Aclaraciones:

-Los personajes no son míos, son de Hajime Isayama, el creador de Shingeki no kyojin.

-Esta historia es completamente de mi autoría, por lo que no se permite resubidas o adaptaciones.

-Las veces que se toma el nombre del autor es sólo para fines del desarrollo de la historia. No es real, es totalmente ficticio.

7

Cansancio, eso sentía. Mi cuerpo me dolía, era capaz de percibir el más mínimo movimiento y ruido de mi alrededor, pero era imposible abrir mis ojos, no quería hacerlo porque me perturbaba sentir mi cuerpo así de caliente, la cabeza me daba vueltas y mi respiración era errática.

Hace mucho tiempo que no me enfermaba de esta manera ¿cuándo fue la última vez que esto había pasado? ¿A los 9 años? Suspiré, lo había recordado. Mamá era la que me cuidaba todo el día y me daba los medicamentos; Eli en cambio sostenía mi mano y me contaba todo lo que pasaba en casa o cómo le fue en la escuela. A veces me comentaba sobre como le fue en la pelea que tenía con sus compañeros y las veces que le hacía bromas a las profesoras que le quitaban sus dulces. Papá era muy nervioso así que evitaba por todos los medios verme en esos momentos, pero Eli me decía que siempre preguntaba por mi estado y él era el que preparaba las sopas de pollo con verduras que tanto me gustaba tomar, no eran tan bueno cocinando, la sopa tenía muy poco sabor, pero en esos momentos amaba sus comidas.

Sentí una caricia en mi rostro, eso me hizo sonreír.

- ¿Mamá? – susurré mientras respiraba débilmente.

Unas gotas frías resbalaban por mi rostro y una sensación de frescura me embargó.

-Vas a mejorar. – aquella voz no la identificaba, pero era muy suave; me llenó de calma.

Intenté abrir los ojos, me esforzaría esta vez, pero no pude lograrlo.

Me sentía fatal.

Siempre he gozado de buena salud, pero las pocas veces que enfermaba, colapsaba totalmente. Había ocasiones en que tenía que pasar una semana completa en cama, y la siguiente estaba como si nada, llena de energía y vitalidad. Es más, o menos como si mi inmunidad contra bacterias, gripes y cosas similares se pusieran de acuerdo una vez cada cierto tiempo de abandonarme e irse de vacaciones, dando paso a que todos los males cayeran sobre mí. Pero después de un tiempo de ocio, tocaba la hora de retornar al trabajo y mejoraba.

-Estúpidas bacterias…

-Eli… -la llamé, pero no escuchaba su voz.

-Oye ¿Está delirando?

-Eso puede pasar, está con una fiebre muy alta.

-Oye tonta… -alcé un poco la mano, pero esta cayó sobre mi estómago.

-Tengo calor…

Con mis pies patee la sábana que cubría mi cuerpo, me estaba ahogando del calor y estar tan tapada no me gustaba.

- ¡Eh! ¡No hagas eso!

- Eli, háblame… -continué.

- Oye mocosa, no estamos para tus juegos y exhibicionismos. Recupérate de una buena vez.

Nuevamente sentí la sabana sobre mí, pero ahora la tenía hasta el cuello.

Me estaba sofocando.

-Eres mala. – suspiré. -Dame la mano. Sabes que me duermo mejor así. – la estiré abriendo un poco los ojos, pero unos destellos me lastimaban así que los cerré apretándolos.

- ¿Ah?

-Hazlo, es una orden.

Esa voz… ¿papá? ¿Papá había entrado a la habitación?

-Papá te regañó ¿eh? – me reí y escuché un "Tch..." como respuesta.

Pronto, sentí la mano de Eli tomando la mía, esta era más grande de lo que recordaba y su piel estaba fría, me gustó la sensación, aunque de seguro la mía estaba muy caliente para su gusto, pero esos son unos de sus deberes como hermana mayor. Mimarme. La apreté y la deposité cerca de mi abdomen dado que no era capaz de mantener mi mano por mucho tiempo alzada.

Escuché a papá, él estaba riendo.

-Papá ¿Hiciste mi sopa?

-La tomarás después. Ahora mejórate, debemos conversar.

Asentí.

