DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: No voy a llorar. No voy a llorar…
Hemos llegado al final, y aquí estoy contra viento y marea, un poco tarde pero aún en viernes.
No las entretengo, nos leemos al final. Las quiero.
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Todo lo Incorrecto
Traducción de "All The Wrong Things" de Lovesbitca8
Capítulo 24
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Jueves, 2 de marzo de 2000 - más tarde
Ella entra corriendo, huyendo de la lluvia, se quita los zapatos, se quita la bufanda y yo le sonrío. Tarde para la clase de baile. Como una niña de ocho años que quería faltar con desesperación.
Cuando me descubre aquí sentado, jadea, tapándose la boca con las manos, como si yo fuera el asesino en una historia de terror.
—¿Qué estás haciendo aquí? —jadea ella—. ¿Está todo...? ¿Tu padre está bien?
Preocupándose por mí. Pasando de cero a asesinato con hacha y a genuina preocupación en 0.07 segundos.
Me levanto y, antes de poder responderle, ella ya ha vuelto a cambiar de emoción.
—Voy a asistir a las clases, Draco —ella me mira—. Sólo me resta una semana y tengo la intención de terminar. La herencia se transferirá y eso será todo.
Hice un trato.
Mi testarudo dolor de cabeza.
Abro la puerta para ella y paso mi mano para guiar su entrada.
—Después de ti.
Ella me mira fijamente durante unos momentos y luego entra.
Una fuerte advertencia viene de la dirección del gramófono.
—Señorita Granger, llega tarde dos minutos.
Por Merlín, al diablo con esa maldita voz.
—Me temo que ha sido culpa mía, señorita Truesdale —le digo, y la marchita vieja murciélago se da vuelta, su rostro se contorsionista en una sonrisa de deleite.
—¡Joven señor Malfoy! Qué agradable sorpresa. —Ella acaricia su cabello gris y desliza su mano en la mía mientras beso sus nudillos—. Nos has hecho mucha falta.
—Me alegra escucharlo —le respondo en tono coqueteo.
—¿Cómo está tu madre? Lamenté mucho escuchar sobre el incidente de tu padre —ella hace un puchero, y luego, con un gesto de mano, el gramófono se sintoniza y Granger es enviada a la barra de ballet.
Respondo de manera respetuosa, con los ojos fijos en El Profeta vespertino que yace en su mesa auxiliar. Una foto de mi familia me mira fijamente.
Ella debe saber quién le paga, ¿verdad? Ella debe saber por qué se le exige que se quede más allá de sus clases habituales para las lecciones privadas con una chica nacida de muggles.
Truesdale hace flotar una silla sobre nosotros para que me siente en la parte delantera de la habitación y ella se desliza sobre su propio taburete.
—Si está aquí para comprobar su progreso, señor Malfoy, lamento informarle que necesitará mucho más tiempo y concentración para llegar a igualar a las chicas de su edad.
Y ahí está.
Sonrío ante su crítica y me pregunto si algunas de las bromas e insultos que usaba cuando era niño fueron aprendidas al ver a Truesdale "enseñando".
Giro mis ojos para ver a Granger en su demi plié final y grand plié, los tobillos rodando hacia afuera, el trasero deslizándose fuera de alineación.
Y tal vez haya algo de cierto en el insulto.
No puedo evitar reír.
Truesdale marca el vals vienés en el piso, guiando a Granger a través de las formaciones y giros. Sus mejillas arden brillantes al tiempo que tropieza. Sus ojos fingen que yo no existo.
—¿Lo ve, señor Malfoy? está totalmente desenfocada y descoordinada.
Maldita vaca. Consíguete una revolcada.
—Mmm... Tal vez ha estado trabajando demasiado tiempo sin una pareja —digo.
Los ojos de Granger finalmente se encuentran con los míos mientras me acerco a ella. Ahí está de nuevo ese miedo al asesino con hacha…
—Mmm, todavía no me sé los pasos…
—Vamos, Granger —le susurro—. Déjame llevarte a dar una vuelta.
La tomo en mis brazos, una mano a lo largo de su espalda, la otra deslizándose contra su palma. Ella está tensa, lista para luchar o huir. Baja la vista hacia nuestros pies, sus ojos revolotean alrededor de los pasos que tiene que seguir.
–Mírame a mí —le digo. Confía en mí.
Sus ojos se posan en los míos y nos deslizamos.
Mis pies nos guían, mi mano empuja y tira de su torso, y sus ojos permanecen en mí. Su respiración se detiene cuando nos giro, y sus ojos se profundizan, como túneles por los que puedo bailar.
No se parece en nada a la Legilimancia. Y, sin embargo, es muy similar. Estar conectando con ella de esta forma. Esta confianza que me da. Y la sensación de que no hay nada que se interponga entre nosotros. Sin espacio, ni ladrillos, ni monstruos. Sin malentendidos ni suposiciones. Sin sangre ni guerra.
Y, cuando la música se detiene y Truesdale le ajusta la columna y los codos, ella se queda entre mis brazos, en mis ojos, permitiéndome entrar en su alma y buscando la mía debajo de todas las telarañas y sombras.
La música vuelve a sonar y, cuando ella está haciéndolo mejor que antes, yo la giro bajo mi brazo. Sus pies trastabillan, pero vuelve a mí con facilidad, con los ojos muy abiertos y sorprendida, y se ríe.
Y veo un vestido azul girando. Y a una chica riendo al tropezar con su pareja. Riendo y feliz.
Truesdale, por supuesto, tiene que portarse como una cabrona al respecto.
—La pista de baile no es lugar para reír, señorita Granger. —Y luego añadió en voz baja—: Excelente trabajo.
Practicamos algunos otros bailes y estilos, poniendo a prueba tanto mi memoria como la suya. Ella confía en mí. Ella me mira. Sus ojos permanecen en los míos, sin moverse hacia nuestros pies ni a Truesdale.
Y luego el gramófono toca el vals francés. Ella me mira con los ojos muy abiertos, como si tuviéramos una broma privada. Como si nos conociéramos desde hace años y alguien mencionara una insignificancia que nos hace sonreírnos el uno al otro por encima de nuestras tazas de té.
Me inclino ante ella y ella me sonríe. Y, cuando hace una cortesía, descendiendo constante y hermosamente, ella mantiene sus ojos en mí, y es como si siempre hubiésemos estado destinados a encontrarnos de esta forma, con este baile.
Ella flota entre mis brazos y está claro que este baile es el que más ha practicado. Se anticipa a mis pasos en lugar de dejar que yo la guíe hacia donde debe estar. Ella levanta su propio brazo para girar por abajo. Ella no aprieta mi mano cuando olvida los pasos. En cambio, simplemente descansa contra mi piel.
Nos separamos, y ella me sonríe a través del reflejo de la pared de espejos cuando saludamos a nuestra nueva pareja. Yo levanto la palma de mi mano, mirándola, pensando en cómo ella no me tocaría. Incluso después de encontrar una manera de orbitarla, de descubrir una forma de aparecer frente a ella, más cerca de lo que tenía derecho a estar. Le robé el aliento y esperé obtener más, pero todo lo que ella tuvo el valor de hacer fue acercar su mano a unos centímetros de la mía.
Aunque ella también quería más.
Leoncita valiente, aún esperando que la serpiente ataque.
Ella se ríe, sacándome de mis pensamientos y, mientras ambos giramos alrededor de nuestros compañeros imaginarios, tenemos un momento para mirarnos uno al otro desde el otro extremo de la habitación. Y ella suelta una risita.
Y es tan contagiosa como viruela de dragón. Le devuelvo la sonrisa, amando el sonido.
—Señorita Granger, manténgase enfocada en su nueva pareja.
Ella se carcajea y yo le sonrío.
Truesdale comienza con el simbolismo metafórico de la danza, y veo los ojos de Granger apagados, de la misma forma que solían estar en el salón de clases de Trelawney cuando tenía que morderse la lengua.
—La nueva pareja en el Vals Francés representa el final de nuestras escapadas juveniles. —canturrea Truesdale desde el otro lado de la habitación, con su voz destacándose por encima del gramófono. Granger vuelve a mí al ritmo del un dos tres y yo levanto mi mano, con la palma hacia ella—. Y el volver con su pareja original representa el abandono al resto de los hombres, y que ha elegido a su compañero de por vida.
