DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Hola chicas! lo prometido es deuda, después del pequeño receso de dos semanas aquí les traigo el siguiente capítulo. Aún no termino de organizarme con todo esto del inicio de clases virtual, pero poco a poco espero poder adaptarme. ¡Gracias como siempre a tod-s por su apoyo! Disfuten mucho el capítulo.
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Todo lo Incorrecto
Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8
Capítulo 14
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Miércoles 8 de diciembre de 1999
Voy a entregar una solicitud de traslador para Robards en el sexto piso cuando la encuentro en los ascensores.
Siento que empiezo a sonreír antes de que pueda evitarlo.
—Granger.
Ella murmura un saludo y sus ojos se apartan de mí como una chiquilla nerviosa. Estamos solos en el ascensor y no me molesto en apartarme de ella. Nuestros cuerpos se tocan cuando la caja despega.
—Recibí respuesta de Quentin Margolis —le digo, y eso capta su atención. Se vuelve hacia mí con los ojos brillantes.
—¿Y…?
—Acordó reunirse conmigo la próxima semana.
Su rostro estalla en una sonrisa.
—Esa es una noticia maravillosa. Me alegro mucho... por ti.
Y, nuevamente, me la imagino poniendo esa mirada con cada éxito, con cada contrato firmado, con cada caso ganado contra el Wizengamot.
—No puedo agradecerte lo suficiente, Granger. —Dejo que mis ojos se relajen sobre su rostro, absorbiéndola con la mirada. El ascensor se ralentiza al llegar al quinto piso y yo aparto mis ojos.
—Me alegra que me lo hayas pedido. Estoy muy impresionada con toda la propuesta.
Me pregunto qué pasaría si se lo pido ahora. Si le digo:
Sabes Granger, serías un elemento valioso para Malfoy Consulting. Juntos podríamos lograr un verdadero cambio.
Granger, ¿de verdad quieres trabajar en Seguridad Mágica?
Pídeme lo que quieras y yo te lo daré.
Un hombre corpulento vestido de amarillo se une al ascensor. Tendré que pulir un poco mi discurso antes de hablar con ella.
—Escuché que hay una fiesta para mí en un bar el viernes por la noche. —Pongo cara compungida mientras la miro.
—¿Ah sí? —Ella levanta las cejas—. Quizás sea más una celebración porque ya te vas.
—Eso debe ser.
Ojalá todo hubiera sido así desde siempre. Este coqueteo casual, dejar que nuestras caderas se rocen en espacios reducidos mientras espero ver cómo se oscurecen sus ojos.
Bajo la vista, pero puedo sentir la suya sobre mí. El ascensor se ralentiza para el cuarto piso justo cuando yo vuelvo a alzar la vista y la atrapo mirándome. Ella traga saliva y su mirada se aleja. Se aparta un rizo y dice:
—Que tengas un buen día, Malfoy.
Asiento mientras ella sale disparada del ascensor. Sonrío hacia mis zapatos.
El viernes, Katie Bell, Potter, Goldstein y yo nos dirigimos al mismo bar al que fuimos la primera vez, donde ella se había emborrachado un poco y me había permitido charlar con ella, me había permitido mirarla. Donde le dije que ella era dorada.
Potter compra la primera ronda y yo bebo rápidamente mi whisky de fuego, disfrutando el ardor.
Robards se nos une, agradeciéndome por mi tiempo y experiencia, y casi le recuerdo que fue una orden de la corte, pero solo le estrecho la mano.
Aparecen algunos otros aurores, los que no me dieron ningún problema en la oficina. Voy por mi segundo whisky de fuego, sin perder de vista la puerta.
Primero haré que ella me hable sobre la empresa. Después, mencionaré la posibilidad de trabajar con los gigantes y daré pistas sobre mi plan a cinco años con los elfos domésticos. Le diré que estoy buscando a alguien con quien intercambiar ideas y le preguntaré si estaría bien que la invite a almorzar de vez en cuando. E incluso, tal vez podríamos abrir una división completa para los derechos de las criaturas mágicas, ¿conoces a alguien que pueda estar interesado?
Se acercan las siete y algunas personas se marchan a continuar con sus planes de viernes por la noche. Goldstein me invita otra bebida. Evidentemente, esto va para largo. Miro hacia la puerta de nuevo.
—Ella está enferma.
Alzo la vista para encontrar a Katie Bell mirándome.
—¿Disculpa?
—Hermione salió temprano del trabajo hoy. Enferma.
Un peso frío se asienta en mi estómago.
—Oh. Espero que se mejore.
—Debería haberte dicho antes —dice Katie, mirándome por encima de su vaso de agua—. Para que no estuvieras esperándola.
Le mantengo la mirada. Pienso en negarlo, en burlarme de ella o en inventar algo gracioso. O incluso, decantar en ella mis encantos. Algo así como: pero la gente aquí es igual de encantadora. Y guiñar un ojo.
Pero yo la maldije hace tres años con magia oscura. Así que decido dejarla ver a través de mí.
Realmente no asimilo hasta la mañana siguiente que ella se perdió mi fiesta. La fiesta en la que ella insistió. La fiesta que ella planeó.
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Jueves, 25 de agosto de 1994
—¿No sería mejor que echaran a correr? No te gustaría que la vieran, supongo…
Apunto a Granger con la cabeza y me giro a tiempo para ver un destello de miedo en sus ojos. Un hechizo se dispara desde el campamento. Y ella se perfila en verde.
Potter y Weasley saltan, pero ella continúa mirándome a mí.
—¿Qué quieres decir?
