DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A JK ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Hola chicas! Es viernes y los viernes ya empezaron a dejar de sentirse incorrectos y comienzan a oler a subasta… Que emoción, después de tanto contarles sobre ella al fin empezar ala!
Mi compu murió (again) mi bebé le tiró un vaso de jugo encima (again) así que estoy sin compu (agaaaaain) Por suerte tenía este capítulo ya en mi drive. Así que, tomen mi humilde consejo y respalden _
Ya me las arreglaré para traducir desde mi cel, así que deseenme suerte. Nos vemos la próxima semana para ponerle el punto final a esta hermosa historia.
Las quiero!
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Todo lo Incorrecto
Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8
Capítulo 23
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Lunes 30 de marzo de 1998
Una chica está gritando. Se retuerce en el suelo a sólo diez pasos de mí.
Siento el calor del fuego en mis piernas.
La mano de mi madre sobre mi muñeca es fría.
Mi tía saca un cuchillo y cae encima de la persona con ojos y rizos color canela…
La persona suplica. Mi tía se ríe.
Hay un cuerpo en el piso de nuestra sala de estar. Me mira a mí. Y luego grita.
La mano de alguien está en mi brazo. Escucho el eco de un susurro en mi oído.
¿Qué diría Severus?
Algo grita en un piso de terciopelo azul, sangrando sobre las alfombras en el fondo de un pozo.
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Domingo 27 de febrero de 2000
—Puedes invitarla a desayunar, querido.
Me detengo en la puerta. Madre bebe té.
—Ella no está aquí.
Madre alza la vista y sonríe.
—¿Ya la sacaste a escondidas?
Me giro hacia las chimeneas y sigo las llamas verdes hasta el Caldero Chorreante. Tom me saluda con la mano. Salgo hacia el Londres Muggle.
Esta lloviendo.
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Lunes, 28 de febrero de 2000
Madre me pregunta si ya he comido y le miento.
Llego directamente a mi oficina por flú. Hay una nota del doctor Flanders en mi escritorio. La miro, esperando que suceda algo. La dejo a un lado.
Carrie trae mi agenda. Cancelo mis citas para el almuerzo.
—¿Sólo por esta semana? —pregunta ella, escribiendo con una pluma.
Luego le pido que llene mi semana hasta el borde. Le pido que programe cualquier tarea y pequeña reunión que había pospuesto y que se comunique con los clientes.
Mockridge me trae el informe financiero a las 8:30 de la mañana, antes de la reunión de personal ejecutivo.
—Estamos en números rojos.
Asiento hacia los gráficos.
—Quiero ser honesto y comunicarle que estaré buscando empleo hasta que tengamos otra vez los pies bien firmes en el piso. Si volvemos a hacerlo. Creo que Wentworth hará lo mismo después de que esto sea anunciado.
Lo miro.
—Entiendo. Por favor, mantenme tan informado como puedas.
Él asiente y se va.
Miro los gastos y el espacio vacío donde solían colocarse las inversiones.
Si Mockridge se marcha, podré descontar su salario de los gastos. Eso es ver el lado positivo.
La reunión de personal ejecutivo empieza a las nueve. Llego temprano y hojeo los documentos a un ritmo predeterminado.
Blaise se queja de la falta de personal femenino a su cargo, me ruega que le permita tener un nuevo interno. Mujer, de preferencia.
Miro hacia arriba cuando ella entra. Miro hacia abajo. Ella se sienta a mi lado, en el lugar que le otorgué cuando era mi Emperatriz.
Me pregunto si puedo cambiarla de asiento.
Empiezo la junta y la invito a hablar sobre su progreso. Sus manos tiemblan y sus labios están secos. Ella lleva el cabello hacia atrás sobre su hombro, y no puedo ver las marcas que dejé en su piel…
La persona a mi lado se sienta. Cruza los brazos.
Blaise intenta visitar mi oficina después de la reunión y lo saco.
Tengo una reunión con mi asesora de Relaciones con el Wizengamot y mi asesora de Relaciones con No-Magos después del almuerzo, para trabajar en la Ley de hombres lobo. Quedamos en reunirnos en una semana a partir de hoy.
Lo único que descubro es que Cornelia Waterstone tiene un vello en la barbilla, en el lado izquierdo de su mandíbula.
Cuando salgo de la sala de conferencias, Blaise me aborda.
—¡Tengo la respuesta a todos nuestros problemas!
—Maravilloso. —Alzo una ceja y camino a su alrededor.
—Tengo un inversionista. —Él camina de espaldas, acompañándome a mi oficina—. Alguien en quien confiamos. Alguien que planea empezar una nueva empresa. —Él se encoge de hombros—. De hecho, me sorprende que no lo hayas buscado antes.
—De acuerdo —le digo, esperando a que me dé más detalles. Hojeo mis notas de la reunión e intento abrir la puerta. Blaise me detiene.
—Maldita sea, Draco. Pensé que estarías más emocionado. —Él sonríe y me toma de los hombros—. ¡He encontrado a nuestro salvador! ¡Volveremos al prado en poco tiempo!
Le pongo los ojos en blanco y le digo:
—Se dice "al ruedo", Blaise —y entro en mi oficina.
Marcus Flint me sonríe desde mi silla, con los pies sobre mi escritorio de tres mil galeones.
Mi piel zumba.
—Draco —canturrea él—. Escuché que estás atravesando una situación algo difícil.
Blaise pasa a mi lado, comienza una especie de argumento de venta, cuenta cómo se acercó a Marcus la semana pasada, se ríe ante un comentario sarcástico que hace Marcus.
Y todo el tiempo me quedo en mi puerta, mirándolo con los pies en mi escritorio. Donde solía cogérmela.
Una voz desde la oficina a mi espada, hablando con Waterstone sobre una bruja pelirroja del Wizengamot. Miro por encima de mi hombro para verla salir de la sala de conferencias y dirigirse a su oficina.
Si ella ama ...
Si él se atreve a mirarla ...
Hay una piedra atascada en las suelas del zapato de Marcus. Está vestido de verde.
Esta lloviendo.
Tengo frío.
—Entonces —concluye Blaise—, los dejaré resolver los pormenores, discutir ... cosas de inversionistas. —Blaise se frota las palmas de las manos, probablemente planeando cuándo podrá volver a contratar a la interna que trae entre ojos. Se sienta en el sofá, bastante satisfecho consigo mismo.
Marcus me sonríe.
Y desearía haberle roto los dientes cuando lo golpeé.
—Tengo un buen ahorro con mi nueva carrera como pocionista. He estado fabricando últimamente. Tal vez hayas escuchado algo al respecto. —Sus ojos brillan, como si estuviéramos burlándonos de alguien en su cara, como solíamos hacer. Como si los eventos de aquella noche fueran una broma privada—. Estoy buscando un lugar para invertir mi nuevo dinero. Y escuché que estás en números rojos. —Chasquea la lengua.
Aún sigo sin moverme.
—Bueno —comienzo—, fue muy amable por parte de Blaise el discutir contigo sobre asuntos privados como las finanzas de mi negocio, pero todo está bien en Malfoy Consulting . —Deslizo mis manos en mis bolsillos para evitar que mis dedos se crispen—. No necesitaremos tu ayuda.
