Los personajes de Card Captor Sakura no me pertenecen, son una idea original del Clamp.


Navidad en urgencias

Impresionantes montículos de arena se extendían por la región de Saqqara, la necrópolis ubicada justo a las orillas del Nilo. Llena de misteriosos mausoleos que escondían innumerables tesoros ocultos por más de cuatro mil años, y por eso eran el paraíso del profesor Kinomoto.

El hombre estaba tan concentrado en aquellas paredes extraordinarias y recién descubiertas, que no prestaba atención al calor abrasador de treinta y siete grados, ni al ambiente polvoriento del sepulcro. Solo podía ver maravillado las estatuas que aún mantenían los colores originales, pero no había mayor apremio para un arqueólogo que el hallazgo de una tumba.

El grupo de expertos egiptólogos, liderados por Fujitaka Kinomoto, se encontraban estudiándola cuidadosamente, y llegaron a la conclusión que la momia que ahí reposaba pertenecía a un sumo sacerdote; sin embargo, no tenían indicios de la identidad del sujeto.

El sepulcro estaba lleno de acertijos, y mientras más se adentraban en los misterios más dudas surgían. Las escenas plasmadas en las paredes mostraban la vida diaria, sus costumbres religiosas y lo que pensaban que había después de la muerte.

Los trabajadores terminaron de abrir una de las catacumbas, y estaban quitando los últimos escombros, cuando el arqueólogo decidió adentrarse cuidadosamente junto con Mustafá, el jefe de la investigación. El espacio era reducido, los hombres tenían que permanecer encorvados, pero eso no les importaba, porque aquel recinto prometía estar lleno de increíbles descubrimientos.

Con la misma emoción de un niño, el profesor comenzó a retirar arena de un relieve que le pareció interesante, poco a poco aquello dio paso a un sarcófago de madera, casi en perfecto estado.

Mustafá y Fujitaka, desenterraron aquella caja con todo el cuidado y respeto que merecía un hallazgo como aquel. Después de casi media hora terminaron de quitar los rastros de arena.

La posición en la que se encontraba el japonés no era para nada cómoda, provocándole un dolor constante de espalda que se extendía hasta sus piernas, sin embargo, no prestó atención a la molestia debido a que tenía todos sus sentidos enfocados en el descubrimiento.

Y por ello, siendo presa de la emoción del momento, se dispuso a ayudar al equipo de investigación a sacar el pesado sarcófago, colocando sus manos en la base donde debían estar los pies de la momia. A la voz de tres, todos alzaron el preciado tesoro con fuerza, y fue en ese momento que escuchó el crujir de sus vértebras y un malestar invadió su ya dolorida espalda y piernas.

Al salir de la cripta, los investigadores admiraban aquella pieza de madera que prometía grandes revelaciones, y después de ese glorioso momento fue llevada al laboratorio para ser estudiada con propiedad por más científicos especializados en el tema.

Mientras, el líder del equipo, continuaba dentro de la catacumba tomando todas las fotografías necesarias, para documentar muy bien su investigación, ya que su tiempo de campo en Egipto había llegado a su fin. Era una tristeza abandonar esa tierra mágica, pero gracias a todos los hallazgos podría hacer una excelente publicación que les permitiría conseguir más financiamiento, y continuar las investigaciones en un futuro cercano.

En ese momento, pensó en su hija y en la invitación que le había hecho para pasar el fin de año con su familia en China; a Hien y a Shaoran les encantaría ver todas esas imágenes y discutirlas mientras él trabajaba, señalando los ideogramas y dando su propia interpretación, ya que la pasión por la arqueología era algo que compartía con ellos y por eso ya les tenía un buen regalo a ese par.

Los siguientes cuatro días el profesor estuvo trabajando de lleno en el papeleo, asegurándose de dejar todo en orden, para que Mustafá no tuviera ningún inconveniente al procesar las muestras, que enviarían al Gran Museo Egipcio del Cairo.

Fueron días de intenso trabajo de escritorio, y estaba tan absorto que constantemente adoptaba una mala postura, que cambiaba sólo cuando su espalda le empezaba a molestar, en un par de ocasiones tomó un analgésico que rápidamente le hacía efecto y le permitía regresar a su labor.

El último día al finalizar con todo el trabajo e incorporarse para preparar su equipaje, el dolor le recorrió hasta las piernas, por lo que pidió la cena a la habitación con el fin de mantener su cuerpo en las mejores condiciones, no quería llegar como un viejo achacoso con su hija, además tenía muchas ganas de jugar con Hien y Nadeshiko. Ese par era su adoración, así que lo mejor era dejar descansar su espalda.


Mientras tanto en Hong Kong…

La familia Li se encontraba disfrutando de una agradable tarde, Shaoran había querido pasar el fin de año de lleno con sus seres queridos y por eso había hecho todo lo posible para tener esos días libres.

Los cuatro integrantes de la familia Li, departían alegremente en el salón de televisión de la mansión. Veían una película que trataba sobre la leyenda de Chang'e, la diosa china de la luna. Madre e hija como buenas chicas románticas, estaban fascinadas con la pareja protagonista, y sollozaron varias veces cuando Chang'e y Houyi se separaron, brindándole a Shaoran la oportunidad perfecta para envolverlas con cariño entre sus brazos.

A pesar de que la película tenía bastantes tintes sensibleros, los efectos especiales estaban realizados de manera magistral, así como la ambientación, y qué decir del momento de la batalla, había sido muy real, algo que agradecían padre e hijo quienes también disfrutaban el filme.

Cuando terminó la película, los cuatro castaños se estiraron coordinados, estaban pasando una tarde fenomenal, entre palomitas de maíz y pastel de chocolate. De pronto Sakura tomó el control de la televisión, y mientras cambiaba los canales les llamó la atención un programa en donde estaban explicando las tradiciones navideñas en occidente.