Gracias por preguntar.
—Que van detrás de los muggles, Granger —le explico. Pongo los ojos en blanco—. ¿Quieres ir por el aire enseñando las bragas? No tienes más que darte la vuelta... Vienen hacia aquí, y les divertiría muchísimo.
Ella cruza los brazos frente a su cuerpo, apretándose el abrigo, y yo me pregunto qué esconderá la mojigata allí debajo. La miro de arriba abajo de una manera que la hace sentir incómoda.
—Hermione es una bruja —me sisea Potter.
—Sigue tu camino, Potter —digo, quitando mis ojos de las pantorrillas de Granger y rodando mi espalda contra el tronco del árbol contra el que estoy—. Si crees que no pueden distinguir a un sangre sucia, quédate aquí.
Weasley intenta intervenir. Intenta defenderla, pero es inútil. Ella da un paso frente a él y me mira. Yo le devuelvo la sonrisa.
Una fuerte explosión, más cerca. Los tres saltan y giran. No me ven saltar también a mi. Me relajo mientras los gritos llenan los árboles.
—Qué fácil es asustarlos, ¿verdad? —digo—. Supongo que papá les dijo que se escondieran —le digo a Weasley—. ¿Qué pretende? ¿Rescatar a los muggles?
—¿Dónde están tus padres? —me gruñe Potter—. Tendrán una máscara puesta, ¿no?
Me vuelvo hacia él, con una enorme sonrisa.
—Bueno, si así fuera, me temo que no te lo diría, Potter.
—Venga, vámonos —dice Granger—. Tenemos que buscar a los otros. —Ella me lanza una mirada furiosa.
Los dejo pasar hasta que puedo gritar tras ellos:
—Mantén agachada tu cabezota, Granger.
Veo que su columna se endereza y agarra a Weasley por la nuca para evitar que venga tras de mí. Estoy sonriendo para mí mismo, mirando el fuego a través de los árboles y preguntándome qué tipo de bragas usará Granger.
Probablemente sean de algodón, nada sexys. Meramente funcionales.
Vi a Tracey Davis cambiándose después de derramarse encima una poción. Ella usaba bragas de encaje morado. Apenas un pedazo de tela.
Blaise ha traído revistas sucias a los dormitorios, así que sé que hay distintos tipos de bragas y sujetadores.
Pero las de Granger... probablemente sean de colores pálidos e insípidos, y tal vez use un sujetador deportivo.
Veo explotar una tienda de campaña.
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Miércoles 15 de diciembre de 1999
Quentin Margolis me ha dejado hablar durante media hora. No ha dicho una sola palabra, sólo juntó sus dedos frente a su barbilla. Estoy en el borde del bosque del Norte, sentado en un maldito tronco, tratando de causarle una buena impresión.
Intento terminar mi presentación. Me mira cuando termino y dice:
—Pensé que la señorita Granger vendría contigo.
Yo parpadeo.
—Ella es mi socia, pero no trabaja directamente en este caso.
Él asiente y se reclina hacia atrás.
—Lo consideraré, señor Malfoy. No es algo que realmente crea necesario, pero lo hablaré con mi manada. —Él se pone de pie y yo intento disimular mi decepción. Extiendo mi mano para estrechar la suya y él la examina—. Si la señorita Granger estuviera trabajando directamente en el caso, yo estaría más dispuesto.
Y se marcha sin estrecharme la mano.
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Viernes 17 de diciembre de 1999
Me reúno con Mockridge para pedirle que revise mis finanzas. Él me pregunta si realmente me siento cómodo invirtiendo toda mi herencia en este proyecto y yo le confirmo que sí.
—Estoy pensando en una División de Relaciones con No Magos —le digo cuando la reunión está por concluir.
Él me mira arqueando una ceja.
—¿Como elfos domésticos y duendes?
—Y hombres lobo, sí.
Él abre la carpeta de nuevo. Aprieta los labios durante algunos minutos, haciendo cálculos en su cabeza.
—¿Con qué propósito? —pregunta finalmente, mirándome y quitándose las gafas.
—Publicidad —le digo. No es mentira, simplemente no es la verdad completa.
Él asiente.
—Sí, puedo ver cómo te ayudaría algo así, pero... —Pasa una página, recorriendo con el dedo los ingresos proyectados—. ¿Quién pagaría por esta división? ¿Conoces hombres lobo que pagarían por ser representados?
Yo respiro hondo.
—No.
Él me mira con una expresión que dice: Bueno, eso es todo.
—Creo que es algo imperativo. Para la imagen de la empresa —digo.
Él asiente, suspirando.
—¿Tienes tiempo suficiente para repartir así tu enfoque? Es un compromiso de tiempo completo, o un salario más. —Hace una mueca, como si otro salario en este momento fuera algo riesgoso.
—Estaba pensando en Hermione Granger.
Él hace una pausa, mirando la página de gastos proyectados.
—Mmm... —Pasa algunas páginas. Saca una pluma y anota algunos números. Yo espero, sin saber qué significa este descubrimiento.
Mockridge mira por la ventana, sus cejas grises se agitan nerviosamente.
—Seguramente atraerá capital solamente con su nombre.
—Estoy contando con eso.
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Sábado, 25 de diciembre de 1999
Sólo hay un obstáculo en el camino de Hermione Granger para trabajar en Malfoy Consulting.
Bueno, dos, si tomamos en cuenta que Granger debe aceptar primero; cosa que no he hecho. Esto va mucho más allá del problema.
Sumerjo el peine en el gel y me adhiero el cabello a la cabeza, tal como él me enseñó.
