Aprovechando que encontré una forma de romper mi racha sin escribir. Traigo la continuación de este fic desgraciado.

Gracias por esperar y espero les gusto. Más datos al final.

- Un Ángel Para Un Final -

Parte 01


Dicen que cuando un silencio aparecía entre dos, era que pasaba un ángel, que les robaba la voz…

-Silvio Rodríguez-


Fue la ausencia de su cuerpo lo que lo despertó. Se encontró cara al suelo, aún detrás de unos troncos de madera que, enmohecidos por la fuerte humedad del bosque, habían servido como un precario pero efectivo escondite.

Fue saliendo del sopor del sueño tallándose los ojos. Sintió extrañamente relajada su espalda y se estiró un poco.

¿Cuánto había dormido? No lo sabía. Lo que si sabía es que ella no estaba allí. De inmediato se le agolpó en el cerebro lo acontecido e instintivamente se agachó. Después, se asomó un poco para verificar que el terrible hombre de la casa derruida no estuviera fuera. Testeó el lugar por completo.

Todo estaba bien; todo envuelto en un extraño silencio en donde incluso las aves del basurero cercano, parecían haber enmudecido. El sonido de algunos insectos era tan constante que acompañaban a la calma que reinaba, como tejida en ella.

Pero la niña no estaba y el terror lo comenzó a invadir.

-No, por favor no, Lapis.- Pensó asustado.-Te dije que no fueras con él.-

Se tomó el rostro nervioso, sacudió la cara, recordó lo acontecido la noche anterior y sintió arcadas. Se llevó la mano a la boca, sintió que vomitaría. Un pensamiento lo frenó.

-La va a matar, ¡él la va a matar!-

Sin pensarlo más, se levantó, tomó su mochila, y salió de su escondite en busca de ella.

De Pillo.


-Parece que se fue a revisar la bomba de agua.- Pensó aquella andrógina niña mientras caminaba taimada en medio del único hogar que conocía. El techo y suelo eran gris en diferentes tonos, de entre algunos lados se asomaban varillas oxidadas; en las paredes en cemento vivo relucían rayones y zonas húmedas. Ventanas tapadas con cartones y un sillón que hacía mucho había dejado de ser funcional, era todo lo que había. Eso sin contar las botellas de aguardiente que abundaban en las esquinas, así como colillas de tabaco.

Acostumbrada al agrio hedor del sudor impregnado que reinaba en el lugar, Lapis se encaminó cautelosa al cuarto donde solía dormir; lugar que no era otra cosa que una estructura de concreto con una colchoneta sucia en una esquina. Se acercó a la pared izquierda y allí ubicó un tabique suelto que ocultaba detrás de una enorme caja, lo removió. Tomó el tabique en sus manos y sonrió levemente. Rascó un poco la parte central y sacó dos barras de chocolate con arroz inflado.

No tenía dinero, pero sentía una muy extraña necesidad de ofrecerle algo al chico. Tenía guardado esos dulces para alguna fecha especial. (Si su padre se embriagaba lo suficiente y la dejaba en paz, pensaba comerlo en navidad).

Los observó en su mano.

-Luego hago que me regrese cuatro. - Pensó.


Los pensamientos de Steven se atropellaban mientras su respiración comenzaba a punzarle los pulmones. No se había detenido para nada.

Cruzando una esquina se dio cuenta de que tenía mucho miedo de volver a casa y encontrarse con su hermano, pero no podía dejar que él le hiciera daño.

Estaba convencido de que, por más fuerte que fuera Pillo, no podría con Sour.

Siguió corriendo sin detenerse; el pecho se le había enfriado tanto que sentía que se desmayaría en cualquier momento. Sin embargo, no pararía. No podía parar.

-Él la va a matar. - Era lo único en su mente.

Él, que era un monstruo del que no podía librarse y del que no se libraría nunca.

-Y ahora le va a atacar a ella.- Steven sintió una arcada que por poco lo tira.

Se llevó una mano al pecho y se reincorporo, divisó a lo lejos, la entrada de su casa


-¡¿Niño?! ¡¿Dónde te metiste?!-Gritaba Pillo al no encontrar a Steven donde lo había dejado. Instintivamente guardo los chocolates en su sudadera.

-¿Dónde se metió ese idiota?- Pensó.

-¡Steven!- Volvió a gritar para, justo después, sentir que alguien la tomaba con fuerza del cabello.

-¡¿A quién madres buscas, Lázuli?!-

Era su padre que, con el rostro trastornado de ira y alcohol, la zarandeo para luego tomarla del cuello.

El hombre apretó el agarre, la niña se llevó ambas manos al cuello buscando liberarse mientras pataleaba infructuosamente. A Lapis se le cortó la respiración de inmediato.

