Código: Guardianes

Capitulo 20

En la Hermita, Airis estaba buscando algo por todo el suelo, con la cara casi pegada al mismo. Mientras, los gemelos se aguantaban la risa mientras le veían, con un puntero láser en la mano, y Destro negaba con la cabeza con una sonrisa en la cara. Fue entonces cuando Axel les vio

-¿Qué hacéis?- preguntó, extrañado. Luigi le respondió, a duras penas por la risa- Airis está buscando algo…- dijo, colorado por el esfuerzo. Axel parpadeó- ¿Te ayudo, Airis?- preguntó, agachándose a su lado. Los que estaban allí tuvieron que aguantar más aún la risa- Gracias chico- le dijo- Hace poco vi un punto rojo merodear por aquí, pero ahora ha desaparecido.. ¡debe ser uno de esos trucos sucios de Virio!- dijo, enfadado. Ni los gemelos ni Destro pudieron aguantar la carcajada que soltaron, rodando por el suelo.

-¿Qué ocurre, que son esas risas?- preguntó Asmeya, seguida de Elena y Cesar. Mario, intentado recuperarse, le respondió- Na…nada, princesa- respondió, mientras la risa floja le podía. Los tres se miraron extrañados. Iban a preguntar de nuevo cuando el libro de Atenea se abrió de improvisto. Asmeya se le acercó corriendo, mientras llamaban a los chicos para que vinieran.

-¿Qué dice el libro?- preguntó Destro, ya serio. Asmeya negó con la cabeza- No sé, solo mama puede leer este libro- dijo, mientras esperaba a que viniera. Justo entonces, la reina llegó a escena, avisada por Airis, que decidió dejar de lado el misterioso punto rojo. Rápidamente se acercó al libro, y empezó a leer.

-"El tridente de los mares está en la ciudad que desapareció bajo las aguas "- leyó, mientras pasaba la mano por encima del libro. Ella parpadeó, pensado- La ciudad que desapareció en un día…- repitió- Muchas ciudades desaparecieron en un día (1)- dijo Cesar, cruzándose de brazos.

Esperaron un rato hasta que llegaran los chicos, pero, tras diez minutos, l único de los adolescentes que estaban allí era Jeremy. Atenea suspiró.

-¿Dónde están tus compañeros?- preguntó, cansada. Jeremy pensó unos instantes- Ulrich y William están enfermos, Electra explicándole a Jim porque faltó un día junto al director, Odd, Sam y Percy haciendo un examen de recuperación, las gemelas están haciendo un examen de CI, Yumi está con Aelita en la casa de la primera limpiando el estropicio que organizó su hermano, y Aurora está cuidando de los enfermos- explicó.

-¿Y Sissi, Herb y Nicolás?- volvió a preguntar. Jeremy pensó durante unos instantes- Están entrenando con sus poderes, diden que quieren ayudarnos con nuestra tarea en agradecimiento a salvarles- dijo. Atenea asintió, complacida- ¿Dónde están?- preguntó- En la fábrica- Bien, Axel, ve a buscarles, irán con Jeremy, pero para no peder tiempo, iras yendo- dijo Atenea.

Después de que Axel saliera por la puerta, el grupo siguió pensando cual podría ser esa ciudad que desapareció en u día, hasta que a Jeremy se le encendió la bombilla- ¡Claro, eso es!- dijo, saltando del sillón. Todos le miraron, expectantes- La única ciudad que desapareció bajo las aguas es la Atlántida, y al, ser una ciudad costera, es obvio que esté allí el tridente!- dijo, alegre. Todos asintieron, convencidos de su explicación- Claro, como no lo ví antes…- comentó Gea, mientras contemplaba un libro obre el tema.

-La Atlántida, según muchas leyendas, se hundió bajo las aguas hacia el 1200 A.C. por culpa de una erupción volcánica- leyó, mientras se acercaba al grupo. Tras confirmar su teoría, Mario abrió el portal rumbo al lugar de destino, y, tras despedirse y desearle suerte al chico, marchó.

