Aclaraciones:

-Los personajes no son míos, son de Hajime Isayama, el creador de Shingeki no kyojin.

-Esta historia es completamente de mi autoría, por lo que no se permite resubidas o adaptaciones.

-Las veces que se toma el nombre del autor es sólo para fines del desarrollo de la historia. No es real, es totalmente ficticio.

6

Por tiempos determinados la Brigada realiza expediciones junto a su capitán por órdenes de Erwin Smith comandante de la Tropa de Exploración. Los objetivos de aquellas expediciones son: informar anomalías respecto a los titanes o el terreno involucrado y la selección de los mejores soldados para la formación del primer escuadrón de operaciones especiales de la historia. El capitán Levi accedió a aquel pedido al ser una orden directa de su superior y porque comprendía que aquella estrategia evitaría la muerte de millares de hombres. Evidentemente, eso no quería decir que no existieran muertos en las expediciones, los habría, pero el índice sería reducido.

Los soldados eran sometidos a un complejo y extenuante entrenamiento físico y mental; aquella selección era confidencial pero el cabo Rivaille elegiría sin dudar a los mejores. Muchos de ellos no soportaban la preparación y regresaban con el rabo entre las piernas, otros no sabían trabajar en equipo, tenían las habilidades, pero su arrogancia sin duda sería su perdición. Este era el último grupo al que estaba entrenando, no tenía nada que debatir respecto a ellos, eran buenos soldados y consideraba que su comunicación y trabajo en equipo era satisfactoria.

Una señal de humo púrpura.

Sus ojos la distinguieron.

Eso solo quería decir una cosa.

Había un miembro de este escuadrón herido o al borde de la muerte. Me apuré en llegar, con el equipo de maniobras tridimensional no demoraría. Solo esperaba que no fuese una baja.

- ¡Capitán! ¿Hay una baja?

-Debemos llegar y comprobarlo.

Me encontré con Erd Gin y Auruo Brossard en el camino, por descarte uno de los heridos debían ser Petra Ral o Gunther Schultz.

El bosque era espeso pero una nueva señal mostraba que nos estábamos acercando.

- ¡Ahí está Petra! – Ambos bajaron, se acercaron a ella y a Gunther, observé silenciosamente la situación manteniéndome parado en una rama.

Ninguno de los dos estaba herido.

- ¿Quién es ella?

- ¿Qué hace aquí?

¿Qué diablos hacía una civil en terreno invadido por titanes?

Me deslicé bajando de aquella rama.

Empecé a caminar acercándome a la mujer y saqué una de mis cuchillas.

- ¡Espere, por favor! ¡Capitán!

- ¡Capitán!

Unos centímetros alejaban el filo de su cuello. A lo lejos no parecía, pero ella estaba inconsciente.

- ¿Por qué le ha puesto su capa, Petra?

- Capitán, ella… ella viste diferente a nosotros y parece que ha escapado de una pelea o talvez de algo peor, por favor, déjele la capa puesta.

¿De qué está hablando?

No comprendía lo que estaba ocurriendo. Una mujer, estaba en medio del bosque en las afueras de las murallas, sin ningún equipo para transportarse o un arma aparente; tenía el rostro golpeado y ensangrentado, casi sentía pena por ella por su condición pero nada de esto se comparaba a lo que realmente le ocurriría si siguiera tomando el sol a solas en este lugar.

Guardé la cuchilla y retiré la capa. Petra gritó escandalosamente.

- ¡A callar!

Todos observaban perplejos lo mismo que yo.

Esta mujer había sido atacada, pero no por titanes, esto lo habían hecho humanos.

- Auruo, Erd y Gunther, vayan a dar un recorrido por el perímetro. Si encuentran a las basuras que hicieron esto, tráiganlos.

Se fueron, quedando solo Petra en el lugar.

-Petra. – ella se acercó.

-Lo sé capitán. Sé que usted no tuvo intención de revelar esto.

Asentí.

Como era posible que bandidos estuvieran merodeando estos terrenos y que esta mujer haya estado en este tipo de lugar. Ningún civil tenía permiso salir de las murallas y aunque pudieran ninguno se atrevería. No, no era posible que esta mujer haya sobrevivido sola todo este tiempo. Eso era ilógico, pero necesitaba descartar todas las posibilidades. Si había más personas como ella, las llevaría para interrogarlas y que explicaran como mierdas están aquí.