-¿Ya andas de caliente? Eso es ¿verdad? -

La chica abrió los ojos desesperadamente cuando sintió que necesitaba aire. Sus movimientos se volvieron más violentos buscando liberarse.

-¡Quédate quieta, pendeja!- El hombre la zarandeo violentamente.- ¿¡Ya andas buscando hombre, no?! ¡Pinche puta! ¡Eres igual que tu madre! ¡Putas las dos!-

Lapis, al sentir de cerca la asfixia se dio cuenta que no había vuelta atrás; al final, toda su vida era un asco. Metió la mano en su sudadera y sacó su pequeña navaja, propinó un corte tajante a la parte superior de la mano izquierda de su padre.

El hombre pegó un grito y soltó a la niña, que cayó pesadamente. El hombre vio que su mano izquierda le sangraba profusamente y sintió insensibles los dedos índice y anular.

-¡Te vas a morir, maldita! ¡Te vas a morir!-

Lapis tomó su navaja del suelo y corrió. Corrió sin saber a dónde. No podría volver jamás a ese lugar.


Se detuvo en la entrada de su casa. Casi a punto de sofocarse por la enorme carrera, sacó apresurado la llave de su mochila y abrió la puerta.

Sin pensarlo y casi cayéndose del cansancio, gritó: ¡Pillo!

El eco de su voz rebotó en las paredes mientras, con los pies arriba de la mesa y sus audífonos puestos, Sour le miraba. Se bajó los audífonos al cuello y sonrió mostrando alguno de esos dientes que a Steven se le hacían extrañamente afilados.

-Bienvenido a casa, Steven-

El chico sintió plomo en el estómago. Su respiración descontrolada por la carrera y ahora por el miedo le jugaba en contra. No podría huir, aunque quisiera… aun no.

-No…no ha…- Tomó aire.- ¿No ha venido nadie?-

-¿Hablas de tu amiga la apestosa?, si hubiera venido ya le habría dado un baño con un cepillo de alambre.- Sour bajó los pies de la mesa. Steven dio un paso hacia atrás aun con la mano en su pecho. Respiraba profundamente por la boca.

-¿Te saliste de la escuela, Steven?, mamá te va a matar si le quitan la pensión por tus tonterías. Recuerda que es lo único que le importa. Cuando se entere que estas faltando por irte a coger con una indigente se va a enfadar mucho.-

-Yo…no…-

-Ya lo sé, tarado, si eres bien niña.- Sour se puso de pie y continuó. -Yo digo que acusemos a la mugrosa de robo, así nos la quitamos de encima, ¿Qué opinas?

-Ella… no ha…no ha robado nada. - Dijo Steven mientras se preparaba para correr. Solo tenía que recuperar un poco más el aliento.

-Yo digo que sí, mira, se está robando justo ahora las alhajas de mamá.- Y aquel joven, ampliando su sonrisa, sacó de un bolsillo interior de su chamarra, una extraña bolsa. –La vieja se va a volver loca cuando descubra que tu amiguita le sacó las joyas.-

-Van a saber que fuiste tú.- Señaló Steven molesto.

-Los vecinos han visto a esa pequeña idiota por la colonia. Incluso insultó a una señora. Todos la quieren echar y yo les daré una buena excusa. -

-Nadie te va a creer.-

-¿Por qué? ¿Tú les vas a decir?- Sour se lanzó de súbito sobre Steven. El niño intentó huir, pero no llegó a dar dos pasos fuera cuando una fuerte mano lo tomó de la muñeca derecha arrastrándolo de regreso a la casa y lanzándolo con fuerza al interior.

Steven cayó pesadamente y se golpeó un costado con una de las patas de la mesa.

Sour cerró la puerta y sonriendo con extraña satisfacción, tomó al chico del cuello; lo levantó colocándolo contra la pared. Con ambas manos lo tomó de la cabeza, cubriéndole las mejillas con los dedos.

-¿Tú me vas a acusar, perrito? ¿Tú? ¿Ya no eres perrito bueno? – Dijo mientras arrastraba la voz con maldad; luego, insertó sus pulgares en la comisura de los labios del chico, estirándolos.

-Por….favor… déjame…

Sour lo tomó del cabello.- ¡Tú fuiste el que se puso valiente!... pero yo sé lo que necesitas…

Y Steven, al sentir una de las manos de su captor bajar por sus caderas, sintió que las piernas se le paralizaban, comenzó a sollozar. Sour se le acercó al oído.

-Quien te manda a estar tan bonito…

Al escuchar esas palabras, el terror lo superó todo. Como animal acorralado sintió de pronto que el piso se le hundía, que todo se volvía negro.

-Puede que tu novia con un bañito también quede linda…-

Steven abrió los ojos, y en un instinto nacido de quien sabe dónde, dio una súbita mordida a la mano de Sour con todas sus fuerzas, el peliblanco lanzó un enorme grito.

