DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Hola chicas! ya es viernes y el cuerpo lo sabe! Lo sabe, porque aquí ando corriendo para tratar de tener esto listo a buena hora jajajaja
¿Ya les dije? No... Estamos en la recta final, ¡nos quedan 9 capítulos! Empieza la mejor parte jejejeje Muero de ganas por comenzar a traducir La Subasta que emoción.
En fin, les dejo la nota de autora y el capítulo, disfruten mucho. Nos vemos la próxima semana.
Nota Autora: Lo bueno de este capítulo es que da inicio a la sección final de la historia de LFCDA, lo que también significa que me estoy quedando sin tiempo para narrar todos los flashbacks y recuerdos que son importantes, no solo aquí, sino también para La Subasta... Así que estén atentos a los detalles que podrían aparecer en el universo alternativo...
Y un recordatorio de que esta historia es más explícita que TRTTD, por escenas con los mortífagos y al estar dentro de la mente de un adolescente. Así que ya han sido advertidos. Realmente no debería haber ninguna advertencia si ya han leído hasta aquí.
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Todo lo Incorrecto
Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8
Capítulo 15
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Lunes, 3 de enero de 2000
—Y por aquí, señor Malfoy —me dice el vendedor, haciéndome un gesto para que lo siga—, tenemos un exquisito juego en madera de abedul que…
—No —le digo—. Quisiera algo más oscuro. —No me molesto en seguirlo—. ¿En qué casa estabas?
—En Hufflepuff, señor.
Yo pongo los ojos en blanco hacia las cortinas.
—¿Alguna vez te escabulliste a la torre de Gryffindor?
—Mmm… no, señor.
Yo tampoco.
—Quisiera algo acogedor, algo cálido. Algo muy Gryffindor.
—¿Qué le parece algo en madera de cerezo, señor?
Mis ojos se dirigen a la esquina hacia la que él apunta. Un armario profundo, oscuro y teñido de rojo me devuelve la mirada.
—Podríamos combinarlo con rojos y dorados —ofrece—. Tengo algunas alfombras para complementar...
—Envíame el diseño.
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Martes 4 de enero de 2000
—Entonces, ahora que me voy del santuario de dragones, estoy buscando algo más cercano al trabajo de oficina. Mi esposa se enteró de tu fiesta el viernes por la noche, tiene un amigo que estuvo allí, y me dijo que incluirán una División de Criaturas Mágicas, o algo por el estilo. Así que, envié mi currículum.
»Debo admitir que no sé mucho sobre el puesto, señor Malfoy, sólo sé que mi esposa quiere que me aleje de las llamas, pero tal vez Malfoy Consulting podría mantenerme cerca de las criaturas.
Él sonríe ampliamente.
Hablador.
Bueno, yo le dije: "cuéntame sobre ti".
—¿No hay un Weasley que trabaja en el santuario? —pregunto.
Él levanta las cejas.
—¡Sí! Charlie y yo somos grandes amigos. ¿Lo conoces?
—No.
—Oh.
—Pero la señorita Granger sí. Probablemente a ella le encantaría… hablar de él. —Agito mi mano, tratando de apartar a los Weasley.
Sus ojos se abren.
—¿Hermione Granger?
—Sí.
—Oh.
—¿Es eso un problema?
—¡Oh! ¡No! Mi esposa es... una gran fanática.
Bueno, tal vez los cuatro deberíamos salir alguna vez en una cita. Intento no poner los ojos en blanco. Lo odio un poco, pero ella lo amará.
—Bueno, Walter, este puesto es el de Asociado del Consultor en Jefe para Relaciones con No-Magos. Esto podría significar que tomarás casos de dragones y otras criaturas mágicas pero, en realidad, serías el asistente del Consultor en Jefe: revisarías su correo, responderías sus mensajes, consultarías sus informes… —La sola idea de que ella necesite que alguien más haga este trabajo por ella es ridícula, pero todos los demás tendrán a un Asociado, así que… qué más da—. El primer día es el lunes 17. El salario para el puesto es de 20.000 galeones al año...
Dejo que mi voz continúe enumerando los beneficios. Sus ojos se abren de vez en cuando de una manera que él cree disimular.
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Viernes, 7 de enero de 2000
La oficina se está perfilando muy bien. Mis muebles llegaron hoy y los de Granger llegaron ayer. El vendedor hizo un trabajo maravilloso con el diseño de su oficina, así que lo contraté para que diseñara el resto del lugar, pagando el doble si podía entregar los muebles para este lunes.
Le di a mi madre un recorrido anoche. Ella pasó bastante tiempo en la oficina de Granger, colocando las cortinas e incorporando algunas plantas.
Y, por primera vez en toda la semana, yo no tengo nada que hacer.
Estoy sentado en mi escritorio, pasando mis dedos sobre la piedra de obsidiana, tratando de pensar en qué más se debe hacer antes de que la gente comience a aparecer. Estoy esperando la respuesta de dos cartas. La primera, de Granger: para averiguar qué día de la próxima semana funciona para que todos vengan a la oficina. Y la segunda, de mi padre: para que me dé su aprobación con el contrato de amor.
Él me envió una nota el sábado por la mañana, preguntándome cómo me fue. Le envié un informe detallado de la noche: la comida, la orquesta, la prensa y, en la última línea, incluí los nombres de las personas que se habían unido.
Acababa de decidir organizar mis documentos por tercera vez cuando escuché el eco de tacones de diseñador resonando bruscamente sobre el piso de la oficina. Me doy una idea de quién es incluso antes de que mi puerta se abra sin llamar y Pansy entre, con las manos orgullosamente sobre sus caderas.
—Hola, Pans. —Vuelvo al contrato que estoy revisando.
—Quiero a Granger —me dice.
Qué casualidad. Yo también.
