"Siempre me han llamado la atención las torturas medievales" le dijo, rodeándolo "tan eficientes, que parecen diseñadas para cosas como tú y no para nosotros, simples mortales... ¿qué me dirías si me ayudas con un simple experimento?, digo, lo haré rápido. Quiero ver qué tan efectiva era el águila vikinga. Esa en que te cercenan las costillas y te sacan los pulmones. Porque no los necesitas, ¿cierto?, a los pulmones. Prometo hacerlo rápido. Muy rápido. Lo contrario de como mi madre murió. Porque no soy rencorosa. No, realmente"
"Gritarás más aún que tu madre, cuando te haga mi perra", escupió Yergor.
"Mala respuesta a cualquier pregunta", murmuró Dimitri, moviendo la cabeza; ocupado como estaba, con su propio juguete.
"¡Gata y no perra, imbécil! No ando moviendo la cola como tú, ¡píosa bruscar foighneach!"
Pero no era una gata por nada.
Y esa sonrisa maliciosa debería hacer huir a todos (sobre todo a Dimitri), pero no. Nadie lo hizo (aunque después se arrepintieran y se se echen a llorar, con la cola entre las piernas, como perritos lastimados).
Yergor comenzó a mover los brazos y a girar sobre si mismo, como si fuera una pirinola. Era su única defensa, porque -aunque fuerte- ya no podía comandar los brazos. Eran un mero adorno.
Janine lo observaba, divertida. El cuerpo tenso y las manos en garra. Esperando. El. Preciso. Momento.
Y ese segundo vino a ella.
Uno de los brazos llegó a la cabeza de Janine, que lo tomó para usarlo de palanca, balancín; o, mejor dicho; trampolín, para impulsar sus piernas en torno a su cuello y enroscarlas y girar, para hacerlo caer de espalda. Sus piernas quedaron como un candado en torno al cuello, inmovilizándolo.
Volvió a girar como el rayo, para que quedara con su torso de frente, en el suelo, la espalda expuesta a Janine.
"Veamos, ¿cómo iba eso?" y sacó un pequeño cuchillo de entre sus ropas (¿equeco, alguien?) "¿hay que cortar por la columna o por la carne hasta las costillas?, no lo recuerdo. Vamos a probar ambos, ¿te parece?, era buena en ciencias... sobre todo en disección... ¿o era vivisección?, pero estás muerto hace siglos, así que es ¿muertosección? ¿cadaversección?, ¿strigoisección?, suena raro, ¿cierto?. Bueno... eso. Veamos que pasa. ¿Sí?" y, poniéndose a horcajadas sobre él, cortó por la línea de la columna -muy adentro en su carne más que muerta, podrida por los siglos- y observó con mucho asco, su carnicería.
Luego, identificó las costillas y las cercenó como mantequilla, tarareando una parte de Masters of War, de Bob Dylan "I think you will find. When your death takes its toll. All the blood you drank. Will never buy back your soul..." Escarbó y miró muy adentro del gritante strigoi "¡Vaya!, qué eres, estás podridísimo por dentro, compipa. ¡Y ya no tienes pulmones!, veo tu corazón. Es como el motor, ¿cierto?... me pregunto... si lo saco, -y pregunto sólo por curiosidad, claro-, ¿se regenera, duele?. Bueno, veremos...", Y metió la mano por el agujero -ante los horrorizados ojos de los otros strigois y los más que curiosos de los guardianes-, ¡jalando el corazón de su sitio! y exponiéndolo a la luz de la luna llena.
¡Y Aún palpitaba!.
Así que le clavó sus uñas -con una ultra espectacular manicure ¿plateada?- ¡Y zas!, explotó en mil pedacitos (No me digas), ante los aterrorizados ojos de Yergor.
"Te lo advertí, ¿cierto? ¡pero no, dale con lo mismo, píosa bruscar foighneach" y, sacando una caja de fósforos (de alguna parte), encendió uno ¡y lo arrojó dentro del strigoi!.
"¿Y, quién sigue?" gritó a los otros strigois, que dieron un grito (¿de respuesta, de terror, de ira?, ni idea).
"¡Jerónimo!", se oyó gritar, y un grito -más bien un aullido- de agonía se dejó oír.
