Código: Guardianes
Capitulo 12
En una pequeña aldea cercana a una montaña toda, toda ella recubierta por frondosos árboles y por una ligera cortina de nubes en lo más alto de su pico, con algo de niebla en la ladera La calma reinaba de forma absoluta y en el lago cercano apneas se podían ver un par de barcos surcando sus aguas. La luz dorada de la mañana fue de repente sustituida por un potente brillo metálico, que, tan pronto como vino, se fue, teniendo como fuente el interior de la montaña. Pero el brillo no pasó desapercibido para todos...,
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Tras hacer todos los tramites burocráticos, finalmente el grupo de siete de los doce guardianes ya estaba reunido en Kadic formando parte de su alumnado, lo cual era toda una alegría para Asmeya, pues así los tenía todos cerca por si surgían problemas. Como pasó con su hermana, Marin llamó la atención de los profesores por su inusitada inteligencia y facilidad para resolver problemas que hasta a los profesores les costaba realizar un poco. Electra también hizo furor por su "chispa" natural, que traía de cabeza a la mitad de la población masculina del lugar
Si, se le podía definir por un grupo muy curioso. Y aún quedaban tres más por llegar para acabar con el grupo de nuevos guardianes y poder ir a darle una buena patada a Virio, cosa que les emocionaba más aún. Claro que su emoción tenía que ser retenida para no irse corriendo a pegar brincos en medio de una clase de física de la señora Hertz, cosa que sacó de quicio a Odd, Patrick y Ulrich, que miraban al infinito sin llamar demasiado la atención, al igual que Susan y Marin, que hacían como que atendían pero que estaba a lo suyo. Por el contrario, a Aelita aquello le fascinaba, y, por efecto mariposa, también a Jeremy
-¿Alguien podría decirme que es el tiempo, así, en general?- preguntó ella, al aire. Al ver que nadie la miraba, alzó una ceja- Por favor, chicos, no os peleéis…- dijo, mientras ponía los brazos en jarra- ¿Marin, sabrías decírmelo?- preguntó. La aludida alzó la cabeza, mientras se sacaba la punta del bolígrafo de la boca- La gente asume que el tiempo es una progresión estricta de causa y efecto, pero, de echo, desde un punto de vista ni lineal ni subjetivo, es más como una gran pelota que se bambolea y trastabilla, cosas del tiempo…¿sabe?- le respondió, mientras hacía gestos con la mano y su hermana la miraba con una sonrisilla traviesa. Sus compañeros empezaron a murmurar por detrás de ellas
-Genial, como siempre, muy original, Marin- la alabó la profesora, mientras se daba la vuelta, y empezaba a escribir en la pizarra, mientras Susan le susurraba algo a su hermana
-Eres una copiona, eso era del abuelo…- le dijo ella, mientras le pellizcaba el brazo. Ella se hizo la tonta- ¿Qué dices? Esto es puramente mío…- dijo ella, poniéndose la mano en el pecho, mientras su hermana reía por lo bajo
Mientras ellas estaba con eso, Odd se giró a Ulrich- Vaya, cada día me sorprende más…- comentó Odd, mientras apoyaba la mano en la cara. Ulrich le miró de soslayo- Ni que lo digas, como se notan que nos llevan milenios de adelanto…- comentó el chico. Odd asintió, mientras cambiaba la mano con la que se sostenía la cabeza, mientras soltaba un pequeño suspiro. Eso no pasó desapercibido para Ulrich
-¿Pasa algo, Odd?- le preguntó su amigo. Este negó- Tranquilo, estoy bien, es solo que…bueno…me estaba acordando de alguien…- Comentó el chico. Ulrich supo enseguida de quien se trataba
-¿Sam?- se aventuró a decir. Odd asintió- La echo de menos desde que se fue a su país de vacaciones…- murmuró, con un deje de tristeza.
-Tranquilo, Romeo, mañana volverá…- Le respondió, dándole un golpecito en el hombro
Odd iba a responderle, pero fueron interrumpidos por Hertz
-Como tal parece que sabéis perfectamente de lo que estoy hablando…- comentó ella, dándoles una tiza a cada uno, mientras se levantaban bufando por lo bajo- Acabad el ejercicio por mi- dijo ella, mientras se sentaba sobre la mesa del profeso, observándoles con mirada inquisidora. Ambos chicos se sintieron observados hasta el alma, y, tras echar un vistazo a la pizarra llegaron a la conclusión de que no tenían ni idea de lo que significaba aquel galimatías de números y formulas.