-¡Perro, maldito!- Dijo el joven para luego darle una poderosa bofetada a Steven, el cual cayó al suelo bastante descompuesto.

Sour tomó un paño de la cocina y se envolvió el pulgar que le sangraba. Luego caminó hacia el chico, hizo a un lado la mesa y le puso un pie en la espalda para fijarlo al suelo.

-Te vas a morir, pendejo. - En un santiamén, Sour se sacó el cinturón y lo dobló en dos.

Con los dientes apretados de furia, dejó caer el primer golpe sobre el cuerpo de Steven, con todas sus fuerzas. No había importancia donde impactara, solo deseaba lastimarlo, castigarlo, hacerle mucho daño.

Los golpes cayeron uno a uno en espalda, hombros y algunas partes del rostro del chico, quien solo temblaba y se sacudía ante los impactos. Instintivamente se cubría la cara, pero se retorcía y aullaba de dolor cuando el golpe tocaba, alguna parte baja de su espalda.

-¡Te voy a dejar bien blandito para lo que sigue, imbécil!. – Exclamó Sour, ya poseído.

-¡Déjalo, desgraciado!- Gritó alguien desde la puerta.

Sour no tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió que una persona de complexión pequeña se le subía a la espalda y un dolor agudo en el hombro le indicó que sangraba del mismo.

Pillo, aferrada a su pequeña navaja colgaba de la espalda de Sour, a quien aprisionaba del cuello.

-¡Déjalo!- Gritaba.-¡Te voy a matar!-

Lapis, escapando de la furia de su padre, se había dirigido casi instintivamente a la casa de Steven. Una vez estando en la puerta, los gritos del chico le dieron a entender todo.

Ahora colgaba de la espalda de aquel alto chico, mientras retorcía con furia su pequeña navaja y lo apretaba del cuello. Sentía que su arma estaba bien colocada, que debía ser un buena herida.

Sin embargo, Sour llevaba ya muchos años andando en pandillas. Desde mucho antes de que dejara la casa de su madre ya había participado en robos violentos, en ventas ilegales. En violaciones.

Dio un brinco para sacarse a Pillo de la espalda y de un movimiento la estampó en vuelta de campana sobre la mesa, con tanta fuerza, que esta se quebró dejando a la niña, bastante maltrecha.

-¡Lapis!- Gritó Steven, tratando de llegar a su amiga. Sour, mientras tanto, se sacó la navaja del hombro. Le dolía endemoniadamente, pero para su suerte, la navaja era bastante corta y mucho del corte, se lo había llevado uno de los auriculares de sus audífonos.

Sour miró alrededor, miró su mano izquierda que le palpitaba de dolor por la mordida de Steven, y luego su hombro que empezaba a dejar correr líneas de sangre sobre su brazo. Con un paño se secó el brazo y con velocidad se lo amarró en el hombro para mermar el sangrado. Sacó su celular.

Lapis no se recuperaba del golpe. El aire se le había ido de los pulmones y se movía de un lado a otro aturdida.

A Steven le dolía todo el cuerpo pero había logrado llegar hasta su amiga.

-Lapis… vete…corre…-

Y ella no dijo nada. Solo se tomaba de las costillas con insistencia, mientras intentaba respirar. Fue en ese momento que Sour le puso un cuchillo en el cuello.

-¡No lo hagas!- Gritó Steven.- ¡Por favor, no!

-Cállate imbécil. Cállate si no quieres que le corte la cabeza a este zorra inmunda.-

Steven enmudeció ante la amenaza.

Sour se llevó su celular al oído.

-¿Oíste eso? Tengo problemas en casa, Buck. Ven por mí ¡Pero ya!... Sí, si las conseguí… Además, tengo un premio extra que te va a encantar. Esta noche tendremos una zorrita para disfrutar… Es de las que te gustan… Hace falta meterla en cloro porque está sucísima, pero va a quedar como nueva después de eso. -

A Steven se le fue el alma al suelo. Lapis apenas si sabía lo que pasaba, solo sentía el filo de un cuchillo en su garganta.

-Vente en friega, Buck. Perfecto, mientras, tengo unas cositas pendientes que hacer aquí. - Y colgó.


¿Qué tan cruel puede ser la vida con alguien?

¿Qué tanto mal puede recibir un ser que, en esencia, es inocente?

La respuesta es: todo el daño que la vida quiera.

No hay garantías de nada. Así como existen personas que lo tienen todo de manera muy fácil por la cuna en que nacieron. O aquellas que, por un golpe de suerte, viven vidas glamurosas con belleza, fama, fortuna o amor. Así, como ellos, hay muchos, pero muchos más, que reciben precisamente lo contrario. Encuentran solo dolor, enfermedad, sufrimiento, maldad.

