Código: Guardianes
Capitulo 15
Allí, tras volver, se encontraron con una grata sorpresa
-¡Mama!- gritó Asmeya, emocionada al verla allí, en el salón, sonriéndola. Tras abrazarse, ella la miró, con lagrimas en los ojos
-Asmeya, tengo tanto que explicarte…- lloró la mayor, mientras la invitaba a sentarse a ella y al resto en la mesa, junto al resto.
-Estoy tan contenta de verte...- murmuró Atenea, mientras le rozaba la cara con sus dedos, y se sentaba junto a su hija con los demás. Ella sonrió, contenta- Yo también, mama- respondió, abrazándola. Tras separarse, Atenea le pidió a Pólux con un ademán de la cabeza que le trajera algo. Cuando este volvió, trajo una olas, la cual pasó desapercibida para todos a causa de la presencia de la reina y de su compañero
-Ya lograste recuperar casi todas las gemas, ¿verdad?- dijo, mientras ponía la bolsa sobre la mesa, mientras miraba a su hija. Esta asintió- Perfecto, en ese caso…- comentó, mientras sacaba algo de la bolsa- ¿Lograste descifrar lo que te dije hace tantos años, querida?- preguntó, mientras ponía una mano sobre la de Asmeya. Esta negó, compungida- No, por mucho que lo pienso, no logro averiguarlo…- dijo, con algo de congoja. Atenea rápidamente la tranquilizó- No pasa nada, ahora, tu y el resto sabrán la verdad- dijo, mientras volvía a meter la mano en la bolsa
-¿Qué fue lo que te contó la reina, Asmeya?- preguntó de repente Aurora. Esta solo suspiró- Antes de marchar, mama me dijo, de forma oculta claro, donde podría encontrarla a ella y al resto de la familia en caso de apuros. Pero aún no he logrado averiguar que significa- explicó, mientras miraba hacia el suelo, jugueteando con sus dedos.
-Dime hija, ¿Qué sabes de la refracción de la luz?- preguntó de repente Atenea, mientras mostraba a toda la mesa un pequeño cristal
-Pues… que es la explicación de los arco iris, pues la luz blanca está formada por seis colores, a los que llamamos espectro visible, ¿por?- preguntó
-Cierto, bien, si colocamos este cristal a un rayo de luz blanca- dijo, mientras bajaba las persianas de la sala y colocaba el cristal por la trayectoria de un rayo de luz blanca- este se disgrega en seis colores, rojo, azul, amarillo, violeta, verde y anaranjado. Vuestras gemas representan una luz, mejor dicho, emiten una luz, y cuando algunas de esas gemas se reúnen o despiertan, la gema de la luz, y por ende, la de la oscuridad, se reúnen- explicó, ante la atenta mirada de todos los presentes
-¿Dices que la gema de la luz solo se despierta cuando las gemas que emiten la luz de lo colores del espectro se reúnen- dijo, anonadado, Jeremy. Atenea asintió- Esas gemas son las del fuego, viento, agua, electricidad, metales, tierra, naturaleza y animales, con todas reunidas, es posible "despertar" o recuperar las gemas de la luz, y s contraparte, oscuridad- explicó, mientras hacía un diagrama con un papel y un bolígrafo que le habían prestado
-Pero has nombrado más gemas que colores- dijo Aelita, mientras miraba con interés la hoja de papel- El caso es que la luz verde es representada por dos gemas, la del viento y la de la naturaleza, por lo que contaría como una- respondió- Aún así, sigue sobrando una, majestad- dijo Susan, mientras la miraba- La gema de los metales no emite una luz dentro del espectro, emite luz metálica- siguió Marin, mientras miraba ansiosa por una respuesta.
-Veréis, la luz que emiten los soles gemelos de Asmara, y lade cualquier sol, genera el séptimo color, por eso entra dentro del espectro, además, el ojo humano no puede ver ese color, pero sí la ciertos animales, ¿cierto, Odd? –le preguntó, con una sonrisa. Este asintió, lentamente- Es verdad, aparte de los colores normales, también veo el color metálico- aseguró, mientras miraba el rayo refractado por el cristal con asombro
-¿Dices, entonces, que hay siete colores en el espectro?- preguntó, asombrado, Jeremy. Atenea asintió- Sí, y con vuestra ayuda, guardianes- dijo, mirándoles- No solo traeremos de vuelta las dos gemas restantes, sino que también a mi hija menor, a la pequeña Selene(1), pues ella es la nueva guardiana de la luz- dijo, mientras la ilusión brillaba en sus ojos ámbar. Los chicos la miraron intrigados
-¿Cómo está tan segura, majestad?- preguntó Odd- Sin tantas formalidades, y sé que la guardiana de la luz es mi hija porque solo un heredero de la casa Effer es capaz de portar la gema. Y ahora hagámoslo- dijo, mientras salía.