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Nada más salir del portal, a Jeremy le cambió la ropa a una de estilo griego antiguo, con marcas azuladas, y pudo notar que sus gafas habían sido sustituidas por lentillas. Tras agradecer mentalmente el cambio, notó el potente olor a pescado en el ambiente, uy supuso que se encontraba cerca de algún puerto. Efectivamente, nada más salir del callejón en el que había aparecido, Jeremy observó maravillado cientos de barcos amarrados al puerto, descargando grandes cantidades de mercancía casi constantemente, con los marineros gritando entre ellos, felicitándose por la buena pesca, o maldiciendo su mala suerte.

-Vaya, este puerto es inmenso…- comentó, asombrado. Fue sacado de sus ensoñaciones por un golpe que casi le derriba

-¡Vaya, chico, lo siento!- dijo una voz. Jeremy, en el suelo, solo pudo ver la figura de alguien, un hombre, a judgar por su corpulento cuerpo y por su voz. Tras ser ayudado a levantarse y a quitarse el polvo de la camisa, el moretón sonrió, tras pegarle un golpe en la espalda- ¿Estas bien, muchacho?- preguntó con fuerza- si, gracias- le respondió Jeremy, con una sonrisa boba.

-Mi nombre es Galias, chico, ¿y el tuyo¿- antes de que Jeremy respondiera, el gigantón volvió a hablar- Nunca te he visto por aquí chico, ¿eres de fuera?- Jeremy iba a intentar responder, cuando el hombre le volvió a cortar- ¡Bah, no importa! Si estas aquí es porque debes ser un compañero marinero, lo veo en tus ojos muchacho, eres un poco escuálido, pero eres uno de los míos. Venga, te invito a un trago en la taberna, invito yo!- dijo, alegre. Jeremy solo pudo poner otra sonrisa boba- Vaya, este hombre habla hasta bajo el agua, como casca…- pensó

Y efectivamente, Galias le tuvo cerca de media hora en la taberna, hablando de trivialidades, aunque quien dice hablando dice que Jeremy se limitó a asentir de vez en cuando y a mostrar conformidad asintiendo y con un que otro "sí" entre la eterna verborrea de aquel hombre. Claro que la atención de Jeremy se puso en máximo cuando, tras beberse la tercera jarra de cerveza, Galias volvió ha hablar

-Y hoy es un día grande en Atlántida, pues van a sacar a la estatua del dios Poseidón de paseo, junto a su tridente- dijo, algo más despacio de lo habitual- ¿Y sabes que dicen? Que ese tridente es el real, porque uno de los sacerdotes del templo dice que, hace unos días, el tridente se iluminó de repente- dijo, mientras miraba a Jeremy a los ojos fijamente. Jeremy sonrió.- La gente suele decir muchas cosas, Galias- respondió, mientras se levantaba- Me gustaría quedarme a charlar más contigo, pero tengo que cumplir con un mandado, ¡nos vemos!- dijo, saliendo por la puerta. Galias le despidió, alzando la jarra vacía- ¡Nos volveremos a ver, muchacho!- le gritó, alegre, mientras pedía que le sirvieran de nuevo, pero en vez de cerveza, leche de cabra.

Jeremy recorrió las calles de aquella ciudad gloriosa. Y lo que vio no le dejo en absoluto decepcionado: las entradas de las viviendas estaban protegidas por preciosos dinteles de mármol blanco, con columnas sujetando los mismos, y, en los balcones por encima de los dinteles, flores y plantas de todo tipo decoraban los jarrones con toda clase de pinturas en ellos.

Las columnas que sujetaban los dinteles eran de estilo corintio, con una gran ornamentación, con numerosas hojas decorándolas, y, en la parte superior de las mismas, ángeles. Jeremy solo pudo suspirar de asombro y pena, pues sus compañeros no estaban allí para presenciar la magnifica ciudad como él.

Mientras andaba, pudo notar que el gentío iba creciendo, signo de que la procesión estaba a punto de empezar. Entre el gentío, pudo ver una construcción más alta que las casas de la calle. Cuando se acercó, no tuvo duda de que aquel era el templo desde el que saldría la imagen del dios. Su mente empezó a trabajar en algún medio para colarse en el templo y saber si aquel era el tridente que había ido a buscar o era solo uno normal, cuando alguien lo agarró de la toga y le arrastró- ¡Venga niño, que se hace tarde!- dijo un hombre. Este tenía el pelo cano corto, con algo de calva, delgado, y porte altivo con mirada severa. Por sus ropas blancas, supuso que debía ser uno de los sacerdotes.

