Código: Guardianes

Capitulo 17

Nada más volver de la fallida misión de derrotar a Virio, Atenea hizo sentarse a todo el grupo en la sala, incluso a Franz, para que le contaran que fue lo que pasó, pues había cosas que no comprendía. Sabia perfectamente que el poder de Virio era enorme, y gracias a la ayuda de Zeros, lo era más aún, pero también sabía que aún no había usado toda su fuerza, ni mucho menos, pues Zeros aún no se había presentado ante el mundo, aún no había entrado completamente en Virio, solo una parte, para tenerle dominado. Es por esta razón que le extrañaba la derrota tan aplastante, por lo que pudo notar en sus caras, de los chicos. Algo que la extrañó más aún fue que Sam portara una gema cuando se supone que para ella no había ninguna. Sí, definitivamente, había cosas que explicar.

Tras explicar detalle a detalle lo que pasó desde que se separaron de los profesores hasta que volvieron, horas después, los chicos esperaron lo que les iba a decir Atenea con ansias. La reina estuvo andando por todo el, salón, con las manos a la espalda y murmurando en voz baja, mientras hacía un mapa metal de lo ocurrido. Finalmente paró, suspirando

-Tal parece que el libro decía la verdad…- comentó, mientras se sentaba y sacaba un librote inmenso sobre la mesa. Los allí presentes la miraron con curiosidad- Este libro- dijo, levantándolo para que todos lo pudieran ver- Contiene todo lo referente a la magia en nuestro mundo, y, por supuesto, cuenta con un apartado especial para Virio y la leyenda de los guardianes- prosiguió, abriéndolo por una pagina con un separa-hojas

-En un apartado…- dijo, señalándoles un párrafo- Dice que, además de las doce gemas que vosotros tenéis, hay una decimotercera- dijo, mientras señalaba la parte más específicamente- En la época de la leyenda, la guardiana de la luz, y la única en sobrevivir a la batalla, decidió que la gema de la esperanza, por su importancia, debía ser escondida de todos- dijo, mostrando los dibujos que aparecían en el libro, que mostraban lo que ella decía- Decidió que esa gema la metería en el corazón de un portador, y, llegado el momento, volvería a reaccionar, para juntarse con las doce gemas restantes y hacer frente a Virio- siguió ella, mientras el resto miraban maravillados las figuras del libro.

-¿Por qué esconder la gema de la esperanza, si las de la luz y de la oscuridad son, en teoría más poderosas?- preguntó extrañado William. Atenea pensó un par de minutos- A pesar de que las gemas de la luz la oscuridad son las más poderosas, cuentan con la protección de los caballeros de gran poder- dijo, mientras le miraba- Supongo que notaste en tus carnes el poder que pueden desatar, ¿verdad?- dijo, con una sonrisa graciosa. William asintió- El caso es que Diana, así se llamaba la reina, al escribir el libro, no dio demasiados detalles, solo que "la esperanza solo puede vivir en el pecho de un ser con alma ", supongo que, si pierde el vínculo con alguien, la gema se rompe, o algo así- comentó, mientras cerraba de nuevo el libro

-¿Y que haremos ahora, entrenar?- preguntó Jeremy, algo decaído. Atenea negó- Tengo una idea mejor- sonrió, mientras volvía a abrir el libro

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En Asmara en su castillo, Virio observaba como se reconstruían los desperfectos provocados por la incursión de los guardianes al castillo. Tras de él, esperando indicaciones, estaban todos sus subalternos

-Levantaos- dijo, girándose. Inmediatamente, todos obedecieron- ¿Ya está todo preparado para tener bajo vigilancia a esos mocosos?- preguntó, sentándose. Darko se le acercó, con unos papeles. Tras leerlos concienzudamente, asintió, satisfecho- Como ya he dicho antes, quiero que seáis sus sombras, que no le quitéis un ojo de encima, entrad al baño con ellos si hace falta, pero los quiero en permanente vigilancia- ordenó, con fuerza en la voz. Sus subordinados se miraron entre ellos, dudosos