Necesito una garantía de que la herencia estará en mi bóveda el 1º de enero. Ese es mi objetivo principal. Una vez que tenga el dinero, él no tendrá por qué enterarse nunca de que Granger trabajará debajo de mí.
Una serie de imágenes de ella debajo de mí.
…trabajará junto a mí.
No es como si lo hubiera desobedecido, no hay ningún anillo en su dedo. Él dijo que podría conservar la herencia si yo me mantenía alejado de ella.
Estoy en el punto en que necesito esa herencia.
Me duele el estómago cuando me registro en Azkaban. La aparto de mi mente. Construyo un muro y cierro la tapa de su caja.
El guardia me abre la puerta y yo lo encuentro de pie detrás de la mesa para dos personas, de espaldas a la puerta. Sin el menor interés en mí.
—Buenos días, padre.
Él se vuelve y me observa.
—La señorita Granger es mucho más bonita en persona que en los periódicos —me dice—. Y bastante más atractiva que cuando asistía a la escuela.
Mi ojo se crispa y él me observa. No tengo nada que decir al respecto, así que sigo adelante con franqueza.
—Habría estado aquí el 1º de diciembre, pero te negaste a reunirte conmigo o responder a mis cartas.
—Tu madre y yo teníamos algunas cosas que discutir. —Levanta una ceja—. Pero, Feliz Navidad, Draco. Estoy muy feliz de verte hoy.
Aparto la silla de la mesa con cuidado y tomo asiento. Él me observa. Yo le devuelvo la mirada.
—Feliz Navidad, padre.
Él sonríe y se sienta.
Yo continúo.
—En una semana será 1º de enero. Ese es el día que acordamos que firmarías los documentos de la herencia. —Aprieto la mandíbula—. ¿Seguimos de acuerdo a esa agenda?
Él mira con curiosidad por encima de mi oreja izquierda, tomando el control.
—Sabes, Draco —dice—. Tengo tantas preguntas sobre ella, pero la principal es... ¿Cómo es que la señorita Granger ya conocía el asunto de La Subasta?
Él se ríe. Como si un niño pequeño acabara de decir algo tremendamente divertido.
Entonces, sí habían hablado de La Subasta. Encorvo mis dedos sobre la tela de mis pantalones, restringiéndome físicamente para preguntarle sobre su conversación con ella.
—En vista de que madre está organizando una fiesta de lanzamiento en seis días, preferiría hablar sobre Malfoy Consulting Group…
—Y a mi me gustaría hablar sobre ella.
Su rostro flota en mi mente.
Lo que quieras.
Me acomodo en mi asiento y junto las manos sobre mi regazo, cediéndole el control. Él me sonríe sin mostrar los dientes. Cruza las piernas y se reclina en su silla.
—¿Cómo progresan las cosas entre ustedes dos? —pregunta él.
—No lo hacen. —Me concentro en ubicarla en un rincón.
—Eso no es lo que yo he escuchado.
Yo parpadeo. ¿Qué intenta...?
Él busca en su bolsillo interior y saca dos hojas de papel. No, dos fotografías. Las pone sobre la mesa frente a mí y me asalta la imagen de su cabello salvaje y sus manos salvajes luchando por acercarme a ella, sus labios acariciando mi cuello y mis dedos aferrándose a sus caderas. Una mirada superficial a la otra imagen me muestra a mí mismo acercándome a ella, listo para aprisionarla contra la pared de ladrillos mientras ella me succiona la muñeca.
Aparto los ojos y aprieto los párpados.
—¿Qué es esto? ¿Por qué tienes esto?
—Sabes, Draco, es una yuxtaposición tan extraña. La forma en que ella te acerca, aferrándose a ti, y el modo en que ella salió disparada de esta habitación ante la simple sugerencia de casarse contigo.
Mis ojos se fijan en los suyos y puedo verla lanzándose sobre mí justo en el borde inferior de mi campo visual.
—¿Y por qué sería ese un tema de conversación entre ustedes dos? —Apenas puedo pronunciar esas palabras.
La voz de mi madre resuena en mis oídos:
Y dejó en claro que nunca lo estarán.
—Eso es irrelevante. —Él agita la mano como si no acabara de abrir una puerta en mi mente—. Estoy impresionado con el progreso que han tenido ustedes dos.
Miro las fotografías de nuevo. Algo cosquillea en mi mente.
—¿Estás trabajando con Marcus?
Él levanta una ceja. Lo atrapé desprevenido.
—¿Flint? ¿El chico de Gabriel? —Él inclina la cabeza—. ¿Cómo está involucrado?
Inocencia. Confusión por Flint. Necesito cambiar de tema antes de que él piense más a fondo.
—Así que... ¿Has mandado a alguien a seguirme? —siseo.
—Por supuesto que no, Draco. —Él hace un puchero. —He mandado a alguien a que la siga a ella.
Veo rojo en el borde de mi visión, así que empiezo a construir una cabaña en la playa, con ramas y palos y la empujo a ella adentro.
—La he estado vigilando desde el momento en que dejó Hogwarts —continúa—. Me temo que es una persona muy aburrida cuando no está seduciéndote. —Él suspira—. No es una candidata adecuada para el puesto de Lady Malfoy, en lo absoluto
Me levanto. La silla chirría al moverla hacia atrás.
—Ella ya no está en esa competencia. —Me apoyo en la mesa y le aviento las fotografías—. Esto fue un incidente aislado del que no tenías por qué estar enterado.
Él observa las fotografías revoloteando de regreso a la mesa.
