Código: Guardianes
Capitulo 16
Una semana había pasado desde que los chicos recuperarán las dos últimas gemas, las de la luz y la oscuridad. En ese corto periodo de tiempo, sucedieron muchas cosas: Atenea se había ido a vivir con su hija y los maestros a la Hermita, el maestro de William, Aspros, un hombre alto, de pelo azabache, ojos oscuros y mirada severa, pero amable con la gente, y el descubrimiento de por que los portadores de las gemas de la luz y de la oscuridad eran tan poderosos. Esas gemas estaban formadas por la combinación de varias gemas, por lo que contaban con su poder, haciéndoles así los más poderosos de los doce. Ahora que estaban preparados, ya solo quedaba un desafío: destronar a Virio, devolverlo a su agujero, y devolver a Asmara sus auténticos monarcas.
Claro que una cosa era decirlo y otra hacerlo. Sabían que no iba a ser fácil, pero contaban con ayuda para ello, pues sus maestros irían con ellos, comandados por supuesto por la reina Atenea. Debido a su gran conocimiento del castillo, sabía perfectamente a donde i, y eso les daba más posibilidades. La hora estaba cerca…
-¡Guardianes!- dijo Atenea, con potencia. Ante ella, formando una línea, estaban todos, los doce adolescentes junto a sus profesores, arrodillados ante ella- ¡Es hora de devolver a Asmara la paz, devolvamos a Virio a donde pertenece!- gritó- ¡ Hemos luchado muy duro para recuperar las gemas-siguió, algo más calmada, pero con determinación en la voz- Por eso, confío en que podréis hacerlo, guardianes…- dijo, mientras abría un portal dirección al castillo- ¡Hacedme sentir orgullosa!- volvió a gritar, mientras todo el grupo daba un grito conjunto de ánimos, entrando al portal. Cuando todo el mundo hubo entrado, el portal se cerró, dejando el lugar, antes lleno de gente, sin un alma…
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El castillo de Virio, anteriormente en manos de Atenea y Francesco, era de color negro azabache, aunque en el pasad era blanco como la leche. Donde antes había figuras de hermosos ángeles, ahora había horribles gárgolas que solo verlas desde el suelo daba pavor, capaces de asustar al más valiente. Donde antes había hermosos jardines de flores con grandes parques con lago y árboles por todos lados, ahora solo había un enorme descampado, sin un árbol en toda su extensión, con el retumbar de las espadas al chocar el metal contra el metal en sustituto del alegre trinar de los pájaros. Cualquiera que lo hubiera visto antes , en su época más gloriosa, se hubiera llevado una mano a la boca, sin poder creer que un lugar tan hermoso pudiera deteriorarse y convertirse en un lugar tan frío y hostil para cualquiera. Y eso fue lo que le pasó a Antena nada más pisar el suelo de su antigua propiedad
-Que horror…- murmuró, por lo bajo, mientras sus ojos se empañaban con algunas lagrimas. Aquella impresión fue demasiado para ella, tuvo que ser ayudada por Destro, quien estaba más cerca de ella, pero rápidamente se recompuso, recuperando la seriedad con la que había hablado minutos antes- Tened cuidado, este lugar está lleno de recovecos , así que no os separéis, ¿vale?- dijo, mientras les miraba de frente- Virio ya debe saber que estamos aquí, puede sentirnos, así que id con cuidado con las trampas, ¿vale?- dijo, mientras avanzaba hacia la entrada al norme edificio.
Nada más dar un par de pasos, el cielo se oscureció, mientras los rayos empezaban a retumbar en el cielo, el viento se intensificaba, los pocos animales que por allí vivían huían y empezaba a caer una fina cortina de lluvia, pero suficiente para remojarles
-Ya saben que estamos aquí…- suspiró, desganado, Percy, mientras usaba unas llaves que tenía en el bolsillo y hacía que su cuerpo se recubriera del acero del que estaba echo el llavero. Tal y como él predijo, ante ellos Océano, Loren, Fredrik y Timeo les sonreían, mientras cada uno empezaba a posicionarse para el combate.
En cuanto estuvieron listos, la tormenta se intensifico en apenas unos instantes, pues los rayos que se lanzaban Electra y Fredrik resonaban por todos lados, mientras la lluvia se hacía más fuerte cada vez que Jeremy y Océano chocaban los puños, y le viento cada vez más violento conforme Aurora trasportaba las enormes rocas que les lanzaba Timeo para proteger al grupo desde el aire. Loren luchaba encarnizadamente contra Odd, en una lucha no solo física, también mental, pues debían pensar rápido para contrarrestar a su rival
Mientras, el resto se enfrentaban contra el ejercito de espectros que habían enviado sus enemigos. Ulrich tenía que hacer un sfuerzo extra para que sus llamas no se apagaran con la incesante lluvia, pero decidió que era mejor usar los puños en esa ocasión, mientras golpeaba a los espectros con sus técnicas de pencak-silta. Yumi tampoco tenía forma de usar su poder, pues apenas había plantas, y las pocas que había estaban casi muertas por los nulos cuidados que se les brindaban, y aunque podría hacerlas crecer, era demasiado esfuerzo y no podía gastar fuerzas en algo que a lo mejor ni siquiera podría usar.