Otra vez me sumergí en un profundo sueño, me sentía acalorada. Había momentos en donde respiraba fuerte y mi garganta se secaba, pero poco a poco iba sintiéndome mejor. Mi cuerpo se sintió ligero, el excesivo calor estaba desalojando mi cuerpo, ahora me sentía como siempre. Abrí mis ojos e inmediatamente alcé mi mano, esa luz brillante me lastimaba las retinas. Lo que veía era un poco borroso, así que pasé mis nudillos por ellos, me senté en la cama, estaba en un lugar oscuro y casi vacío, solo había un lavado, un tacho en la esquina junto a una silla de madera, giré hacia la luz evitando mirarla directamente, pero de refilón pude identificar unos barrotes y a dos personas atrás de ellos.

- ¿Qué?

Fue lo único que pude decir. Miré el lugar con sorpresa.

- ¿Estoy en una celda?

-Buenos días señorita Witson. Soy Erwin Smith, comandante de la tropa de Reconocimiento y él, es el capitán Levi Rivaille.

Pensé que los ojos se me saldrían de mis cuencas.

¿Esto era una broma?

Bajé mi mirada, en ese instante llevaba un vestido blanco muy largo, en mis hombros colgaba unos tirantes pomposos de una tela mucho más fina. Me sentía como una de esas doncellas que pertenecía a una época arcaica.

De acuerdo, estaba segura, esto era un sueño, era gracioso porque recuerdo que Eli me decía que solía soñar que luchaba contra titanes, o era una famosa recluta de la legión, talvez mi mente simplemente enlazó aquello y ahora estaba experimentando un sueño fantasioso.

Negué.

La sensación era demasiado real.

- ¿Son actores? ¿Es un programa de cámara escondida?

Esa fue mi segunda opción, observé por todos los rincones de la celda, pero no encontraba nada.

- ¿Cámara escondida? Mocosa ¿Sigues delirando?

¿Delirando?

Pestañeé, y froté el dorso de mi mano en mis ojos, lo hice con fuerza. Lo más seguro es que esté viendo cosas que no son, esto de ver personajes ficticios era una locura, pero un pequeño roce en mi mejilla me causó dolor, toqué mi rostro, tenía costras en la mayor parte de mi mejilla derecha y en mi labio inferior.

¿Cuándo uno sueña tiene dolor y tiene heridas?

- ¿Qué… que me pasó? ¿por qué estoy lastimada?

-Señorita Witson ¿No lo sabe? El capitán Levi fue la persona que la encontró con esas heridas. Estamos interesados en tener una plática con usted.

¿Me encontró?

- Oye, deja de actuar como una demente. Fuiste más lúcida cuando te encontramos afuera de los muros.

- Esperen, esperen no me confundan más. Me está empezando a doler la cabeza y sus palabras no me están ayudando.

Intenté entender mis ideas y pensamientos; mi cabeza era un desastre en ese momento, debía despejarla, abrir mi mente.

-Está bien, hablemos, talvez pueda entender este gran enredo. – Los miré con duda por lo que estaba a punto de decir.

-Pero ¿podrían dejar de estar mirándome de lejos? Esto es incómodo, no soy un objeto de exhibición.

El comandante encontró divertido mi comentario y asintió, sacó una llave y se acercó para abrir la cerradura.

- Erwin ¿Crees que es buena idea? – Lo observé.

¿Qué quería decir?

-Vamos a confiar en ella, Levi.

Ambos ingresaron, Erwin jaló uno de los asientos que se encontraban en una esquina de la celda y lo ubicó frente a mí, en cambio Levi se quedó parado a un lado apoyando su espalda en los barrotes. Los observé absorta, son de carne y hueso, era capaz de ver las arrugas que levemente asomaban en el rostro del comandante.

Alcé mi mano y la extendí frente a él.

Él observó mi mano con tranquilidad y la sostuvo, ambos apretamos en señal de saludo. Ahora tenía la certeza, esto no era un sueño, si eran actores eres excesivamente buenos, pero algo me decía que me estaba equivocando por completo.

-Mi nombre es Liz Witson, pero parece que ustedes ya lo sabían.

Ambos nos soltamos y puse mis manos sobre mis piernas, él asintió.

-Levi encontró un documento que tenía plasmado ese dato.

-Supongo que se refiere a mi identificación. Pero antes que nada ¿podrían explicarme sobre eso de que me encontraron?

