Sus padres alguna vez le dijeron que, si algún día ella sufría un asalto se despojara de todas sus pertenencias sin vacilar ni resistir, que no le negara nada al delincuente. Porque lo material se puede recuperar pero la vida solo existía una vez nada más.

Sin embargo Momo no pudo evitarlo, porque el collar que ella traía consigo tenía un valor sentimental enorme.

—¡Maldición alguien viene! —gritó uno de los asaltantes y dejando atrás a la chica moribunda en el suelo se largaron del lugar.

Ese día, 23 de septiembre, Yaoyorozu Momo falleció a las nueve de la noche mientras observó el cielo lleno de estrellas.

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Todoroki Shouto suspiró en cuanto vio el identificador de llamadas su exnovio le estaba llamando y él realmente no deseaba escuchar su voz en aquellos momentos. Sin embargo lo pensó por un momento y luego terminó por atender la llamada.

—Katsuki —dijo mientras miraba por la ventana, el cielo estrellado de aquella noche era hermoso. Si veía aquella escena estaba convencido que su voz no temblaria.

—¿Recibiste lo que te envié? —preguntó toscamente el rubio. Sintió una punzada en su corazón, él nunca fue cariñoso ni nada por el estilo pero creía firmemente que no merecía aquél trato que le daba.

—No, aún no he ido a ver. Pero bajaré.

Escuchó como el contrario se quejó, después de unos segundos que parecieron una eternidad volvió a hablar.

—Bien, es lo último que quedaba de tus cosas aquí. Me alegra no tener tu basura en mi casa.

—Supongo —respondió con la mirada en una estrella fija, que parecía ser la más brillante de entre todas.

Sin decir nada más su exnovio colgó dejándolo aún con el teléfono cerca de su oreja. Shouto dejó que su teléfono se deslizara por su bolsillo, siguió mirando hacia la ventana recordando su noviazgo y se preguntó por qué las cosas habían terminado de esa manera. El quiso mucho a Katsuki, pero a final de cuentas las cosas no funcionaron, sus sentimientos que creyó correspondidos por mucho tiempo fueron siempre unilaterales.

Bakugou se esforzó por quererlo de la misma manera en que él le quiso, pero simplemente no lo logró y terminó pidiendo la ruptura porque estaba frustrado consigo mismo de haberle hecho aquello.

Resignado, terminó por salir de su nube de pensamientos y dolorosos recuerdos para salir de su apartamento en busca de la paquetería del edificio para preguntar si sus cosas enviadad por el rubio habían llegado.

Mientras llegaba al lobby escuchó los murmullos de ciertas señoras que vivían en pisos inferiores a él.

—¿Lo escuchaste? ¡Pobre chica! Morir de esa forma.

Él se detuvo por un momento para escuchar mejor.

—¿Hablas de la joven que vivía en el tercer piso? Acabo de enterarme, es una lástima que le haya pasado eso a Yaoyorozu-San.

Todoroki hizo memoria de quién era y lo recordó. Era su vecina, sus apartamentos estaban a unos metros de distancia en el mismo piso. Sintió un vuelco en su corazón por la noticia porque hacía un par de horas que la había encontrado en el centro comercial y habían intercambiado algunas palabras.

Sintió melancolía, de solo imaginar que ese momento fue la última vez que la vería.

Caminó hasta la paquetería, y después de un papeleo tomó sus cosas para regresar a su apartamento. Aunque estaba curioso por la situación ciertamente no preguntó en lo absoluto por ella y su muerte. Ya estaba muerta, no había nada que hacer, ya no importaba en lo absoluto.

El valor de las personas deja de existir cuando su corazón se detiene. Ya no habrá más ingresos en su cuenta bancaria, ya no habrá más visitas de sus familiares, ya no podrá contribuir en su trabajo, ya no habrá más aporte a la sociedad de parte de esa persona porque simplemente no tiene valor alguno si está muerto.

Cuando pasó cerca de su apartamento se detuvo, observó la puerta por donde alguna vez salió aquella chica a saludarle por las mañanas y siguió su camino para entrar a su propio apartamento.

Aquella noche le costó dormir, estaba inquieto y solo podía observar en silencio las estrellas de aquel cielo nocturno.

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—Lo siento Shouto, no pude conseguir tu collar anoche, una chica lo tenía y estaba reacia a devolverlo... surgió un problema y tuve que regresar a casa sin el collar...—La voz de su hermano mayor sonó apenada a través del teléfono.