Aquel tipo llevó a Jeremy a través de todo el gentío, y le metió en el templo. Una vez dentro, le dio una antorcha y una corona de laureles en la cabeza, le colocó junto a otros jóvenes de su misma edad delante de la estatua del dios, viendo de reojo el imponente tridente que sostenía la estatua. Por desgracia, Jeremy no podía acercarse lo suficiente para poder cogerlo, pues estaba casi adelante del todo de aquella fila. Mientras pensaba el alguna forma de acceder al tridente, pues en su interior sabía que aquel era su tridente, pero, una vez más, le interrumpieron sus pensamientos, esta vez, una fuerte risa. Cuando se fijo, era uno de los chicos que estaban allí el que se reía.

-¡Por los dioses, no resistirás ni un asalto, enano!- rió el chico. Era alto, con algo de tipa, pero Jeremy notó que era bastante fuerte, con pelo negro y ojos café- No sé porque estas aquí, pero no es tu día de suerte, te haré picadillo- le dijo, acercándose. Jeremy le miró directo a los ojos. De no ser por sus poderes como guardianes, aquel chico tendría la razón. Claro que ahora eso no era así, pero Jeremy prefirió no hacer nada. Además, no sabía de que iba aquello, así que decidió esperar.

Tras salir del templo con la estatua por detrás, recorrieron las calles de la ciudad en procesión. Anduvieron durante cerca de dos horas, aclamados por el público, mientras los que estaban en primera fila les daban fuertes palmadas en la espalda, dándoles ánimos para algo que Jeremy desconocía, pero que le daba un poco de canguelo. Tras finalizar la procesión, desembocaron en un coliseo, donde les llevaron a una sala con banquillos, mientras el público se colocaba en las gradas. En aquel momento, entró el sacerdote que llevó a Jeremy al templo.

-Jóvenes- empezó- Hoy es un día importante par vosotros- siguió- Hoy, demostraréis si sois hombres o no- a Jeremy se le erizó el pelo, aquello no tenía buena pinta- Luchareis entre vosotros en un campeonato, tras el cual, el vencedor domará una vaquilla que será sacrificada en honor de Poseidón- acabó, mientras los jóvenes se emocionaban y aplaudían. Jeremy resopló, aquello iba a ser largo. Por suerte, en la sala sol estaban, incluyéndole a él, cinco muchachos. Fue entonces cuando se fijó en un detalle: eran impares, ¿Cómo iban ha hacerlo?

-Para realizar el torneo, os enfrentaréis todos contra todos, el último en caer, será el vencedor- la respuesta hizo que Jeremy volviera a bufar- ¿Tienes miedo, enano?- le dijo, en un susurro, mientras el sacerdote salía y la puerta de salida a la arena se abría- Si fuera tu, me rendiría ahora, así no harías el ridículo- le dijo, con una sonrisa e superioridad. Jeremy no respondió, simplemente miró al frente.

Tras salir a la arena, el público rugió con fuerza, gritando y aplaudiendo con entusiasmo. Jeremy observó la grada, deteniéndose en una persona en particular. Aelita le saludaba desde la grada, con una toga griega de color blanco con líneas rosadas. Él sonrió, mientras le devolvía el saludo

-Tu novia es muy guapa, enano- le dijo aquel muchacho- Es una pena que vea ahora lo débil que eres, ¡jajaja!- rió, mientras se daba la vuelta.

Tras hacer las ofrendas a Poseidón, y después a Nike, la diosa de la victoria, para que les sonriera, empezó el combate.

-¡Vamos, Jeremy!- gritó Aelita, mientras el muchacho que antes le habló a Jeremy se le abalanzó, con una sonrisa de suficiencia. Sonrisa que se le robó cuando Jeremy vio un paso al lado, dejando que se cayera de bruces contra el suelo, provocando una carcajada general

-¡Maldito enano!- gritó, enfurecido. Iba a golpear a Jeremy en el rostro, pero Jeremy le esquivo y le golpeó en el estomago con el puño, tirándole al suelo, mientras otro de los chicos allí presentes le intentaba dar por la espalda, pero en un movimiento preciso, Jeremy le tiró al suelo con un movimiento de karate, ante la atónita mirada de los dos chicos que quedaban, que vieron como Jeremy tiraba al suelo a dos chicos que le sacaban dos cabeza de altura sin problemas.

