DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: ¡Feliz Navidad! ¡Feliz Año Nuevo! ¡Feliz Hanukkah!… Les deseo de todo corazón todo lo mejor para este año que estamos estrenando, que venga, sobre todo, lleno de salud para ustedes y sus seres queridos. Yo empiezo el año con mucha ilusión y proyectos, lista para ponerle el broche de oro a esta traducción en la que he trabajado por un poco más de un año y comprometerme con la siguiente. Muchísimas gracias a todas ustedes, pues con su apoyo y cariño hacen que valga la pena cada minuto invertido. De verdad, ¡Gracias!
Lamento la nueva demora, pero en medio de las fiestas y vacaciones de mis hijos y esposo siempre es un poco imposible sentarme frente a la computadora jajaja
Sin más, disfruten. Nos leemos muy pronto
.
Todo lo Incorrecto
Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8
Capítulo 21
*•.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨* ✲*✲ *¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.•*
.
Domingo 20 de febrero de 2000
Cuando llego a casa desde Italia, madre está reunida con Rita Skeeter en nuestro salón. Entro justo cuando su vuelapuma está anotando las fechas de las recientes visitas de mi madre a Azkaban.
Rita está sentada en el borde de su silla, meciéndose ligeramente, pero presionando los labios en una línea firme, como si abrir la boca arruinara esta trascendental ocasión.
—Hola, Draco —dice mi madre cuando termina. Rita se vuelve hacia mí rápidamente con ojos brillantes—. Mi hijo y yo no tenemos ningún comentario —concluye mi madre.
Rita cierra la mandíbula de golpe y respira hondo. Recoge su vuelapluma del aire y se pone de pie.
—Gracias, señora Malfoy.
—Black, por favor, Rita.
Los ojos de Rita se ensanchan. Ella asiente rápidamente hacia mí mientras se dirige a las chimeneas. Oigo estallar las llamas.
—Bueno, eso no tardó mucho —digo yo.
Madre bebe su té y mira las cortinas nuevas.
—No debería ser una sorpresa para él. Le advertí que esto sucedería si él interfería. —Ella se aprieta los labios con los nudillos y yo la miro con el ceño fruncido—. Hoy la vi. No ha cambiado mucho, pero hay pequeñas cosas, ¿no es verdad?
Ella me mira y yo asiento.
—No es muy perceptible, pero están allí. —Ella hace círculos con un dedo alrededor del borde de su taza y dice—: Vendrá a cenar el sábado. —Madre me mira con las cejas levantadas—. Sé discreto, Draco. Al menos, finge que no se quedará a pasar la noche.
Siento que la sangre se me sube a las mejillas, miro por encima del hombro y asiento, escapando de la habitación antes de que ella me pregunte algo completamente inapropiado, como si necesitamos poner una poción de fertilidad en su copa de vino.
El lunes, el periódico anuncia el divorcio en primera plana. Skeeter ha hecho un trabajo maravilloso al mantenerlo intrigante pero vago.
Espero en recepción, con Melody, sosteniendo una taza de café cuando las puertas del ascensor se abren, y no puedo evitar guiñarle un ojo cuando sus ojos se iluminan al encontrarme allí.
Ella toma la taza con un hermoso rubor y yo no puedo evitar acompañarla de camino a su oficina.
—Tenemos junta con el personal ejecutivo a las diez, por la tarde necesitamos reunirnos para hablar sobre la campaña de los snidgets dorados. Después de nuestro almuerzo, por supuesto.
Ella me mira y yo dejo que mis ojos la recorran. La sola mención de nuestros "almuerzos" me hace preguntarme cómo lucirán sus bragas hoy.
Ella mira nerviosamente por encima de mi hombro y dice:
—Almuerzo. Sí. ¿Y qué planeas ordenar hoy?
Yo sonrío. Esta bruja...
—Tengo algunas ideas —le digo—. Pero estoy abierto a sugerencias.
Mierda, pienso en inclinarla sobre su escritorio, deslizarme nuevamente en su interior mientras miro su trasero. Y me pregunto qué cosas sucias desea de mí que aún no me ha dicho. Si puedo hacer que ella las externe.
Ella se sonroja mirando el piso y yo obedezco mi instinto de alejarme antes de hacerle algo aquí en el piso de la oficina.
—Mmm… ¿Draco? —me llama de vuelta a su oficina. Nos paramos junto a su puerta cuando ella dice—: Yo, mmm... leí el periódico esta mañana. Sólo quería asegurarme de que estabas... bien.
—Perfectamente —le digo. Sería extraño que me afectara en lo absoluto.
Ella balbucea su camino a través de lo que realmente quiere decir, que es una vaga traducción de "Espero que te sientas bien" y, como sugiere que los divorcios pueden ser difíciles, yo digo:
—Al contrario. Probablemente ha sido una de las decisiones más sencillas que ha tomado mi madre.
—Bien, excelente. —Ella tartamudea una mezcla de condolencias y felicitaciones, y yo me pregunto cuándo llegará a entender cómo funciona la familia Malfoy. ¿Le tomará años?—. Sin embargo, estoy sorprendida por el descaro de Skeeter. Es un asunto bastante privado, incluso aunque sea un excelente chisme. Me siento mal por tu madre.
Yo me encojo de hombros.
—No lo hagas. Fue ella quien le dio la primicia a Skeeter. —Y le explico lo que realmente significa que Skeeter escribiera "No están disponibles para comentarios". Observo como su mente trata de absorber ese tipo de engaños. Puedo notar que no es fácil para ella.
En la reunión de esta mañana, presento a Cornelia Waterstone. Tal como presentí cuando la traje para una segunda entrevista, siento que Waterstone es alguien con quien el Wizengamot no querrá discutir.
También necesito anunciar el estado actual de las finanzas en la reunión. Granger mantiene la cabeza gacha y Mockridge mantiene su mirada clavada en mí.