Algo cambia en sus ojos. Ella me mira, parpadeando al escuchar el simbolismo de Truesdale.
Mi mano está levantada, mirándola, ofreciéndome a ella. Eligiéndola a ella.
Y esperaría por ella toda la vida.
Ella levanta su mano y me mira a los ojos mientras presiona su piel contra la mía.
Giramos, moviéndonos uno alrededor del otro, conectados. Por fin.
Volvemos al inicio. Nuestras manos descienden. Yo hago una reverencia. Ella hace una cortesía. Y podría ponerme de rodillas ahora mismo, basándome exclusivamente en la mirada de sus ojos.
—Adecuado, señorita Granger.
Ella parpadea, separándose de mí. Y el momento se evapora.
Truesdale le ofrece algunas clases con niñas de doce años durante el verano, para complementar el nivel en el que se encuentra actualmente. Yo sonrío hacia los pisos negros mientras Granger se pone naranja de rabia.
Salimos al vestíbulo y digo:
—Para ser totalmente honestos, creo que estás al nivel de las chicas de catorce años. Mínimo.
Ella me mira y es tan estimulante como su sonrisa.
La veo cambiarse los zapatos y atarse la bufanda alrededor del cuello. Quiero llevarla a casa. Quiero bailar con ella de una forma más familiar, donde ella tiene bastante más práctica.
Pero tengo cosas que hacer.
—¿Monsieur DuBois y tú siempre se reúnen en la misma cafetería?
Ella me mira, sorprendida.
—Mmm... sí, casi siempre. ¿Por qué?
Ignoró la pregunta.
—¿Y madame Bernard y tú toman el té en aquel restaurante francés?
Ella sospecha ahora.
—¿Por qué?
Le sonrío. Su bufanda revolotea alrededor de sus hombros y yo necesito tocarla de nuevo.
—Como dije. —Mis dedos retuercen su bufanda hacia su abrigo, mis nudillos rozan su cuello—. Has estado trabajando demasiado tiempo sin una pareja.
Ella me mira fijamente y yo sonrío, me marcho y me dirijo al Ministerio.
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Viernes, 3 de marzo de 2000
Cuando se abre la puerta, Mónica Wilkins / Jean Granger está allí, sonriendo suavemente. Sus ojos se deslizan sobre mi rostro.
—¿Puedo ayudarte? —dice, con una sonrisa amable.
Y mi estómago se retuerce.
He llegado muy tarde.
Ya ni siquiera me reconoce.
Siento mi garganta seca y ni siquiera puedo empezar a explicarle quién soy.
Wendell aparece detrás de ella.
—¡Ah! ¡Drake! —Él la sostiene por los hombros y le frota los brazos—. ¿Cariño, te acuerdas de Drake? Pasó por la tienda. Vino solo a su luna de miel ¿recuerdas?
Wendell me asiente por encima del hombro y arquea las cejas de manera significativa. Me recuerda, pero quiere que vaya despacio con ella.
Ella extiende su mano.
—Lo siento, no lo recuerdo bien. —Ella sonríe—. Mónica Wilkins. Encantada de conocerte.
Yo trago saliva, estrecho su mano y encuentro un vendaje envuelto alrededor de su palma.
—¿Está aquí el doctor Flanders? —le pregunto a Wendell. Me pregunto si ya habrá descubierto su verdadero nombre.
—Sí, por supuesto. —Wendell me hace pasar al interior, e ignoro la forma en que Mónica se queda de pie por un segundo de más en la puerta antes de cerrarla.
El doctor Flanders está lavando los platos del desayuno. Me sonríe, como si me hubiera estado esperando. Mientras Wendell prepara a Mónica en la sala de estar con un programa de televisión, yo me dirijo al doctor Flanders.
—¿Qué le pasa?
—Todo es parte del proceso, señor Malfoy. Es normal tener recaídas.
—¿Fue por mi culpa? —pegunto, viendo a Mónica mirar fijamente el control remoto.
Siento una mano en mi hombro.
—No, no. —El doctor Flanders niega con la cabeza—. La mente es una red extraña. Incluso aunque hubiéramos avanzado con el Pensadero, ella podría haber retrocedido. —Él se ajusta las gafas y dice—: Le pido disculpas, señor Malfoy. Supongo que no debí haber asumido que te agradaría tener a extraños fisgoneando en tu cerebro.
Ah, ¿por qué no? Está de moda.
—¿Qué le pasó a ella a la mano?
El doctor Flanders mira hacia abajo.
—Me temo que eso ha sido culpa mía. Ella estaba haciendo té para nosotros y se quemó. No debí haberla dejado usar la estufa. Y no puedo curarla con magia hasta que la recuerde, así que...
Miro como Mónica se ríe frente al televisor. Wendell le sonríe.
—¿Wendell la recuerda?
—Sí, él lo está haciendo bastante bien. Se llama Henry, en realidad. Ha recordado su verdadero nombre.
Henry y Jean Granger.
—¿Qué necesita de mí? —pregunto.
El doctor Flanders dice:
—Lo que sea que estés dispuesto a dar —y me sonríe amablemente.
Veo a Jean Granger presionar una mano en su sien, frunciéndole el ceño a algo.
—Todo —le digo. Y repito las palabras de su hija—. Cualquier cosa que necesiten.
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Paso el resto del día con los Granger, bebiendo pociones pimentónicas como si fueran dulces. Justo antes de la cena, llevo mi traslador de vuelta a Reino Unido, me dirijo a la cafetería de la esquina y entro a la oficina a las 8:45 de la mañana con el vaso de café de Granger.
Lo dejo en su escritorio y le digo a Carrie que estaré fuera de la oficina todo el día.
Vuelvo al patio trasero de los Granger mientras Jean y Henry sirven las chuletas de cordero.
—¿Cómo estuvo tu llamada telefónica? —pregunta Jean, tomando mi abrigo.
—Excelente, gracias. Todos en Reino Unido les mandan saludos. —Le sonrío al doctor Flanders.
Mientras yo lavo los platos, con magia, por supuesto, el doctor Flanders me mira con desaprobación y mantiene la atención de Jean lejos de la cocina. Henry se vuelve hacia Jean.
—Mónica, querida. Creo que el doctor Flanders y Drake tienen algo emocionante que mostrarnos.
Ella me mira y yo tomo rápidamente el plato que está sobre el fregadero.
—¿Oh, en serio? ¿Qué cosa?
El doctor Flanders sonríe.
—Es como una película. Pero está dentro de este cuenco. —Él coloca el Pensadero en la mesa del comedor—. Drake les mostrará cómo funciona.
Miro fijamente la espuma del fregadero. Todavía no me agrada esto. Henry está listo, pero ¿y Jean? Ella mira por la ventana cuando le hacen una pregunta directa. Se ríe del silencio y tiene problemas con sus funciones motoras básicas. Sostuvo el control remoto boca abajo durante varios minutos, presionando "botones" en la parte posterior. Olvidó cómo sostener el tenedor en la cena. Henry tuvo que cortarle las chuletas de cerdo.
Pero el doctor Flanders dice que su cerebro está tratando de luchar contra la nueva información. Cada vez que ella tiene algún tipo de recaída, él me sonríe, explicándome que ella quiere recordar, pero el hechizo de memoria está combatiéndola.
Esto no me gusta. Ella va a terminar encerrada de nuevo en el baño, con su marido al otro lado de la puerta. Ni siquiera recuerda en este momento haber tenido una hija.
—Qué invento tan extraño —dice Jean, mirando el Pensadero. Me estoy secando las manos cuando ella me mira y dice—: ¿Tú creaste esto, Draco?
Yo parpadeo.
Draco, no Drake.
Ella me sonríe y veo los ojos de su hija.
—No exactamente —mi voz se apaga. Me aclaro la garganta—. Pero es posible que me veas en… mmm… la película.
—¡Oh, qué divertido! —Ella sonríe.
Me muevo hacia el armario donde guardamos los viales. El doctor Flanders dijo que deberíamos empezar despacio. Algo sin mucha acción o conflicto. Sólo ella. Y, de preferencia, sin magia.
Me tiemblan los dedos cuando saco del armario el vial con la etiqueta "enero de 1995". No será como si ellos pudieran leer mis pensamientos, sólo podrán presenciar el momento físico. El doctor Flanders les explica que las cosas podrían parecer reales, pero no podrán afectarlas. La gente dentro de la película no podrá verlos.