El silencio nos invadió, pero miré al comandante con decisión, necesitaba saberlo, no cooperaría sin que ellos lo hicieran primero. Parecía que Erwin iba a decir algo, pero decidió callar; volteo y miró al capitán, esté se acercó a nosotros comenzando a hablar.

Me explicó que las personas que me habían encontrado en un primer momento fueron Petra y Gunther, ambos habían estado sondeando el terreno en busca de un animal para cazarlo, ese sería el cuarto día en el que estaban en terrenos de titanes. Al interrogar a ambos, dijeron que me habían visto apoyada en el tronco de un árbol en condiciones deplorables. Según la descripción de ambos, mostraba indicios de agresión y violencia así que Petra intentó despertarme, pero notaron que estaba inconsciente. Gunther fue el que informó a los demás por medio de una bengala para que todos se agruparan en el mismo lugar.

-Yo confirmé parte de sus testimonios, porque también vi tu estado. Tú despertaste momentáneamente y te trajimos al cuartel.

Durante la explicación del capitán me mantuve en silencio mirando mis manos, mi cuerpo estaba temblando sin razón aparente, el pecho me dolía, la sensación de puñaladas en el corazón me hizo llorar. No entendía la razón o talvez no lo quería entender.

Apreté mis ojos y la tela que cubría mi pecho ¿Por qué dolía tanto?

-Yo… no lo recuerdo, pero me duele.

Mis lamentos fueron interrumpidos cuando una mano agarró parte de mi vestido y me levantó, el rostro del capitán estaba muy cerca del mío.

-Recuérdalo ¿Vas a dejar que ese pedazo de mierda se salga con la suya?

Su rostro frío y demandante me exigía que lo recordara, intenté mirar al piso negando, pero su agarre no me lo permitió, mi alma se negaba a hacerlo, dolía mucho, no era bueno, muy en el fondo sabía que no quería recodarlo, mi corazón golpeaba aceleradamente, tanto que mis tímpanos también lo hacían.

-Hágalo, ahora. – Lo miré con las lágrimas en mis ojos, esperando que no me obligara, pero no daba su brazo a torcer; él me estaba presionando.

Mis recuerdos colapsaron, estaba alterada, reviví momentos en donde compartía con mi hermana Eli dentro de casa y lo feliz que la hacía cuando acomodara mi habitación o la casa, recordé cuando cocinaba junto a mamá la lasaña que tanto le gusta a papá por su cumpleaños número cincuenta y dos; mi ingreso a la universidad, cuando llegó la carta de aceptación en la universidad y esa noche que fui a celebrar con Eli a una discoteca, ella terminó completamente borracha y su escusa fue que había bebido por las dos.

-Señorita Witson, cálmese.

-La persona… - susurré

La voz de Erwin me hizo consciente de que estaba hiperventilando. Pero los orbes azul grisáceos del capitán nunca se despegaron de mis ojos, intentaban obtener la respuesta, sentía que todo me daba vuelta.

-Mocosa, dilo.

-La persona… - balbuceé, mis piernas flaquearon, pero él me sostenía del vestido.

-que me…

-Esa persona…

Clavé mis ojos en el piso.

Quiero terminar contigo, he conocido a una chica mejor que tú.

¿No crees que estas exagerando?

-Él…él…

Lo hice todo por ti…

¡Detente! ¡Me lastimas! ¡Quítate!

Negué, negué.

Intenté soltarme de las manos del capitán, pero no podía, era demasiado fuerte.

No tienes idea lo de bien que se te ve de esa manera.

Dejé de forcejear.

-Fue Kiel.

Esas palabras salieron de mis labios, su imagen junto con aquel recuerdo golpeo mi cerebro.

-¿Lo escuchó? ¿Ahora, está contento? -Él no dijo nada y una sensación de ira me altero.

-¡Fue Kie! Y ahora que lo sabe ¿Qué va a hacer? - Lo dije gritando, él aflojó su agarre y yo lo empujé, con mis manos hecho puños golpeé su pecho.

Me detuve cubriendo mi rostro, mientras me agachaba y lloraba desconsolada.

¿Por qué ahora no hablaba ninguno? ¿Solo querían verme así?

La sensación de arcadas me invadió; fue justo en ese momento que corrí hacia el lavado.

¡BLUGH! ¡BLUGH!

