Aclaraciones:
-Los personajes no son míos, son de Hajime Isayama, el creador de Shingeki no kyojin.
-Esta historia es completamente de mi autoría, por lo que no se permite resubidas o adaptaciones.
-Las veces que se toma el nombre del autor es sólo para fines del desarrollo de la historia. No es real, es totalmente ficticio.
4
La primera vez que la vi, estaba caminando por los pasillos de la escuela, su larga melena negra llamó mi atención al igual que su extraña manía de llevar consigo libros. Cuando no estábamos en clase o teníamos tiempo libre, Liz dedicaba su tiempo a leer, cada semana llegaba con un libro nuevo y todos compartían el mismo patrón: libros de romance.
Sonreí en mis adentros al ver lo ilusa que parecía ser.
- ¡Hey Liz! ¿Quieres salir? Vamos a dar un paseo por las canchas de los chicos antes de ir a casa ¡Dicen que los están haciendo practicar sin camiseta! - alcé mi mirada, expectante. No entendía por qué, pero quería saber su reacción.
-Oh, está bien. Ya las alcanzo. - respondió mientras las miraba y hacía una señal de súplica.
-Justo ahora estoy en la parte más interesante. -continúo mientras volvía a su lectura.
En el rostro de sus "amigas" en infinitas comillas se mostraba disgusto y molestia, pero parecía no percatarse ya que estaba demasiado metida en su mundo de colores y fantasías.
-Está bien, entonces te esperamos allá.
Vi como poco a poco el aula quedaba vacía y ella ni siquiera se movía, estaba demasiado embelesada en ello, creo que si cayera un meteorito a la tierra sería la última en notarlo.
Así que así es el que te guste tanto algo.
Recogí mis cosas y las empecé a meter en la maleta, no iba a quedarme ahí, sentado. Tenía mucho que hacer, o tal vez no, pero perder el tiempo en cosas sin sentido no era para nada lo mío; revisé brevemente mi móvil al sentir que vibraba en mi bolsillo, tenía algunas invitaciones de Lu para el fin de semana, lo más seguro es que optaría por ir a alguna.
- ¡Kyyaaaa! ¡Oh Dios! - me sobresalté al escucharla gritar, mi celular se cae de mis manos por suerte alcancé a agarrarlo y evitar que aquello sucediera. La miré disgustado, había sido ella, era la única que aún quedaba en estas cuatro paredes. Alcé la ceja un tanto confundido, la vi moverse como lombriz en su puesto, se tapaba la cara y se empezó a escuchar pequeños sollozos.
¿Eh?
No lo pensé mucho, decidí pararme y acercarme a ella.
- ¿Te pasa algo? – toque su hombro, ella saltó de la silla y volteó, alzando su mirada hacia mí.
Su rostro era un poema, mostraba gran sorprendida, sus ojos aparentaban quererse salir de sus cuencas, al verla también me quedé asombrado, sus mejillas estaban muy sonrojadas, su nariz se estaba tornando levemente roja y sus ojos tenían un aspecto cristalizado, imagino que tiene que ver que esos rastros de lágrimas que tiene en las mejillas.
Por alguna razón, su rostro me pareció muy bello pese a que en él había rastros de acné y pecas. Sentí que me estaba mostrando un lado muy íntimo de ella, así que la incomodidad se hizo presente, opté por retirar mi mano de su hombro con suavidad. Aun así, en lo más profundo de mí admití que no quería hacerlo y querría volver a ver ese lado suyo tan único.
Su vulnerabilidad me encantó.
- Lo siento, pensé que estaba sola. - se excusó mientras se limpiaba la cara con las mangas de su blusa. Esa acción provocó que su rostro se tornara más rojo debido a la fricción de la tela con su piel.
-Tonta, no hagas eso.
Sostuve sus muñecas y las alejé de su cara, ella asintió y agradeció, la solté inmediatamente.
-Se puede saber, ¿Por qué te pusiste así? - suspiró mientras apretaba el libro a su pecho.
-Bueno, me emocioné al leer la confesión de Leonart a Rose. – respondió.
Yo la miré un tanto confundido, y luego caí en cuenta que se refiere al libro.
- ¿No crees que estas exagerando?