La familia observó la celebración que consistía en colocar un árbol de navidad, adornar la casa, y preparar una gran cena para compartir con los seres queridos. Era interesante, ya que ni en China ni en Japón se tenían ese tipo de tradiciones.

Sí había adornos navideños, sobre todo en los centros comerciales, y quizás las personas se reunían con amigos o con su pareja, para compartir un pequeño pastel, pero nada más allá de eso. La Navidad no era una celebración con tanta importancia, como en otras partes del mundo.

―Papi y ¿si esta navidad la pasamos, así como en la tele? Aprovechando que viene mi abuelito, tía Tomoyo y tía Meilin ―propuso Nadeshiko mirando a su papá con ojos expectantes, mientras lo jalaba un poco de la camisa.

―Sería muy bonito y diferente, Shaoran, ¿verdad Hien? ―comentó Sakura volteando en dirección a su hijo y su esposo, con el mismo gesto ilusionado que tenía Nadeshiko.

―Sería interesante y divertido, papá, incluso podríamos ir a un lugar con nieve, para hacer más real la experiencia ―agregó Hien volteando en dirección a su padre.

Shaoran tenía ante sus ojos su perdición: Sakura, su persona especial, con esa mirada que lo convencía de hacer cualquier cosa, y que además utilizaba su arma secreta, tomarlo por la manga de su camisa; Hien de ocho años, su primogénito, un niño muy inteligente y perspicaz, lleno de ilusiones e imaginación, quien también lo miraba, con las mismas esmeraldas brillantes que ostentaba su madre; Y si ellos dos no lograban doblegar la ya frágil voluntad de Shaoran, contaban con el arma de devastación absoluta. Nadeshiko de seis años, la pequeña princesa del lobo, la niña de sus ojos, ya que esos irises ámbar eran idénticos a los de su padre. La niña utilizó todo su potencial destructivo contra su papá, lanzándose hacia él en un abrazo efusivo.

―¡Por favor, papi! ―pidió con su tierna voz, y ese destello travieso en sus ojos color miel.

Shaoran solo pudo suspirar resignado, no era posible, él dirigía un imperio empresarial, discutía temas de economía mundial en los principales foros, era uno de los empresarios más respetados a nivel internacional, la gente lo reverenciaba al pasar, pero no podía contra esas esmeraldas brillantes, y mucho menos contra esos ojos áureos.

―Podría ser incómodo estar en un ambiente tan frío ―trató de contraatacar, pero su argumento era muy pobre, al único que le importaba ese detalle era a él.

Seis luceros no le quitaban la mirada de encima, mientras esperaban la respuesta afirmativa del líder del clan.

―¡Por favor! ―pidieron los tres a coro, y con esa carita de súplica tan de su esposa.

Batalla finalizada, el padre había sido abatido. Dio un gran suspiro y tomó su teléfono móvil de la mesa.

Buenas tardes, señor ―escuchó al otro lado de la línea.

―Sí, buenas tardes, Run Yu. Necesito que reserves una cabaña al norte del país, para la semana de navidad. De preferencia en la provincia de Heilongjiang, ya que debe estarse preparando el festival de hielo de este año mencionó con su acostumbrada voz de mando. Y que tenga un ambiente cálido y familiar para diez personas. También reserva el vuelo para mi familia, mi suegro, Meilin, la señorita Daidouji y… Espera un segundo. ―Miró a su esposa y tapó la bocina con su mano―. ¿Estás segura que tu hermano y Tsukishiro no vendrán?

―Me dijeron que esos días tendrán guardia en el hospital ―respondió ella, recordando la reciente llamada de su hermano.

Shaoran asintió y volvió al celular.

―Reserva el vuelo sólo para las personas que te mencioné ―indicó el líder.

De acuerdo señor, en un momento le envío la información ―confirmó el asistente de Shaoran―. También, me gustaría aprovechar su llamada para notificarle que…

―El subdirector Bo Hai está a cargo del corporativo mientras yo estoy de vacaciones, Run Yu ―interrumpió Shaoran, masajeando el puente de su nariz―. A menos que sea algo urgente, notifícale a él cualquier contratiempo.

Sí, lo sé, señor, pero esto tiene que ver directamente con su familia ―le explicó el joven asistente.

―Bien… prosigue.

Llegó una petición de su primo, el doctor Li Xu Feng, solicitando los pergaminos de maese Li. Al parecer armaran una exposición sobre la evolución de la medicina en China y quiere mostrarlos, pero se comprometió a tratarlos con todo el cuidado y respeto que las reliquias merecen.

―Son documentos de más de cuatrocientos años, revisa bien las condiciones en las que estarán expuestos y me envías la información, Xu Feng siempre ha sido muy cuidadoso, pero estamos hablando de pergaminos muy valiosos para el clan.

Sí, señor, en un momento más le envío lo que solicitó y la información de la exposición, para que analice la autorización.

―Gracias, Run Yu.

El líder cortó la llamada y regresó a mirar la televisión con su familia, su esposa llamó su atención, ofreciéndole una rebanada enorme de pastel de chocolate, como recompensa por haber accedido al capricho de su familia.

―Son unos tramposos ―solo atinó a decir Shaoran, mientras introducía una cucharada gigante de pastel en su boca.

―¡Gracias, papi! ―dijeron los dos niños al unísono y se acercaron a darle un beso en la mejilla, Sakura no se quiso quedar atrás, y también le brindó un beso en la comisura de sus labios, quitando los restos de chocolate que se habían quedado ahí.

Entonces el castaño lo pensó mejor, esa no fue una batalla perdida, si la recompensa era tan agradable.

―¿Vas a reunirte con Xu Feng? ―preguntó Sakura intrigada por la mención del primo de su esposo, quien era un reconocido médico, director del Hospital Central de Guangzhou.

―Quizás, quiere que le preste los pergaminos de maese Li, un antiguo líder del clan, durante la dinastía Ming.

―¿Hubo un médico como líder? ―cuestionó asombrada la castaña.