La miro con expresión aburrida.
—¿Para qué tipo de tortura?
—Para mi línea de moda. —Ella me envía una sonrisa radiante.
Yo parpadeo hacia ella y me enderezo en mi silla.
—Granger... no se viste a la moda.
—Por eso será perfecta. —Pansy toma la silla frente a mí, acomodándose en una posición confortable con las piernas cruzadas—. Puedo moldearla en lo que requiero.
Ella agita una mano y una carpeta con su portafolio aparece frente a mí, encima de mi papeleo. Yo suspiro y abro la tapa.
Parkinson
La Bruja Empresarial Moderna
—¿Qué es esto?
—Mi nueva línea de moda. —Ella cruza las manos sobre su regazo y espera a que pase página.
No lo hago.
—Está bien —le digo. Cierro la carpeta—. Puedes escribirle y hacerle la propuesta…
—O... —ella me sonríe—, tú puedes programar una reunión. Dudo que se reúna conmigo si sólo le escribo una carta. —Se echa el pelo por encima del hombro—. Sé que El Profeta estará escribiendo un artículo la próxima semana que probablemente estará en la portada. Quiero vestirla para la sesión fotográfica.
Yo suspiro.
—Bueno, eso es bastante sencillo…
—Y quiero un contrato con ella. Mi ropa en todas sus apariciones públicas. Vestirla de lunes a viernes.
Yo me carcajeo. Ella mantiene intacta su sonrisa.
—Y, en nombre de Merlín, ¿cómo crees que podrás engañarla para que haga eso? —me río.
—Puedo ser muy persuasiva. —Ella levanta una ceja hacia mí.
—Lo recuerdo. —Le alzo una también de vuelta.
Algo se suaviza en sus ojos, algo que lleva años siendo duro y afilado. Ella me guiña un ojo y ya no está allí.
—Ella será la bruja más comentada en la Gran Bretaña mágica. Va a desgarrarle un nuevo culo al Wizengamot como parte de su rutina diaria. Será la más fotografiada, entrevistada, quien asistirá a las galas y funciones del Ministerio. —Pansy ladea la cabeza—. Quiero estar ahí.
Yo asiento.
—Es sólo que no creo que ella quiera todo eso.
Pansy sonríe.
—Es por eso que tú necesitas organizar la reunión. Decirle que, al menos para El Profeta, esta es la ruta.
Abro la boca para discutir, para decirle que no tengo poder sobre ella, para sugerir un enfoque distinto. Ella me interrumpe con la única cosa que podría silenciarme:
—Creo que me debes una. Tratándose de ella.
Miro sus ojos azules. Aún son cálidos, pero insistentes. Y, si alguna vez hubiera estudiado Legeremancia, estoy seguro que podría encontrar algo más bajo esa calidez.
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Sábado, 12 de octubre de 1996
Me dicen que Katie Bell está en la enfermería. La van a trasladar mañana a San Mungo.
Me guardo esa información, ignorando los chismes, ignorando la sensación de vacío en mi pecho. Me concentro en una línea sólida frente a mis ojos.
Bella me enseñó una técnica diferente para la Oclumancia. Es rudimentaria. Ahora sé por qué Severus la menosprecia. Es fuerte, pero básica. Sin delicadeza.
Y sólo está diseñada para la mente. La técnica de Severus está diseñada para mucho más.
Pero los muros de Bella son más fáciles y, por lo tanto, han estado construidos durante semanas, mientras yo ignoro la llamada de Severus a su oficina. Me reuní con él la primera semana del ciclo escolar, intentando retomar nuestro entrenamiento, pero de lo único que él quería hablar era de los planes que tenía para mi misión.
Si tanto desea ver muerto al director, ¿por qué no lo mata él mismo?
—¿Escuchaste sobre Bell?
Parpadeo y Pansy se deja caer en el sofá junto a mí. Sabía que debería haber elegido la silla con reposabrazos.
—Sí. ¿Quién la traerá contra ella? —digo, cerrando mi libro, con la esperanza de dar a entender que esta conversación será corta.
—Es una Gryffindor —Pansy bufó—. Probablemente se interpuso en el camino de alguien de alguna forma.
Yo trago saliva y le envío una mirada vacía mientras ella juega con el puño de mi manga.
—Draco —continúa suavemente—, ¿estás comiendo bien?
Quiero arrancarle mi brazo. Arrancarme la piel.
—Por supuesto. ¿Por qué lo preguntas?
—Porque no estás comiendo bien. —Ella levanta una ceja hacia mí.
Yo reviro.
—La basura que los elfos llaman "comida" aquí no siempre calma mi apetito. —Paso mis dedos por su muñeca, para que no pueda decir que no la toco, y me muevo para ponerme de pie.
—¿Esa es tu misión?
Me detengo torpemente, a medio camino entre estar sentado y de pie, y miro alrededor de la sala común. Está vacía.
—Cuidado, Pansy.
—La habitación está despejada. Ya lo comprobé —dice—. Sólo quiero que sepas que puedes hablar conmigo. Sin detalles, sólo tus sentimientos.
Yo me rio. Suena áspero contra las paredes de piedra, así que reprimo el sonido. La miro y su expresión se convierte en una mueca. Si tan solo ella supiera. Sería más seguro para mí hablar sobre mis intentos de asesinato que sobre mis sentimientos.
Y aquí es donde falla la Oclumancia de Bella. No me hubiera reído si hubiera meditado esta mañana, si hubiera guardado mis sentimientos.
Pansy traga saliva y frunce el ceño mirando sus uñas.
—Lo siento —le digo—. No creo que haya nada de lo que pueda hablar.
Ella me mira a través de sus largas pestañas oscuras y dice:
—Quiero ayudarte.