- ¡No, es muy bello! me conmovió ¿Quieres que te lo lea? - la volteé a ver y parece tan animada y habladora. Solo me senté a un lado de ella y enfoqué mi atención en el libro. Noto que ella sonríe y empieza a hacerlo. No entiendo bien porque estaba en esta situación, aquí, sentado escuchándola hablar sobre temas tan triviales. Su lectura pausada y personificada de alguna manera me desconcertó y conmovió a la vez, quería reírme al escuchar que intentaba imitar la supuesta voz de Leonart y cuando leía las líneas de Rose hablaba con más suavidad.
Mis retinas no se despegaron de su rostro durante toda su lectura al poco tiempo vi como sus ojos se volvían a llenar de lágrimas y una sonrisa tonta se dibujó en sus labios.
- Y este sentimiento será eterno, mi amada Rose. - recitó la última línea mientras se limpiaba las lágrimas del rostro. Me quedé callado y ella también lo hizo por un momento.
-Verdad... ¿qué es muy profundo?
-Supongo. – fue lo único que respondí, me levanté del asiento y tomé mi maleta.
-Ya debo irme.
Giré dándole la espalda, me sentía sofocado, quería salir de ese lugar.
-Adiós, Kiel.
Me detuve y me volteé sorprendido, pero ella estaba nuevamente absorta a su lectura.
¿Qué es esto?
Me quedé un momento mirándola y luego salí de ese lugar prácticamente corriendo.
Ella sabía mi nombre...
No sabía que solo el hecho de que supiera quien soy me afectaría, jamás me relacioné con ella de ninguna manera, ella siempre parece estar en una burbuja siendo poco consciente de las personas a su alrededor, pero estuve equivocado. Me atrajo, a partir de ese día comencé a observarla. Liz no tiene una belleza extraordinaria, al contrario, tiene rasgos muy comunes y ni siquiera hace el intento por mejorar o destacar: cabello negro, ojos cafés oscuros, estatura mediana, supongo que mide 1:65 cm. Por supuesto, he conocido chicas más despampanantes y preocupadas por su aspecto físico, pero ella parecía no interesarle esas cosas en lo más mínimo. Cuando estaba camino a casa, la vi a lo lejos con un crepé y una malteada, conversando amenamente con sus amigas. Tal parece, que trata de congeniar y coexistir más con ellas. Me acerqué a ella por medio de conversaciones casuales y parecía que no le disgustaba mi presencia; lo que hablábamos radicaba prácticamente sobre libros, en su totalidad, así que frecuenté más la biblioteca y opté por llevar libros a casa, ya casi no tenía tiempo para salir los fines de semana como solía hacerlo, necesitaba temas para continuar hablando con ella.
Nos encontrábamos en la escuela y tiempo después salíamos a otros lugares; comíamos juntos, nos encontrábamos en puestos de comida rápida, parece amar la comida chatarra; visitamos acuarios y zoológicos, Liz ama los animales, pero de alguna manera le asustan las aves, contuve una risa al verla corretear cuando unos patos la empezaron a perseguir, era muy divertido pasar tiempo con ella.
Pronto empezamos a salir, no me le declaré ni mucho menos solo se lo propuse, nunca fui bueno con las palabras y de hecho nunca las necesite para ligar con alguna, pero esta vez parecía que, si no lo preguntaba, ella jamás lo consideraría. Nuestras conversaciones ya no eran de libros, me sentía feliz por los progresos que tenía, cuando me dijo Te quiero pensé que se me iba a salir el corazón del pecho, en ese momento fue cuando la besé. Le conté brevemente sobre mis proyectos de vida y me sorprendí al escuchar que ella todavía no sabía lo que iba a hacer una vez salgamos de la secundaria.
-Pensé que estudiarías letras, amas leer. Serías una excelente escritora - Ella sonrió mientras negó con la cabeza.
-Aún no lo decido, pero supongo que pronto sabré lo que voy a hacer - respondió mientras sonreía, parecía estar recordando algo así que me mantuve en silencio.
-Por cierto.
Sonreí brevemente, la conocía tan bien.
-Espero que te diviertas en la fiesta de Lu. – suspiré.
Lu es mi mejor amigo, ellos se conocieron en una de las tantas salidas que tuve con Liz, al principio era fastidioso con ella porque le molestaba que dejara de lado las clandestinas salidas con él, pero de alguna manera ahora se llevan muy bien y ha dejado de incomodarla.
-No sé si debería ir – respondí sincero, sabía que Liz no iba a poder acompañarme.
¿Desde cuando me volví tan dependiente de ella?