—Pensé que habías mencionado que estos ingresos semanales estaban seguros —dice Mockridge—. Que habían sido asegurados sin condiciones.
Me enfrento a su expresión de disgusto.
—Después de todo, sí había condiciones.
Siento a Granger moverse a mi lado.
Odio anunciar esto el primer día de Waterstone. Odio reducir las horas de trabajo de nuestros internos. Odio haberle pedido un préstamo a mi madre esta mañana para poder reducir mi propio salario en un setenta y cinco por ciento.
Pero más que todo esto, odio que sus hombros se hayan curvado sobre sí mismos, como si de alguna manera ella le hubiera fallado a la empresa. Como si ella fuera el problema.
Ella se queda al final de la reunión, manchando su pergamino.
—Granger. —Al diablo con esto.
—Esto no es justo. No para aquellos que han perdido sus trabajos —dice ella entre dientes.
—No han sido despedidos, Granger. Hemos reducido sus horarios.
Ella se pone de pie con una repentina determinación.
—Podemos retrasar el proyecto de los snidgets dorados. Y buscaré la forma de recortar el presupuesto de los hombres lobo para poder reasignar esos fondos…
—No podemos reasignar esos fondos —la detengo—. Las donaciones se dieron bajo el explícito propósito de usarse en ese proyecto.
—¿Entonces mi departamento será el único que no presentará recortes de presupuesto? —Ella está echando humo, gesticulando salvajemente—. ¿Cómo es eso justo?
—Tu departamento es el único totalmente financiado por recaudación de fondos, no por la herencia —explico. Me acerco a ella para… calmarla o tomarle la mano. Pero estamos en público con la puerta abierta. Así que sólo la miro.
Ella echa chispas y dice:
—Pero el salario de los miembros de mi departamento es pagado con la herencia. El de Walter y el mío. Puedes reducir mi salario. Prácticamente a la mitad, en realidad.
Es demasiado inteligente. Aparto la mirada de ella, negando con la cabeza.
—No, Granger. No vamos a reducir tu salario.
—No, de verdad. La cantidad de dinero que gano aquí es obscena —susurra mientras yo recojo mis cosas—. Para el sueldo de febrero, puedes reducir mi salario; o incluso tomarlo todo Nadie necesita saberlo. —Estoy a punto de detener esta tonta idea cuando ella dice—: Además, con Pansy cubriendo los costos de mi guardarropa y sin las clases haciéndole un agujero en mi bolsillo, tendré muy pocos gastos.
Es como si un trozo de hielo presionara profundamente en mi estómago. Mis dedos se congelan y mi aliento me abandona en un suspiro de incredulidad.
—¿Tú pagabas el costo de las clases?
Miro mientras ella niega con la cabeza.
—No iba a permitir que lo cubriera él. Rechacé su dinero.
Eso... eso no es lo suficientemente bueno. Eso es absolutamente... despreciable, eso es lo que es. ¿Y madame Michele lo permitió? Sabía de dónde venía el dinero y aún así...
—Draco. —Ella aparece frente a mí y siento que lo demás se desvanece—. Sólo por febrero. Reduce mi salario. La única persona que se dará cuenta es Dorothea y estoy segura que no dirá nada.
—No. No es así como vamos a lidiar con esto, Granger. —Me dirijo a la puerta, pensando de qué otra forma puedo afrontar nuestro presupuesto—. Metí a todos en este lío conmigo, así que déjame sacarnos de él.
Camino hacia mi oficina, y ni siquiera me sorprende encontrar a Blaise en el sofá.
Tengo ganas de contarle lo que pasó en ese sofá pero, conociéndolo, se acurrucaría aún más.
Cierro la puerta y él me dice:
—¿Qué está pasando? —Hay preocupación en su rostro.
Me recuesto en la puerta y cierro los ojos cansados.
—Él la ha enviado con madame Michele. —Miro hacia el techo—. Una vez a la semana desde Año Nuevo, ha recibido lecciones de diseño de interiores de Claude DuBois, baile con Truesdale y recepción y etiqueta con esa horrible bruja de Bernard. —Yo suspiro—. Cada semana, la herencia se depositó en mis cuentas una vez que ella había completado sus lecciones.
Espero, incapaz de mirarlo. Esperando que diga que ya lo había notado, como hizo Pansy. Esperando a que su astuto juicio reluzca y me cuestione si mi orgullo vale esta presión financiera.
—Así que —susurra él—, en realidad la dejará casarse contigo. Wow.
Giro mi cabeza hacia él, sintiendo que mi cuello chasquea. Él está mirando la pared por encima de mi hombro, su mente girando. Yo espero.
—¿Para qué necesitaría todo eso si no va a convertirse en la Señora de la Mansión Malfoy? —Sus ojos se vuelven hacia mí, las cejas juntas.
Yo lo miro. Pensamientos similares flotaron hacia mí el sábado. Pero tuve que ahuyentarlos.
—Es... inútil —le digo—. Ella no está interesada. Ha sido clara al respecto.
—¿Ah sí? —Blaise levanta las cejas—. ¿Cómo?
—Con mi madre, lo dejó muy claro —le explico.
Él frunce el ceño.
—Entonces, ¿por qué ha estado viendo a una profesora de modales durante ocho semanas?
Yo trago saliva y aparto la mirada de él.
—Era... la forma correcta de actuar, según ella. —Y antes de que él pueda seguir adelante, le digo—: He cortado las clases, así que la herencia también se cortará.
Él se mira las manos y asiente.
—Escribiré algunas notas, veré si podemos adelantar algunas reuniones. Le diré a mi personal que tenemos que apretarnos el cinturón. —Se pasa la palma de la mano por la cara—. Mierda, odio esta parte. Estas... cosas de adultos.
Él parece absolutamente miserable. Y yo no puedo contenerlo más.
—Pansy se acostó con Theo el año pasado.