—Tengo copias. Puedes llevarte estas contigo. Colócalas en el cajón inferior de tu armario junto con las otras.
Mis ojos se abren. Me aparto de él, sintiendo que la vergüenza me recorre como una ola de calor. Me quedo mirando la puerta de piedra, preguntándome qué pasaría si simplemente huyera.
—¿Qué es lo que quieres, padre? —digo, y mi voz lucha contra mi garganta cerrada—. Necesito esa herencia. ¿Qué me pedirías?
—Quiero saber cuál es tu plan con ella —canturrea, y puedo decir sin mirarlo que él está cruzado de piernas, casual y tranquilo—. Es evidente que no pueden mantenerse alejados el uno del otro…
—Sí podemos —lo interrumpo, dándome la vuelta—. Lo haremos. Como te dije, esto fue un incidente aislado. —Hago un gesto hacia las fotos—. Nuestra relación es meramente platónica.
Expulso las palabras y disuelvo la imagen de ella sonriéndome en los ascensores, la forma en que sus ojos ardían de pasión con el caso de los hombres lobo.
Lo que quieras.
Estoy cavando en mi cerebro, tratando de encontrar un apoyo para esta supuesta relación platónica. Algo que me ayude a demostrar que no estamos juntos.
Y dejó en claro que nunca lo estarán.
Y como él me preguntó cuál era "mi plan con ella", puedo escuchar mis palabras saliendo de mí antes de decidir si es algo inteligente o no.
—Voy a convencerla de que se una a Malfoy Consulting Group.
Él parpadea lentamente, sonriendo hacia la mesa.
—¿Eso harás? —Él se ríe—. Y… ¿cómo ayudará eso a tu... situación actual?
Yo le gruño:
—Mi "situación actual" es que el mundo mágico todavía no confía en mí, gracias a ti y a tu Señor. Mi "situación actual" es que los únicos clientes que se han unido a Malfoy Consulting Group son personas ricas, o amigos sangre pura de la familia.
Inhalo oxígeno hacia mi cuerpo.
Él aprieta sus labios y mira la pared por encima de mi hombro.
—Y… ¿Qué posición le ofrecerás a la señorita Granger?
Ignoro su broma y digo:
—Consultora Ejecutiva, para que dirija una nueva división de Criaturas Mágicas.
Sus labios se contraen. Él toma aire y se mira los pulgares.
—Sabes, Draco, hay otros sangre sucia por ahí que son completamente capaces de ocupar ese puesto y que limpiarían tu imagen igual de bien. Personas con las que no tienes una historia tan dispersa.
—Nombrame uno que me dé la mitad de publicidad y buena opinión que conseguirá Hermione Granger. —Su nombre es amargo sobre mi lengua cuando lo empleo de la forma en que él quiere que lo haga.
Él da golpecitos con los nudillos en la mesa, con la mente trabajando.
—Sabes, los romances de oficina pueden resultar tan... desagradables. Un caso grave de acoso sexual en esta época podría desviarte por completo de tu camino...
—Eso no será un problema. El Ministerio tiene regulaciones para las empresas nuevas respecto al acoso sexual y la conducta de los empleados.
—Oh, sí, y estoy seguro de que las citas y las relaciones sexuales entre compañeros de oficina han sido completamente abolidas por el Ministerio. —Él se carcajea de nuevo.
—Redactaré estipulaciones respecto a los romances de oficina y te las enviaré para tu aprobación. —Yo suspiro. Me paro frente a él, indefenso—. ¿Qué más quieres?
Él me estudia.
—¿Y tú crees que estos... lineamientos y documentos firmados te ayudarán? Parece que tienes un problema de moderación cuando se trata de ella. —Sus manos se deslizan sobre las fotografías y veo mi cuerpo conectándose con el de ella, mis manos moviéndose hacia sus caderas...
—No será un problema —le digo. Él me mira fijamente y, para probar su punto, siento su mente rozar contra la mía. Yo proyecto un muro, el anterior se había roto en algún momento durante los últimos diez minutos. Probablemente cuando me mostró las fotografías o cuando entré en la habitación—. Estoy en total control de mis acciones.
Él vuelve a rozar mi mente y luego aparta los ojos de mí, moviendo en círculos sus pulgares. No puede pedirme que me vaya. Aún no. Necesito su palabra.
—La Empresa la necesita. Yo la necesito —mi voz tiembla y quiero auto-electrocutarme—. Y necesito la herencia. ¿Qué tengo que darte a cambio?
Sus labios se tuercen, algo extraño en su expresión.
—De acuerdo.
Siento un resorte rebotando en mi pecho.
—Puedes tener a tu sangre sucia —me dice. Mi ojo no se crispa ante sus palabras. Él continúa—. Pero quiero diez semanas.
—¿Diez semanas de qué?
—Cada martes durante diez semanas, recibirás una décima parte de tu herencia, transferida a tus cuentas a las nueve de la noche —ronronea.
Calculo mentalmente y encuentro que una décima parte durante la primera semana es suficiente, y una segunda entrega en la segunda semana también sería suficiente. Estas demandas son extrañamente específicas.
—¿De qué depende todo esto? —pregunto.
—De nada, Draco —Él agita su mano y veo el fantasma de su varita girando entre sus dedos—. Pero sí quiero que me visites. En enero y febrero.
Mis ojos recorren la habitación, considerándolo.
—¿Todos los martes? ¿El primer depósito será el 4 de enero?
—Eso es correcto.
Él parece resignado. Parece que está agotado por nuestro compromiso. No estoy seguro de qué ha perdido, pero parece que ha perdido bastante.
