Código: Guardianes

Capitulo 11

Tras salir de la Hermita rumbo hacía Kadick, el grupo charlaba contento sobre su victoria de hace unos minutos. Las más contentas eran Susan y su hermana, pues no se veían desde hacía un tiempo, tan grande era su alegría, que incluso iban abrazadas por la espalda

-Ya veras Marin, te va ha encantar Kadic. Apenas llevo un día, pero lo poco que llevo me ha gustado mucho- aseguró Susan, mientras le sonreía a su hermana. Ella se lo devolvió

-Estoy segura, hermana- dijo ella, decidida- Por cierto, Susan- comentó William. Esta se giró para mirarle- Muy buen farol eso de que tenías más edad que ella- le felicitó, con una sonrisa. Ambas hermanas rieron un poco- En realidad, no era farol- dijo ella. Todos se pararon de golpe al escuchar eso

-¿Cómo que no era un farol?- murmuró Ulrich, girándose despacio- Entre otras cosas, nuestra raza cuenta con una gran longevidad, por eso, aunque aparento tener vuestra edad, podríais sumar vuestras edades y no seríais mayores que yo- Tras decir eso, el grupo la miró con mucha confusión, pero las chicas enseguida le replicaron

-¿Como haces para parecer tan joven?- le preguntaron todas a la vez. Eso provocó que Marin y Susan rieran, que ellas las miraran mal, y que los chicos salieran lo más disimuladamente que pudieran de la escena

Tras reír durante un rato, finalmente ambas "jóvenes" se pusieron a explicar- ¿Recordáis que en Nueva Dehli os dijimos que nuestra especie puede vivir miles de años?- preguntó ella. Todos asintieron- Bien, Susan y yo debemos estar por unos… 200 años más o menos, ¿no?- dijo, mientras miraba a su hermana, buscando confirmarlo. Ella pareció pensar unos instantes, pero finalmente contestó- Si, unos 200- dijo, asintiendo

-Sea como sea...- comentó Odd- ¿Cómo pudiste entrar a Kadic?- le preguntó

-Manipulé los registros del ayuntamiento para aparecer como huérfana. Así, pude conseguir una beca, y estudiar en Kadik- dijo, avanzando de nuevo

-Eso mismo haremos conmigo, aunque habrá que pensar en una excusa para que el director se lo crea…- murmuró Main.

-En ese caso os aconsejo que recurráis a Einstein, es un genio de la informática- sugirió Odd, dándole una palmada al aludido.

-¿Tan listo es?- preguntó Electra. El grupo de antiguos amigos sonrió, incluyendo a Patrick

-Gracias Jeremy, pero no hace falta- le agradeció Susan- Lo solucionaré en unos instantes desde tu portátil, si me lo prestas, claro- dijo, mientras se le acercaba. Este asintió

-En ese caso, vayamos a la escuela, suficientes clases hemos perdido ya- les apresuró William, mientras apretaba el ritmo

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Aunque la moral de los guardianes, no así entre los generales de Virio. Con las gemas del espacio y del tiempo, ya habían perdido siete, y las cosas no pintaban muy a su favor. Todo eso traía a Elijah por la calle de la amargura, pues la incompetencia de sus chicos repercutía directamente sobre él, quien recibía de lleno toda la ira de su señor

-Mi paciencia tiene un limite, Elijah. No te hice líder de mis ejércitos para que te dediques a tumbarte en el sofá si hacer nada. Si al menos a los que envías recuperaran las gemas te lo podría pasar, pero esto ya es inaceptable- le dijo Virio al joven, que estaba arrodillado frente a él. Este iba a defenderse pero la mirada que le mandó su señor fue suficiente aviso para no hacerlo

-Solo quedan las gemas del fuego, naturaleza, luz, oscuridad y metales. Te aconsejo que las recuperes todas, o al menos la del fuego, metales o naturaleza- dijo, serio. Elijah le miró extrañado.

-Te lo explicaré llegado el momento, no seas impaciente. De todas formas, aunque recuperaran todas las gemas, no podrían enfrentarme, así que por esa parte estoy tranquilo- suspiró, sentándose en su trono.