-¿Qué pasará, para tenerlos tan vigilados?- preguntó, curioso, Timeo. Virio sonrió- Atenea debe estar desesperada por la reciente derrota- dijo, mientras andaba de un lado al otro, con las manos a la espalda y una sonrisa de suficiencia en la cara- En la época del mito, luché contra los guardianes, sí, pero estos no solo contaban con gemas, también tenían armas a su disposición, armas, que, en manos de alguien normal tienen un gran poder, pero en manos de los guardianes…- dijo, mientras su rostro se volvía sombrío- En manos de los guardianes, un golpe de una de esas armas basta para hacerme daño, e incluso hacerme una herida, así que imaginaos su poder- comentó, con un ligero escalofrío. Los generales de Virio se miraron entre ellos, asombrados

-¿Dónde se encuentran, señor?- preguntó Océano. Virio sonrió de medio lado- La pregunta no es donde, sino cuando- respondió, mientras se levantaba, y volvió ha hablar antes de recibir las réplicas, clamando por una explicación- No se ni cuando ni donde están, a esas preguntas solo tiene respuestas el libro de Atenea, libro que solo ella puede leer por un hechizo de Diana, la primera reina, así que de nada serviría robarlo…- dijo, mientras andaba entre ellos- Por eso, ahora mismo iréis a vigilarles para que no puedan irse sin que nosotros lo sepamos- ordenó

-¿Algo más, señor?- preguntó Fredrik, aún de rodillas- Nada, retiraos- ordenó. En unos instantes, el salón del trono estaba vacío, solo con la figura de Virio observando por la ventana

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-¿Y dices que esas armas son las únicas capaces de golpear a Virio?- preguntó Aelita, asombrada. Atenea asintió- ¿ Y porque no fuimos a buscarlas desde el principio?- preguntó confundido Patrick. La reina pensó durante unos instantes- Mi hija no tenía noticias de estas armas, y yo no estaba segura de su existencia- respondió, mientras les observaba.

-¿Y como iremos a buscarlas, si están perdidas en el espacio y el tiempo?- preguntó Percy. Atenea sonrió- Diana no dio información sobre la localización y época de cada una de las armas, lo único que podemos hacer es seguir las instrucciones para que las armas vuelvan a activarse como pasó con las gemas, e ir a buscarlas cuando se activen- respondió, mientras se levantaba y salía de la sala. Rápidamente, todo el grupo fue a acompañarla, y a prepararlo todo para el ritual.

Cogieron varias velas, colocándolas en los puntos en los que se les indicaba para después encenderlas, mientras otros colocaban las persianas para que nadie les viera, pues no querían correr riesgos, a pesar de estar en medio de un bosque. También hicieron un símbolo muy parecido al que adornan las gemas de los chicos, y, tras sentarse en posición de loto alrededor del circulo, los trece adolescentes unieron sus manos, mientras Atenea, en el medio, empezaba ha hablar

-¡Yo, Atenea, reina de Asmara, hija de Elena, nieta de Débora, y descendiente de Diana, convoco el poder de las armas de los Guardianes de la luz, oscuridad, agua, fuego, electricidad, viento, esperanza, bestias, naturaleza, metales, tierra, tiempo y espacio a mi servicio!- gritó, con una mano en alto. A medida que hablaba, las gemas de los chicos se iluminaban cada vez más en sus respectivos colores- ¡Que vuestro poder sirva una vez más a la justicia y al amor, y que venza una vez más al odio y a la injusticia que Zeros representa!- siguió, mientras el viento se arremolinaba al rededor de ella, pero aún así, sin mostrar ni un signo de malestar- ¡Despertad de vuestro letargo de miles de años! ¡Prestadnos vuestro poder para derrotar al mal! ¡Os lo ordeno!- gritó, una última vez, mientras una potentísima luz se alzaba al cielo, dejando a todos los espectadores de aquel espectacular ritual impresionados. Tras varios segundos en los cuales nadie podía ver nada por la potente luz, al final esta se fue apagando, dejándoles ver

