intentando ahora incorporar la seducción.
—En realidad, quería pedirte algo.
Dejo de observarla a ella y miro hacia el mostrador, totalmente a su merced. Y siento sus ojos sobre mí.
—Lo que quieras.
Mierda.
Cásate conmigo.
Déjame tenerte.
Mierda.
Mi sangre se calienta. Se me seca la boca. Y mientras me pregunto quién está seduciendo a quién, construyo un muro de arriba hacia abajo, como la puerta descendente de un castillo. Finalmente, miro su rostro de nuevo. Su cuello está enrojecido. Yo continúo.
—¿Conoces a Quentin Margolis?
La tensión abandona sus ojos y me examina.
—¿El líder de los hombres lobo? Supongo que sí. Ha estado en la oficina un par de veces, y después de la guerra quería que Harry y yo le presentáramos a Teddy Lupin... —Ella vuelve a concentrarse—. ¿Por qué preguntas?
—Espero poder incluirlo como cliente —le digo—. Bueno, a él y a su manada —digo las palabras que he estado practicando toda la mañana—: Ha estado... poco dispuesto a responder a las lechuzas que le envié. Y estoy empezando a creer que es debido a mi apellido, a mi reputación. —Miro hacia otro lado—. A mi historia con Greyback.
—Ya veo. —Ella ocupa sus manos en su libreta contable—. Bueno, Quentin pasa muy poco tiempo lejos de su manada. ¿Es posible que no haya recibido tus cartas?
—Oh, lo ha hecho. —Sonrío hacia el mostrador—. "Poco dispuesto a responder" fue una forma amable de decirlo pero, en realidad, me hizo saber que no tenía interés en conocerme.
La pluma entre sus dedos se mueve en círculos y veo sus ágiles dedos girándola, lista para jugar con mi mano.
—Podría ser cuestión de dinero —dice—. Es posible que su comunidad no pueda pagar por tus servicios. Los hombres lobo tienen dificultades para conseguir y mantener un empleo.
—Eso es por lo que vamos a pelear. Igualdad de derechos para los hombres lobo. Leyes contra la discriminación.
La veo perder, literalmente, el aliento.
—¿Leyes contra la discriminación?
Sus ojos están muy abiertos y busca algo en mi rostro. Yo mantengo mi mente cerrada y observo cómo trabaja su cabeza. Cómo reconstruye lo que estoy tratando de hacer. Algo se ilumina en su rostro y casi me siento culpable por timarla así. Pero no he dicho mentiras. Voy a ayudar a la comunidad de hombres lobo. Sólo que no lo haré por ellos, sino por mi reputación.
Y por ella.
—Sólo necesito una "entrada". Una recomendación.
—Por supuesto —ella inhala—. Le escribiré a Quentin por ti.
—¿Lo harás? —le pregunto. Ella asiente. —Tengo... aquí... —Busco a tientas el cierre de mi portafolios, ansioso por atrapar la carpeta de piel entre mis dedos—. Aquí está la propuesta. Si deseas familiarizarte con ella.
Ella la mira como si yo le estuviera entregando las llaves de la biblioteca de Hogwarts.
—Te la devolveré el lunes —me dice.
—Gracias, Granger.
Ella me sonríe, una verdadera sonrisa. Y yo no puedo respirar hasta que ella aparta la vista hacia la libreta de contabilidad.
—¿Tu equipo te llevará a celebrar tu último día de trabajo?
Por un momento no entiendo la pregunta.
—Mmm, no. No lo creo.
Ella se levanta de su posición sobre la libreta y empuja un rizo detrás de su oreja antes de que yo pueda hacerlo por ella.
—¿Cómo que no? —dice—. Harry y yo planearemos algo, entonces.
Pienso en la única forma en que a mí me gustaría celebrar algo, y ciertamente no involucra a Potter. Ella está esperando que yo diga algo y sus ojos se posan en mis labios.
—Tú... no tienes por qué hacerlo —me las arreglo para decir.
—Por supuesto que sí. Tendremos que hacer algo realmente vergonzoso, como imprimir tu cara en el pastel.
—Esa debe ser una tradición muggle.
—Totalmente —ella ríe. Y al igual que la sonrisa anterior, es una risa verdadera—. ¿La hacemos el viernes, después del trabajo? Tu último día. Haré que Harry corra la voz en el segundo piso. —Veo sus dientes rasgando su labio inferior—. Trae a Katya si deseas.
Ella vuelve a mirar los libros. Yo parpadeo.
—O a Noelle. O la que sea que esté en rotación los viernes. —Ella ríe, y no es como la anterior, pero está intentando sacar a relucir nuestra broma privada: una chica para cada día de la semana.
Tal vez he estado interpretándola incorrectamente; entendiendo todo lo incorrecto.