-Sentaos…- acabó diciendo Hertz, mientras ambos se iban cabizbajos hacia su asiento, mientras algunos reían por lo bajo
-En fin, como decía…- Hertz iba a continuar, pero la campana sonó justo en el momento, haciendo que ella mirar su reloj de muñeca con algo de asombro- Que rápido pasa el tiempo, hace un momento eran y media…- comentó, mientras recogía las cosas.
Mientras la gente se levantaba y cogía sus cosas para ir a la siguiente clase, Susan se paró al lado de Odd y de Ulrich
-Me debéis una- comentó ella, mientras se reía. Ambos le miraron esperando una explicación- Mientras estabais en la pizarra intentando hacer el ejercicio, hice que el tiempo pasara más deprisa, parecíais aburridos- comentó ella, mientras avanzaban por el pasillo, junto a los chicos y su hermana. Los chicos la miraron con una sonrisa- Gracias, pero dudo que a Einstein le guste lo que has hecho- comentó Ulrich, señalando al aludido, algo más atrás, hablando con Aelita.
-Se tiene, mucho cariño, ¿verdad?- preguntó, casi afirmando, la "joven". Ambos asintieron- La suya es la historia de amor americana, no se a que esperan para dar el paso- les comentó Patrick, que les había alcanzado segundos antes. Los tres le saludaron
-Sabes, aquí la señora del tiempo alteró el tiempo para que pasara más deprisa y no martirizarnos más con las clases de Hertz- le dijo Ulrich, señalándola. Ella puso cara de inocente- De todas formas a mi también me estaba aburriendo- dijo ella, restándoles importancia
Marin iba a decir algo, pero fue interrumpida cuando las gemas brillaron ligeramente, mientra todo el grupo allí presente se dirigieron a un lugar más seguro para hablar con la princesa Asmeya. Los siete se pusieron al redecor de la gema de Jeremy para hablar con ella
-¿Ocurre algo?- le preguntó William, mientras cogía algo de aire, pues venía de gimnasia con Jim y estaba algo cansado.
-Se ha despertado un emblema, chicos, Venid enseguida- dijo ella, mientras cortaba la comunicación .Dicho y echo, los siete se escabulleron a traveseé del bosque en dirección a la Hermita
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Mientras, en la Hermita, Asmeya les esperaba impaciente, mientras se mordía las uñas. Airis la miraba moverse de un lado a otro frenéticamente
-Tranquila, ya vendrán, no te alteres- comentó Airirs. Destro suspiró- Reconoce que, sabiendo controlar espacio y tiempo, es raro que no hayan aparecido ya esos dos- comentó el hombre, mientras se servía algo de agua y se la entregaba a Axel.
Este bebió un poco y habló- Ya sabes como son los gemelos, se habrán parado a mirar faldas- comentó, mientras miraba divertido a Gaia. Ella se ruborizó, mientras le sacaba la lengua. Cesar rió- No me digas que aún sigues por el dúo dinámico- rió, mientras la miraba. Ella giró la cabeza, haciendo un mohín, mientras refunfuñaba
-Yo no estoy por nadie, son guapos, pero ya está- dijo ella, casi en un susurro. Elena rió- Venga, nos conocemos desde que no levantabas un palmo del suelo, ¿Cuándo lo reconocerás?- le dijo, mientra le ponía una mano en el pelo y se lo revolvía maternalmente. Ella soltó otro bufido, lo que hizo que la mayor riera.