Patrick, en cambio, podía usar todo su poder, lanzando enormes peñascos a los espectros, mientras abría y cerraba la tierra para destruir a los que se acercaban demasiado. Percy, gracias a sus brazos cortantes, podía acercarse a los espectros con rapidez, sin necesidad de cargar una pesada espada, pues ya las tenía en los brazos. Mientras, Aelita golpeaba a los espectros con esferas de luz, parecidos a sus campos de energía, destruyéndolos en el acto, mientras William les golpeaba con los puños, pues las sombras que el controlaba les volvían más fuertes en vez de hacerles daño, mostrando su naturaleza oscura
Susa ayudaba a su hermana Marin a luchar contra los espectros, la primera ralentizándolos o sencillamente parándolos en seco, mientras su hermana los enviaba a algún lugar perdido en lo más profundo de espacio. A su lado, los maestros peleaban ardientemente contra los sombríos seres, y aunque su poder no era comparable con el que desataban sus alumnos, si podían ocuparse de los espectros con relativa facilidad, haciendo lo mismo que sus respectivos alumnos al enfrentarlos. Asmeya y Cesar, a pesar de no contar con unos poderes parecidos a los de sus compañeros, si tenían habilidades luchando, por lo que se enfrentaban en casi igualdad de condiciones a los espectros. Tras todos ellos, Atenea observaba la escena fría, sin sentir miedo, mientras lanzaba bolas de luz contra sus rivales al igual que su hija
Aquella pelea tenía tintes apocalípticos, pues las nubes se extendían ya cubriendo el horizonte entero, y, junto a ellas, los rayos, la lluvia y el viento hacían que la zona sufriera la mayor tormenta en años, mientras los ciudadanos de la cercana villa rezaban para que no fuera nada grave. De vuelta a la batalla, los guardianes estaba comiéndole terreno a sus rivales, mientras el inmenso ejercito de espectros empezaba a decrecer poco a poco. Los ánimos estaban exaltados, pues estaban logrando que us rivales retrocedieran
-¡Venga chicos, que ya nos falta menos!- gritaba Electra desde arriba, mientras luchaba con uñas y dientes contra su rival, lanzándose desde patadas a puños, pasando por las potentes descargas eléctricas que a hacían guardiana del rayo. El enemigo ya estaba casi acorralado contra la pared, cuando…
-Ya hemos cumplido nuestra parte, vámonos- ordenó Océano, mientras se iba de allí, seguido de sus compañeros. Los chicos les dejaron huir, mientras recuperaban el aliento, y la atmosfera se reestabilizaba tras el intenso combate. Gracias a su entrenamiento, pasaron pocos minutos hasta que volvieron a estar preparados
-Y ahora entremos…- dijo Jeremy, abriendo el inmenso portón de entrada. Ante ellos, un norme salón se abrió, con las paredes tan negras como las de fuera, con lámparas de vela iluminándola desde el techo, con hermosas vidrieras en las paredes, ayudando a la iluminación y a la decoración. Al fondo, dos escaleras subían hacia izquierda y derecha, y ,en el suelo, una larga alfombra de color rojo carmín, directa hacía las escaleras, subiendo por ellas hasta perderse.
-Increíble…- comentó Ulrich, mientras entraba, y, junto a él, sus compañeros. Pero cuando Atenea y sus maestros fueron a entrar, chocaron contra una pared invisible, la cual se tornaba oscura cada vez que la golpeaban, pudiendo ver la naturaleza de la misma. Mientras gruñía de rabia, Aspros les informó- Esta pared la ha creado Virio con su magia oscura. Me temo que no puedo tirarla, ni yo ni William…- gruñó, mientras la golpeaba con su puño, enfadado. Atenea simplemente se quedó pensativa unos instantes, hasta que alzó la cabeza, encarando a Aelita, al otro lado del muro- Tendréis que ir solos, chicos, ninguno de nosotros puede entrar- dijo, algo triste- Tranquilos chicos, estaremos bien- se apresuró a decir Asmeya, mientras les daba un pulgar arriba, desde el otro lado del muro. El grupo de adolescentes sonrió- ¡Venga, no perdáis tiempo, e id a darle una buena patada a ese Virio de mi parte- les gritó Airirs, y, mientras reían, los jóvenes se adentraron al enorme castillo- ¡Subid por las escaleras de la derecha, niños!- les gritó una última vez la reina, hasta que las puertas se cerraron de nuevo.