Por un efímero momento me pregunto qué haría ella si yo le pidiera que le lanzara un Avada a Albus Dumbledore por mí... Y luego me juro a mí mismo meditar cada mañana. Reenfocarme.
—No hay nada que puedas hacer —le digo.
Acuno su mejilla con la palma de la mano y, antes de que pueda ponerme de pie y decir buenas noches, ella toma mi muñeca, entrelaza nuestros dedos y dice:
—Puedo pensar en algo, para ayudar.
Ella baja su mano por mi brazo. Su otra mano toca mi muslo, acariciándolo en círculos lentos. La miro y sus ojos están oscuros.
No tengo la energía para esto.
—Aquí no, Pans…
—Dejé afuera a los rezagados —dice, con el triunfo en sus ojos—. Y eché a todos los que estaban aquí antes.
Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que, efectivamente, había varias personas más aquí hace media hora. Recurro a algunas otras excusas pero ella se retuerce, me pasa la pierna por las caderas, me toma la cara y me besa.
Un chico de dieciséis años que no quiere tener sexo con una bruja dispuesta. ¿Qué dirían de eso los chismosos?
Ella muerde mis labios, desliza su lengua por mi boca, agita sus caderas. Todas las cosas que me gustan.
Ella retrocede para respirar y yo digo:
—No quiero decepcionarte, amor, pero tal vez estoy demasiado cansado para hacer esto.
Ella hace una pausa con los dedos en los botones de mi camisa. Lo he echado a perder. Ella les dirá a todos que soy gay o que la estoy engañando. Vamos a discutir y ella va a terminar conmigo.
Ella me mira a los ojos y me pregunto si puedo fingir un mareo y desmayarme. Después de todo, no he comido nada desde la cena de anoche.
—Entonces sólo relájate —me susurra. La mirada que me da es lasciva y estoy tan feliz por no pasar la siguiente media hora peleando que le devuelvo el beso cuando ella vuelve a presionar sus labios contra los míos.
Se traslada hacia mi cuello, besando mi mandíbula y mi yugular, desabotonando mi camisa, acariciando mis costilas con sus dedos. Yo mantengo mis manos en su cintura. Se siente bien, pero todavía no pasan muchas cosas en mis pantalones y, cuando me doy cuenta de que ese es su próximo destino, deslizo las manos hacia su pecho intentando encontrar algo de inspiración.
Sujetador push-up, la maldita prenda no me ayuda para nada. Sus dedos están en mi cintura ahora y yo trato de averiguar cómo decirle de nuevo que no estoy de humor antes de que ella pueda sentirlo por sí misma.
Quizás sólo le cuente sobre mi misión, parece más fácil que explicar esto.
Ella ni siquiera pestañea cuando se presiona contra mi entrepierna y no encuentra nada con qué trabajar. Puedo sentir un rubor extendiéndose por mi pecho, pero sus dedos continúan desabotonando mis pantalones. Se inclina hacia mi oído y susurra:
—Relájate, Draco. Cierra los ojos.
Trago saliva y ella besa mi garganta. Cierro los ojos y apoyo la cabeza en el respaldo del sofá. Ella se desliza por mi cuerpo, besando mi pecho en su camino hacia abajo, y yo frunzo los labios cuando me doy cuenta de que va a intentar chupármela cuando aún no está ni medio dura.
Su mano me envuelve y la siento trepar hacia el suelo entre mis rodillas.
Esto va a ser arduo. Entonces, aprieto los ojos con fuerza y lo intento. Pienso en el año pasado, cuando hizo esto por primera vez y sólo duré tres minutos entre sus labios. Pienso en el momento en que ella y yo compartimos un jacuzzi juntos este verano en Italia, antes de que todo empezara a complicarse y antes de que la tinta se hundiera en la piel de mi brazo. Su cuerpo había brillado con el agua y la luz de la luna, y ella se sentó a horcajadas sobre mí en la bañera, su rostro junto al mío, y yo cerré los ojos cuando ella se inclinó sobre mí y yo pensé en un par diferente de muslos.
Inhalo profundamente. Pansy frota mi cadera y me doy cuenta de que su boca ya está sobre mí. Al menos me estoy poniendo más duro.
Esto terminará pronto y, tal vez, incluso dormiré esta noche.
Sí, esto podría ser útil. Pienso en dormir. Pienso en estar acostado en mi cama durante los últimos meses, mirando al techo. Sólo unas cuantas noches hurgué debajo de mi pijama y encontré alivio. Siento que mi polla se desliza en su boca de nuevo y pienso en la última vez que hice un desastre con mis sábanas. Logré dormir muy bien aquella noche.
Había guardado todo en mi mente y me había concentrado sólo en las cosas que me ponían duro. Cosas que me calentaban. Había pensado en ella, por supuesto, pensado en sus manos alrededor de mis hombros. Había pensado en ella sentada sobre mi regazo, gimiendo contra mi oído. Había pensado en cómo se vería su rostro cuando se corriera, en lo rápido que podría hacer que ella alcanzara el clímax y luego en cómo me tomaría mi tiempo con ella durante las siguientes horas. Había pensado en sus pechos contra mis labios mientras yo recorría su cuerpo, abriéndole las piernas y manteniendo sus caderas quietas mientras yo la degustaba; mientras la saboreaba y la lamía hasta que ella me gritó que la dejara correrse...
Pansy comienza a inclinar la cabeza hacia mí y yo abro los ojos hacia el techo para darme cuenta de que estoy completamente duro, y ella debe pensar que me gusta lo que está haciendo.
Puedo vomitar más tarde.
Pero la idea de perder mi erección ahora… Pansy nunca me lo perdonaría.
La miro, encontrando sus ojos claros clavados en mi rostro, sus labios apretados alrededor de mi polla mientras se desliza por su boca. Acaricio su delgado cabello en agradecimiento y ella succiona con más fuerza.