Yo asiento. Me pregunto si debería estrechar su mano. Absolutamente debería obligarlo a firmar lo que dice, pero eso sería un insulto que no puedo permitirme.
Me aparto de la mesa. Ambos sabemos que esta visita fue una reunión de negocios, no una reunión de Navidad.
—Asegúrate de conseguirle a ella una oficina en la esquina, Draco.
Lo miro, cuestionándolo. Él está examinando sus uñas.
—Y al personal de apoyo adecuado —dice—. No puedes simplemente sentarla en un cubículo y esperar que los clientes entren en masa.
Lo dice como si me lo hubiera repetido mil veces, como si me estuviera recordando cómo cuidar mi Nimbus 2001.
—Sí, padre —le digo, con la mano en la puerta. Ojalá pudiera marcharme y terminar con esto, pero me escucho preguntar—: ¿Algo más?
Él se gira para mirarme, como si yo estuviera saliendo de su oficina.
—No arruines la propuesta, Draco. —Sus ojos brillan ante su broma privada.
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Viernes 31 de diciembre de 1999
Madre se superó a sí misma.
Es la primera vez que entro en la sala de estar desde su renovación. No reconozco el lugar. El camino hacia el salón de baile sigue ahí, pero incluso han movido la chimenea. Hay cuatro candelabros en lugar de uno grande.
—¡Narcissa, querida! ¡Este lugar es hermoso!
Me doy la vuelta para ver a Blaise escoltando a mi madre adentro, con la mano envuelta alrededor de su brazo.
—La redecoración fue idea de Draco —dice mi madre, señalando uno de los nuevos tapices—. Yo sólo gestioné el trabajo, en realidad.
Me encuentran en el centro de la habitación, cerca de una de las esculturas de hielo. Madre dice:
—Ahora, ustedes dos, no beban demasiado whisky de fuego antes de que lleguen los invitados. Iré a cambiarme.
Ella se aleja y yo pateo la rodilla de Blaise cuando lo veo seguirla con los ojos.
—¡Auch! ¿Qué? Ella es una Black, ¿no es cierto? Draco, yo podría ser tu nuevo papá.
Yo pongo los ojos en blanco y saco una botella de champaña del bar. Uno de los elfos contratados aparece unas copas y yo le agradezco.
Blaise choca mi copa con la suya.
—Por Malfoy-Zabini Consulting Group. —Él empina la copa y la vacía hasta el fondo.
Yo sacudo la cabeza hacia él.
—Ni lo sueñes..
Él se sirve otra.
—Entonces, ¿cuál es el plan para esta noche? ¿En quién quieres que me concentre?
Observo cómo un elfo diferente comienza a hechizar el techo para que caiga nieve en el interior.
—El señor Bradley estará aquí. Me gustaría reunirme con él la próxima semana.
—Hecho.
—Si el señor Huddles trae a su esposa, puedes enfocarte en ella y en su línea de ropa.
—Me encanta enfocarme en las esposas. Genial.
—Y Daphne estará aquí. Así que puedes concentrarte en mantener las cosas civilizadas. —Le alzo una ceja y bebo.
Él respira hondo con los ojos puestos en la nieve.
—Civilizado es mi segundo nombre.
—Pansy no pudo asistir. Está en España.
—Está bien. Ella no me habla de todos modos —dice Blaise, y veo que sus labios se tuercen—. ¿Aún no has contactado a Greg?
Bebo mi copa hasta el fondo.
—Yo... simplemente no veo el punto.
Blaise juguetea con una servilleta en la barra.
—Pero tu nuevo mejor amigo Harry Potter vendrá esta noche, ¿no?
—Yo no lo llamaría mi mejor amigo —le digo—. Me empujó por unas escaleras el mes pasado. —Me alejo de la barra mientras Blaise escupe su champaña.
Lo conduzco al salón de baile, observando a algunos de los músicos preparándose. Un elfo doméstico con gorrito negro nos avisa que tenemos media hora antes de que empiecen a llegar los invitados.
—¿Y Granger? —insinúa Blaise—. Ella está en la lista, por lo que vi.
—Sí. —Quizás eso es todo lo que necesito decir.
—También la vi en la nómina de Malfoy Consulting. —Blaise levanta una ceja.
—Sí. —Me rasco la mandíbula—. Ese será mi objetivo de esta noche.
Él me mira parpadeando.
—¿No la has asegurado?
—No le he preguntado.
Él se recuesta contra un pilar.
—Yo... tú... —Él niega con la cabeza—. Muchas personas ya creen que ella está involucrada.
—Sí.
—De hecho, Wentworth me lo mencionó la semana pasada. Y esa nueva cliente que me enviaste dijo que estaba muy emocionada ante la posibilidad de trabajar con ella.
—Sí.
—¿Y ella ni siquiera ha dado aún su aviso de dos semanas?
Blaise me mira con los ojos muy abiertos. Yo bebo mi segunda copa de champaña.
—Sólo asegúrate de que esté listo para mi discurso diez minutos antes de la medianoche, Blaise.
Me alejo de él y comienzo a repasar lo que diré a medianoche hasta que Mippy anuncia que los primeros invitados llegarán en breve.
Una vez que he estrechado suficientes manos como para agotarme, Blaise me encuentra de nuevo cuando llega el señor Bradley. Charlamos con él y concertamos una cena la semana entrante para hablar de su negocio.
Las hermanas Greengrass me saludan, los ojos de Daphne nunca se posan en Blaise y estamos murmurando sobre el gran éxito de Pansy cuando Blaise se inclina hacia mí.