Marcus me sonríe. Escucho a Blaise enderezarse en el sofá.
—Draco, ¿qué estás ...?
—Está bien, Blaise —canturrea Marcus—. Draco está un poco resentido conmigo. Traté de ayudarlo hace unos meses con una aflicción que tenía. Le preparé un pequeño remedio. —Él se ríe—. Pero supongo que los efectos secundarios no fueron de su agrado.
Marcus se pone de pie, se abrocha la túnica y camina alrededor de mi escritorio. Coge un trozo de pergamino y me lo extiende.
—Échale un vistazo a mi propuesta antes de que tu nueva moralidad Gryffindor te ciegue por completo.
Convoco el pergamino hacia mí en lugar de acercarme a él. Por su seguridad, en realidad.
La oferta equivale a la cuota de herencia que no recibiré esta semana. Podríamos volver a contratar al personal al que le hemos reducido sus horas y continuar con las operaciones comerciales normales.
—Gracias por venir, Flint —le digo, desapareciendo el pergamino. Él todavía tiene las piernas sobre mi escritorio.
—¡Vamos, Draco! —Él ríe—. Dejemos el pasado atrás. Vamos por un trago. —Él indica hacia Blaise con la cabeza—. Los tres. —Me sonríe y se acerca, enderezando mi túnica como solía hacer con mi corbata de Hogwarts—. Tienes que relajarte. —Su lengua se asoma entre sus amados dientes—. Invita a Granger. Por lo que he leído en los periódicos, ustedes dos son mucho más cercanos ahora.
Debería sentir que estoy ardiendo. Algo similar a la última vez que él me sonrió mientras me hablaba de ella. Algo como cuando hablé con una harpía en una librería, o incluso cuando le gritaba a una chica desnuda en mi cama.
Puedes dejarlo salir, cielo. No todo debe ir dentro de cajas.
Marcus me roza los hombros.
—Al final tenías que salirte con la tuya, Draco. Eso es todo lo que importa, ¿cierto?
Concéntrese, señor Malfoy. Eres demasiado vulnerable así. Demasiado fácil de manipular.
A pesar de los mejores esfuerzos de Severus, Queenie Kowalski gana por un breve momento.
—Tal vez no fui lo suficientemente claro la última vez que hablamos, Marcus —mi voz es firme y no parpadeo—. No tienes permitido poner un pie dentro de ninguna propiedad Malfoy. No tienes permitido ponerte en contacto, por ningún medio, conmigo o con la señorita Granger. Y, si nunca en mi vida vuelvo a ver esos ridículos dientes tuyos, no será suficiente tiempo.
Su ojo se crispa cuando aparto sus manos de mí.
—Blaise, por favor escolta a Marcus para que salga por flú —digo, manteniendo mis ojos en la expresión amarga de Marcus.
Escucho a Blaise ponerse en pie, acercándose a mi lado.
—Draco —me susurra—, no sé de qué me estoy perdiendo, pero estás siendo un poco dramático…
—La nueva "carrera como pocionista" de Marcus gira en torno a una poción que se usa para drogar mujeres en bares. No creo que necesite su dinero sucio. En cuanto a mi "dramatismo", me gustaría ahorrarle a la señorita Granger cualquier molestia al ver salir de mi oficina al hombre que la drogó. —Miro a Blaise—. Así que, por favor, llévate a Marcus antes de que salfa de aquí en pedazos.
Me acerco a la ventana, le doy la espalda a la habitación y escucho el crepitar del flú cuando Marcus se marcha.
-¿Que Paso? —Blaise se para junto a la chimenea.
—Está en el pasado ahora.
—No —dice Blaise—. ¿Qué pasó contigo? —Lo miro y él me observa con atención, como si fuera una especie de criatura rara sobre la que sólo ha leído—. ¿Qué te hizo ahora?
Parpadeo hacia él, lentamente, mi visión se aclara mientras abro mis párpados.
—Ella ha demostrado que tú tenías razón. "Es una estupidez enamorarse de una sangre sucia " —Blaise me frunce el ceño—. "Especialmente de ella" —le respondo como un eco.
Cuando volteo hacia la ventana, lo escucho moverse. Lo escucho tratando de hablarme. Lo escucho a mi lado. Y finalmente se ha ido.
El apelativo sabe a la medicina que solía tomar cuando era un niño. Nunca es dulce al tragar, pero alivia todas las lesiones internas.
La lechuza del doctor Flanders está en mi ventana. La miro durante cinco minutos antes de romper finalmente el sello.
Increíble progreso. Te necesito para la segunda fase.
Miro por mi ventana. La ventana contra la que la tuve aprisionada hace dos semanas, justo antes de introducir mi lengua en ...
Parpadeo.
Afuera hay un hombre muggle con paraguas.
Un auto averiado.
Alguien ha perdido su sombrero
Tengo una carta en la mano, solicitando mi presencia para un problema que pretendo resolver.
Me dirijo al Ministerio por un traslador.
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Martes, 29 de febrero de 2000
Mónica abre la puerta. Parpadeo hacia ella, atrapado en sus ojos.
—Hola, Drake. Pasa. —Me sonríe cálidamente y se hace a un lado—. ¿Té? ¿Bollos? Wendell está haciendo salchichas.
El progreso en ella detiene mis pies antes de contestar:
—Mmm… sí. Gracias.
Es hora de cenar en el Reino Unido, pero no estoy seguro de haber desayunado hoy. O ayer.
Mónica toma mi abrigo, parloteando sobre el clima, y me detiene antes de que lleguemos a la sala de estar.
Me mira con los ojos de Granger y susurra:
—Por favor, díme. Está viva, ¿no es así? ¿Hermione?
Su mano aprieta mi brazo y ella no tiene idea de que la piel sensible bajo sus apretados dedos tiene un tatuaje descolorido.
Le frunzo el ceño.
—Sí, está viva. ¿Por qué?
Las arrugas alrededor de sus ojos desaparecen, como si una buena noche de sueño hubiera hecho efecto. Suspira profundamente.
—Gracias, gracias, gracias. —Ella lleva mis nudillos a sus labios—. El doctor Flanders no nos permite adelantarnos. No nos deja preguntar más allá de los recuerdos que tenemos ahora. Y yo no sabía… —traga saliva—. Recuerdo haber enviado a mi hija de once años a una escuela mágica. Recuerdo haber encontrado los libros que dejó aquí y haber leído sobre la magia oscura y las guerras. Yo sólo… —Ella besa mi mano de nuevo—. Gracias.
Gracias.
Como si yo fuera responsable de ella. Como si yo la hubiera salvado .
Aparto mi mano de ella, asintiendo y me dirijo a la cocina para saludar a Wendell.
Después del desayuno, el doctor Flanders me muestra su bitácora. Habían conservado sus recuerdos por dos días, despertando a la mañana siguiente exactamente igual que como fueron a dormir.
—Están ansiosos por descubrir más. Por verla como una adolescente —me explica—. Es probable que recaigan en algún momento, pero su progreso actual es maravilloso. Era de esperarse; si su hija es la bruja más brillante de su generación, entonces ellos también deben ser excepcionalmente hábiles.
Hojeo sus apuntes, esperando a que me explique qué estoy haciendo aquí.