Iván había... centrifugado -totalmente seco- a uno, que intentó pasarse de listo.
"¡Gatita, ese es mío!, ¡yo quiero eliminarlo!, ¿sí?" y Janine se acercó a la orilla, pasándole su puñal, y señalándole el lugar a apuñalar.
Pero... ¿explotó?. Nop. El corazón estaba seco. Pero igual había que... había que expirarlo. Su fecha ya había pasado.
Janine tomó una muestra de ADN -para los Alquimistas y sus cold cases- y le arrojó otro fósforo, que prendió... como a leña seca.
Dimitri ya había acabado con el suyo y hecho un procedimiento similar (tomar muestras de ADN y quemado el cuerpo), y ayudaba con los otros strigois, que aún daban pelea. ¿Cómo?, ni idea.
Luego de que exterminaran y quemaran a los restantes (strigois), los guardianes (y un moroi, extremadamente mojado y excitado) se reunieron, para hacer su informe oral.
"Así que eres el nuevo Parabatai" le dijo a Dimitri, un guardián de unos 45 años "tu abuela casi hizo una fiesta".
"No le veo gracia, Mark", y Dimitri lo saludó con un apretón, pero no de manos. sino a la antigua usanza, tomando el antebrazo (señal de que no llevas armas en la manga) y apoyando la mano contraria en la espalda.
"Salvaste a un linaje moroi, muchacho. Para muchos, es suficiente" y se rascó un tatuaje, que lo identificaba como... un SK. No un Parabatai (afortunadamente, para él) sino uno... ¿normal? (¿dónde estaba la normalidad en volver de la muerte por magia? eso suena a necromancia, ¿cierto?).
DImitri le devolvió el puñal -limpio- a Janine, que se lo reacomodó en el pelo (alocado como un arbusto) y comenzó a... guardar el otro -el curvo- ¿de vuelta en su ropa?.
La única otra guardiana observaba, con mucho interés.
"¡Wow!, no se me habría ocurrido"
"Es práctico. Nadie sospecha en las aduanas. ¿Imaginas que es viajar con una estaca de plata?, cada vez debo andar con un... certificado que es de utilería y bla, bla. blá"
"¿Y eso sería?" se atrevió a dudar (en voz alta) otro de los guardianes. Los hombres (sobre todos los que tenían experiencia en las lides... del amor) se sonrojaron y bajaron o movieron los ojos, incómodos.
"Las barbas de mi sostén" explicó Janine, "siempre nos sugieren los modelos deportivos, pero no sostienen ni dan un cuerpo bonito... y si lo tienes...", se encogió de hombros "va a amanecer pronto, muchachos. Debemos movernos. ¿Dimitri? mantiene a tu moroi al medio absoluto, ¿sí?, no lo pierdas. La deuda de sangre ya fue pagada. Ya no habrá más avisos. ¿qué es lo más cercano?"
"Mi casa", dijo Mark. "Está al borde mismo de Baia", y volvió a rascar su tatuaje. Su usuario debía estar llamándolo... o estaba nervioso, "Ayer, en la mañana, Yeva me pidió hospedar a los muchachos. Hubo un bochinche en el bar".
"¿Y tu Usuario, está tironeando de tí?", le preguntó Janine, notando su gesto nervioso.
"Cuando salgo a misiones, siempre".
Y, otra curiosidad de esa noche, fue que Mark estaba casado. Y su esposa era moroi.
¿Y eso era lo curioso?. No. Lo curioso era su tipo de magia -de Espíritu- y que era el Usuario de Mark.
Así que su cargo, su esposa y su Usuario... eran la misma moroi. ¡Y eso sí lo era!.
Y casi tanto como que su hija era SK de una Princesa moroi -y Parabatai del Guardián Ruso, Dimitri Belikov- pensó Janine, al oirlo.
el águila vikinga era una de las peores torturas que se les adjudica a los vikingos.
En gaélico, las palabras de la bocota de Janine significan patético pedazo de basura. No necesito decir más, ¿cierto?
la canción de Bob Dylan habla del dinero, que no podría comprar de vuelta el alma en el momento de la muerte. Pero en este caso...Janine la adaptó.