Jean se ríe un poco.
—Qué bobo. Por supuesto que no.
Yo me giro hacia el Pensadero antes de poder pensármelo dos veces y vierto los hilos de plata en el cuenco.
Henry, Jean y yo nos inclinamos hacia adelante y la biblioteca de Hogwarts se enfoca.
Me paro en medio del lugar, observándome a mí mismo sentado en una mesa en la esquina, trabajando arduamente en un ensayo.
Jean jadea a mi izquierda.
—¡Oh qué adorable!
Casi como si la hubiera escuchado, la versión más joven de mí alza la vista, mirando a través de nosotros hacia el otro lado del corredor.
Volteo. Henry está mirando la vasta biblioteca con los ojos brillando de asombro. Jean está mirando a mí yo joven con una sonrisa.
Y, detrás de ellos, se sienta una sabelotodo de cabello alborotado, investigando sobre un huevo dorado. Yo les hago un gesto para que volteen a verla.
Henry aprieta los labios, inhalando rápidamente. Jean simplemente inclina la cabeza hacia su hija. Yo observo su expresión, una pequeña sonrisa.
Hermione se recuesta en su silla y toma una pluma azul de azúcar. Yo me sonrojo, mirando las baldosas de la biblioteca de Hogwarts, recordándome a mí mismo que ellos no pueden leer mis pensamientos.
Henry se ríe. Yo alzó la vista, observando cómo mira a su hija. Él niega con la cabeza y susurra:
—...pudre sus dientes —dice en voz baja. Se inclina hacia mí y me pregunta—: ¿Cuántos años tiene?
—Quince —contesto automáticamente.
Los animo a que se acerquen. Jean se mueve rápido, pero Henry da pasos lentos y rodea la mesa.
—Qué dulzura —murmura Jean amablemente cuando Hermione intenta escribir con la pluma equivocada, saltando y chupando el caramelo en su boca mientras garabatea con la verdadera.
Y una morbosa necesidad se retuerce dentro mí. Me volteo para verme a mí mismo observarla. Para presenciar el primer momento en que pensé conscientemente en su boca.
Y casi me noquea el crudo deseo que encuentro en mi cara. La forma en que me humedezco rápidamente los labios, aferrándome a mi propia pluma.
Miro con horror como el yo más joven la observa. Aún sin Oclumancia. Sin nada para protegerme de ella. Tan solo una abierta fijación.
Espero a que el chico aparte los ojos, que luzca avergonzado de sí mismo, pero él se limita a mirarla.
Siempre me había preguntado cómo lo había descubierto Blaise. Y ahora me repugna lo descarado que siempre fuí.
Aparto los ojos mientras el yo más joven se humedece los labios de nuevo. Miro mis pies, sintiéndome frustrado, vil e impotente.
Levanto la vista, listo para llevarnos de vuelta, y encuentro a Jean Granger observando al chico en la esquina mientras él desea a su única hija. Siento un rubor tiñendo mis mejillas y cuello. Volteo hacia Henry, quien aún tiene los ojos puestos en su hija, y me siento agradecido.
Jean me sonríe, señala a Hermione y dice:
—¿Ella es tu prometida?
Mis músculos se congelan. La miro hasta que finalmente recuerdo que esa era mi coartada: un joven del Reino Unido que viaja solo a su luna de miel.
Antes de que yo pueda responder, ella se inclina hacia mí y susurra:
—Parece que te gusta.
Ya lo sé. Y al parecer todo el puto mundo también.
Cierro los ojos y me froto la mandíbula.
Jean se ríe. Y yo abro los ojos para encontrar a Hermione volteando hacia arriba, atraparme mirándola y apartar rápidamente la vista, limpiándose la boca y sonrojándose.
—A ella también le gustas —dice Jean. Yo pongo los ojos en blanco y luego dice—: Ella me lo contó.
Henry mira a su esposa. Yo me quedo inmóvil, con el corazón desbocado.
Jean frunce el ceño y aparta la mirada por un momento. Luego vuelve a Hermione.
—Wendell —dice ella, mirando a su hija con ojos cautelosos—. ¿Quién es ella?
Henry da un paso hacia ella, tomándola del brazo.
—Su nombre es Hermione.
Jean entrecierra los ojos y retrocede.
—Ya no quiero estar aquí. ¿Podemos irnos a casa ahora?
Salimos del recuerdo.
Jean necesita recostarse.
Y Henry me observa por el resto de la noche.
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Domingo, 5 de marzo de 2000
Me paso el fin de semana visitando las clases de Granger, coqueteando con monsieur DuBois y guiñandole el ojo a madame Bernard. Me despido de ella después de cada cita y regreso a Australia.
Jean consigue un gran avance el sábado, pero Henry retrocede.
Es increíblemente frustrante verlos dar un paso hacia adelante y dos hacia atrás.
Para el domingo por la noche, ambos van al mismo ritmo. Recuerdan sus verdaderos nombres y saben que tienen una hija llamada Hermione. Henry no sabe más allá de eso, pero Jean recuerda cuando ella tenía seis, aprendiendo a andar en bicicleta.
—Se lastimó la rodilla y lloró durante horas. ¿De verdad no lo recuerdas, Henry?
En esos momentos, Henry se frustra con facilidad, y el doctor Flanders tiene que dosificarlos con poción Calmante antes de cada sesión.
Es hora de que ellos la vean en diferentes etapas de su vida y en distintos estados emocionales.
Saco del armario el vial que he etiquetado cariñosamente como "La Bofetada" y lo vierto en el Pensadero.
La veo marchar hacia mí mientras yo le sonrío burlonamente. Ella me borra la sonrisa de un manazo.
Me burlo de mí mismo mientras Jean jadea, lista para castigar a su hija. Todavía estoy riendo cuando salimos del recuerdo.
Les muestro el baile de Navidad y presto atención en no llamar la atención hacia mi antiguo yo, dejándolos verla bailar y reír con Krum. Jean se inclina hacia mí mientras me veo poner mala cara en la esquina con Pansy del brazo.
—¿Quién es este chico fornido? —me dice, apuntando vagamente hacia Krum—. ¿No la acompañaste tú al baile?
Yo sonrío y trago saliva.
—No, yo era… —Me observo a mí mismo, mirándola con disgusto mientras me preguntaba si la sangre sucia habría vertido algo en nuestro jugo de calabaza en la mesa del desayuno—. Era un idiota. —Me río.
Jean me acaricia el brazo.
—Lo bueno siempre se hace esperar.
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Lunes, 6 de marzo de 2000
Por la mañana, ellos no me reconocen.
El doctor Flanders los calma y me acompaña a la puerta principal, diciéndome que todo es normal y que me contactará en unos días.
Pero todo lo que yo puedo escuchar, de camino a un rincón tranquilo para tomar mi traslador, es el sonido de la voz temblorosa de Jean preguntando quién era yo y qué quería.
Pero preguntaron dónde estaba su hija.
Regreso a la Mansión y veo mi cama por primera vez en dos días.
Estoy a segundos de tomar una poción para dormir sin sueños cuando Mippy aparece en mi habitación.
—¡Amo Draco! ¡La señora está preocupada! ¡No estando en casa todo el fin de semana!
Pongo los ojos en blanco, suspiro y vuelvo a colocar la poción en mi tocador. Sigo a la pequeña elfina hasta la sala de estar, donde madre está leyendo un libro. Ella no levanta la vista de la página.
—Oh. Estás vivo. Qué maravilla.
—Madre. —Asiento con la cabeza hacia ella.
—Llevo tres días donando las sobras de la cena a los pobres. Ahora somos como una especie de comedor de beneficencia.
—¿Tú, personalmente, repartiste comida? —Le levanto una ceja.
Ella alza una en respuesta.
—Tu padre fue devuelto a Azkaban esta mañana.
—Qué bien.
—¿Encontraste a Hermione el jueves por la noche?
Asiento.
—¿Te reconciliaste con ella?
Asiento.
Ella me frunce el ceño.
—¿Y bien...?
—¿Y bien qué? —Me encojo de hombros—. Nos reconciliamos. Tenemos una semana muy importante por delante. —Miro las alfombras, arrastrando mis zapatos en ellas—. Yo... estoy trabajando en un proyecto para ella. —Miro a mi madre y ella está esperando a que continúe—. He ido a Australia. Estoy trabajando con un médico para contrarrestar el encantamiento de memoria que recibieron sus padres.