- ¡Eh! ¡No puedes hacer eso! ¿No es un buen amigo tuyo? - asentí y ella continuó.
-Debes ver, Lu te estará esperando, diviértete por mí - asentí y enlacé mi mano con la suya.
Lo estaba pensando demasiado, todo iba muy bien con ella, en la escuela, con mis amigos. Mi circulo curiosamente se amplió, fui capaz de conocer a su familia un poco después, su hermana Elli era realmente un dolor de cabeza, pero nada podía cambiar todo lo bueno que estaba sucediendo.
-Kiel, estoy embarazada.
- ¿Felicidades?
Ella negó, pero las palabras que dijo a continuación me dejaron helado.
-Es tuyo, Kiel.
Esperaba escuchar un "Idiota mira tu cara" o un "Estoy tomándote el pelo" pero eso no ocurrió. El silencio me desconcertó y una pregunta se atoró en mi garganta a la vez que intentaba dejar la taza de café sobre la mesa.
- ¿De qué hablas, Yud? Tú y yo no hemos tenido sexo desde hace mucho tiempo.
Era cierto, Yud y yo fuimos amantes mucho antes de que estuviera en esta relación, pero no tenía ningún sentido que a estas alturas me dijera algo así.
- ¿No lo recuerdas? Tú y yo estuvimos juntos en la fiesta de Lu, ambos estábamos borrachos. De su celular me mostró unas fotos.
-Estabas tan borracho que ni siquiera fuiste capaz de quitarte la ropa, solo lo sacaste y lo hiciste conmigo. – Se río.
-Pensabas que era ella, fue divertido escuchar su nombre mientras estabas conmigo.
-Estas mintiendo. - susurre mientras pasaba las manos por mi cabello nerviosamente.
-Tengo un video ¿Quieres verlo?
- ¡No me jodas! - grité mientras le quitaba el celular y lo estrellaba contra el piso.
Sus gritos e insultos llegaron a mis oídos, pero los ignoré por completo, sabía que me había emborrachado, aquello nunca se lo dije a Liz, pero no le tomé importancia, solo desperté en la cama de una de las habitaciones y estaba vestido. Trataba de recordar, ese evento estaba borrado de mi mente, intenté recordar algo, lo que fuera, y un vago recuerdo de tener el botón y cierre desabrochado del pantalón me golpeo.
¿Tal vez lo hice para sentirme más cómodo?
El miedo se apoderó de mí, estaba mintiéndome, no fue por esa razón.
Miré a Yud con pánico, y ahora ¿Qué le iba a decir a Liz? te confundí con otra mujer y me acosté con ella… ¡No! Ella no debía enterarse de esto, no debía por ningún motivo.
Ella me dejaría...
Liz me dejaría...
Sentí mi cuerpo temblar, era un escalofrío, mis vellos se erizaron de tan solo pensarlo.
-Debes abortarlo – fue la respuesta inmediata.
- ¿Estás loco? ¡Destruiste mi celular, me van a matar eres un...! - cogí mi abrigo y la agarré del brazo, prácticamente la saque arrastrando de la cafetería.
-Oye ¡Eso duele! - Caminé con ella por las calles transitadas y vi a lo lejos una farmacia, debía verlo con mis propios ojos. Compré cuatro pruebas digitales de embarazo, cada una de distintas marcas y precios.
La llevé a un baño público y la empujé adentro.
-Dime si puedo entrar – le pregunté y ella afirmó.
Entré y me encerré con ella en uno de los apartados.
-Hazlo rápido. – le entregué la funda y ella abrió los ojos con sorpresa, no me iría de ahí sin ver los resultados de todas esas pruebas.
Estaba embarazada.
La sangre se me congeló, no podía creer lo que mis ojos veían.
¿Me iba a convertir en padre?
Observé a Yud.
No, no lo haría, si Liz me hubiera dado esa noticia probablemente mi actitud respecto a esto sería diferente pero ahora tenía una respuesta contundente.
-Escucha Yud – la agarré de los brazos.
- Esto no debe saberlo nadie ¿entendido? Vas a abortarlo, ni tu ni yo estamos listos para un bebé.
Mi voz rasposa provocó que ella asintiera.
-E-está bien, pero quiero algo a cambio. -La solté y suspiré, no debía perder la paciencia.
-Yo pagaré el procedimiento, si es por el dinero no debes preocuparte. - ella volvió a asentir.
