DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Hola chicas, lamento llegar fuera de mi horario habitual, pero aún es viernes así que espero que con eso les aclance jejejeje
Necesito avisarles dos cosas: la primera, sólo quedan 8 capítulos, que nervios… Y, la segunda, que necesito tomarme una semana más (lo sé, lo sé, soy terrible, perdón) La siguiente actualización de esta historia la realizaré el día 9 de octubre, y espero que sea la última vez que tenga que brincarme un día de actualización.
Gracias como siempre por el apoyo y nos leemos prontito. Las quiero.
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Todo lo Incorrecto
Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8
Capítulo 16
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Martes 18 de enero de 2000
Apenas tengo un segundo para mí el día de la sesión fotográfica con El Profeta. Invitar a seis publicaciones distintas a la oficina para entrevistar y fotografiar al personal de Malfoy Consulting fue... una idea ambiciosa. Y ahora Rita está haciendo pucheros porque ella no es el centro de atención.
Pasé toda la mañana en la sala de conferencias hablando con diferentes periodistas sobre nuestros proyectos actuales, nuestros gastos futuros y luego, abruptamente, sobre Katya y Granger.
—¿Por qué Hermione Granger? —me pregunta una astuta bruja de cabello castaño rojizo, con la pluma lista.
Cariño, he intentado responderme a mí mismo esa misma pregunta durante años...
—Ella es la mejor —me jacto, levantando mis cejas hacia ella—. Quería lo mejor.
Ella sonríe y dice:
—Su relación con la comunidad de criaturas mágicas debe haber ayudado, ¿cierto?
—Absolutamente…
—Señor Malfoy —interrumpe un caballero mayor que cubre una revista de negocios—. ¿Cuál es su objetivo más ambicioso en relación con la señorita Granger?
Yo parpadeo.
El sexo.
Y antes de que pueda responder con esas palabras exactas, Carrie, mi asistente, asoma la cabeza a la sala de conferencias y dice que están listos para fotografiarnos en mi oficina. Me levanto de un salto, tomo mi saco y les muestro el camino.
Hay una bruja de pie en la ventana de mi oficina que podría hacer que Granger corriera para conseguir su dinero. Piernas largas y rizos oscuros.
Es el destello de sus caderas lo que finalmente embona en mi cabeza. Y mi garganta se seca mientras absorbo la luz del sol que rebota sobre su cuello y sus pechos, el chaleco se ciñe con fuerza a sus costillas, lo que me da una mejor idea de los contornos y curvas de su abdomen. Y los profundos lagos de sus ojos me miran fijamente; directamente dentro de mí, cavando en mi mente y rogándome que la deje salir de su caja.
Una cámara se acciona con un destello y ella parpadea.
Me arreglo el cuello de la camisa y estrecho la mano de alguien. Dejo que Daphne me aplique algún tipo de polvo en la cara. Y la miro de nuevo.
Pansy ha hecho esto. Ella ha hecho esto por venganza.
La vistió en verde Slytherin, algo por lo que nunca la perdonaré. Y los ángulos de sus pómulos estallan frente a la luz del sol cuando le recogen el cabello así. Lo hace para hacerla parecer más dura, mayor.
—Draco, cariño. —Rita está frente a mí—. ¿Algunas palabras para El Profeta? —La vuela pluma baila detrás de su cabeza. Yo asiento—. ¿Qué te atrajo de Hermione Granger?
El sexo.
Me aclaro la garganta e ignoro la silueta cerca de la ventana, hablando en voz baja.
—Mmm… Lo que me atrajo de ella fue su mente. Es muy… lógica… —Qué ridículo—. Un verdadero... activo.
Blaise aparece sobre el hombro de Rita, sonriéndome.
Lo miro.
—Un activo. Sí —dice él. Rita se gira y nos abre la conversación a ambos—. Y de todos los activos que ella nos aporta —tararea Blaise—, yo diría que el más impresionante es… —Él agita las manos frente a su pecho como si estuviera buscando una palabra para describirlo. O como si estuviera a punto de decir "sus tetas"—. Su pasión. —Le sonríe a Rita—. Ella es tan apasionada como hermosa.
La pluma de Rita se estremece de gozo.
—Bien dicho, señor Zabini. —Rita coloca un rizo detrás de su oreja, tocando su cuello de una forma descarada. Esta mujer necesita una cogida.
Mis ojos se desvían hacia donde Pansy está ajustando las mangas del vestido verde y Tracey está retorciendo un rizo.
Le han hecho algo en el cabello. Lo controlaron. Lo odio.
—Bueno, puedo decir, Rita —Blaise continúa jovialmente—, que Draco está realmente ansioso por tener a Hermione Granger por debajo de él.
Yo cierro los ojos. Inhalo profundamente.
—No por debajo. —Sonrío—. Considero a todo mi personal ejecutivo como mis iguales.
—Tienes razón —dice Blaise—. Dudo que una mujer como Granger permanezca en esa posición por mucho tiempo.
Sus ojos brillan. Yo frunzo el ceño.
—Rita, cariño. ¿Podemos empezar?
Ella se aleja revoloteando, colocando a todos alrededor de mi escritorio. Pansy flota hasta mi codo, enderezando mis mancuernillas.
—¿Esa es la Bruja Empresarial Moderna? —le susurro.
—Sí. Ella es hermosa y lo sabe. —Pansy me sonríe—. Y todos los demás también lo saben.
Ruedo los hombros hacia atrás y respiro. Necesito alejarme de la visión de Hermione Granger saltando encima de mi escritorio de tres mil galeones y cruzando las piernas.
—Tu madre lo aprobaría, creo yo. —Pansy se encoge de hombros.
—No menciones a madre en este momento.
—¿Por qué no? Escuché que pensar en tu propia madre es la forma perfecta de aniquilar cualquier pensamiento indeseado.
Yo la miro fijamente y ella me devuelve una sonrisa.
—Señor Malfoy —canturrea Rita—. Lo necesitamos sentado en tu silla.
Rita me toma del brazo y me sienta, peinando mi cabello hacia atrás más de lo necesario. Cuando regresa al frente de la habitación, yo levanto una ceja hacia Tracey y ella corre a componer todo lo que hizo Skeeter.
Comienzan las fotografías. Y en todo lo que yo puedo concentrarme es en no permitir que mis ojos se desvíen hacia la izquierda, donde un cuerpo esbelto reposa encima de unas bien formadas caderas, apoyándose sobre su pequeña mano.
No puedo ponerme duro en medio de esta sesión fotográfica. No… no puede pasarme, de ningún modo.
Cuando hacemos una pausa y nos reorganizamos, vuelvo a concentrarme. Se trata del negocio. Estamos vendiendo a la compañía. Tendremos a una hermosa mujer en la portada, porque de eso se trata el marketing. Pero cualquier otro pensamiento fuera de lugar sobre mantenerla indefinidamente sobre este escritorio, o reclinada en esta silla mientras se desliza hasta llegar a mí, abriendo lentamente los botones de su chaleco mientras se recuesta sobre la superficie de mármol...