Mientras Atenea hablaba, todo se detuvo para dos personas, Asmeya y Aelita, pues fue entonces cuando todo encajó- Mama…- dijo, de repente Asmeya. Esta la miró- ¿Ocurre algo, hija?- No hace falta ir a buscar a mi hermana , ya está aquí presente- dijo, con lagrimas en los ojos. Todo el grupo la miró con asombro- Ahora que lo pienso…- empezó Electra- La única chica que queda por recuperar su gema es…- Aelita- corearon todos, dándose cuenta de lo que pasaba. Atenea se acercó lentamente a la chica, mientras la analizaba con los ojos. Entornes, le levantó la camisa, buscando algo con ansias- Si tu eres mi hija…- dijo, con algo de congoja- Debes tener la marca- dijo, mientras miraba con ansiedad. Finalmente la vio, cerca del ombligo de la muchacha, una peca con forma solar. Entonces estalló en llanto, abrazándola ahí mismo, junto a Asmeya, que, a pesar de tenerla tan cerca, no la había reconocido
-Estoy tan feliz de verte, hija mía- loró Atenea, mientras la abrazaba con fuerza. Aelita también lloraba, pues la emoción de ser abrazada por una madre era nueva para ella, y, si fuera por ella, jamás se separarían, quedándose así por toda la eternidad- ¿Cómo pude estar tan ciega de no reconocerte?- musitó Asmeya, más tranquila, mientras le acariciaba al cabeza- Nunca te dije ese secreto, aunque supongo que debí decírtelo- suspiró, levantándose
-Vale, ahora, dejémonos de sentimentalismos, y hagamos que la luz brille de nuevo- ordenó Atenea. Ahora sí, todo el grupo salió por la puerta, mientras, por orden de la reina, Jeremy y Electra recubrían el cielo con densos nubarrones
-Guardianes- ordenó. Estos se enfilaron al instante- Colocaos formando un circulo en torno a mi- siguió. Tal y como dijo, Jeremy, Patrick, Electra, Odd, Yumi, Aurora, Percy y Ulrich se colocaron en torno a ella- Ahora, encended vuestras gemas, haced que su luz resplandezca- Tal y como ella ordenó, un resplandor azul, naranja, amarillo, violeta, verde esmeralda, verde oscuro, metálico y rojo, respectivamente, llenó el lugar- Enviad un rayo de esa luz a esta piedra- siguió ,mientras lazaba la piedra que antes usó para explicar lo que pasaba. Siguiendo su orden, cada uno envió un rayo de color a la piedra, y cuando todos ellos se juntaron en la piedra, un único rayo blanco salió disparado hacia el cielo, dejando un gran agujero por la parte por la que paso, tras lo cual, un potente resplandor blanco iluminó todo el cielo en todo el mundo, signo de que la gema..
-Ha despertado- murmuró, contenta, Atenea- Y junto a ella, su contraparte, la de la oscuridad- dijo, mientras sonreía. Tras esas palabras, los chicos volvieron a su forma habitual, mientras jadeaban ligeramente- ¿Qué haremos ahora?- preguntó Marin, mientras ayudaba a Jeremy a sostenerse- Iremos a recuperar las gemas, no hace falta buscarlas con la sinestesia, ya sé donde están- dijo, mientras volvía aguardar la piedra en su lugar
-¿Y donde está, pues?- preguntó Patrick, algo más recuperado-
En Grecia, en el Santuario de Atenea- respondió, mientras Marin habría un portal a aquel lugar
-¿Por qué allí?- preguntó, curioso Cesar- Po r que no puede estar mejor defendido que allí- respondió. Todos la miraron confundidos- Pero si por alllí pasan miles de personas al día- dijo Susan, extrañada- No por un lugar, uno muy importante- respondió, misteriosa- Y ahora, vayamos para que conozcáis a un viejo amigo- dijo, invitándoles a pasar. Tras pasar ella, el portal se cerró, dejando aquel lugar vacío
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En una imponente sala de estilo griego, todo era paz. Esta estaba decorada con mármol blanco enteramente, con las columnas jónicas decoradas con ornamentos dorados, y en las paredes, preciosas pinturas, representando a hombres luchando con hermosas armaduras cubriéndoles el cuerpo, y, junto a ellos, una mujer, con un casco recubriéndole la cabeza, una túnica, y como único elemento protector, un escudo junto a un báculo. La paz fue rota cuando un hombre entró a ella. Este vestía una sencilla túnica blanca con piedras preciosas en el cuello, melena verdosa, y, en vez de cejas, un par de puntos morados. Este resopló
-Te estás haciendo viejo, Patriarca- comentó una voz alegre tras él. Este refunfuño- Tenme más respeto, Dohko- le recriminó, sin girarse. Este rió- Vena, Shion, álzate un poco, que pronto vendrá la cuadrilla-dijo, plantándole una mano en el hombro. Shion al fin se giró, encarando al hombre junto a él. Este tenía el pelo marrón, ojos verdoso, y recubriéndole, una espectacular armadura dorada, con armas a la espalda.
-¿Llamó, Patriarca?- preguntó una voz. Este asintió- Si Mu, pasa- le pidió. Tras el aludido, un grupo de doce personas pasó. Estos eran en su mayoría hombres, todos ellos de diferentes complexiones, color de pelo, etcétera. Lo único en lo que coincidían eran en su brillante armadura dorada recubriéndoles. Un momento después, entró una mujer por uno de los laterales. Enseguida todos los allí presentes se arrodillaron al verla, coreando
-Señorita Atenea- dijeron todos, a coro. Esta les ordenó, con un ademán de la cabeza, levantarse.