-Si no quieres que continúe mi embarazo o le envíe ese video, quiero que empieces a salir conmigo.
¿Me está amenazando?
-Escúchame, esto no es un juego. A ambos nos conviene esto. Es más, ni siquiera sé si es mío.
-Es tuya, se que ella dirá lo mismo cuando se lo diga.
No sé en qué momento fue, pero la estaba agarrando del cuello y sometiéndola contra la pared, una inmensa furia estaba apoderada de mí. Ella se movía y trataba de golpear mis brazos para que la soltara.
- Te mataré, si dices algo. - La desesperación se hacía presente entre mis palabras, apreté con más fuerza. El pensamiento de acabar con ella en ese momento se volvió muy tentadora.
No se perdería nada con su muerte. esta mujer era una basura.
Pero cuando esa idea parecía nublar mis pensamientos y ganar terreno en mi subconsciente vino a mí su imagen, el rostro de Liz; apreté mis ojos apoyando mi frente un poco contra el cuerpo de Yud ante mi indecisión.
-Abórtalo Yud, por favor.
Me sentía vulnerable y débil, las fuerzas se estaban escapando de mi cuerpo. La solté y vi como ella iba resbalándose de mis dedos, cayó sobre la tapa del inodoro mientras acariciaba su cuello, intentaba regular su respiración.
-Kiel, yo no tengo nada que perder. - mi mirada se perdió en la sucia baldosa.
-Tú, a diferencia de mí, sí.
¿Qué iba a hacer?
-Tú me gustas, pero si no quieres salir conmigo al menos dame unas noches, quiero verte este sábado, tú decides si hacerlo o no.
Apreté los puños, impotente, salí de ese lugar sintiéndome exhausto y en completo silencio. Los días pasaron, dejé de asistir a clases y cuando Liz llamaba evitaba contestarle. Ya cansado de su insistencia asistí, ella se veía preocupada al ver mis nudillos lastimados.
- ¿Qué te pasó? - sus manos cogieron las mías haciéndome sentir asqueado.
-No es nada - respondí mientras me alejaba de ella.
Aunque no lo quería, empecé a distanciarme, sus buenas intenciones solo me repugnaban y me enfurecían porque ella debería estarme golpeando, insultando o maldiciendo, sabía que eso era lo que merecía, pero entonces…
¿Por qué cedí y hacía lo que Yud quería?
En mi interior, creo que aún albergaba la esperanza de solucionar esto sin que Liz lo sepa.
Una vez la hice abortar, suspiré aliviado pensando que todo podría regresar a la normalidad.
- ¿Qué quieres? - respondí.
-Te espero en el parque Hou a las 6 pm. - y colgó la llamada.
-Kiel ¿Vamos juntos? - parecía animada pero ahora solía evitar mirarme.
-No, iré a otro lado, adelántate – agarré mi bolso a la vez que acomodaba mi abrigo en el brazo, no iba a ponérmelo; escuché sonidos, parecía que estaba guardando sus cosas.
-Kiel- me llamó y yo voltee a mirarla.
-Ten cuidado y abrígate. Está haciendo frío. - susurró mientras acomodaba su bufanda celeste y colgaba su maleta en sus hombros, pasó a un lado mío y salió del aula.
Observé el lugar, estaba completamente vacío, me sentía exactamente como este lugar, mis labios temblaron y empecé a reírme.
No merezco su preocupación...
Esa reacción me pilló desprevenido, pero no era capaz de detenerme, de manera inconsciente clavé las uñas en mi brazo, ese dolor fue más acorde a lo que estaba sintiendo, percibía que desgarraba todo aquello que me asqueaba y repugnaba de mí mismo. Un líquido espeso escurría y empañaba la manga blanca de mi camisa.
-No sé si soy capaz de continuar…
-Vamos, toma mi mano.
- Maldita sea, ya no quiero hacer esto.
- Esta será la última vez, lo prometo. Agarra mi mano.
Golpeé la pared con mis nudillos, haciéndola sobresaltar, quería golpearla, nunca pensé en desear algo así tanto como ahora. Tranquilicé mi respiración o al menos lo intentaba, agarré su mano sintiéndome inmundo, parecía divertirle mi abatimiento y me hizo entrar a su departamento.