Fue entonces cuando una poderosa fuerza les arrastró hacia fuera, mientras sentían como una intensísima fuerza oscura les engullía en el proceso. En sus cabeza, el nombre del causante de esto resonó con fuerza: Virio. Tras dejarles caer sin ninguna clase de comodidad en le suelo, las enormes rejas de la entrada se cerraron, y, tras levantarse e intentar volver a entrar, la misma barrera de antes se formó ante ellos, impidiéndoles el paso
-Maldita sea…- gruñó Gaia, golpeando la pared con fuerza, haciéndola sacudirse, pero sin cederán ápice. Todos resoplaron- Ahora están solos, esperemos que no necesiten de nuestra ayuda…- comentó Axel, mientras sus alas se encogían de pena. Todos asintieron, deseándoles lo mejor a todos ellos.
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Los chicos avanzaban cautelosos por los oscuros pasillos del castillo, con pequeñas antorchas cada varios metros, lo mínimo para poder ver por donde se pisaba, aunque gracias a Ulrich, estas llamas se intensificaron para que pudieran ver perfectamente por onde iban. Aún así, la constante idea de que el enemigo les esperaba al otro lado de la esquina estaba impresa a fuego en sus mentes, provocando en ellos un constante estado de vigilia, vigilando cada cosa que pasaba a su alrededor, manteniendo la respiración todo el tiempo posible para que no les pillaran por sorpresa. Claro que esta situación tan tensa se fue relajando a medida que pasaba el tiempo y nadie les enfrentaba, pues ya habían andado por aquellos pasillos por cerca de media hora, y ni rastro de nadie, nada
-Que raro…- murmuró Ulrich, delante de sus compañeros, parándose. El resto hizo lo mismo- No ha pasado nada en más de media hora, esto me huele a trampa de las gordas…- dijo, mientras miraba al frente, solo viendo el eterno pasillo frente a él- Y es imposible que nos hayamos perdido, pues hemos andado en línea recta desde que entramos…- dijo Susan, mientras vigilaba la retaguardia. Todo el mundo se puso a pensar en una posible causa, cuando a William esta situación le recordó algo- Esto parece el laberinto que encontramos en la casa de Géminis, ¿verdad, Aelita?- dijo, mientras se giraba para verla. Esta pensó unos instantes, para después asentir- Es verdad, es bastante parecido…- dijo, al Finn. Entonces, ambos sonrieron- ¿Y cómo salisteis de ahí?- preguntó Sam- Cerrando los ojos y andando al frente- respondió, mientras cerraba sus ojos y agarraba de la mano a Aelita. Tras suspirar, confiando en las palabras de sus compañeros, hicieron una cadena, confiando en que aquello funcionara. Tras nadar unos cinco minutos, finalmente sintieron que aquel angosto camino se había acabado, y, cuando abrieron los ojos, se encontraron en un inmenso coliseo, con grandes gradas a los lados, un palco enfrente de ellos, arena recubriendo el suelo, y el atronador sonido de las espadas sonar en su choque
Fue entonces cuando notaron un pequeño detalle… no estaban solos, ante ellos, un gran número de soldados entrenaban en aquella arena. Todos aquellos soldados se miraron entre ellos durante unos instantes, para colocarse en posición de ataque contra ellos, emitiendo un fuerte grito de batalla antes de abalanzarse sobre ellos. Los chico simplemente fruncieron el ceño, mientras Aurora levantaba un vendaval, llevándose a la gran mayoría de ellos por delante. Cuando el viento se calmó nuevamente, delante de ellos encontraron a Inferno, Darko y los tres encapuchados, listos para el combate
Una vez más, el cielo se recubrió de nubes y rayos, pero no tantos como antes, dando la impresión de ser solo una tormenta normal. Rápidamente, el combate se reanudó. Inferno lanzaba grandes bolas de fuego a Ulrich, quien las paraba con las manos y las apagaba, tras lo cual mandaba potentes ráfagas a su rival, pero este hacía lo mismo con sus llamaradas. Electra lanzaba sus rayos desde arriba, como de costumbre, apuntando a los espectros que aparecían por todo lugar con algo de sombra, llamados por sus amos, ayudada por Aelita, que los desintegraba con solo tocarlos, aunque fuera con la mano. Patrick, sabiendo que si se descontrolaba podría hundir el coliseo entero, solo golpeaba a los espectros con los puños, ayudado por Percy, que usaba sus brazos como sables del más afilado acero. A su lado, William luchaba encarnizadamente contra Darko, usando golpes de energía oscura para atacar y defenderse, aunque sin demasiado efecto en el contrario.