-¡Bravo, Jeremy!- le felicitaba Aelita, provocándole un ligero sonrojo al chico, mientras los dos que quedaban se rendían, pues veían como imposible vencerle. Tras eso, el sacerdote se acercó a Jeremy, le felicitó, y le alzó la mano- ¡El vencedor! – gritó, y el público entero saltó en vítores, gritos y felicitaciones al muchacho.

Una vez echo eso, a Jeremy le dieron una bota con algo de agua para que se refrescara, mientras preparaban las cosas para que pudiera domar a la vaquilla. Debía reconocer que estaba algo nervioso. Por suerte para él, alguien puso la mano sobre su hombro

-¿Cansado?- preguntó Aelita. Jeremy sonrió-Algo asustado, eso es todo- dijo, mientras le daba otro sorbo al agua, que, gracias a sus poderes, no se acababa- Lo harás muy bien- dijo, mientras le sonreía. Jeremy asintió, y entonces, cuando alzó la cabeza, Aelita le besó en la mejilla- Me tengo que ir, que te vaya bien- le dijo, dulcemente. Jeremy asintió despacio, mientras la despedía con una mano, y con la otra se pasaba la mano por la mejilla afectada- No me lavaré la mejilla en la vida…- murmuró, mientras el sonrojo aún no se iba de su rostro.

Tras despejarse la cabeza con un fuerte movimiento de cabeza, Jeremy se levantó del banco en el que estaba sentado, para dirigieres de nuevo a la arena, pues el griterío le confirmaba que todo estaba preparado. Una vez en la arena, y tras saludar al público con algo de congoja pues no tenía ni idea de cómo iba ha hacerlo, se preparó mentalmente- Venga Jeremy, has enfrentado cosas peores- dijo, en un murmullo, mientras miraba fijamente la verja por la que iba a salir el animal- has luchado contra Océano, y desde luego él es más fuerte que una vaquilla… espero… -murmuró, mientras se preparaba, pues la reja estaba por abrirse.

Nada más abrirse, el animal salió corriendo a toda velocidad hacia él. Jeremy sintió la tentación de correr, pero no tuvo tiempo de hacerlo, pues tuvo que hacerse a un lado para que no le atropellara. Claro que notó algo raro, ¿fue él o la vaquilla le guiñó un ojo? Jeremy no pudo pensarlo mucho, pues la vaquilla se le volvió a lanzar, pero esta vez, Jeremy no pudo esquivarla, y el animal le empotró contra el suelo, haciendole daño, pero por suerte para él, Jeremy consiguió agarrarla de los cuernos, impidiendo que el animal se los clavara. Entonces lo impensable sucedió

-Muy bien Jeremy, lo estas haciendo bien- murmuró el animal. Jeremy entonces sumó dos y dos- ¿Odd? ¿Eres tu?- preguntó, anonado- yo y el resto. Aelita es la única que está dentro del coliseo, el resto no pudimos entrar, pero ella no lo está retransmitiendo vía gema- le respondió, mientras seguían haciendo que forcejeaban.

-Te veo mejor- le dijo Jeremy- En realidad fue Yumi la que nos curó, cuando se enteró que teníamos que venir- dijo, mientra seguían así. Los gritos del público se oían de fondo, animando al joven a que se levantara. Como si supiera lo que pensaba el otro, Jeremy colocó un pie en la barriga, le levantó, y le tiró a un lado. Posteriormente, Jeremy se sentó encima de la "vaquilla", y, cuando esta se fue a levantar, Jeremy la tenía aprisionada del cuello, impidiéndole moverse de allí. La había domado

-¡Bravo, bravo!- gritaron desde el público, mientras la gente aplaudía la "hazaña" de Jeremy. Mientras le vitoreaban, Odd se escapó de allí aprovechando el tumulto, convirtiéndose en una paloma, y huyendo de allí. Tras subirle de hombros y aplaudirle por su éxito, le bajaron y algunos incluso le dieron palmadas en la espalda, felicitándole. Tras eso, el sacerdote le dio una palmada y le felicitó