Una cámara destella.
Rita nos reposiciona. Ella y Blaise están flanqueándome. Luego hace que ella se siente con las rodillas hacia mí y el rostro volteando hacia la lente.
Esto es una jodida tortura.
Al menos su aroma está diluido con algún desastroso producto para el cabello.
Estamos en el sillón antes de que me dé cuenta. Sólo somos Blaise, ella y yo. Ella se inclina detrás de mí, sus pechos a centímetros de mi oreja. Y sé que si me giro para mirarla, les echaré un vistazo.
—Señorita Granger, ¿podría inclinarse un poco más cerca?¿Puede colocar acá su mano? Sí. Eso es perfecto.
Puedo sentir su calor en mi sien. Miro a través de la lente imaginando los túneles de los ojos de Severus.
Luego veo a Pansy y a Rita colocándola alrededor de mi oficina. De pie frente a Blaise y a mí. Leyendo un documento. De pie junto a mi silla.
Apropiándose.
—Aún no me has dicho si te gusta el atuendo. —Pansy está a mi lado.
Yo aprieto los labios mientras veo que le entregan un libro para que lo sostenga y posteriormente le piden que se incline sobre mi escritorio, con el vestido verde apretándose a su trasero.
—Hermosa idea para la sesión fotográfica, Pans. —Cruzo los brazos frente a mi pecho y trato de disimular el rubor en mi garganta colocando una mano en mi barbilla. Quizás así pueda empujar físicamente el gemido de vuelta a mi boca si se me llega a escapar.
—Ella aceptó tres meses.
Mi garganta reseca se mueve. Y Rita la tiene reclinada en el escritorio con su libro, cruzando los tobillos.
—¿Y cómo te las arreglaste?
—Ya te lo dije. Puedo ser muy persuasiva.
—Ella no está hecha para tu mundo, Pans —le digo—. No pretendo ofenderte, pero ella no ha sido entrenada para esto. Hoy pasaste tres horas peinándola y maquillándola y te prometo que mañana llegará con el mismo peinado de hoy y un pobre intento del maquillaje que realizó Daphne. —Observo mientras le arreglan el cabello, torciendo un rizo de su coleta para que quede plano sobre su pecho. Presiono mi pulgar contra mis labios y murmuro—: Esta no es Hermione Granger.
Pansy se queda callada por un momento mientras la vemos pasar una página del libro, la cámara destellando.
—Creo que la subestimas.
—¡Señorita Granger! —la llama Rita—, estoy adorando este atuendo suyo. ¿Quién la vistió?
Observo cómo los ojos de Granger se encuentran con los de Pansy con una sonrisa petulante tirando de sus labios oscuros mientras levanta una ceja perfectamente arqueada.
—Parkinson. —Ella sonríe, como si hubiera ganado una partida de ajedrez mágico doce movimientos antes de que alguien lo esperara.
Y algo grueso se retuerce dentro de mi pecho, cayendo bajo y arremolinándose, lamiéndome.
Ella me mira a los ojos, todavía sonriendo, y yo me permito absorberla por un momento. Desde los arcos de sus pies en los delicados tacones hasta los tobillos y doblándome alrededor de sus pantorrillas, deteniéndome en esas rodillas que tanto anhelo abrir e imaginando la forma de sus muslos, descendiendo en picada alrededor de sus caderas y sumergiéndome de nuevo en su estrecho vientre, elevándome hacia su rebosante pecho y las protuberancias de su piel para, finalmente, deslizarme por sus clavículas hasta su largo cuello.
La cámara destella y yo lo aparto con un parpadeo.
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Miércoles, 19 de enero de 2000
Hoy lleva puesto un vestido naranja. Nunca me había gustado el color naranja, pero está empezando a agradarme.
Al menos lleva suelto el cabello otra vez.
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Viernes 21 de enero de 2000
Me alivia enterarme que hoy usa pantalones, hasta que noto lo bien que le quedan.
En el almuerzo, me excuso con Carrie y me voy a casa para darme una ducha fría, sólo que la temperatura nunca termina de descender. Mi mano se apoya en las baldosas de piedra. Imagino el vaivén de sus caderas contra mis párpados cerrados.
Llego diez minutos tarde a mi reunión de las tres en punto.
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Domingo 23 de enero de 2000
Madre me despierta con el periódico, hablando y hablando sobre lo jodidamente divina -perdona mi lenguaje, cariño- que Granger sale en El Profeta y sobre lo hermosos que son los diseños de Pansy, y sobre que le encantaría invitar a cenar en algún momento a Hermione para celebrar el éxito arrollador que está teniendo.
Miro fijamente a la dócil gatita del periódico tratando de conciliar la imagen de sus largas piernas y suaves rizos con la feroz chica de mis sueños; tratando de envolver mi cabeza alrededor de esta extraña culpa, como si estuviera engañando a Hermione Granger cada vez que esta nueva versión suya me excita.
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Lunes, 24 de enero de 2000
Ron Weasley me envió un vociferador el lunes por la mañana y yo sufro un colapso mental cuando me doy cuenta de que estoy de acuerdo con él.
—…NO TIENE SENTIDO QUE LA HAYAN FOTOGRAFIADO ASÍ. COMO A UNA PROSTITUTA NACIDA DE MUGGLES PARA TU DELEITE Y EL DE TUS AMIGOS SANGRE PURA…
—Sí, sí. Lo sé —susurro, caminando a lo largo de mi oficina mientras el sobre rojo vocifera desde mi escritorio.
—…ELLA SIENTE UNA DEBILIDAD POR TI, SIEMPRE LA HA SENTIDO. Y MIENTRAS YO SOY INCAPAZ DE CONCEBIR QUÉ DEMONIOS HICISTE PARA MERECÉRTELA…
—Ajá… Estoy de acuerdo.
—…NO ES EXCUSA PARA USARLA DE ESE MODO, COMO SI ELLA NO FUERA NADA MÁS QUE UN PAR DE PIERNAS…
—Correcto. Porque ella es la bruja más brillante de nuestra generación…
—…LA BRUJA MÁS BRILLANTE DE NUESTRA GENERACIÓN…
—¡¿Y con qué propósito?! —Giro hacia la carta mientras ésta arremete contra mí—. ¿Por qué tiene que lucir así para venir a trabajar, eh? —le pregunto.
—…NI SIQUIERA TENGO CLARO QUÉ ESTÁS VENDIENDO EN ESTA EMPRESA TUYA…
—¡Sí, sí! —Apunto al vociferador con un dedo—. ¡Exactamente, Weasley! ¡Exactamente!
—…PORQUE A MÍ ME PARECE QUE ESTÁS VENDIENDO SEXO…
Yo aplaudo.
—¡Sí! ¿Por qué lo estamos comercializando así? ¡Ni siquiera estamos vendiendo cosas, Weasley!