-Guau…- murmuró Jeremy, mientras cerraba y abría los ojos para reacostumbrarse

-Fue…- le siguió Ulrich- ¡Podemos volver a repetirlo!- gritó Odd, entusiasmado. Los chicos rieron por su reacción- Me temo que no, Odd, ahora tenemos que estar atentos al libro- dijo Atenea, mientras se recolocaba el pelo con Unamuno y señalaba a su libro con la otra- Cuando una de las armas vuelva a despertar, el libro nos dará la señal- explicó- Justo como con las gemas, entonces- comentó Asmeya. Su madre asintió

-Si, cada uno de vosotros tendréis una de esas armas- dijo, mostrando el libro- Las armas son estas: el tridente de los mares, los chakrams de fuego, el arco de las bestias, el escudo de la luz, el martillo del rayo, la cimitarra de la tierra, la lanza de la esperanza, las tonfas del viento, la guadaña del tiempo, el báculo de la naturaleza, el hacha de los metales y la espada (1) de la oscuridad- dijo, mientras señalaba los dibujo de las distintas armas

-Increíble…- comentó Ulrich, observando las distintas armas- Parece que nos tocará buscar en lugares increíbles…- comentó él, mientras miraba curio el libro, aunque no entendiera nada

-¿Cómo sabremos en que época buscar?- preguntó Jeremy. Atenea pensó unos momentos- Supongo que en el libro hallaremos las respuestas. De todas formas, si ocurre algo raro, os avisaremos de inmediato- dijo, mientras ponía el libro sobre la mesa

-¿Dónde tienes el equipaje, por cierto?- preguntó Aelita, de repente, mirando a su madre. Esta sonrió- Pólux…- llamó. El muchacho, que se había mantenido al margen hasta entonces, se presentó- Trae mi maelta- pidió. El chico, rápidamente, sacó un pequeño bolsito de viaje, no más grande que una mochila, mientras la mostraba. Todos la miraron con extrañeza- ¿Tienes todo ahí dentro?- preguntó, escéptica, Electra

Atenea asintió, mientras empezaba a sacar cosas y cosas de ahí dentro, mientras se los daba al obediente Pólux, que iba poniendo todas sus pertenencias en la habitación designada para ella, gracias a las reformas que se hicieron ,cortesía de Marin y de Luigi, su maestro.

-Me recuerda a una TADIS, más grande por dentro que por fuera..- dijo, con una sonrisa, Susan, mientras sostenía la bolsa sobre su palma, y su hermana la miraba con curiosidad

Estuvieron hablando un rato más, cuando el cansancio empezaba ha hacer mella en los chicos, cosa que Atenea captó al vuelo

-Y ahora os recomiendo dormir bien , pues debéis descansar- dijo, mientras cogía su bolsita y les miraba con diversión, pues algunos de ellos incluso bostezaban ya del cansancio - Tienes razón reina, debemos dormir, estoy que me caigo de sueño- comentó Ulrich, mientras sus ojos denotaban el cansancio

Tras despedirse, los adolescentes se fueron a Kadik a tener un más que merecido descanso tras los últimos acontecimientos

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Mientras tanto, con Virio, este no se encontraba en su castillo. Un par de minutos después de su reunión con sus generales, había cogido uno de los caballos de las caballerizas del castillo, y, solo, se encaminó hacia un destino desconocido para todos, incluso para sus más leales hombres, sus doce generales. Lo único que había dicho fue que si Atenea va ha recuperar algo, él también lo hará.