La joven vestía una sencilla túnica, con un blanco en la mano, y un curioso pelo morado. Se sentó en un trono, mientras les sonreía- ¿Cuál es el motivo de llamar a toda la orden dorada y a mi, Shion?- repreguntó, con voz dulce- Verá, señorita Atenea, dentro de poco vendrá una persona muy importante para…- sus palabras fueron cortadas cuando un fuerte resplandor llenó por completo la sala, mientras todos se recubrían los ojos, e , instintivamente, los muchachos que antes entraron que vestían las armaduras se posicionaron delante de la joven. Cuando se fue la potente luz, ante ellos un grupo muy curioso de jóvenes, algunos, la gran mayoría, con armaduras de distintos colores, y otros, sin defensa alguna, todos ellos detrás de una mujer de unos cuarenta años, un par de jóvenes de unos veinte, y el resto de entre quince y dieciséis años de edad. Cuando les vieron , todos los que se pusieron delante de la joven respiraron, aliviados
-¡Levantaos y mostrad algo de respeto por una reina, niños!- les recriminó una potente voz. Los chicos que estaban defendiendo a la joven se tensaron, y, raudos se pusieron en fila, mientras se arrodillaban- Mejor así, niños- volvió a decir Shion, mientras les daba un zape a un par de ellos- Disculpe a los hicos, reina Atenea- dijo, mientras se arrodillaba ante la mujer de pelo rosa. Los jóvenes con armaduras doradas alzaron la mirada
-¿Dijo Atenea?- comentó uno, un gigante de caso dos metros, en cuyo casco, que tenía en la mano, tenía dos cuernos, uno de ellos roto- Tal parece, Aldebarán- le respondió otro, este tenía el pelo rubio, y los ojos completamente cerrados
-¿Es esto una broma?- bramó otro de ellos, levantándose de golpe. Este tenía el pelo marrón, ojos verdes, y lo que parecía un león tatuado en su brazo derecho- Tranquilo, Airoria- le dijo el que estaba a su lado, sosteniéndole el brazo. Este era idéntico al otro, casi como gemelos, pero con el pelo algo más oscuro- ¡¿ Como quieres que me tranquilice, Aioros?!- le espetó, liberándose con un golpe en el brazo- ¡BASTA DE GRITOS!- dijo una voz, potente. Era el que se hacía llamar Dohko- ¡Dejad que Shion se explique!- volvió a gritar, aunque algo más bajo. Este le agradeció su intervención con la mirada, mientras se levantaba
-Chicos, esta mujer es la reina de Asmara, lugar del que provengo, y ha venido hasta aquí para recuperar un cosa, un objeto muy preciado- dijo, mientras indicaba a todos que le siguieran- ¿Recordáis la fuerte luz que iluminó todo el cielo hace unos minutos? Bien, pues resulta que la gema que han venido a buscar ha despertado, y ahora vamos a entregársela, después de mas de 2000 años custodiándola- dijo, mientras abría un portón, tras recorrer algunos pasillos durante la explicación. Tras el portón, en un pedestal, una hermosa luz blanca iluminaba toda la zona, dando una gran paz a la zona para cualquiera que pasara
-Aquella persona que haya sido elegida, que recupere la gema- pidió Shion, mientras miraba a los jóvenes recién llegados. Tras suspirar, Aelita dio un paso al frente, mientras todo el grupo le daba ánimos desde atrás- Bien jovencita, ahora, ve- le pidió él, amable. Tras volver a suspirar, se armó de valor, mientras avanzaba la mano para coger la gema. A solo unos pasos, esta se iluminó con fuerza, mientras toda la sala aguantaba la respiración. Cuando el resplandor se fue, todo el mundo esperaba ver a Aelita con su nuevo traje, pero lo que vieron era simplemente Aelita, mientras se soplaba la mano y la movía de un lado a otro, con la gema aún en su pedestal
-¿Pero que…?- dijeron todos, casi a la vez- ¿Por qué la gema la rechazó?- preguntó Asmeya a su madre. Esta entrecerró los ojos-La historia dice que la primera que portó la gema de la luz tuvo que enfrentarse previamente con doce hombres, lo únicos sobre la faz de la Tierra que podían hacer brillar la luz, pues la gema solo la puede portar aquel que pueda controlar su poder, al igual que el que porte la gema de la oscuridad, que tendrá que hacer el mismo reto- respondió, tensa. Todos los presentes callaron- ¿Esa niña tendrá que enfrentarse contra nosotros?- dijo uno de los chicos con armadura, con el pelo azulado y cara andrógina, con una peca en el labio superior- No pienso atacar a una niña- dijo otro, con el pelo morado y, en el casco, una enorme cola de escorpión bajándole desde el casco hasta casi las rodillas
-¿Esta segura de eso?- le preguntó uno de pelo negro y ojos verdes, con acento español- Me temo que no hay otra opción- dijo ella, cerrando los puños- Aelita, William, tendréis que enfrentaros contra los caballeros dorados(2)- dijo ella, mientras les miraba a los ojos en los cuales se podía ver un gran miedo- Sé que podréis hacerlo, chicos- dijo, mientras les reconfortaba- Si hubiera otra solución la usaríamos, pero.. me temo que es la única opción- dijo, triste- ¿ No podrían enfrentarse contra nosotros?- sugirió Aurora- Nosotros también podemos hacer la luz del sol, acabamos de hacerlo- dijo con convicción Ulrich- Si, habéis creado luz, pero no la del Sol, y esa luz solo la pueden crear ellos- dijo Shion, mientras señalaba a los doce jóvenes detrás suyo- Cuando quiera, reina Atenea- dijo Shion, haciendo una reverencia- Venga chicos, bajemos hasta la entrada al santuario…- dijo Atenea, la reina, triste por los acontecimientos.