-Aunque seamos unos viejos seniles te seguirás comportando como nuestra madre, ¿me equivoco?- le dijo Asmeya, mientas pasaba por un lado al otro del cuarto, con una ligera sonrisa- Os críe como críe a Electra, así que si, os seguiré tratando como a mis niños hasta el final- dijo ella, orgullosa, mientras se sentaba y leía una revista. Justo entonces, la puerta se abrió, revelando allí a los guardianes de esa generación, entrando ya con sus ropas listas. Asmeya se les acercó, junto con Cesar, mientras cogía su mochila
-Bien chicos, nos vamos a Eritrea, África- dijo, mientras le daba las indicaciones a Marin, quien abrió el portal para ir allí
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Un joven de pelo oscuro como la noche, piel igualmente oscura y ojos café corría alegre por la calle de una pequeña ciudad Africana. Ese era el último día que pasaría allí con su familia, antes de volver a Francia, donde residían, así que lo aprovecharía al máximo. Si ya estaba emocionado cuando se levantó casi al amanecer, la visión que tuvo basto para que subirle los ánimos hasta las nubes. La montaña cercana a su pueblo se había iluminado de repente casi sin previo aviso, para volver a su habitual verde en cuestión de segundos. Por eso, siguiendo su instinto aventurero, se dirigió al lugar, decidido a descubrir que pasó. Detrás suya, también corriendo, una chica de su misma edad corría tras él
-¡Venga Sam! ¿Te pesa el culo, o que?- le grito, mientras se detenía en un punto fijo, pero continuando con el movimiento de las piernas. Ella le alcanzó, mientras cogía algo de aire
-¡A mi no me pesa nada, Percy!- le espetó ella,, mientras ponía las manos en jarras. El joven sonrió- Claro que no, Sam, claro- le dijo, mientras le guiñaba un ojo- Lo que pasa es que estas pensando en el Della Robbia que dejaste en Francia, ¿no?- le dijo, con una sonrisilla. Ella se ruborizó, lo que hizo que Percy riera- ¡Venga hermana, démonos pisa antes de que papa nos mande a casa!- le grito, mientras volvía a corre y su hermana le pedía que parara.
-Que bien le viene el nombre…- pensó Sam, mientras le seguía por la ladera (1)
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Mientras tanto, el grupo se encontraba ya en la parte más alta de la ladera, buscando por todos lados por la nueva gema.
-¿Encontráis algo?- preguntó al irse Asmeya. Los chicos dieron un no general, mientras miraban entre los arbustos. A pesar de estar tan alto, se notaba que estaban en unas latitudes casi tropicales, pues apenas llevaban allí media hora y ya estaban sudando
-Creo que es hora de refrescarse, ¿no, Jer?- le dijo su primo, algo rojo del calor. El joven asintió, mientras grandes nubarrones cubrían rápidamente el cielo, dejando caer la refrescante lluvia
-Uff, que bien sienta esto…- murmuró Yumi, dejándose mojar toda ella. A pesar de la reconfortante lluvia, seguía haciendo calor, que, unido a la humedad que trajo la lluvia invocada por Jeremy, provoó que el remedio fuera peor que la enfermedad
-Esperemos que encontremos pronto esa gema para irnos de aquí..- murmuraba exasperado William, que se quitaba la camisa y se la ataba a la cadera, dejando al aire su torso
-¡William, que hay chicas delante!- le espetó Ulrich, al otro lado. Este le ignoró- No se tu, pero yo me estaba asando como un cordero en su propio jugo, así que…- dijo, mientras le miraba de lado. Este refunfuño
-Venga, dejémonos de peleas y concentrémonos- les pidió Asmeya, mientras miraba entre unas rocas. Ella no lo vio, pero todos asintieron
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Al mismo tiempo, un portal negro se abrió en otro punto de la montaña. De el salieron Castor, Inferno, Océano y Loren, vestidos con sus túnicas negras, pero con mangas cortas para soportar mejor el calor
-Hicimos bien en dejar a los inútiles en casa esta vez, en cuanto hubieran legado se hubieran quejado del calor- murmuró Océano, mientras miraba alrededor
-Te recuerdo que ahora ya no son tan inútiles, es más, casi nos podrían vencer a nosotros o a los guardianes, incluso- le replicó Loren, subiéndose a un arbola buscar desde su copa, mientras sus compañeros lo hacían por tierra, mirando entre las rocas y los arbustos del suelo
-Aún así no saben usar sus poderes, lo que los convierten en unos inútiles a mi modo de ver- comentó Inferno, mientras observaba todo a su alrededor
-Concentrémonos en lo importante, ya pensaremos en ellos cuando volvamos a casa- les ordenó Castor. Los tres asintieron
Ninguno de los cuatro se dieron cuenta que eran observaos por dos pares de ojos que no entendían de que estaban hablando
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Mientras subían por la ladera de la montaña, Percy y Sam vieron algo extraño tras algunos árboles, algo negro. Decidieron acercarse para ver de que se trataba, cuando vieron a cuatro tipejos vestidos con túnicas cortas negras salir de lo que parecía una sombra de color negro azabache, casi como si fuera un portal
-¿Qué era eso?- pregunto en un murmullo él a ella. Sam negó con la cabeza- Ni idea, pero creo que será mejor avisar a alguien…- le contestó. Él negó- Creo que será mejor avanzar sin hacer ruido, además, no podemos ir con este cuento a la policía, nos tomarían por locos- le contestó su hermano. Ella asintió
-Es verdad, venga, antes de que nos vean- le aventó ella, mientras se iban de allí.