Sus pestañas se agitan y respira lentamente.
—¿Y está funcionando? ¿Estás seguro de que el médico sabe lo que está haciendo?
Pienso en Jean aferrando con fuerza su bata alrededor de su cuerpo, mirándome como si fuera un intruso. Trago saliva.
—Sí. —Aparto la mirada—. Son personas encantadoras. No puedo esperar a que los conozcas cuanto antes.
Ella tararea.
—Bueno, si ese es el as que tienes bajo la manga, no necesito darte esto.
Ella saca de su túnica una pequeña caja dorada, la abre y la coloca en la mesa auxiliar.
El anillo de compromiso de los Malfoy brilla ante mis ojos.
—Sin maldiciones —me dice.
Lo miro y agito la cabeza para ahuyentar la imagen de la joya en su dedo.
—Eso no será… no es necesario. No aún. —Apreto los labios—. Recuerda lo que dijo. Ella no quiere hacerlo.
Madre inclina la cabeza hacia mí. Cierra la caja del anillo, se pone de pie y pasa a mi lado.
—Creo que, si se lo preguntas, te sorprendería su respuesta.
Ella coloca la caja en mis manos y me deja solo en la sala de estar.
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Lunes, 6 de marzo de 2000
Las puertas del ascensor se abren y ella sonríe cuando sus ojos se posan en mí.
—Buenos días, señor Malfoy —canturrea ella, tomando el vaso de café de mis cálidos dedos y permitiéndome acompañarla a su oficina.
—¿Hay algo que necesites antes de que vayamos al Ministerio?
—No —exhala—. Sólo necesito recoger mis cosas.
—Yo me ocuparé de Skeeter hoy. No le prestes ni un segundo de atención.
Ella asiente hacia mí.
—¿Te veo en veinte minutos?
Ella desaparece en su oficina, su brazo rozando el mío.
Está considerablemente más ansiosa cuando vengo a recogerla. Blaise está allí con ella, y yo lo miro con curiosidad cuando ella no hace contacto visual con ninguno de nosotros mientras camina hacia a los ascensores.
Waterstone, Granger y yo nos dirigimos al punto de Aparición, a la entrada principal del Ministerio y bajamos a las salas de audiencias. Ahora tengo claro que Waterstone no está capacitada para comprender las dinámicas sociales. Ella parlotea una y otra vez sobre los miembros del Wizengamot y sus familias, hacia dónde se han decantado en juicios anteriores, su preferencia respecto al contacto visual directo.
Y todo eso abruma a Granger.
Nos quedan unos diez minutos y parece que ella se está concentrando en mantenerse concentrada.
—Cornelia —interrumpo, y Waterstone se detiene—. ¿Sabes qué sería muy útil en este momento? —Dirijo mi sonrisa Malfoy hacia ella—. Creo que todos estaríamos más tranquilos si supiéramos cuándo iniciará el juicio.
Waterstone me mira como si acabara de tener una idea maravillosa.
—Iré arriba a esperar a que lleguen los miembros del Wizengamot, ¿qué les parece?
Ahí está.
—Gracias. Es una idea espléndida.
Waterstone nos deja solos y sube en ascensor. Yo me paro frente a Granger, apoyado en la pared, con las manos en los bolsillos. Ella se muerde el labio, mirando el muro frente a ella con los ojos abiertos de par en par.
—¿Ansiosa?
Ella se ríe ligeramente.
Supongo que sí.
Veo su mente trabajar. Ella lo hará maravillosamente. Ella siempre lo ha hecho maravillosamente.
La dejo pensar. Miro sus zapatos, recordando con cariño sus horrendos zapatos "para el Ministerio" que usó en mi juicio y todos los días después. Pansy la viste con mejores zapatos, obviamente...
—Quiero estar contigo.
Sus palabras me sacuden. Apenas puedo creer que vinieran de ella.
—Quiero tener citas contigo. En público. No sólo almuerzos clandestinos en tu oficina.
Me trago los latidos de mi corazón, escucho sus palabras, trato de encontrarles sentido.
—Quiero que todo M.C.G, sepa que somos pareja, y que averigüemos qué hacer con el Contrato de Amor y las políticas para citas…
Su voz baila a través de las húmedas piedras, serena y segura. Temo que, si volteo a mirarla, el hechizo se romperá y ella se detendrá.
—Quiero salir a cenar contigo y que el Profeta nos fotografíe juntos. Y quiero tomar tu mano de camino al Punto de Aparición.
Es como si quisiéramos las mismas cosas. Como si ya nada se interpusiera entre nosotros y ¿por qué no sólo hacemos todo eso…?
—Quiero pasar la noche contigo otra vez, quiero hacerlo todas las noches.
Sí. Y atarte a mi cama.
—Quiero tener comidas semanales con tu madre…
Ella lo adoraría.
—...y dejar que Mippy me prepare sopa de calabaza…
Esa maldita sopa. La comeremos todas las noches si eso deseas.
—...y pasar horas en tu biblioteca…
Su voz tiembla. Y realmente ya debería haber sabido que lo que más la emocionaría sería la biblioteca. Debí habérsela mostrado hace años. Debí haberle entregado las llaves.
—Quiero ser tu esposa.
Mi garganta se cierra. Mis ojos están secos. No puedo moverme.
—Y quiero verte por las mañanas, y casarme contigo en el gazebo y… y gobernar el puto mundo a tu lado.
Hay una melodía sonando en alguna parte, retumbando al compás de su voz, es grave y encantadora. Rosa pálido y azul añil y terciopelo azul marino y seda dorada bailan en un carrusel.
Lovegood tenía razón. Hay colores. En todas partes.
—Y no sé en qué punto del camino se cruzaron tanto los cables, no se cómo se torcieron tanto las cosas. Pero eso es todo lo que siempre he querido.
¿Dónde está el maldito anillo? ¿Por qué no lo traigo conmigo en todo momento?
Su voz tiembla mientras ella continúa demoliéndome.
—Cada vez que me preguntas por qué he hecho algo por ti, quiero ser capaz de contestarte que es porque te amo. —Siento mi pulso en mis costillas, mi corazón se quiere salir de mi pecho—. Que todo ha sido por ti. Nunca ha sido para "actuar correctamente". —Ella se ríe de sí misma—. Lo hice porque te amo.
Jamás la imaginé diciéndome esto. Nunca supe cómo podría sonar al salir de sus labios, con esa voz que me torturaba en sueños, cantándome en las mañanas mientras me aferraba a mí mismo, gritando y llorando en mis pesadillas.
Es un sonido exquisito. Cómo la primera vez que escuchas una canción que sabes que querrás repetir una y otra vez.
—Y quiero conocerte. —Ella continúa hablando y yo no sé por qué aún no nos estamos abrazando—. Quiero saber todo sobre ti. Y entiendo que debo preguntarte, pero quiero poder preguntar. Quiero que me contestes cada vez que te pregunte algo. —Está empezando a salirse del tema—. Pero si hay algo que no puedas decirme, no en ese momento, entonces tal vez puedas darme alguna… una señal con la mano o algo así. Tal vez puedas jalarte la oreja…
Salto cuando caigo en cuenta de que es a mí a quien ella está esperando. Soy yo quien debe detener su perorata sin sentido.
Avanzo hacia ella, temiendo mirarla a la cara y descubrir que todo ha sido un sueño.
Pero hay lágrimas corriendo por sus mejillas y luce como si acabara de pelear por su vida. Me detengo frente a ella y ella inhala profundamente, esperándome.
—Pregúntame —le ruego—. Pregúntame ahora.
Ella me mira profundamente a los ojos y dice:
—¿Por qué no me identificaste aquella noche? En la Mansión Malfoy.
Mi cuerpo fluye hacia el suyo, mis manos la abrazan suavemente colocándose a ambos lados de ella sobre la pared. Ella inclina la cabeza hacia atrás, lista para absorberme en su mirada.
Yo le sonrío.
—Porque era la forma correcta de actuar.
Ella parpadea. Una lenta sonrisa dibujándose en su rostro. La lágrima zigzaguea por su mejilla mientras ríe entre sollozos. Voltea hacia el techo y susurra:
—Por Dios, te odio.
Yo sonrío.
—Yo también te amo, Granger.
