Dos capas se alzaban en las colinas, el primer portador estaba perdido en sus pensamientos, no podía creer el mero hecho de pensar en todos los obstáculos que tuvo que atravesar para estar en ese instante junto a su acompañante, aquella chica de cabellos negros que tantas sensaciones le causaba.

La guerra había finalizado.

Y con ello, varios camaradas habían dado su vida por la aldea, grandes enseñanzas se ciñeron dentro de él y ocurrieron cosas que en su vida infantil se hubiera imaginado.

Era tiempo de poner su vida en orden, de estar con las personas que él realmente apreciaba.

Por otra parte, la segunda capa la traía consigo una chica pelinegra quien admiraba al joven de mechones rubios sonreír como nunca antes; lamió sus labios y volteó su cabeza hacia otro lado que no fuera él. Sabía de antemano lo que estaba sucediendo con ella, con ellos.

Le encantaba observar a Boruto, era algo que simplemente no podría dejar de hacer por más que se lo propusiera, ver sus avances como ninja, ver cada detalle de su rostro o sus ojos brillosos cada vez que se emocionaba, aunque principalmente le encantaba ver su flamante sonrisa, aquella llena de orgullo y decisión.

Su corazón estaba agitado y pequeños remolinos por su pecho sonaban una y otra vez por su organismo.

Estaba segura que lo amaría por toda su vida, no le importaría siquiera si él no sintese lo mismo. Los pensamientos de Sarada que antes eran confusos, ahora se mostraban con claridad, lo que antes consideraba abstracto, ahora podría detallarlo con destreza.

Porqué ahora, más que nadie sabía que amaba a su compañero de equipo, Uzumaki Boruto.

-- Aún no puedo creerme que fue hace algunas horas que nos volvimos a encontrar después de mi largo viaje, extrañaba estos momentos contigo -- comenzó a hablar Boruto en un impulsopor querer expresar cada uno de los pensamientos que saltaban por su cabeza -- Recuerdas que cuando niños no dejábamos de pelear por cualquier tontería, en ese momento jamás le tomaba importancia a lo que tenía -- el rubio dejó salir sus palabras con fluidez, diciendo cada palabra que por algún tiempo no se atrevió a pronunciar -- Pero... Cuando sentí la ausencia de mi madre, la falta de apoyo que mis amigos me brindaban o los pequeños momentos que tenía con mi padre, me di cuenta de lo realmente equivocado que estaba -- su voz se encontraba tranquila, como si contárselo a ella le quitara cada uno de los errores que había cometido a lo largo de su vida -- Y yo... cuando pensé perderte en aquella batalla, al fin me pude dar cuenta de la relevancia que tenías en mi vida, me di cuenta de lo mucho que te amo y de lo perdido que estaría si no estuvieras conmigo.

-- Boruto... -- fue lo único que respondió Sarada con un leve sonrojo entre sus mejillas. La Uchiha tenía tantas cosas que quería decirle pero estás se atoraban en su garganta y quedaban en un silencio, no encuentraba las palabras perfectas ni la frase adecuada, solo oía a su corazón latir.

-- No tienes porqué sentirte sofocada por esto, Sarada -- el rubio sonrió levemente, sabiendo la dificultad que tenía la azabache de expresarse.

La Uchiha apretó sus labios y le tomó su brazo con fuerza, sentía que si no dejaba salir todo lo que había estado ocultado por años iba a explotar; tomó aire e inflo su pecho con valentía -- Es fácil para mí dejarme guiar por las dudas que me hacen mal, mi camino nunca es claro cuando hay demasiados pensamientos rodeando mi cabeza -- Sarada se quedó un momento fijando su mirada en esos peculiares ojos azules que tanto observaba -- mi destino siempre lo imaginé junto a ti y por alguna razón tu sola presencia hacia que mi camino fluyera con más naturalidad -- su mirada se movía nerviosa entre sus pupilas azules -- Y aunque trate de ocultar lo que siento, siempre ocupas mis pensamientos, no puedo seguir fingiendo que esto no existe.

-- S-sarada... -- los ojos del chico se agrandaron y un contundente sonrojo salió de sus mejillas.

La azabache no tenía suficiente con eso, sus brazos se movieron por el cuerpo del Uzumaki, llevando ambas manos hasta su pecho donde con fuerza le tomó de su chaqueta para atraerlo y tomar sus labios.

Al principio, el cuerpo del rubio estaba rígido, no se esperaba una respuesta así de la azabache, más no tardó en responderle con la misma torpeza que ella.

Era el primer beso de ambos. Uno lleno de inexperiencia y curiosidad por buscar la esencia del otro. Las manos del chico se movieron entre las caderas de su compañera y los brazos de ella se aferraban más a él.

Unos minutos bastaron para que los dos se separarán tímidamente, con una pequeña sonrisa en sus labios, estaban realmente contentos de haber podido decir lo que sentían y ser correspondidos.

El Uzumaki tomó las cálidas manos de la chica y las apretó, miro sus ojos negros, tratando de brindarle todo el valor que necesitase para enfrentar cualquier problema, ya que él siempre estaría para ayudarla, era una promesa que desde niño se había propuesto.

-- ¿A dónde quieres ir?

-- Vayamos a la aldea -- respondió la azabache, sus manos se apretaron con más fuerza -- Y demos todo de nosotros para reconstruirla.

Era el final y el principio de un todo para ellos.