—Entonces, la siguiente fase requerirá de un pensadero. Y un proceso lento para permitirles absorber los recuerdos de alguien más sobre la señorita Granger durante su época en la escuela.
Asiento, pasando los dedos por un pasaje sobre Mónica recordando su verdadero nombre: Jean.
Y luego, como una bofetada, caigo en cuenta de que él quiere mis recuerdos.
Lo miro, sus amplios ojos destellando hacia mí por detrás de sus anteojos. Me carcajeo. Un ladrido directo a su cara.
Lanzo sus notas a la mesa, llevando mis dedos hacia mis ojos para frotar mis párpados.
—Esto tiene que ser una jodida broma.
Todavía estoy riendo cuando tomo mi abrigo y cierro la puerta detrás de mí.
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Martes, 29 de febrero de 2000 - otra vez
La puerta de mi oficina se abre y se cierra.
Alzo la vista y ella está parada allí, avanzando un pie tras otro.
Ella viste de rosa.
—Si esto no está relacionado con el trabajo, voy a tener que pedirte que te vayas
Mis ojos vuelven a la lista de inversionistas que compilé hace meses, antes de creer que sería capaz de financiar este negocio por mi cuenta.
Ella me lanza una carta sellada y, por un momento, pienso que es nuevamente su renuncia. No sé qué alivio es más agudo: pensar que es su renuncia o darme cuenta de que no lo es.
Es una carta dirigida a Hermione Granger, desde California.
—Le escribí a Noelle después de que me pidieras no hacerlo. Ella acaba de contestarme. —Me dice. La miro con el ceño fruncido, encontrando los ojos de su madre—. Quería dejarlo claro y darte la oportunidad de decidir si puedo abrirla o no.
Ella es una tramposa. Al igual que su madre. Hay un proceso para las cosas. Si un médico te dice que no debes avanzar en tu recuperación, no debes hacer las cosas a sus espaldas. Lo mismo que desacatar una petición directa. Lo mismo que escribirle a una idiota en California.
Quemo la carta y veo bailar el fuego en sus sorprendidos ojos.
Vuelvo a mi documentación, la siento retroceder un paso.
—Ella malinterpretó la situación —le explico—. Nada en esa carta habría sido verídico, de todos modos.
—¿Qué situación?
—Aquella noche. Con Marcus Flint —siseo—. Después de que te fuiste con O'Connor, yo no manejé las cosas muy bien allí adentro.
Ella asiente, como si entendiera.
—¿Y no se lo aclaraste? ¿No le contaste lo que pasó realmente?
—Ella no era mi prioridad en ese momento. Algo que después le dejé muy claro. —La forma en que ella gritó bajo la nieve—. Y no sabía cuánto de lo que había pasado querías que fuera del dominio público. Le dijo a su padre que yo era descarado e inestable. Que no era alguien con quien debería invertir.
Es gracioso tener en la lista frente a mí su nombre tachado mientras ella me cuestiona por el asunto. Es gracioso aún tener la sensación de las manos de Marcus aún quemando la piel de mi cuello.
—Eso podría encontrar aclarado fácilmente, Draco. Yo con mucho gusto le hubiera escrito a Noelle oa su padre.
—El daño ya estaba hecho. No quería que te involucraras más de lo que ya estabas.
La siento lista para marcharse. Pero yo quiero que se quede, incluso aunque eso me carcoma.
—¿Algún otro secreto traicionero que hayas estado guardándome, Granger? —Ella se vuelve hacia mí—. Hoy es martes. Estoy empezando a preguntarme si una décima parte de la herencia será transferirá a mis cuentas hoy a las nueve.
Ella alza una ceja.
—Es muy probable que así sea.
Ella sale volando por la puerta.
Es una tramposa y una mentirosa. Ya tendría que haber aprendido que no puedo confiar en nadie con unos ojos como esos.
Reviso nuevamente las finanzas, tomando en cuenta el pago que aparece en mi cuenta esta noche.
Una tramposa y una mentirosa. Que nos mantiene una flote.
Quizás lo Slytherin en mí se le está pegando.
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Jueves, 2 de marzo de 2000
La herencia fue transferida. Mockridge está desconcertado, pero le digo que no puedo explicarlo.
Hoy es la campaña publicitaria de los snidgets. Rita me retiene en recepción como rehén hasta que respondo sus preguntas sobre mi vida amorosa. Le sonrío como Draco Malfoy le sonríe a Rita Skeeter. Mi voz le canturrea como lo hace la voz de Draco Malfoy.
—Siempre estoy en el mercado, Rita —le digo—. No puedo imaginarme sentando cabeza.
Veo rizos tras mis ojos cuando parpadeo.
Ella sale de su oficina vestida de púrpura, estrechando la mano de Rita y saltando directamente al trabajo. La dejo en ello y me arrastro hasta mi oficina.
Me siento detrás de mi escritorio. Y espero.
Vuelvo a las finanzas. Tenemos solvencia. Y paso por alto la razón por el cual es así.
Miro el reflejo obsidiana de mi escritorio.
Ladrillos de obsidiana. No había pensado en eso antes.
Volcánicos.
Ácidos.
Fríos y fuertes.
—Oh, cielos —una voz desde mi puerta. Luna Lovegood está parada allí, retorciéndose el cabello alrededor de sus dedos. Parpadeo para asegurarme de que la veo bien—. Mmm… —Ella inclina la cabeza—. Eres naranja otra vez.
Naranja. Eso suena bien.
—Como el óxido. No es muy bonito. —Ella se deja caer en el brazo de mi silla de invitados.
—Lovegood —esbozo una sonrisa tensa—. ¿Estás aquí por El Quisquilloso ?
Ella asiente distraídamente, mirando alrededor de mi oficina. Se para, recorre las paredes con los dedos, observando detenidamente mis libreros y mis muebles. Se detiene en medio de la habitación, mirando mi techo.
—Es igual a tu interior. —Ella baja la vista para mirarme—. Estéril. Fría.
Mis ojos recorren mi oficina, viéndola por primera vez.
—Hermione está vestida de púrpura hoy —tararea—. Pero ella es de un tono más gris ... Pizarra. —Vuelve a mirarme abiertamente—. Ella combina con tus ojos.
—Sí —le digo—. Ninguno de nosotros es la mejor versión de sí mismo hoy, Lovegood.
—¿Puedes verlos todavía? ¿Mis colores? —Ella me sonríe.
Sus dedos tiran de un hilo suelto en su sudadera. Se balancea, como si pudiera escuchar una melodía en su cabeza.
-No. —Miro hacia mi escritorio—. Creo que no les agrado mucho.
Ella canturrea:
—Intenté escribirte. Nunca me respondiste.
Yo trago saliva.
—No le respondí a nadie. Lo lamento.
—Mmm… Está bien. —Me mira e inclina la cabeza—. No me gusta este color en ti.
Le doy una pequeña sonrisa.
—Lo cambiaré por otro.
Carrie nos interrumpe. Todos están listos.
Cuando salgo de mi oficina, Viktor Krum ya está aquí, colocando los labios sobre su piel. Y Rolf Scamander está aquí, sonriéndole.
¿Dónde está la comadreja? Harían un cuadro tan bonito todos juntos.
Le estrecho la mano a Krum. Y la sonrisa que me devuelve es desafiante.