Y dicho y echo, cogió a la mejor montura, la más rápida y resistente, y partió a galope tendido, atravesando en apenas unos minutos el sendero que comunica el castillo con la ciudad, y , en un lapso de tiempo parecido, una de las grandes ciudades de Asmara, Eritrea (2). Tras eso, ya un poco más despacio pero sin detenerse, continuó su marcha. En aquel momento, atravesaba un pequeño camino de tierra con piedras a los lados de la carretera. Aquellos caminos, con el paso del tiempo, dejaron de usarse para dejar paso a las carreteras y las autovías, mucho mejores para el amplio tránsito de vehículos que llegaba a la ciudad, así como en todas las ciudades y pueblos del planeta. Aquellos caminos de tierra, por tanto, fueron dejados de lado, y por allí ya solo pasaban excursionistas y caminantes que gustaban de andar rodeados de naturaleza. Por ello, Virio aprovechaba esos caminos apenas transitados para moverse por Asmara a caballo, pues aunque los vehículos motorizados eran más veloces y podían recorrer mayores distancias, él prefería el método antiguo, además, al lugar al que se dirigía no era accesible por carretera pues estaba en lo más alto de una montaña.

Al lugar al que se dirigía era al templo de Effer, ligar en el que se desarrolló la última gran batalla entre Zeros y los primeros guardianes. Virio sonrió, aún recordaba como luchó contra ellos, y el odio que sentía Diana cada vez que le veía matar a uno de sus buenos amigos. Cada vez que lo hacía, notaba como su luz se iba haciendo más tenue, siendo reemplazada poco a poco por oscuridad. Pero por desgracia, Diana supo rehacerse, la luz que ella representaba volvió a brillar, y, en un momento de heroísmo, el guardián de la esperanza se sacrificó para poder encerrarle en una urna. Aquella urna, 2000 años más tarde, se rompió, dejando libre a Zeros, quien ocupó el cuerpo de Virio, doblegándolo a voluntad. Cualquiera hubiera pensado que Zeros escogería otro cuerpo, y no el de alguien tan honorable como lo era el viejo general, pero los corazones más nobles siempre son los más fáciles de corromper, cosa que aprendió hace mucho con Wences

Claro que Zeros no pasó esos 2000 años en soledad. Junto a él, reposaban las almas de sus doce generales, sus doce hombres más leales, aquellos que se revelaron hace tanto tiempo contra los monarcas de los distintos países de Asmara en la gran revolución. Tras perder la comunicación con la Tierra. A pesar de lograr escapar, Zeros no sacó las almas de sus hombres para que volvieran junto a él, pero lo que si hizo fue atraer para si los cuerpos que habitarían una vez liberados. Solo había un problema, y era que, de sus doce nuevos generales, solo nueve eran los nuevos cuerpos, los otros tres, los adolescentes que trajo Castor, no lo son. Eso no le importaba demasiado, de todas maneras, solo eran peones en aquella partida, y nada le gustaba más que una buena ejecución antes de acostarse.

Tras un par de horas de marcha, llegó a un prado con un gran lago, con árboles de todo tipo cerca del agua, además de arbustos y flores pequeñas, así como animales en el interior del algo, desde peces hasta patos , pasando por toda clase de garzas, y un hermoso pegaso bebiendo de la fuente. El animal mitológico, anda más ver a Virio, relinchó, y, sin más, empezó a trotar para coger velocidad, y, en apenas unos instantes, ya recorría los cielos de Asmara, alejándose cuanto más mejor de él. Virio rió por lo bajo. Aún tenía esa chispa

Tras acercarse al lago, cogió de tras su capa un saco con polvos mágicos, y, tras echarlos al agua y murmurar algo en una extraña lengua, el agua del lago se quedó quieta y plana, casi como un espejo. Entonces, Virio se lanzó al agua, pero esta ni se inmutó. Pasados unos segundos, el agua volvió a moverse, mientras el caballo de Virio simplemente se quedaba tumbado en el suelo, dormitando y, de vez en cuando, dándole un bocado a la hierba esparcida por el suelo

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Tras lanzarse al lago, Virio apareció en lo alto de una gran montaña, con nieve recubriendo el suelo, y un ligero viento dándole en la cara. Tras darse la vuelta, ante él se erguía el inmenso templo, con piedra gris recubriendo la fachada, aunque en el pasado esa piedra era un hermoso mármol color crema, casi blanco. Las columnas que sostenían el dintel de la puerta eran enormes, con grabados esculpidos en ellas, con letras griegas adornando la parte más alta. En el dintel, había imágenes de trece personas, hombres y mujeres, con lo que parecían sus nombres debajo de ellas. En el centro del mismo, una mujer, con una corona de laurel en la cabeza, y rayos de luz saliendo de detrás de ella. Por los lados, los distintos hombres y mujeres tenían otras cosas saliendo de detrás de su espalda, como llamas, relámpagos, corrientes de aire, o chorros de agua.