Mientras, Yumi era ayudada por Sam a atacar a uno de los chicos encapuchados, mientras Odd atacaba al segundo transformándose en toda suerte de animales, y Aurora al tercero y último. La batalla no era tan espectacular como la que se desarrolló en la entrada, no solo por el menor número de enemigos, sino también por el espacio más reducido en el que encontraban. A pesar de la batalla, los chicos no se sentían especialmente cansados, si estaban con la respiración agitada y el corazón latiéndoles con violencia, pero no tan agotados como cuando luchaban al principio de su aventura, gracias sobre todo a la mejor condición física que habían adquirido gracias a Airis y sus eternas carreras por el parque.
Desde el aire, Aurora frunció el ceño- Aquí pasa algo y no sé que es…- dijo, meditabunda. Estuvo observando el suelo en el que sus compañeros luchaban con convicción, mientras luchaban en una hermosa pero agresiva danza de puños, patadas y golpes constantes entre ambos contendientes. Mientras les observaba desde arriba y de vez en cuando hacía que el viento se arremolinara contra sus rivales, Aurora meditó y rememoró los acontecimientos desde que entraron al castillo hasta ahora. El tren de sus pensamientos se vio interrumpido cuando notó que alguien la agarraba por la espalda y se la golpeaba con fuerza. Intentando zafarse, pudo notar que su contrincante tenía las alas de color negro. Y solo una especie tenía alas en Asmara o en la Tierra con forma humanoide, los angélidos, y de todos ellos, solo uno tenía alas negras
-Elijah… el príncipe Elijah…- murmuró, mientras sus ojos se abrían por al sorpresa. Su captor rió- Así es, niña, soy Elijah, antiguo príncipe de Heavenland, para servirte- dijo, a su oído, en un murmullo, con sarcasmo en la voz. Aurora se revolvió- ¡Suéltame, traidor!- le exigió. Ella no lo vio, pero Elijah sonrió- Como gustes- dijo, mientras la aventaba contra el suelo. A pesar de haber sido lanzada con una fuerza bestial, Aurora supo rehacerse ante de estrellarse contra el suelo, pudiendo aterrizar con más o menos seguridad sobre la arena del coliseo. Tras eso, ella alzó la vista, encontrando rápidamente a su rival .Tras eso, alzó el vuelo a una velocidad de vértigo, mientras emitía un grito de cólera, siendo eso muy raro en su naturaleza generalmente calmada.
Eso no pasó desapercibido para sus compañeros, que, tras ver a esa imponente figura en el cielo, se preguntaron quien era, y como pudo hacer que Aurora se enfadara de esa manera. Pero sus pensamientos se cortaron cuando el enemigo les recordó su presencia, volviendo inmediatamente al combate.
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Mientras todo esto pasaba en el interior del castillo, fuera, cerca de la puerta, los profesores, Asmeya, Cesar y Atenea se encontraban en el suelo, pensando en una posible forma de entrar, aunque por mucho que intentaran, nada funcionaba. Aspros había intentado usar sus conocimientos sobre la emergía oscura, golpeando en puntos estratégicos, pero nada, ni un rasguño, logrando solo lastimarse los nudillos. Gaia había probado en esos mismos puntos, y, pese a ser la que más fuerza tenía de todos ellos, los resultados fueron los mismos. Los gemelos Mario y Luigi intentaron abrir un portal al otro lado para poder pasar, pero no sirvió de nada, en cuanto se abría, la fuerza oscura de Virio consumía completamente el portal. Incluso Atenea había intentado derribarlo usando su luz, y varias técnicas y golpes con ella, pero de nada sirvió. Su luz, a pesar de ser fuerte y grandiosa, no era rival para la envenenada y fría oscuridad de Virio, tal y como la definió Aspros tras tocar por primera vez aquel muro. Sin saber que más hacer, decidieron ahorrar fuerzas y sentarse en la entrada, a la espera de los adolescentes. Atenea suspiró, mientras bajaba la cabeza, pensando
-Debe haber alo, alguna cosa, que se nos escapa…- murmuró, con las manos en su pelo rojizo. Su hija la animó- Tranquila mama, ya verás como lograrán vencer a Virio- la animó la joven, mientras la abrazaba por la espalda. Todos asintieron- Es verdad, mi reina- dio Electa, mientras le cogía la mano, en señal de afecto. Atenea asintió- Gracias, pero no solo estoy preocupada por ellos…- murmuró. Todos bajaron la cabeza. Durante aquella semana, Atenea buscó a su marido y padre de Asmeya y Aelita, como la bautizó él en su momento. Atenea rió, ella se empeñó en llamarla Selene, mientras que su marido defendía el nombre de Aelia para la menor- Parece que al final ganaste, Francesco…- dijo, mientras una sonrisa algo triste adornaba su cara. Todos menos Elena no entendieron esas palabras, pero la mayor sí- Sabe que era un hombre muy obstinado, majestad- dijo, mientras se acuclillaba frente a ella. Atenea la miró a los ojos- Solo espero que esté bien…- dijo, mientras volvía a bajar la cara.