Se supone que debía ser difícil, ¿No es cierto? No algo tan simple como respirar.
La beso, y ella me abraza para acercarme. Acaricio su columna, jalándola hacia mí. Sus labios depositan besos húmedos en los míos mientras se aparta.
—Lo siento. Probablemente me excedí. Lo del... matrimonio y quedarme todas las noches…
Oh, ni lo sueñes, Granger.
—Oh, no lo sé. Creo que el gazebo está disponible este fin de semana.
Ella se ríe, como si yo estuviera bromeando. Le sonrío.
Se escucha el tintineo del elevador llegando. La beso antes de apartar mis brazos.
Waterstone avanza por el corredor, anunciando que están esperándonos.
Granger se enjuga las lágrimas en sus mejillas, se barre la máscara de pestañas y camina hacia las puertas de roble. Ella voltea a verme una vez más antes de desaparecer, sonrojada y sonriente.
Radiante.
Las puertas se cierran y yo espero.
Espero por ella.
¿Qué son un par de horas más después de todo este tiempo?
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Salimos a almorzar y ella habla hasta por los codos. Ella intenta pagar. La muy descarada.
El martes la acompaño a tomar el té con madame Michele. La pequeña mujer me sonríe por el rabillo del ojo.
Ahora todos me sonríen. Las chicas de la oficina. Kelsey, quien siempre lo ha sabido. Todos sonríen hacia sus revistas cuando acompaño a Granger a su oficina o cuando la encamino a los ascensores para ir al juicio.
Y yo les devuelvo la sonrisa.
El miércoles, terminamos de cenar en un encantador lugar italiano y ella se vuelve hacia mí con ojos tiernos y me dice:
—¿Te gustaría venir a mi departamento a tomar una copa?
Su departamento. Su cama, con sábanas que huelen a ella.
Yo suspiro.
—Por mucho que lo deseo, no puedo. Tengo un asunto por resolver esta noche en la oficina.
La mentira sale fácilmente.
—¿Necesitas mi ayuda con algo?
La miro, apretando la mandíbula para evitar decírselo.
—Aún no. Pero probablemente pronto.
Ella asiente y yo me inclino hacia ella, besándola suavemente en los labios. Sus dedos trazan mi mandíbula y yo me aparto antes de quedarme con ella toda la noche.
Una vez que ella ha desaparecido, yo me aparezco en Heathrow.
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Viernes, 10 de marzo de 2000
El doctor Flanders y los Granger se hospedan en una suite del hotel cercano a la oficina. Cuando no estoy acompañando a Granger a su oficina o encaminándola por los ascensores hasta el Wizengamot, estoy con los Granger.
Ellos han mantenido sus recuerdos durante cuatro días. Sobrevivieron al estrés de los viajes muggles, que el doctor Flanders me asegura que no son tan estresantes, pero yo aún no estoy convencido. Decidieron cerrar Dulce Mordida y venderlo, regresando oficialmente al Reino Unido.
Dejaré que la familia Granger decida si desean vivir en su antigua casa pero, mientras tanto, envío un equipo a su vecindario muggle para limpiar mi sangre de sus paredes y borrar cualquier firma mágica que ronde la casa.
El Wizengamot vota a favor de la ley de hombres lobo. Por supuesto que lo hacen.
Padre me escribe la noche anterior para comunicarme que sabe de buena fuente que la mayoría del consejo votará a favor. Y que el resto son unos idiotas de mente débil que sólo necesitan una carta de la persona correcta.
Yo pongo los ojos en blanco y arrojo su carta al fuego.
Cuando Granger y yo volvemos a la oficina el viernes por la tarde, tomo su mano mientras subimos al ascensor.
—Tengo una sorpresa para ti. —Por Merlín. Espero que esto funcione.
—¿Una sorpresa buena?
Yo asiento.
—Me sorprendió enterarme que hoy estaba lista. —Se suponía que el doctor Flanders y yo haríamos esto el domingo, pero él dijo que sería hoy—. Así que, quería que la tuvieras ahora, en honor a tu triunfo de hoy en el Wizengamot.
—Yo... gracias. —tartamudea—. Estoy... realmente sin palabras. ¿Es algo que has hecho tú?
—No. —Sólo espera, brujita boba—. Algo que arreglé, en realidad.
Sin embargo, ella no se rinde. Así que le digo que se tome la tarde libre, lo que tampoco le agrada.
Me alejo de ella, exigiéndole que vaya a su oficina y no vuelva.
Respiro profundamente una vez que estoy en la reunión de personal. Empezamos tan pronto como me siento en mi silla. Mockridge comienza con nuestras proyecciones del segundo trimestre, bastante satisfecho consigo mismo por que tenemos las diez cuotas de la herencia para trabajar.
Justo estoy pensando en el Programa de Integración Nacidos de Muggles y en cómo conseguir el dinero que requerirá cuando la puerta de la sala de conferencias se abre de golpe.
Oh, por la mierda.
Ella camina echa una fiera hacia mí, ignorando al resto de las personas en la habitación.
Algo salió mal. ¿Dónde está el doctor Flanders?
Ella me sujeta para estrangularme, y luego sus labios están sobre los míos, abalanzándose sobre mí, flotando sobre mi cuerpo. Mis manos la estabilizan, sosteniendo su cabeza y acariciando su cabello mientras ella me sonríe.
Ella se aparta con una sonrisa y trata de dirigirse a la habitación con toda la dignidad que es capaz de reunir.
—Draco Malfoy y yo estamos saliendo. Nosotros, mmm... Sí. Estamos saliendo. Novio y novia —trastabilla. Mi rostro se enrojece—. Así que tendremos que echarle un vistazo a ese… mmm... asunto del Contrato de Amor. Y tendremos que… abolirlo, creo.
Blaise aplaude. Algunas de las chicas se ríen.
—Porque... porque lo amo —dice, y siento sus ojos sobre mí, invitándome a hablar—. Y él me ama… creo…
—Sí, la amo. —Hay una extraña sensación de alegría tratando de emerger en mi rostro.
—Entonces. ¡Ya está! Voy a, mmm… dejarlos continuar con la junta.
Ella se despide y todos aplauden a su salida. Todos menos Mockridge, quien realmente, por su vida, no puede entender lo que acaba de ocurrir.
Al final de la reunión, corro a mi oficina, todavía sonrojado y sonriente.
Blaise me sigue y salta sobre mi espalda, gritando.
—¡Por Merlín, Blaise!
—¡Lo hiciste! ¡Te enganchaste a la Chica Dorada, amigo!
—¡Bajate!
—¡Oh, ella es ardiente! Seguro que tendrás las manos muy ocupadas...
Lo golpeo para bajarlo de mi espalda y él me empuja hacia el sofá, con una rodilla presionando mi pecho. Estoy a punto de torcerle el pezón para quitármelo de encima cuando lo veo gruñirme.
Mis ojos se agrandan.
—Si te atreves —me sisea—, a elegir a Harry Potter como tu padrino de boda en lugar de a mí... —gruñe y yo lo miro, bastante aterrorizado—. Te mataré al puro estilo Zabini. Y luego, me casaré con tu sexy viuda y me la cogeré en cada rincón de la Mansión Malfoy…
—¡Qué carajos, Blaise!
—Sólo quiero ser suficientemente claro...
—¡Sí, sí! ¡Tú serás el padrino!
—Seré el puto padrino.
—SÍ. ¡Serás el padrino!
Él se levanta y sonríe ampliamente.
—Excelente. Ahora que eso está arreglado, tengo un nuevo cliente para discutir contigo.
Él va a sentarse en mi silla, girándola en círculos hasta que yo me recompongo lo suficiente para unirme a él en mi escritorio.
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Les pido a Potter y Ginny Weasley que se reúnan conmigo. El doctor Flanders piensa que más recuerdos serían útiles, especialmente aquellos que muestren a Hermione con sus padres.
Potter termina de preparar la cena en la estufa mientras charlamos. Él está bastante interesado en el doctor Flanders y sus técnicas, pero Ginny Weasley no puede dejar de mirarme con ojos brillantes. Es desconcertante.
Nos sentamos alrededor de la pequeña mesa, y yo intento pasar inadvertidos todos los pequeños toques que gritan Hermione: los libros, las fotografías, los objetos muggles que Ginny Weasley sería incapaz de usar.