—…ELLA ES LA BRUJA MÁS HERMOSA DE TODO EL MUNDO Y AÚN ERA LA MISMA BRUJA HACE DOS SEMANAS, ANTES DE QUE TÚ Y PARKINSON LE PUSIERAN LAS MANOS ENCIMA…
—¿Sabes? —le digo, recostándome en el escritorio como si el vociferador y yo fuéramos viejos amigos—. Yo tampoco soy un fanático de ese cambio de imagen, si debo ser honesto, Weasley.
—…SI ME ENTERO QUE ESTÁ SUCEDIENDO ALGO INDECOROSO EN MALFOY CONSULTING GROUP, SI ESTÁS USÁNDOLA O SI LLEGAS A LASTIMARLA, TE ASESINARÉ, MALFOY…
El vociferador cae envuelto en llamas y yo me siento muy solo en mi oficina.
Abro los otros tres vociferadores pendientes al mismo tiempo y me siento en mi sofá, escuchando el estruendo.
Justo cuando ha comenzado la reunión de las 9:00 a.m. Corban Hartford hace su entrada. No me importa. Y luego ella lo saluda agitando la mano y él le devuelve una sonrisa, como si fueran amigos; amigos cercanos.
Parpadeo, guardándolo para más tarde, y vuelvo a mirar mis notas.
Más tarde ese día, Blaise entra en mi oficina, se deja caer en el sofá y dice:
—¿De dónde conoces Hartford?
Lo miro y él tiene los ojos entrecerrados.
—Era socio del abogado de mi padre. Fue despedido por tener demasiada moral.
—Mmm… —dice Blaise—. Bueno, ya estoy echándole el ojo, no te preocupes.
Casi le pregunto de qué está hablando, pero recuerdo que se trata de Blaise y él lo sabe. Y si yo vi a Hartford sonriéndole, entonces él sabe mucho más.
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Miércoles, 26 de enero de 2000
Hoy tenemos la reunión con Margolis y no me siento más seguro que la última vez. Pero, al menos, dejaré que Granger tome la iniciativa.
Paso por su oficina al mediodía, feliz de encontrar a Blaise en otro lugar. Tal vez incluso haciendo su trabajo.
—¿Lista?
—¡Sí! —Ella está parada frente a su escritorio, tapando su tintero y mirándome con ojos brillantes.
Viste un traje de falda color crema que envuelve esas caderas. Aparto la mirada antes de que mis ojos se detengan en sus pantorrillas.
Compartimos un ascensor con dos de los pasantes que se dirigían a almorzar, afortunadamente. No es hasta salir a la calle que estamos solos. Desaparecemos y comenzamos nuestro paseo por el Londres muggle.
La única razón por la que Margolis habría elegido el Londres muggle como punto de reunión sería para despistarme, pero yo la tengo a ella conmigo. Y, además, visité este lugar el lunes para revisar el menú, explorar las mesas y examinar a los trabajadores.
Así que... qué lástima por él.
—He tenido la intención de preguntarte —dice ella, interrumpiendo mi juicio sobre el muggle de aspecto desgarbado que acabamos de dejar atrás—, ¿qué le pasó a Tiberius Ogden? —El nombre me hace estremecer—. Me sorprendió mucho descubrir que el puesto de Relaciones con el Wizengamot estaba disponible.
—Lo rechazó. —Ahí está. Y es todo lo que obtendrá.
Siento sus ojos en mí.
—¿Lo rechazó? Pero pensé que las cosas iban muy bien. Quiero decir, por la forma en que Noelle hablaba de ello —dice, y yo me concentro en conducirnos a la cafetería lo más rápido posible. La guío fuera de la acera, descansando mi mano en su espalda por un momento más de lo necesario.
Ella me pregunta por el almuerzo que se suponía que tendría con Tiberius. Me las había arreglado para bloquear a toda esa familia de mi mente.
—Él canceló. Dijo que no tenía ningún interés en la compañía.
Finalmente llegamos a la cafetería y abro la puerta para ella, dando por terminada la conversación. Tal vez pueda guiarla adentro y dejar que mi mano descanse sobre su espalda otra vez...
Ella se detiene en la puerta y se gira hacia mí.
—¿Quieres que le escriba?
Casi me burlo de ella y de su filosofía de que todos los problemas pueden solucionarse con una simple carta de la Chica Dorada. Pero me abstengo al recordar cómo conseguimos la reunión a la que estamos entrando.
—No. Ya encontraremos a alguien más, Granger.
Ella frunce el ceño y yo debí haber adivinado que esto abriría una puerta en su mente.
—¿Y qué tal si intento con Noelle? —dice, y yo tiemblo—. Creo que ambas congeniamos. Puedo averiguar cuándo regresará a casa y…
—No. —Por Merlín, si le escribe a Noelle... Habría un enredo desastroso. Esa chiquilla voluble retorcería su propia versión de los eventos y empujaría a Granger a investigar a fondo. La miro directamente a los ojos y digo en una interesante imitación de mi padre—: No contactes a Noelle. ¿Me entendiste, Granger?
Observo cómo sus ojos alternan de un lado a otro entre los míos.
—De acuerdo.
Me sumerjo en sus profundos lagos marrones por un momento más y luego retrocedo, me recompongo. Margolis ya está aquí, aunque llegamos con diez minutos de ventaja. Está en los cómodos sofás que vi el lunes junto a un hombre al que no reconozco. Me ajusto los puños de la camisa y la escolto al interior de la cafetería.
Margolis, en efecto, me estrecha la mano esta vez, aunque puede que sea necesario hacerme un reajuste de dedos, pero su socio ni siquiera se molesta en ponerse de pie. Mason, de acuerdo a la presentación. Me ofrezco a ordenar las bebidas y Mason decide ponerme a prueba pidiendo no uno, sino dos platillos.
Yo asiento sin hacer comentarios y me dirijo al mostrador. Manejo exitosamente el dinero muggle y regreso a la mesa.
Granger interviene. Trae una presentación con ella, que... no sé por qué llegué a dudar que lo haría. Me concentro en mi té en lugar de sus cuidadas uñas pasando páginas, escuchando cómo su voz toma la iniciativa, domina.
Me descubro a mí mismo observando fijamente su mandíbula cuando Mason la interrumpe, preguntándole sobre la recaudación de fondos. Yo alzo una ceja. Entonces, él está aquí para ponérnoslo difícil.
—Y dime, Hermione Granger —dice Mason, y mis ojos se entrecierran por la forma en que sisea su nombre—. ¿Cuánto cuesta conseguir una audiencia con el Wizengamot?
—Creo que la cuota de solicitud es de diez galeones.
—¿Y darás una fiestas de recaudación de fondos por diez galeones? —Mason se sienta, enviándome una sonrisa satisfecha—. Vaya, vaya. Tu negocio debe estar más hundido de lo que pensaba, Malfoy.
Lo examino, dejando que mis ojos se desvíen hacia Margolis, quien está mirando hacia otro lado. Hemos perdido. No iban a trabajar con nosotros y nada que hiciéramos hoy habría cambiado eso. No había forma de que Margolis trajera en vano una bala perdida a una reunión de negocios.