Apreté la porcelana mientras expulsaba lo que tenía en el estómago, el olor era asqueroso, eso me estimulaba a no poderme detener, mi llanto no cesaba y mis piernas temblaban como gelatina, la fuerza en ellas se desvaneció precipitándome contra el piso, pero unos brazos me atraparon antes de que eso ocurriera. Mi vista se nubló por completo, no sabía si era por las lágrimas o porque estaba perdiendo la consciencia.

La sensación de flotar se apoderó de mi cuerpo.

Es cierto, esto ya lo había experimentado antes.

Todo se volvió oscuro.

Abrí los ojos e inmediatamente aquel malestar me invadió, pensé que lloraría hasta quedarme seca pero no fue así, me quedé quieta y en silencio, estaba acostada en aquella cama, en ese mismo lugar, solo mis ropas habían cambiado, pero no demasiado, era un vestido, pero ahora era uno de color celeste de mangas largas; la idea de que me hubiesen desvestido otra vez cruzó fugazmente mi mente, pero la deseché al segundo. Miré el techo o más bien esa desgastada losa ¿Cuántas probabilidades habría de que caiga y me aplaste? La observé con interés, no sé por cuanto tiempo lo hacía, pero no despegaba mi atención de ese punto fijo; escuchaba que una persona llegaba y dejaba algo en el piso, por el olor diría que era comida. Al menos unas cuatro veces esa persona venía y decía algo, pero lo ignoraba o al menos consideraba más entretenido el cemento de la losa.

En una de esas visitas me trajeron una vasenilla y un papel higiénico, eran muy considerados; me levanté y lo puse a un lado de la cama, no lo usaría ya que no había comido ni bebido absolutamente nada en todo ese tiempo, era por eso que el sueño y el letargo fueron más frecuentes. Sabía que habían pasado días, en la parte superior de la pared atrás de mí había un hoyo que iluminaba débilmente la celda con finos rayos de luz y después desaparecía para retornar la oscuridad nuevamente; este ciclo era repetitivo al igual que los días, nada cambiaba y eso no me disgustaba.

El olor a comida llegó a mi olfato; en respuesta, solo giré mi cuerpo hacía la pared dando la espalda a los barrotes ¿Por qué seguían trayendo comida si no tenía hambre? me arropé completamente y me dormí, lo único que hacía era eso y admirar las paredes. Las ganas de orinar me despertaron, supongo que de algún lado mi cuerpo acumuló líquidos y me producía esta urgencia, me senté, fijando la mirando a aquella sábana blanca que me cubría; pestañé unas cuantas veces al sentirme observada, pero no me inquietó mirar de quien se trataba. Miré hacia la vasenilla, curiosamente no me importaba que me vieran haciendo pis.

Me destapé y me senté en el borde de la cama, mis pies rozaron el frio suelo una vez que me levanté para caminar, mi pie ya no dolía, supongo que era una buena noticia; me dirigí hacia mi inodoro y bajé mi interior a la vez que me ponía en cuclillas; fue en ese preciso momento en el que me encontré con aquellos ojos azul cenizos.

¿Qué hacía él aquí?

Mi vestido era largo, él no podría ver nada porque la tela llegaba hasta mis tobillos a menos que se fijara demasiado. Si era así, se llevaría una fea sorpresa.

Lo escuché chasquear y miró hacia otro lado.

¿Gracias, supongo?

Privacidad, era algo que parecía no quererme dar, el choque de mi pipi contra el metal era lo único que se oía. Me encogí de hombros y agarré papel, una vez que terminé subí mi interior y me levanté. Caminé al lavado con la vasenilla en mano para vaciarla, la lavé y me incliné ubicándola en el piso para después lavarme las manos. Llegué a la cama y volví a recostarme, por extraño que parezca, ellos me estaban dando espacio y tiempo, el comandante no volvió a buscarme y esta era la primera visita que el capitán me hacía desde aquella vez. Sabía que su presencia no era por simple preocupación o formalismo, era para algo, claro estaba.

Sospecho que se les está terminando la paciencia conmigo, por supuesto. Este corto respiro era cortesía del comandante porque si fuese por Levi mi situación actual sería totalmente diferente. No estaría recostada en una cama, aunque si seguiría en este lugar, una celda. Me veía siendo interrogada hasta el cansancio, intimidada de todas las maneras posibles y los golpes serían la cereza del pastel.