Es toda tuya, Vik.
Pasamos a la sala de conferencias y espero más instrucciones. Pansy se cierne sobre mi codo, hablándome de Italia. Lo recibo como ruido blanco.
Potter me mira desde el otro lado de la habitación y yo me mantengo ocupado con otras conversaciones a propósito.
Poso para fotos. Pansy intenta hacer que Granger y yo posemos juntos, y tengo que tocarla, poner mi mano en su costado.
Algo estoy haciendo mal porque nadie está contento.
Lovegood niega con la cabeza hacia nosotros, como si el contraste de nuestros colores le hiciera daño a sus ojos.
Regreso a mi oficina. Mientras siga manteniendo mis manos ocupadas, no podré sentir el calor de mis dedos.
Después de unos minutos, mi puerta se abre sin tocar. Espero que entren Pansy o Blaise.
Ginny Weasley pasa, cerrando la puerta de un portazo.
Ella se dirige a mi escritorio, coloca las manos en sus caderas y me dice:
—Fue mi idea.
La miro. Y ella continúa.
—Fui yo quien la obligó a hacerlo. Cúlpame a mí. Hermione creía que era una mala idea… no quería entrometerse así… Pero prácticamente la obligué a hacerlo. —Ella toma aliento—. ¿De acuerdo?
—De acuerdo.
-Genial. Entonces, ¿la perdonas?
-No lo creo.
Ella me frunce el ceño. Y luego se arroja a una silla.
—Por Merlín, eres una peste —murmura—. Está en el pasado Malfoy. Ustedes dos tienen un futuro que construir. ¿Por qué sufres tanto por esos recuerdos?
—Porque todavía comenta mi presente —le respondo—. Quiero que pienses en los recuerdos más desagradables que tengas, Weasley. Las cosas que guardas bajo llave. Y ahora imagina que Potter entrara a fisgonear sin tu consentimiento.
Ella me frunce el ceño.
—Harry estuvo allí. En cada uno de ellos.
Yo la miro con el ceño fruncido y revuelvo papeles.
—Qué agradable.
—Él estuvo allí porque se preocupaba por mí. Más aún, él estuvo allí para mí. —Ella se reclina hacia el frente—. Él vino por mí. Él me protegió. Él desafió a un Basilisco por mí. —Ella inclina la cabeza—. Y tú has hecho lo mismo por ella —me dice, poniéndose de pie y dirigiéndose a la puerta — .Sólo necesitas un nuevo punto de vista, Draco Malfoy.
Ella dibuja una pequeña sonrisa y desaparece.
Un nuevo punto de vista.
Consigo tres minutos de silencio antes de que Blaise entre y cierre la puerta tras él.
—Creo que Daphne y yo podríamos volver a estar juntos.
—Oh, no me jodas, Blaise.
—Bueno, no tengo idea. Iremos a cenar mañana por la noche.
Alzo una ceja.
-¿Qué? —Él me pone mala cara—. Podemos hablar de tu drama durante horas, pero en el segundo que yo tengo noticias, ¿de repente no quieres saber nada?
Yo arrugo la frente.
—De acuerdo. Sí. Continúa. —Le hago un gesto para que siga.
—Iremos a cenar mañana por la noche.
-Genial.
—Sí.
—¿Eso es todo?
—Eso creo.
—Excelente.
Nos sentamos. Él suspira.
—De acuerdo. Bien. ¿Cuál es tu drama?
—No tengo dramas en este momento —digo, revolviendo papeles—. Ahora estoy libre de dramas.
—¿Y cómo te sientes con eso?
Niego con la cabeza en mi escritorio.
—Miserable, en realidad.
—Bueno —comienza Blaise, cruzando la pierna—, todo lo que puedo decir es que es lo mejor. El sentimiento se desvanecerá y podrán distanciarse el uno del otro…
—¿De qué mierda estás hablando? —Le gruño—. Tú vas a volver con tu chica.
—Exacto —me dice—. Sigue mis palabras, no mi ejemplo. —Yo pongo los ojos en blanco y él se rasca la mandíbula—. Draco, necesitas una oportunidad para evolucionar y crecer sin Granger. Has estado tan atrapado con ella toda tu vida. Es hora de ser tu verdadero tú, sin ella.
Un aireado acento de Nueva York flota hacia mí.
Estás tan absorto en ella. No quedará mucho de ti ...
Trago saliva y observo mis uñas.
—¿Y qué pasa si mi verdadero yo es alguien que le pertenece a ella?
Él está en silencio por un momento y yo no puedo mirarlo a los ojos. Y entonces…
—Pues ve y tírate de un puente, supongo.
Dejo caer la cabeza sobre mi escritorio.
—Blaise…
—O... Tal vez pueda armar una lista de personas que me pagarían por lanzarte un Avada.
—Blaise…
—Obtener algunos galones de la situación...
—Por Merlín…
—Alguien tiene que sacar el negocio a flote después de haberte enterrado.
Mi chimenea zumba. Las llamas cobran vida. Y el fuego se transforma en una cara que no reconozco.
—Draco Lucius Malfoy. Tengo un mensaje urgente desde la prisión de Azkaban.
Me quedo mirando su boca, las llamas destellan en verde.
—Luego de un previo accidente, el prisionero número LM537, Lucius Abraxas Malfoy, ha sido trasladado al Hospital de Enfermedades y Heridas Mágicas de San Mungo para recibir tratamiento por una puñalada en su costado izquierdo. Cualquier otra pregunta debe ser dirigida a un profesional médico o a un oficial en sitio. Gracias. Que tenga un lindo día.
El fuego muere.
Alguien me está hablando.
Una silla chirría.
Y, luego, me quedo de pie, tomando el polvo flú que Blaise me ofrece y arrojándolo a las llamas, que veo teñirse nuevamente de verde.
Verde como la muerte.
Y luego Blaise habla:
—San Mungo —Y me empuja a través del fuego.
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Domingo, 5 de junio de 1994
El whisky me quema.
Lo odio.
Pero, aparentemente, es extremadamente caro.
Así que es delicioso.
—Exquisito —toso.
Padre me sonríe.
—Deja la botella —le dice al camarero en italiano. Los ojos del hombrecito se abren como platos, hace una reverencia rápida y nos deja—. ¿Estás listo para tus exámenes? —Él me mira por encima de su copa.
—Sí. A pesar de la falta de instrucción de Remus Lupin. Apenas asiste.
Doy otro sorbo, olvidándome de la lección que aprendí en el primer trago, y vuelvo a toser.
—¿Te gusta Defensa Contra las Artes Oscuras?
—Supongo que sí. —Me limpio los labios con palmaditas de servilleta—. Me gusta aprender los hechizos y las contra maldiciones. Pero aún no he tenido un instructor adecuado.
Padre musita, dando golpecitos con el pulgar sobre la mesa.
—Hablaré con los concejales sobre eso —dice para sí mismo—. ¿Y Pociones? Severus está muy satisfecho contigo.
—Me gusta Pociones. Me gusta cómo se mezclan las cosas.
—Si tuvieras que hacer tus TIMOS mañana, ¿en qué materias crees que obtendrías una puntuación más alta? —Él toma otro sorbo de su copa.
