He mentido un poco antes, ya me acordé. La historía que había borrado de Kenta y Yu hace años partía desde esto. Aquí hay lágrimas y mocos descritos por montones, pero, también, cariño por montones.

Capítulos de referencia: 45.

Disclaimer: Metal Fight Beyblade no me pertenece.


Declaración casual.

Por Blue-Salamon.


Kenta le pide a Yu que no llore.

Una petición silenciosa que pronuncia sin intenciones, aún cuando el hecho ya es real: a Yu le tiembla la mirada, el pecho y el brazo que extiende mientras le balbucea a una pared. Por sus mejillas ya hay rastros de lágrimas y la agitación de su respiración no se debe únicamente a la huida que acaba de hacer.

Llora. Yu llora y no hay nada que Kenchi pueda hacer o decir al respecto.

Yu llora y a Kenta se le llenan los ojos de lágrimas y el nudo se forma, perfectamente tangible, en su garganta cuando aguanta sus propios sollozos.

A Yu le tiemblan las piernas y pronto se deja caer, cae sobre sus rodillas bajo su propio peso y al mismo tiempo que cierra fuerte los ojos, la boca la abre bien para entonces comenzar a berrear. La imagen es desgarradora y el corazón a Kenta se le cae a pedacitos de una dolorosa y tortuosa, lenta, manera. Se lleva una mano al pecho, recogiéndoselo, apretándoselo, porque aquel dolor es sumamente intenso...

La cuenta regresiva no había hecho más que una marcha atrás directo hacia lo inevitable y Kenta sabía que si Yu se había puesto tan inquieto antes tan solo se debió a que había estado aterrado, ahogándose en miedo. Miedo, de Ryuga no tanto como de que sus ilusiones sobre él se rompieran.

Y ahí estaban ahora: con Yu llorando en completo desconsuelo y Kenta sin atreverse a acercarse o interrumpirlo en aquella expresión de dolor que no puede evitar compartir.

Yu llora. Y sigue llorando, y sigue temblando. A lágrima viva, a moco tendido, como todo un niño. Y es un llanto tan desgarrador que a Kenta le saltan las lágrimas y estas van en caída libre por sus mejillas, mientras se queda viéndolo. Silencioso, Kenta le hace compañía a Yu, que en completo desconsuelo, llora y llora, a cántaros y a mares. Berrea, grita y tiembla y se aferra a sí mismo, y llora. Llora que llora...

Cuando Yu parece calmarse un poco es que entiende que sus hipidos no son los únicos que inundan aquel solitario pasillo. Se devuelve, encontrándose a Kenchi. Kenchi, que lo mira, llorando, temblando, más silencioso y quedo que él, no puede controlar tampoco los hipidos que lo han delatado, su respiración errática, los ojos anegados en lágrimas y los mocos que le escurren por la nariz e intenta limpiarse. Yu también se lleva la mano a la cara y en la manga se los embarra, buscando limpiarse, tiene hipo y la nariz taponada é irritada y no alcanza a comprender porqué es que Kenchi está ahí mirándolo a él y en silencio lo acompaña llorando, desde su lado.

—¿Ke-Kenchi...?

La voz le tiembla, no puede controlarla. Kenta abre más la boca e intenta decir algo, pero es que al hacerlo un sollozo se le adelanta y habla por cuenta propia y las fuentes de lágrimas se derraman cuando se obliga a acercarse a Yu para abrazarlo también. Porque quiere, necesita, trasmitirle que no está solo. Ya no más, de ninguna manera.

Las piernas de Kenchi tiemblan, pero consigue dar los pasos que necesita para acercársele. Y al ver sus brazos extendiéndose hacia él, Yu solo puede abrir los propios y detener el tambaleante cuerpo en su dirección antes de acercárselo y abrazarlo. Una vez hecho, el nudo y el llanto volviéndose incontenibles, Kenta deja de apretar la boca para liberar su nombre en medio de un sollozo. —Yu-u-u...

Y lloran, ambos rompen en llanto abrazándose con profunda tristeza, profunda necesidad, profundo dolor.

—Lo siento tanto... Yu...

En medio de hipidos, Kenchi finalmente le despeja las dudas. Contesta a sus preguntas de antes, le responde a sus « por qué Ryuga, por qué » con una disculpa que él no tiene porqué dar.

« Lo siento, Yu, no tienes idea de cuanto lo siento... »

Y llora y llora, Kenchi llora por él. Le saca una pequeña sonrisa mientras lo aferra, los brazos de Kenta que le rodean el cuello, los de él que se abrazan a sus hombros, por su espalda.

Después de un tiempo, llorando juntos y a la par, es que vuelven a calmarse. Agotados, cansados; están jadeando e hipan, sollozando aún, pero buscan calmarse. Kenta aguanta tantito la respiración, exhala y consigue que los hipidos desaparezcan un poco; intenta alejarse, pero Yu no lo deja, lo tiene completamente aferrado. Se sonríe, un poco, e igual, forcejea también, poquito, lo suficiente para conseguir una distancia prudente para poder hablar cara a cara con Yu.

—Yu...

Yu parpadea, con los ojos irritados y el rostro colorado, sobre sus mejillas y debajo de sus ojos, y su nariz, es que la tiene toda roja, con los mocos escurriéndole. Yu sorbe con fuerza, Kenta hace una pequeña mueca pero lo imita.

—Kenchi...

—¿Estás bien...?