Atenea buscó en el lugar que le marcó Francesco antes de marchar, pero, a pesar de buscar y buscar, no le encontró. Sus peores pensamientos apuntaron al secuestro, a una huída apresurada… y decidió no pasar de esa línea para no dejarse llevar por el llanto. Tras suspirar una última vez, decidió hacer lo que había echo hasta ese momento desde que les echaron a ella y a sus compañeros del palacio: esperar.
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Aurora luchaba con todo lo que tenía contra Elijah. El hombre tenía una elegancia a la hora de pelear digna del mejor de los guerreros, y, de estar en otro bando, le hubiera admirado, pero al estar con los malos, esa posible admiración se tornaba en odio, no por ser de los malos, sino por haber traicionado a su pueblo año atrás, cuando intentó echar a su hermano Michael del trono para quedárselo él. Aquello causó un gran revuelo en todo el reino, haciendo que el nombre de Elijah fuera repudiado hasta por los niños de leche como lo era ella cuando todo aquello pasó.
Mientras luchaban en el cielo, en el suelo, Inferno y compañía apenas tenían terreno ya para luchar, pues los guardianes se lo habían comido casi todo. Tras echar un vistazo al cielo, Inferno vio, con una sonrisa, la figura de Elijah sobre ellos, mientras luchaba con Aurora a puños y patadas. Tras observar a sus compañeros casi contra la pared, decidió que era suficiente
-¡Nos vamos!- gritó, mientras pegaba un gran salo hacia las gradas, seguido de Darko y los tres encapuchados. Solo Elijah quedaba combatiendo en el cielo, viéndoles correr desde arriba. Tras asentir, descendió hasta posarse en el suelo, seguido de Aurora, que se colocó justo en frente de él, y, detrás de ella, sus compañeros.
Tras observarles, este sonrió de medio lado- Reconozco que lo que decían de vosotros es verdad- dijo, mientras les miraba con una sonrisa altanera- El amo Virio se divertirá con vosotros- dijo, mientras desaparecía de allí, volando a gran velocidad, tanta, que ni Aurora pudo verle salir de allí. Tras bufar enfadada, la joven dio una patada a una roca de por allí, mientras gruñía. Yumi puso una mano sobre su hombro para tranquilizarla y que se sintiera mejor,, cosa que funcionó, pues la joven se fue relajando poco a poco
-¿Mejor?- le sonrió, mientras la chica asentía- Perdón por mi reacción, pero es que…- dijo, mientras negaba- No pasa nada, Aurora- le dijo Aeita, mientras le sonreía- Y ahora vámonos de aquí, antes de que vengan más enemigos- dijo William, mientras todos le seguían. Tras echar un último vistazo al cielo, Aurora les siguió, corriendo los pocos metros que les separaban
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Tras volver a entrar al pasillo que les llevó al coliseo, este les condujo por otros cientos de metros, pero en esa ocasión, notaron como el laberinto de antes se había esfumado de allí, y lo único que quedaba era el pasillo tal cual era. Sin miedo a volver a andar en círculos, los chicos prosiguieron con su camino, mientras, algo más relajados, hablaban entre ellos en susurros, aunque aún alertas para estar preparados por si les atacaban. Tras nadar otro rato, finalmente localizaron unas puertas. Eran enormes, de madera, con hermosos adornos dibujados en ellas, y con dos fuegos a los lados para iluminarlas más, pareciendo más majestuosas e imponentes de lo que parecerían si no estuvieran tan bien iluminadas. Odd fue el primero en acercarse
-¿Qué creéis que hay al otro lado?- preguntó, mientras tocaba la puerta con la palma de la mano. Sus compañeros pensaron- Por la ornamentación de la puerta…- supuso Jeremy, contemplándola- Yo diría que algún lugar importante- respondió, tras un suspiro- ¿Vosotros creéis que…?-dijo Ulrich, para nadie en especial- ¿Qué la sala del trono esté detrás? Es posible-dijo Marin, mientras observaba detenidamente la puerta. Tras discutir por varios minutos si debían entrar o no, finalmente se decidieron.
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Ante ellos, el inmenso salón del trono se mostró en todo su esplendor. Como en el resto del castillo, las paredes, el suelo y el techo estaban recubiertos de mármol negro azabache, con una alfombra rojo carmesí, que se dirigía hacia una plataforma con escaleras, donde había un trono de oro que refulgía con la poca luz que llegaba a través de las hermosas vidrieras. A los lados, cuadros representado batallas, pactos, personajes de las distintas familias reales llenaban las paredes, y , debajo de los mismos, estatuas representado a lo que ellos creían, los reyes y reinas que gobernaron allí, junto a sus hijos e hijas. De no ser por las circunstancias, más de uno se hubiera quedado observando con asombro aquel lugar.