Yo me aclaro la garganta e intento al menos salvar mi orgullo.
—La recaudación de fondos cubre los costos de la investigación, el viaje al bosque del Norte, los salarios del personal que trabaja incansablemente, el alojamiento para la manada si eligen venir a Londres durante el juicio…
Mason me interrumpe. Hace a un lado la propuesta. Lo observo mientras Granger lo maneja ingeniosamente. La compadezco, ella todavía no entiende que esto es inútil.
—Aprecio todo lo que has hecho para preparar este proyecto, señorita Granger. Y todo el trabajo que pretendes realizar en favor de la comunidad de hombres lobo; pero, tendremos que declinar.
Ella está tan impactada que se queda sin palabras y yo puedo escuchar cómo resuena su garganta mientras mantengo mis ojos en los dos hombres lobo.
—Tal vez resulte más fácil para tí, señorita Granger, que has sido el centro de atención durante toda tu vida, pero nosotros no deseamos vendernos frente a los reflectores para conseguir publicidad.
¿Más fácil para ella? Como si se hubiera puesto en venta para mí. Algo se retuerce en mi pecho.
La siento balbucear a mi lado, así que lanzo otra declaración inútil para que podamos irnos.
—Es una lástima, señor Margolis. ¿Hay algo más que podamos hacer para lograr que cambie de opinión?
—¿Puedes traer de vuelta a Albus Dumbledore? —Mason me sonríe. Y yo me pregunto qué será más rápida, mi varita o sus mandíbulas. Él habla de nuevo—: O tal vez puedas retroceder el tiempo y asfixiar a Fenrir Greyback en lugar de jugar a la casita con él durante todo un año.
Jugando a la casita. Como cuando bajé las escaleras para encontrarlo en la mesa del comedor, sentado en la silla de mi padre. O cuando lo encontré olfateando a mi madre mientras ella pasaba a su lado cerca de las chimeneas.
Alguien está hablando y tardo un momento para entender que es ella.
—…ningún tipo de relación con Fenrir Greyback que no le haya sido impuesta…
—Realmente no te entiendo, Hermione Granger —Mason la interrumpe—. Él luchó contra ti en la batalla hace sólo dos años y ahora estás apostándolo todo por él. El salario en Malfoy Consulting Group debe ser excelente.
Lo es, muchas gracias. Me rasco la mandíbula y me preparo para irme.
—Si la memoria no me falla, Mason, tú no peleaste en mi guerra. Al menos Malfoy tuvo la decencia de elegir un bando.
Siento que un peso se asienta en mi estómago. Elegir simplemente un bando no es decencia. Me calmo, guardando mis recuerdos sobre planos muggles y canicas, letras ensangrentadas y aspersores.
Chimeneas y corrientes eléctricas. Gritos estrangulados. Candelabros estrellados.
Nada de eso fue decente. Nada de eso fue suficiente.
Pero aquí está ella, porque es la forma correcta de actuar. Y cuando ese pensamiento cruza por mi mente, ella lo dice en voz alta.
—…Cuando me encuentro en posición de ayudar a personas infravaloradas, hago todo lo que está en mis manos para ayudar. No es publicidad.
Ella está furiosa y yo estoy atrapado entre lo hermosa que es y lo irritado que estoy.
—Pero seguramente funciona para una excelente sesión fotográfica —responde Mason, luego hacia mí—: ¿No es así, Malfoy? —anuncia él con grandilocuencia—. Qué gran equipo: el sangre pura y la sangre sucia.
Estoy casi de pie, casi sobre su garganta, cuando Margolis anuncia que se marchan, pero luego ella se levanta gruñéndoles una respuesta, prometiendo venganza. Sale pisando fuerte y yo me quedo atrás con dos hombres lobo de ceño fruncido. Asiento hacia Margolis y la sigo.
Ella va a mitad de calle, sus tacones repiqueteando contra la acera. Los muggles se apartan de su camino girándose para mirarla. Yo la alcanzo rápidamente, viendo cómo se le sueltan algunos rizos mientras la magia danza por sus brazos.
Tal vez así es como luce nuestra asociación. Tal vez esto sea pelear en el mismo lado, con ese fuego dirigido hacia otro lado, de tal modo que solo necesito sentarme y observar.
Hacemos una pausa en una esquina y esa espiral oscura en mi pecho salta.
Pero en realidad no estamos peleando juntos, ella está defendiéndome. Ella interviene por el incomprendido mortífago malcriado.
Mi defensora de nuevo, al igual que en mi juicio. Interviniendo cuando nadie se lo pidió.
—Lo lamento —dice—. Por ellos. Lamento que no te vean como lo hago yo.
¿Y cómo me ve exactamente? Mi corazón late y mi piel zumba. Ella atraviesa el paso peatonal dejándome atrás y yo recuerdo a sus elfos domésticos y a sus dragones. A sus hombres lobo.
A su gente infravalorada.
—No necesito tu lástima, Granger —me escucho sisear.
Ella se vuelve con los ojos muy abiertos y yo reconozco esa mirada, esa sorpresa. Es la misma del pasillo en la sala de tribunales.
—No tienes mi lástima. —Sus ojos me escanean de arriba abajo—. Tienes mi respeto.
Ella gira sobre un tacón, niega con la cabeza y desaparece por la esquina. Escucho un estallido ante el que algunos muggles saltan, mirando hacia la calle en busca de algún accidente vial.
Me detengo en la esquina mordiendo el interior de mi mejilla, preguntándome cómo, en el nombre de Merlín, me lo habré ganado.
A la mañana siguiente ella lleva un vestido lavanda suelto con tacones a juego y tal vez sea el diseño más modesto que Pansy le ha dado pero, aún así, todavía tengo que meditar durante unos minutos para acallar mis pensamientos.
Le envío a Pansy una nota rápida pidiéndole que pase cuando pueda y ella aparece por mi chimenea al tiempo que yo guardo la imagen de los botones en la parte frontal del vestido de Granger.
Ella se arrellana en mi silla de invitados diciendo que de todos modos planeaba venir y yo ya me estoy arrepintiendo, pero ella ya está aquí.
—Tú… —me detengo, lo intento de nuevo—. ¿Podrías…? —Me froto la cara con las manos.
Ella nivela sus ojos con los míos.
—Draco, ¿estás sufriendo un derrame cerebral?
—¿Cómo funciona tu contrato con Granger? —murmuro entre mis dedos.
Ella parpadea.
—Le envío una caja todos los domingos por la noche con la ropa de la semana y las instrucciones de uso. Ella tiene libertad para elegir el orden de sus conjuntos, pero yo le doy algunas sugerencias. —Ella espera a que yo diga algo—. ¿Hay algún evento en puerta? Ya sé sobre Corazón de Bruja. Me reuniré con ella hoy y…
—¿Tienes algún registro de lo que le estás enviando? Los bocetos o… —Mis mejillas se sonrojan y pongo los ojos en blanco—. Esto es ridículo. Por favor, olvide que esta conversación alguna vez sucedió.