-¿Algo más, señor?- le preguntó Elijah, tras unos segundos de silencio. Este asintió- quiero que vayas a entregarle esto al príncipe de Heavenland- dijo, dándole un pergamino enrollado. Elijah bufó, haciendo que Virio riera- Veo que sigues cabreado con tu hermano- dijo, mientras Elijah se despedía.

Una vez que Elijah salió, Virio se dirigió a una de las muchas vidrieras que había en la sala del trono. En ellas, se podía ver la historia de aquel reino, de sus triunfos, de sus derrotas, de sus reyes y reinas, de sus conquistas y creencias… . Las vidrieras no eran el único elemento decorativo de aquella sala. Grandes estatuas se colocaban al fondo de la misma, todas ellas de los distintos reyes que gobernaron aquellas tierras, y, junto a ellos, sus esposas e hijos. Aunque dos de aquellas estatuas estaban sn cabeza. Virio sonrió ante el recuerdo de lo que paso

-Mi amado rey Francesco…reina Atenea…- dijo, haciendo una burlona reverencia, y con una sonrisa altiva, frente a las estatuas- Os alegrará saber que vuestra hija Asmeya esta haciendo muy buen trabajo con los guardianes. Por desgracia, fracasará en su intento por derrotarme-dijo, con falsa tristeza- ¡Pero tranquilos, tiene el porvenir asegurado!. ¡Tengo intención de meterla en mi harén, así al menos usara para algo útil esa lengua que tiene, jajajaja!- dijo, con una potente risotada, mientras se alejaba de allí.

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Mientras tanto, en la Tierra, los guardianes se encontraban descansando en la sala de recreo, conversando. Tras dejar a Marin con Asmeya y el resto en la Hermita, y después de volver de allí, los chicos, ayudados por Jeremy, se quitaron el sudor del cuerpo, y se cambiaron de ropa. Una vez echo eso, decidieron pasar los que les restaba de tarde allí, mientras disfrutaban de un merecido descanso tras la reverenda paliza. A pesar de que eran apenas las seis, ya hacía tiempo que había anochecido. Estaban charlando sobre nada en particular, cuando ante ellos se plantaron las reporteras de Kadic

-Buenas noches, chicos- les saludó Milly. Tras ella, como siempre, estaba Tamiya, saludándoles con la cámara en la mano.

-¿Qué tal, chicas?- les contestó Ulrich, inclinándose- Muy bien gracias- dijo, sacando una libretita y un bolígrafo, mientras Tamiya preparaba la cámara- ¿podríamos haceros unas preguntas, chicas?, Es para el periódico de la escuela- dijo, mirando a Aurora, Electra y a Susan. Estas miraron a sus compañeros, que llevaban más tiempo en la escuela.

-Claro, ¿Por qué no?- dijo Electra, mientras sonreía cariñosa. Milly asintió complacida, mientras Tamiya le daba el aviso para que empezara

-Hola, y bienvenidos al periódico de Kadick, habla Milly Sovolieff, y aquí a mi lado están las tres nuevas compañeras de Kadic- dijo alegre, mientras Milly las enfocaba- Presentaos vosotras mismas, por favor- dijo, poniéndole el micrófono al lado de la boca

-Aurora Zastre- se presentó- Susan Foreman- le siguió Susa- Yo soy Electra Bayërn

-Bien, ahora que sabemos vuestros nombres, os haré…- Milly iba ha hablar, pero fue cortada por alguien, que resulto ser nada más y nada menos que Sissi. Con su habitual prepotencia, empezó ha hablar

-Ulrich, querido…- dijo, acercándose a la joven- No te conviene andar con estos perdedores, ¿Por qué no te vienes conmigo?- preguntó ella, con una sonrisilla. Ulrich alzó una ceja

-Sissi, como veo que las oraciones complejas son demasiado difíciles de procesar para tu obtusa mente, te lo diré en un termino que puedas entender… ¡No!- le espetó, alzando la voz en la última palabra, mientras el resto se reí a de su comentario, aumentando mas las risas cuando vieron a Sissi salir de allí saliéndole humo del enfado

