Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D
Además, hay un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada.
Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.
◤El Interacambio◢
«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »
◉○ PARTE 1 ○◉
UKYO II
«En el que Ranma es un tsundere»
El lamento de las cigarras era lo único que se escuchaba en las calles de Nerima. El cielo había adquirido esa textura incierta del confuso paso del día a la noche y hacía rato que las madres habían llamado a sus hijos a la seguridad del hogar.
Eran pocos los valientes que se atrevían a deambular por entre la atmósfera húmeda y sofocante de Tokio en pleno verano. Entre ellos se encontraba una jovencita de aspecto inofensivo que caminaba con los hombros hundidos y la mirada perdida. Cualquier habitante de aquel barrio la habría reconocido inmediatamente, y habría dicho que la muchacha no era tan inofensiva como aparentaba. Al fin y al cabo, todo el mundo sabía que Akane Tendo era la heredera del dojo Tendo, una escuela de artes marciales que había desarrollado su propio (y peligroso) estilo personal.
Sin embargo, unas habilidades (casi) sobrehumanas con el Arte no eran lo único que ocultaba su cuerpo menudo y femenino.
Porque aquella Akane Tendo que volvía a casa después de un día de diversión y esparcimiento con sus amigas en realidad se llamaba Ukyo Kuonji.
Quien, en esos instantes, meditaba sobre su reciente situación. La única explicación que se le había ocurrido hasta el momento era que alguna de las prometidas de Ranma había vuelto a jugar con magia y las cosas no habían salido del todo bien. No sería la primera vez que Akane, por el simple hecho de vivir bajo el mismo techo, terminaba siendo la víctima de embrujos, posesiones y hechizos de lo más extraños.
Un intercambio de cuerpos no sonaba tan disparatado si se tenían en cuenta los antecedentes.
Pero eso no explicaba por qué ella también estaba involucrada. Ukyo no había estado en contacto con ningún tipo de magia recientemente, pues se había pasado los últimos cinco días muy lejos de Nerima, Tokio. De hecho, en una isla completamente diferente. La prefectura de Okinawa era un destino muy turístico en esa época del año y Ukyo no podía desaprovechar la oportunidad de ganar un poco de dinero extra mientras pudiese. Cuando empezasen las clases de nuevo, se vería obligada (otra vez) a cerrar por las mañanas, y los víveres, las licencias y el alquiler no se iban a pagar solos, de eso estaba segura.
Aquel detalle solo empeoraba su dolor de cabeza. La palabra «intercambio» implicaba reciprocidad. Es decir, si ella se encontraba en el cuerpo de Akane, en Nerima, eso solo podía significar que Akane se encontraba en el suyo, en Yonabaru, si no recordaba mal.
Y eso se traducía en que su negocio estaba condenado a fracasar. Akane era una buena estudiante, una buena hija y una buena artista marcial. Pero ¿una buena cocinera? En absoluto. El Hospital General de Nerima podía dar buena cuenta de lo nefastos que podían llegar a ser los efectos de su comida.
Suspiró. Lo peor de todo era que no tenía modo de comunicarse con ella. Aquella era una de las mayores desventajas del estilo de vida nómada que practicaba durante las vacaciones. No tener un domicilio fijo conllevaba no tener un teléfono de contacto permanente. Cambiaba de ciudad en ciudad. Y Ukyo nunca encontraba las ganas ni el tiempo necesarios de memorizar cada cifra. ¿Para qué, si lo más seguro era que a los dos días tuviese que aprenderse uno nuevo?
Su único consuelo era que Konatsu estaba con ella…
No, no, con ella no. Con su cuerpo.
¿Con Akane?
¡Argh!
Su único consuelo era que Konatsu estaba en Yonabaru. Sí, eso. Konatsu estaba cuidando del negocio y asegurándose de que no recibían ninguna demanda por intoxicación…
—A quién quiero engañar —murmuró con voz cansada—, lo más seguro es que Akane lo haya dejado inconsciente. Todos sabemos que no reacciona muy bien bajo presión.
Y vaya que se encontraba bajo presión. Llevar un restaurante ella sola era agotador, incluso ahora que Konatsu vivía con ella y la ayudaba atendiendo las mesas.
Ukyo se masajeó las sienes. Quizás Akane se lo había contado todo a Konatsu. Y, quizás, Konatsu la había creído. Quizás Konatsu se estaba encargando de preparar la comida. No estaría tan buena como la suya, de eso no había duda, pero al menos sería comestible…
O quizás no. Después de todo, Akane podría haber pensado como ella y había optado por guardar silencio. En ese mismo instante, podría estar haciendo exactamente lo que hacía Ukyo: intentar hacerse pasar por una persona que no era ella.
Aunque tenía que reconocer que no le había resultado tan difícil. Akane vivía con su familia, pero, por alguna razón, hasta ahora solo se había encontrado con Kasumi. La hermana mayor de sonrisa imperturbable había achacado su silencio durante el desayuno a lo que fuera que hubiese hecho Ranma, quien había decidido sabiamente no aparecer de nuevo frente a ella, para hacerla gritar esa mañana.