Apoyo la frente contra el escritorio de mármol, juntando las manos detrás de mi cabeza.
—Tranquilo. Porque esta conversación no está sucediendo —dice inexpresivamente—. ¿Hay algún problema con la ropa? ¿No la está usando bien?
—Oh, la está usando de maravilla —murmuro hacia el escritorio.
—Entonces, ¿cuál es el…?
Yo me incorporo, apartando los ojos.
—¿Puedes enviarme una copia de lo que le envías los domingos?
—No creo que te queden bien, Draco —me dice, y miro su ceja arqueada—. No me siento cómoda contigo controlando o censurando su guardarropa…
—Sólo estoy tratando de prepararme para lo que venga. —Presiono la base de mis manos en mis ojos—. Hacerme una idea de lo que voy a tener que enfrentar.
Pansy se carcajea. Yo mantengo mi rostro oculto.
—¿Entonces dónde quedaría la diversión? —canturrea ella—. Es como si estuviera dándote un regalo todas las mañanas, rogando por ser desenvuelto.
—Pansy…
—No necesitas una lista detallada de su ropa, Draco. Necesitas una paja.
—Ya tuve una de esas, gracias.
—Entonces necesitas una segunda.
—Ya tuve una de esas, gracias.
—¿En serio? Si apenas son las diez de la mañana.
Yo me quito las manos de la cara y me echo el cabello hacia atrás.
—¿Cuáles son tus siguientes pasos? —pregunta ella.
Yo trago saliva y miro por la ventana.
—Mi próximo paso es ver a mi padre este fin de semana. Ha solicitado mis visitas durante los primeros dos meses, así que voy a quitarme de encima la de enero este fin de semana.
—¿Y con ella? —pregunta, acercándose al escritorio—. ¿Cuáles son tus próximos pasos con ella?
Estudio el mármol de mi escritorio.
—Estamos trabajando en esta ley de hombres lobo…
—Draco —me interrumpe.
La miro.
—No hay próximos pasos con ella. Hay contratos, hay reglas —siseo—. El hecho de que use ropa distinta no implica que yo pueda acostarme con ella.
Ella se ríe.
—¡Quién dijo algo sobre eso! —Ella cruza las piernas y sonríe—. Ahora puedes pasar el tiempo con ella. "Almuerzos de negocios" y cosas por el estilo. Puedes invitarla a eventos y a galas. Y… —me dice, arqueando una ceja—, la próxima vez que Skeeter te pregunte por ella, puedes hacerle un cumplido que no involucre la palabra "lógica".
Yo gimoteo y cierro los ojos. Pansy se carcajea y yo consulto mi reloj.
—Hablando de reuniones de negocios, hoy tengo dos. Una comienza en cinco minutos.
Pansy se levanta de su silla y dice:
—Perfecto. Invítala a que te acompañe.
—Yo... en realidad no es de su área.
—¿Eso importa? —Ella se encoge de hombros—. Invítala. Hazle saber lo importante que es no sólo para la empresa, sino también para ti. —Pansy nos conduce a la puerta mientras considero cómo podría invitarla a almorzar con la combinación perfecta entre motivos comerciales y personales—. Draco —dice Pansy, deteniéndose con la mano en la puerta—. Si no actúas pronto, alguien más lo hará. —Ella alza una ceja e inmediatamente pienso en Hartford—. No sé si lo habrás notado, pero ella se ve bastante bien con mi ropa.
Pansy me guiña un ojo.
—Sí, muchas gracias, Pansy. —Tomo el saco de mi traje.
—Quiero decir, ¿has visto su trasero? —Ella abre los ojos cómicamente.
—Sí, muchas gracias, Pansy.
Ella abre la puerta, riendo y luego grita:
—¡Hermione, cariño! Maravilloso, justo iba a buscarte.
Deslizo mi brazo por la manga de mi saco, a punto de llamarla fanfarrona, cuando veo que Granger efectivamente está parada tras mi puerta. Ella me mira a los ojos y alterna la vista entre Pansy y yo.
—Perfecto —dice Granger—. Podemos ir a mi oficina.
—¿Deseas algo de mí? —pregunto, y trato de no estremecerme ante mi elección de palabras.
Ella balbucea. Yo decido hacer el intento.
—Mmm… de hecho, si estás disponible para almorzar, a mi cliente le gustaría conocerte —le digo. Aparto la mirada de ella y le pido a Carrie mis documentos—. Uno de los vendedores de Honeydukes está demandando a Honeydukes, y es un gran admirador tuyo.
Listo, una reunión de negocios. Y, si charlamos un poco mientras esperamos a que llegue el cliente, sería un excelente beneficio.
—No. No estoy disponible —dice con voz aguda.
La miro y ella frunce el ceño. Como si pudiera ver a través de mí.
Qué maldito desastre.
—Está bien —le digo y, antes de que pueda enviarle a Pansy una mirada furiosa o preguntarle a Granger por qué no quiere acompañarme, me disculpo y me marcho a los ascensores, mirando mis zapatos avanzar sobre la alfombra.
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Viernes 28 de enero de 2000
Recibo una carta del señor Townsend. La excusa perfecta para buscarla hoy.
Me dirijo a su oficina y escucho risas en el interior. Probablemente sea Blaise. Llamo al marco de la puerta y la encuentro sonriéndole a Hartford, con notas y papeles olvidados en su escritorio.
—Hartford —lo saludo y él me sonríe. Ni siquiera tiene el sentido común de hojear sus papeles o parecer ocupado—. ¿Cómo van con la declaración de apertura?
—Ya casi terminamos, en cuanto esté lista la tendrás en tu escritorio.
—Excelente. —La miro, todavía sonriendo por lo que sea que Hartford estuviera diciéndole—. Granger, el señor Townsend está muy interesado en la ley de los hombres lobo. —Tengo que apartar la mirada—. Quiere cenar con nosotros la próxima semana para hablar sobre el apoyo financiero. —Le entrego la carta—. El martes a las siete.
Observo sus ojos leer las palabras y decido que debo irme. Están en medio de... algo y no me han invitado a unirme a ellos.
No es que yo quiera…
A la mierda todo.
Ruedo los ojos para mí mismo y me marcho, resoplando.
—Malfoy. —Me doy la vuelta para verla persiguiéndome—. Yo… no puedo el martes a las siete. Tengo... tengo algo que hacer. —Ella mira hacia otro lado, casi culpable.
El martes era el día preferido de Townsend. Le pregunto si es posible que reagende y ella tartamudea, trastabillando, tratando de explicar... algo.
Sus ojos se desvían hacia su oficina mientras improvisa una excusa. Y mientras yo lucho por entender sus palabras, sigo su mirada. La sigo de vuelta a Hartford.
Tiene el martes ocupado. Con Hartford. ¿Ni siquiera tienes la decencia de invitarla a salir el sábado por la noche, Corban?