―Así es, según cuenta la historia era un personaje peculiar; adoraba viajar y estuvo algún tiempo en Japón. ¿Sabías que no fuiste la primera japonesa en pertenecer al clan? ―ella negó con la cabeza mientras seguía atenta la conversación―. Maese Li se casó con una médica japonesa, en una carta aún se logra leer que se referían a ella como: la flor más hermosa de Japón. De hecho, gracias a ellos es que existe el hospital de Guangzhou, dicen que empezó como una clínica y escuela de medicina, y mira ahora el enorme complejo que dirige Xu Feng.

―Nunca había oído hablar de ellos, la señora Ieran no profundizó en esa parte de la historia.

―Tampoco hay mucha información, según tengo entendido en cuanto pudieron entregar el clan a su descendencia, se fueron de Hong Kong. Nadie sabe donde murieron, aún se conservan algunas cartas, pero siempre venían de lugares distintos. He visto algunas y debo resaltar que la caligrafía de mi ancestro era envidiable, mi madre cuando era pequeño me exigía escribir como él, pero nunca lo logré ―finalizó Shaoran algo apenado.

―Debió ser una linda historia de amor ―aseguró Nadeshiko con ilusión―. Así como la de ustedes.


En la noche del veintitrés de diciembre, después de un viaje en avión de más de ocho horas, la familia Li, junto con Fujitaka, Tomoyo y Meilin llegaron hasta una acogedora cabaña. Rodeada por un bosque nevado, en Hailin, una pequeña población al norte de China, a las orillas del río Hailiang.

Shaoran tiritaba de frío, aunque estaba ataviado con ropa especial, la temperatura de menos diez grados no dejaba de molestarle. Pero era él único incómodo con el clima, ya que todos los demás estaban más felices que nunca.

Entraron en la acogedora casita de madera, donde la chimenea estaba encendida, el calor era tan agradable, que todos tenían sonrisas radiantes. El asistente de Shaoran se había encargado de que tuvieran lo necesario para la preparación de la cena navideña, y comida suficiente para los días que permanecerían ahí, así como un auto para poder trasladarse.

Cenaron en una agradable compañía, donde el hombre mayor aprovechó para relatarles a su yerno y a su nieto los detalles de la excavación; los dos chinos estaban maravillados con todo, miraban las fotografías a detalle tratando de encontrar los secretos ocultos. Hien aseguraba que una de las estatuas era muy parecida a la que se encontraba en un libro de la biblioteca de la mansión. Inmediatamente Shaoran supo a qué libro se refería su inteligente retoño. Entonces padre e hijo se dedicaron a formular teorías, apoyados por los conocimientos del abuelo, quien estaba feliz, esa era justo la reacción que esperaba de ambos.

Mientras que en otro punto de la mesa estaban las chicas departiendo alegres. Tomoyo con cámara en mano, detallaba a todos en la habitación y admiraba los atuendos de sus sobrinos que eran parte de su última colección. Nadeshiko les estaba explicando a sus tías, lo que su mamá y ella habían planeado para la cena de Navidad.

Después de la cena convivieron un poco más, se divirtieron con juegos de mesa, mientras tomaban chocolate caliente con bombones.

A la mañana siguiente desayunaron en familia y salieron a jugar un poco en la nieve, regresaron temprano, porque sabían que era necesario preparar la cena, y les iba a llevar algún tiempo ya que nunca habían cocinado algo así, además era demasiada comida.

Repartieron las actividades, debido a que aún faltaba adornar la cabaña y el árbol de Navidad, así que Sakura, Tomoyo y Meilin se quedaron cocinando la cena, mientras que Fujitaka, Shaoran y los niños se encargaron de adornar la casa.

Run Yu también se aseguró de enviar adornos, así que se pusieron manos a la obra, llenaron de motivos navideños toda la cabaña, pero aún faltaba el árbol, entonces decidieron ir por uno al bosque.

En el camino se encontraron con el vigilante del lugar, y le informaron de sus intenciones de obtener un pequeño árbol navideño. El señor muy amablemente les indicó dónde podían encontrar pequeños ejemplares, que eran empleados por la población como leña.

Fujitaka, Shaoran y los niños se dirigieron hasta donde les habían señalado, encontraron en su camino una casita tradicional china, hecha de madera con techos de dos aguas y tejas de cerámica color gris. Curiosamente no estaba nevada, pensaron que probablemente los dueños acababan de limpiar el tejado, porque a pesar de ser una vivienda antigua, estaba en un excelente estado.

Siguieron su camino, mientras los niños corrían por la nieve, riendo, y los dos hombres continuaban conversando sobre los hallazgos en Egipto.

Por fin encontraron el árbol de navidad indicado, era pequeño y frondoso, pidieron permiso al pino para cortarlo y le agradecieron porque les brindaría su compañía en la celebración.

Envolvieron el árbol con sumo cuidado para no dañarlo y poderlo llevar por la nieve; Shaoran jalaba de la cuerda mientras regresaban. Durante el camino, los niños seguían disfrutando del paisaje tan distinto a Hong Kong. Nadeshiko corrió en dirección a su abuelito, pero tropezó y cayó de bruces.

―¡Nadeshiko! ―dijo Fujitaka mientras se agachaba para levantar a la pequeña.

―¿Estás bien? ―preguntó Shaoran sacudiendo la nieve de la cara de la niña, que asentía sonriente ―. Ten más cuidado, amor.

―¿Estas bien, Nadeshiko? ¿Te lastimaste? ―preguntó Hien quien llegaba corriendo, y miraba a su hermana atentamente.

―Sí, estoy bien, pero tendré más cuidado ―dijo sonriente mientras hacía una tímida reverencia.

Al cerciorarse de que la pequeña no se había lastimado, Fujitaka intentó incorporarse, pero un dolor lacerante invadió su espalda y parte de sus piernas, y no le permitía moverse.