Su mano se escurre de su rostro y me mira con la boca y los ojos muy abiertos.
Él parpadea y me dice:
—Muchas gracias. Eso es lo mejor que he escuchado en todo el día. —Se pone de pie rápidamente y se mueve hacia mi chimenea—. Tengo que ir a molestarla ahora mismo.
.
*•.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨* ✲*✲ *¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.•*
.
A las 11:58 de la mañana, Granger toca la puerta de mi oficina y estoy muy feliz de no haber empezado a desvestirme antes de tiempo, porque no es Granger.
Cornelia Waterstone quiere conversar sobre la Ley de hombres lobo. Casi vale la pena por la expresión del rostro de Granger cuando ella entra a mi oficina y se da cuenta de que en verdad necesitará sacar sus notas.
Waterstone nos deja con quince minutos antes de que Carrie vuelva con el almuerzo, y ya estoy duro cuando le cierro la puerta a la mujer de labios apretados.
La recuesto sobre mi escritorio y le pido que se desnude para poder empezar, colándome dentro de ella y recogiendo su falda hasta los muslos. Cuando sus dedos finalmente abren su blusa, yo me inclino y beso sus tetas. Ella sostiene mi cabeza cerca y yo la embisto superficialmente hasta que se corre. Mientras ella aún me aprieta yo me mantengo erguido, sujeto sus caderas y me la follo rápidamente sobre la madera, escuchando la forma en que el escritorio raspa la alfombra con cada golpe de mis caderas. Ella se aferra a mis muñecas y trata de recuperar el aliento mientras yo me desplomo, vertiéndome en su interior.
Nos sentamos en el sofá, almorzamos juntos, y uno de estos días quiero sentarme con ella desnuda. Hacer que Carrie nos traiga el almuerzo antes de follar y luego cerrar la puerta y observarla comer sus tomates con los pechos al descubierto. Tal vez yo me la coma a ella mientras ella se come su ensalada.
Hablamos un poco de trabajo y eso me ayuda a centrar mi mente en cualquier cosa que no sea cogérmela de nuevo. Ella gritó tan bonito para mí hoy.
Ella está proponiendo ideas para la Campaña de los snidgets dorados y realmente no me importa mucho, pero es una gran publicidad para nosotros.
—Me reuniré con Viktor el miércoles —me dice. No, realmente no me importa. Ella continúa—. Iremos a almorzar y le presentaré la campaña de los snidgets dorados. Esperemos que una vez que esté a bordo podamos hacer que Skeeter y el señor Lovegood cubran el proyecto. —Ella mastica su lechuga y dice—: ¿El mundo de la escoba tiene artículos? ¿O sólo habla tonterías de quidditch?
Tonterías de quidditch. Ella es extraordinaria.
—Sí, tienen artículos. —Siento mis labios sonriéndole mientras ella habla, masticando y limpiándose los labios con una servilleta. Me pregunto si es feliz. Si el sexo la relaja tanto como a mí. Si el sólo estar cerca de mí la hace sentir contenta, como me pasa a mí.
Yo termino mi sándwich y digo:
—Qué gran noticia que Krum quiera involucrarse.
—Sí, estaba muy interesado en el Baile del Concejal.
Lo recuerdo. Echándole un ojo a su pecho. Las manos sobre su cuerpo.
—Ah-jaa. Seguro que lo estaba —bromeo.
Ella hace una mueca.
—No, no de esa forma.
—Justamente de esa forma. Estoy seguro. —Mi voz se agita y la veo erizarse—. Honestamente, no puedes creer que él está interesado en el bienestar de los snidgets dorados.
—Lo está —espeta, y casi me río—. Está muy interesado en los snidgets dorados, y te lo demostraré cuando regrese del almuerzo con su apoyo completo.
Ella aprieta los labios, se enoja conmigo y tal vez he cambiado de opinión. Tal vez quiero darle de comer su ensalada. O un suntuoso postre, levantando la cuchara y viendo como se abren sus labios, limpiándolos con la lengua. Sus ojos rodando hacia atrás por el placer de comerlo.
—Claro, Granger —digo, mirando nuevamente hacia mis envoltorios de papel—. Intenta ir vestida con un saco de patatas esta vez y veremos dónde están sus verdaderos intereses.
Ella me mira y creo que sí, quiero darle de comer. O lamer algo de su cuerpo. O empaparla con algo dulce. Hacer que se bañe en ello. Tal vez pronto.
—Escuché que el sábado cenarás con mi madre.
Ella me mira con culpabilidad.
—Sí, eso cierto. —Apuñala un cotón—. ¿Estarás allí?
Sintiéndome más ligero ante la posibilidad de tenerla sólo para mí durante toda la noche, tomo el crotón, lo arranco de su tenedor y lo mastico.
—Es probable. —Le guiño un ojo.
Ella frunce el ceño, busca el último crotón y lo mastica rápidamente antes de que yo pueda robármelo. Sonrío mientras ella cierra su contenedor y se inclina hacia la bolsa de basura.
—¿Considerarías quedarte esa noche? ¿Después de la cena? —pregunto, y se supone que no es una pregunta difícil, pero el crotón se me pega a la garganta.
—¿En la Mansión? —Ella me parpadea—. ¿En tu habitación?
—O en la habitación de Mippy —bromeo—. Donde sea que te sientas más cómoda.
—¿Estaría… Tu madre estaría de acuerdo con eso? ¿No es... inapropiado?
Si tan solo ella supiera...
Me encojo de hombros y digo:
—Ella no tiene por qué enterarse. —Sus ojos muy abiertos casi parecen interesados, emocionados y ahora que ha terminado de comer estoy listo para volver a tenerla. Me inclino hacia ella—. Tendríamos un ala entera de la mansión para nosotros. —Ella se estremece cuando le beso la oreja. Beso su mandíbula, oliendo su cuello, y luego un suave beso en sus labios que hace que sus ojos se cierren—. Y si ella nos atrapa, sólo le pediré que tenga listo el desayuno en la mañana.