—¿Entonces, mañana, si tu horario lo permite? —pregunto.
—Por supuesto. —Potter sonríe—. Esto es… algo extraordinario, Malfoy. Lo que has hecho.
Me levanto.
—Yo no hice nada. Sólo… le pagué a alguien para que lo hiciera, en realidad. —Echo un último vistazo al departamento y comienzo a despedirme.
—¿No te quedarás a cenar? —pregunta Potter.
No, no después del drama que Blaise se montó esta tarde.
—Hermione no debe tardar en volver a casa ¿No crees? —Ginny me sonríe con ojos maníacos.
Yo le frunzo el ceño.
—No quiero entrometerme...
—Oh, Draco, querido, ahora somos prácticamente familia —dice Weasley en una burda imitación de los amigos de mi madre. Sus ojos brillan—. Además, necesito interrogarte respecto a tus intenciones.
Yo trago saliva. Nunca quise tener hermanos por esta misma razón. Es demasiado familiar.
—Granger y yo hemos hablado —le digo, todavía de pie, tratando de escaparme—. Y ahora estamos... en la misma página. Queremos las mismas cosas.
Potter asiente, tratando de entender lo que he dicho, pero Ginny Weasley se levanta rápidamente.
—¿Cuándo le propondrás matrimonio?
Yo parpadeo hacia ella.
—Eso es… creo que es muy pronto para eso…
—Lo treaes contigo, ¿Verdad? —susurra ella.
—No tengo idea de que estás...
Y ella está sobre mí. Empujándome contra la pared, con las manos hurgando en mis bolsillos.
—¡EY! ¡Weasley! ¿Qué carajos estás haciendo?
Potter está protestando, pero esta bruja creció con seis hermanos. Sostengo sus manos y ella las aparta de un golpe, hurgando en un sitio diferente de mi túnica.
—¡POTTER! —Lo miro suplicante y él se encoge de hombros, impotente. Estoy a un segundo de empujar a Ginny Weasley lejos de mí anatomía cuando ella canturrea:
—¡Ajá!
Y sostiene una caja dorada, abre la tapa y jadea.
Ella se aparta de mí a trompicones, mirando el anillo. Potter aparece sobre su hombro y sus cejas saltan.
—Caramba, Malfoy —dice Weasley.
—No es... no lo haré esta noche. Sólo estaba...
—Oh, sí, tienes que hacerlo esta noche. —Weasley me mira con ojos brillantes y traviesos.
Yo niego con la cabeza.
—No, yo... quiero hablar primero con Henry. Cuando vuelva a tener dominio de su mente. —Miro hacia abajo—. He pasado mucho tiempo con ellos y lo más correcto sería que yo...
Mi voz se apaga y, cuando alzó la vista, Potter está mirándome de forma… de forma realmente desagradabe. Con algo como orgullo, aceptación o amistad. Y es horrible. Lo miro con desprecio, como solía hacer, y él me sonríe.
Weasley empuja la caja con el anillo en las manos de Potter.
—Harry, rápido, Hornea un pay. Enterraremos el anillo allí y cenaremos todos juntos y…
—¿Disculpa? —jadeo—. No harás tal cosa.
Los cerrojos de la puerta comienzan a abrirse, y arrojamos la caja con el anillo entre nosotros, corriendo como ratones hacia una posición casual en la mesa. Granger abre la puerta y Wesley se arroja a sus brazos, felicitándola, mientras yo vuelvo a guardar la caja en mi bolsillo, colocándole de nuevo un hechizo indetectable.
Le explicamos que ellos tienen una sesión con sus padres y el doctor Flanders mañana, y ella no deja de mirarme.
Weasley se da cuenta e inventa una excusa para marcharse, arrastrando a Potter detrás de ella incluso cuando él protesta por la cena aún sin comer en la estufa.
Y ahora estamos solos en su apartamento. Su... diminuto apartamento.
—¿No te pago suficiente, Granger? Seguramente con el salario de Quidditch de Weasley y tus ingresos miserables, pueden permitirse una mejoría.
—Me gusta este lugar —resopla—. Además, apenas estoy aquí.
Y planeo mantenerlo así. Le sonrío y le digo:
—Nos sacaste a la luz frente a toda la oficina hoy.
—Sí, lo hice. En verdad lo hice, ¿no es así? —Ella todavía está un poco nerviosa por eso, así que me acerco a ella, tocándola, abrazándola—. ¿Discutieron sobre qué hacer con el Contrato de Amor, o tendrás que renunciar?
Oh, qué hilarante. Sonrío contra sus labios. Ella me acerca.
Intento besarla. Besarla de verdad, como siempre he querido, pero ella se aparta y me mira.
—¿Realmente les mostraste a mis padres tus recuerdos?
Me quedo mirando un punto por encima de su hombro, todavía tratando de luchar contra los ladrillos que encajan en su sitio.
—Unos cuantos —digo—. Casi todo el mundo ya se ha metido con mi mente, así que pensé, ¿cuál es la diferencia?
Ella sonríe y yo beso su cuello, encontrando su piel tan dulce como la recordaba.
—¿Qué recuerdos les mostraste?
—No querrás saberlo.
Puedo decir que ansía preguntarme más. Pero ella simplemente acaricia mi cabello y me susurra al oído:
—Gracias Draco. Gracias por traerlos de vuelta a mí.
Junto nuestras caderas y sonrío contra su piel cuando digo:
—Por supuesto. Era la forma correcta de actuar.
Ella me da una palmada en el hombro, se sonroja y trata de alejarse de mí. Yo me río cuando la jalo nuevamente hacia mí, acorralándola contra la pared del pasillo. Ella forcejea y maldice hasta que yo introduzco mi lengua en su boca y siento que ella se derrite dentro de mí.
Mis manos se deslizan alrededor de su cintura, descendiendo para aferrar su trasero. Ella exhala un pequeño gemido en mi boca y yo beso su mandíbula hasta que le susurro al oído:
—Muéstrame tu habitación, Granger.
Ella me besa rápidamente y nos empuja por el pasillo hasta la puerta de la izquierda. Observo todo lo que puedo de su dormitorio antes de ser empujado para caer sentado en el colchón, con sus piernas subiendo sobre las mías y sus labios nuevamente sobre mí.
Me río en su boca, pensando en lo fácil que habría sido para ella convencerme de hacerlo lenta y dulcemente hoy, pero esta bruja está muy cachonda.
Mis manos se deslizan hacia arriba por su cintura y hacia abajo, aferrando su trasero. Suena como si gruñera contra mis labios. La aprieto, llenando mis palmas con sus nalgas y frotando círculos sobre su vestido.
Ella suspira entre mis labios, poniéndose de rodillas para acercarse más a mí. Sus pechos empujan mi pecho y sus caderas se abren más para juntarse con las mías. Sus manos sostienen mi cabeza cerca de ella mientras me devora, y mis manos se deslizan por su vestido, hasta sus muslos, rodeando sus rodillas y espalda, arrastrando su vestido con ellas.
Mi verga acomete contra su cuerpo y ella gira las caderas hacia adelante para frotarla.
¿Cuántas veces me he pajeado pensando en esto? En la más básica de las ideas: los muslos de Hermione Granger a cada lado de los míos, sus manos enredadas en mi cabello.
Mis manos se deslizan sobre sus muslos y ella murmura contra mis labios:
—Tócame.
Está húmeda, goteando a través de sus bragas. La acaricio sobre la tela y ella gime, besando mi cuello y deslizando las manos para desabrocharme la túnica. Mi pulgar se arrastra por su cuerpo, se desliza lentamente desde su entrada hasta su clítoris, haciendo vibrar sus caderas. Una vez que me quedo sólo con mi camisa, ella comienza con su propio vestido. Los botones frontales se abren y observo sus codiciosos dedos mientras ella exhala sobre mi cuello.
Ella se encoge de hombros y se quita el vestido, deslizándolo por sus brazos y hasta el piso. Yo dibujo círculos en su clítoris y ella se estremece, sus manos se detienen antes de volver de nuevo a mi cabello. Ella ataca mi boca con dientes y lengua, aferrando mi cabeza cerca de la suya, y sus caderas comienzan a rodar hacia atrás sobre mi mano.
Yo llevo mi mano libre a sus caderas, apretándola mientras ella gime en mi boca.
—Draco, por favor.