Shaoran iba a tomar nuevamente la cuerda del pino, pero vio que su suegro seguía en la misma posición.

―Señor Kinomoto, ¿Está bien? ―preguntó el chino, acercándose hasta su suegro.

―Me temo que no, Shaoran, enderezar la espalda me duele, me lastimé en Egipto y al parecer el clima frío no me está ayudando.

El empresario sacó su teléfono móvil, sólo para descubrir que no tenía cobertura. Intentó llamar a emergencias, pero fue inútil. El teléfono del profesor estaba en las mismas condiciones.

Entonces el líder recordó la cabaña que habían visto de camino, estaba cerca, por lo que le propuso al padre de su esposa ayudarlo a llegar hasta allí, para pedir ayuda.

Fujitaka se apoyó en Shaoran para movilizarse, los niños también iban pendientes de que su abuelito caminara por los lugares donde la nieve estaba más firme.

Por fin los cuatro llegaron hasta la puerta de la casita, que se encontraba abierta, al entrar observaron que era un siheyuan, una casa con arquitectura histórica. Era muy bella, pequeña, pero bien acondicionada, con un patio central y varias habitaciones alrededor, comunicadas por pasillos techados.

Shaoran sabía que las habitaciones más importantes de ese tipo de construcción se encontraban al sur, entonces atravesó el patio y se dirigió a la última habitación. Dio unos pequeños toques en la puerta y se disculpó por entrar sin permiso, pero para su sorpresa nadie contestó.

Nuevamente dio otros golpecitos y repentinamente la puerta se abrió, asomó su cabeza saludando al interior, pero solo obtuvo silencio en respuesta.

Era muy curioso que nadie contestara, porque parecía que la casa sí estaba habitada, era cálida y tenía ese agradable aroma a hogar.

Se adentró al recinto tratando de buscar ayuda, y cuando cruzó el umbral una sensación confortable se instaló en su pecho, por alguna razón se sentía diferente, e igual al mismo tiempo, era un sentimiento muy extraño, pero no le causaba una mala sensación, al contrario, le infundía confianza.

Al detallar la habitación descubrió que se trataba de una clínica de medicina tradicional. Intentó buscar un teléfono, pero todo lo que ahí había parecía sacado de una película histórica de la dinastía Ming, no había artefactos eléctricos, sin embargo, encontró un pergamino escrito con una caligrafía tan elegante y pulcra, que parecía trazada por algún miembro de la realeza de aquel entonces:

"A veces salimos, pero siéntete como en tu casa, si necesitas ayuda y sabes cómo usar el material que tenemos, no dudes en utilizarlo, ten confianza en ti mismo. Si quieres usar la cocina puedes hacerlo e incluso puedes pasar la noche aquí, recuerda, esta es tu casa y tu familia es bienvenida".

Shaoran no supo cómo interpretar lo allí manifestado, pero necesitaba que su suegro se sintiera mejor y parecía que en ese lugar al menos podrían descansar un poco, mientras ideaba como conseguir asistencia.

Ayudó a su padre político a entrar en el recinto, el hombre mayor se recostó en una especie de cama tradicional conocida como Ta, una plataforma de madera que se utilizaba para aplicar tratamientos de acupuntura o masajes. Dicha cama tenía una manta esponjosa, con bordados de flores de cerezo, que la hacía muy cómoda.

Cuando el abuelo se recostó sobre el mueble, de inmediato sintió gran alivio, aunque aún le dolía la espalda al tratar de moverse, pero el ambiente del recinto por alguna razón le transmitía bienestar.

Shaoran y sus hijos seguían asombrados por todo lo que se encontraba en esa habitación.

En el centro había una mesita baja, que dada su apariencia era un mueble muy antiguo, pero bien conservado, sobre ella reposaban dos cajas de medicamentos hechas de madera, además de un par de estuches de acupuntura.

Un biombo con un bello paisaje de montañas dividía la habitación, para dar privacidad al paciente. Alrededor, totalmente ordenados, se encontraban varios muebles de madera, eran cajoneras y repisas con remedios, todo estaba tan bien cuidado, que daba la impresión de haber regresado en el tiempo. En una de las esquinas de la clínica se apreciaba un bello y antiguo alambique, varios morteros y material para moxibustión, técnica que consistía en aplicar calor para estimular el flujo de energía del cuerpo.

Los pies del jefe del clan lo llevaron a una repisa, donde se encontraba un sin número de pequeños frasquitos, con sustancias oleosas de diversos colores. Sostuvo uno en sus manos y lo abrió, pudo percibir una esencia deliciosa a flor de naranjo, destapó uno más para encontrarse con el perfume de las rosas, otro le brindó la placentera fragancia de las peonias. Eran esencias de flores, los aromas eran exquisitos y delicados, la imagen de su esposa llegó a su mente y una sonrisa apareció en su rostro.

Al mirar todo aquel recinto, algo dentro de Shaoran le decía que podía ayudar a su suegro, recordaba que en algún momento leyó sobre los puntos de energía, y la relación con los sistemas óseo y nervioso. Wei le había explicado la técnica y pudo practicar un poco en aquella ocasión. Así que decidió seguir las indicaciones del pergamino, tendría confianza en sí mismo.

―Señor Kinomoto, tengo un poco de conocimiento sobre los puntos de energía en la columna vertebral y la zona lumbar, ¿Me permitiría utilizar una técnica para aliviar su dolor? Es medicina tradicional, pero creo que será útil.

―Parece que aquí hay todo lo necesario… Así que me pongo en tus manos, Shaoran. Haz lo que tengas que hacer. Confío en ti ―afirmó el de lentes.

Una determinación extraña nació en Shaoran y se dirigió hasta donde estaba su suegro, mientras sus hijos lo miraban, en muchas ocasiones habían visto a su papá en acción, ya sea en eventos importantes como director de empresas Li o en su papel de líder del clan, también desenvolviéndose como experto artista marcial, sin embargo, ahora era diferente, había serenidad y confianza en su rostro, además de lo enfocado que estaba. Algo lo hacía verse distinto, pero no sabían identificar cuál era el motivo.