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Ya abajo, y tras armarse de valor y muchas quejas y griterío por parte de los adolescentes, quines consideraban injusto lo que pasaba, Aelita y William empezaron a subir aquellas escaleras. Según les dijeron, tendrán que pasar por doce casas, cada una resguardada por uno de los chicos con armadura que vieron antes, desde Aries hasta Piscis, hasta llegar a lasla principal. Por suerte, se decidió que los combates no serían a muerte, sino como prueba. Si conseguían tirarles, ellos ganaban.
-Tendrían que pagarnos algo, por las cosas que hacemos- comentó William, mientras subía las escaleras de mala gana- Vaya…- murmuró Aelita, algo asustada- Esperemos que las gemas que nos corresponden sean fuertes porque esto es demasiado- siguió ella, mientras seguían subiendo.
Tras subir un par de escalones más, finalmente llegaban a la primera casa, Aries. Era enorme, parecida a un templo griego, con un carnero adornando la parte alta del templo. Ante ellos estaba su guardián, Mu. De pelo largo lila, sin cejas como Shion, y una capa tras de él. Este dio un ligera reverencia.
-¿Preparados?- pregunto. Ellos asintieron, preparándose. Un aura dorada le recubrió de pronto, extendiendo sus brazos- ¡Starligth Exlamation!- gritó, mientras millones de haces de luz salían de sus manos. Los dos jóvenes se recubrieron, aunque Aelita, extrañamente, podía ver por onde iban los rayos de luz, por lo que, mal que bien, podía esquivarlos. Mu veía eso con asombro
-Increíble, ha visto un ataque a velocidad luz sin tener siquiera entrenamiento…- dijo, asombrado. Aelita jadeaba, tras esquivar casi todos los haces de luz, mientras se palpaba los brazos, notando algunos raspones producidos por los que impactaron. William estaba en un estado parecido
-Jamás alguien ha logrado hacer lo que habéis hecho…- dijo, mientras se les acercaba- Podeis pasar por Aries, habéis pasado la prueba- dijo, contento, mientras les ayudaba a levantarse. Los chicos le agradecieron eso.
-¿Tus ataques van de verdad a velocidad luz?- preguntó William. Mu asintió- Todos los caballeros dorados pueden hacer eso, chicos- dijo, mientras les ayudaba . Ya recuperados, siguieron avanzando hasta Tauro.
Mu les observó salir de su templo- Son asombrosos, si fueran caballeros, serían dorados, sin duda lo lograran, su poder es asombroso - pensó, con una sonrisa. Rápidamente, les siguió, para comprobar como les iba.
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Tras subir las escalinatas hasta la siguiente casa, Aelita y William vieron al hombre más grande en mucho tiempo: un gigantón de casi dos metros, de piel morena y pelo negro, con los brazos cruzados, y en su casco, dos cuernos, uno de ellos roto. Este sonrió- soy Aldebarán de Tauro, guardián de esta casa. Mi prueba es sencilla, tendréis que romperme este cuerno- dijo, señalándolo con un dedo- Solo una persona ha sido capaz de hacerlo, y vosotros deberéis lograrlo para pasar esta casa.
Los chicos resoplaron, mientras veían que a Aldebarán le recubría un aura dorada, y, casi sin tiempo a esquivarlo, un enrome golpe de energía fue lanzado hacía la pared de fondo, mientras los chicos saltaban con agilidad, mientras intentaban encontrar algún punto débil en aquel hombre
-No tiene puntos débiles, es como un tanque…- maldijo William , cerca de Aelita, que resoplaba- ¡Cuidado!- gritó Aelita, mientras le arrastraba hacía un lado, ayudándole a esquivar el golpe.
-¡Así nunca me ganaréis!- les espetó, con fuerza. El combate continuó, mientras los jóvenes intentaban alanzarle, pero él jamás rompía su postura, altivo.
-¡Toma esto!- gritó, de repente Aelita, mientras un aura blanquecina la cubría, lanzando una bola de energía desde su mano, dándole de lleno. Aldebarán paró el golpe con una mano, pero tuvo que ponerse la otra en la cara para no cegarse. Entonces, sintió sobre él un peso, y un crujido de algo romperse. Cuando se quiso dar cuenta, su segundo cuerno dorado estaba clavado en el suelo, mientras se pasaba una mano por su casco asombrado.
Su cara era todo un poema, asustando a los muchachos, cuando empezó a reír- ¡JAJJJAJAJ! Bravo, lo habéis logrado, muy bien!- les felicitó, palmándoles la espalda, con tanta fuerza que casi les tira al suelo. Mientras les veía subir por las escaleras, Aldebarán vio a Mu- ¡Mu, ¿Qué tal?- le llamó. Este sonrió- Estos chicos son increíbles, parecen que ya están despertando su fuerza de verdad, ella al menos- dijo, orgulloso. Mu asintió- ¿Vienes?- preguntó. Aldebarán asintió.
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Aelita y William ya habían subido las escalinatas. Normalmente, a esas alturas estarían reventados, pero gracias al entrenamiento físico de Airis, su condición había mejorado mucho. Ya estaban en la explanada del tercer templo, Géminis. Ante ellos, el tercer templo se alzaba, y, con cuidado, entraron. Corrieron y corrieron por sus pasillos, y, cuando llegaron a la salida, se asombraron al notar que estaban de nuevo en la entrada
-¿Cómo es posible, si fuimos en línea recta?-dijo William, dándose la vuelta. Aelita bufó- No lo sé, pero volvamos dentro, a lo mejor hicimos el camino equivocado, vamos- dijo, entrando otra vez, y, una vez más, tras salir, volvieron a la entrada.