¿Es justo? No, no lo es.

¿Es cruel? Solo pregúntale a uno de esos desgraciados.

¿Por qué sucede así?... ¿Por qué?

Porque nadie vigila el orden, porque es un completo azar.

¿Tengo que resignarme a la miseria?

No necesariamente…

no necesariamente…

Steven se tambaleaba al tratarse de poner de pie apoyándose de una de las esquinas de la cama de Vidalia. Se llevó una mano a la nariz al sentir un fuerte dolor y se descubrió que le sangraba.

Sour, una vez que colgó, le había pegado una patada en la cara y lo había arrojado al cuarto de su madrastra. Apenas podía enfocar, pero de algo estaba seguro; alguien, en algún lugar, lo llamaba.

¿Quién?

Alguien decía su nombre con insistencia.

¿Quien?

-¡Cállate, perra!- Alcanzó a escuchar y fue donde recuperó la conciencia.

Con todo su esfuerzo fue hasta la puerta del cuarto y se asomó.

En la cocina, Sour estaba encima de Lapis. Esta luchaba con todas sus fuerzas, pero no lograba levantarse. Sour la tenía boca abajo aplastándola con su peso y luchaba por bajar su pantalón.

-Me la voy a tener que lavar con desinfectante después, pero va a valer la pena.- Le dijo apretándola contra el suelo.

-¡Déjame! ¡Suéltame! –Ella comenzó a llorar.- ¡Dejame! ¡STEVEN! ¡AUXILIO! -

-¡Te callas!- Gritó Sour y le estrelló la cabeza contra el suelo.-¿Crees que ese marica va a venir? -Lapis, ante el potente golpe, se sintió desvanecer.

Steven se replegó hasta que topó nuevamente con la cama de Vidalia. Su corazón bombeaba cual tambor y su cerebro se negaba a dar algún mensaje. Temblaba como nunca en su vida.

-Ves como si cooperas, pendeja. - Se escuchó.

Steven comenzó a mirar a todos lados del cuarto de su madrastra. Buscaba algo que pudiera servirle, pero solo había pinceles, pinturas, libros viejos.

-Algo… lo que sea…-

Miró en cada rincón sin levantarse. Su respiración lo sofocaba por la presencia de sangre, se limpiaba con insistencia.

Lo único que logró encontrar fue un pesado cenicero que estaba debajo de la cama casi al lado de las pantuflas; hizo a ir por él. Sin embargo, vio algo más al fondo. Fue a por ello. Solo una maldita colcha.

Sour ya había bajado el pantalón y la ropa interior de la niña hasta la parte superior de sus rodillas. Pillo intentaba defenderse, pero no podía ya hacer mucho.

-A pesar de tu mugre estás linda pues.- Dijo mientras la tocaba.- Mis amigos te van a apreciar mucho, les vas a agarrar cariño, ya verás.-

Se bajó el cierre. La tomó de la cadera.

-Te vas a acordar de mi toda tu vida.- Le dijo.

-Sour…- Se escuchó una voz desde la puerta del cuarto de Vidalia. Una voz que sonaba a un niño muy roto.

-¿Acaso quiere ver, mariconcito?- Dijo el peliblanco volteándolo a ver.

El hijo mayor de Vidalia, perdió la voz de pronto.

-Espera Steven…- Dijo el joven separándose lentamente de Lapis quien, al verse liberada, se comenzó a arrastrar mientras se subía el pantalón. Alejándose lo más posible de su agresor.

Steven tenía la vista perdida en llanto, su nariz aun sangraba levemente; apenas podía respirar y el cuerpo le ardía por los golpes de cinturón.

Pero, sobre todo, lo que más le dolía era la vida. Una vida que se había empeñado en enseñarle que todo era morir o matar. Que solo estás para ti, y que nada importa realmente.

Levantó un poco más la pesada escopeta que, al parecer, su madre guardaba en lo más profundo debajo de su cama. Oculto, según, bajo una colcha.

-Steven… espera…- Tartamudeó Sour. Y tras dos lágrimas gruesas de los ojos del niño, dio dos pasos hacia aquel monstruo que le atormentó desde siempre, y como había visto en algún programa, jaló el duro gatillo.

El golpe del arma lo tiró, la escopeta rodó por un lado. Lapis, descompuesta miraba muy asustada y confundida.

En el fondo de la cocina, un joven hombre ya hacía sin vida, con el pecho abierto.


Un capitulo más y un epílogo y habré concluido esta historia.

No se los niego, en más de una ocasión pensé en abandonar todo, simplemente no podía escribir. Y pasaron casi 8 meses así. Pero bueno, aquí esta esto; es duro lo sé, pero esta historia no podía ser de otra forma.

Gracias por sus comentarios, les agradezco a todos.

Saludos.

Lobo -El Maldito - Hibiky