Supongo que está bien.
Sus labios se separan de mí y respira hondo.
—Relájate, Draco. —Su voz es rasposa. Recuerdo la primera vez que la escuché hablar después de tener mi polla en su boca, me la había cogido de inmediato.
Cierro los ojos de nuevo mientras ella me lame. Sólo debo superar esto.
Me deslizo de nuevo en su boca e imagino la boca de ella. Jadeo.
Pansy vuelve a hacer... lo que sea que había hecho.
Son los labios de ella alrededor de la punta de mi polla, y puedo ver como me deslizo dentro de su boca. Pansy agita sus pestañas hacia mí coquetamente y me pregunta si me gusta lo que me está haciendo.
—Sí —le susurro al vacío.
Pansy musita a mi alrededor.
Sólo que es la voz de ella entrecortada por mi polla. Es la voz de ella luchando por decirme la respuesta correcta a las ecuaciones y son sus consonantes chocando contra mí al intentar explicarme la forma adecuada de almacenar a un grindylow, y son sus dientes salpicando de perla sus palabras al explicarme cómo debo cogérmela.
Hay una mano en la base de mí polla y es la suya, con sus uñas cortas y agarre firme como si yo fuera una pluma y ella estuviera lista para un examen.
El cabello me hace cosquillas en el muslo mientras una lengua se desliza hacia abajo, llevándome hasta la parte posterior de su garganta. Y son los rizos de ella bailando alrededor de su rostro.
Es el cabello de ella alejándose de su rostro mientras yo lo alcanzo.
Es la garganta de ella moviéndose a mi alrededor, rogándome que me corra.
Es el aliento de ella sobre mí.
Ella.
Hermione.
Grito, con arcadas en mi voz, y desciendo por su garganta mientras ella traga cada gota como si fuera algo preciado. Como si quisiera que le hiciera el amor a su boca todos los días.
Un sonido húmedo.
Estoy laxo sobre la cama.
Sillón.
Es un sillón en la sala común.
Mis ojos se abren de golpe hacia el techo, el fantasma de un susurro rebota por las paredes como una cometa que no puedes atrapar debido al viento.
Mis pulmones se expanden en busca de aire y siento a Pansy a mis pies.
La escucho lanzar un hechizo para limpiarse los dientes.
Siento su cuerpo tenso contra mi pantorrilla.
Y no sé si realmente lo he dicho. No sé qué pasó fuera de mi mente en los últimos diez minutos.
Mi corazón late con fuerza, como si quisiera salirse, y me duele el pecho.
Entonces Pansy está vistiéndome, abotonándome el pantalón. También me abrocha la camisa. Cuando llega al último botón, yo inclino la cabeza hacia ella.
Hay tensión en su rostro, pero ella me sonríe.
—¿Mejor?
Yo asiento y la beso.
Y culpo a Bella y a sus trucos baratos. Medito esa noche, encontrando una caja que realmente no había usado durante varias semanas.
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Miércoles, 12 de enero de 2000
Un memo vuela debajo de mi puerta y aterriza en mi escritorio. Es de Dorothea.
Han llegado el señor Wentworth y la señorita Granger.
Planto mis manos sobre mi escritorio, evitando la compulsión de dirigirme a su oficina. Quería ver la reacción que tendría frente a sus muebles, pero no quería estar esperándola como alguien desesperado...
Así que me siento. Escucho a Wentworth abrir la puerta de su oficina, comenzando a organizar algunas cosas.
Me siento durante cinco minutos. Mirando el reloj. Sigo la cuenta del segundero y me levanto cuando toca el doce. Me abrocho la túnica y salgo de la oficina. Algo llama mi atención antes de ir demasiado lejos.
La placa con el nombre de Blaise se ha ido. Arrugo la frente. Escaneo las puertas y lo encuentro parado en la puerta de la oficina Granger. Justo a la izquierda, en la oficina vacía, veo algunas de las pertenencias de Blaise y la placa con su nombre en la puerta.
Yo suspiro. Visito a Wentworth, le estrecho la mano y le ofrezco un poco de té.
Me encamino, rodeando para pasar a sonreirle a Dorothea.
Y finalmente, me dirijo a Blaise.
—Blaise.
Él se gira con una mirada descarada en los ojos.
—Mi señor. —Él hace una maldita reverencia.
—Cuando se te asigna una oficina, es de esperarse que te quedes en ella. —No puedo ver a Granger desde mi posición en la puerta. Es a propósito.
Blaise me envía una sonrisa que me comunica que sabe exactamente lo que está haciendo.
—Pero prefiero por mucho la vista en este lado del edificio.
—Como Consultor en Jefe de Marketing y Relaciones Públicas te necesito cerca de mí. Sal de esa oficina.
—Sí, señor Malfoy. —Me hace un saludo, le guiña un ojo a Granger y se va.
Lo observo dirigirse a la oficina vacía sonriendo.
Giro sobre mis talones para alejarme, pero aún no le he dicho nada a ella. Me vuelvo otra vez, asomo la cabeza por la puerta para encontrarla sentada en su escritorio, mirando sus estanterías.
—Buenas tardes, Granger.
—Oh, sí, hola.
Me alejo, preguntándome si debería haber dicho algo más. Preguntarle si le había gustado su oficina. Preguntarle cómo iba su día. Preguntarle si se sentía feliz.
Niego con la cabeza y giro los hombros, volviendo a mi oficina para fruncirle el ceño a mi escritorio durante más o menos una hora.
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Lunes 17 de enero de 2000
He recibido unos cinco vociferadores por día desde que Skeeter publicó que Granger se uniría a mí.
Dorothea, Melody y Carrie se han ofrecido a revisar las cartas por mí cuando lleguen para que no tenga que hacerlo yo, pero no quiero que se escape nada incriminatorio.