Beso de nuevo sus labios, porque puedo. Porque ella me lo permite.
Ella sonríe y bromea de nuevo acerca de dormir en la habitación de Mippy, y yo le sonrío, prometiéndole consuelo.
Debería colar esto, rápido, a la ligera.
—Además, saldré de la ciudad el viernes. Viaje personal.
Me giro en el sofá y me pregunto cuándo he perdido la capacidad para mentir.
—¿Volverás a Nueva York?
Mis pulmones saltan. Y la miro, pero ella sólo tiene curiosidad.
—No.
Hay una extraña tensión en el hilo entre nosotros, pero ella se abre paso, como sabía que haría.
—¿A qué fuiste a Nueva York?
Aprieto los dientes, preparándome para un tema difícil.
—Nueva York fue un error. —Lo dejo colgar ahí, en el silencio, decidiendo qué contarle sobre Queenie Goldstein. Qué contarle sobre mí—. Fui a ver a una mujer. —Muerdo mi mejilla y después de respirar, digo—: Es una Legeremante.
Miro mi regazo, pero puedo sentir su mirada, su interés. Antes de que ella pueda preguntar, yo continúo:
—Necesitaba... Pensé que necesitaba de su ayuda.
Levanto las migajas en mi regazo, preguntándome si ella sería capaz de... no hacer la siguiente pregunta...
—¿Ayuda con qué?
Pero claro que sí.
¿Y de qué estaba huyendo? ¿Qué me dijo Queenie?
Voldemort se ha ido, cielo. Entonces, ¿de quién la estás protegiendo?
—Soy un Oclumante muy hábil —me apresuro—. Entre tía Bella y Severus... tuve algunos maestros notables. —Me pica la piel. Las alfombras son interesantes—. He estado compartimentando mi mente durante años. Haciendo a un lado recuerdos, pensamientos, emociones...
Personas. Humanos completos pueden vivir en cajas, Granger.
—Severus solía ayudarme. Solía meterse en mi mente hasta que me reagrupaba. Hasta que volvía a construir muros resistentes…
Hasta que tú estuvieras en otra parte. Hasta que tú estuvieras a salvo.
—Pero sin él... —Me ahogo con algo en mi garganta—. Antes de ir a Nueva York, había estado fallando. Durante meses. No podía poner los muros en su lugar. No podía separarme. —Froto mi pantalón con las manos, pensando en cómo ella había invadido todo mi cuerpo durante esas semanas—. Blaise ha intentado ayudarme, pero su Legeremancia es una mierda.
Me carcajeo forzadamente.
—Pensé que necesitaba a alguien para... ponerme a prueba. Para hurgar en mi mente hasta que todo estuviera reagrupado. —Necesito lavarme el cabello. Me siento grasoso—. Así que, me puse en contacto con alguien en Nueva York que es una de los mejores Legeremantes de nuestro tiempo. Le ofrecí pagarle generosamente para que se reuniera conmigo, y preparé un traslador esa noche.
Ella está en silencio. Y me pregunto qué cree que sabe de mí. Si le sienta bien lo que estoy diciéndole.
—Eso es... ¿Eso es algo que hace para ganarse la vida? —pregunta ella—. ¿Es una profesión?
—No, no. Ella rechazó mi dinero. Se negó a verme, en realidad —recuerdo—. Tuve que rogarle. Es una bruja normal. Una viuda.
—¿Y te ayudó? —pregunta en voz baja—. ¿Obtuviste lo que buscabas?
Finalmente me vuelvo hacia ella.
—No. —Sonrío levemente, recordando cómo había ardido dentro de mí escuchar que ella renunciaría. Saber que había tenido suficiente—. Volví a besarte, ¿no es cierto?
Su cerebro está trabajando, pero se las arregla para sonreír y decir:
—En realidad, fui yo quien te besó.
Ella lo hizo, ¿cierto? Ella rompió el hechizo.
—Sí, lo hiciste y arruinaste todo, ¿cierto? —Llevo mis manos a sus mejillas, pasando mis pulgares por su piel—. Gracias a Merlín, ella no me dejó pagarle. Hubiera sido un enorme desperdicio.
Ella sonríe y me permite besarla. Nuestros labios apenas se prueban entre sí. Como si fuese algo nuevo. Como si fuésemos personas distintas después de este momento, de esta confesión.
¿Cómo se sentirá hacerle el amor así? Abierto. Sin ladrillos ni muros.
Inclino mi cabeza hacia la de ella, listo para descubrirlo, y ella me empuja suavemente hacia atrás. Sus ojos son cautelosos, pero profundos, como terciopelo. Terciopelo azul.
—¿Fuiste a Nueva York para olvidarte de mí? —pregunta, lista para cualquier respuesta.
Desciendo en sus ojos, como nadando en un joyero forrado de terciopelo, guardando todas mis preguntas y todos los latidos de mi corazón en sus ojos.
—No. Fui para ponerte de vuelta en tu caja.
Ella parpadea y yo me inclino nuevamente para unir mi alma con la suya.
.
*•.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨* ✲*✲ *¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.•*
.
Viernes 24 de febrero de 1995
—¿De qué mierda se trata esta prueba? —pregunta Theo, poniéndose los guantes—. ¿Podremos ver hoy cómo se ahoga Potter?
Empujo a los de quinto y sexto año, abriéndonos paso en las gradas. Pansy de pronto está a mi lado, aunque no recuerdo haber caminado a su lado. Ella entrelaza nuestros dedos mientras nos sentamos.
—Creo que tienen que sumergirse por algo —dice ella, apoyando la cabeza en mi hombro. Yo suspiro.
—Escuché a algunos de los Ravenclaw hablando —interviene Daphne, sentándose con Blaise frente a nosotros—. Cho Chang fue a ver a McGonagall anoche y nunca volvió a su dormitorio. Creo que Diggory tendrá que rescatarla del fondo del lago.