Tras andar un rato, se encontraron con otro tumulto de gente. Ellos también parecían buscar algo
-¿Hoy es día de visita?- preguntó a nadie en particular Percy, mientras se les acercaba. Sam abrió mucho los ojos cuando vio quienes eran
-¿Odd?- preguntó ella, mientras se le acercaba. Él se giró al ser nombrado, pero no supo como reaccionar al verla allí
-¿Sam?- dijo, afirmando más que preguntando, mientras se levantaba y era imitado por todos. Ella asintió
-¿Qué hacéis por aquí?- les preguntó ella. Los chicos abrieron la boca para contestar, pero no supieron que decir
-Estamos de viaje …- dijo Yumi al fin, mientras se apoyaba sobre una rama- Conociendo un poco de mundo, ya sabes…- continuó Odd, con una sonrisilla- ¿Y tu? –a acabó Patrick
-Vine con mi hermano…- dijo ella, mientras le señalaba, por detrás suya.
-Soy Percy, encantado- se presentó, dándoles la mano
-Igualmente- le respondieron ellos
-Como supongo que estáis mintiendo…- comentó Sam, haciendo que todos tragaran saliva- Os volveré a repetir la pregunta, ¿Qué hacéis aquí?- les preguntó, una vez más, ella. Todos se miraron, buscando ayuda, pero al final todas las miradas acabaron sobre Asmeya, que, tras pensar unos segundos, se decidió
-Odd- empezó ella. Este la miró- ¿Confías en ella?- le preguntó, seria. Él sonrió- Con mi vida, princesa- le contestó, sonriente. Eso hizo que Sam se ruborizara y que su hermano riera. Asmeya, entonces, se acercó a ambos jóvenes, y, tras rociarlos con algo de sus polvos mágicos, solo Percy se iluminó por un aura color platino metálico, haciendo que Asmeya sonriera
-¿Sabríais guardar un secreto, chicos?-les preguntó con una sonrisa. Ambos asintieron, mientras Percy sonreía con alegría, sus corazonadas nunca fallaban
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Mientras, los esbirros de Virio se encontraban descansando del abrasador calor en una cueva en la ladera de la montaña. Aunque le pidieron que hiciera llover, Océano se negó, pues sabía las consecuencias de hacerlo con el calor que hacía, pero aún así tuvo que explicárselo a sus compañeros, quienes, sabiendo tras la explicación que no era buena idea, desistieron. Tras comer un par de frutas y beber algo de agua, los cuatro se pusieron una vez más en marcha.
Mientras avanzaban, sintieron con alivio que la temperatura estaba descendiendo a medida que subían por aquella montaña. Al no hacer tanto calor, podían pensar mejor y moverse con más soltura, por lo que iban mucho más deprisa que antes. Inferno revisaba entre unos matorrales, cuando, bajo el camino, vio a los guardianes, junto a dos muchachos que no conocía, pero que, por experiencia, uno de ellos debía ser el siguiente guardián. Con un susurro, avisó a sus compañeros, preparándose para la emboscada improvisada
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-¿Entones yo soy uno de esos guardianes?- preguntó asombrado Percy. Asmeya le sonrió asintió- ¡Que guay, estoy ansioso de encontrar mi gema!- proclamó, feliz
Cesar iba a contestar, pero cuando escuchó un ruio de agua, se giró, y, con rapidez, hizo que todos se alejaran. Todos vieron como un enorme chorro de agua golpeaba un árbol y lo partía casi por la mitad, haciendo que la parte de arriba se apoyara en el suelo del bosque. No supieron de donde vino aquel torrente de agua, pero si de quién. Tras esquivar como mejor pudieron aquel golpe por sorpresa de sus enemigos, los chicos les vieron por encima de ellos, sobre un terraplén. Lo que no se esperaban es que no estuvieran allí los tres más pequeños, que, a pesar de haber combatido varias veces, aún no les habían visto el rostro, ni siquiera los ojos, como mucho la boca. Eso tampoco les importó demasiado, pues no eran demasiado fuertes, pero los que tenían enfrente si, y, a pesar de ser más del doble, eran muy fuertes, y no debían subestimarle, como aprendieron anteriormente.