El empresario revisó con detenimiento los orbes del profesor, después cerró sus ojos mientras le tomaba el pulso, para sentir con claridad las fluctuaciones de su corazón y miró con atención su lengua, posteriormente lo ayudó a quitarse el gran abrigo, para que tuviera mejor movilidad.

El calor en la estancia era muy agradable, por lo que no era necesario cubrirse tanto, incluso él se deshizo de su propio abrigo, para poder mover mejor sus brazos. Colocó a su paciente boca abajo y comenzó a revisar con detenimiento su espalda, tocaba concentrado los espacios entre sus vértebras desde el cuello hasta la zona lumbar.

―Profesor, tiene un desajuste en varias de sus vértebras, pero estoy seguro de que puedo ayudarle ―dijo Shaoran con una actitud muy profesional.

―Adelante, hijo ―accedió Fujitaka, Shaoran desde niño le había inspirado confianza, y en esos momentos no sabía si era por el ambiente o por la seguridad del chino, pero tenía la certeza de que sabía lo que hacía.

―Gracias por la confianza, haré lo mejor que pueda.

Entonces el hongkonés solicitó al hombre mayor que se relajara y respirara profundo, entre cada una de las respiraciones, Shaoran hacía presión con ambas manos en puntos específicos, logrando que las vértebras regresaran a su lugar.

Fue bajando por toda su espalda con cuidado y verificando que todo estuviera bien, por su parte Fujitaka sentía una gran mejoría, el dolor intenso estaba desapareciendo, aún tenía molestias, pero nada que no pudiera controlar.

Shaoran siguió muy concentrado en su labor, sentía que algo o alguien guiaba sus manos con maestría. Por alguna razón sabía los puntos específicos de la columna vertebral, las terminaciones nerviosas y el flujo de energía, sus movimientos eran tan naturales, que parecía que estaba haciendo algo cotidiano.

―Profesor, hemos terminado con la espalda, pero debo ajustar la zona lumbar, por favor necesito que se coloque del lado derecho ―indicó ayudando a su suegro a movilizarse.

Fujitaka se dejó guiar, el dolor ya era casi imperceptible y se sentía muy bien. Shaoran por su parte colocó al paciente de la manera indicada, acomodando sus brazos y piernas, y con su cuerpo el chino hizo palanca para ajustar el hueso sacro, se escuchó un chasquido cuando regresó a su posición.

―¿Le dolió? ―cuestionó Shaoran.

―Para nada, el sonido impresiona, pero no me dolió.

―Quédese acostado un poco más, le prepararé una infusión de sauce blanco para aliviar el dolor, cuando se sienta relajado trate de incorporarse y me avisa si aún le duele. Niños, ayuden a su abuelito cuando trate de sentarse, solo sirvan de apoyo, no lo jalen ―dictaminó el padre viendo a sus hijos.

―Gracias, Shaoran ―dijo Fujitaka, el castaño solo le dio una reverencia, con ambas manos frente a su rostro, los codos flexionados e inclinó su cabeza.

Aquel comportamiento desconcertó a los niños quienes veían asombrados a su padre, ese tipo de reverencias sólo las habían visto en los libros de historia y en las películas, ¿por qué su papá se inclinaba de esa manera?

El empresario fue hasta la cocina para calentar el agua, después se dirigió a la tetera, abrió el cajón donde estaba la corteza de sauce blanco, y realizó la infusión. Estaba totalmente concentrado en su labor, se movía en ese recinto como pez en el agua, incluso endulzó un poco el té con miel.

Llevó el cuenco de cerámica hasta el profesor Kinomoto, quien ya se encontraba sentado, la espalda ya no le dolía y estaba muy relajado.

Posteriormente fue hasta uno de los cajones, y sacó un quemador de metal en forma de flor de loto e incienso con olor a sándalo.

―Lo más recomendable es que no se mueva en todo lo que resta del día, no es bueno que salga al frío ―indicó Shaoran a su paciente―. Si tiene alguna molestia, por favor, hágamela saber de inmediato.

El teléfono del chino comenzó a vibrar dentro de la bolsa de su pantalón y una melodía que no tenía nada que ver con la atmósfera del lugar se escuchó. Shaoran en un momento no supo qué era esa sensación en su pierna y el sonido tan raro, así que abrió los ojos sorprendido, llevando su mano a la vibración, entonces reaccionó, saliendo del trance en el que estaba.

―Hola, Sakura ―contestó su teléfono, aún con una sensación rara.

¡Shaoran! ¡Gracias a los dioses! ¿Dónde están? Ya tardaron mucho y no me podía comunicar ―dijo ella con voz preocupada―. Touya y Yuki llegaron de sorpresa y fue cuando empecé a llamarlos, ¿todo bien?

―Sí, cerezo, al parecer ya todo está bien… ―respondió mirando a su suegro, quien asentía sonriente.

¿Qué pasa Shaoran, me estás asustando?

Shaoran agitó su cabeza, se sentía algo desorientado, el sonido de su teléfono y la sensación conocida, pero al mismo tiempo desconocida en su pierna lo aturdió, ¿Qué diablos le estaba pasando? Aclaró su garganta y continuó la conversación con su esposa, no quería preocuparla.

―Tranquila, bonita. Hace poco regresábamos a casa y tu papá sin querer realizó un mal movimiento que le provocó un dolor muy fuerte. Al parecer se lastimó en Egipto y lo dejó así… Ninguno tenía cobertura y por eso no pude llamarte ―explicó con un tono calmo, para no preocupar de más a Sakura.

¿Dónde están?

―Estamos en el camino que lleva al bosque, dentro de una consulta de medicina tradicional ―indicó él mientras observaba el recinto por enésima vez.

¿Atendieron a papá? ¿Cómo está? ¿Los niños? Voy para allá, mándame la ubicación ―pidió con urgencia la castaña.