Después del tercero de esta mañana, me doy cuenta de que tal vez necesito esta tortura para recordarme a mí mismo que ella no es mía.
—…A SU FAMILIA LEJOS DE LA SEÑORITA GRANGER. ELLA HA TRABAJADO MUY DURO PARA SER UNA FUENTE DE BONDAD EN ESTE MUNDO. NO SÉ QUÉ PORQUERÍA LE ECHÓ ENCIMA PARA CONVENCERLA DE UNIRSE A SU EQUIPO, PERO YO PROTEGERÉ A ESA CHICA, LO VOLVERÉ MI MISIÓN PERSONAL DE VIDA.
Casi espero que venga firmado por M. McGonagall.
Ese es el último de ellos. Me levanto de mi escritorio, listo para hacer las rondas. Todavía faltan unas horas para que llegue la mayoría, pero he estado aquí desde las seis, ansioso.
Melody, bendita sea, llegó cuarenta y cinco minutos antes simplemente porque: "¡el primer día es tan importante!" Me ha estado enviando un memorándums cada vez que alguien entra por la puerta.
Tomo la carta de Quentin Margolis, para tener algún tipo de excusa para visitar a Granger. Hablo con Carrie, verifico a Mockridge.
Toco el marco de su puerta.
—¿Granger?
Me preparo para mirarla de frente y me topo con Blaise, sentado sobre el escritorio de Granger; el escritorio de madera de cerezo que costó casi 500 galeones. Él me sonríe.
Volteo a mirarla, ella está colocando libros en sus estantes. Ambos se ven tan cómodos.
—Quentin Margolis quiere programar una reunión con nosotros la próxima semana. Yo estaré disponible toda la semana, así que por favor respóndele y avísame en cuanto se concrete. —Ella toma la carta que le extiendo y yo volteo a ver a Blaise mientras ella la lee—. Blaise, ¿tienes preparada tu reunión de esta tarde con Dogberd?
—Sí, señor.
—Maravilloso. Reúne tus notas y te veo en cinco minutos en mi oficina. —Lárgate de aquí.
Blaise finge dolor y pregunta:
—Señor Malfoy, ¿acaso no confía en mí?
Respondo a todos los significados de esa pregunta cuando contesto:
—No.
Él se ríe y se despide de ella. Espero hasta que se haya ido por completo antes de girarme hacia ella.
Al fin solos.
Ella empieza a colocar libros en sus estantes, preguntándome sobre la reunión de Blaise. Yo aprovecho para acercarme.
Ella señala hacia donde Blaise acaba de irse.
—¿Él es bueno? ¿Tiene alguna idea de lo que está haciendo?
Yo sonrío, una parte de mí se alegra de que ella vea a través de él. Aunque, por supuesto que lo haría.
—Desafortunadamente, es el mejor.
—Me alegra saber que vale la pena el esfuerzo —dice.
Ella me mira mientras coloca libros en su librero. Y es casi doméstica la forma en que ella está montando su hogar, anidando. Y la forma en que yo la observo.
—¿Te gusta tu oficina?
Ella se gira hacia mí.
—Me encanta. —Y puedo ver que lo dice en serio.
¿Se acostumbra darles propina a los decoradores de una oficina?
—Bien.
Sus ojos revolotean sobre mí por un momento y yo puedo fingir que será así de fácil. Que podré mirarla de esta forma para siempre. Y que ella me lo permitirá.
Ella es la primera en apartar la mirada. Toma más artículos de la caja en su escritorio y puedo oírla preguntarme algo, pero mis ojos están clavados en un papel.
Divulgación de Relación de Oficina
Parpadeo ante el nombre de Blaise y el espacio en blanco para que alguien más firme. Y no puedo entender qué está haciendo este papel aquí, sobre su escritorio, hasta que al fin lo entiendo y lo observo por un momento más, tratando de poner mi cerebro al día.
Ella había preguntado algo sobre la reunión.
—Mmm… sí. Sólo una pequeña convivencia de bienvenida, en realidad. —Me abrocho los botones, sintiéndome demasiado apretado, y digo—: Te veré a las nueve.
Camino de regreso a mi oficina.
Blaise está acostado en mi sillón, con sus notas sobre el pecho.
—Así que, Dogberd querrá una especie de acuerdo de no competencia —me dice—. No quiere que representemos a otros equipos que compiten en su contra, pero voy a pelear por que sea un acuerdo de no competencia que sólo abarque a la Liga Británica y a la Irlandesa.
Lo escucho. Me vuelvo hacia mi escritorio. Él continúa recitando sus sugerencias y notas. Yo lo miro mientras habla. Sus dedos largos y labios carnosos.
Me trueno el cuello.
—...podría ser un factor decisivo, pero voy a negociar eso cuando lleguemos hasta allí...
Repaso el contrato de amor en mi cabeza. No pensé en Blaise. No pensé que él...
Creí que él lo sabía.
—...de ida y vuelta...
Pensé que él entendía cómo me rompería esto.
—¿Draco?
Yo alzo la vista del suelo. Él se sentó en algún momento.
—¿Draco?
—¿La deseas?
Esto es estúpido. Es inútil y desagradable, y no es algo en lo que debería concentrarme, precisamente hoy de entre todos los días.
Él me mira parpadeando.
—¿A quién?
Mis ojos se entrecierran y aparecen puntos negros en el borde de mi visión.
—A Granger.
Él se ríe.
—¿Quién no?
Me volteo. Camino de regreso a mi escritorio. Los botones de mi saco están demasiado apretados.
Puedo manejar esto. Es algo inesperado, pero no improbable.
—¿Draco?
