Los 5 strigoi atacaron al mismo tiempo.

Sólo uno había sido moroi -Yergor- uno humano y los otros, dhampirs. Uno lucía las marcas de los guardianes.

Y Dimitri fue directo a él. Instinto, supongo.

Partió atacando sus ojos con un fuerte piquete -algo que jamás haría a algo vivo, pero que no tenía remilgos en probar con un strigoi (eso se lo había enseñado Janine, una vez)- cosa que le daría algo más de tiempo, para bloquearlo y eliminarlo.

Janine jugaba al gato y al ratón con los otros cuatro.

Podía sonar injusto, pero ella -cuál gata salvaje- prefería jugar sola con su... (no comida, ¡puaj!) entretenimiento, claro.

Janine era pequeña, liviana y muy movediza. Podía saltar sobre ellos y acribillarlos, si era necesario. Y Yergor era su principal objetivo. Por su madre.

Así que sacó su arma (en serio, ¿de dónde sacaba tantas cosas?) ¡y les disparó a los ojos!, entre golpiza y golpiza. ¡Y Paff!, varios set de ojos reventados, y sin posibilidad de regeneración.

"Las balas bañadas en plata no sólo sirven para los hombres lobos" murmuró y se guardó el arma, para hacerse cargo de despachar a Yergor al lugar que debió visitar... siglos atrás.

Justo en ese momento, llegaba otro auto, y de él saltaron otros dos guardianes, que venían desde la mismísima Baia.

"¡Esos 3 ratoncitos ciegos!", les gritó Janine, "¡Ese Yerk es mío, él mató a mi madre!" y se volvió, para seguir atacándolo, ya sin distracciones.

"Únete a mí y seremos los dueños de este mundo y del otro!", le ofreció el strigoi.

"Sólo en la muerte, nos volveremos a encontrar, Yerk. Ya no más en este mundo. Sólo en la muerte. ¡La que tú deberías haber visitado tantos siglos atrás!".


Janine era el coreógrafo y la coreografía de su propia pelea.

Se podía adaptar como el agua, pero no era paciente como ella (como el agua, aclaro).

Antaño era una mujer... algo mesurada.

Pero lo conoció a él.

El padre de su hija, ¡Y allí se fue la poca paciencia que tenía!. Y sólo a él le aguantaba que la sacara de quicio.

Al resto (como a su hija) casi nada. O la nada misma.

¡Y menos a ese strigoi de mala muerte!

Más amoscada de lo usual, Janine atacó los tendones de ambos antebrazos del strigoi.

Las heridas con plata encantada -en un strigoi- no se regeneraban ni sanaban... Así como en nunca.


Yergor había perdido casi todo su poder, con esas pequeñas... lesiones. Increíble.

Obvio, era muy fuerte, rápido y, en circunstancias normales, podía regenerarse (en el tiempo).

Pero esas no eran heridas o lesiones, eran ya daños permanentes.

Yergor se desesperaba. Esa bruja dhampir (y no era la madre muerta) había hecho un buen número en él. Lo debía reconocer.

Ya no le obedecían los brazos -y no lo harían más, nunca más- así que sólo podía balancearlos frente a su pecho, con toda la fuerza de su cuerpo.

"¡Agr!" gritó, al sentir la punción de algo afilado en su espalda.

Y Janine sonrió, siniestra. Muy siniestramente.


Un pequeño caramelito.

Si notan algún error ortográfico o de redacción, porfi, déjenme un mensajito.

He pillado algunas pifias, por allí.

Y soy chileno-parlante, así que si notan rarezas en el idioma, no es falta de manejo del mismo. Es -como la profe de morfosintaxis decía siempre- "El español de Chile", jeje.