Mi mano se retuerce hasta que hago a un lado sus bragas, y deslizo un dedo en su interior. Es como volver a casa después de un largo día. Dejo escapar un suspiro tembloroso contra sus labios y rozo mi pulgar sobre su clítoris con movimientos rápidos y fuertes que la hacen jadear. Su coño revolotea alrededor de mi dedo y gime cuando agrego el segundo.
—Oh, por Dios…
Sus labios se separan, sus ojos se cierran con fuerza y, cuando froto mis dedos dentro y hago un círculo con el pulgar en su clítoris, la veo correrse con un grito, sosteniéndome en su interior, con la cara contraída.
Su rostro comienza a relajarse, sus ojos se abren para mirarme y le digo:
—Eres tan hermosa.
Veo que sus ojos se oscurecen y se muerde el labio con los dientes, mientras vuelve a revolotear alrededor de mis dedos. No fue un orgasmo, pero sí algo placentero para ella. Algo que le di.
Aún está recuperando el aliento cuando sus manos se apoyan en mis hombros para dirigirse a los botones de mi camisa. Yo retiro mis dedos de su cuerpo, sosteniendo sus caderas cerca de mí mientras me besa en el cuello. Ella abre mi camisa, empujándola por mis hombros, dejándola sobre mis codos para que yo termine, y luego sus manos caen a mi cinturón.
Yo sonrío en su cabello.
Ella se mueve en el colchón, dándose más espacio para desabrocharme, y yo cierro los ojos cuando ella succiona mi cuello como yo se lo hago. Mi verga se contrae.
La siento incorporarse para ponerse de pie, me baja los pantalones por las caderas y yo me río de su entusiasmo.
Pero el sonido se queda atascado en mi garganta cuando abro los ojos. Ella está poniéndose de rodillas. Entre mis piernas.
Sus manos me sacan de mis bóxers y sus ojos se encuentran con los míos antes de que yo sea capaz de siquiera preguntar:
—¿Qué estás haciendo?
Ella se traga sus nervios y dice:
—Creo que sé cómo. He leído... algunas cosas.
Yo niego con la cabeza, tratando de formularlo, tratando de encontrar las palabras para hacerla entender que esto me arruinará.
—Tú no...
—…tienes que hacerlo... —termina por mí—. Lo sé… Pero yo… quiero hacerlo.
Un calor sube por mi pecho, quemándome, mientras miro a Hermione Granger de rodillas frente a mí, a punto de darme una mamada.
Y mis labios tiemblan.
Ella me lee como a uno de sus libros, frunce el ceño y dice:
—¿Por qué tienes miedo?
Mi boca se abre, inservible. No puedo... explicarlo. Cómo funciona mi mente. Cómo las cosas siempre han tenido que permanecer en cajas y cómo esto... esto... tenía que ser guardado en lo más profundo. Recuerdo las horas que pasó Severus sacando esto de mi mente, quitando una o dos de las fantasías más agresivas y puramente sexuales.
Habría sido extraño no encontrar ningún deseo por ella, me había dicho.
—Es mucho —le digo, sintiendo mi estómago temblar.
Ella me sonríe, me acaricia lenta y suavemente y dice:
—¿Quieres que vaya despacio? —Y me guiña un ojo. Bromeando un poco, pero preguntando de verdad.
Entonces, alcanzo su rostro y acaricio su cabello con mis dedos. Ella sonríe. Y yo veo cómo lleva sus labios a la punta de...
No puedo respirar. Ella me mira a mí y su lengua se asoma para lamer la cabeza.
Es cálida. Y húmeda.
Ella parpadea con sus ojos muy abiertos y pregunta:
—Dime qué te gusta...
¿Qué es lo que me gusta?
—Tú —mi voz tiembla, antes de ser capaz de procesar siquiera una respuesta.
Y la lenta sonrisa que extiende un hermoso rubor sobre sus mejillas y cuello es todo lo que puedo ver detrás de mis ojos cerrados cuando ella abre los labios y me introduce en su boca.
Jadeo y mi puño se cierra sobre su cabello. Pienso en plumas de azúcar, cucharas de sopa y voces sabelotodo que responden preguntas antes de que yo sea capaz de alzar mi mano.
Me endurezco, me engroso y me contraigo dentro de su boca. Mis ojos están en blanco y mi puño libera su cabello para no hacerle daño, aferrándose al edredón debajo de mí.
Ella desliza su boca sobre mí. Presionando muy poco, como hizo antes con su mano. Casi como si estuviera jugando. Siento que su lengua se aprieta nerviosamente, tratando de descubrir su propósito.
—Succiona —demanda una oscura voz desde mi garganta. Y, cuando ella lo hace, yo gimo, con mis manos cubriendome el rostro, impotente mientras ella tira de mí.
Respiro rápido, siento mi estómago resollar con tan solo saber que ella está de rodillas, con mi verga en su boca.
Y es como si Hermione Granger solucionara un problema que ha estado tratando de resolver. Me introduce más en su boca y succiona, atrayéndome hacia ella, poniendo una mano en mi muslo y apretando mi base con la otra. Se siente como si la presión nunca fuera a terminar, y gimo entre mis manos, luchando contra el impulso de embestirla.
Finalmente ella toma aire, jadeando, y antes de que yo pueda decirle que lo ha hecho bien y que puede detenerse ahora, ella desciende de nuevo sobre mí, succionando y arrastrándome a su boca.
—Mierda.
Ella me la jala.
—Draco.
Mis dedos se separan sobre mis ojos y la miro, con las mejillas sonrojadas y los labios hinchados.
Ella oculta una sonrisa detrás de sus labios y dice:
—Dime si lo estoy haciendo bien.
Yo inhalo profundamente mientras ella baja la cabeza, manteniendo sus ojos en mí al tiempo que su lengua se asoma, lamiendo la punta. Y luego, ella inclina la cabeza para poder lamer el tronco. Yo gimo cuando su lengua encuentra la parte inferior de mi cabeza, todos mis nervios se sacuden en mi piel.
Ella me mira parpadeando, observando mi rostro. Sus ojos sobre un libro, sus ojos sobre la libreta contable de Cornerstone, sus ojos sobre mi escritorio. Y vuelve a lamerme.
Mis talones se clavan en el suelo a sus costados, mis caderas me suplican embestirla, cogérmela. Estoy sudando.
Ella coloca sus labios alrededor de la cabeza de mi verga, observando mi reacción, y presiona su lengua contra la parte inferior, frotando. Mis manos la alcanzan y ella se detienen. Mis puños caen a la cama.
Ella es una aprendiz demasiado rápida. Observa si las piezas encajan en el rompecabezas y luego continúa presionando. Su lengua recorre una y otra vez la cabeza de mi verga y chupa. Sólo la cabeza. Succión suave que tiene mis muslos apretados, mis bolas apretadas.
Mis caderas saltan. Sus ojos se abren, su lengua se desliza a lo largo de mi eje mientras yo empujo en su boca. Y, antes de que pueda disculparme, ella arremete con una presión cegadora.
Mi mano la alcanza. La aparto de mí, la agarro del cabello y la arrastro hasta que puedo tirarla sobre la cama.
Ella respira en mi frente mientras beso su pecho, le quito el sostén y succiono sus pechos.
Me escucho a mí mismo murmurar contra su piel.
—... quiero que me la chupes todas las mañanas y todas las noches. Voy a cogerme tu boca diez veces al día, Granger.
Ella se ríe, jadeando y gimiendo, sus dedos recorren mi cabello mientras yo hago a un lado sus bragas, presionándome contra su entrada.
Sus uñas se clavan en mi espalda y yo me introduzco en ella con facilidad.
—Bueno —murmuro—. Obtendrías un Sobresaliente en sexo oral, Granger.
Ella se ríe y dice:
—Tú también... ¡Oh!
Soy más rudo de lo que he sido nunca con ella, pero ella está mojada y se envuelve a mi alrededor, exhalando sonidos deliciosos en mi oído.
Mis caderas embisten las suyas, nuestros huesos chocan y mi verga la llena por completo. Me siento en la cima, pensando de nuevo en su boca sobre mi verga, pensando en correrme en su boca...
—Mierda, mierda.
Y, cuando su espalda se arquea, un pequeño gemido cantando desde sus labios:
—Te amo —gimo en su cuello y ella se estremece, sus piernas me aferran, su coño me aprieta hasta palpitar y ella grita, echando la cabeza hacia atrás sobre el colchón.