Esto es una prueba. Un TIMO, a su manera.
Me humedezco los labios y digo:
—Pociones, Encantamientos, Transformaciones, Historia de la magia, Runas antiguas, Aritmancia, probablemente Herbología...
—¿Y qué te gustaría hacer con todo eso?
Yo lo miro.
—¿Hacer?
Él bebe, con sus ojos fijos en mí.
—¿A dónde quieres ir? ¿Cuál es tu plan, Draco?
Yo parpadeo y me reacomodo en mi silla.
—Tal vez me gustaría convertirme en pocionista. Con la ayuda de Severus, es probable que pueda ingresar al programa brasileño. O tal vez podría abrirme camino a través del Wizengamot. Convertirme en poco tiempo en Jefe Supremo.
Le sonrío con su misma sonrisa arrogante.
Él asiente, mirándome.
—Pero, ¿qué es lo que quieres hacer?
Yo trago saliva.
Él bebe.
—¿Un Sir?
Él suspira, satisfecho por el sabor de su whisky.
—No te preocupes por lo que yo quiero escuchar. ¿Qué quieres hacer? —Me alza una ceja—. ¿Qué te hace feliz, Draco?
Lo único que me viene a la mente es el quidditch. Y Potter cayéndose de un acantilado.
Él continúa:
—Tienes un talento excepcional. Con tu apellido y tu mente, podrías convertirte fácilmente en Ministro de Magia.
Sus ojos se desvían hacia la puerta cuando entra una pareja. Mi piel hormiguea.
—Pero —me dice—, si deseas ser un jugador de quidditch o un profesor —sus ojos me encuentran de nuevo y yo espero que tire el martillo—, eso también es perfectamente aceptable.
Lo observo mientras él le agradece al camarero por comprobar cómo estamos. Mientras hace girar su copa, hablando en italiano. Mientras me señala, diciéndole algo que atrae la atención del camarero con un "¡Vaya!"
Cuando el mesero se va, miro fijamente mi copa llena de whisky y le digo:
—¿Lo dices en serio? ¿No estarías terriblemente decepcionado si fuera jugador de quidditch? —Mis labios se mueven y pregunto—: ¿O si sustituyera a Rubeus Hagrid como profesor de Criaturas Mágicas?
Él me alza una ceja con expresión cansina.
—Aunque esperaría que impartieras una asignatura que realmente requiera intelecto... no. Tú nunca podrías decepcionarme, Draco.
El whisky me quema el pecho, entibiando mis huesos y esparciendo calor por mi piel.
—Quiero que seas feliz, Draco. —Él está mirándome, examinándome. Y veo mis propios ojos devolviéndome la mirada—. Encuentra aquello que te haga feliz. Y yo lo conseguiré por ti.
Algunos camareros traen una rebanada de tiramisú con una vela, cantando Feliz Cumpleaños.
Mi padre sonríe.
Y yo deseo que los dos sigamos así por siempre.
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Jueves, 2 de marzo de 2000 - más tarde
La medimaga me reconoce. No necesito explicar por qué estoy aquí.
Me acompaña por algunos pasillos hasta que encuentro a mi madre al final de uno.
Ella camina toda la longitud del pasillo con pasos lentos, en túnica larga y negra.
Ya con ropa de viuda.
Ella me ve cuando me aproximo y me abraza, susurrándome cosas dulces y acariciando mi cabello.
Miro por encima de su hombro hacia donde un guardia del departamento de Seguridad Mágica escolta una puerta. Él me mira y aparta la mirada.
—¿Qué está pasando? —pregunto.
Madre se echa hacia atrás para mirarme. Y probablemente está repitiendo lo que acababa de decirme:
Un Imperius.
Cuchillada en el costado inferior izquierdo.
Daño en los tejidos.
Veneno.
Algo encaja en mi mente y vuelvo los ojos hacia ella.
—¿Maldición Imperius?
Ella levanta una ceja hacia mí.
—Sí. Ese es el informe oficial.
Observo con desprecio la puerta detrás de ella. Pongo los ojos en blanco y empiezo a acompañarla en su caminata.
Las baldosas bajo mis zapatos se difuminan en mi camino.
Él posee bóvedas. Escrituras. Propiedades.
A menos que él ya se hubiera encargado de eso. A menos que ya se haya vuelto tan loco que sería capaz de organizar su propio asesinato para de asegurarse de que no me heredará nada.
Nunca aseguré la Mansión. Ni la finca en Francia. Sólo la herencia. Sólo el efectivo.
Es probable que haya vinculado esas propiedades a la familia de su tío abuelo en Normandía.
Miro a mi madre, inmóvil mientras yo me zambullo. ¿Ha hecho esto para lastimarla? ¿Pretende desalojarla de la Mansión si ella sigue adelante con el divorcio?
Si él ha alterado su testamento o ha trabajado con sus abogados para intercambiar las propiedades por la herencia, nos echarán.
Intento pensar. Intento averiguar cómo funcionará esto a su favor. Su propia muerte, vale todo esto.
¿O se trata de una advertencia? Sobrevivirá a esto y después nos presentará la documentación.
Draco pidió su herencia antes de su boda, así que me encargué de modificar el testamento de la herencia. Espero que lo entiendas, querida.
Una puerta se abre y mis ojos se desorbitan.
No es su puerta.
Es tres puertas más adelante.
Hay una ventana al final del otro pasillo y, por un momento, veo a mi padre de pie junto a mi madre, caminando.
Parpadeo para aclarar mis vista, reconociéndome a mí mismo en el reflejo junto a mi madre.
Me concentro en las baldosas. Harían un buen muro. Estéril. Construido desde el suelo como una montaña inclinada.
Hay tacones resonando en mis baldosas. Subiendo por la pendiente, escalando mi montaña.
Ella está al otro lado del pasillo, caminando hacia nosotros, mirándome.
Qué puto infierno.
No hay paz.
Madre la abraza, responde a sus preguntas.
—¿Un guardia de Azkaban hizo esto? Eso es absurdo.
Me rio, negando con la cabeza ante su ingenuidad.
Mi madre se sienta con ella. Habla con ella. La adora.
Y luego madre me mira. Al fin descubriendo por qué no he estado comiendo, no he estado durmiendo. No he estado viviendo.
Pero ni nuestra ruptura ni la precaria salud de su esposo pueden disuadirla de entrometerse.
Ella nos deja solos. Y el silencio es oscuro, retorciéndose en mi interior como algo que busca la luz.
—¿Qué estás haciendo aquí?
Listo. Lo he roto.
—Quería estar aquí para ti y tu madre.
—Deberías estar preparándote para el juicio de la próxima semana —siseo.
—Ya estoy preparada.
Por supuesto que lo está.
—Alguien debe quedarse a cargo de la oficina.
—Blaise lo está manejado.
Siempre tiene una respuesta para todo.
—Entiendo si no me quieres aquí. Y me iré si eso te facilita las cosas. —Ella está mirándome—. Pero quería asegurarme de que Narcissa estuviera bien.
Quiero gritarle. Decirle que sólo puede estar aquí la familia.
Me muerdo la lengua, esperando que madre regrese y se encargue de ella.
—¿Fue con un cuchillo? —pregunta ella.
Asiento, mirando de nuevo mis baldosas.