Pero la figura sentada en el trono, con las piernas cruzadas, mirada siniestra, sonrisa altanera y con un aura negra rodeándole les recordó que no estaban allí de visita
-¡Bienvenidos!- dijo, levantándose. Todo el grupo se preparó para el ataque- ¡Es un placer conoceros finalmente!- dijo, mientras hablaba y se acercaba. Ninguno de los chicos hizo ningún movimiento, analizándole. Tenía una armadura negra con adornos dorados en el pecho y hombreras, con una capa blanca por detrás. Su pelo era negro azabache, al igual que sus ojos, desprendiendo un aura de odio y rencor que hacía que los chicos se estremecieran de solo estar cerca de él. Cuando solo faltaban unos diez metros para encontrarse, Virio paró en seco. Su sonrisa se esfumó completamente, poniendo cara de seriedad absoluta
-Tenéis una oportunidad de vivir si os rendís ahora, niños- dijo, frío. Todos ellos notaron como su espalda era recorrida de arriba abajo por un terrible escalofrío, pero ninguno mostró signos de miedo.
-¡JAMÁS!- le espetaron todos a coro. Virio sonrió siniestramente, mientras veía a los chicos abalanzarse sobre él.
Los chicos le lanzaron sus ataques con fuerza: rayos, esferas de llamas, torrentes de agua, grandes rocas, hondas de luz y oscuridad y grandes lianas, todos formando un mismo ataque, mientras Odd se trasformaba en un gran tigre blanco, y, detrás de él, Percy usaba sus brazos como espadas de hierro. Virio esquivo todos y cada uno de esos ataques a una velocidad vertiginosa, mientras, con las manos, lanzaba dos chorros de energía oscura, que difícilmente pudieron parar Susan y Marin, detrás de ellos.
Ambas chicas, tras parar el poderoso envite, estaban jadeando- Su poder…- empezó Susan- Es inmenso…- acabó Marin. Sus compañeros las miraron impresionados- 1Escuchad a vuestras compañeras!- les gritó Virio, mientra reía- ¡Mi poder supera por creces el vuestro!- dijo, mientras lanzaba otra honda de energía oscura
Aquella honda fue tan fuerte que les mandó directos contra la pared, mientras notaban como alrededor de sus cuellos se concentraba más energía de la normal. Asustados, intentaron luchar contra esa terrible fuerza, pero nada pudieron hacer. Virio se les acercó
-Como ya dije, mi poder es muy superior. Debéis estar notando como el aire os empieza a faltar por mi agarre- comentó, mientras se miaba las uñas, haciéndose el desinteresado, pero con una sonrisa maléfica en el rostro- Pero como soy buena gente, solo os dejaré en la inconsciencia, pues será mañana cuando muráis- dijo, mientras apretaba más aún el agarre, y reía cuando notó que algunos de ellos empezaban a perder el conocimiento
Cuando todos ellos estuvieron sumidos en la inconciencia, se les acercó, mientras les levantaba con su energía oscura. Frunció el ceño, mientras hacía un gesto de apretar con sus manos. Poco a poco, a medida que ejercía más y más presión, las gemas de los hicos se iban resquebrajando, hasta que…
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En una de las cárceles de palacio, la pandilla se encontraba atada por cadenas de tobillos y muñecas a la pared, aún inconscientes. La cárcel era una sin apenas iluminación, con apenas dos antorchas iluminando. El suelo estaba recubierto por paja de dudosa procedencia, los barrotes de la celda estaban carcomidos y rojos por el óxido. Vigilando la celda, un hombre barrigón, con barba sin recortar y pelo negro dormitaba sobre un pequeño taburete. Un pequeño gemido de dolor vino junto al despertar de Ulrich, quien se sobaba la cabeza, que le dolía como nunca antes. Cuando notó las cadenas que le sujetaban con dureza, abrió los ojos, y lo vio
-¡¿Pero qué…?!- gritó. Sus ropas habían vuelto a la normalidad, y la gema que antes le servía de ornamentación en la muñeca ya no estaba. Fue a levantarse, pero las cadenas apenas le permitieron alzarse un poco de lo cortas que eran. Cuando se fijó en sus compañeros, vio que estos se estaban despertando por su grito, así como el guardia que les "vigilaba". Todos tenían muchas dudas recorriéndoles la cabeza, cosa que se notaba en sus miradas. Aelita iba a decir algo, cuando otra voz empezó a oírse
-Veo que os habéis despertado…- comentó, divertido. Todos se giraron para ver al dueño de esa voz. Elijah estaba plantado ante ellos, con una sonrisa divertida en la boca, y con las manos tras la espalda- ¿Dónde estamos?- le exigió William. Este negó con la cabeza- Muy mal chico, las cosas se piden por favor - dijo, con una sonrisa de superioridad. William bufó- Estáis en las celdas del castillo. Mañana por la mañana seréis ajusticiados delante de todo el mundo como represalia contra los contrarios a Virio- dijo, mientras les miraba a los ojos- ¿Y nuestras gemas? ¿Qué hicisteis con ellas?- preguntó Marin, temiéndose lo peor. Elijah sonrió- ¿Aquellas rocas de colorines? Echas polvo y adornando con sus vivos colores el patio centra, querida- respondió, mientras se alejaba de allí con una potente risa.