La observé.

Su pantalón estaba ajado y no tenía botón, las costuras estaban deshechas al igual que el cierre; la blusa estaba recogida hacia arriba, podía ver parte de sus senos y de su ropa interior o al menos asumía que lo era porque jamás vi unas prendas elaboradas de un material como ese.

Volteé mi rostro, parecía que en cualquier momento caería ese sujetador por lo flojo que estaba.

Esto era un problema.

- ¿Cree que haya sido abusada?

Petra la observó pensativa.

-Creo que lo fue, capitán.

Se agachó y me miró pidiendo permiso, asentí y ella acomodó su blusa y parte de su pantalón.

-Entiendo. Le preguntaré esto porque no sé sobre la moda de las mujeres de su edad ¿Estas ropas las reconoce?

Negó.

-No capitán. He estado en las tres murallas, pero nunca había visto una ropa como esta. Las mujeres suelen usar vestidos. Sus ropas parecen de la alta sociedad pese a su mal estado. Ella podría ser de la muralla Sina, pero lo dudo. Las mujeres nobles son más apegadas a la feminidad así que religiosamente usan largos vestidos. El pantalón y la chaqueta en mujeres es exclusivamente para soldados como yo. Es sorprendente ver a una mujer que no es recluta esas prendas.

Tocó el pantalón de la mujer.

-La tela es extraña, parece que estira. Además de que se les pega a las piernas -Jaló y en efecto lo hacía.

-Este chaleco con rayas también estira. Nunca había tocado algo tan suave y mire tiene unas pequeñas piedras azules incrustadas en los bordes de las mangas. Talvez sea tan rica que use diamantes en su ropa.

Al tocar sus mangas notamos que estas estaban muy arrugadas. Bien esta mujer no había tenido el cuidado pertinente y se había puesto esto sin emburujar aquello con calor o hubo mucha fricción contra la tela y su piel.

Petra parecía dudar y retiró su mano.

-Tch…

Me puse en cuclillas frente a la mujer y tomé su mano alzando un poco sus mangas.

- ¡Oh por Dios!

Lo primero que me percaté fue en sus uñas, unas estaban rotas y les rodeaba un filo de sangre, pero absolutamente todas estaban llenas de tierra y tenían un tinte rosa claro. Sus muñecas estaban muy magulladas, tanto en el alrededor se marcaba un tono rojo tornándose a un morado claro. Al alzar más la manga observamos hematomas en sus brazos y raspaduras. Observé su rostro, era una joven de no más de veinte años, su frente tenía sangre seca, su nariz estaba rota, su mejilla derecha tenía una gran raspadura y sus labios estaban lastimados y con rastros de vómito.

-La han mordido. – Susurró Petra a la vez que acariciaba la mejilla menos lastimada.

-Capitán, mire sus pies.

La solté y alcé su pie derecho. Llevaba unos zapatos muy extraños.

La suela era muy ancha probablemente unos cuatro centímetros de lo que nosotros solemos usar, la parte delantera del zapato terminaba en punta, el enfranque era demasiado arqueado, su pie tenía un aspecto deformado y el tacón era demasiado largo y fino, parecía una aguja.

Observé a Petra, ella negó, parecía desconcertada.

-Jamás vi algo así.

-Parece que se le dañaron, el zapato izquierdo tiene el tacón roto y su pie está sumamente inflado. Probablemente estuvo huyendo con el zapato en ese estado. Tuvo que dolerle mucho y por ese dolor perdió la conciencia.

Vi algo que llamó mi atención entre su blusa y aquel chaleco, había una fina cuerda café que rodeaba sus hombros, pero adelante no se veía donde terminaba. La tomé del hombro agarrándola y empujándola un poco hacia delante. Petra ayudó a sostenerla y vi que su espalda tenía la huella de un zapato.

-Capitán ¿Qué encontró?

-Alguien sin bolas la pisó con su asqueroso zapato, en la espalda tiene la huella.