Lo peor que podría pasarme es verlos a los dos saludándose por las mañanas. Su mano en la cintura de ella mientras él le lleva café. Él necesitará saber cómo prepararlo bien para ella, supongo que puedo decirle cómo le gusta...
—¿Qué te pasa?
Si se demuestran afecto en la oficina, puedo hacer que Hartford se encargue de ello. No se permiten demostraciones públicas de afecto en el espacio de trabajo y cosas por el estilo. Sólo tendría que aprobar su tiempo libre para las vacaciones, sabiendo que pasarían esos días juntos.
—Draco, no quise decir que…
A menos que sea algo más básico. A menos que sea sólo cuestión de que quién se desliza primero dentro de ella; de quién la escucha gemir primero.
Siento una mano en mi hombro y me giro, empujándolo lejos de mí. Él se tambalea hacia atrás, choca contra la pared y yo no puedo ver nada. Las manchas...
Parpadeo y se aclara, mis mejillas están húmedas.
Él me mira fijamente con los ojos muy abiertos y las manos en alto.
—Era una broma, Draco. No estoy tras ella.
No puedo entender las palabras por completo, estoy demasiado concentrado en por qué estoy llorando y me llevo las manos a los ojos.
—Era una broma. —Sus manos están nuevamente sobre mis hombros y yo no las quiero ahí—. Tienes que ver cuánto te desea, Draco.
Exhalo un suspiro entrecortado.
—Esto es jodidamente estúpido —murmuro entre mis manos.
—Pensé que las cosas estaban claras entre ustedes —me dice—. En el balcón, parecía que ustedes...
—Pudo haber pasado, pero el lunático de mi mejor amigo llegó treinta segundos demasiado pronto a interrumpirnos.
Él se ríe.
—Si te hubieras perdido tu discurso, no habrías podido cogértela de un extremo al otro de la habitación.
Yo suelto una carcajada y termino de secarme la cara. Él retrocede un paso.
—No tienes que preocuparte por mí —dice, y no puedo mirarlo a los ojos, así que estoy mirando los botones de su chaleco—. Pero sí tengo la intención de tirarme a Melody, así que vas a necesitar aligerar todo este asunto del "contrato de amor".
Le frunzo el ceño. Él me sonríe. Yo le digo:
—Daphne te quiere de vuelta. Siempre puedes concentrarte en eso.
Su sonrisa se desvanece y me dice:
—No todos podemos esperar tan pacientemente como tú.
Siento que mi aliento regresa. Conjuro un espejo y veo que mi cara todavía está manchada. Es jodidamente estúpido. Mi mano tiembla cuando desaparezco el espejo.
—Pensé que estabas más preparado para hoy —me dice—. Pensé que estabas listo.
Me quedo mirando mi escritorio.
—Yo también.
—¿Necesitas que haga una prueba?
Le alzo una ceja.
—¿Has mejorado durante los últimos dos años?
—Probablemente no.
Yo sacudo los hombros y me giro para mirarlo. Me concentro en una serie de ladrillos mientras él saca su varita.
—Legeremens.
No sé cuánto tiempo pasa empujándome. Pero finalmente se aparta, con sudor en la frente.
—Hace frío allí dentro —me dice.
Yo siento.
—Bien hecho.
Él frunce el ceño.
Nos dirigimos a la sala de conferencias. Ella entra con Walter justo antes de que comience la reunión y yo trato de no mirarla mientras intenta encontrar su asiento.
Les doy la bienvenida a todos. Les pido que se presenten y sonrío cuando ella se pone de pie, dando un discurso. Se sonroja cuando se da cuenta de que nadie más se presenta con un monólogo y yo le sonrío hasta que Blaise me patea por debajo de la mesa.
Dirijo la reunión de los Consultores en Jefe, explico las finanzas sin voltear a mirarla, respondo las preguntas de Mockridge sin concentrarme en sus manos inquietas.
Menciono a El Profeta, recuerdo mi papel en la farsa de Pansy y, cuando la reunión termina, la llevo de regreso a su oficina, diciéndole que hay alguien esperándola para una junta a las diez de la mañana.
Ella entra en acción haciendo preguntas, exigiendo explicaciones.
—Cálmate, Granger —le digo—. Es sólo una cita preliminar.
Abro la puerta y veo cómo se congela cuando Pansy camina hacia ella. Le doy a Pansy una mirada que dice "por favor, no la mates" y cierro la puerta.
Cuando regreso a mi oficina, tengo cinco vociferadores más. Me paso las manos por la cara, silencio la habitación y me siento.
Abro el primero.
—DRACO MALFOY ES UN DIOS ENTRE LOS HOMBRES. TIENE PELO COMO ADONIS.
La voz chillona de Blaise asalta mis oídos. Miro el sobre rojo mientras se disuelve en cenizas.
Abro el siguiente.
—DRACO MALFOY ES EL ÚNICO HOMBRE POR EL QUE ME VOLVERÍA GAY.
Me froto la cara y abro la siguiente.
—ME GUSTAN SUS MANOS.
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Lunes 13 de octubre de 1997
Caminar por los pasillos de Hogwarts es una experiencia diferente ahora. No necesito que Crabbe y Goyle me respalden para alentar a los de primer año a que se aparten de mi camino. Soy el mortífagos más joven. El cómplice del asesinato de Albus Dumbledore.
Pero los pasillos no se sienten igual, los susurros no son del tipo que quiero escuchar. Y se ha apagado una luz en todos ahora que Potter no regresó; y en mí, ya que ella tampoco lo hizo.
Estoy doblando en una esquina, regresando a los dormitorios de Slytherin cuando escucho:
—¡Señor Malfoy! ¡Excelente sincronización!
Me detengo, inhalo profundamente, estabilizo mis facciones y me giro para ver a Amycus Carrow sonriéndome.