Al entrar a su habitación, ella borro todas las fotos y el video con el que me amenazaba, terminé con ella y se quedó dormida, vi en su escritorio su laptop. Las veces que había entrado la veía utilizarla regularmente y fui capaz de deducir su clave, accedí a sus archivos, investigué un poco, no había rastros de copias, pero sonreí al encontrar fotos sugerentes de ella, parecían algo viejas pero las pase a mi celular, una vez que lo hice, no iba a dejar cabos sueltos así que formateé por completo su ordenador e hice lo mismo con su nuevo teléfono celular. Cuando despertó, enloqueció por lo que había hecho.
La amenacé con las fotos que ahora yo tenía en mi poder.
- ¿Qué pensaría tu familia... o la del director, si estas fotos se hacen públicas? -Yud empezó a llorar con desesperación mientras intentaba quitarme el celular.
- ¡Ya no tengo nada! ¡Ya lo borraste todo! Por favor, Kiel ¡Borra esas fotos! - negué.
- Si vuelves a aparecer delante de mí o de Liz, las publicaré, y no creas que solo las subiré a Internet... las enviaré a la prensa amarillista, el director es muy conocido ¿verdad? Al igual que tu padre - Yud palideció.
-Creo que esto jodería en la reputación de ambos. Estás advertida. - salí de ahí con tranquilidad.
Yud había enloquecido de la desesperación, se escuchaba cosas romperse y su llanto, todo tan dramatizado.
Me importó una mierda.
Cuando llegó lunes, fui temprano a la escuela, quería arreglar las cosas con ella, finalmente podía hacerlo, haría todo lo posible por hacerla feliz, pero cuando ingresó y cerró la puerta corrediza noté que su semblante había cambiado por completo.
¿Quién es ella?
Fue lo primero que vino a mi mente, ya no leía, evitaba verme y huía de mí para después intentar acercarse; su expresión era de absoluta tristeza, sus ojos ya no me mostraban ilusión o felicidad. Se alejó por completo de sus amigas y empezaba a ignorarme nuevamente. Su actitud me desesperaba, era tan cambiante e inesperado.
¿Acaso merecía esto después de todo lo que hice por ella?
Fui capaz de dar todo.
Dinero, tiempo, esfuerzo, a mí mismo...
Solo deseaba darle solución a toda esa basura, regresar aquellos días en donde todo iba bien con ella, pero Liz pese a que intentaba estar conmigo, su mente y corazón no lo estaban.
La odiaba... odiaba su actitud...
Volví a salir con Lu, eso me hacía sentir mejor, tiré todos los libros que había comprado por ella.
Todo fue por ella.
Trataba de demostrarle que podría seguir...
Que puedo sin ella.
Bofetada
Mi rostro se volteó por la fuerza de su golpe, mis ojos se abrieron desmesuradamente, pase mi mano por mi mejilla que ardía y palpitaba.
-Ella te vio con Yud.
Silencio...
- ¿Q-Qué?
- Como escuchas. Ella te vio con Yud, estúpido. Y lo que estás haciendo es lo peor ¿Qué? ¿Le estás echando la culpa a ella por tu mierda? ¿Ahora tú eres el lastimado? Serás hijo de puta.
-No... yo...
No sabía que decir...
-Quiero que termines con mi hermana... Si no lo haces seré yo quien le revele todo lo que has hecho, no creas que eres el único que asiste a discotecas, idiota.
-Eli... espera. - balbuceé débilmente.
-Espera, una mierda. Ya le has hecho mucho daño, o acaso debo recordarte como era Liz antes de que tu llegaras a joderla - empecé a temblar.
Sí, lo recuerdo...
-Por tu culpa, ella está sufriendo, por mí te puedes ir directito a la mierda. - tragué en seco al escuchar que Eli hizo rechinar la silla al levantarse.
Estaba por irse.
-Espera, ¿Qué pasará con ella?
Eli se detuvo.
-Sufrirá un infierno, pero yo estaré con ella en todo momento.
Sin decir absolutamente nada más, ella se fue. Aún sentado en esa silla y con esa mesa que parecía inmensa en ese momento, sentí como por mis mejillas resbalaban lágrimas que no me importaba limpiarlas, un nudo en la garganta me apretaba y no me dejaba respirar correctamente. Cerré los ojos mientras pensaba en lo que debía hacer. Cada vez que lo intentaba sentía una punzada en mi pecho.