—Ella está aquí —dice Blaise, arrastrando los ojos hacia el vestíbulo.
Yo asiento.
—Mierda, qué bien se ve.
Yo trago mi champaña. Blaise me observa, estudiando mi rostro.
—Bueno, si tú no vas a coquetear con ella, yo lo haré.
Volteo para poner los ojos en blanco y él a se ha ido. Lo veo pavonearse, tomando dos copas de champaña de una bandeja flotante.
Mis ojos están adheridos a ellos, pero Daphne se acerca y me susurra:
—¿Él está saliendo con alguien?
Me giro hacia ella tratando de quitarme de la cabeza la imagen de la deslumbrante sonrisa de Granger. ¿Tenía que venir vestida de blanco…?
—Daphne. Yo no soy Pansy. Por favor, no me confundas con alguien a quien le interesa.
Los ojos azules de Daphne me miran con inocencia.
—Oh, sólo te lo pregunto porque en este momento está babeando por Hermione Granger. —Mi ojo se crispa, pero me abstengo de mirarlos. Contrólate—. Pero ella nunca caería ante ese borracho encantador, ¿verdad?
Daphne levanta una ceja altivamente y se aleja. Yo me permito mirarlos una vez más justo cuando Blaise se inclina y le susurra algo al oído.
—Astoria. —Y la chica aparece frente a mí como por arte de magia—. ¿Puedes traerme a Blaise?
Ella desaparece y yo sonrío cordialmente a algunos de los amigos de mi madre.
Cuando Blaise regresa, me da un empujón en el hombro y dice:
—¿Qué tan profundo es tu apego con ella, Draco? Porque creo que tengo una oportunidad.
Lo miro por encima de mi tercera copa de champaña y él me devuelve una sonrisa.
Granger es arrastrada hacia la multitud durante las siguientes horas. Veo destellos de ella, como una melodía que no puedes ubicar. Madre me encuentra tratando de esconderme detrás de un retrato, un poco antes de la medianoche, para repasar mi discurso.
—¿Estás listo? —pregunta ella.
—No realmente.
—¿Estás sobrio?
—No realmente.
Ella bufa y pone los ojos en blanco.
—¿Por qué no vas a tomar un poco de aire fresco? Tómate un momento para ti. —Me lleva a uno de los balcones laterales con vista a los jardines—. Me aseguraré de que alguien vaya por ti antes de la medianoche.
Asiento y me agacho para pasar a través de las cortinas, esperando que el aire frío golpee contra mi cuerpo. Pero, en cambio, recibo un destello de calor que asciende temblando.
Ella está en el balcón. Su vestido es blanco. Alguien ha hecho algo grandioso con su cabello, que cae como nieve sobre sus hombros. Y, debajo de sus rizos, su escote desciende y desciende. Piel tensa sobre sus costillas, expandiéndose y retorciéndose para mirarme. Sus labios se abren y yo lucho por mantener mis ojos en su rostro cuando el resto de ella se me presenta de esta forma.
Contrólate.
Avanzo a través del denso aire y me acerco al tiempo que ella voltea a observar los jardines. Una vez más, me pregunto si le gustarán.
—Sabes, Draco, es una fiesta en blanco y negro. Tus acentos en plata realmente están echando a perder la estética por completo. —Ella lanza las palabras hacia el suelo esbozando una pequeña sonrisa en sus labios.
—Ah, pero yo soy el anfitrión. Debo distinguirme del resto de la chusma
Ella mira hacia el gazebo.
—Es una fiesta hermosa. Nunca había estado en una gala de víspera de Año Nuevo de Narcissa Malfoy. ¿Siempre es así de espectacular?
Me acerco a la cornisa de piedra tratando de ver lo que ella ve.
—Más o menos. Con el doble de personas.
—Todas clamando por estar más cerca del ganador de "la sonrisa más encantadora de diciembre del 99" —dice. Por Merlín, espero que no haya leído esas estupideces.
—Escuché que conseguiste atraer hacia ti una multitud considerable, Granger.
Recorro su mandíbula con mis ojos, observando el ángulo donde su mandíbula se convierte en barbilla. Ella gira la cabeza hacia mí y noto que ha vuelto a maquillarse, sombreando sus ojos y tiñendo sus labios, y atrayéndome hacia sus formas.
Contrólate.
Dirijo mis ojos hacia el gazebo. La coloco dentro y sello la estructura con enredaderas.
—¿Dónde está Katya esta noche? —pregunta, y escucho su voz tropezar con el nombre. Es tan extraño que todavía esté Katya entre nosotros.
Quiero contarle sobre la mentira, sobre el arreglo, pero debo concentrarme en lograr que ella confíe en mí.
—Ella está en Bulgaria para las festividades. —No es mentira—. Todavía está ansiosa por reunirse contigo.
—Bueno, yo podría estar abierta a eso. Ella es adorable. —Hace una pausa por un momento—. ¿Cómo va la transferencia de tu herencia?
La miro con ojos cautelosos. Me encantaría no volver a discutir con ella sobre ese dinero. Ella continúa:
—Recuerdo que me comentaste que tu padre la liberaría el 1º de enero. ¿Está todo... encajando en su sitio?
Pero también hay una entrada por aquí... si puedo aprovecharla.
—Mi padre está siendo... —dudo. ¿Cómo está actuando mi padre exactamente?—, un poco difícil, por supuesto. —Dejo que mis ojos se desvíen, como si Lucius Malfoy fuera sólo papeleo que llenar—. Dice que transferirá porciones de la herencia durante los siguientes meses. La primera parte será transferida el martes.