Aquello fue como un balde de agua fría para los chicos. Las gemas, aquellas que les daban su poder para derrotar a sus rivales durante aquella cruzada, destruidas….Con ese pensamiento, la mayor de las desesperaciones les embargó. Cada uno, por separado, se recriminó por sus actos, culpándose por la reciente derrota. Algunos incluso lloraron, incapaces de soportar toda esa presión. Los más afectados eran los que formaban el grupo inicial de Lyoko. Todos ellos, en mayor o menor medida, eran guerreros experimentados, sabían como comportarse en situaciones límite, se habían jugado la vida en más de una ocasión, pero su enemigo era un virus informático, no una fuerza de la naturaleza como lo era Virio. Les venía demasiado grande, demasiado poderoso se repetían constantemente, como un mantra. Todos estaban así, todos, menos Sam
Estaba igualmente superada por el poder de Virio, jamás pensaría que barrería el suelo con ellos como lo hizo, pero algo dentro de ella le impedía rendirse. Un pensamiento cruzaba su mente, demasiado espeso para entenderlo, pero lo suficientemente poderoso como para impedir que cayera en los abismos de la desesperación como sus compañeros. Ella subió la cabeza, despacio, observándoles. Las gemelas estaban llorando sobre los hombros de Patrick, y, este, en vano, intentando aguantar su propio llanto. Ulrich y Yumi estaba apoyados uno sobre el hombro del tro, son hablar, pero con miradas tristes. Jeremy y Aelita estaban en una situación parecida a la de Patrick con las gemelas, mientras Aelita descansaba su cabeza sobre el pecho del chico, este le pasaba una mano por la cabeza en señal de afecto, mientras algunas lagrimas se escapaban de sus ojos. Percy estaba de espaldas contra William , ambos con la cabeza entre las piernas, mientras miraban al suelo. Sí, la situación era desalentadora, pero ella no se iba a rendir.
-Chicos- les llamó. Estos la miraron, sin perder la posición- Tenemos que salir de aquí- dijo, en un hilo de voz, vigilando al guardia de reojo para que no les espiara. Todos negaron- Es imposible, sin las gemas… no podemos hacer nada- dijo, en un murmullo, Yumi. Sam negó- Pero debemos intentarlo…- siguió Sam. Jeremy volvió a negar- Es imposible, como dice Yumi, sin las gemas, no somos más que… críos…- la actitud derrotista de sus compañeros estaba empezando a fastidiar a Sam
-Pero…- insistió ella, pero fue cortada por Ulrich- No insistas, no hay nada que- Ulrich fue cortado por un tortazo de Sam, con cara de enfado, pero sobretodo, decepción- ¿Y vosotros os hacéis llamar guerreros?- les espetó, sin medir el volumen de sus palabras- Me decepcionas, Ulrich. Tu, y todos… -dijo, mirándoles- Si tengo que sacaros yo sola, lo haré. Vosotros habéis perdido la esperanza, pero yo no…- dijo, mirándolos, mientras un aura color crema la envolvió. Sus compañeros la miraron con asombro, pero ella no se dio cuenta de eso, pues estaba demasiado centrada en intentar encontrar un medio de escapar.