-¡Maldita sea, fallé!- grito Océano desde arriba, lanzándose sobre ellos, seguido de sus compañeros
-¡A por ellos!- gritó Odd, convirtiéndose en un león y lanzándose contra Loren, ya transformada en un tigre de color blanco a líneas negras
Enseguida, Aurora empezó a arremolinar viento en sus manos a gran velocidad, mientras se los lanzaba a Castor, que los esquivaba con agilidad, así como los fuertes rayos delectar. La joven, pese a haber invocado nubes de tormenta no podía alcanzarle, y eso la desesperaba. Mientras, Jeremy, como era costumbre, luchaba contra Océano con todo lo que tenía, usando el agua que sobraba del golpe a traición de antes para defenderse.
Patrick, estando en su elemento, usaba grandes bloques de tierra para defender a los que estaban buscando la gema, al mismo tiempo que le lanzaba peñascos a Inferno, que peleaba contra las gemelas. Estas usaban sus elementos con maestría, aunque eso se contrarrestaba con su poca forma física, y, aunque su poder era grande, o así sus puños, por lo que la pelea estaba pareja.
Mientras luchaban, Susan decidió que le cedería su puesto a Patrick, pues él peleaba mejor y ella podía mandar los ataques que iban hacia ellos a otro lugar, sin dañar a nadie, claro
-¡Patrick!- le gritó, mientras intentaba darle otro golpe a Cesar, pero sin éxito- ¡Intercambiemos puestos tu y yo¡- le pidió. Patrick asintió, mientras bajaba la pared de piedra que había levantado e intercambiaban puestos. Inferno rió
-¿Demasiado para ti, niña?- le espetó, con una sonrisa en la boca. Susan rodó los ojos, cansada de eso- ¡No te metas con ella!- le espetó Patrick, dándole un fuerte puñetazo en la cara, mandándolo a volar hacía el suelo. Susan le miró sorprendido- Gra…gracias- murmuró ella, mientras le miraba sorprendida. Él sonrió, mientras le levantaba un pulgar- ¡No hay problema!- le dijo, sonriente. Ella le devolvió la sonrisa
Mientras, Aelita, Asmeya, Cesar, Sam, Percy y Ulrich buscaba con insistencia la nueva gema. Ulrich normalmente pelearía, pero sin gema contra ellos…le habían dicho que mejor no, y quien dice "le habían dicho" dice que Yumi le había obligado a prometérselo por su vida, así que ahí estaba, buscando. Percy se encontraba buscando afanosamente aquella gema, no sabía como era, solo tenía una idea general de cómo debía ser a juzgar el aspecto de las de sus compañeros. Se encontraba buscando entre unas piedras cuando oyó un replicar de metales. Aquel sonido le embargó de recuerdos, pues su abuelo era herrero en el pueblo. Aquel sonido de metales chocando le traía muy buenos recuerdos, y, dejándose llevar por eso, siguió aquel sonido
El sonido le llevó hasta una cueva donde, a juzgar por las vías carcomidas de madera, se hacían excavaciones de mineral. El camino era estrecho, pero él podía andar sin demasiada dificultad, no así un adulto, que tendría que ir de lado. Anduvo hasta una cueva amplia, con grandes vetas de mineral en las paredes y el suelo, y, en el centro de la cueva, un pedestal con lo que parecía una piedra encima e inscripciones griegas en los laterales del pedestal. Percy se acercó con cuidado hasta situarse al lado. En aquel momento, una potente luz metálica inundó la sala, obligando a Percy a cerrar los ojos. Cuando la luz se fue, una gema de color platino descansaba sobre el pedestal. Percy, sin pensárselo, la cogió emocionado, mientra esta se iluminaba de nuevo, envolviéndole.