Luego, Yuka y Sayuri la habían llamado para decirle que pasarían por ella en menos de veinte minutos. Recordaba que Ranma había mencionado algo sobre la piscina antes de desaparecer como el humo, así que se había vestido rápidamente con la muda de ropa que Akane (la de verdad) debía de haber dejado la noche anterior sobre el escritorio, entre una revista de literatura y varias bolas de papel arrugado.
Y, después, sus amigas, es decir, las de Akane, no habían hecho más que ayudarla con sus comentarios jocosos. Al parecer, y pese a los años de convivencia, seguía siendo muy normal que Ranma y Akane discutiesen casi a diario y que las peleas tuviesen repercusiones en el humor de Akane. A estas alturas, una Akane taciturna les resultaba tan normal como una Akane risueña.
Aquel detalle le había llamado la atención a Ukyo, que no había podido evitar cuál era la razón por la que Akane, es decir, ella, podría estar tan contenta.
—¡Pues por la reconciliación, claro! —había contestado Yuka con un brillo especial en la mirada—. No es que lo sepa por experiencia propia, pero, ¿no dicen que la reconciliación es lo más bonito de las discusiones?
—Oh —secundó Sayuri—. La reconciliación. Y dinos, Akane, ¿Ranma y tú ya habéis pasado de los besitos? Porque con lo fuertes que son vuestras peleas, no nos podemos ni imaginar cómo será el…
Algo hizo clic en el cerebro de Ukyo, que de repente entendió el extraño énfasis y los sonrojos que se habían extendido por las mejillas de sus acompañantes.
—¿¡Qué besos!? ¿¡Qué reconciliación?! ¡Entre Ranma y… —y Akane—… y-yo nunca ha habido ni habrá nada de eso!
Por supuesto, su respuesta no había sorprendente en absoluto. Casi como si lo hubiesen ensayado, Yuka y Sayuri estallaron en carcajadas y le dieron golpecitos en la espalda para tranquilizarla.
Le había costado un rato entender que habían estado bromeando con ella. Ukyo no tenía amigas en el sentido estricto de la palabra, así que no sabía que esperar de ellas.
A decir verdad, Yuka y Sayuri le caían bastante bien. Si no faltase tanto a clase por culpa del trabajo, a Ukyo le gustaba pensar que, tal vez, entre ella y aquel grupo podría haber surgido una bonita amistad. Akane incluida. La peliazul era una rival más en el amor, sí, pero no podía negar que, de todas, era la que mejor que caía y con la que más se identificaba.
Igual por eso habían intercambiado cuerpos. ¿El Universo había planeado aquello para que comprendieran que, a fin de cuentas, no eran tan diferentes la una de la otra?
Ukyo resopló una risa.
—¿De qué te ríes? Nadie ha contado un chiste. No me digas que encima de violenta, también te estás volviendo loca.
—¡Ranma!
Llevándose una mano al pecho, donde su corazón latía a un ritmo desenfrenado, Ukyo se giró hacia la voz que había interrumpido sus pensamientos.
—¿Qué estás haciendo tú aquí? —había contado con que su miedo a morir por una paliza (bien merecida, en su opinión, aunque Ukyo no se lo diría a Akane ni bajo amenaza de muerte) lo mantuviera alejado de ella el tiempo suficiente como para tener un buen control sobre el papel que tenía que interpretar.
Ranma la miraba con las manos entrelazadas tras la nuca, en una posición de aparente calma. Sin embargo, la sonrisa de suficiencia que le curvaba los labios parecía tensa, casi insegura.
Ukyo entrecerró los ojos y se aclaró la garganta.
—¿Dónde has estado hoy? —se interesó. Pronunció las palabras con fuerza, como había oído hacer a Akane miles de veces cuando quería disimular su preocupación.
Ranma se rascó una mejilla y siguió con la mirada a un pájaro que atravesaba el cielo.
—Daisuke se ha comprado un nuevo videojuego y nos ha invitado a Hiroshi y a mí a probarlo —dijo, al cabo de unos segundos. Habían empezado a caminar de nuevo, Ranma, por una vez, sin subirse a los muros que separaban las casas—. Es una suerte que nos hayamos encontrado. Así, podremos volver juntos a casa.
—¿Y eso qué importa? —refunfuñó Ukyo sin poder contenerse.
Ranma arqueó una ceja y puso los ojos en blanco.
—Tu padre pondría el grito en el cielo si llegas sola. ¿Qué pasa, Akane? ¿Es que ya no te acuerdas de que vivimos en una casa de locos?
Ukyo asintió, pero no dijo nada.
Por el rabillo del ojo notó que Ranma la observaba.
Sintió que empezaba a sudar. ¿Sospecharía Ranma de lo que estaba sucediendo en realidad? ¿Se habría dado cuenta de que no era más que una impostora?