—Profesor Carrow. —Pongo mis manos detrás de mi espalda cuando las siento temblar—. Le pido una disculpa, estoy muy cerca del toque de queda.
Él agita una mano.
—Oh, no te preocupes. En realidad te necesito.
Me hace un gesto para que lo siga. Entro en el aula de Artes Oscuras tras él y encuentro a Neville Longbottom, Hannah Abbott y Luna Lovegood al otro lado de la habitación, sin varita. A mi derecha, Blaise está con Harper y Astoria Greengrass.
Longbottom nos mira con desprecio. Tiene un ojo morado que parece no desaparecer nunca. Blaise se mueve y aparta la mirada de mí. No ha sido tan amistoso desde entonces; desde que vio la marca en mi brazo.
—Hola, Draco —dice Lovegood, como si estuviera sirviendo el té.
—Vamos a tener un poco de tutelaje fuera del horario laboral —dice Amycus, con los dientes relucientes—. Estos tres —señala a Longbottom, Abbott y Lovegood—, fueron encontrados vagando demasiado cerca del toque de queda. Y, como ya saben, Longbottom y Lovegood intentaron irrumpir en la oficina del Director la semana pasada.
—Ya completamos nuestras detenciones por eso —gruñe Longbottom—. Snape nos envió al bosque…
—Silencio.
La voz de Longbottom desaparece. Yo siento el silencio en mis huesos.
—Entonces —continúa Amycus—, el señor Zabini, la señorita Greengrass y el señor Harper me están ayudando con esta detención mientras repasan la lección de esta semana. No tuvieron éxito durante la clase practicando con la araña.
La maldición Cruciatus.
Mis ojos se vuelven hacia mis Slytherins. El labio inferior de Astoria tiembla.
—Usted, por otro lado... —Amycus camina por la habitación en amplios círculos—, mostró ayer ser prometedor en clase, señor Malfoy.
Dejo que mis ojos vaguen por las paredes, esperando...
Allí, un retrato de una lechera que se detiene en un arroyo, se seca el sudor de la frente y me observa. Sostengo su mirada y ella asiente una vez antes de dejar sus baldes y caminar río abajo, fuera del retrato.
—Mi tía me ha estado enseñando —le respondo con pereza. Pienso en los ratones de nuestras mazmorras, en la forma en que gritaban y chillaban. En el elfo doméstico, Boppy, que siempre me dejaba salir a escondidas por la noche cuando era joven… en la forma en que lloraba abrazándose a sí mismo. Y luego en Rowle, a quien desearía poder maldecir de nuevo.
Parpadeo, aclaro mi mente y miro a los tres detenidos. Lovegood está mirando el retrato de la lechera y voltea a verme con una sonrisa agradable.
—Tal vez podrías hacernos una demostración.
Miro a Carrow. Sus dientes brillan entre sus labios.
—Por supuesto, profesor.
Saco mi varita, girando primero hacia Longbottom. La historia lo vuelve sencillo. Me concentro en el extremo de mi varita, el humo oscuro se retuerce dentro de mí.
—Crucio.
Él se contorsiona. El encantamiento silenciador es una bendición, pero su boca está muy abierta.
Lo libero. Él jadea en el suelo.
Volteo hacia Carrow.
—¿Qué tiene eso de difícil?
Él se ríe. Astoria parece estar a punto de desmayarse.
Carrow hace un gesto hacia los otros dos, Hannah Abbott es la siguiente. Apenas y la conozco. Es demasiado silenciosa en clase y nunca ha captado el interés de nadie. Ella grita. Yo veo por el rabillo del ojo a Blaise alejándose de mí.
Hay ácido carcomiéndome las entrañas, pudriéndome. Se abre camino por mi garganta, dirigiéndose a mi mente, donde lo guardo todo.
Libero a Abbott y ella se sacude, gimiendo.
Me giro hacia Lovegood. Ella me sonríe. Mi mano tiembla y, antes de que Carrow lo note, muevo la muñeca para silenciar a Abbott. Como si fuera lo que pretendía hacer.
Me trueno el cuello, sintiéndome vacío. Levanto mi varita hacia Lovegood. Me concentro en la punta, humeando donde despide electricidad.
Sus ojos pálidos brillan de nuevo y me pregunto por qué no tiene miedo.
—Está bien, Draco.
Parpadeo. Lovegood lo dijo como si estuviera dándome permiso. Como si yo le hubiera preguntado.
La puerta se abre con un golpe y Severus entra rápidamente. Echa un vistazo a la habitación y veo a la lechera volver por el arroyo.
—Profesor Carrow —sisea Severus—. ¿Qué tenemos aquí?
—Detención, Director. —Carrow sonríe, como si estuviera a punto de recibir un regalo—. Atrapé a estos tres vagando en el toque de queda. Pensé en darles a los otros algo de práctica en la maldición Cruciatus.
Severus levanta una ceja.
—Un poco extremo para tratarse de un toque de queda, ¿no cree, profesor? ¿Qué les haremos entonces cuando cometan un delito más grave?
Carrow se ríe. Como si él y Severus tuvieran una broma privada.
Severus mira hacia la habitación.
—A la cama.
Luna ayuda a Hannah a levantarse del suelo. Harper sale corriendo por la puerta. Blaise aprieta la mano de Astoria. Yo me quedo, sé que debo quedarme.
—Profesor Carrow, por favor acompañe al señor Longbottom y a la señorita Lovegood de regreso a sus torres. Señorita Greengrass, asegúrese de que la señorita Abbott vaya directamente a su dormitorio. Señor Zabini, por favor, quédese.
Blaise mira a Snape con el ceño fruncido. Carrow arrastra a Longbottom por el cuello y lo saca. Veo a Astoria pasarse el brazo de Hannah sobre su hombro tan pronto como salen por la puerta, fuera de la vista.