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Sissi salió como un basilisco de la sala de recreo, roja de coraje y pura rabia

-¡Como se atreve a tratarme así, a mi, a la hija del director!- dijo ella, dándole una patada a una roca- Se debe creer tan guay por ser un guardián.- dijo burlonamente, mientras exageraba sus gestos y movimientos. Siguió quejándose y murmurando unos minutos más, hasta que la llamaron

-¿Diga?- dijo cortante- ¿Esas son maneras de hablarle a tu superior, jovencita?- le respondió la voz, fría como el hielo. En cuanto le escuchó hablar, su sangre se heló- Di….disculpe, poderoso Virio, no sabía que era usted- se disculpo, mientras miraba a todos lados para cerciorarse de que no la seguían

-Te quiero en cinco minutos en vuestro lugar de entrenamiento- dijo Virio, tras lo cual colgó. Tras asegurarse de que nadie la miraba, se escabulló tras unos árboles. Allí, invocó al portal para ir al lugar indicado

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En Asmara, en el antiguo castillo de los reyes humanos, un inmenso edificio se levantaba cercano al castillo. Este era un edificio militar, de forma circular, con grandes columnas de mármol formando el circulo exterior, y, por encima de este primer piso, más columnas de mármol se levantaban sobre las anteriores, solo que las del primer piso se levantaban en el hueco que dejaban las columnas del piso de abajo. Este estilo se repetía en el segundo piso, el cual no tenía techo, y, por tanto, estaba al aire libre. En las columnas del piso más bajo había banderines de color azul y, en lo más alto de cada columna, una bandera de color blanco con un símbolo de color rojo en el centro. Dicho símbolo eran cinco lanzas rodeando a un martillo, estando la parte puntiaguda de las lanzas mirando hacía el otro lado, y formando un circulo perfecto alrededor del martillo, por lo que parecía un sol sobre fondo blanco.

Sissi se dispuso a entrar al grandioso edificio, pero fue detenida por un guardia.

-Esta prohibido el paso al coliseo a civiles, señorita- le dijo, poniéndose justo delante de ella. Sissi le miró con una sonrisilla

-Mira entupido, no tengo tiempo que perder, así que…- dijo, mientras un aura negra la inundaba. El, guardia la miró con pavor- O te quitas tu o te quito yo, ¿tu que elijes?- dijo, con una sonrisa de medio lado. Ipso facto el guardia se retiró, dejándola pasar. Sissi sonrió con suficiencia, y entró al coliseo.

A medida que avanzaba por los pasillos hacia el interior, más claramente se podía escuchar el sonido de un combate. Mientras avanzaba, un aura negra la volvió a cubrir, mientras una capota negra la recubría de cuerpo entero, haciéndola imposible de reconocer. Normalmente se la mantenía puesta para ser irreconocible, pero decidió quitársela, pues no iba de misión aquel día. Tras recorrer todo el pasillo, pasó a la arena del coliseo. Allí, varios grupos de hombres y mujeres entrenaban con toda clase de armas, desde espadas a lanzas, pasando por arcos largos y cortos, e incluso gigantescos martillos que parecían pesar más que su propio portador. Pero ella no estaba interesada en ellos. Algo más adelante, once figuras la esperaban. Ella simplemente les saludó con la mano, y todos hicieron lo mismo

-Llegas tarde, enana- le dijo Océano, con sus fríos ojos azules puestos en ella. Sissi no se dejó intimidar y se la sostuvo- Yo no llego tarde, llego cuando me lo propongo- se defendió ella, con una sonrisa arrogante

Océano la miró desafiante, mientras la agarraba por la camisa del cuello y la levantaba sin mucha dificultad- Escúchame, pequeña rata callejera, si quisiera podría matarte aquí mismo, ¿sabes?-le dijo, acercándosela- Por suerte para ti, nuestro jefe te quiere vida, si no, tu y tus pequeños subalternos hubierais muerto hacía tiempo, ¿capisci?- preguntó, con sus caras casi pegadas. Sissi asintió lentamente, mientras notaba como el aire empezaba a escasear. Océano sonrió, y la dejó caer de golpe, cayendo al suelo de culo. Todos los allí presentes, exceptuando a Herb y Nicolás estallaron en risas.