Ella murmura algo pero yo no la escucho. Se suponía que Blaise debía vigilarlo. Pansy no debería haberla hecho lucir tan deseable.
Y ella no debería haber dicho que sí.
Me acerco a ella, bajando la voz.
—Si estás posponiendo esta reunión tan importante por algo no esencial, cuestionaría tus prioridades, Granger —le digo—. Odiaría pensar que priorizarías una cita por encima de tu ley para los hombres lobo.
Ella me mira fijamente, atrapada en su mentira. Es una terrible mentirosa, en realidad.
—No tengo ninguna cita —se mofa, y yo entrecierro los ojos—. E incluso aunque la tuviera, si digo que no estoy disponible para una reunión, no estoy disponible para una reunión, Malfoy.
El fuego brilla en sus ojos y extraño la forma en que solía llamarme Draco. Extraño las envolturas para regalo y las novelas de Gainsworth.
—Bien. Pediré reagendar. —Giro sobre mis talones para regresar a mi oficina.
—El miércoles me viene bien. Tampoco estoy disponible el jueves.
Me vuelvo hacia ella, pensando en la cena que madre ha preparado con Siobhan Selwyn para hablar sobre su boutique del Callejón Diagon.
—Yo no puedo el miércoles.
—Oh, Malfoy, odiaría pensar que priorizarías una cita por encima de tu Compañía —me riñe, rodando los ojos y desapareciendo dentro de su oficina.
Yo gruño y vuelvo a la mía.
Camino durante veinte minutos, tratando de recomponerme. Tratando de apartar las cosas insignificantes como Corban Hartford y centrar mis pensamientos en mis clientes. Trato de construir un muro de respaldo.
Llamo a Blaise a mi oficina por la tarde y le digo que debe intentarlo de nuevo. Necesita empujar mis pensamientos hacia los rincones.
Él lo intenta, pero no es suficientemente bueno.
A las cuatro en punto ella entra en mi oficina para ponerme al día sobre las finanzas de su departamento y también discutimos.
No puedo concentrarme por el resto del día.
Hay una dirección en mi agenda. Alguien a quien investigué hace mucho tiempo, antes de la guerra. Cuando Severus había estado demasiado ocupado, cuando había estado desapareciendo de su oficina de director para perseguir a Potter por el bosque y me había dejado en claro que no planeaba sobrevivir a la guerra final.
Alguien de Nueva York.
Saco un pergamino en blanco y una pluma.
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Sábado, 29 de enero de 2000
El guardia de Azkaban me abre la puerta y yo entro en la pequeña sala de reuniones. Mi padre se apoya contra el costado de la mesa de metal, leyendo el periódico.
—Padre.
La puerta se cierra.
—Draco, qué amable al venir a visitarme. —Él dobla el periódico y voltea a verme.
—Te dije que lo haría, en enero y febrero.
—Y aquí estás, con dos días de antelación. —Él me mira con el ceño fruncido, luego levanta el periódico y veo el cabello oscuro y el vestido verde de Granger—. Esto es excelente.
Parpadeo. He olvidado cómo aceptar un cumplido de mi padre. Ni siquiera es un cumplido para mí en realidad. Él continúa:
—¿Ha crecido tu cartera de clientes? Seguramente tu visibilidad sí que ha aumentado.
—Yo... Sí, he recibido reacciones fuertes y positivas al artículo. A ella.
Él me hace un gesto para que me siente.
—Y el trabajo de Pansy es brillante. Realmente impresionante —dice. Yo asiento y tomo mi silla—. Ella luce mucho más así, ¿no lo crees?
Aprieto la mandíbula.
—¿Mucho más qué?
—Más preparada. Más deseable. Y es adorable ver ese ridículo cabello suyo al fin domesticado. Ya no parece una muchachita salvaje. —Él se sienta frente a mí y yo aprieto los labios, tragándome cualquier comentario sobre amar su cabello salvaje. Él me sonríe—. Luce mucho más como una esposa Malfoy.
Yo alterno la vista entre sus ojos, estudiándolo, esperando por su juego.
Él me dice:
—¿Cómo van las cosas entre ustedes dos?
—Completamente profesionales —le digo—. Ella es mi empleada y tenemos contratos vigentes. Me pediste que me controlara y lo he hecho. Nunca haría nada que arriesgara a la oficina.
Él me mira y luego canturrea:
—¿Y fuera de la oficina? —Una sonrisa astuta—. ¿En esa pequeña librería tuya?
Yo le frunzo el ceño.
—No. Ella ya ni siquiera trabaja allí.
Él levanta una ceja.
—¿De verdad? —Se recuesta en su silla—. ¿Estás seguro?
Yo lo miro. Una lenta sonrisa se extiende por sus labios.
—Sí.
—Ella estuvo allí la semana pasada. —Él inclina su cabeza hacia mí—. Ayudando a Corban Hartford con algunos libros del estante superior.
Siento el latido de mi corazón en la punta de mis dedos. La recuerdo en una escalera, alcanzando los estantes altos. Su camiseta estirándose lejos de sus jeans y mostrando su piel.
Trago saliva y lo miro. Él sonríe.
—No hay contrato de amor entre la señorita Granger y el señor Hartford, ¿cierto?
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Empujo la torcida puerta de la Librería Cornerstone y ahí está ella, como si no hubiera pasado el tiempo. Leyendo un libro detrás del mostrador.
—Pensé que habías renunciado a este trabajo.
Ella levanta la vista, sorprendida por encontrarme allí.
—No. ¿Debía hacerlo?
—Sí.
Ella me parpadea y, cuando responde algo sobre "pensamientos lógicos", trato de formular algunos propios. Ella está en sus jeans de nuevo, camisa fina de algodón. Y su cabello está hacia atrás, de nuevo suelto y cayendo salvajemente.
La sigo a través de los estantes, me paro detrás de ella, me paro a su lado. Apenas puedo creer que sea real, pensé que la había perdido.
Le pido que renuncie. A ella no le gusta eso. Me saco algo sobre conflicto de intereses del trasero y ella se da cuenta que estoy llegando a mi límite.
Pero esta versión de ella es nuestra, y ella está buscándole libros a Hartford arriba de los estantes. Y Lucius aún sigue espiándola aquí.
Ella me ignora, pone los ojos en blanco y vuelve a colocar los libros en los estantes con sus jeans ajustados. Y yo ya no estoy en mis cabales cuando digo:
—Además, tienes un contrato con Pansy. Si la persona equivocada viera lo que vistes en esta librería los fines de semana, estarías poniendo en peligro su carrera y tu imagen.
Ella se gira para mirarme, desafiándome. Yo insulto su ropa muggle y ella se burla de mí.
—Eres mi jefe de lunes a viernes, Malfoy. El sábado y el domingo son mis días libres para hacer lo que se me dé la gana. Trabajaré en esta librería todo el tiempo que me plazca.