Eso no era lo que estaba buscando, pero era cruel todo lo que había pasado esta persona, negué y dejé de lado aquello, alzando entre ambas prendas encontré un bolso rectangular, giré aquel objeto a la parte delantera de ella ubicándola sobre su abdomen y pantalón.

-Esta mocosa está cargada de sorpresas.

-Capitán, parece un bolso de armamento, pero se ve muy femenino.

- Esta mujer está equipada.

Aquel bolso no era tan pequeño, podía entrar armamento mediano o pequeño. Ya esperaba algo como eso, era imposible que no llevase consigo armamento y guarniciones para su defensa personal probablemente. Abrí una de las aberturas que tenía un cierre y metí la mano adentro de este.

-Capitán – era Erd Gin.

Voltee a verlos, él fue el primero en llegar, los demás se acercaban presurosos.

- ¿Han encontrado algo?

Negó.

-No hay ninguna persona en estos terrenos Señor. Hemos buscado por todo el perímetro.

Esto era una espina en el trasero.

Volví mi atención a esa bolsa extraña encontrando algo rectangular y pequeño, lo saqué. Todos se acercaron curiosos.

- Liz Witson. -Leyó Petra acercándose un poco.

-Ese es su nombre. – Todos la observamos brevemente.

-Ahí hay datos personales de ella y un bosquejo de su rostro.

- Es muy preciso ¿Cómo es posible?

La única que podía resolver esto, era ella, pero no hacía ni siquiera el esfuerzo de despertar. Guardé sus cosas, también encontré una caja fina negra con un espejo oscuro, pero al presionar algo se iluminó, lo solté de inmediato haciendo sobresaltar a los demás.

¿Qué carajos era eso?

Se mantuvo luminoso por un tiempo, pero regresó al espejo negro. Lo agarré inmediatamente y lo guardé, me daba mala espina.

-Oye mocosa.

No hubo respuesta.

-Despierta de una vez.

- ¡A... ¡Acabó de mover su mano!

Frunció su rostro, pero no intentaba abrir los ojos.

-Oye ¿Cuánto tiempo nos tendrás esperando?

Apretó sus ojos y los fue abriendo con pesar. Un ojo derecho estaba inflamado que apenas fui capaz de verlo abierto. Me observó sin decir nada e intentó levantarse, pero Petra se lo impidió diciéndole que lo mejor era que estuviera quieta.

- ¿Qué? - miré sus manos y sus piernas para luego darle un vistazo al lugar.

-¿Dó-donde estoy? Uggg… - se quejó mientras pasó una mano por su cabeza.

- ¿No sabes dónde estás? – la pregunta o voz de Petra la sobresaltó.

-Yo… yo… estaba…el campus - su cuerpo empezó a temblar.

-Luego él… él apareció y…

- ¿Quién apareció? ¿Quién te hizo esto? ¿Qué haces en un lugar como este? – sus ojos se abrieron mucho y empezó a llorar.

No tenía sentido. Esta mujer está perturbada, necesita ayuda. No podía presionar a alguien en sus condiciones. Y si lo hacía talvez me diría incoherencias, no tenía tiempo que perder. Necesito informar sobre esto a Erwin. Él sabrá qué hacer con ella.

- Eli… Eli… ¿Dónde estás?

-Capitán ¡Ella está llamando a alguien!

-Petra, solo escuche sus delirios y trate de grabarse todo lo que dice, algo de su mierda nos servirá.

La observé en silencio. Parecía perdida y confundida, talvez lo estaba o era una excelente intérprete. No debía confiarme de ella, había muchas cosas extrañas y desconocidas que la rodean. Petra trataba de calmarla, pero parecía trabajo complicado.

- ¡No! ¡No me toques!

-Chicos. La expedición finalizará en este momento. Vamos a llevar a esta mujer con nosotros.

Todos asintieron.

-Ella debe pasar desapercibida cuando ingresemos. Si es vista será parte de la jurisdicción de la policía militar.

Ella debía justificar que hacía en este lugar, los perros falderos del rey harían lo que fuera para obtener esa información, nosotros también, pero al menos eso nos ayudaría a descubrir y tener el conocimiento de todos esos implementos que ella tiene en su poder. Si la entregamos ellos no permitirán que nos enteremos de lo que descubran. Además, estaba aquel detalle…

-Petra, póngale por el momento su capa a la mujer. Ella irá en su caballo.