-¡Bravo, Océano!- le felicitó Inferno, a su lado, dándole una sonora palmada en la espalda

Las risas pararon de golpe cuando se les acercó Virio, y a su diestra Elijah, y , raudos, todos se arrodillaron ante su paso, seis a cado lado, haciendo así un pasillo para que ambos pasaran. Virio se colocó delante de ellos, y, con un ademán de la cabeza, les ordenó levantarse, mientras que Elijah se situaba una vez más a su derecha

Tras cerciorarse de que estaban los catorce solos en la arena, Virio empezó ha hablar

-Como sabéis, hace ya veinte años derroqué a rey de estas tierras, Francesco de Bastaland y Atenea de Asturica, su esposa. Tuvieron unas hijas: la mayor, es la que conocemos como Asmeya, esa piedra en el zapato ha estado molestándonos desde muy joven, con apenas catorce años ya estaba levantándose contra nosotros. La más joven se la conocía por Artica, apenas era un bebe cuando su padre huyó con ella, mientras que su madre escapó con la mayor. Hasta ahora, pensábamos que los únicos miembros de la casa real que quedaban vivos eran Asmeya y su padre. Digo pensábamos, porque me han informado que la hermana menor de la princesa y su madre aún están vivas, no sabemos el paradero de la madre, pero s el de la hermana- dijo, dando vueltas de un lado al otro, mientras sus subalternos le observaban

-Por eso, vuestra misión es encontrarlas, os ocupareis algunos de vosotros de esa misión de ahora en adelante- dijo, mientras les miraba- Iréis Darko, Fredrik y Timeo- ordenó. Tres de los que estaban allí se levantaron. Uno de ellos era de pelo negro azabache, ojos oscuros y pile morena, otro era de pelo azulado con los ojos pardos y de piel clara, y el último de pelo rubio y ojos grisáceos. Los tres se arrodillaron ante su señor, y marcharon de allí- El resto, seguiréis con el procedimiento habitual- sentenció Virio. Iban a marcharse cuando volvió ha hablar

-Vosotros tres- dijo, señalando a los tres adolescentes. Estos se pararon- Con vosotros tengo que arreglar un asunto importante- dijo, casi en un murmullo y con mirada fría. Ellos tragaron saliva, mientras que los que se iban les palmeaban el hombro y les daban ánimos con una sonrisilla traviesa. Tras quedarse solos, a Virio le rodeó de repente un aura oscura como la noche. El primer instinto de los chicos fue el de correr, pero sus piernas no reaccionaron. Virio habló entonces, mientras su pelo ondeaba conforme el aura a su alrededor se intensificaba

-Vuestra inutilidad me ha ocasionado perder ya siete de las doce gemas que usaron para derrotarme tiempo ha… -empezó, mientras avanzaba a paso lento hacia ellos- en otras circunstancias hubierais muerto, pero aún me podéis ser útiles. Vivís junto a los guardianes, les conocéis bien, sabéis como actúan las pasiones y deseos que les mueven…- prosiguió, mientras les miraba de frente- Os daré más poder para que podíais enfrentarles llegado el caso, para que os podáis defender de su poder- murmuró, mientras auras de colores amarillo, verde y marrón les recubrían a Sissi, Herb y Nicolás, respectivamente. Tras acabar, les depositó sin demasiado cariño en el suelo, mientras estos se palpaban, jadeando

-Marchaos, antes de que me arrepienta de lo que he hecho…- murmuró, sin demasiadas ganas. Inmediatamente, los tres salieron de allí como una exhalación, mientras Virio se iba de allí tras desaparecer en una bolita de energía oscura.