Y ella me ignora de nuevo. Vuelve a colocar libros en las estanterías. Descartándome.
Yo me apoyo en los estantes, acercándome más a ella.
Mírame a mí.
Ella intenta moverse a mi alrededor de nuevo y yo la inmovilizo.
—Mientras seas empleada de Malfoy Consulting, Granger, te comportarás y vestirás como tal. Si deseas volver a trabajar como una paria del Ministerio y presentar de nuevo absurdos informes sin lograr un solo cambio real para tus adoradas criaturas, eres libre de hacerlo
—Sólo soy tu "empleada" los lunes, martes, miércoles, jueves y viernes, Malfoy. Soy libre…
—Oh, se me debe haber traspapelado tu renuncia cada viernes por la tarde, seguida de tu nueva solicitud el lunes por la mañana.
—Sólo me pagas de lunes a viernes. Sólo puedes controlar lo que hago de lunes a viernes.
Ese fuego en sus ojos. Sus rizos bailan mientras inclina la cabeza hacia mí. Y yo no quiero que nadie más la tenga así. Indomable.
Me quedo sin aliento cuando pregunto:
—¿Y cuánto costaría controlar tus sábados y domingos, Granger? Estoy seguro de que soy perfectamente capaz de cubrir el salario que ganas aquí.
Sus ojos se posan en mi boca antes de reír y decir:
—No necesito más dinero, Malfoy…
—Entonces, ¿qué es lo que necesitas?
Pídeme lo que quieras y es tuyo.
Veo que sus ojos se agrandan y vuelve a mirarme la boca. Y me pregunto si habrá algún universo en el que ella piense lo mismo que estoy pensando yo. Que piense en formas en que yo puedo darle lo que ella necesita. Dáselo aquí mismo, en nuestra librería.
Y la única voz que nunca pensé que oiría mientras me estoy excitando:
—¿Hermione? ¿Hola?
Potter.
Es como una sacudida eléctrica atravesándome. Me aparto de ella. Ella se recupera y se mueve hacia el frente sin voltear a mirarme.
Potter me lanza una mirada extraña cuando salgo de los estantes. Está atrapado invitándome a almorzar y, a pesar de ella y sus protestas, media hora después me siento a tomar el té con Potter, su Weasley y mi Granger, sin haber logrado ninguno de los objetivos que tenía cuando puse un pie en la librería. Y Merlín sabrá siquiera cuáles eran.
Me pregunto si así es como sería una cita doble con los Potter, dejando de lado la forma en que ella me frunce el ceño. Me pregunto si estaré ocupando el puesto de Ron Weasley.
Ella levanta su taza de café, sosteniendo su platito debajo con dedos delicados y una mano experta mientras Potter parlotea sobre la liga de quidditch del Ministerio ahora que no estoy.
Qué extraño. Ella me atrapa mirando su taza de café y yo aparto la vista.
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Lunes, 31 de enero de 2000
Corazón de Bruja llega hoy para hacer un artículo sobre Hermione Granger. Pansy se instala en la oficina de repuesto que habría pertenecido a Ogden.
Una vez que llego y dejo mis cosas, voy a ver cómo está Pansy.
—¿Todo bien aquí?
Ela está hurgando en su perchero de ropa cuando responde:
—Sí, cariño.
—¿Granger ya llegó?
—Aquí estoy —responde una suave voz detrás de una cortina.
Y luego ella sale. En vestido azul. Con encaje. Con cintura ajustada y una falda ancha. Es como entrar en un pensadero.
Pansy chilla y la ayuda con los botones. Pansy me sonríe maliciosamente.
Mi mandíbula se aprieta. Ahora esto... Hizo esto a propósito.
Veo como Pansy Parkinson ayuda a Hermione Granger a ponerse su vestido del baile de Navidad y yo no estoy seguro de a cuál bruja estaré escoltando.
Parpadeo, apilo ladrillos, coloco cemento. Le hablo de posponer la reunión de Consultores en Jefe y rápidamente me excuso para ir a mi oficina.
Me siento en mi silla y me quedo mirando una hoja de papel en blanco hasta que puedo aclarar mi mente. No he recibido noticias de Nueva York.
Me dirijo hacia Melody en el mostrador para ver si tiene algún correo de América para mí. Y paso por su puerta abierta en mi trayecto.
El vestido se ha ido, afortunadamente. Tracey y Daphne comenzaron a trabajar con su cabello y rostro. Transformándola de la bruja de la librería a la Bruja Empresarial Moderna.
Frunzo el ceño cuando Melody no tiene nada para mí. Media hora más tarde, encuentro una razón para cruzar de nuevo la oficina y encuentro a Tracey recogiéndole el cabello.
Domesticado, la voz de Lucius me susurra.
Luciendo como una esposa Malfoy para mí.
Ella me mira a los ojos mientras la observo desde el otro lado de la oficina a través de su puerta abierta. Me giro rápidamente para visitar a Dorothea.
Otros quince minutos y vuelvo a consultar el correo con Melody. Escucho a Granger pedirle a Daphne que cierre la puerta.
Regreso a mi escritorio y me siento pacientemente, meditando hasta que Pansy viene a visitarme.
—¿Te gustó tu regalo de esta mañana? —Ella sonríe mientras cierra la puerta a su espalda.
Yo suspiro.
—Sabes que sí. —Ella se ríe al tiempo que apoya los codos en el respaldo de mi silla de invitados—. Tengo una petición... —Ella alza una ceja—. Su cabello.
—¿Su cabello?
—No es... quiero decir, ¿no es su cabello algo característico en ella? —Me giro hacia la ventana.
—¿Lo prefieres suelto y salvaje? —pregunta, y luego un tono burlón se asoma en su entonación—. Bueno, Draco, de haber sabido que todo lo que hacía falta para captar tu interés era dejarme crecer el cabello y hacerme un permanente…
Yo la miro y ella se carcajea. Me aclaro la garganta y digo con cuidado:
—A Lucius le gusta su cabello recogido, le gusta que Pansy Parkinson lo haya domesticado.
Una de sus cejas avanza lentamente hacia el techo.
—Así que eso le gusta, ¿eh? —Ella frunce el ceño, se endereza y dice—: Discúlpame un momento.
Ella sale y estoy solo por un total de sesenta segundos antes de que mi puerta se abra de golpe y una perra descalza me grite respecto a su peinado. No puedo dejar de mirarle los pies mientras camina, pisotea y me regaña por tener una opinión respecto a su ropa o su cabello.
—¡No entiendo por qué está permitido que emitas opiniones sobre cómo llevaré mi cabello en mi sesión fotográfica!
—Fue una sugerencia… —intento.
—¡Pues guárdatela para ti mismo!
—¿Cuál es tu problema?
—Yo no tengo ningún "problema".
—¡Llevas días actuando como una perra!
Ella jadea y me mira fijamente.
—¡Tal vez porque me dí cuenta que llevas meses actuando como un imbécil!