―Los niños están bien, yo atendí a tu padre, al parecer ya se siente mejor ―respondió tratando de contestar todas las preguntas―. En un momento más te mando la ubicación.

¿Cómo que tú atendiste a papá? Por suerte, aquí están Yukito y Touya, ya vamos para allá, no se muevan.

―Sí, cerezo, aquí los esperamos, pero tranquilízate que tu papá ya se siente mejor, es más ya te lo comunico. ―Shaoran ofreció el teléfono al hombre frente a él.

―Pequeña Sakura, tranquila. Shaoran hizo un excelente trabajo y ya me encuentro bien.

Vamos para allá papá, no hagas esfuerzos.

―Sí, hija, aquí los esperamos, pero no te preocupes estoy bien ―aseguró Fujitaka

Está bien, papá, en un momento te revisan Yukito y Touya.

La mujer se tranquilizó al escuchar a su padre, pero aún así seguía preocupada, terminaron la conversación y se apresuraron para ir al sitio que su esposo había comentado.

Fujitaka entregó el teléfono a Shaoran y rió bajito mientras negaba con la cabeza.

―Siento estar arruinando la celebración ―dijo con un leve suspiro.

―No has arruinado nada abuelito, esta casa es increíble ―aseguró Hien mirando todo, mientras sonreía igual que lo hacía Sakura, cuando tranquilizaba a las personas.

―Deberíamos pasar la Navidad aquí ―comentó Nadeshiko, mirando a su hermano con travesura―. Papá dijo que no te debes mover abuelito, y el pergamino dice que podemos estar aquí.

―Cuando llegue mamá la convenceremos ―comentó el chico a su hermana, ella asintió y chocaron sus manitas, ambos tenían un brillo travieso en sus ojos.

Los encantos de esos dos no solo servían para desarmar a su padre, también eran un arma de destrucción con su madre. Shaoran rió seguido de Fujitaka al ver a ese par tramando su siguiente aventura.

El castaño volvió a revisar la espalda de su paciente, tocando sitios específicos y preguntando si le dolía, también revisó con detenimiento su cuello.

―Tiene tensión muscular señor, ha estado adoptando una mala postura, deberá estirarse de vez en cuando mientras trabaja. Coloque alguna alarma y pare un poco de trabajar, para que su cuerpo adopte otra posición. Y si realiza algunos ejercicios le ayudará a relajar sus músculos ―explicó Shaoran mostrándole los estiramientos que debía hacer, mientras nuevamente adoptaba esa actitud de profesional de la salud.

―Papá, deberías seguir tus propios consejos ―rió Hien mirando divertido a su padre―. Te he visto pasar horas sentado, mirando la pantalla de tu computadora, en tu despacho y tu postura tampoco es muy buena, luego le dices a mamá que te duele la espalda.

El abuelo rió ante la cara que puso su hijo político, al darse cuenta de que el niño tenía toda la razón.

―Eso es porque tu papá necesita un pretexto para que tu mamá lo consienta un rato ¿o me equivoco Shaoran? ―preguntó Fujitaka en tono juguetón, haciéndolo sonrojar hasta la coronilla.

De pronto se escucharon voces conocidas entrando a la casita, Shaoran asomó su cabeza por la puerta de la consulta para encontrarse con Sakura, Touya y Yukito.

―¿Cómo están? ¿Dónde está papá? ¿Los niños? ―preguntó Sakura aún angustiada.

―Todo está bien, cerezo, tranquila, todos están adentro, pasen ―indicó Shaoran haciéndose a un lado para dejarlos pasar.

En cuanto Sakura entró al recinto la envolvió una sensación muy hermosa, una calidez que se instaló en su corazón. Dio un vistazo rápido y le pareció un lugar muy acogedor, era la misma sensación de cuando llegaba a la mansión después de un día de trabajo y miraba a su familia, el efecto que solo tiene encontrarse en el hogar. La angustia que sentía desapareció sin dejar rastro.

Touya entró con paso decidido, seguido de Yukito, Shaoran los saludó con una respetuosa reverencia al estilo chino tradicional, con sus manos al frente y los codos flexionados.

―¿Ya entraste en personaje mocoso? ―cuestionó el médico mirando a su cuñado y observando la clínica.

―Déjalo en paz Touya, el ambiente invita a regresar al pasado, es muy lindo el lugar. Que gusto verte Shaoran ―saludó el hombre de la eterna sonrisa.

Touya y Yukito se acercaron a Fujitaka y después de saludarlo comenzaron a revisarlo como indicaba la medicina moderna, preguntaron los síntomas, tomaron sus signos vitales, lo auscultaron y se sorprendieron al encontrarlo en un excelente estado. Por lo que pudieron percibir palpando su columna estaba en buenas condiciones, quizás fuera necesario realizar una radiografía, pero estaba a punto de caer la noche y el hospital más cercano estaba lejos, además el frío podía afectarlo.

Como bien lo había indicado Shaoran, lo mejor sería que se quedara sin moverse lo que restaba de la noche, y al día siguiente irían al hospital. Así que solo indicaron unos desinflamatorios.

―Me sorprendes, mocoso ―dijo Touya, palmeando con más fuerza de la necesaria, la espalda de su cuñado―. Gracias por tus oportunas atenciones a mi padre.

―La infusión de sauce blanco fue una excelente decisión, Shaoran ―comentó Yukito.

―Gracias, maese Tsukishiro ―expresó Shaoran realizando una reverencia, sorprendiendo a todos, por la manera de dirigirse a Yukito, la palabra maese no era común utilizarla.

―Creo que ya le afectó el olor a sándalo ―se burló su cuñado―. El mocoso sigue en personaje, solo falta que se ponga un hanfu.

Shaoran agitó su cabeza, no sabía que le estaba pasando.