-Es una trampa, no hay duda- comentó William, mientras miraba al interior- Esta debe ser la prueba, pasar el laberinto que se nos plantea- dijo, con convicción- Pero nuestros ojos nos están engañando, no veo paredes en medio, solo el interior, nada más- dijo Aelita, con algo de miedo- en ese caso, vayamos a oscuras- propuso William. Aelita le miró con duda- Si la vista nos engaña, tendremos que hacernos ciegos para que no nos pase, ¿no crees?- dijo, seguro. Aelita asintió, aún con temor, pero segura por las palabras de su amigo. Juntaron sus manos, suspiraron, y, cerrando los ojos, entraron, con paso calmo. Tras un par de minutos andando en el interior, notaron una brisa en su cara. Cuando abrieron los ojos, notaron que se encontraban fuera. Contentos, chocaron las manos, felicitando por su idea, y, tras echar un último vistazo, siguieron ascendiendo los nueve templos que quedaban.
Tras ellos, dos figuras iguales, de pelo azul y ojos aguamarina, sonrieron- Logaron pasar el templo de Géminis- dijo uno, mientras se giraba para encarar a los dos visitantes de los templos anteriores- Sigámosles hasta Cáncer, venga- dijo Mu, mientras ascendía a gran velocidad tras los chicos. Los tres hombres siguieron su ejemplo.
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Mientras sus compañeros hacían la gran proeza de subir los doce templos, en lo más alto, en la sala del patriarca, sus compañeros observaban la lucha que sus amigos tenían contra los caballeros de oro, los más poderosos de aquella orden, orando por que pudieran logrado, cosa que, hasta hora, habían logrado. La reina Atenea observaba las imágenes- Yo diría que noserá necesario que lleguen hasta el final- dijo, mientras daba vueltas alrededor de la sala- Mi hija está despertando el poder de la luz, en el siguiente templo, todo acabará- dijo, con confianza.
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Precisamente, era en el cuarto templo, Cáncer, donde Aelita y William se encontraban. Algo cansados por subir las escaleras y or las batallas transcurridas, ambos jóvenes se plantaron allí. Ante ellos, un joven de pelo azul oscuro y ojos acuosos, mirada penetrante y orgullosa, se erguía.
-Mi nombre es Ángelo, Ángelo de Cáncer. Me asombra que hayáis llegado hasta aquí- dijo, mientras lazaba un dedo- ¡Pero será hasta aquí, Ondas Infernales!. Invocó, mientras líneas negras convergían en su dedo. Ellos miraron asustados aquello, hasta que notaron como todo se volvía negro.
Cuando abrieron los ojos, se encontraban en un lugar extraño. Una enorme colina se alzaba en el horizonte, y una inmensa línea de personas se dirigían rumbo a aquel lugar
-Estamos en Yomotsu- ijo él, antes de que nadie preguntara- La ante sala del Inframundo- dijo, con una sonrisa torcida. Ambos jóvenes se asustaron. Ángelo les miró divertido, mientras les levantaba, aún con el estupor, y los llevaba colina arriba en apenas unos segundos. Agarrándoles del pelo, les puso en suspensión sobre el inmenso agujero. Estos gritaron, intentando zafarse, pero sin lograrlo. El miedo les invadía, no querían morir allí, tenían una misión, salvar el mundo, a sus amigos y familiares.
De repente, a ambos les sumió una luz, para Aelita blanca y para William negra, aunque esta segunda no era con un aire maligno, sino uno bueno. Tras eso, esa luz se hizo más fuerte, obligando a Ángelo a apartar la mirada. Cuando se dio cuenta, ambos chicos estaban tras de él, rompiendo su técnica, y la ilusión que había cubriendo la sala
-No está nada mal, muchachos, habéis descubierto el truco- les felicitó, mientras aplaudía lentamente. Ambos chicos sonrieron- Venga os espera el gato gordo, no le hagáis esperar o se dormirá- bromeó, mientras los chicos reían por su comentario, subiendo las escaleras. Ángelo sonrió.
-Parece que estos chicos no eran tan débiles como creía, ni Virgo puede hacer lo que ellos acaban de hacer- dijo, mientras a su alrededor se volvía a ver el suelo terroso de Yomotsu- Lograron romper la barrera entre los mundos, eso me costó años hacer. Creen que era una ilusión, pero era real- murmuró, mirando el agujero que hizo para asustarles. Lógicamente, no iba a tirarles por la entrada real, era solo para acobardarles… y parece que funcionó
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Mientras, ambos jóvenes se encontraban subiendo las escaleras hacia Leo, el siguiente templo, mientras hablaban
-Esto está siendo más sencillo de lo que creía, Aelita- comentó william, mientras subían a buen ritmo. Ella asintió- Pensaba que, a estas alturas, aún estaríamos en Aries, pero fíjate- dijo, mirando hacia atrás- Casi estamos a la mitad, así que, ¡venga, no perdamos tiempo!- dijo, mientras seguía avanzando, seguida de William. Este asintió, y, tras un par de minutos subiendo, llegaron a Leo.