Yo sonrío.
—Esperemos que ambos se ahoguen. Dos Buscadores menos de un tiro. ¡Ohhh! ¡Y con Potter son tres!
Goyle se ríe pesadamente.
Pansy dice:
—Y… ¿qué? ¿Todas sus novias están allí abajo? Eso es tan chauvinista.
Pansy aprendió una palabra nueva este mes. La ha estado diciendo tan frecuentemente como le es posible. El día de San Valentín, en particular, es muy chauvinista.
Algo golpea la parte posterior de mi cabeza. Me doy la vuelta para mirar y Marcus me sonríe con sus dientes torcidos. Yo le devuelvo la sonrisa.
—Ey —dice, sentándose—. ¿Ya lo escucharon todos? La gente del agua robó "lo que más valoran".
Yo me burlo y digo:
—¿Crees que los padres de Potter están ahí abajo?
Mi congregación se ríe.
—No, no —dice Marcus. Ron Weasley es el de Potter.
Yo sonrío hacia el lago.
—Pobre Granger. Qué forma tan difícil de averiguar lo marica que es su novio.
Theo se ríe fuerte y torpemente, golpeándose la rodilla.
—Bueno, los tres podrían ahogarse hoy —dice Marcus—. Ella también está allá abajo. La zorrita de Viktor Krum.
Yo parpadeo hacia el agua mientras Pansy hace arcadas y comienza una diatriba sobre Krum y Granger. Miro hacia la orilla del lago y veo a Krum en bañador, estirándose. Reviso las gradas y, efectivamente, ella no está allí.
Entonces Daphne está formulando la pregunta que me aterra hacer:
—¿Qué pasará si al final de la hora no logran rescatarlos?
—Bueno, gente ha muerto en el Torneo anteriormente, ¿no es verdad? Tal vez no sean los campeones quienes lo hagan —dice Pansy, riendo alegremente.
Suena el silbato. Y veo a Krum correr hacia el agua, chapoteando y desesperado por llegar a ella.
Veo a Potter tropezar en el lago, tomándose su tiempo antes de sumergirse.
Mi mano está húmeda en la de Pansy.
Aparto los ojos del lago y me uno de nuevo a la conversación. No hay nada más que esperar durante la siguiente hora. Pero, al terminar el plazo, nadie ha emergido. Y me pregunto si Dumbledore realmente permitiría que algo le sucediera al Trío Dorado.
Es verdaderamente ridículo que ella sea lo más valioso para Krum. Han salido en una sola cita. Ella no debería significar tanto para él. ¿El bastardo realmente no tiene a nadie más que valga la pena salvar?
Me muevo con cada ola en el lago, y, cuando Krum rompe el agua con un Gryffindor empapada entre sus brazos, Pansy aparta su mano de la mía sacudiendo los dedos.
.
*•.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨* ✲*✲ *¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.•*
.
Miércoles, 23 de febrero de 2000
Cornelia Waterstone debe morir.
No he tocado a Hermione desde el lunes por la tarde. Y me pican los dedos.
La perra se sentó con nosotros ayer durante nuestro almuerzo. Y la despediré.
Una vez que encuentre una buena razón, ella se esfumará.
Mi labio casi sangra por morder la piel mientras espero a Granger en los ascensores con su taza de café. Las puertas suenan y ella bosteza en mi cara.
Yo le sonrío.
—¿Noche difícil?
—Sí.
Ella me quita el café y un leve zumbido me atraviesa cuando apoyo mi mano en su espalda de camino a su oficina.
Le cuento mi plan para deshacerme de Waterstone: una reunión esta tarde, sobre el Programa de Integración de nacidos de muggles, que no necesita de su experiencia.
Ella duda.
—Hoy tengo el almuerzo con Viktor, ¿recuerdas?
—Ah, sí. Viktor. —Maravilloso.
—¿Quizás mañana? —pregunta ella.
El doctor Flanders llega mañana...
—Mañana a la hora del almuerzo tengo una reunión. Y luego saldré fuera de la ciudad el viernes. —Frunzo el ceño ante su puerta—. ¿Estás libre mañana por la noche?
Y su mirada de sorpresa me recuerda que nunca nos hemos visto fuera de la oficina o de la librería. Este fin de semana será la primera vez.
¿A ella le gustaría salir a cenar conmigo? ¿Sería demasiado público para lo que somos? Quizás podría llevarla a algún lugar donde nadie nos vea. A Nepal. O a la Antártida.
—Mmm.. supongo que sí —dice, y luego cambia de opinión—. Quiero decir, mmm… no. En realidad no puedo. Pero estoy libre esta noche.
Mierda.
—Esta noche no funciona para mí. —Muevo mis labios—. Ya me las arreglaré.
Quiero inclinarme hacia ella, sólo posar ligeramente mis labios sobre su piel. Pero me conformo con golpear con un dedo su cadera, el lugar en el que me gusta dejarle moretones cuando no deja de retorcerse debajo de mí.
Ella se humedece los labios mientras me alejo.
Kelsey, la socia de Mockridge, me sonríe cuando paso frente a ella.
—Ocúpese de sus propios asuntos, señorita Perkins —musito.
—Por supuesto, señor Malfoy —se ríe.
Después del almuerzo, escucho una conmoción en la oficina y asomo la cabeza para encontrarme a Viktor Krum coqueteando con mi personal. Wentworth y Walter lo han arrastrado a una discusión de quidditch y Granger se mantiene apartada, mirando su correspondencia. Yo me deslizo junto a ella.
—¿Cómo estuvo tu cita? —le susurro.
Ella sonríe, ignorando mi estocada.
—Excelente. Se unirá a nosotros la próxima semana para la cobertura de medios. Y está muy interesado en el proyecto, muchas gracias. No tuve que mostrarle mis tetas ni nada.