Virio gruñó al verlo. Aquello era el testimonio de su derrota, con los distintos guardianes representados en aquel dintel. No pensando más en ello, Viriro se encaminó al interior. Tras abrir las enormes puertas de madrea, entró al viejo templo. En el interior, grandes columnas sostenían el techo, todas ellas decoradas con figuras muy hermosas, lo mismo en las paredes y le techo, con una alfombra de color morado algo carcomida por el tiempo, al igual que las figuras de las paredes, columnas y techo, pues antes estaban a color, aunque ahora estén descoloridas por el deterioro.

Tras pasar por varias salas igualmente decoradas con las distintas batallas que tuvieron los guardianes, Virio llegó ante un enorme portón. Antes de pudiera acercarse, una flecha se clavó sobre la madre. Virio sonrió

-Pensé que te habías ido de vacaciones, Agora…- dijo, con una sonrisa altanera. Cuando se dio la vuelta, pudo ver al que le tiró la flecha. Era una mujer elfo de pelo oscuro, ojos marrones, un peto color fuego, rodilleras, una falda militar hasta las rodillas, botas, un carcaj a la espalad hasta arriba de flechas, y un gran arco de madera con inscripciones por todo su cuerpo excepto por la mitad, donde tenía un cuero para agarrarlo cómodamente. En las manos, tenía guantes negros sin dedos

-Yo jamás me voy de vacaciones teniendo el peligro de que vengan visitas como tu, Virio- dijo, altiva. Virio sonrió de medio lado- Mira guapa, entiendo que la idea de proteger las urnas en las que están metidos mis generales te haga sentir especial y poderosa, pero…- dijo, mientras una esfera de energía negra se formaba en la mano- para mi siempre serás la niña que un día decidió que era buena idea jugar a los soldados junto con Diana- dijo, mientras lanzaba la bola de energía. Tras dar un gran salto, Agora preparó un par de flechas más, y las disparó a una velocidad de vértigo. Virio las agarró con una mano, pero frunció el ceño al notar un escozor en la mano- Agua bendita… muy astuta- le felicitó, mientras tiraba las flechas al suelo, mientras se desvanecían en polvo

-Tu puntería ha mejorado, desde que nos vimos hace 2000 años- comentó, mientras se le acercaba. Ella tensó otras dos flechas, pero Virio las esquivó con rapidez, y, en apenas un parpadeo, Virio estaba cara a cara con la chica- Es una pena que 2000 años de inactividad te hayan pasado factura…- comentó, mientras le daba un fuerte puñetazo en el estomago, mandándola a volar. Tras chocar contra la pared, cayó al suelo en un ruido sordo, pero a pesar de eso, la chica se levantó como si nada

-Veo que los de tu especie siguen tan inmortales como de costumbre…- comentó, frunciendo el ceño. Agora le miró con altivez- Los elfos siempre heos tenido una muy larga vida y una excelente resistencia física, Virio- le espetó- No te será tan fácil vencerme- acabó, tensando oras dos flechas, que, de no ser por que Virio las paró con su energía oscura, hubieran impactado de lleno en su pecho y en su frente. Tras eso, un pulso energético hizo que las flechas salieran volando de nuevo a su lanzadora, y, esta, contra la pared d nuevo, aunque en esa ocasión, la energía oscura hizo que Agora que quedara alzada en la pared, sin caer- Ya basta de juegos, ambos sabemos que tu no puedes conmigo- le espetó, acercándose. Agora sonrió- Yo no, pero ello sí- dijo, mirando al frente. Cuando Virio se giró, comprobó que, custodiando la puerta, había tres hombres

