Felicidades a todos!
He estado pensando en cómo habrá sido las primeras fiestas en familia, luego de la boda, teniendo en cuenta que son fechas donde, generalmente, aprovechamos para compartir con nuestra familia, y Patrick pasó más de diez años solo. ¿Alguna vez pasaron las fiestas en las oficinas del CBI? ¿O alguno ofreció su casa y pasaron las fiestas juntos? Me hubiera gustado ver eso en la serie. Por eso, ha salido este relato, donde describo algunas de las sensaciones de Jane al vivir sus primeras fiestas en familia, casado y con un hijo por nacer. Espero que les guste, los quiero mucho. Una vez más, felicidades
Abrumado. Así se siente hoy. Todo su ser parece no poder soportar tanta felicidad, y se siente agobiado por tantas emociones juntas. Por eso, antes de ir a la mesa con los demás, Jane entra al baño y lava su cara, respira profundo, lento, tratando de normalizar su pulso, y una vez logrado, finalmente se encuentra con su familia.
Familia. Nunca pensó que volvería a tener una. Cuando formó su familia con Ángela y Charlotte, era tan feliz, se sentía en la cima del mundo, pero claro, lo arruinó cuando... bueno, ya todos conocemos esa vieja historia. Lo cierto es que nunca pensó que sería capaz de formar una familia nuevamente, primero porque, según él, no se lo merecía, su autodesprecio le decía todos los días al espejo que no merecía ser feliz, y segundo, porque simplemente no se veía capaz de serle infiel a su esposa.
Pero entonces, conoció a Teresa y todo su mundo cambió. Si, cometió errores y casi la pierde por cobarde, pero ahí está, a su derecha, sirviendo la cena de Fin de Año, sonriendo con ojos verdes brillantes como esmeraldas. Un poco más abajo, su hijo por nacer, el pequeño Eric creciendo cada vez más en su vientre.
Le pican los ojos por las lágrimas que quieren salir al ver el panorama frente a él: su esposa, conversando con Grace sobre lo difícil que fue encontrar precios bajos en las tiendas; Wayne sosteniendo a Maddie que estaba llorando por su atención y Kimball riendo con Benjamin, quien le está contando cómo le ganó a su padre, jugando con su nueva PlayStation. Ellos también son parte de la familia, son sus amigos, los mejores que pudo encontrar en esta vida. Por eso, carraspea la garganta y traga saliva.
Fue difícil no llorar como bebé cuando fueron a Chicago en Navidad. Todo fue mágico, se sentía como un niño, mirando con admiración la decoración, el árbol, los regalos, la mesa llena de exquisiteces y la familia Lisbon, unida. Stan, Tommy y Jimmy lo trataron como un hermano más; los pequeños de Stan lo perseguían para que haga sus trucos de magia, y con Annabeth... no, perdón, Anny, le hacían bromas a la tía Resse. Pero lo que más lo conmovió es que uno de los niños lo llamó tío Patrick. Casi llora frente a Teresa, pero como siempre, se contuvo, aunque sospecha que su esposa se dio cuenta, al fin y al cabo, ella terminó siendo casi tan buena observadora como él.
Desde la boda, Jane se siente cada vez más afectado emocionalmente, pero no para mal, sino todo lo contrario, sus sentimientos son de pura felicidad y alegría, pero no sabe cómo manejar el torbellino de emociones que siente. Nunca se sintió tan pleno, feliz... en paz.
Ya son más de las doce, el Año Nuevo comenzó, entre brindis, risas, abrazos y fotos. Ahora, los niños duermen, Wayne y Kimball juegan con la PlayStation de Ben mientras Grace y Teresa apuestan por quién ganará. Patrick mira a su esposa un breve momento y sonríe, luego se va.
Sale de la cabaña, su cabaña, su hogar. La noche se encuentra agradable, hay una brisa con la calidez y frescura perfecta que, no puede evitarlo, aspira con placer. Camina unos metros hacia el lago y se sienta en su lugar favorito, ese lugar tan sencillo y a la vez, especial. Allí propuso matrimonio. Allí se enteró de que sería padre.
Se sienta y vuelve a respirar el aire. Las recuerda, las extraña, pero... se siente en paz. Momentos después, siente unas pisadas suaves hacia él, y luego un beso en su cabello, unas manos rodeando su cuello y otro beso en su mejilla. Sonríe.
-Hola, cariño. -Saluda él.
-Hola, mi amor. -Murmura.
Teresa se sienta a su lado y recuesta su cabeza en su hombro. Se abrazan, en silencio. Patrick acaricia su vientre.
-¿Quién ganó?
-Kimball. -Contesta ella con una risita. -Ben le había comentado algunos puntos débiles de su padre. - Él se ríe y vuelve a estar en silencio.
-Las extrañas. -Afirma Teresa en voz baja.
-Mucho. Pero... es la primera vez que los recuerdos no duelen.
Vuelven a quedar en un silencio cómodo. Disfrutan la compañía, la naturaleza y la noche.
-Comenzar el año así... todavía no puedo creerlo. -Suspira y la abraza más fuerte. -Con una familia.
-Lo mereces, Patrick. -Murmura ella, jugando con sus dedos entrelazados. -Nos mereces.
Otro silencio. Respiran tranquilos y en calma.
-Te amo, Patrick.
Y es suficiente. Jane no logra contenerse esta vez, tampoco quiere. Las lágrimas corren por sus mejillas, su corazón explota de amor, felicidad, emoción, alegría. Ella se incorpora y le da un beso en los labios.
-Te amo tanto, Teresa, tanto. A los dos, a tí y a nuestro hijo.
-Feliz año nuevo, mi amor.
Y sonriendo, vuelven a la cabaña, a su cabaña, su hogar, la residencia Jane.