No me detengo por ella. No puedo.
Y ella tiembla a mi alrededor, jadeando en busca de aire mientras yo la embisto, juntando nuestros cuerpos hasta fundirnos. Mis dedos se retuercen en su cabello, apretando los rizos, enterrando mi cara en él, y creo que ella está corriéndose de nuevo mientras yo me derramó en su interior, sus paredes ondean a mi alrededor, empujándome más profundo y manteniéndome cerca. Jadeo por aire entre sus rizos, nuestros cuerpos resbaladizos y deslizándose juntos.
Su mano acaricia mi cabello y yo me quedo dentro de ella, descansando sobre su pecho hasta que se retuerce para apartarme.
Miro hacia el techo de su dormitorio y ella se acurruca contra mi costado y dice:
—Así que te gustan las mamadas, ¿eh?
Me río en la humedad de su habitación. Estoy a punto de decir algo sobre cumplir mi promesa de cogérmela diez veces al día, cuando contemplo la decoración de su dormitorio.
—Granger —comienzo, sentándome, girándome para mirar la pared detrás de mí—. ¿Estás en medio de una redecoración?
—¿Qué? —exhala ella, y se gira para mirar.
Sus muros... están completamente en blanco. Salvó algunos clavos donde solían colgar cuadros. Esas fotos están en la esquina de su habitación. Sólo hay paredes blancas en todas direcciones.
—Uno pensaría que después de tantos discursos de monsieur DuBois, ya habrías aprendido algo sobre decoración. Como... color.
—Oh —dice, riendo un poco. Nerviosa—. Solía… no importa. Tenía algo, pero lo quité hace un par de meses. —Ella se sienta en medio de su cama usando sólo sus bragas—. No he tenido oportunidad de redecorar.
Yo la obsevo mientras ella mira a una de sus paredes con ojos entrecerrados.
—¿Qué tenías?
Ella me mira y se sonroja.
—No fue nada. Yo sólo… —Ella voltea hacia otro lado, mordiéndose el labio.
Yo giro su rostro hacia el mío con la punta de un dedo.
—Cuéntame.
Sus ojos parpadean de un lado a otro entre los míos y la veo ponerse más roja. Ella pone los ojos en blanco y se pone de pie.
—Yo... tenía un... Muro.
—¿Un muro? —pregunto, mirándola mientras ella se mueve hacia su viejo baúl de Hogwarts en la esquina de la habitación.
—Ajá. Yo sólo… —Ella me mira—. Te dije que quería conocerte. Quería entenderte. —Yo la miro, asintiendo—. Entonces yo… —Sacude la cabeza y mete la mano en el baúl, sacando la foto de nosotros con mi madre en Fortescue—. He guardado algunas cosas. Y estaba tratando de armar una línea de tiempo… —se ríe—. Es realmente estúpido.
Yo me pongo de pie, me pongo los bóxers y me acerco a ella, esperando que no cierre el baúl antes de lograr ver su interior.
Ella se muerde el labio y yo veo recortes de periódicos. Los mismos que están en el último cajón de mi casa, escondidos debajo de sus bragas del baile del concejal y el sostén de seda verde que dejó en mi casa.
Yo sonrío, pero ella cree que me estoy burlando.
—No quiero parecer un fenómeno. Es sólo que... estaba tratando de descifrarte. Tratando de rastrear los eventos. —Yo la miro—. Tu sangre en las paredes de mi casa. La subasta. —Mi ojo se crispa y ella lo acaricia para quitar la tensión—. Sólo quería conocerte.
Sus ojos son tan brillantes. Y son todos míos. Por fin..
La beso. Tomo mi varita, con cuidado de no mover el anillo en mi túnica. Aún no es el momento para hacerlo. Envío la foto de nosotros en Fortescue a un lugar de sus muros en blanco. Ésta se adhiere. Ella observa como el resto de sus fotos y recortes bailan fuera de su baúl y se adhieren a su pared, recreando su línea de tiempo.
Ella me mira con curiosidad. Yo le sonrío.
Ya estoy listo.
—Empecemos por el principio —le digo, tomando su mano.
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Domingo, 1 de septiembre de 1991
El Expreso de Hogwarts nos lleva hacia Escocia, y yo no puedo evitar examinar a los pasajeros abarrotados en este vagón del tren.
Blaise Zabini es un tipo extraño, le gusta descubrir cómo funciona la gente. Theo Nott es menos complicado y Crabbe y Goyle aún menos.
Pero Pansy Parkinson y Daphne Greengrass realmente deberían encontrar su propio vagón. Siete personas en un solo compartimento es simplemente detestable.
Ellas están hablando de colores de uñas y Corazón de Bruja y realmente sólo Theo se relaciona con ellas. Zabini me pregunta sobre los viñedos de mi familia y yo no tengo idea de ellos, ¿O sí?
La puerta del vagón se abre de golpe y una chica de nuestra edad mira alrededor, buscando en el suelo durante los primeros segundos mientras todos esperamos que hable.
Ella es... amplia. Todo en ella es abundante. Su cabello es extrañamente salvaje, como si alguien la hubiera electrocutado recientemente. Sus dientes, cuando abre la boca, son largos. Y sus ojos, cuando me mira a mí, son grandes y oscuros.
Ella es... inusual. Y claramente no ha sido propiamente educada si así es como llega el primer día de clases, abriendo compartimentos de golpe sin presentarse.
—¿Alguien ha visto un sapo? —Primero vuelve los ojos a Zabini. Él le alza una ceja.
Y siento que Zabini y yo todavía estamos esperando descubrir cuál de nosotros liderará este grupo, así que aprovecho la oportunidad antes de que él pueda abrir la boca.
—Acaba de entrar uno —le digo.
Greengrass se ríe. Goyle retumba a mi lado. Y la chica que ocupa demasiado espacio me mira con los ojos muy abiertos.
Yo le sonrío con petulancia.
Ella levanta una ceja. No está impresionada. Hay un fuego tras sus ojos, ardiendo para pelear conmigo.
—Qué encantador —dice, mirándome. Se gira hacia los demás y dice—: Un niño llamado Neville ha perdido a su sapo.
Ella les dice en qué compartimento está Neville si alguien encuentra al sapo. Se presenta con Theo cuando él le tiende la mano. Mira a Parkinson con el ceño fruncido cuando ella no se molesta en presentarse.
Pero ella no vuelve a mirarme a mí.
—¿Eres pariente de Granger, el pocionista? —pregunto por alguna razón.
Ella me mira. Sus ojos recorren mi cabello antes de volver a mis ojos.
—No. Mis padres son muggles.
Y algo se apaga dentro de mí. Ahogándose incluso antes de arder.
Todo el compartimento se desplaza, se reajusta, le da la espalda. Y ella lo siente. Observo cómo sus labios se aprietan y sus pies se mueven mientras se despide, sin volver a mirarme.
La puerta se cierra de golpe.
Se supone que la gente llora. Se supone que deben sentirse aplastados por un insulto y alejarse arrastrándose.
Y yo soy bueno con los insultos. Sé cómo funcionan.
Todavía estoy pensando en el fuego de sus ojos cuando el tren se detiene, preguntándome cómo puedo hacerla llorar en lugar de desafiarme. Qué botón necesito presionar.
Cuando el Sombrero Seleccionador coloca a Hermione Granger en Gryffindor, su corbata cambia de color, y tiene sentido. Ella lucha como leona.
Y hay algo dorado respecto a ella.
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*•.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨* FIN *¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.•*
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Nota Autora:
:) Mucho amor para ustedes por leer esta historia. Ya sea que la haya seguido durante un año completo, esperando cada capítulo (tardío), o si decidieron esperar y darse un atracón, o simplemente si han tropezado por aquí ... Gracias. Gracias todos los que suplicaron por un POV de Draxo. Gracias a los que suplicaron por un fic la Subasta. Ustedes son mis musas.
Nota Traductora:
Ustedes saben cuanto las quiero. Muchas gracias por todo su cariño. Llevo mas de un año traduciendo está historia y ahora estoy sensible. Cerramos un ciclo. Pero empezamos otro.
Nos leemos muy pronto. No olviden colocar sus alertas de autor, o seguirme en mi página de facebook para estar al pendiente del inicio de La Subasta. Será muy pronto.
Gracias por tanto.