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Arriba, las cosas se ponían feas: el cielo estallaba constantemente en rayos la lluvia era casi incesante, y el viento era tan fuerte que había que taparse los oídos para que no te hiciera daño en los oídos. Por eso, el grupo que estaba buscando la gema estaba acurrucado en el suelo, casi sin poder hacer nada, simplemente tapándose los oídos y esperar a que acabara, mientras aquellos que tenían gemas acabarán de una vez por todas. Los que tenían gemas estaban tan concentrados, que ni siquiera notaban la enorme tempestad que estaba provocando
-¡Esto tiene que acabar cuanto antes, la gente de la aldea se está alterando, mirad!- gritó Cesar, intentando hacerse oír sobre los rayos y el viento. Los que estaban con él vieron como los aldeanos miraban con espanto a las enormes nubes que había sobre ellos, y la tormenta que se había desatado allí pronto se extendería hacia ellos, y con muy malas consecuencias, se temían
Todos deseaban que el que fuera encontrara la gema, y, como si un mago les hubiera escuchado, apareció Percy, vestido simplemente con la camisa de tirantes que tenía puesta desde el principio, sus vaqueros cortos y sus deportivas, pero con un complemento añadido, la gema de los metales en la muñeca derecha brillaba con un brillo metálico hermoso, mientras se situaba junto a ellos. Los esbirros de Virio se miraron, y, tras asentir, se marcharon de allí, corriendo através de la selva que les rodeaba. Poco a poco, las negras nubes que cubrían el cielo se fueron dispersando, dejando una vez más el cielo despejado y gritos de alegría entre los chicos, y, más abajo, los de los aldeanos, felices de que la tormenta se calmara antes de que les alcanzara
-¡Enhorabuena, Percy!- le felicitó William, dándole una palmada en la espalda. Este asintió, agradecido
-Bien echo, Percy, tu también, Sam, has demostrado valor- les felicitó Asmeya. Percy sonrió, mientras que su hermana parecía triste
-¿Ocurre algo?- le preguntó preocupado Jeremy
Asmeya pareció comprender- Si quieres, aunque no puedas pelear junto al resto, si que puedes ayudarnos entrenándolos o curándoles las heridas, o mejor aún..- dijo ella, mientras la alejaba un poco para hablar con ella más a solas- ¿Qué te parece si te consigo una gema para ti solita?- preguntó ella, sonriente. Sam frunció el ceño- ¿Pero no eran doce las gemas? –preguntó ella, aturdida. Asmeya asintió- Si, pero se pueden hacer más, no tan fuertes como las de ellos- dijo, señalándoles- pero casi tanto. De todas formas quisiera comprobar un par de cosas antes de eso, ¿vale?- dijo ella, mientras le daba una palmada amistosa y le guiñaba. Ella sonrió, agradecida
-Bien , supongo que nos veremos mañana en Kadick, ya que nos volvemos esta tarde a Francia- comentó Percy, mientras se despedía de ellos y bajaba por la ladera ajunto a su hermana. Antes de irse, Asmeya le explicó como hacer su gema más inadvertida a simple vista. Tras hacer lo que le indicaron, a Percy le recubrió una tenue luz metálica. Tras irse, un colgante con un pico y una pala cruzados en él apareció en su muñeca. Él la miró sonriente, y, tras despedirse, se fueron a casa
-Vale, volvamos nosotrs también…- murmuró Marin, mientras abría el portal de regreso
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Tras volver de su misión, los cuatro esbirros se dirigieron ante su señor. Estos le informaron de lo ocurrido. Virio iba ha hablar después de que parara Castor, cuando llegó un mensajero con un sobre para él. Tras abrirlo y leerlo, sonrió
-Excelente, todo marcha como debe, Darko y su grupo ya han localizado la reina. Nuestro siguiente movimiento será ese- dijo, mientras miraba su copa en oro, de la cual dio un sorbo del liquido que había dentro
-¿Algo más señor?- le preguntó Castor. Virio sonrió- Dadles veinte latigazos a cada uno por volver a fallar-dijo, con una sonrisa sádica, a unos hombres a su diestra. Estos asintieron, y, tras inmovilizar a los cuatro personaje, se los llevaron entre lamentos y disculpas, que nada hicieron sobre él, que solo sonreía complacido
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(1) Percy es el nombre inglés para Perseo, hijo de Zeus, que derrotó a regalo, Hermes le obsequio´un par de sus sandalias voladoras, con las que podía recorrer grandes distancias en poco tiempo, y con las que alcanzaba a recorrer continentes enteros en apneas minutos.
Bien aquí un nuevo capitulo ¿Qué os parece? ¿Os está gustando? Espero que si. Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no , dad ideas si así lo creéis conveniente. Me gustaría hacer una pregunta:¿queréis que Sam tenga gema propia, o que no? En caso afirmativo ¿de que sería la gema? Gracias por vuestra colaboración. Para acabar , me despido , hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, ni tampoco Susan Foreman, que pertenece a la BBC inglesa.