Sakura se acercó a su papá, quien le aseguró que estaba de maravilla, y que no se preocupara. Estaba escuchando sus palabras tranquilizadoras, cuando de la nada, la castaña tomó su muñeca para sentir su pulso, y lo miró atenta. Sus ojos hicieron conexión y una calidez los invadió.

―No sabes cuánto me alegra verte bien, papá ―dijo con pequeñas lágrimas en sus ojos esmeralda y lo abrazó con cuidado, pero con mucho amor, como si tuviera mucho tiempo sin verlo―. ¡Te quiero tanto! Y estoy tan agradecida contigo.

―Yo también te quiero, pequeña Sakura ―respondió el aludido acunando con todo su amor a su hermosa flor de cerezo.

La mujer se sentía tan dichosa que su corazón no dejaba de latir emocionado y en su rostro se dibujaba una enorme sonrisa y sus ojos brillaban como nunca, volteó en dirección a su esposo.

―Gracias por siempre cuidarlo, Shaoran ―expresó emocionada, no podía dejar de sonreír.

―Disfruta el momento, hermosa yosei ―dijo el chino, mientras le guiñaba un ojo.

En ese momento hizo acto de presencia Nadeshiko.

―¿Desde cuándo le dices hada a mamá?, es un lindo mote ―comentó la niña con ilusión, le pareció muy tierno como su papá se había dirigido a su mamá―. Bueno eso no importa, Hien y yo hemos decidido pasar la Navidad aquí, para que abuelito no se mueva y disfrutemos de la celebración.

―Así es mamá, es lo más sensato que podemos hacer, y papá está de acuerdo ―aseguró el primogénito viendo fijamente a su madre.

El padre decidió apoyar la estrategia de sus hijos, aprovecharía su dulce oportunidad de venganza, y miró fijamente a Sakura, cuatro luceros ámbar la observaban más dos esmeraldas brillantes.

―¡Por favor! ―pidieron los tres, con su mejor carita traviesa.

―Ahora entiendo, porque dices que somos unos tramposos ―aseguró la madre con un gran suspiro mirando a su esposo―. Está bien, pero debemos asegurarnos de que las personas que viven aquí no se molesten.

Hien fue hasta el pergamino y se lo llevó a su mamá, al tocarlo Sakura sintió como una agradable corriente eléctrica la invadía, esa caligrafía le parecía familiar, era tan elegante y la invitaba a quedarse con su familia. Entonces ella pensó que les dejaría uno de los pasteles de chocolate en agradecimiento, aunque su marido protestara.

Un momento después Sakura se quedó en aquel recinto con su papá y los niños, mientras Shaoran, Touya y Yukito iban a la cabaña por todas las cosas de la celebración incluyendo la cena. Una vez que llevaron todo a la casita, el castaño fue por el arbolito que se había quedado olvidado en la nieve, y lo llevó hasta su nuevo hogar temporal.

Entre todos adornaron la consulta con preciosos motivos navideños; aquella habitación lucía muy hermosa, era una mezcla rara del pasado chino y la celebración de occidente, pero a pesar de todo no lucía mal, obviamente Tomoyo tomó la batuta para que todo quedara soñado.

Cenaron en familia entre lindas anécdotas, las ocurrencias de los niños y Meilin que se unía a sus fechorías, Tomoyo grababa todo como siempre, y el ambiente que se percibía era de total paz, amor y unión.

―No creen que ese lienzo transmite mucho sentimiento ―observó Tomoyo mientras miraba atentamente una pintura de un paisaje lleno de flores de cerezo y un precioso lago, que adornaba una de las paredes del lugar.

―Sí, desde que llegamos me percaté del cariño que muestra, es como si el artista quisiera calentar el corazón de quien lo mira ―añadió Meilin sin dejar de contemplar el cuadro.

Sakura y Shaoran escucharon lo que sus primas comentaban y se dedicaron una linda sonrisa, y después la castaña miró a su padre, quien le regaló un amoroso gesto. Ella se acercó hasta Fujitaka y lo abrazó con todo el amor que albergaba en su corazón.

Después de la cena, Hien y Nadeshiko jugaban con unos pequeños robots que les había regalado su tía Tomoyo, el niño estaba tratando de hacer que su robot fuera más rápido que el de su hermana, pero lo único que logró fue que ambos juguetes cayeran al piso.

Cuando el pequeño fue por ellos, en una de las repisas bajas vio una caja que le llamó la atención, la tomó entre sus manos, mientras su hermana se acercaba. Era una pieza de madera muy hermosa, pero lo que mas les sorprendió fue el fino lacado que ostentaba la cajita, era el emblema de la familia Li, la curiosidad pudo con los niños y la abrieron, encontrando una horquilla en forma de ramillete de flores de cerezo, era una pieza de joyería exquisita.

Sus padres se acercaron hasta los pequeños, al notar que habían dejado de jugar, el silencio de ese par solo indicaba diabluras y como estaban en casa ajena no querían provocar accidentes.

―No toquen las cosas que no son suyas ―indicó Shaoran cuando vio que tenían una caja de madera en sus manos.

―Solo estábamos viendo ―explicó Hien aún con los ojos fijos en la horquilla.

―Mira mami, es una horquilla muy bonita ―dijo Nadeshiko señalando la pieza de joyería.

―Tienes razón, pero déjala en donde la tomaste ―expresó Sakura.

Hien obedeció y cerró la caja, entonces la pareja pudo observar el emblema de la familia Li, ambos se sorprendieron mucho.

―Al parecer alguien de la familia vive aquí ―comentó Meilin―. Qué raro, está muy lejos de Hong Kong, pero la familia es muy grande, le preguntaré a tía Ieran. Hien abre la caja, quiero describirla correctamente.

El niño obedeció y nuevamente abrió la caja.