La puerta se cierra. Blaise me frunce el ceño, como si yo lo hubiera electrocutado también a él. Dejó de hacerme preguntas sobre el Señor Tenebroso después de la muerte de Dumbledore. Dejó de envidiarme.
Siento un caldero burbujeando dentro de mí. Una poción repugnante, espesa y viscosa. Puedo oír aún a Abbott gritando. Y tal vez sí la conozco, tal vez ella y yo fuimos compañeros en la clase de Encantamientos de tercer año. Creo que me regaló algo el día de San Valentín.
Severus está hablando con Blaise. Me doy la vuelta, jadeo y el ácido se proyecta fuera de mí, salpicando los pisos de piedra, esparciéndose y arremolinándose hasta que no puedo respirar debido a él. Jadeo en busca de aire, gorgoteando.
Siento la mano de Severus en mi hombro y mi malestar desaparece. Me está hablando en voz baja, tan bajo que no puedo escuchar por encima de mi respiración, por encima de los gritos. Creo que ahora también puedo oír gritar a Longbottom.
Vuelvo a vomitar, ahora de rodillas. Una vez que está fuera de mí, me enderezo de un tirón y Severus sostiene mi rostro, hundiéndose profundamente en mi mente, viendo el recuerdo, empujándolo físicamente.
El recuerdo se encoge.
Como medida precautoria, la busca a ella. Encuentra un joyero y lo agita, pero todo lo que cae son algunos pensamientos superficiales, como baratijas.
Deja mi mente, me suelta y yo tropiezo cuando sus manos ya no están en mi cara.
Él conjura un vaso de agua y lo bebo todo, derramando gotas por mi barbilla.
—Señor Zabini —dice Severus. Olvidé que Blaise estaba allí. Y ahora él lo ha visto todo—. Escolte al señor Malfoy de regreso a las mazmorras.
Severus se desliza fuera de la habitación. Cuando finalmente puedo encontrar la mirada de Blaise, él está pálido, con los ojos húmedos. Sus brazos están cruzados protectoramente sobre su pecho.
—¿Qué fue eso? ¿Eso que hizo?
Parpadeo hacia él, con mi visión duplicándose.
—¿Quién?
—Snape. Cuando él… tú estabas indispuesto y él te curó.
Le frunzo el ceño.
—Él no me curó, fue Legeremancia —y luego agrego—: y yo soy un Occlumante. —Como si eso explicara cualquier cosa.
—¿Desde cuando? —me sisea él.
Yo lo miro, tratando de averiguar si hay algún peligro en que él lo sepa.
—Desde quinto año. Snape ha estado entrenándome.
Blaise me estudia, como si le acabara de decir que soy un hombre lobo.
Él mantiene la puerta abierta para mí y regresamos. Me entrega una tableta de chocolate después de la segunda vez que nos detenemos a descansar. Al igual que yo, él no tiene un Patronus para evitar que los Dementores lo persigan.
Escucho nuestros pasos y me pregunto por qué Severus hizo que se quedara allí. ¿Tenía algo que atender que le impedía acompañarme él mismo?
Cuando llegamos a la sala común, todas las miradas se vuelven hacia nosotros. Harper está hablando rápidamente con Daphne y Pansy. Ellos callan.
—¿Es verdad? —Vincent avanza pesadamente hacia nosotros con un brillo en los ojos—. ¿Has torturado a otro estudiante? —Él sonríe. Él es el único además de mí que fue capaz de maldecir a la araña en el primer intento ayer en clase.
—Sí, ¿quieres ver? —le gruño. Él se aparta de mí.
Daphne se acerca a nosotros.
—¿Dónde está Astoria? —exige.
—Ella debería estar con… —intenta Blaise.
Daphne me empuja.
—Mantente alejado de ella, Draco. No quiero que aprenda nada de ti. No más tutorías…
Blaise se acerca a ella, presionando su mano contra su cadera.
—No es así como sucedió…
Ella me empuja de nuevo y yo mantengo mi mente enfocada en dirigirme a la cama.
—Harper dice que puedes hacerlo sin parpadear. Dice que te resulta natural. —Ella jadea y veo a Pansy parada en la esquina, mirando hacia otro lado—. Astoria no es como tú, Draco, estás enfermo. Has pasado demasiado tiempo con tus amigos mortífagos y ahora eres igual que ellos…
—¡Hazte a un puto lado! —gruñe Blaise. Observo cómo empuja a su novia hacia atrás y me guía hacia las escaleras, hacia los dormitorios, con su mano sobre mi hombro.
Él cierra la puerta. Yo me quito los zapatos y empiezo a vestirme para ir a la cama.
—¿Estás bien?
Me doy la vuelta y él me mira.
Él espera que me enoje, que me sienta traicionado, contrariado. Que sienta cualquier cosa…
—Por supuesto.
Me doy una ducha fría. Todas mis duchas son frías. Cuando vuelvo a mi cama de doseles, Blaise ha traído algunas sobras de la cena. Se sienta conmigo en la cama mientras yo picoteo la comida.
—¿A quién estás escondiéndole secretos? —me pregunta, una vez que he comido suficiente.
Lo miro. Está demasiado cerca de descubrir todo. Él ya lo sabe, si mis sospechas han sido correctas durante los últimos tres años, pero quién sabe dónde acabará él una vez que comience la guerra.
—A ti —le digo—. Empecé a tener sueños eróticos contigo durante tercer año. Snape me ha estado ayudando a controlar mis impulsos. —Le alzo la ceja.
Él sonríe.
—Lo sabía.
Me guiña un ojo.
Y mientras abre un catálogo de quidditch conmigo, hablando sobre los irlandeses este año, yo me doy cuenta de por qué Snape hizo que se quedara.
Para mí.