Cuatro días de fingir financieramente. Mis hombros ascienden hasta mis oídos.
—Pero ya basta con eso —digo. Me giro con delicadeza, apoyando la espalda contra la barandilla de piedra y volviendo la cabeza hacia ella. Como si fuéramos extraños que se conocieron en un bar,y estuviera conociéndola antes de llevarla a casa. Aparto mis fantasías con un parpadeo, concentrándome en rodearla con una serie de barandillas de piedra que puedan mantenerla en su lugar, escondiéndola de mí hasta que sea capaz de enfocarme—. ¿Tomarás el puesto de Analista con Robards?
Ella hace una pausa antes de decir:
—Es una posibilidad.
Hay un rubor en su cuello y yo la dejo salir de su caja por un momento para imaginar el sonrojo de su piel hundiéndose por debajo de su modesto escote.
Contrólate.
Casi puedo sentir la copa de champaña rompiéndose entre mis dedos apretados.
—Hay algunas vacantes que me interesan. Tuve dos entrevistas esta semana.
—¿No te hicieron una verdadera entrevista, cierto? —digo, y ella tuerce su largo cuello para mirarme con curiosidad—. ¿Entonces enviaste el currículum equivocado otra vez? Te lo había dicho antes, sólo necesitas poner "Chica Dorada" en la parte superior. —Me llevo la copa a los labios antes de decir algo más. Ella sonríe—. ¿Dónde más? ¿Qué otros puestos?
¿A quién tengo que sobornar si esta propuesta fracasa?
—Reubicación de Elfos Domésticos. —Ella cambia de mano su copa y me encanta que la sostenga como si fuera una taza, con la mano ahuecada alrededor del cristal y pienso en los encantadores maestros que le gritarían por ello.
—No quieres trabajar en Reubicación de Elfos Domésticos, Granger. —Sonrío hacia el piso. Esto va a ser sencillo.
Ella se endereza, volviendo su pecho hacia mí.
—¿Ah, yo no quiero?
—No quieres sentarte en una oficina a llenar informes sobre golpes y mal uso de elfos domésticos, sólo para sacarlos de su hogar actual y colocarlos con un amo diferente que también los golpeará. Tú no quieres trabajar bajo las legislaciones actuales.
Hago una pausa y puedo sentirla gravitando hacia mí.
—¿Y qué es lo que sí quiero hacer entonces?
Giro para mirarla a la cara y puedo notar que está esperándome. Aguantando la respiración por mí.
—Quieres crear las leyes. Deseas cambiar el mundo. No puedes cambiar al Ministerio desde dentro. Y no puedes hacer nada desde tu cubículo en la División Bestias, especializada en Investigación y Restricción de Dragones.
Sus ojos revolotean sobre mi rostro.
—¿Entonces, crees que debería tomar el puesto en la Oficina de Aurores?
Perfecto. Justo donde la quiero.
—Hasta que te ofrezcan el puesto de Ministro de Magia, esa sería la mejor opción entre las dos. Al menos, sería un movimiento ascendente.
Ella se gira hacia el lago, pensando. Siempre pensando.
—¿Darás un discurso a medianoche? —me pregunta.
—Sí —digo, recordándolo ahora—. "Gracias por venir, que sea el mejor milenio de la historia", y chorradas por el estilo.
—Viniste aquí para practicar, ¿no es cierto? —bromea ella. Yo asiento—. ¿Qué más vas a decir?
Sí, bueno… supongo que debería resolver eso. En verdad creo que debería haber escrito algo.
—Bueno, haré un poco de reclutamiento. —Me enderezo, cambio de peso—. Mi madre invitó a muchos recién graduados de Hogwarts, Durmstrang y Beauxbatons. Jóvenes brujas y magos que buscan hacer una carrera —digo—. También algunos miembros de la élite social. Estamos buscando contratar a ejecutivos de alto nivel o incluir a sus empresas en la cartera de clientes.
Sus ojos me sonríen y pienso en cómo podríamos hacer esto por siempre: discutir estrategias y ataques, ella y yo.
—¿Vas a robarte a los ejecutivos de alto nivel del gobierno e industria privada esta noche? —exige ella con voz divertida.
Yo la observo burlarse de mí, sin saber que está hablando sobre sí misma. Sus labios se tuercen en una sonrisa y me pregunta cómo. Cómo planeo hacerlo. Cómo planeo quedarme con ella.
—Cualquiera puede ser seducido, Granger.
Y algo le pasa a sus ojos. Y ella mira mis labios. Y antes de que yo pueda procesar lo que eso significa, lo que ella quiere de mí, ella aparta la mirada y recorre los jardines con los ojos.
De alguna forma lo he logrado. Ella me quiere. Ella me desea. Siento el aire girando entre nosotros, mis pies deslizándose más cerca y ella se humedece los labios y yo casi la alcanzo.
Ni siquiera puedo recordar la palabra que me he estado susurrando a mi mismo toda la noche, no puedo imaginarme el joyero forrado de latón.
Ella está exaltada, casi jadeando y creo que yo podría tenerlo todo si hago las cosas de forma correcta.
Ella me desea, pero no será mía.
Ella no se quedará para siempre.
Algo cambió cuando se reunió con mi padre y estoy desesperado por saber qué fue.
Mis ojos se deslizan por su brazo desnudo, trazando la tela de su vestido sin espalda, y mi mano tiene mente propia, extendiéndose para acariciar entre mis dedos la tela.