Asintió y corrió hacia ella.

- ¡No, detente!

Ella intentaba pararse, pero sus piernas no le ayudaban. Todos observamos con atención cuando se quitó esos zapatos extraños y los arrojó, apoyándose del tronco del árbol se levantó tambaleante.

- ¿Ustedes son reales?

- ¿De qué hablas? – Petra habló intentando ayudarla a sostenerse, pero ella se alejó rápidamente.

-No, no entiendo… ustedes…no... no son reales.

No tenía tiempo para ponerme a discutir o hacerla entender.

-Mocosa, no me hagas perder el tiempo. Es tu decisión quedarte en este lugar y ser devorada por esos retardados. – miró por todos lados y se abrazó a sí misma. – O podrías venir con nosotros y evitarte una muerte así de fea y dolorosa. En tu estado – la observé y ella se encogió. – no serías capaz de dar cinco pasos sola.

-Petra. – ella volvió a acercarse y le puso la capa, era perfecta ya no se notaba el cierre o la parte donde su pantalón se veía roto.

Bien.

Giré dispuesto a dar las ordenes respectivas.

-No, no quiero ir con ella.

Es un dolor de cabeza.

Ellase estaba disculpando con Petra y me miró.

-Quiero ir con usted. – se quedó en silencio - Por favor, protéjame. – suspiré fastidiado.

-Adelántense y espérenme con los caballos. Petra recoja las cosas que están regadas en la tierra, son necesarias para su interrogación.

Todos asintieron, Petra recogió las cosas y se fueron juntos con el equipo de maniobras tridimensional. Me acerqué a ella y le di la espalda.

-Súbete. – ella dio algunos pasos y cayó sobre mi espalda.

- Oye, no te duermas. Date prisa.

-Me duele. – respondió con la voz ahogada.

Esto es tedioso, me acerqué más y me agaché un poco; ella cruzó sus brazos a mi cuello y enrolló sus piernas en mi cadera.

-Agárrate, si te caes te harás mierda.

Su agarré se apretó un poco más, la escuché quejarse, pero se calló rápidamente.

-Mas vale que no planees nada estúpido.

Negó.

-No lo hago.

El sonido de incrustarse en madera y de metal deslizándose nos impulsó, mientras me movilizaba observé el lugar, estaba despejado. Este era nuestro cuarto día de entrenamiento y esa era la razón por la que no había titanes merodeando este sector, por el momento se encontraba libre de ellos, pero no tardaría mucho en volver a llenarse.

Siempre era así.

Voltee a verla, tenía los ojos cerrados y estaba tiritando mientras balbuceaba que no iba a mirar y que no se caería.

Las alturas le asustan.

Volví mi mirada al frente. Tenía que pensar en la forma de ocultarla y evitar que la vieran; era pequeña y su contextura era promedio, no mostraba indicios de desnutrición y fuera de lo sucia y desagradable que se veía su aspecto externo parecía saludable. Una persona con esas cualidades no había pasado hambre, era imposible que una chica como ella haya sobrevivido por cuenta propia; en esta zona la comida era escasa, a lo mucho que podía llegar a hacer para sobrevivir era cazar ciertos animales, pero no sería suficiente.

No, ella no vive en este lugar. Es muy débil para lograr semejante hazaña, hace poco parecía un perro asustado y no podía pararse por sí misma. Ni siquiera un soldado armado y con un entrenamiento estricto sería capaz de lograr eso solo. Y había aquel detalle: No tenía armas. Ella no tenía nada para defenderse.

Ni siquiera una vara o una piedra.

Aunque eso tampoco hubiera sido de ayuda contra esos idiotas.

Parecía no entender lo que estaba pasando, no puedo dar fe de eso, pero la vi como una mocosa asustada que necesitaba que mami y papi la ayudaran.

Su respiración se aligeró.

Se quedó dormida.

Sea como sean las cosas, tuvo suerte… En algún aspecto. Sus probabilidades de sobrevivir sola eran mínimas y de encontrarse con alguien que la auxilie eran aún más escasas.

Era cuestión de tiempo para despejar todas mis dudas.

Sin duda las despejaría todas.

Continuará...