Ella está pidiendo a gritos una pelea hoy, y Blaise está ahí para detenernos, nos sugiere que cerremos la puerta. Ella sale furiosa y Blaise me mira.
—¿Crees que esté desnuda debajo de esa bata? —pregunta él.
Yo arrugo la frente.
—Lárgate.
No volví a tener noticias de la Bruja Empresarial Moderna esa mañana. Estoy comenzando la reunión de Consultores en Jefe, decidido a no esperarla más cuando ella entra como ráfaga a la sala de conferencias, con el cabello en un elegante peinado y nuevamente en su vestido azul.
Ella se disculpa con todos y camina hacia mí. Hacia su asiento, camina hacia su asiento.
Mira hacia arriba a través de sus largas pestañas y me permite continuar.
Para que yo dirija una reunión, mientras ella luce así. Mientras ella se sienta en una silla a mi lado, luciendo como salida de mis sueños.
Yo me aclaro la garganta y continúo.
Ella tiene una nueva propuesta y yo tengo que escucharla dar una presentación sin recordar un vestido azul dando vueltas, ascendiendo hasta mostrar sus rodillas.
—Quiero asegurarme de que la Ley de hombres lobo está completamente financiada antes de comenzar otros proyectos que también necesitarán una recaudación de fondos.
Ella no parece entenderme. Discutimos frente al resto del personal y es como si ella no entendiera lo que es un presupuesto trimestral.
—Como dije, es un excelente proyecto para abril. Podemos enviarlos a ti y a Walter a Somerset a finales de marzo para empezar la recopilación de datos.
Me levanto y despido a todos. Ella murmura una grosería en voz baja, un insulto que tiene a Mockridge enarcando las cejas.
La sigo de regreso a su oficina y tal vez sí que tendremos esta pelea después de todo.
La puerta me golpea al entrar y casi la veo sonreír.
—¿Por qué estoy aquí, Malfoy? —se burla ella. Yo cierro la puerta, mirándola fijamente—. Me dijiste que querías "hacer la diferencia" y "cambiar al mundo" ¡Una absoluta bazofia!
Intento volver a explicarle sobre el presupuesto. Ella camina por la habitación y el movimiento roza su falda, como si estuviera bailando en el Gran Comedor de nuevo.
Yo pongo mis manos en mis bolsillos para abstenerme de tocarla.
Ella se lleva las manos a las caderas y me interrumpe:
—¿Estás castigándome?
—¿Castigándote?
—Sí. ¿Por no haber renunciado a Cornerstone?
Oh, así que ella va a presionar hoy todos los botones.
Me grita de nuevo y yo la miro fijamente.
—Granger...
—¡¿Por qué estoy aquí, Malfoy?! ¿Por qué estoy en Malfoy Consulting? —Sus brazos se abren de par en par.
—Quería tener a los mejores…
—Dijiste que todos merecían una segunda oportunidad, pero supongo que no estabas hablando de criaturas mágicas. Hablabas de la familia Malfoy y su reputación.
Ella me da un fuerte golpe en el pecho y yo pienso en los ojos críticos de Mockridge cuando me insultó hace unos momentos.
—Cuida tu tono, Granger.
Ella puede hablarme como quiera en la librería. Incluso en la Mansión, con un plato de sopa de calabaza de por medio. Pero no aquí, no cuando se ha disfrazado de Bruja Empresarial Moderna y Consultora Ejecutiva.
No puede ser ambas.
—Me alegro de haber "completado" tu personal ejecutivo, Malfoy —me sisea—. Dios mío, sin mí no hubieras cubierto tu cuota de sangre sucia. —Mis ojos se mueven nerviosamente ante la palabra—. ¿Cómo hubieras podido cambiar la opinión pública de la familia Malfoy sin tener una de esas? ¿No es así?
Ella está encendida. Tan violenta como no la veía desde septiembre, desde Gainsworth. Empujando un libro hacia mi pecho y exigiéndome que lo leyera. O quizás antes de eso, de vuelta en tercer año, con la palma de su mano estrellándose contra mi mejilla.
Ella está divagando, ardiendo. Insultándome por tener un personal exclusivamente masculino. Sugiriendo que el único valor que ella tiene para mí es que es nacida de muggles y mujer.
—Detente. Detente ahí, Granger. —Tenemos que retroceder. Tenemos que empezar de nuevo.
—No, gracias. Aún no he terminado. —Y ella viene a pararse frente a mí, con los ojos en llamas, el vestido azul dando vueltas—. Supongo que la cualidad más importante que aporto a este equipo, ya que claramente mi relación con la comunidad de criaturas mágicas no sirve de nada, es que soy Hermione Granger, La Chica Dorada. ¿Esperabas que esparciera un poco de ese polvo dorado a tu alrededor, Malfoy? ¡Lo admito, funciona de maravilla para una sesión de fotos con tu amiga Skeeter!
Ella me empuja y yo aprieto los puños para no agarrarla. Ella está demasiado cerca y está vestida con la ropa de Pansy. Esa no es la chica que quiero. Quiero sus rizos y sus jeans.
—¿Es eso, Malfoy? ¿Es agradable tener a la Chica Dorada para alardear un poco? ¿Para encabezar tus artículos de El Profeta? Bueno, si no es por mi estatus de sangre o mi género, entonces debe ser por mi fama.
Ella me empuja de nuevo. Y yo en verdad lo intento; intento volver a ponerla de nuevo en su caja. Intento inhalar profundamente. Intento alejarme.
Y me asalta de nuevo la idea de que hay dos Granger: una elegante Bruja Empresarial Moderna, con líneas largas y piel suave, suplicándome que la posea; y una Chica Dorada, llena de fuego e ingenio, ardiendo por conquistar al mundo y luchar contra mí en cada paso del camino. Y siempre estaré traicionando a una con la otra.
Sus ojos están brillantes, húmedos. Y grita:
—O tal vez —gruñó—, ¡sólo estoy aquí para jugar a los vestiditos con Pansy! ¿Es eso, Malfoy? ¿Es para darle una muñeca a tu puta novia?
Ella me empuja de nuevo y tengo que tocarla. Tengo que saber si ella realmente está aquí. La tomo por la muñeca y la acerco a mí.
—No. Me. Toques. —Le advierto. La miro a los ojos y le digo que las cosas pueden cambiar. Que, si continúa presionándome, me romperé.
Ella exhala fuertemente contra mis labios, su cabello cayendo fuera de su perfecto recogido. Esta bruja descarada está suplicando que me rompa.
Y tal vez pueda tenerlas a ambas. Tal vez no las esté traicionando, tal vez sean la misma. Y yo puedo tenerlas a ambas.
Ella libera su mano y me golpea nuevamente en el pecho.
Y yo la atraigo hacia mí, respirándola en mis labios, aferrando su cabello retorcido con mis dedos. Es la misma. Ella es las dos y yo puedo tenerla, ella me rogó que lo hiciera.
Y una teoría largamente imaginada florece cuando ella abre la boca para permitirme entrar.
Ella sabe a café y a pecado.