-¡Mi nombre es Aioria, Aioria de Leo, y no os será tan fácil pasar por aquí!- gritó una voz, desde dentro- ¡Plasma relámpago!- gritó, mientras un inmenso golpe de energía se dirigía hacia ellos. Casi sin poder verla, la esquivaron a duras penas, acabando en el suelo. Ante ellos, el caballero de oro se alzaba imponente, con sus ojos chispeando, con los puños apretados, y el semblante serio. Más que una persona, parecía un león a punto de lanzarse sobre ellos. Y así fue, se lanzó sobre ellos, y una lluvia de patadas y puñetazos calló sobre ellos con inclemencia.
-¡Vamos,! ¿Acaso esto es todo lo que podéis hacer?- gritó, mientras les golpeaba. Los chicos, aturdidos, apenas podían esquivar sus puños, cargados de energía, sin poder hacer nada. Un último plasma relámpago les mandó al suelo, magullados.
Alelita se pasó la mano por el pelo encrespado, tosiendo con algo de dolor. Vaya si era fuerte, aquel hombre… peo no debía rendirse. Vio a su compañero con la misma convicción, cuando decidieron hacer uso de lo aprendido en Lyoko. Se posicionaron juntos, y , tras suspirar, se lanzaron contra él, mientras gritaban. Aioria no se quedó quieto, y rtambién se les lanzó, con el puño envuelto en enrgía.
El choque entre ambos fue tan fuerte, que mandó a ambos grupos a volar, uno a cada laodo, pues en el último momento, una poderosa enegría recubrió a ambos adolescentes, protegiendoles, aunque no evitó que salieran por los aires. Cuando la nube de humo se fue, Aioria estaba de pie, jadeando ligeramente, mientras observaba a los chicos con las manos en las rodillas, jadeantes, y con una sonrisa, pues lograron romperle parte de la armadura que recubría el antebrazo, aunque nada del otro mundo. Pero para Aioria, aquello fue más que suficiente
-Habéis pasado la prueba, podéis pasar al sexto templo, Virgo- dijo, solemne, mientras se metía de nuevo al templo. Aelita y William lo celebraron en silencio, sentándose en el suelo, mientras trataban de recuperar el aire, descansando. Tras diez minutos, Aelita se dio cuenta de algo cuando miró al aire- ¡Mira!- grito, señalando al cielo. William se dio cuenta etonces de que eran más de las seis de latarde, habían pasado allí, subiendo escaleras y peleando unas cuantas horas
-El tiempo pasa rápido cuanto haces esto- rió Aelita, mientras se levantaba y se quitaba la tierra del suelo, ayudando a William ha hacer lo mismo. Tras eso, ambos jóvenes reemprendieron su camino, subiendo las escaleras hacia el siguiente templo, Virgo. Mientras subían, eran observados por Aiora, que les miraba impasible, pero con orgullo en la mirada.
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Ya en la sexta casa, ambos jóvenes vieron a un hombre rubio sentado en posición de loto en un asiento con la forma de dicha planta- ¿Q ue crees que hace?- le preguntó en un susurro Aelita a William. Él negó con la cabeza- Ni idea, vámonos de aquí, creo que esta dormido…- respondió, mientras salían. El chico ahí sentado no hizo nada, excepto sonreír por dentro, pues ya habían superado u prueba en Cáncer, y así se lo hizo saber en su mente. Aunque al principio les extrañó, recordaron lo pasado en el algo Ness, y sonrieron, agradeciendo a Shaka, aquel cabalero, la taza de té que les ofreció, pero la rechazaron con amabilidad.
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Siguieron siguiendo al séptimo templo, donde les esperaba Dhoko
-Mi prueba es sencilla- dijo, mientras caminaba frente a ellos, mientras observaba divertido como sudaban por el esfuerzo, aunque no hizo mención alguna- Deberéis derrotar a Shura aquí presente- dijo,, señalándole- en un duelo a espada, con esta- dijo, prestándoles una de las espadas de su armadura, mientras Shura usaba una espada normal de acero. Ambos chicos simplemente la observaron, pero fue William quien la cogió primero
-Yo seré el primero- dijo, seguro. Se posicionó delante de Shura, y, tras saludarse respetuosamente, iniciaron el duelo. La velocidad y técnica d Shura era muy superior a la de William, que apenas podía seguirle el ritmo al caballero, quien sonreía
-¿Esto es todo?- dijo, antes de mandarle de nuevo al suelo, mientras sonreía. William dio un golpe al suelo con el puño, incapaz de ver a trabes de sus sablazos para poder vencerle. Entonces, cuando se levantó para volver a encararle, se dio cuenta de que su espada estaba empezando a romperse, pues veía algunas muescas en su hoja. Sabiendo que en breve podría vencer, se levantó y empezó a atacarle con fuerza y renovadas energías. Shura seguía sonriendo arrogante, pero se puso serio cuando la espada se rompió cuando se defendió del último golpe de William, este último sonriendo.
Shura retrocedió de un salto, observando la rotura de su espada, tocándola con su mano. Sonrió satisfecho- Nada mal, esta espada fue forjada con los mismos materiales que nuestras armaduras, nada mal, no…- dijo, mientras le daba la mano a William, sonriendo. Aelita aplaudió, contenta, por su hazaña
Dhoko asintió, satisfecho- Aelita, tu turno, lucha contra mi- dijo, dándole una de las espadas de su armadura, tomando el otra.
