En Rusia; Dimitri, el joven guardián -ya recuperado- dejaba St Basil con su cargo, Iván, el Lord Zeklos con que viajaba anteriormente.

Iván quería llevarlo a su casa, - en Baia -para que descansara. Le preocupaba mucho su amigo. Esa dichosa marca, había trastocado todos sus planes y su vida futura.


En Montana, una joven dhampir comenzó a gritar, en la clase comunitaria de ciencias.

Cayó al suelo, y se llevó una mano al brazo, en dónde la marca Parabatai brillaba como el mismo sol.


Minutos más tarde, la Capitana Petrova, la doctora Olenzky y Miss Karp corrían hacia ella. Los guardianes ya la habían acomodado en una camilla y llevado -a pasos forzados- a la enfermería.

"Rose" llegó primero Miss Karp, tomando fuertemente sus manos "dinos que ves" y puso su compulsión en ella, muy sutilmente.

"Un moroi. Ojos azules. Amable, gentil, respingado y despeinado. Es de agua. Anochece. Estamos solos. No... llegaremos a las luces del fondo... lástima" susurró

"¿Qué oyes? ¿qué percibes?"

"Emboscada. Olor a sangre. Despojo, Muerte".

"¡Llamen a St Basil!" gritó la Capitana Petrova, "¡que llamen de inmediato al Parabatai de Rose y a su cargo!. Aún hay tiempo para ayudarlos. ¿Rose?, debes transmitirle toda tu fuerza y tus dones mágicos. Él debe poder percibir a los strigois y defenderse de ellos. Así se equilibrarán"

"¡Lissa!" llamó Miss Karp, a gritos "¡ponte a su lado y dale de tu magia. Para que Rose pueda ayudarlo a él. El Parabatai de Rose debe sobrevivir, sólo así la deuda de sangre quedará saldada y comenzarán el proceso de equilibración"

Así que Lissa cerró los ojos, y puso ambas manos sobre la marca Parabatai.

"¡Vamos, Rose! Tú puedes. Sólo déjala fluir. ¡Hay más de dónde ésta viene!. Déjala fluir hasta... " y levantó la vista. Miss Karp susurró el nombre "déjala fluir hasta Dimitri, ¡infúndelo!. Ya te salvó una vez, ¡sálvalo, ahora! deja fluir tu magia SK y protege a tu Parabatai!"

Lissa sintió un tirón en su propia magia, cuando fluyó -desde Rose- hacia Dimitri, su Parabatai; en la lejana Siberia.


En Rusia, Dimitri (el joven guardián y Parabatai de Rose, ¿recuerdan?), guardó su teléfono, tras oir el urgente mensaje desde St. Basil.

"Estamos en peligro, Iván. Era el Capitán de St Basil... ella, fue ella quién lo percibió".

"¿Ella, tu novia de 15 años?"

"Mi Parabatai, Roza. Sí. ¡Lástima! estamos casi en las afueras de Baia" murmuró, sopesando sus acciones.

"¿Y qué haremos?"

"La alerta moverá a todos los guardianes y grupos de vigilancia, de Baia; incluso. Con mucha suerte, llegarán a tiempo"

"¿Debemos... resistir?"

"Lo más que podamos, al menos. La ayuda no llegará rápido. Lo hará. Sí. No por nosotros, claro. Pero lo hará", masculló.

"Es por ella, ¿cierto?, tu Parabatai... es la SK de una Dragomir, ¿verdad?" dudó Iván.

"De la única Dragomir, mejor dicho. De la Princesa Dragomir... en fin. Debemos ayudarnos mientras nos ayudan. Vamos a esa laguna, Iván. Entras lo más que puedas y, si van por tí, crea un muro de agua y sostenlo lo más que puedas. Yo intentaré hacer algo, prender fuego o algo, con lo que haya por allí... ¡Un momento!" gritó.

"¡Qué! no me asustes así, hombre"

"La marca... está pulsando. ¡Siento algo como magia!"

"¡Es la Princesa! está pasando su magia a tí, a través de tu novia. ¡Úsala!, eres de aire por tu padre. ¡Haz algo con el aire! ¡Debes intentarlo, por lo menos!"