—¿Qué te dijo mi padre? —Mis labios casi tocan su oído.
Ella jadea y yo noto que mis dedos se han deslizado hasta sus costillas.
Dime. Dime por favor cómo puedo remediar sus mentiras.
—¿Draco?
Dejo caer el brazo con mi corazón latiendo con fuerza, pero el aire es frío nuevamente.
Blaise camina hacia nosotros con las manos en los bolsillos.
—Me diste un trabajo esta noche, amigo. "Asegúrate de que esté listo para mi discurso diez minutos antes de la medianoche".
Mierda. Se me acabó el tiempo. La miro y Blaise aborda la situación.
—Yo cuidaré de ella, Draco. —Él me guiña un ojo—. Puede quedarse a mi lado.
Observo como ella toma su brazo, todavía mirándome a través de sus espesas pestañas.
Me despido con un gesto de cabeza y corro hacia el salón de baile, tratando de ordenar mis ideas mientras zigzagueo entre los invitados. Paso junto a Astoria cuando mi madre me mira y se acerca a la plataforma.
—Astoria, ¿podrías traerme a Blaise?
Ella asiente y se aleja.
Me giro hacia mi madre cuando todos comienzan a tintinear las copas con sus varitas.
—¿Tuviste tiempo suficiente? —me susurra madre, sonriendo hacia sus enemigos.
—No lo sé.
Ella asiente, aprieta los labios y sube al escenario, aceptando sus aplausos gentilmente.
¿Qué hubiera pasado si Blaise no nos hubiera encontrado? Mis dedos habrían vagado, rozando sus costillas una a una, descendiendo por su columna. ¿Ella se habría reclinado sobre mí? ¿Me habría permitido tocarla?
Y, de pronto, madre me presenta y yo soy Draco Malfoy de nuevo, sólo que no es así. Sonrío. Saludo. Hago bromas y asiento hacia Harry Potter en solidaridad. Encuentro una forma de desestimar los catorce meses que pasé encerrado en una celda húmeda, haciéndome más daño a mi mismo del que me hacían los dementores.
Y la veo, brillando en blanco contra el mármol al fondo de la habitación, sus ojos más profundos que el mar de ropas negras entre nosotros.
—Nosotros en Malfoy Consulting Group queremos crear leyes. Queremos cambiar el mundo. —Ella oye el eco de mi voz y veo que su pecho desciende profundamente—. Y si, como yo, encuentras que tu cubículo se está volviendo demasiado pequeño para ti... —Miro al resto de los invitados, fingiendo con una sonrisa que todo esto, que toda esta noche, es para su beneficio— …Estamos contratando.
Una risa se eleva a través de la habitación. Yo consulto mi reloj. Lo he logrado, con un poco más de diez segundos de sobra.
Cuento hacia atrás. La habitación se une a mí. Y la miro, esperando que ella me escuche. Esperando que ella me entienda.
Pensando. Ella siempre está pensando.
Fuegos artificiales y vítores y copas tintineando, y yo brindo en su honor. Ella bebe su champaña y me tiene atrapado bajo su hechizo.
Alguien me abraza, Blaise intenta besarme, un nuevo cliente me estrecha la mano y yo no puedo encontrarla. Ella deambula entre la multitud, rondando la habitación durante la siguiente hora. Cada vez que la encuentro se me escapa, sonriendo con Potter y Ginny Weasley.
Al final de la noche, cuando Blaise es el único en la pista de baile, me doy cuenta de que no fue suficiente.
Les deseo buenas noches a todos, le agradezco al personal, felicito a mi madre y le digo a Blaise dónde encontrar las pociones para la resaca.
Quizás la asusté. Quizás se asustó por sí misma.
Subo las escaleras y paso frente a algunas puertas que sé que no debo abrir.
Quizás ella vio a través de mí. Vio que todo esto era para ella. Tal vez lo que sea que padre le dijo de mí todavía la molesta.
El modo en que ella salió disparada de esta habitación ante la simple sugerencia de casarse contigo.
Camino por mi habitación, me quito el traje lentamente.
¿Qué hago ahora? ¿Cómo rescato la situación? ¿Debo duplicar mi apuesta? ¿Debo ir a Cornerstone mañana?
Miro mi alfombra, trazo los patrones y trato de pensar en un panorama general, trato de pensar primero en el negocio.
Hay un latido en mi cabeza, tal vez por la champaña, tal vez por el estrés, golpeando en mi cráneo, picándome por detrás de los ojos.
¿Qué hago ahora?
Hay un golpeteo afuera, en mi ventana. Una lechuza está arañando el cristal.
Salto hacia ella y el animal se lanza en picada dejando caer un sobre delgado. Rompo el sello y encuentro escrito sólo su nombre y su "título".
El único currículum que le pedí.
Corro hacia mi estudio en calcetines y calzoncillos, pasando frente a algunos invitados extraviados, para encontrar la documentación que preparé para la afluencia de solicitudes de mañana. Una carpeta especial, una que esperaba poder abrir, dirigida a la Consultora Ejecutiva de Relaciones con No Magos.
Garabateo una carta de presentación, llamándola de nuevo "Chica Dorada", y envío todo con mi lechuza.
Salgo de mi estudio con los ojos vidriosos, tratando de recuperarme, y mi madre da la vuelta por el pasillo quitándose los pendientes.
Me mira, medio desnudo y medio borracho.
—¿Todo bien? —pregunta ella.
Siento que mis labios giran, se arquean y se separan, y parpadeo un par de veces antes de darme cuenta de que me estoy carcajeando, mareado ante la situación.