Si lo reflexiono un poco mejor, él si utilizó una de sus artimañas conmigo, emocionalmente él había trabajado en mí, hizo que recordara a Kiel, mi cerebro me estaba protegiendo de ese recuerdo, pero él logró romper ese muro mental y ahora volvía para volverlo a intentarlo, pero no entendía su propósito.

¿Qué querían de mí, en que podría serles útil?

Negué.

Sea lo que sea no me interesaba.

Giré hacía la izquierda, mis ojos chocaron con la pared. Echaba de menos mis almohadas, la que tenía era solo una y para colmo estaba dura, si no la estuviera tocando en este momento pensaría que lo que tengo era un bloque de concreto. Las cosas que estaba haciendo y pensando me desubicaron, seguramente el que alguien me ande mirando sin decir nada provocaba esto, quería mirar hacía los barrotes, pero no deseaba encontrarme con él así que situé mis manos a la altura de mi rostro para contemplar mis uñas, algunas estaban muy largas y otras estaban creciendo poco a poco.

¿Debería cortarme las uñas para nivelarlas?

- ¿Pretendes estar así por más tiempo?

Me quedé quieta a la par que cerraba los ojos; no tenía por qué contestarle, la respuesta era obvia así que me limité a apoyar la palma de mis manos en la pared, me gustaba hacerlo de vez en cuando, principalmente cuando los días eran así de fríos; me acerqué más, pegando mi cuerpo totalmente al cemento.

Suspiré satisfecha.

Era bueno que fuese un hombre de pocas palabras, solo esperaba que se cansara y se fuera, bostecé, me estaba adormeciendo y mis parpados comenzaban a pesarme.

-Así que él logró asesinarte.

Sus palabras penetraron mis oídos provocando que mis ojos se abrieran exageradamente. Un escalofrió me recorrió haciéndome estremecer; por primera vez en varios días esa sensación punzante atravesó mi pecho.

Odié recordar ese dolor, negué en respuesta aun manteniéndome en completo silencio.

-Talvez estés respirando, pero ahora solo eres una muerta en vida. Qué patética. Mi sentido pésame a tus familiares.

El choque de sus zapatos contra el suelo era lo único que lograba percibir, pero cada vez se volvían más inaudibles, la puerta siendo cerrada me apretó el corazón.

Pestañé varias veces, el sueño se había ido.

Así que él había venido por ese motivo…

-Sentido pésame ¿eh?

La sola idea de que fuese verdad me molestó.

¿Estaba bien dejar que Kiel lograra eso?

Sin duda alguna él es la persona que más detesto y detestaré hasta el día que muera, recordarlo era perturbador y nauseabundo.

Cubrí mi rostro, entendía lo que intentaba decirme, me estaba echando a morir por su causa; sin embargo, Levi no tenía la autoridad moral de criticar o recriminar por cualquier decisión que tomara, él podría decir misa, pero jamás sería capaz de entenderme, él ni nadie que no lo haya padecido o experimentado en carne propia.

Me siento sola, humillada y sucia. No quiero imaginar cómo estaría si Kiel hubiera logrado su cometido, agradecía a la vida de que aquel chico nos hubiera seguido y hubiese evitado que las cosas llegaran a mayores, pero no era razón suficiente para no estar asustada.

Pero no, no solo era eso.

Extrañaba a mi familia.

Esa era otra causa, necesitaba llorar y acobijarme en los brazos en sus brazos, los extrañaba con locura, pero ni siquiera podía obtener eso.

- ¿Se supone que debo hacerlo sola?

Esa interrogante fue contestándose con el pasar de los días, ya había admitido de que tenía la obligación de mejorar, no solo por mí, si quería enfrentar a mi familia lo haría de forma adecuada, no quería convertirme en una carga o en una persona de la cual debían preocuparse; dejé de usar la almohada como soporte para mi cabeza, el cuello me estaba matando, por lo cual opté por estrecharla con mis brazos y piernas mientras dormía, cuando más lo hacía esta se volvía más suave, eso hizo que mis ánimos mejoraran un poco.

Ya no pasaba tanto tiempo acostada, a veces me sentaba en el filo de la cama a estirar mis piernas y por momentos caminaba alrededor del calabozo.

-Aquí tienes, fue el único que encontré.

Me levanté asintiendo, estiré mi mano y observé la portada.