-Sam…- llamó Odd, asombrado. Ella se giró- ¿Qué?- le preguntó. Odd simplemente la señaló. Esta, extrañada, bajó la cabeza, y de la impresión, casi da un grito. Sus ropas habían cambiado, ahora un peto color crema le envolvía el pecho, con una capa blanca a la espalda sostenida por hombreras del mismo olor y grabados en color oro. Sus piernas estaba recubiertas por unas espinilleras del mismo color, y n su muñeca derecha, una hermosa gema color pastel, decorada con hermoso grabados, descansaba sobre un guantelete
-¿Cómo…?- preguntaron algunos. Sin creérselo aún, Sam decidió no perder tiempo y pedir explicaciones luego. Tras levantarse y romper las cadenas que la retenía, hizo lo mismo con las de sus compañeros. Cuando les ayudaba a levantarse, podía ver en sus ojos la llama de la esperanza renacer con más fuerza que nunca, mientras auras de sus respectivos colores les envolvían, haciendo que las gemas que portaban volvieran a aparecer en sus muñecas. Ninguno se creía semejante milagro
-¿cómo es posible esto?- preguntó Jeremy, maravillado- Creo que yo puedo responderte a eso, muchacho- contestó una voz. Cuando se giraron en dirección a esa voz, vieron en una de las celdas contiguas a un hombre de unos cuarenta años, con el rostro cubierto por una capucha, y encadenado de pies y manos como estaba ellos- ¿Quién eres?- preguntó Aelita. Él tipo sonrió por debajo de su capucha, aunque nadie lo vio- Como has crecido, mi querida Aelita…- murmuró. Nadie se esperaba esa contestación. Cuando alzó la cabeza, vieron a un hombre de unos cuarenta año, piel blanca, pelo oscuro y ojos café, con algo de barba descuidada. EL grupo de Lyoko dio un respingo, reconociéndole
-Imposible…- dijo Odd- ¿Franz?- preguntó Jeremy. El hombre asintió- Un gusto verte, Jeremy- dijo, con una sonrisa. Elita sollozó- Papa..- dijo, con un nudo en la garganta. Franz la miró- Iría a abrazarte, pero…- dijo, levantando las manos, mostrando su cadenas. Los chicos entendieron, y, tras salir de su celda, noquear al guardia que había y entrar, rompieron las cadenas que le ataban. Casi sin tiempo para reaccionar, Aelita se abalanzó sobre él, abajándole con fuerza, mientras sollozaba. Franz, en respuesta, le besó la frente, mientras la calmaba con suavidad. Tras un par de minutos, Aelita se tranquilizó, y Franz pudo explicarse
-A pesar de que morí en Lyoko, ese Franz que visteis no fue más que un señuelo para distraer. Mi autentica persona estaba en otra parte, a salvo. Después de que apagarais el súper-ordenador, logré salir por mi propia cuenta gracias a tu madre- dijo, mientras miraba a Aelita- Tras eso, me fui a unas islas en los mares del sur, donde esperaba a que Atenea se pusiera en contacto conmigo, pues a pesar de que queríamos vernos, teníamos que prepararnos para la inminente batalla que se avecinaba y apenas había tiempo para vernos, por lo que decidimos esperar hasta que las gemas despertaran para reunirnos de nuevo… aunque por desgracia, ya veis que no todo salió como deseábamos- finalizó, mientras caminaban fuera. El grupo asintió, comprendiendo. Tras llegar a la salida de la zona de mazmorras, y sin ser vistos, se escabulleron a una sala para decidir su siguiente paso
Todos se encontraban demasiado cansados para poder luchar de nuevo contra Virio, por lo que decidieron que una retirada estratégica sería la mejor opción. Por desgracia, cuando intentaron abrir un portal para salir, es fue imposible- Habrá que hacerlo a la antigua…- murmuró Sam, mientras miraba de reojo tras una esquina. Poco a poco, pasaron por los distintos pasillos del castillo, guiados por Franz, yendo directos hacia la salida
Para su suerte, apenas encontraban un par de soldaduchos cada ciertos metros , y tras noquearles, seguían su camino sigilosamente. Finalmente, llegaron a la salida, donde estaban sus maestros, esperándoles impacientes
-¡¿Dónde estabais?!- les espetó Airis. Los maestros iban a seguir preguntándoles, cuando vieron a Franz detrás de ellos. Todos se pararon en el acto, y, tras reaccionar, se inclinaron ante él, mientras Atenea le miraba contenta, con algunas lágrimas en los ojos-Rey Francesco- dijeron todos, a la vez. Este asintió, mientras hacía un ademán para que se levantaran , mientras abrazaba a su mujer, pues Virio retiró la barrera, creyéndola innecesaria. Tras eso, abrieron un portal para volver a casa, explicar lo sucedido a su profesores, y descansar. Antes de eso, Atenea no dejó de notar que Sam tenía un emblema, cosa que le extrañó, pero decidió consultarlo más tarde. Tras desactivar los emblemas y que les recubriera una luz de sus respectivos colores, todos atravesaron el portal de vuelta a casa.
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Virio observó la escena desde lo alto, en el salón del trono. En un principio, quiso ir a por ellos, pero decidió no hacerlo. En su lugar, convocó a sus hombres delante suya. Tras felicitarles, les envió a una misión curiosa: vigilar a los guardianes En un principio, eso no debería ser nuevo, pero les ordenó que no les quitaran un ojo de encima en ningún momento, que fueran su sombra, pues pronto sucederían cosas, y debían estar preparados para actuar con rapidez
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Antes pregunté si queríais que Sam tuviera gema, y me disteis ideas bastante interesantes, pero decidí poner una propia, la esperanza, pues me pareció mejor, aunque había lagunas bastante buenas, gracias públicamente por ello.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who