Oh, qué graciosa. Una jodida comediante.
—Qué buena noticia, Granger —siseo.
Krum aparece y destroza su nombre como siempre hace, y luego se vuelve hacia mí:
—Hola, Malfoy.
Su rostro está tenso. Lo que es maravilloso. Significa que sabe que me interpongo en su camino.
—Krum —le digo, estrechando su mano—. Nos alegra contar con tu apoyo.
—Sí —murmura Krum—. Harría cualquierr cosa por Harrmeownie
Él toma su mano y le besa los nudillos.
Krum ha tenido más contacto con su piel en la última hora que yo en dos días. Y me hierve la sangre. Él me alza una ceja mientras sus labios se alejan de ella.
Oh, maravilloso. Otro nombre para agregar a mi lista de asesinatos.
Ella lo acompaña abajo. Yo espero a que vuelva, revolviendo la correspondencia.
El ascensor se abre y ella intenta esquivarme.
—No me gusta tu búlgaro —le digo.
La miro, y su mandíbula se abre y sus ojos se entrecierran.
—Yo tuve que aguantar a la tuya. Y sobreviví —dice. Y sale hecha una furia hacia su oficina.
Me trueno el cuello y tamborileo con los dedos en el escritorio de Melody por un momento antes de dar un paseo por la oficina.
Touché, cariño.
.
*•.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨* ✲*✲ *¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.•*
.
Debo admitirlo. Los jeans son cómodos.
Entré a una tienda muggle en Londres, le sonreí a la vendedora y le pedí que me vistiera para unas vacaciones.
Afortunadamente, la tienda es de gama alta, por lo que no hay palmeras en mi camisa abotonada. Le pido que quite las etiquetas y regreso al punto de Aparición con mis jeans nuevos. Una vez que el encantamiento repelente de muggles me invade, busco en mi maleta mis "accesorios", tomo el traslador de concha a las 8:29 y espero.
Un minuto después soy arrastrado a través del espacio, mi boca se seca al llegar a la brillante luz del sol de un callejón con una vista a una extraña estructura que es curiosamente hermosa. Miro mi guía de turista y leo "Ópera de Sidney".
Encantador. Tendré que ir por un folleto.
Paso un par de horas caminando bajo la brisa de verano (también buscando un lugar para comprar expreso) y llevándome la cámara muggle a la cara como veo que hacen otros muggles. Ellos son capaces de hacer que destelle, pero yo no tengo la menor idea de cómo lograrlo. Deben ser profesionales.
Justo antes de las nueve, me acerco a una pequeña tienda justo a tiempo para ver a una mujer con el cabello del color del azúcar morena y a un hombre de cabello rizado que se acercan con las llaves para abrir. Están charlando sobre algo que él leyó en el periódico. Ella le pone los ojos en blanco.
Yo sonrío.
Por Merlín, su madre es hermosa. Con una especie de encanto sutil que nunca se destacaría frente a mi madre o sus amigas, sino una belleza simple, doméstica. Su padre se parece demasiado a Weasley para mi gusto. Es larguirucho y alto y sus rasgos se han llenado de pecas con el sol de Australia.
Al menos yo tuve la decencia de enamorarme de alguien que era el polo opuesto físico de mi madre, a diferencia de algunos idiotas cara-rajadas edípicos que conozco…
Doy la vuelta por algunos escaparates hasta que pasan cinco minutos del horario de apertura. Respiro hondo y monto el espectáculo de comprobar si ya han abierto.
Cuando abro la puerta, ella ya me está sonriendo desde detrás del mostrador.
—Buenos días.
—Buenos días, señorita —le digo, mirando a mi alrededor—. ¿Ya está abierto? No pretendo irrumpir...
—¡Sí, sí, está abierto! —dice ella, sacando caramelos y brownies de los cajones inferiores. Canturrea "señorita" en voz baja, riendo entre dientes ante mi cumplido.
—¿Y es una tienda de golosinas? —pregunto.
El señor Wilkins aparece en la trastienda, con un delantal en la cintura y harina en las manos.
—Sí —dice él con una sonrisa—. Dulce Mordida. Vaya, ¿eres británico?
—Lo soy —contesto con una amplia sonrisa—. Parece que usted también lo es, por lo que puedo oír.
—¿De dónde eres? —pregunta, recogiendo una toalla para limpiarse las manos. Hay algo metódico en la acción, como si estuviera acostumbrado a limpiarse las manos rápida y completamente.
—Wiltshire —le digo—. ¿Y usted?
—Hampstead —dice—. Nos mudamos aquí hace un par de años. —Y luego se inclina sobre el mostrador, extendiendo la mano—. Wendell Wilkins.
Miro su mano y paso medio segundo mareado con la mentira. Decepcionado de que él me encuentre aceptable. Que incluso puedo agradarle. Y en realidad no soy yo.
—Drake Mallory —digo. El doctor Flanders pidió que mantuviera todo lo suficientemente cerca de la verdad con la esperanza de un desencadenador.
—Ella es mi esposa, Mónica.
Le estrecho la mano. Su piel es suave.
—¿Qué te trae por aquí, Drake? —me pregunta Mónica, abriendo la caja registradora y comenzando el conteo diario.
—Es mi luna de miel —le digo.
—¡Oh, qué lindo!
—Pero estoy solo, desafortunadamente. —Hago una mueca.
—Oh —Mónica se detiene—. Oh, lamento mucho oír eso.
Yo me encojo de hombros.
—Está bien. Pensé en hacer el viaje de todos modos. Nunca había estado por aquí.
Wendell se inclina y toma una pieza de chocolate oscuro de la vitrina.
—Para tu corazón. Cortesía de la casa. —Él me sonríe mientras coloca la pieza envuelta en papel sobre el mostrador—. Dicen que el chocolate mantiene alejada a la oscuridad.