-Gracias Petra, este está bien.

Ella asintió y sonrió.

Era la segunda vez que hablaba con ella. La primera fue para preguntarle si había libros en este lugar y si ese fuese el caso que me facilitara alguno, estaba aburrida. En un primer momento se sorprendió de que le hablara y respondió que intentaría ayudarme, pero no prometía nada porque necesitaba obtener el permiso del capitán Levi para esto, según sus propias palabras yo me encontraba bajo su custodia, además dijo lo complicado que era el acceder a la biblioteca del cuartel. Con lo que me dijo me hice a la idea de que no podría leer, pero aquí estaba sosteniendo un libro con mis manos.

Ella se agachó y abrió un pequeño acceso que se encontraba en la puerta metálica del calabozo e introdujo la charola con comida, supongo que ella era la que se encargaba de esa labor, cuando se incorporó se acercó un poco.

-Por favor come, me alegró ver que lo hiciste la última vez.

Asentí, a la vez que me agachaba y tomaba con mis manos la charola, caminé hacia la silla que reposaba en la esquina cerca del lavado.

- ¿Quieres que te acompañe?

Negué.

-Te van a regañar si tardas. Te agradezco Petra.

Ella asintió y se fue deseándome que disfrutara mi lectura. Alcé la mano sacudiéndola y la bajé cuando ella salió por la puerta. Miré la charola y la comida que estaba en cada uno de esos platillos de madera. No sabía por con que iniciar ¿La comida o el libro? la sensación de hambre no la tenía, pero decidí comer primero porque odiaba la comida fría y porque fui capaz de percatarme de la delgadez que había adquirido mi cuerpo.

Hace unos días, al despertar me encontré con ropa limpia, una toalla. Una vez que estuve segura de que nadie podía verme me aseé, pero grande fue mi sorpresa cuando mis caderas se marcaron macabramente a mi piel.

Si mamá me viera así estoy segura que lloraría mares.

Suspiré.

Agarré el vaso con agua y bebí. Luego, agarré la cuchara y probé la sopa, estaba demasiado caliente, me quemé, la dejé a un lado esperando que se enfriara un poco y agarré el pan que reposaba en un pequeño platillo.

-No está nada mal.

La masa era dulce y estaba bien cocido, el sabor era inusualmente diferente y sabroso, esto no se había hecho en un horno convencional lo único desfavorable era que estaba un poco duro; este pan ya tenía algunos días de estar guardado. Una vez que lo acabé miré la sopa y esta destilaba mucho vapor, esperaría un poco más, mataría tiempo leyendo el libro que Petra había traído para mí.

-Aurora oculta, que título para más llamativo.

El libro es pequeño y tiene una pasta gruesa color azul oscuro, me parecía lindo, seguramente no tardaría mucho en finalizarlo, lo volteé para leer la contraportada, pero lo que encontré era el título repitiéndose. Era extraño, habitualmente en esa parte del libro se redacta el resumen o sinopsis de la obra, me preguntaba qué tanta diferencia habría entre una producción escrita de este lugar con los que existían en mi hogar, aquella incógnita me intrigaba; lo abrí y comencé a leerlo.

La historia trataba de lo mal que lo pasaba un anciano al perder a toda su familia por una rara pandemia que había azotado los muros. Estaba completamente solo, sufriendo la perdida de sus seres amados en silencio ya no le quedaba nadie, estaba desamparado, absolutamente nada se preocupaba de si él comía, dormía o vivía. La pandemia fue frenada gracias a las inigualables habilidades médicas de un joven doctor, pero pese a su excelente trabajo muchas vidas ya se habían perdido. Los años pasaron y el anciano cada vez estaba más débil, pero las necesidades lo obligaron trabajar vendiendo frutas. Los chiquillos del lugar, lo molestaban al saber que era un abuelo robusto y con problemas para caminar, por esto, abusaban de su buen corazón para pedirle de sus mejores frutas o en la mayoría de los casos hurtarle sin que él se percatara.

Una noche, mientras se mecía en su amada silla contempló la luna mientras el sueño se apoderaba de su ya cansado cuerpo, un suspiro agotador germinó de sus labios mientras la templanza lo abrazaba, cuando despertó vio a su amada esposa jugando con los niños, aquella mujer era extremadamente hermosa y cuando lo vio acercarse le sonrió radiantemente, cuando ella extendió su mano él la enlazó viendo que piel volvía a ser tersa y fuerte, los niños llegaron y se colgaron de sus manos jugando inocentemente mientras los llevaban hacia las calles despejadas e iluminadas, los días serían diferentes a partir de ese momento.