—¿Y fue un guardia de Azkaban bajo la maldición Imperius?
—Eso es lo que dicen.
—¿Lo has visto ya?
—No hasta que esté estable —le digo, pateando el suelo.
Madre regresa y pone una empanada de calabaza por fuerza en mi mano. Me la meto en el bolsillo hasta poder deshacerme de ella.
Siento que pasan horas mientras escucho a ambas charlar.
Ella es lo más cercano que tengo a una madre.
Jean Granger nada frente a mis ojos, esperándome. Esperando que le abra mi mente para que ella pueda encontrar su camino de vuelta...
Hay una puerta frente a mí.
Hay un hombre custodiándola.
Dos mujeres charlan a mi derecha.
Huele a pociones de limpieza.
Me duele el cuello.
Estoy hambriento.
La puerta frente a mí se abre. El Sanador sale.
Me acerco a él. Mi madre se pone de pie.
Él ha reparado los órganos de mi padre. Está preocupado por un cuchillo. Está trabajando con algún rompe-maldiciones.
—¿Qué significa eso? —pregunta mi garganta.
Él me mira. Tiene cabello gris, ojos marrones y su piel es vieja y delgada.
—Esperamos que se recupere totalmente.
Él vuelve a hablar con mi madre sobre documentación y todo lo que escucho es "señora Malfoy".
—Black —lo corrijo. Él ya debería saberlo. Los documentos lo dirán. Lo más apropiado es hacérselo saber. Los documentos legales requieren firmas legales.
Él se lleva a mi madre para firmar los documentos. Y hay una puerta al final del pasillo. Cerrada.
Un guardia está escoltándola. Manteniéndome fuera. Manteniéndolo adentro.
Mi pecho está frío. Mi aliento es helado.
Una recuperación total.
Totalmente recuperado. Sin necesidad de escrituras ni testamentos. Un perfecto plan para reunirnos a todos aquí.
Pienso en una botella de whisky de 500 años y en voces italianas que me cantan. Siempre dijimos que volveríamos allí.
Quizás para cuando cumplas diecisiete, había dicho.
Pero él no estuvo allí.
Quizás para la Navidad del próximo año.
Pero tampoco había estado.
Odié aquel whisky.
Pero él prometió que volveríamos.
Quizás cuando salga en libertad. Tal vez el día que lo liberen nos apareceré a ambos en...
Mi aliento apuñala mi garganta.
El guardia se desdibuja, como agua en un vaso. Y las baldosas están húmedas y yo no puedo respirar. Hay una voz llamándome…
Mi túnica me aprieta.
Mis zapatos son de color negro.
Tengo diez dedos.
Mis dedos están encima de mis ojos, haciendo que la humedad se quede dentro.
¿Lo haría feliz saber que lloré por él? O simplemente se sentirá decepcionado por mi debilidad.
Tú nunca podrías decepcionarme, Draco.
No.
Miro hacia arriba.
Esto es un juego. Todo esto. Italia y Azkaban y San Mungo.
Sólo piezas de ajedrez en movimiento, repiqueteando sobre un tablero y cayendo.
Una mano envuelve la mía. Y ella es la reina, pero… No sé a qué lado del tablero pertenece, al suyo o al mío.
Ella nos derribará a todos si no tenemos cuidado.
Me aferro a ella, acerco su piel a la mía y me duele tocarla de nuevo. Me atraviesa el estómago y la atraigo hacia mí, abrazándola.
Un sonido jadeante y húmedo brota de mis costillas, como si algo saliera de mí, mis entrañas en las baldosas.
Repiqueteando en mi garganta y cayendo, como ladrillos desmoronándose por mi lengua y hasta el suelo.
Sus dedos están en mi cabello. Su pecho sobre mi costado. Su voz en mis oídos y su olor sobre mí.
Y todo pudo haber sido así de simple. Durante años, pudimos haber sido sólo nosotros dos. Pero el hombre detrás de la puerta me mantuvo alejado de ella, me impidió tener lo que quería, me impidió ser feliz.
Mintiendo, como siempre ha hecho. Nunca se trató de lo que yo quería. Nunca se trató de mi felicidad.
Pude haberme liberado de él. Un cuchillo pudo haberlo hecho jirones hasta que él se convirtiera en sólo un recuerdo de whisky y periódicos y sus ojos mirándome en el reflejo del espejo.
¿Por qué no se muere de una vez?
Sería mucho más sencillo.
Ella me está arrastrando a alguna parte. Llevándome a un rincón sólo para nosotros dos. Oscuro y privado y se siente como un hogar con ella aquí.
Mis rodillas ceden, pero sé que ella me tiene.
Mis brazos están alrededor de su cuerpo, de las caderas que me pertenecen, mi cara está presionada contra el vientre que he besado.
—Quería que muriera —me confieso ante la oscuridad. Ante ella.
—Lo sé.
Sus manos recorren mi cabello y mi cuello, eximiéndome. Perdonando mis pensamientos.
Lloro en su vientre, aspirándola hacia mi interior. La abrazaré hasta que ella me aparte.
Sus dedos se deslizan por mi cabello, bailando sobre mi cuello y hombros, calmando mis pensamientos y mi respiración. Ella me sostiene, me mantiene cerca y seguro.
Y siento que me he caído en un pozo, pero ella está arriba, esperándome.
La justiciera voz de Ginny Weasley me canta en el oído:
Él estuvo allí porque se preocupaba por mí.
Ella vino por mí. Vino a protegerme.
Sálvame, por favor, Granger.
La curva de sus caderas y su pequeña cintura son tan familiares bajo mis manos. El ritmo de su respiración contra mi frente. Mis labios se presionan sobre su vientre, mis manos se deslizan por su espalda.
Ella está aquí para mí.
Me pongo de pie, besando a lo largo del centro de su pecho, avanzando lentamente hacia su piel. Ella jadea y yo envuelvo mis brazos a su alrededor, apropiándomela. Mi boca encuentra su acostumbrado camino hacia su cuello, hacia su oreja.
Todo se desmorona.
Nada se ha sentido así, como tenerla cerca y que ella me quiera.
—Te extraño —le susurro, acercándome a ella, inmovilizándola contra la puerta y apretándome a su cuerpo.
Dice mi nombre en ese tono entrecortado que he llegado a reconocer en mis sueños, y mis manos se deslizan para cubrir cada centímetro de su piel.
Su vientre, sus costillas, subiendo por su cuello para sujetar su rostro. Me introduzco en su boca y ella me acepta, recibiéndome y besándome en la oscuridad.
Tengo que volver a estar dentro de ella.
Todo es tan simple cuando sólo estamos nosotros dos y yo estoy en su interior.
Sus manos se mueven a mis hombros y yo estoy a punto de deslizar mi rodilla entre sus muslos. Ella me empuja hacia atrás.
—Draco. Ahora no.
Me conecto con sus ojos. Ella no me desea. Ella no quiere hacer esto.
Ella baja mi rostro hacia el suyo, besándome dulcemente. Yo le devuelvo el beso y ella se aparta.
—Tienes que regresar allá afuera —dice.
Y todo vuelve a caer sobre mí.
Mi padre.
Ella recorre mis mejillas con sus dedos, mis sienes, alejando todos mis pensamientos oscuros. Ella me saca de la oscuridad de la habitación hacia la luz.