Tal vez Katya y yo sí debimos haber tenido una ruptura pública.
—Tendrás que decirme qué te pareció la novela de terror. No creo que pueda con ella. —Ella mete el libro en la bolsa y yo me doy cuenta de que está divagando. El rubor de sus mejillas la delata.
—Gracias. Por escribirle a Quentin Margolis.
Tomo la bolsa y ella dice:
—Por supuesto. Cualquier cosa que necesites.
Esbozo una sonrisa y dejo que mis ojos se deslicen sobre ella.
—Cuidado, Granger. Tal vez te tome la palabra.
Sus labios se extienden en una sonrisa, con las mejillas rosas, y aparta la mirada de mi.
Y yo salgo por la puerta escuchando la voz de Blaise.
Cualquiera puede ser seducido.
Y yo lo he sido.
Me dirijo al comedor cuando llego a casa y encuentro a mi madre preparando las invitaciones. Tomo una galleta de su bandeja y veo un sobre dirigido a Hermione Granger apartado del resto.
Yo lo golpeo con mi meñique.
—Envíala.
Ella me sonríe.
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Lunes 6 de diciembre de 1999
—Seré completamente honesto contigo, Draco. Tengo algunas reservas.
—Eso no me sorprende —le digo, y le sonrío.
Wentworth se bebe el resto de su cerveza de mantequilla, indicando al cantinero que le traiga otra. Supongo que nos quedaremos. Eso es bueno.
—Tienes un camino difícil por delante. No quiero decir que no puedas sortearlo, pero será difícil. ¿Tienes alguna empresa o alguien en tu personal que no represente a los sangre pura o a la clase alta?
Creo que debido a su honestidad... o tal vez la cerveza de mantequilla, digo rotundamente:
—Todavía no.
Él asiente, mirando hacia la mesa y pensando.
—Puede que el mundo mágico tarde un poco en volver a confiar en ti.
—Lo sé.
Él me mira y esboza una débil sonrisa.
—Aún a pesar de poseer la "sonrisa más encantadora en diciembre de 1999".
Yo pongo los ojos en blanco. El artículo de Skeeter en Corazón de Bruja salió esta mañana. Wentworth se carcajea.
—Espero comenzar el nuevo año con un proyecto para ayudar a pelear por la igualdad de derechos de la comunidad de hombres lobo. Ya estoy en contacto con la manada del Bosque del Norte, y espero reunirme pronto con ellos.
No estoy mintiendo. Soy optimista.
Llega nuestra segunda ronda y Wentworth se recuesta en su silla.
—Eso es un comienzo. Sólo desearía que tuvieras más diversidad, tanto en tus clientes como en tu personal.
—Espero conseguir más personal con nuestro sondeo y contratación de enero. Después del evento de mi madre, después de la fiesta de lanzamiento.
—Sí —dice Wentworth con ironía—. La fiesta de víspera de Año Nuevo a la que el noventa y nueve por ciento de las personas jamás han sido invitadas. —Me alza una ceja.
—Oye —le digo, abriendo los brazos—. Recibiste tu invitación este año, ¿no?
Wentworth sonríe.
—Sí, sí.
—Y será rescindida si rechazas el trabajo, por supuesto —bromeo.
Él masculla. Parece estar esperando algo, esperando que yo le dé una razón de peso.
Tomo un largo sorbo de mi bebida, sintiendo que mi garganta se expande alrededor del líquido que trago.
—Espero incluir a Hermione Granger. Bajo un esquema de caso a caso.
Y su rostro se relaja, las cejas se levantan. Y ahí está.
—¿En serio? —canturrea, como si un buen vino hubiera cruzado por su lengua.
—Ella está trabajando conmigo ahora en el proyecto de los hombres lobo. Y espero contar con su ayuda también en otros casos.
—¿Ella dejaría el Ministerio por ti?
Por mí.
—¿Por mí? Nunca —digo, sonriendo hacia mi cerveza de mantequilla.
—Pero por los hombres lobo, podría hacerlo, ¿cierto?
Miro a Wentworth. Él está calculando. Sus dedos tamborileando en la mesa.
Él empieza a preguntar por mi modelo de negocio, por mi herencia, por el tamaño de la plantilla. Lanza los nombres de algunas personas con las que debería hablar y yo lucho por aprenderlos sin tener que sacar pluma y pergamino. Me pregunta si mi padre participará de alguna forma.
Cuando terminamos nuestras bebidas, él se pasa la mano por la boca y dice:
—Dame unos días. Mi esposa cumple años esta semana y tendremos que discutir algunas cosas. —Mira por la ventana del bar y luego me mira a mí—. Y sigue conquistando a Hermione Granger.
Yo sonrío.
—Lo haré.