—Akane…
—¿Sí? —dijo Ukyo, intentando tragarse el nudo que tenía en la garganta.
—¿Estás… estás bien? Te noto rara.
¿Cómo, si no hemos pasado ni diez minutos juntos?, pensó Ukyo, cada vez más preocupada.
Ranma interpretó su silencio como vergüenza de decir la verdad. Disminuyó la velocidad sin decir nada y la cogió de un brazo. Un escalofrío la recorrió de arriba abajo y la piel se le erizo allá donde Ranma la tocaba.
Ukyo contuvo la respiración. Ranma la estudiaba en silencio, con una concentración de la que no lo creía capaz.
Por alguna razón inexplicable, empezó a ponerse roja.
Ranma, al percibir el color que iban adquiriendo sus mejillas, frunció el ceño y le tocó la frente.
—No parece que tengas fiebre— comentó.
Ukyo retrocedió, propinándole un fuerte manotazo en la muñeca.
—Solo estoy cansada —se disculpó, pensando que aquella era una excusa razonable si se tenía en cuenta dónde había pasado el día entero—. Me he pasado horas en el agua…
A su lado, Ranma ahogó un grito.
—Por favor —gimió—, dime que no has intentado aprender a nadar, otra vez.
Demasiado tarde, Ukyo se acordó de todas esas ocasiones en las que Akane había estado a punto de ahogarse. ¿De cuántas había sido testigo? De muchas, musitó para sus adentros. Las suficientes para saber que Ranma no pasaría por alto un detalle tan importante.
Dio un respingo cuando Ranma sacudió la cabeza.
—Akane, ¿cuándo vas a aceptar que tienes la misma flotabilidad de una piedra? Cuanto antes lo hagas, más tiempo vivirás. Créeme.
—Ja, ja —Ukyo no se atrevió a mirarlo cuando pasó junto a él, pero sí le dio un empujón con el hombro que creía que entraba en la lista de Cosas que haría Akane normalmente—. Se está haciendo tarde. Kasumi estará preocupada.
Como Ukyo ya se había adelantado unos cuantos metros, no pudo ver que Ranma hacía el amago de decir algo y luego se arrepentía en el último momento. Cuando la alcanzó, tenía las manos metidas en los bolsillos.
—Esa bolsa parece pesada —lo oyó comentar.
Ukyo se acomodó el asa de la bolsa de playa sobre el hombro y lo miró de reojo.
—Qué, ¿te vas a ofrecer a llevarla tú? —Ukyo deseaba fervientemente que dijera que no. Ranma nunca le había llevado la mochila a ella.
Afortunadamente, a Akane tampoco. Como bien se lo hizo saber Ranma un segundo después al enseñarle la lengua en una expresión burlesca.
Tardaron cerca de quince minutos en llegar a casa de los Tendo. Para entonces, el sol había descendido lo suficiente en el horizonte como para que empezasen a brillar las primeras estrellas.
—¡Ya estoy en casa! —dijo Ukyo con la voz de Akane mientras se quitaba las sandalias de tiras en el genkan.
Ranma, con una habilidad que hablaba mucho de la naturaleza estrafalaria de su entrenamiento, se había descalzado en un parpadeo y ya se dirigía a la sala de estar.
Pero una voz dulce y femenina le impidió seguir su camino.
—Bienvenidos a casa, chicos —dijo Kasumi, asomando la cabeza por la puerta de la cocina—. Ranma, ya veo que has encontrado a Akane. ¿No te había dicho que no tenías nada de qué preocuparte? Como siempre.
Ukyo contuvo un jadeo ante lo que vio a continuación: sin girarse, Ranma se aclaró la garganta y murmuró algo que se parecía mucho a «no sé de qué demonios me estás hablando».
Mientras sus orejas adoptaban un curioso tono rosado.
—Tonto —murmuró Kasumi antes de volver a esconderse en la cocina.
Pero Ukyo apenas la escuchaba. La cabeza le daba vueltas.
Porque no se había encontrado con Ranma cuando volvían a casa, después de haber pasado el día en compañía de sus respectivos amigos.
No, Ranma había ido a buscarla. A ella. A Akane.
Y, a juzgar por la sonrisa mal disimulada que había curvado los labios de la hermana mayor, aquella no había sido la primera vez que lo hacía.
N/A: Hola! Aquí os traigo una actualización antes de lo que tenía planeado. Espero que os haya gustado y que me dejéis vuestras opiniones en un comentario. Muchas gracias a todos los que comentasteis en el primer capítulo; he intentado responderos a todos, pero es posible que haya pasado alguno por alto. Si es así, debéis saber que no ha sido aposta y que tengo en cuenta todo lo que me escribís para mejorar ^^
Un beso también a aquellos que habéis añadido esta historia a vuestros favoritos o vuestras alertas!
Por cierto, lo más probable es que hasta después de abril no pueda subir nada. ¡Tenedme paciencia!