Los tres tenían una armadura de color blanco, largas alas a la espalda, el pelo de color marrón, violeta y verde de derecha a izquierda, y una espada en la mano derecha, y un escudo en la izquierda. Virio les analizó con la mirada, mientras sonreía con suficiencia

-¿Esto es todo lo que tiene Heavenland para defender este lugar, tres idiotas con alas?- se rió. Los tres hombres allí presentes gruñeron, y, de improvisto, se lanzaron contra Virio. Este sonrió, y, de un solo golpe, les dio en la nuca a cada uno de ellos a medida que les alcanzaba, y , sin poder defenderse, los tres cayeron desplomados al suelo, sin siquiera decir sus nombres

-Reconozco que, de no ser porque son de ira fácil, es probable que me hubieran dado batalla, pero…- dijo, mientras pasaba sobre ellos- es una pena que sean solo novatos- acabó, mientras, finalmente, abría la cámara en la que se encontraban las urnas que contenían a sus generales. Avanzó con rapidez hacia el circulo que formaban las urnas, cada una de ellas sobre un pedestal con los nombres de cada uno de sus generales en la vasija, escritito en griego antiguo. En cada urna, además, un papel con el nombre de Diana recubría las vasijas, pero este papel estaba casi despegado

-Es hora de despertar, generales…- dijo, mientras energía oscura le rodeaba- ¡Yo, Zeros, por el poder oscuro que se me concedió en la época en la que los dioses caminaban entre los hombres, os ordeno que salgáis de vuestra prisión, y que cumpláis con mis propósitos, tal y como hicisteis hace 2000 años!- gritó, mientras el aire se arremolinaba en la sala, haciendo que su pelo se revolviera, pero Zeros no dio ni un paso atrás, ni ninguna muestra de impresión. De improvisto, los sellos que había en las urnas se desprendieron, y, entonces, de las urnas salio un estallido violeta, seguido de un fuerte grito, y doce espectros negros salieron disparadas hacia el cielo, mientras fuertes gritos se escuchaban por toda la sala. Virio sonrió satisfecho, mientras se daba la vuelta y volvía de su exitosa misión

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Mientras, en la Hermita, Atenea estaba revisando su libro, cuando alzó de improvisto la cabeza, mirando hacia un punto en la distancia. Los allí presentes, es decir, los profesores, su hija mayor, su marido y Cesar, la miraron sorprendidos

-Maldita sea…- murmuró, mientras se levantaba y miraba por la ventana- ¿Algo malo?- preguntó Franz, preocupado. Ella solo siguió mirando hacia el cielo- Me temo que Virio sabe que estamos buscando las armas legendarias, pues ha convocado de nuevo a sus generales- dijo, mientras se cruzaba de brazos, con el ceño fruncido

-¿Pero no lo había echo ya?- preguntó curioso Cesar. Atenea negó-Los que hemos visto hasta ahora son solo sus cuerpos, los auténticos generales deben estar haciendo posesión de sus nuevos cuerpos en estos momentos. Eso solo significa que su poder ha aumentado y mucho…- dijo, preocupada

-Tranquila mama, ya veras como los chicos lo logran…- la animó Asmeya, mientras la abrazaba desde atrás- Solo espero que los que estaban allí, guardando las urnas, estén bien…- murmuró, mientras se sentaba, suspirando.

Aquel fue un día intenso para todos, y más que quedaban. La primera batalla la había ganado Zeros y sus secuaces, pero no todo estaba dicho. Puede que ganara una batalla, pero la guerra solo acababa de empezar…

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1) Me gustaría dar las gracias a DarkClw1997 por ayudarme a decidir las armas para los chicos

2) Anteriormente (Capítulo 7, el bramido del trueno) dije que Asmara existía en la realidad, pues es la capital de un país africano llamado Eritrea, y, bueno, ya que un planeta se llama como la capital de un país, me pareció buena idea que una de las ciudades más importantes de dicho planeta se llamara como el país cuya capital es el nombre del planeta en el que se encuentra, ¿o no?

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who