La noche llegó y, con ella, los ruidos y mensajes que éstos traían.

"Los oigo" susurró Dimitri "se están acercando. Son varios y hay uno muy viejo, su olor es ¡Puaj!, horrible"

"Que la Gran Madre nos proteja" susurró Iván.


Por el camino asomaron 5 strigois. El líder era el viejo. Su piel parecía curtida por el tiempo y parecía ya... un pergamino. Sus ojos eran más rojos que un devastador incendio.

Y jamás -no en la vida, y menos como strigoi- había mostrado piedad.

Su nombre era Yergor y había servido al mismísimo Zar Iván, llamado el Terrible y no por su carácter amistoso.

"No bajes la guardia, Iván, que yo no lo haré", gruñó Dimitri, aprestándose a combatir.

Pero, de improviso, un auto llegó -como perseguidos por diablos- y de él bajó la persona más inesperada.

Una mujer. Dhampir. Guardiana. Y de unos 35 años.

¿Eso era inesperado?, no. Inesperado era que fuera la mismísima Janine Hathaway.

"Debí abandonar a mi moroi en un sótano, por tí, muchacho" gruñó Janine "haz que valga la pena. ¡Qué! eres el Parabatai de mi hija. La salvaste. Estaremos a mano. ¿O creías que venía a verte morir?" y se volvió a mirar a los 5 sorprendidos strigoi "¡vengan ya, manada de buitres rastreros! no tengo toda la noche!"

"¡Es esa maldita gata infernal!" gruño Yergor

"El terrible Yerk. ¿A qué debemos el desagrado?"

"¡Bruja!" escupió el strigoi

"¡Cuidadito con tus palabras, Yerk! la bruja era mi madre ¡Y tú la mataste!"

"¡De éstas no te salvarás esta vez! ¡son apenas dos!"

"¡Y medio!", gritó Iván, mojado como un patito, desde su posición en el lago.

"Tu moroi se cree un pececito, ¿cierto? ¡deja los juegos para otro día, bombón!" le gritó a Iván

"Sólo si salimos después de esto, primor!, ¡los cuatro! ¿y tu hija es tan linda como tú?"

"¿Es así o es sólo que lo afecta la humedad en sus pantalones?"

"Es peor" reconoció Dimitri, sonriendo, sin perder su concentración.


Janine se aprestó a pelear. Sacó su estaca y otra cosa, desde... ¿su pelo?. Claro, todas las guardianas llevaba un sujetador de pelo -como un abrecartas- de plata encantada, ¿cierto?.

¿Lo más curioso? se lo pasó a Dimitri, que lo recibió... algo extrañado.

"Toma. Una ayudita. Sirve bastante. Tengo otro por aquí, espera" ¿y se rebuscó entre la ropa, sacando un... qué, exactamente? algo curvo, sin duda. "¡Qué!" dijo, al ver su cara de consternación "¿o crees que soy tan ultra famosa y conocida y he llegado tan lejos por mi cara bonita y mis curvas?"


Janine no era... quien creían que era. Para nada. Se había ocupado de aprender -dentro y fuera de las academias-, de Maestros de Armas -tanto dhampirs como humanos- y había absorbido todo lo que podía... de todas las fuentes.

Y sabía sacarlo afuera -o escupirlo afuera (su lenguaje era, a veces, poco recomendable)- o lo que fuera que hacía en esos días.

"Usa todo tu arsenal, Dimitri. O te lo sacaré a patadas, ¿estamos?"

"Como quieras, Janine. Pero después, no te quejes"

"Recuerda. Sus ojos... "

"Nunca se regeneran" susurró Dimitri.

"Ambos tenemos a un moroi que cuidar", dijo Janine, con evidente burla "hagámosla rápido. Nos pagan por ser niñeras, no por strigoi eliminado, recuerda. ¡Hey, tú, el moroi en el agua! si se te acercan, extraerles el agua, exprímelos y centrifúgalos"

"Y si lo hago, ¿te casas conmigo?"

"Veremos"