Yo lo miro. Preguntándome si eso es algo que ella les dijo. Si acaso alguna vez supieron algo sobre los dementores.
—Gracias —gorjeo—. Yo... yo también he oído eso.
—¿Cuánto tiempo estarás en Sydney? —pregunta ella, y se aparta el cabello de los ojos como hace su hija.
—Sólo hasta el sábado por la mañana —le digo—. Tengo algunas visitas guiadas hoy, y mañana intentaré comerme todo Sidney —me río—. ¿Tiene alguna recomendación para alguien más solo que la una?
Le lanzo a Mónica una sonrisa y ella parpadea. Y tal como lo había planeado, ella dice:
—Puedes venir a nuestra casa. —Se vuelve hacia Wendell—. A cenar.
Mi boca se abre y empiezo a declinar. Wendell dice:
—Absolutamente. Nos encantaría recibir a un compatriota británico. Necesitamos una actualización sobre el clima. Como, ¿alguna vez no ha llovido?
Él me sonríe. Y veo dos grandes dientes frontales.
Les devuelvo la sonrisa. Compro medio kilo de chocolate. Pregunto por un buen lugar para desayunar. Le pregunto a Mónica por el libro que veo que se asoma por debajo de la caja registradora, y veo cómo se ilumina su rostro y me cuenta la trama de su novela de suspenso.
Me despido y regreso al punto de transporte, sacando otro traslador.
.
*•.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨* ✲*✲ *¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.•*
.
Jueves, 24 de febrero de 2000
DONDE HUBO FUEGO, CENIZAS QUEDAN
Por Rita Skeeter
Miro la imagen de los labios de Krum en los suyos. Parece que han pasado días desde que él vino a la oficina, pero apenas fue ayer. Han sido como días para mí.
Observo cómo él se inclina de nuevo, besando cada mejilla y luego una vez en sus labios.
Ella frunce el ceño cuando lo hace. Juro que puedo verlo.
Escucho el sonido del ascensor. Escucho tacones en las alfombras. Escucho que la puerta de la oficina se cierra.
—Donde hubo fuego, cenizas quedan.
Doblo el papel y la veo saltar para encontrarme apoyado en su escritorio.
Fue muy difícil colocar ladrillos esta mañana. Se derrumbaron y agrietaron en mi prisa por encerrarla.
Y ahora que ella está aquí, me debato entre arrodillarme y rogarle que se quede conmigo y quemar el edificio hasta los cimientos.
En realidad, sólo en el orden para hacerlo.
—¿En qué puedo ayudarlo, señor Malfoy? —canturrea.
Ella me sonríe, igual que su madre. Sólo que su sonrisa es bribona. Como si no tuviera nada de qué preocuparme. Como si fuera algo común entre nosotros besar a otros en el periódico.
Y lo es.
Miro de nuevo hacia abajo en lugar de ver su sonrisa de satisfacción. La escucho acercarse a mí. Y luego el periódico desaparece y sus labios están sobre los míos. Lentos y dulces.
Y no puedo evitar que mi brazo se enrede alrededor de ella, como una enredadera enroscándose en su lugar sobre las piedras. Ella abre la boca debajo de mis labios, presionándome, su estómago contra el mío. Yo sostengo su cara, saboreándola lentamente, llamándola de vuelta a mí.
Ella susurra en mi boca:
—Me gusta más nuestro fuego.
Y eso realmente es todo lo que necesito escuchar . Ella no ha negado nada. Pero ha dejado en claro que no es importante.
Siento una sonrisa tirando de mis mejillas y miro por encima de su hombro.
—Tengo una reunión en cinco minutos, de otro modo te ofrecería una buena revolcada sobre este mismo escritorio.
—Mmm… —exhala—. Es una lástima. —Y luego se estira para tomar su taza de café, apoyando su torso sobre el mío, sus pechos firmes sobre mi pecho.
Pienso en cuánto tiempo ha pasado desde que toqué su piel, desde que nos unimos, desde que su cuerpo tembló entre mis brazos.
Miro su sonrisa de satisfacción. Sus ojos inteligentes.
Ella es realmente intrigante.
Recuerdo mi revisión de las finanzas de esta mañana.
—El pago de la herencia de esta semana fue transferido ayer. Solían hacerlo los martes por la noche, pero esta vez lo hicieron ayer a las ocho de la mañana. —Reviso sus ojos cautelosos—. Supongo que no sabrás nada al respecto, ¿cierto Granger?
Ella bebe lentamente un sorbo de café con una sonrisa tensa. Y recuerdo lo exhausta que estaba ayer. Como si hubiera tenido un día completo antes de llegar a la oficina. Y sé que es mentira cuando dice:
—¿Tal vez tu padre quiere dártelo después de todo?
Y me pregunto si prefiero tener honestidad o lealtad. Porque es una mentirosa y una tramposa cuando se trata de la herencia. Y creo que sólo puedo tener una de las dos cosas.
—Tal vez. —Le paso el cabello por la oreja, tal como hace su madre.
Beso su mejilla, luego la otra, imitando los torpes movimientos de Viktor Krum. Y ella sonríe con la broma cuando coloco un beso en sus labios.
Me alejo de ella, sonriendo ante su sonrisa, y voy a recibir al doctor Flanders en el ascensor.
Nos sentamos y charlamos durante unas horas sobre cómo será el día de mañana.
.
*•.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨* ✲*✲ *¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.•*
.
Viernes, 25 de febrero de 2000
Dulce Mordida cierra a las 7:00. Entonces, a las 8:00 en el Reino Unido, el doctor Flanders y yo giramos en un traslador.
Me encuentro con Wendell y Mónica en Dulce Mordida cuando cierran. Me llevan de regreso a su pequeña casa en las afueras de Sydney, y pongo un hechizo de rastreo en mi varita para que el doctor Flanders pueda seguir mi ubicación.
Cenamos.