Los ojos del guardia se apartan de nosotros.
Mi piel se siente tensa e hinchada.
—Necesito... Aún no puedo entrar a verlo. —Me tallo los ojos, restregando la emoción—. Iré con mi madre a revisar los documentos, y buscaré un baño.
Tengo mucho por hacer. Necesito verlo. Necesito hablar con él sobre lo que quiere a cambio de la Mansión. Probablemente debería consolar a mi madre. Aún no lo he hecho.
—Aquí te esperaré.
Yo la miro.
Me esperará. Estará aquí para mí.
Su mano está sobre la mía, consolándome. Salvándome.
Ella me sonríe. Y no puedo esperar a volver a su lado.
Me voy, sus dedos revolotean en los míos, y encuentro un espejo y después a mi madre. Ella charla en voz baja con Skeeter cuando la encuentro.
—¡Draco! —salta Skeeter—. ¡Pobrecillo de tí! ¿Cómo te sentiste cuando te enteraste?
—No hay preguntas para él, Rita. —La voz de mi madre es grave y peligrosa, haciendo a Rita Skeeter retroceder—. Tienes un artículo sobre los snidgets dorados para publicar el domingo, así que te sugiero que escribas algo rápido sobre el apuñalamiento de Lucius Malfoy para que puedas concentrarte en ese artículo.
Rita aprieta los labios con dificultad y se aleja.
—¿Me necesitas para algún documento? —pregunto.
—No —contesta, tomándome del codo—. Ya terminé. —Nos lleva de regreso al pasillo—. Cuando él despierte, creo que deberías entrar a verlo. Sé que no lo deseas, pero es necesario.
Yo aprieto los dientes y siento su mano.
—Lo sé. Tengo que averiguar qué es lo que quiere. Por qué ha hecho todo esto. —Siento sus ojos sobre mí—. Debe ser algún tipo de advertencia. Una oportunidad de mostrarnos lo que seríamos sin él. Creo que ha encontrado una forma quitarme la Mansión.
Mantengo mi mirada en el suelo mientras caminamos. Ella está en silencio. Hasta que ya no lo está:
—¿Qué pasó entre Hermione y tú? —me susurra.
—Nosotros... terminamos. Es una historia larga y complicada.
Ella me abraza.
—No tiene que ser así. Ella está aquí, ¿no?
Yo asiento. Sintiéndome más ligero. Sintiéndome más libre.
Giramos en la esquina e inhalo profundamente, listo para verla sentada en esas sillas, esperándome. Me sentaré con ella y tomaré su mano. Y la invitaré a cenar. Y más tarde, mucho más tarde, hablaremos sobre la confianza y los secretos.
Ella no está.
Mis pies se detienen.
Ella se ha ido. Aunque estuviera aquí para mí. Ella vino por mí, y ahora...
Sólo hay un guardia al lado de una puerta. Y mi padre tras de ella.
Estoy corriendo, mi madre me llama. El guardia saca su varita, con los ojos muy abiertos cuando me acerco, pero está atrapado en la indecisión cuando yo me arrojo sobre la puerta, sintiendo la madera cediendo bajo mi peso.
Ella está parada al final de la base de una cama. Con cortinas verde menta.
Ella está aquí para mí. A no ser que…
Esté aquí para él.
No, eso no...
…gemirá para ti después de haber gritado para mí…
Ella no…
Hay lágrimas en sus ojos. Él la lastimó.
—Aléjate de él.
Ella salta hacia atrás, presionándose contra la pared mientras yo entro en la habitación y me enfrento a mi padre, apoyado en la cama.
Pálido. Impotente.
—Draco. Qué gusto que hayas venido —me canturrea, sonriendo.
Pero aún sigue siendo peligroso.
—Aléjate de ella —siseo—. No vuelvas a dirigirle la palabra.
Él inclina la cabeza.
—Draco, ella vino a buscarme.
Siento que algo me hierve desde las entrañas y, antes de que llegue a mi corazón, ella lo detiene.
—No más —grita—. Deje de usarme en su contra. El juego terminó.
Y veo a mi padre fruncir el ceño y apartar la mirada. Como un niño que ha sido enviado a su habitación.
Me giro para observarla y ella lo está mirando. Ya ha tenido suficiente.
Hermione Granger acaba de ponerle a Lucius Malfoy su mejor ceño fruncido de Prefecta y él retrocedió como un estudiante de primer año.
No podría amarla más.
—Hermione, déjanos solos —le pido.
Ella alterna la vista entre nosotros, como si necesitara quedarse. Para mí.
Para salvarme.
Mis dedos acarician su brazo.
—Por favor, vete. Te veré en la mañana.
Ella me mira suavemente. Y desearía poder darle un beso de despedida.
Tal vez algún día.
Miro a mi padre, esperando oír el chasquido de la puerta al cerrarse.
Él me devuelve la mirada.
—Ella es extraordinaria —me dice, con una pequeña sonrisa—. Pero tú lo sabías desde el principio.
—Sí —le respondo.
Madre se une a nosotros, caminando alrededor de la cortina.
—Ah —dice padre—. Mi ex esposa.
—Prefiero antigua amante —bromea ella—. Suena mejor.
Yo pongo los ojos en blanco y me paro en la esquina hasta que ellos terminen.
—Hablando de anillos —tararea él, mirando los dedos desnudos de mi madre—. Sé que el diamante de compromiso Malfoy ha sido enviado con los rompe maldiciones, pero les pedí a nuestros joyeros habituales que me avisaran cuando tu argolla matrimonial apareciera para fijar su precio.
—Oh, no te molestes, querido. Planeo vendérsela a los muggles.
Yo me froto los ojos.
—Qué magnánimo de tu parte, querida. Siempre pensando en los menos afortunados.
—Sí, mis pensamientos han estado contigo con bastante frecuencia…
—Me alegra oírlo.
—Entonces, padre —los interrumpo—. ¿Estás bien? ¿No estás envenenado después de todo?
Él me mira con el ceño fruncido y respira profundamente.
—Sí. Gracias por tu preocupación, Draco. Estoy seguro de que atraparán a la persona que maldijo al pobre Thompson.
—No estoy seguro de que "pobre" sea el término correcto para describirlo de ahora en adelante —le digo, y sus labios se arquean ante mi agudeza—. Entonces, en vista de que se te ha concedido una libertad momentánea, ¿qué es lo que te gustaría discutir?
—¿Discutir? —pregunta inocentemente—. ¿Por qué?, si yo simplemente disfruto verlos a ambos.
—Seguro que sí. —Me acerco a su lado—. Qué bendición, entonces, haber sido herido de muerte.
—Tu hijo tiene la impresión de que planeas quitarle la Mansión —dice madre sin rodeos—. Que tienes algún tipo de plan para que tu muerte nos impida vivir felices sin ti.
Los ojos de mi padre se desvían hacia mí. Inclina la cabeza, dando vueltas a la idea.
—No, no. —Niega con la cabeza, entrecerrando los ojos, tratando de descifrarme—. Por supuesto que no, Draco. La Mansión será tuya una vez que te cases con la señorita Granger.
Es como si me hubiera golpeado en el estómago. Tomo una inhalación lenta.