Rápidamente, los sablazos volvieron a resonar en aquella casa, Aelita demostraba tener maña con aquella arma, pero la maestría de Dhoko era incomparable. Aún así, a Aelita le iba mejor a William , cosa que se demostró cuando Aelita logró derribara Dhoko, aunque este se reincorporó a grandiosa velocidad, sonriente- Bravo Alita, hasta hora, nadie ha logrado lo que has conseguido, tumbarme en un duelo a espada- dijo, aplaudiendo, con la espada bajo su brazo. Aelita sonrió, mientras le apretaba la mano con alegría, igual que William. Tras dejarles pasar y que los chicos se dirigieran rumbo a la octava casa de Escorpio, Shura se encaró con Dhoko
-Reconoce que te dejaste- dijo, mientras le miraba. Dhoko se hizo el loco- ¿De que hablas? Ella me ganó con todas las de la ley. Otra cosa es que yo viera una grieta en el suelo y decidiera no esquivar esa grieta…-
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Tras subir las escaleras hacia la siguiente casa, finalmente llegaron a la plaza de la casa de Escorpio
-Mira, llegamos a mi signo- celebró William, mientras miraba a Aelita, sudando.- Si que hemos subido, fíjate- dijo, mientras señalaba al horizonte. Aelita silbó- Desde luego- dijo una voz tras ellos. Inmediatamente se dieron la vuelta, encarando al guardián de aquella casa. Tenía el pelo lila, con ojos café, y una de sus uñas color carmín- Mi nombre es Milo de Escorpio, y ahora mismo comprobaré junto a Afrodita- dijo, mientras otro de ellos, el que tenía el pelo azul salía- Vuestra repitencia la veneno- dijo, sonriente. Aelita y William se miraron, interrogantes
-¿Como haréis eso?- preguntaron a la vez. Los ojos de Milo se iluminaron, junto a su uña, y, tras dar un golpe rapidísimo, dio su golpe- Aguja escarlata- dijo, en un murmullo. Aelita y William se palparon, buscando algo, hasta que notaron un intenso dolor en sus muslos, notando como una mucha color carmín manchaba su ropa- La aguja escarlata es un golpe minúsculo, pero debido al veneno del escorpión, el dolor que provoca es inmenso- dijo, mientras se giraba- En total hay quince agujas, sabéis probado dos cada una, será suficiente para vosotros. Ahora os espera la segunda parte de vuestra prueba, entrad a la casa- pidió, señalándola.
Algo adoloridos, ambos chicos entraron, encontrándose con el suelo de la casa recubierto de flores. Ambos se llevaron las manos a la nariz y ala boca, pues notaron que aquellas flores tenían algo malo- Sois muy listos por hacer eso, estas rosas están envenenadas. Tendréis que pasar a través de la casa, y habréis superado la prueba- dijo, cruzándose de brazos. Ambos jóvenes se miraron, y, tras asentir, un aura de luz la cubrió a ella y otra oscura a él,, mientras corrían a trabes de aquella sala, haciendo que las rosas saltaran a su paso, ante la mirada satisfecha de Afrodita. Tras correrlo que les pareció un corredor interminable, finalmente llegaron a la salida. Jadeantes, miraron atrás, y con asombro descubrieron que las rosas ya no estaban
-¿A dónde fueron las rosas?- se preguntaron ambos- Se han ido a m orden, enhorabuena chicos, ya os falta muy poco- les felicitó Afrodita, aplaudiendo lentamente. Tras despedirse, ambos jóvenes se dispusieron a ir a Sagitario, donde les esperaba la penúltima prueba.
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Allí, en Sagitario, no encontraron a ningún guardián, cosa que les extrañó- Que raro que aquí no haya nadie vigilando la casa, ¿no crees?- dijo Aelita, mientras miraba a todos lados. Fue entonces cuando una flecha casi la atraviesa, dando en la pared tras ella. Cuando miró de donde provenía, vio la resplandeciente armadura de oro de l constelación de Sagitario ante ellos, con el arco cargado, apuntándoles. Comprobaron que, a medida que se movía, así hacía la armadura, y, cuando llegaron a un punto, esta volvió a disparar su flecha, creando un boquete. Iban a salir x de allí, cuando notaron que aquel boquete era el único camino, pues la salida estaba bloqueada, y no parecía fácil de derrumbar. Tras entrar por el boquete, entraron a una cueva.
Mientra avanzaban, tuvieron que escibar rocas cayéndose, cataratas, torrentes, y toda suerte de trampas naturales. Tras salir de aquel sitio, del que tuvieron un fuerte deja vu del templo Azteca, volvieron a ver la luz del sol, o mejor ducho, de las estrellas- Ya ha anochecido- suspiró William, mientras se desperezaba. Aelita miró las estrellas- Desde aquí se puede ve Sagitario, mira- dijo, mientras señalaba la constelación- Así es, el viejo Quirón debe estar contento- dijo una voz, tras ellos. Al darse la vuelta, vieron a un hombre parecido a Aioria, aunque su armadura tenía alas a la espalda- Soy Aioros de Sagitario, y me alegra decir que habéis superado mi prueba con éxito- dijo, mientras les daba un golpe a cada uno en la espalda, sacándoles un pequeño gemido de dolor a cada uno- Vaya, parece que estáis sufriendo, ¿eh?- dijo, alegre- Nos ha tirado al suelo, envenenado, casi asesinados, engañados como niños pequeños, metidos en una cueva horrible, casi destripados a espadas, y vapuleados, pero no, tranquilo, no nos habéis maltratado demasiado- dijo irónico William. Aelita le pisó el pie para que se callara, pero Aioros, lejos de enfadarse, rió- Se nota que eres de mi signo, jovencita- dijo, mientras le pasaba una mano por la cabeza- Ya solo os falta ver a Acuario, y habréis acabado, os espera en la siguiente casa- dijo, señalando al frente- Decidió bajar a Capricornio para que no tuvierais que hacer el viaje- les gritó, mientras se despedían y subían hacia la siguiente casa.
