Y que sale esto, y como ya salió uno, a lo mejor lo termino por fin esta semana.
No señores, esto no es lindo.
Dime Que es un sueño
- Desde Anoche... -
Tu sabía del regreso, y te quedaste.
No te quejes, te tardaste.
Es tu culpa, es tu culpa entonces. ¿Me extrañaste?
El corría, huía.
Ni el asfalto en sus pies, ni el frío de la mañana podrían detener su corazón desbocado.
Su mochila sonaba revuelta por la torpeza al correr y entre las paredes de aquellas calles olvidadas de la ciudad, se escuchaba su respiración, el aire le congelaba la tráquea.
Se detuvo en el desnivel del desagüe, lugar que otrora no se hubiera atrevido a acercar, pero que, en ese entonces, en ese ahora, lo bajaba como si fuera suyo de toda la vida. Se aventó con celeridad, con prisa.
Hay de miedos que son monstruos.
El terror dormía en casa.
Se detuvo un momento justo cuando descendió para apoyarse en la pared izquierda, esa que daba a la casa más rica de la zona. Donde una repugnante maestra le había dicho que vivía una familia adinerada.
No se hubiera detenido si no fuera porque el costado le punzaba. Respiró por la boca varia veces tratando de controlar ese frío en su pecho. Luego escuchó un ruido, luego salió disparado nuevamente, presa del pánico.
Salió de entre las casas y siguió aquel camino que se había formado de tanto andar de vagabundos. Bajó por el pequeño barranco donde resbaló sin caerse. Llego con seguridad a la entrada a la arboleda. Aun se podían escuchar a los grillos que anunciaban el nuevo día.
Siguió su camino ya jadeando agotado; evento que uso inconscientemente de excusa para ir deteniendo su paso al ver la casa en obra negra del fondo. Un infierno. Pero ya no había lugar seguro en ningún lado.
Todo era malo. Todo era demoniaco. No había nadie en el mundo.
Se escondió detrás de unas maderas cortadas, y se sentó a recuperar el aliento. Sin embargo, apenas estuvo apoyado sobre los tablones, recogió las piernas y las abrazó, encogiéndose totalmente y metiendo la cabeza entre ellas.
Comenzó a llorar.
El mundo es una mierda… todo es un asco…
Me quiero morir…
Sus sollozos se hicieron fuertes antes los peores recuerdos de su vida recientemente adquiridos y sintió que el pecho le dolía demasiado. Todo le dolía demasiado.
Entonces escuchó una voz.
-Generalmente es a mi al que encuentras así. No deberías estar aquí, si mi padre te ve te golpeará y a mí también. -
Steven respingó; luego la volteó a ver.
Era Lázuli. Y en un evento que pasmó a la chica, Steven se puso de pie rápidamente y la abrazó con fuerza mientras comenzaba a sollozar en su camisa.
-¡Oye! ¡Que carajos te pasa! ¡Suéltame! - Quizá alejarlo, pero él estaba realmente aferrado.
-Tu estas limpio, te vas a ensuciar. - Pero chico no se movió.
-¡Te dije que me soltaras!-
Steven cayó pesadamente, el empellón que Lázuli le propinó para sepáralo fue tan fuerte que lo hizo trastabillar y caer sentado.
Fue entonces que la chica pudo ver el rostro de su amigo.
Estaba mortalmente pálido, tenía el ojo derecho entrecerrado y su esclerótica levemente manchada en una esquina, de color rojo.
Su rostro, era de espanto.
Lázuli se impacto de pronto e hizo ir hacía él, pero el chico se estremeció y cerró los ojos.
-Steven…- La chica vio como al niño le tembló la boca, hasta que, por fin, habló.
-Golpéame- Le dijo.
– Golpéame tu también, como mamá… como todos…-
Lázuli pude ver como el chico se abrazó a sí mismo para luego temblar mientras sus lágrimas salían.
No era el dulce chico que recordaba haber dejado en aquella casa que, desde lo más recóndito de su alma, era el lugar donde más dulcemente le habían tratado. No era ese niño, aquel dedicado a curarle su espalda, ni que le regalaba juguetes y frutas.
Le faltaba algo, no tenía ese brillo. Algo no andaba nada bien.
Sintió algo que no supo definir.
-Niño… este… Steven, ¿Que te hicieron? ¿Quién te golpeó? -
Pero solo se escuchó a lo lejos, el graznar de las aves de rapiña que peleaban por las bolsas con basura.
-Dime...- Le repitió.
El chico se apretó más a si y no dijo nada.
Lázuli se acercó rápidamente y lo tomo de los hombros.
-¡Dime quien fue!-
-¡No me toques!- Dijo el chico en un grito que cimbró todo el lugar.
Se alejó de la chica mientras se arrastraba por la tierra hasta tocar la madera y pegarse a ella, como buscando protección, como queriendo huir.
Su mochila con sus útiles se habían quedado desperdigados sobre la tierra.
-¡No me toques!...no me toques…no…-
Lázuli sintió un espanto recorrer sus piernas. Reconoció sin querer algo en la reacción del chico que conocía muy bien.
Algo.
El miedo descorazonador que da la impotencia, un mundo lleno de gigantes que te oprimen y tocan y hacen contigo lo que quieran.
Que te golpean.
Que no les importa, ni les has importado jamás.
-Ste-ven… ¿Qué…? ¿Quién…? - Ella comenzó a respirar agitada. Se asustó al pensar que él, podría…
El chico aun tenía los ojos apretados. Entre dientes solo se podía saber que repetía constantemente la misma frase:
-No me toques-
Ella no quiso pensar lo peor, así que solo dijo lo que siempre le pasaba en esos casos.
-Es… ¿Por qué apesto? -
Fue entonces que el detuvo su llanto un momento, y por fin abrió la vista. Ella estaba de pie enfrente de él, notó que lo miraba por primera vez con algo parecido a la compasión.
Steven no soporto eso y desvió la mirada, su respiración comenzó a agitarse nuevamente, de una forma bastante descompuesta alcanzó a decirle:
-A partir de ahora… yo…yo, yo tampoco me voy a bañar…-
Y Lázuli, al momento de comprender todo, se lanzó hacía su amigo para abrazarlo; Stevenal sentirla, se aferró a ella.
-¿Qué te hicieron? ¿Qué te hicieron, niño? - Le preguntaba angustiosamente mientras lo apretaba en sus brazos.
Él por fin se derramó en ella, dejando salir todo el dolor que lo asfixiaba.
-¿Que te hicieron Steven?- Insistió ella mas por dolor que por duda.
-…No…no lo se…Lapis…-
Y allí, guarecidos detrás de unas maderas viejas, sobre la tierra y el pasto y con el cielo entramado de ramas de altos árboles, se dejaron llorar uno en el otro.
En algún momento en que ella recobro su brío, lo separó levemente y lo vio a la cara.
El pudo distinguir su furia.
-¿Quién fue? - le preguntó.
-Oye Sour, ¿Has visto a Steven? - Pregunto una blanca mujer que preparaba algo parecido a huevos estrellados mientras sostenía en los labios el primer cigarro de la mañana. -Creo que ya se fue a la escuela, pero no le vi. ¿Lo has visto tú? –
Y un chico alto que miraba al techo y se mecía en una silla del comedor, sonrió de una manera desagradable dejando ver una hilera de dientes más agudos de lo normal.
-No desde anoche mamá, no desde anoche. -
Por fin un capitulo de este fic. Gracias a los que comentan. Un saludo a todos.
Lobo Hibiky