―¡ES DIVINA!, esa horquilla es preciosa ―exclamó emocionada Tomoyo llamando la atención de todos―. Tendré que replicarla y haré un atuendo acorde; un hanfu. ―Miró a toda la familia con ojos destellantes de emoción―. Mejor que sean cuatro, tendré que documentarme sobre los atuendos de la antigua china, y les daré un toque moderno. ¡Dioses, podría confeccionar también una colección de Kimonos! ―La mirada de Tomoyo los analizaba a los cuatro integrantes de la familia Li―. Toda una línea de ropa tradicional.

―Creo que tendrás que regresar a tu antiguo trabajo de modelo ―dijo Meilin picando las costillas de su primo de forma traviesa mientras reía.

―No acepto una respuesta negativa, Shaoran ―exclamó Tomoyo mirándolo de forma amenazante.

Shaoran suspiró resignado tomando el puente de su nariz, debía regresar a su oficina lo más pronto posible, en el corporativo su opinión sí tenía importancia.

La noche pasó sin mayores contratiempos, se instalaron en las habitaciones de la casa que contaban con lo necesario, y los líderes junto con sus hijos y el abuelo se quedaron en la consulta, donde encontraron un futón lo bastante grande para los cuatro, el ambiente era muy agradable.

A la mañana siguiente despertaron temprano y limpiaron hasta el último rincón de la habitación, llevaron todas las cosas de vuelta a la cabaña y dejaron todo en perfecto orden tal como lo encontraron cuando llegaron.

Sakura dejó un pastel de chocolate en la mesita baja de la consulta junto con una nota:

"Muchas gracias por brindarnos un bello hogar y una maravillosa navidad, estaremos eternamente agradecidos por su hospitalidad, esperamos que el pastel sea de su agrado. ¡Feliz Navidad!

Familia Li."

Ayudaron a subir al auto a Fujitaka y se cercioraron de dejar todo en orden, finalmente se marcharon rumbo a la cabaña.

Desde la puerta de la casita los despedía una pareja de médicos ataviados con sencillos hanfu de color verde y rosa.

―Que bonita familia tienen, me recuerda a la nuestra ―dijo una linda yosei abrazando a su lobo.

―Es maravilloso que maese Kinomoto se encuentre con ellos, me dio mucha alegría verlo de nuevo, y conversar con él, esa sonrisa amable me trajo buenos recuerdos ―expresó el esposo― Aunque te debo confesar que tu hermano es un odioso, pero también me alegra que se encuentre junto a maese Tsukishiro.

―Ya se lo merecían ―comentó la mujer con una sonrisa satisfecha―. Fue muy bonita toda su celebración y me agrada que sean tan unidos y amorosos.

―El dulce negro fue lo mejor, chocolate dijeron que se llama y nos dejaron un poco ―recordó emocionado el médico.

La flor más hermosa de Japón rió, su lobo siempre sería un niño pequeño cuando de dulces se trataba, no importa cuantos siglos pasaran. Los médicos alzaron sus manos en señal de despedida y poco a poco la casita junto con ellos fue desapareciendo del paisaje, pero el auto de la familia Li ya estaba muy lejos y no se percataron de lo que sucedió.

Cuando llegaron hasta la cabaña se encontraron con el vigilante del bosque quien les preguntó si habían conseguido el árbol de Navidad, ellos afirmaron y le preguntaron si sabía quienes vivían en la casita tradicional en la vereda.

El señor estaba muy desconcertado, no sabía a qué casa se referían, puesto que en ese camino no había ninguna vivienda, insistiendo la pareja describió la edificación.

―Entonces se encontraron con maese Li y su bella esposa ―dijo el hombre muy sonriente―. Hay una leyenda en todo el norte de China: si alguien tiene problemas de salud y no le es posible acceder a atención médica, suelen encontrarse con un consultorio tradicional, las personas dicen que es como regresar en el tiempo. Es una pareja de médicos castaños muy amables; dicen que ella tiene ojos verdes, y porta en su cabello una horquilla de flores de cerezo, además tiene un acento peculiar, al parecer es japonesa. Él, por su lado, tiene un porte muy elegante, es muy serio y tiene los ojos color ámbar. ―El hombre se quedó mirando a la pareja que tenía enfrente― ¡Que coincidencia!, ustedes tienen los mismos colores en sus ojos.

FIN


Notas de la Autora:

¡Feliz año nuevo, hermosos lectores!

Muchas gracias, por compartir, su valioso tiempo, sus comentarios y votos. Atesoro muchísimo cada uno de ellos, me llenan de energía y motivación.

Para cerrar el año tenemos un pequeño relato en donde regresan maese Li y maese Kinomoto. Se reúnen con personas que fueron importantes para ellos, allá en aquellos tiempos en el castillo de Edo y celebran algo llamado Navidad.

Un agradecimiento gigante para la hermosa Wonder Grinch, gracias por tanto pequeña, cada uno de los 20,000 infartos que me has provocado ha valido la pena. Agradecimiento y reverencia a mis dos maestros maravillosos CherryLeeUp y Pepsipez. Me siento muy honrada de contar con su instrucción y sus consejos, que compartan su inestimable conocimiento con nosotros es una acción preciosa que me llena de motivación. Gracias por brindarnos su valioso tiempo, los admiro mucho y me siento muy feliz por haber compartido este proyecto con ustedes, de los dos me llevo grandes enseñanzas y muchas ganas de seguir. Abrazo para los tres y mis mejores deseos para este año que comienza, que esté lleno de éxito, salud y amor. Los seguiré molestando jejeje. Y prometo trabajar mucho en mis áreas de oportunidad.

También este año me brindo personas hermosas, que conocí en este genial fandom estoy muy agradecida por cada una de ellas. A mis compañeras de proyecto Maalfonzo, ElizabethPadilla8136 y MAfeT25, espero seguir compartiendo y aprendiendo con ustedes.

Lectores, les deseo lo mejor de lo mejor para este año que comienza, cuídense, disfruten de cada instante, mucho pero mucho éxito, salud y amor. Un abrazo y un beso enorme. Nos leemos pronto

Rozyoh