El collar del que hablaba debió haberse perdido mientras estaba en el centro comercial, se lo había comentado a Touya y este habia asegurado que lo encontraría pero al parecer las cosas no resultaron así.

—No hay problema —suspira en un gesto decaído— Gracias.

Y colgó la llamada.

Agarró sus llaves y abrió la puerta para poder ir al supermercado por algunos víveres sin embargo su corazón se aceleró cuando vio a una chica frente a su puerta.

—Yaoyorozu... —habló, sintió pesado su cuerpo cuando la miró frente a él.

—¿Puede verme? —preguntó sorprendida también.

Él asintió pasmado.

—Tú... estás muerta ¿cómo...?

Ella sonrió triste dispuesta a explicar lo que sabía.

—Lamento asustarlo. Yo tampoco lo entiendo muy bien pero mi alma permanecerá en la tierra por unos cuantos días antes de partir —habló tranquilamente— Mis días en la tierra son equivalentes al número de la edad que tenía cuando morí. Técnicamente estaré 23 días deambulando por aquí y por allá. Nadie puede verme pero al parecer sí puede verme Todoroki-San.

—Al parecer —Todoroki sujetó su cabeza, comenzaba a marearse por toda aquella situación al calmarse siguió hablando— Lamento tu muerte.

—Gracias —ella extendió su mano mostrándole un collar, el que había perdido— Dejó esto en el centro comercial ayer. Quería devolvérselo cuando llegase aquí pero en el camino me asaltaron y...

Ella cerró los ojos temblorosa.

—No pude entregarle a esos malhechores este collar, ya que me dijo que tenía un valor sentimental muy grande esa vez que nos encontramos en el centro comercial —añadió la chica en un tono nostálgico— Así que como un pendiente que dejé vengo a devolver su collar.

Todoroki sintió que su sangre se helaba... la persona que la asaltó fue su hermano entonces... su hermano había matado a una persona ¡a su vecina!

—Yo... yo... —tartamudeó hecho un lío por toda aquella situación, sentía la culpa escalar por su espalda— Gracias... yo te lo agradezco y lamento en verdad lo que te pasó.

Se sentía culpable, muy culpable. En ese momento no sabía que hacer con respecto a su hermano, lo único que se le ocurrió hacer era algo con la chica frente a él.

—Yaoyorozu.

—¿Sí?

—¿Dónde es tu velatorio?

Ella lo pensó.

—No lo sé, seguramente en la casa de mis padres.

—¿Puedo ir? —preguntó con una mirada melancólica. Darle el pésame a su familia era lo mínimo que podría hacer.

—No tiene que molestarse Todoroki-san, no éramos muy cercanos y la verdad es que ni siquiera he ido a ver como está el ambiente. —dice Momo en un tono avergonzado.

Todoroki presiona sus dientes, preguntándose porqué, porque tuvo que morir ella.

—¿Por qué lo hiciste? ¡Te hubieras deshecho del collar así tú no estarías...!

—Algún día tendría que morir Todoroki-san, aunque admito que esperaba que no fuese tan pronto... —ella responde con una ligera sonrisa— Además ya se lo había dicho, quería devolverle a toda costa ese collar. Porque tiene un valor enorme para usted ¿verdad?

Y no estaba equivocada, el collar le perteneció a su difunta madre. Pero aquello no era excusa ¡una vida no podía compararse con el valor sentimental de un objeto!

Sin darse cuenta Todoroki quería llorar. Se sentía culpable.

—Déjame darle el pésame a tus padres por favor —suplicó. Ella le miró y agradecida le indicó la dirección de la casa de sus padres.

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La residencia Yaoyorozu era grande, aunque los invitados eran escasos.

Eran unos cuantos los que todavía se encontraban hablando con los padres de Momo, Shouto podía observarlos desde lejos.

—Aquí es —dijo Momo triste.

—¿No entrarás a ver a tus padres?

Ella niega con la cabeza.

—Están cerca de mi cuerpo, por alguna razón no puedo acercarme a mi cuerpo.

—Entendido, espérame aquí entonces. —salió de su escondite y adentrándose a la casa de los Yaoyorozu observó más de cerca el ambiente.

El padre de Momo estaba serio pero en su mirada se notaba rastros de lágrimas, era la señora Yaoyorozu la que lloraba y se lamentaba.