Yu contiene el llanto y se alegra de poder tragarse el nudo en su garganta, al menos por unos segundos.

Cierra los ojos e intenta una mueca, una sonrisa, pues, pero le sale en mueca.

—Lo esto-oy... voy a estarlo... mgh...

Ahoga un sollozo y repentinamente pone su mano en la cabeza de Kenta, por detrás, sobre su coronilla casi. Lo empuja hacia sí mismo y con cuidado, con cariño, pega su frente a la de Kenchi, que se sonroja de inmediato, cuando sus narices chocan por las puntas.

Kenta se pone nervioso, pero es que él aún está abrazado a Yu por el cuello.

—¿Seguro estás-estarás... bi-en...?

Yu cierra los ojos, retiene el aire en sus pulmones, jalando una bocanada antes, luego exhala un suspiro y su respiración parece un poco más normalizada, así que, la siguiente vez que sonríe, es un poco más genuino, más natural. Kenta traga saliva, y Yu, volviendo a abrir los ojos para mirarlo, se ríe un poco incluso si esto no alcanza a cubrir por completo su gesto. Juega un poco, también, y, sin previo aviso, frota su nariz con ternura contra la de Kenchi.

—Sí, seguro, Kenchi...

Kenta jadea y traga, mal, saliva; por lo que cuando se aleja de golpe también comienza a toser. Y sus mejillas están acaloradas y él es que hasta se marea. Yu volteándolo a ver con una sonrisita traviesa.

—¿Tú estás bien, Kenchi?

—¡Lo estoy- agh- —pero tiene interrumpirse a sí mismo y carraspear; para aclararse la voz, la garganta y las ideas revueltas—. Estoy bien...

Incluso así, Yu juraría que su voz ha sonado rara; más chillona, quizá. Pero él solo ladea la cabeza y no dice nada más por momentos, con una sonrisa satisfecha.

—Entiendo porqué yo estoy llorando, pero, Kenchi, ¿por qué estás llorando tú?

Kenta parpadea, en medio de su incredulidad, y a sus ojos los siente que se le vuelven a llenar de lágrimas pero no. Esa vez no se permite llorar, así que se lleva las manos a la cara y se refriega los ojos un poco y rápidamente para evitar el llanto. —¿Cómo que « por qué », Yu?

« ¿Por qué? »

Esa no debería de ser una pregunta que Yu tendría que estar haciendo.

Kenta observa, a través de su mirada, firme y directo, a los ojos de Yu y. Una parte de él lo entiende pero la otra no. Yu le sostiene la mirada y años de juego en solitario, sin amigos ni oponentes, ni fuertes ni reales, parecen esfumarse y diluirse como en medio de una extraña y oscurecida nebulosa. Y entonces, lo entiende. Yu siente que entiende que Kenchi sea, de pronto, como un faro de luz luego de haber atravesado por una larga y espesa tormenta.

Yu agacha un poco la mirada, quizá hasta escondiéndose, a posta, tras su flequillo momentáneamente, antes de volver a hablar: —Creo que... lo sé de un modo, pero, también me gustaría escucharlo, Kenchi...

Y es que, hasta no haber conocido a Kenchi y luego también, tras su batalla con Ginga y Reiji, tan opuestas una a la otra, Yu se sentía, incluso, algo novato a la hora de tratar de entender que la rivalidad no era que anulara o impidiera la amistad. Kenchi había hablado de ello en una entrevista pero Yu no había podido entenderlo sino hasta ese momento.

Kenta asiente, algo extrañado pero compresivo. Lo que Yu había hecho momentos atrás, de pronto, le parece necesario, así que, ahora, él lo hace: se acerca y recuperando la posición de antes, apoya su frente en la de Yu, tras despejársela un poco con una mano. Se apoyan mutuamente, entonces, frente a frente y pueden mirarse a los ojos sin vacilación. Yu entonces es que el gesto no lo había pensado demasiado, pero ahora hasta le calienta un poco las mejillas y el pecho, que de pronto lo siente tan lleno. Lleno no sabe bien de qué, pero. Es una sensación tan bonita.

Desde ahí, Kenta le sonríe, algo de rubor acumulándose en sus mejillas y dice: —porque, Yu, eres mi amigo y me importas. Y si a ti te duele algo a mí me duele igual solo por tratarse de ti, ¿entiendes?

Algo en la garganta de Kenta parece quedarse atorado, pero aunque su pecho reclame, y algo no le cuadre por completo en su mente, cuando es que, si bien no ha mentido en nada, sabe que nunca se ha puesto a llorar por ningún amigo así como lo ha hecho por Yu, Kenta tan solo. No lo comprende muy bien tampoco...

A Yu, mirando a Kenta a los ojos, la intuición le hace cosquillas en la punta de la lengua.

—Te quiero mucho, Kenchi.

Y como la sutileza nunca ha sido su fuerte, o el pensar un poco más antes de decir las cosas que se le vienen a la cabeza, Yu tan solo se deja llevar y lo suelta sin más. Es un preparativo, sin embargo, para cuando de improviso las bocas de ambos entran en contacto por apenas unos pocos segundos.

Y en realidad, ninguno de los dos sabe decir quién ha sido el que lo provoca en primer lugar, pero.

Esta vez, también, es el turno de Kenchi para lograr aquella tierna caricia en que sus narices se frotan, con cariño, la una contra la otra. Y sonríe y se ríe un poco, aunque tímido, bastante alegre al decir: —también te quiero mucho, Yu.