Volteé la hoja y encontré la palabra "Fin" en manuscrito.

Suspiré, apegando el libro a mi pecho, una sonrisa se dibujó en mis labios en tanto sentía que de mis ojos se deslizaban lágrimas. Esta vez no fueron de pena o dolor. Me sentí feliz por el protagonista del libro, su aurora oculta, lo había comprendido a la perfección. Mi pecho se sintió cálido, había olvidado lo bueno que era leer y fantasear sobre sucesos tan hermosos. Me agaché a coger el tazón de sopa, está ya estaba fría.

La miré con duda.

No me gustaba la comida muy caliente pero tampoco cuando esta se volvía fría, templado era perfecto para mí, pero regresar la charola con comida tampoco lo veía viable. Hice un esfuerzo y me la comí; quería agua, pero al ver que en el vaso solo quedaba un conchito fui al lavado para llenarlo, estaba sedienta, no tenía otra alternativa.

- ¿Tener parásitos en el estómago parece divertido?

-Capitán.

Apoyé el vaso en el lavado y me acerqué hacia él apretando los barrotes.

- ¿Vino a visitarme?

Su aspecto aburrido me indicaba que esa no era la razón.

-Vas a salir.

Me mostró la llave y yo negué al instante, estaba segura aquí y aun no estaba preparada para irme, al menos por ahora.

-Me siento segura aquí, capitán.

- ¿Crees que puedes seguir postergando esta conversación a tu antojo?

Pasé saliva, sabía que no, la paciencia se les había acabado. Nerviosa, me alejé de los barrotes de hierro, no había forma de negarme. Lo miré brevemente, él parecía comprender así que abrió la cerradura y jalo la puerta.

Respiré hondamente y caminé, al acercarme al capitán noté por primera vez que era unos centímetros más alta que él, fue peculiar, su estatura no encajaba demasiado con su rostro y temperamento, creo que la naturaleza no le hizo justicia pero no lo pensé mucho más, lo que realmente me inquietó fue que no era capaz de dar un paso fuera porque él no se movía, así que intenté caminar hacia otro lado pero también me lo impidió, lo miré sin entender ¿Acaso estábamos intentando bailar? Él se volteó un poco y me mostró algo que me asombró.

Eran unas esposas.

- ¿Está bromeando?

Me miró en silencio así que exhalé mientras acercaba mis manos hacia él, levantó un poco las mangas del vestido y puso las esposas sobre mis muñecas, lo único bueno es que no estaban muy apretadas.

- ¿Está bien que vaya con este vestido?

- ¿Quieres verte bien para Erwin?

Él cerró la puerta y comenzó a caminar, yo lo seguí.

- ¿Eh? ¿Qué dices? es solo que ¿No me veo como una anciana?

Me dio una ojeada rápida.

¿Acaso acaba de fijar su atención en mi aspecto?

-No tenemos tiempo para tonterías.

Pese a lo afilada que es su lengua parecía un poco menos desagradable o talvez lo estaba imaginando.

No comenté nada más, así que subimos la escalera en silencio, tal parece que me encontraba en una bóveda subterránea. Al abrir la puerta miré por mi alrededor, había muchas entradas, pero ningún ser humano a parte de nosotros se encontraba en estos pasillos.

¿Nadie custodiaba la zona?

-Capitán, espere.

Él se detuvo y me volteo a ver.

-He olvidado el libro que me prestó Petra.

-Déjelo.

Giró y continuó caminando, indecisa, lo seguí. Me llevó a una puerta enorme con dos perillas y la abrió.

- Oiga espere ¿Debo entrar así sin avisar?

Lo dije en un susurro esperando una respuesta, pero él no dio nada.

Suspiré.

¿Por qué no habla?

Con mis nudillos golpeé suavemente la madera y cuando escuché un adelante, ingresé.

- Señor Erwin.

-Señorita Witson. Me alegra verla mejor ¿Está lista para continuar con nuestra conversación?

Dudando respondí.

-Si señor.

Ingresé.

Esta sería una charla complicada y larga.

Continuará...