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De vuelta a la Tierra, nuestros héroes descansaba placidamente en Kadic, no así Asmeya, que no podía dormir siquiera. Se había acostado hacía ya una hora larga, y no podía siquiera cerrar los ojos sin que las pesadillas la atormentaran. Decidió que lo mejor sería tomarse un vaso de leche y ver un rato la televisión, y, con suerte, adormecerse lo suficiente como para dormir más o menos tranquila. Por desgracia, ella sabía que eso solo era un placebo, una solución más moral que real, que no podía solucionar un misterio que la había acompañado desde hacía un tiempo

-Maldita sea, no entiendo lo que significa…- murmuró ella. Asmeya tenía un sueño recurrente desde hacía unos días. Todas las noches el mismo sueño, parte por parte. En el, aparecía ella cuando era joven, acompañada de su madre. Al principio, le contaba la historia de Zeros y los guardianes, cosa que ella ya sabía desde pequeña. Esa parte no le interesaba mucho, pues ya la conocía de sobra, lo importante venía ahora. Su madre le decía esto: "Tu padre se encuentra allí donde el agua y el fuego se tocan. A mi me encontrarás donde el hielo se funde en invierno, y a tu hermana cuando la luz brille"

Aquellas palabras la desconcertaban. Cualquiera pensaría que su madre estaría con ella, pero no era, así, tuvieron que separarse por causas de fuerza mayor. Al principio Asmeya se resistió a aceptarlo, pero conforme creció, comprendió que aquello fue lo mejor. La dejaron junto a una familia noble aún leal a la corona, donde conoció a Cesar. Juntos crecieron y se hicieron amigos de aventuras y toda clase de trastadas, y, ahora, ya mayores, salvaban al mundo de un malvado demonio. Durante esos años, buscó a su familia con insistencia, pero no ha encontrado a ningún miembro aún. Y justo cuando se iba a dar por vencida, aparece este sueño para insuflarle ánimos

-¿No puedes dormir?- una voz la sacó de sus pensamientos. Era Cesar

-Hola Cesar, siento haberte despertado- dijo ella, mientras le dejaba hueco para sentarse y apagaba el televisor. Él negó- No me ha despertado, simplemente no podía dormir- respondió. Asmeya asintió- Yo tampoco, supongo que es la preocupación y la situación en general- comentó Cesar, mientras se apoyaba e el respaldo

Asmeya asintió comprendiendo- Todavía no lo has resuelto, ¿verdad?- preguntó. Ella negó- Eso es precisamente lo que me ha desvelado- murmuró ella, pasándose la mano por lacara- Es tan confuso todo, no lo entiendo…- se quejó ella, con algo de congoja. Él la abrazó- Tranquila, princesa. Ya veras como todo saldrá bien…- la tranquilizó, dándole unas palmaditas en la espalda

Ella simplemente trago algo de saliva, con los ojos llorosos- Muchas gracias, eres el mejor amigo que he tenido…- murmuró ella- Ojala no fuéramos solo amigos…- murmuró Cesar, pero lo suficientemente alto como para que Asmeya le oyera

-Si quieres podemos ir mañana a tomar algo para discutirlo- le dijo ella, con una sonrisita. Él se puso colorado como el fuego- Qui…qui…quise decir que me….me….me alegra mucho ser tu amigo, y….- Cesar fue cortado por un pequeño beso en la mejilla

-Tranquilo tonto, que no muerdo, ¿mañana a las seis de la tarde te parece bien?- preguntó, mientras se paraba en la puerta y le sonreía- Mañana a las seis de la tarde- confirmó el, mientras se palpaba la mejilla. Ella rió mientras se metía de nuevo n su cuarto. Una ve solo, Cesar se incorporó

-¡Si, toma ya! ¡Ha dicho que si!- celebró él, sin hacer demasiado ruido y bailando un poquito. Tras eso, se fue tarareando por lo bajo, alegre.

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Bien aquí un nuevo capitulo ¿Qué os parece? ¿Os está gustando? Espero que si. Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no , dad ideas si así lo creéis conveniente.. Para acabar , me despido , hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, ni tampoco Susan Foreman, que pertenece a la BBC inglesa.