Les pregunto si tienen hijos y Mónica responde que siempre habían querido tenerlos, pero que nunca pudieron.
Le pregunto en qué universidad estudiaron y algo parpadea en el rostro de Wendell, como si no pudiera recordarlo por un momento. Y luego responde abruptamente que no lo había hecho.
Les pregunto cuánto tiempo llevan horneando y responden al unísono:
—Veinticinco años.
Ella fue minuciosa. Formulo todas las preguntas que me dió el doctor Flanders, y nunca responden con un "Mmm, no lo recuerdo bien".
Esto llevará un tiempo. El doctor Flanders me lo advirtió. Pero esto fue profundo.
Después de la cena, un golpe en la puerta de su casa. Wendell y Mónica fruncen el ceño, disculpándose. No esperaban compañía. Deslizo mi varita bajo la manga de mi ropa.
—Hola, ¿qué se le ofrece? —dice Wendell. Y me pregunto si así es como le habría abierto la puerta a Yaxley. O si ella también les habrá quitado una cierta cantidad de astucia y precaución. Me levanto de la mesa.
El doctor Flanders lanza un encantamiento confundus sobre Wendell, y yo golpeo a Mónica en la espalda con otro. Se siente sucio, como un Crucio.
Wendell se tambalea un poco y parpadea. Y Mónica se apoya en el marco de una puerta.
—Hola, Wendell —dice el doctor Flanders—. Mi nombre es Henry.
Wendell parpadea lentamente.
—Hola.
—¿Puedo pasar? —Henry sonríe.
—Sí, por favor. —Mónica hace un gesto para que pase y se tambalea un poco. Yo la tomo del brazo, recordando a su hija tropezándose en un callejón, drogada y mareada. Me trago la bilis y me recuerdo a mí mismo que este es un procedimiento probado.
Wendell y Mónica se sientan juntos en el sofá, parpadeando lentamente hacia el doctor Flanders.
Yo me siento junto a Mónica. Ella todavía sostiene mi brazo.
—Wendell, Mónica —comienza el doctor Flanders—. Mi nombre es Henry. Soy médico. Ustedes tuvieron un accidente hace dos años y medio. Y estoy aquí para ayudarles a recordar cosas que han olvidado.
La cabeza de Wendell se inclina lentamente.
—¿Un accidente?
—Algo así —sonríe el doctor Flanders.
La cabeza de Mónica se vuelve hacia mí.
—¿Lo conoces? —me pregunta despacio.
—Así es —le digo—. Y yo confío en él.
Ella asiente, levantando las cejas.
El doctor Flanders me hace una seña. Esta es la parte en la que se supone que debo aprovechar una falla en el encantamiento de memoria. Pero encontré muy pocas.
—Wendell —le digo—. ¿En qué universidad estudiaste?
—No fui a la universidad. —Él me mira fijamente. Su respuesta es más rápida ahora.
—¿Dónde conociste a Mónica? —le pregunto.
—En la universidad —responde. Él se mira las manos, separando los labios. Voltea hacia Mónica y ella le devuelve la mirada—. ¿Te conocí en la universidad?
—Creo que sí. —Ella está apretando mi brazo.
—Mónica, ¿en qué universidad estudiaste? —pregunta el doctor Flanders.
Y él comienza una serie de preguntas diseñadas para hacer vacilar sus pensamientos. Es repetitivo. Y luego, después de la sexta vez que le preguntan a Wendell a dónde fue a la universidad, nos dice que fue a la escuela de odontología.
Wendell y Mónica se miran fijamente, el encantamiento confundus comienza a desvanecerse.
El doctor Flanders lanza un hechizo tranquilizador sobre ellos. Y yo lo observo mientras les pregunta qué recuerdan del año 1979.
.
*•.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨* ✲*✲ *¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.•*
.
Después de ocho horas, ellos recuerdan que tuvieron una hija.
Mónica rompe en llanto cuando recuerda haber dado a luz, pero nada después de eso.
Wendell puede recordar a Hermione cuando era pequeña. Una niña con rizos de dos años chocando contra escritorios y volcando sillas.
Yo continúo haciendo café. El doctor Flanders me dijo que la primera sesión debe ser productiva, o de lo contrario nada se mantendrá. Entonces, nos quedamos despiertos toda la noche.
El doctor Flanders permanecerá en Australia durante las próximas dos semanas, durmiendo en la habitación de invitados. A las cinco de la mañana, los Wilkins se van a su dormitorio y finalmente se les permite dormir. El doctor Flanders toma la habitación de invitados. Yo duermo en el sofá.
Me despierto a las 7:30 y veo a Mónica Wilkins sentada en la mesa, mirándome.
—¿Quién eres tú? —pregunta ella.
Los hechizos se han ido. Y cualquier desconfianza que naturalmente tendrían ante esta situación se ha filtrado nuevamente en ella.
Yo me incorporo lentamente.
—Soy amigo de su hija.
—Hermione —confirma.
—Sí, Hermione.
Ella me mira fijamente con los ojos inyectados en sangre.
—Drake. Drake Mallory.
—Les di un nombre falso, en realidad —le digo, pasándome una mano por el cabello.
—Rubio —susurra ella, mirando mi cabello.
Yo la observo, esperando que continúe. Esperando a que ella termine de formular cualquier recuerdo.
—Draco Malfoy —me dice, como una oración que solía recitar de niña.
El latido de mi corazón se detiene en mi pecho. Me hormiguea la cara.
Observo como su mano se extiende y mueve un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
—Ella solía hablar de ti. Y de tu cabello.
Yo trago saliva. Algo cruza su rostro y su cabeza se inclina hacia atrás, se lleva los dedos a sus sienes como si tuviera una migraña repentina. Yo la ayudo a volver a su dormitorio, donde Wendell duerme.
Por la mañana, ella vuelve a llamarme Drake. Y vuelve a preguntarme si conozco a su hija.