—Momo hija mía ¿por qué? ¿Por qué no le diste tus cosas? Pudimos comprarte todo nuevamente —se lamentó entre llanto la señora Yaoyorozu— Regresa cariño, por favor, regresa.

Un enorme nudo se formó en la garganta de Todoroki.

—Lamento vuestra pérdida —dijo Shouto a los señores, el padre de Momo intentó recordar al invitado misterioso, pero ciertamente no sabía quien era.

—Gracias —aún así, agradeció.

—Disculpa... ¿puedo hablar contigo, joven? —la señora Yaoyorozu paró el llanto, con voz temblorosa le pidió que le acompañara. Todoroki miró al padre de Momo quien le asintió.

Llegaron hasta el balcón de una habitación. La señora Yaoyorozu suspiró limpiando sus lágrimas con un pañuelo.

—¿Eres Todoroki-san verdad?

—Sí.

—Es un gusto, conocerte en persona es un placer. Mi hija Momo hablaba mucho sobre ti.

Él ladeó la cabeza confundido, no eran cercanos.

—¿Ah, sí?

—Así es. Ella estaba interesada en tí, pero nunca te dijo nada porque tenías pareja —la señora sonríe un poco— Me alegra hacértelo saber, seguramente ella lo hubiese querido así.

Shouto llevó una mano a su rostro, su vecina tenía un crush en él y jamás se lo dijo.

—Es increíble cómo se nota la ausencia de alguien cuando muere ¿verdad? Las personas no sabemos el valor que tiene algo hasta que lo perdemos.

Todoroki miró a la madre de Momo.

—Yo siempre creí que el valor de alguien solo se estimaba en vida —respondió Todoroki— No sirve darle valor a algo que ya no está contigo.

—Entonces crees que mi hija carece de valor ahora que está muerta.

Shouto se tensa, pero no responde.

—El valor de una persona perdura hasta donde la memoria lo permita joven Todoroki —añade la mujer— Momo tuvo valor para mí ayer, fue valiosa hoy también y tendrá el mismo valor para mí hasta donde la recuerde.

—Entiendo. Alguien realmente no muere si permanece en nuestra memoria ¿es así? —Shouto preguntó tembloroso, si así era el asunto entonces su madre tenía valor para él aún y estaba viva en su mente.

—Sí, recuerda con cariño. En cada latido podrás recordar a aquellos que se marcharon —la señora Todoroki señaló el interior de la habitación— Esta es la habitación de Momo, ella solía dibujar a su apuesto vecino aquí.

La señora Todoroki le entregó un cuaderno de bocetos al chico.

—Puedes quedártelo.

Después de eso bajaron a la sala donde el ataúd de Momo estaba, curioso y temeroso se acercó para verla. Detrás del cristal Momo se mostraba vestida con un vestido blanco, su cabello suelto descansaba agraciado sobre sus hombros, sus párpados que comenzaban a oscurecerse estaban delicadamente maquillados al igual que sus labios.

Se veía tan hermosa, que cualquiera que la miraba realmente pensaba que era una tragedia que una joven tan hermosa ya no estuviera entre ellos.

Me hubiese gustado conocerte mejor Yaoyorozu. Pensó cuando las yemas de sus dedos tocaron suavemente el vidrio.

Salió de la casa para buscar a Momo, ella seguía esperándolo en la entrada con una pequeña sonrisa.

—¿Cuántos días te quedan Yaoyorozu? —preguntó mientras sacaba su celular y hacía como que llamaba a alguien. Si le miraban hablando solo pensarán que estaba loco.

—Bueno, creo que veintiún días si descontamos ayer y hoy.

—Bien, quiero conocerte.

—¿Cómo? —preguntó avergonzada.

—Me hubiese gustado ser consciente de lo que sentías. Me gustaría conocerte en tu tiempo restante, es lo menos que puedo hacer.

—Veo que mi madre le contó —dijo sonrojada para soltar un suspiro— Eres muy considerado. Gracias.

Los días pasaban y entre menos días quedaban, más tiempo juntos pasaban ambos.

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Una tarde mientras Momo esperaba que Todoroki comprara algunas cosas en una tienda decidió esperar cerca del puesto de una adivina, que era tan pequeño que cualquiera pensaría que era una farsa.