—¿Y cuándo será eso, padre?
Él me frunce el ceño. Hay algo en sus ojos que no puedo entender. Algo que recuerdo de cuando era más joven.
—Supongo que después de que le propongas matrimonio. Si aún no lo has hecho.
Él se ríe. Yo miro fijamente sus ojos grises, recordando la vez que ella huyó de la biblioteca, con lágrimas en los ojos, alejándose de mí. Le susurro:
—¿Y si ella no me acepta?
Él suspira, levantando una ceja.
—Por supuesto que lo hará. Me he asegurado de ello.
—¿Te has asegurado? —Mi garganta se siente apretada.
—No estaba completamente seguro. Creía que ella se sentía atraída por ti, sí. —Sus ojos brillan hacia mí—. Pero no fue hasta que madame Michelle me confirmó que había asistido a su primera lección que supe que ella realmente se preocupaba por ti.
Mi mandíbula se traba. Siento a mi madre moverse a mi lado. Ella se acerca a la ventana y examina las flores en la cornisa.
Yo intento seguir su lógica. Trato de averiguar qué quiere ahora.
—La has evaluado mal. Ella está impulsada por hacer lo correcto. Asistió a esas clases porque la obligaste moralmente conmigo...
—No seas idiota, Draco. No va contigo —me dice. Yo cierro fuertemente mi mandíbula—. Ella sabía exactamente qué significaba esa pequeña lista cuando se la di.
—Ambos tienen razón —dice mi madre. Ella mira por la ventana, con la mano sobre su clavícula—. Ella no es como nosotros. No sabe cómo jugar a estos juegos. Pero está desesperadamente enamorada de ti y no tiene idea de qué hacer al respecto.
Desesperadamente.
Parpadeo para visualizar la parte posterior de su cabeza. Vuelvo los ojos a mi padre y él me está sonriendo. Yo bajo la mirada.
—¿Qué quieres de nosotros, padre? ¿Qué tengo que hacer para que la dejes en paz?
—Sólo quiero que seas feliz, Draco…
—Nunca has estado más lejos de la verdad.
Él frunce el ceño.
—He... tomado medidas, sí. Medidas para asegurarme de que ella era adecuada para ti. Para asegurarme de que ella era la elección correcta. Quería estar seguro de que ella sentía lo mismo por ti.
Yo gruño:
—Esa no es tu responsabilidad...
—¡Es mi responsabilidad! —Su voz retumba por toda la habitación. La siento haciendo eco en mi pecho—. Como Señor de la Mansión Malfoy, es mi responsabilidad —sisea. Está sentado en una cama de hospital, pero se siente como si estuviera en su sillón del salón, en plena audiencia conmigo—. ¿Crees que no te conozco? ¿Qué no te he observado a lo largo de los años? —me gruñe—. Sabía que te fugarías con ella en el instante te fuera posible. Sabía que lo darías todo por esa chica sin pensar un momento en tu deber para con esta familia.
—¿Te refieres a mi deber de casarme con un sangre pura? —Me inclino hacia adelante, sujetándome a los rieles al pie de su cama—. Mi deber de casarme con una chica que sepa organizar fiestas y hacer reverencias y reconocer el Rembrandt que tenemos en nuestro salón de baile.
—Sí. —Sus ojos se endurecen en los míos—. Todas esas cosas son importantes. Tu madre puede dar fe de ello.
La veo removerse por el rabillo del ojo, pero no lo niega. Pienso en Pansy.
Si la quieres en tu mundo, Draco, hay cosas que ella necesita aprender.
—Pero lo más importante —comienza mi padre, con voz tranquila y serena—, sabía que si esa chica te daba una migaja de su afecto, tú la seguirías como un perro por el resto de tu vida. Estarías perdido para siempre. —Aprieta sus labios y siento mi corazón en el cuello—. Entonces, sí. Me entrometí. —Él se rasca la mandíbula y sonríe—. Te lo dije una ve: Encuentra lo que te haga feliz, y yo te lo conseguiré.
Cierro los ojos, un dolor de cabeza inminente arrastrándose por mi cerebro.
—En el futuro, me gustaría "conseguirlo" por mi cuenta, padre.
—Entonces, ¿qué estás haciendo aún aquí?
Abro mis ojos. Él está agitando la cabeza en mi dirección. Esboza una pequeña sonrisa. Mi madre me mira por encima del hombro con una expresión similar.
—Si no me equivoco, en una hora ella estará en el estudio de baile. —Me levanta una ceja—. Le vendría bien un compañero.
Pienso en sus brazos a mi alrededor, abrazándome. En la forma en que silenció a mi padre con una mirada.
En cómo estuvo para mí. Cómo siempre está para mí.
Asiento hacia mi padre, en nuestra mejor representación de una despedida, y me tropiezo con la puerta en mi camino para encontrarla.
Cruzo la puerta, cara a cara con el guardia, antes de darme la vuelta para esperar a mi madre.
Cuando veo que ella no me sigue, miro al otro lado de la cortina y la veo deslizarse para sentarse a su lado en la cama, de espaldas a mí.
Los ojos de mi padre bailan sobre su rostro y su mano se estira para alcanzar la suya. Ella retira su brazo.
—No vuelvas a hacer esto —le susurra ella, apenas lo suficientemente fuerte para que yo la escuche. Ella se inclina hacia adelante y empuja el cabello de padre por detrás de su oreja—. O te apuñalaré yo misma.
Él le sonríe, acariciando su mejilla.
—Sé que lo harás —le dice.
Los observo por unos momentos mientras ellos se miran el uno al otro. Ella retira la mano y se acerca a él. Ella le cuenta acerca de un libro que ha leído y él mira su rostro, escuchándola y asintiendo. Él intenta nuevamente tomar su mano y ella se mueve a la silla a su lado, pero continúa contándole sobre su libro.
Él le sonríe en los momentos adecuados y frunce el ceño ante los malos.
Como un perro. Buscando migajas.
Dejo que la puerta se cierre detrás de mí y desaparezco por el pasillo rumbo al estudio de baile.
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Nota Autora: La escena con Marcus Flint en realidad fue cortada de LFCDA. Pero me di cuenta de que no necesitaba a Hermione en la escena, y en ese momento ya sabía que escribiría este punto de vista, así que la guardé durante más de un año.
ADEMÁS… Sé que muchos de ustedes quieren epílogos, bebés y bodas, pero necesito informarles antes del próximo capítulo que esta historia no los incluirá. Sabía la forma exacta en que quería terminar con Todo lo Incorrecto, e incluir un epílogo sería tedioso. PERO… Escribiré una historia separada, con muchos fragmentos que ya he escrito y publicado en Tumblr que incluirán la boda y sus hijos y Pansy cuidando niños y otras cosas hermosas y estúpidas. Además, se acerca un fic de Lucius y Narcissa. Además, una pequeña historia llamada La Subasta. No sé si has oído hablar de ella...
Nota Traductora: La historia de la que habla Lovesbitca8 aquí arriba en la nota de autora es "Todo está bien" y ya he empezado a traducirla. La otra historia, la de Lucius y Narcissa, también la traduciré eventualmente este año. "Derecho de Cuna". Ninguna de las dos historias está terminada al día de hoy, son trabajos en proceso.