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Cuando llegaron a la explanada del décimo templo un aire frío le recibió- Mi nombre es Camus, Camus de Acuario- dijo una fría voz. Ante ellos, un chico de pelo azul, ojos azules y mirada fría se alzaba poderoso, mirándoles de frente- Mi prueba es la última, y puede que la más dura- dijo, mientras lazaba los brazos y unía sus manos- Sentid el cero absoluto(3), ¡Ejecución de aurora!- gritó, y, cuando bajó los brazos, ambos jóvenes notaron el viento más frío jamás sentido chocar contra ellos, helándoles casi en el acto. Cuando acabó, ambos sentían un intenso frío recórreles, mientras que la pared de fondo estaba casi congelada.
-Esta helado…- murmuró William, robándose los brazos desesperadamente. Entonces, un aura negra le recubrió, lo mismo con Aelita, pero la suya era blanca. Camus se dispuso a volver a lanzar su ataque, y así lo hizo. Máxima fue su impresión cuando el aire frío se erizaba a su alrededor, y pasaba de lado, mientras la luz que les iluminaba se intensificaba. Cuando la luz se redujo, ante él, ambos jóvenes, habían cambiado de aspecto.
Aelita tenía una armadura blanca, con un caso con alas en el, botas latas con alas en la parte del tobillo, con la gema de la luz en su muñeca derecha. Esta tenía un círculo negro grabado en él
En cuanto a William , su traje era idéntico al de Aelita, pero en negro, y en su gema, el circulo era blanco.
Camus asintió, sin mostrar demasiadas emociones, pero contento por saber que habían logrado su objetivo- ¡Lo logramos!- gritó Aelita, cuando se recompuso de la impresión, saltando de alegría de lado a lado, celebrándolo
-Enhorabuena, parece que la gema os ha reconocido como sus portadores, por eso os protegió de mi aire helado.
Entonces, unas palasm resonaron por todo el templo, seguido de vitores y gritos de alegría. Cuando se quisieron dar cuenta, tanto Aelita como William se vieron rodeados por sus compañeros, quienes les abrazaban con entusiasmo, felicitándoles por su hazaña
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-Espero que su estancia aquí haya sido de su agrado, Atenea- dijo Shion, ya reunidos en la gran sala, mientras les despedían, con el portal abierto- Igualmente, Patriarca, estoy contenta de que nos hayamos encontrado- dijo ella, mientras le abrazaba, y algunos silbidos se oían por detrás,, Shion gruñó- Son peores que los tuyos - rió, mientras les miraba- Si necesitáis nuestra ayuda, contad con nosotros- dijo Dhoko, mientras les daba la mano a los chicos, junto al resto de dorados-
Ha sido un placer- dijeron todos, mientras les saludaba, viéndoles salir.
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Mientras, en su casillo, Virio miraba aquello con gran pesar
-Dentro de poco atacarán, tendremos que estar preparado- comentó Inferno, arrodillado detrás de él. Virio gruñó- Que vengan, no podrán conmigo- dijo, mientras se daba la vuelta- Necesitan más que esas piedras- dijo, despectivo- para vencerme. Venga, preparémonos para su llegada, será un placer matarles yo mismo- dijo, con una sonrisa altiva. Inferno tragó saliva, no le gustaba lo que venía…
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(1) Selene es la contraparte romana de Artemisa, diosa griega de la luna, y la que daba la luz por las noches
(2) Si, enfrentarles a los caballeros de oro es una locura, pero, como sabiamente se dice, solo aquellos que se lo merecen pueden aspirar a tener un gran poder, y que mejor prueba que esta, ehmm? Algo que ni la propia Atenea ha hecho, que ni el burro con alas (Seiya) ha echo.
(3) El cero absoluto es la temperatura más fría a la que puede estar la materia, concretamente -273º C, donde el movimiento de los átomos no existe (Se supone que la energía, es decir, la temperatura de un objeto, hace que el movimiento de los átomo sea mayor o menor, más temperatura, más movimiento, de lo que se desprende las características que diferencia los distintos estados.
Quisiera disculparme con vosotros, pues antes subí este capitulo hasta el enfrentamiento en Cáncer, donde di por acabado el capítulo, y donde ya ambos chicos (Aelita y William) obtenían sus gemas, pero me lo pensé mejor, y, ya que se tenían que enfrentar contra los doce, ¿para que dejarlo a medias? Y aquí está, el enfrentamiento completo contra los doce orados, completando así el requisito de que tenían que enfrentarse contra los que creaban la luz, no solo física, sino también espiritual, en el mundo
Ahora sí, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who, y todos los personajes de Saint Seiya, que pertenecen a su creador, Masami Kurumada.