-Quiero terminar contigo, he conocido a una chica mejor que tú - Fueron las palabras que elegí decirle, ella solo se me quedó mirando, sin expresión aparente, simplemente se quedó quieta. Yo sentía que me faltaba el aire; en algún momento me quebraría frente a ella, así que solo me fui. Cada paso me desgarraba el alma, pensaba que en cualquier momento volvería corriendo donde ella, pero Liz ya había sufrido suficiente, ella había sabido lo que tanto le estaba ocultando, la vergüenza me carcomía. Eli se encargaría de ella, ese fue el primer y único acto desinteresado que había hecho por alguien.
No quería lastimarla más.
En la escuela ella parecía una muerta en vida, estaba peor que antes, su mirada siempre estaba clavada en el piso, pasaba el día, nerviosa, no hablaba con nadie y se introdujo en una burbuja sombría impenetrable para cualquiera. Yo seguía cumpliendo mi rol, ignorándola y cuidándola cuando no lo notaba. La graduación llegó y no pude verla, ella simplemente se esfumó.
Ya era tiempo de postular a la universidad, me inquietaba saber la carrera que ella había escogido. Yo pensaba ir a otra ciudad, había tenido planeado proponerle a Liz el irnos juntos, sabía que ella y yo lo lograríamos sin apuros, pero ese pensamiento se fue a la basura. Ahora no estaba seguro de marcharme. Después de meditarlo por varios días opté por ingresar a una universidad local al enterarme de cuál era la que Liz había escogido.
No me importaba, solo quería seguirla observando.
Volverla a ver me afectó, se había convertido en una belleza, cuando pasó a lado mío choqué mi hombro con su cartera provocando que se caiga, Liz no me había visto; no tenía ni idea. Cuando nuestros ojos se encontraron, se congeló e inmediatamente puso una barrera entre ella y yo. Su formalismo e indiferencia, me lastimó. Cuando se fue sentí nuevamente ese hincón en el corazón que era tan familiar cada vez que la encontraba o la pensaba.
La seguí, estaba perdida, no tenía rumbo, su mirada estaba en todas direcciones, así que fui cuidadoso. Ella mantenía una conversación con un profesor y éste señaló un aula de la segunda planta del edificio. Ella agradeció y se fue corriendo con esos tacos.
Parecía incómoda con ellos.
Cuando ingresó al aula, subí las escaleras y vi el papel pegado en donde constaba la lista de ingresados, ahí se encontraba su nombre.
¿Educación infantil?
Me sorprendí, pero no cuestioné su elección, saqué mi celular y tomé foto al horario que estaba pegado a lado de aquella lista.
Ahora sabía a qué hora entraba y salía.
Bajé las escaleras y fui a mi facultad, estaba lejos de la de ella, pero no me importaba en lo absoluto. Escuché la clase, pero no le puse atención, revisé mi celular para revisar el tiempo libre que disponía, así que al comprobar que era el momento de ir a verla, salí del aula.
Al llegar a la cafetería la vi conversando y riéndose con un sujeto.
Respiré con fuerza, fui a sentarme en una esquina. La química entre ambos me causaba náuseas y nuevamente sentí hincones. No solo se veía feliz y radiante, algo había cambiado en ella. Ya no vi libros en sus manos, parece que su afán a ellos había quedado en segundo plano, ahora era más sociable.
De repente, la vi incómoda y empezó a mirar al sujeto frente a ella.
¿Acaso le hizo algo?
No era él, estaba volteado haciendo otra cosa que no podía ver desde esta distancia y Liz comenzó a mirar por todos lados hasta que encontró mi mirada. Mi corazón se aceleró con solo verla, no podía apartar la mirada de la de ella, por ningún motivo sería yo el que rompa ese contacto, fue Liz quien lo rompió y le sonrió al que estaba frente a ella.
Eso me cabreo, y mucho...
Ella no volvió a mirarme otra vez; yo solo podía apretar mi pierna con fuerza para controlarme. Probablemente haría una locura, tenía que dominar mi enojo, pero mi instinto se desató cuando el sujeto pasó su mano sobre su cabello. No fui capaz de meditarlo y cuando lo hice ya estaba golpeándolo.
Lo volví a hacer...
Levanté la mirada y la vi con sus mejillas empapadas en lágrimas.
- ¡Me importa una mierda ahora me vas a escuchar!
Continuará...
¡Hola! ¿Cómo están? Espero que bien. Aquí una nueva actualización. El trabajo y mis estudios me tienen atada de manos, si aún eres adolescente gózalo y disfrútalo, justo ahora quiero volver a tener 17
Una abrazo.