—¿Qué se siente ser un espíritu deambulante? —escuchó que preguntó la anciana. Momo le miró sorprendida en la espera que dijera algo más— Sí, te hablo a ti jovencita de cabello negro.

—¿También puede verme? —preguntó curiosa Momo.

—Así es.

—¿De verdad, pero cómo?

—Existen dos tipos de personas que pueden ver las almas que deambulan por aquí y por allá —responde la anciana— Aquellos cómo yo, que tienen contacto con cosas espirituales, brujería, hechicería y demás.

—¿Y el otro tipo de persona cual es?

—Los que huelen a muerte.

Momo se preocupó de inmediato.

—¿A que se refiere con eso?

—Las personas cuya muerte se acerca pronto. Son capaces de ver a las almas porque se encuentran cerca del límite que los lleva a la otra vida.

—No puede ser, significa que Todoroki-san morirá pronto —Momo se asustó, alarmada se acercó hasta la anciana— Madam, por favor ¿sabe cuándo pasará eso?

—Dije que podría ser pronto.

—¿Pero cuándo es eso?

La adivina soltó una carcajada suave que confundió a la chica.

—Ese término es muy ambiguo querida. Podemos decir que la muerte de ese chico será pronto, y ese pronto podrían ser días, meses o hasta años. No hay un pronto específico.

Momo mordió su labio inferior.

—Quiero evitarlo, quiero ayudar a Todoroki-san. Él tiene que vivir, quiero que se enamore, tenga una familia y tenga muchos logros —Momo se abrazó así misma.

—¿Y cómo planeas hacer eso? Por lo que veo tu tiempo en la tierra se acabará pronto.

Momo bajó la mirada, era verdad. Solo le quedaba un día.

—Lo mejor que puedes hacer es estar agradecida niña. Puede que todos vivamos o hayamos vivido de manera distinta pero todos compartimos el mismo destino; la muerte. Es inevitable.

Después de esa conversación, ella regresó con Todoroki a su apartamento. Durante todos aquellos días vivió con él y sintió que eran como una pareja recién casada. Ella, que ahora le miraba de espaldas en la ventana se sintió agradecida, como si hubiese tenido una última voluntad que había sido cumplida.

—Yo realmente te amo —susurró melancólica. Porque pudo conocerlo y em tan pocos días amarlo.

—Ya es tarde, debo ir a la universidad mañana —dijo Shouto a su fantasmal compañera— Descansa Yaoyorozu.

Ella asiente viéndolo dirigirse hasta su habitación. Sabiendo que esa noche desaparecería sonrió y susurró un gracias por todo.

La mañana siguiente Shouto despertó y la buscó pero no la encontró. Observó su calendario y vio que era 6 de octubre.

—Ya veo.

Sintió un enorme vacío, incluso cuando fue a la universidad y recibió sus clases, sentía ese enorme vacío.

Ella sigue viva, ella sigue viva. Mientras la recuerde ella sigue viva. Se repetía mentalmente ahuyentando las lágrimas traicioneras que amenazaban por salir mientras regresaba a su casa. Se detuvo en una calle peatonal donde había varias bancas para sentarse, dejó su mochila a un lado mientras se sentaba y miraba hacia el cielo, comenzaba a atardecer y el crepúsculo parecía abrir una herida profunda en su ser al recordarle que cuando llegara a su apartamento ella no estaría allí para recibirlo.

—¿Qué haces aquí?

Todoroki levantó la mirada y vio a Bakugou cargando su mochila en un hombro.

—Yo...

—¿Es por tu vecina? —preguntó. Todoroki le comentó que ella había muerto, no entendía porqué lo hizo pero así era— Maldita sea, ya murió déjala descansar en paz bastardo.

—Me siento culpable. Ojalá la hubiera conocido más.

Katsuki chasqueó la lengua, se dejó caer a su lado y miró el cielo también.

—Escuché que tu hermano fue arrestado.

—Sí, por presunto feminicidio.

—Te ves muy tranquilo.

—Si él hizo tal cosa lo mejor es que cumpla su condena —respondió tranquilamente.

—Has cambiado bastardo.

Todoroki sonríe levemente y mira hacia el cielo de aquel atardecer. Sí, había cambiado.

Allí sentado junto a su exnovio, Todoroki había cambiado cuando se dio cuenta sobre el valor que puede tener una persona cuando sólo su ausencia queda.