-Pensaba que no lo lograrías, pero bien echo, chico- le dijo, mientras le sonreía

Tras darle las felicitaciones y una corona de laureles, le dieron otro sacrificio a la estatua del dios, y, tras eso, el sacerdote se acercó, junto a Jeremy, a la estatua. Este empezó a hablar, pero Jeremy ya no escuchaba nada, y, de un momento a otro, le iluminó una luz azulada, ante la asombrada mirada de los presentes. Una vez que la luz se fue, Jeremy tenía en la mano el tridente de la estatua. Este era de color oro, con las hojas del mismo de hierro, y, en la barra del tridente había una hermosa decoración con letras griegas.

Su ropa también había cambiado. El peto de la armadura ahora era completo, de color azul con rayas doradas decorando la zona del pecho y la tripa, las hombreras eran de color dorado, y las protecciones de las piernas llegaban hasta las rodillas, y, al igual que la parte del pecho, era de color azul con decoraciones doradas. A la espalda, una capa de color rojo le colgaba de las hombreras, y, en la cabeza, el típico casco griego en color azul.

-Por los dioses…- alcanzó a decir el sacerdote, antes de inclinarse, y, junto a él, todo el coliseo- Lamento no haberle reconocido, señor Poseidón- alcanzó a decir, mientras se levantaba poco a poco. Jeremy negó con la cabeza- No es nada, sacerdote- dijo, mientras se le giraba.

El sacerdote iba a volver ha hablar, cuando Jeremy le detuvo con un gesto de la mano- Seguid con las celebraciones en mi nombre, mortales- dijo, intentando sonar lo más "divino" posible. El sacerdote asintió, mientras sonreía- enseguida señor, le prepararemos un palco para vos y su compañera- dijo, mientras se inclinaba y Jeremy se sonrojaba fuertemente

La media hora siguiente, los festejos prosiguieron, mientras a Jeremy le ofrecían todo tipo de objetos como ofrendas, mientras las mujeres en la grada le obsequiaban a Aelita flores y coronas de laurel, según ellas, "por haber sido elegida por un dios". Durante ese rato, ambos estuvieron demasiado entretenidos con el otro para prestar atención a lo que pasaba, claro que nadie les dijo nada. Tras la gran fiesta, llevaron a Jeremy a uno de los muchos templos de la ciudad, le dieron más ofrendas, y cerraron las puertas para que nadie saliera. Jeremy se palpó la barriga

-Una ofrenda más y reviento…- murmuró, mientras buscaba alguna forma de salir de allí. Tras divisar una ventana con barrotes, se convirtió en una esfera de agua, y salió de allí, tras lo cual, ya fuera, volvió a su forma habitual. Junto a él, estaba el resto de la pandilla.

-¡Eres el amo, Jeremy!- le dijo William, mientras le pasaba la mano por el pelo, revolviéndoselo- ¡ Lo has hecho muy bien, Einstein!- le felicitó Ulrich, mientras chocaban manos.

-Por favor, no me felicitéis más, tengo la cabeza que me estala- pidió el joven, mientras el resto reía. Mientras Marin abría el portal para volver a casa, Aelita y Jeremy se quedaron un poco atrás, mientras veían como el sol empezaba a bajar en la línea del horizonte

-Te sienta muy bien esta ropa…- cometo ella. Él sonrió- A ti también te queda bien esa ropa- le respondió l chico. Ella sonrió, mientras le tomaba de una mano- Jeremy yo… -empezó ella, pero él la paro mientras la besaba, con cuidado y lentitud. Aunque al principio se sorprendió ella se lo devolvió, y, tras unos segundos, se separaron, mientras se miraban a los ojos- Te quiero… -murmuró él. Tras volver a besarse otra vez, ella le respondió- Yo también, Jeremy- al chico aquellas palabras le supieron a cielo, y, tras eso, ambos se dieron cuenta de que era hora de volver.

-¿Qué te parece si.. bueno,, algún día de estos vamos al cine?- preguntó el chico. Ella sonrió, mientras asentía- Me parece perfecto, Jeremy- respondió, mientras caminaban de regreso al portal, mientras una sonriente Marin les esperaba, con los brazos cruzados- Ya era hora, tórtolas- comentó, mientras cruzaban, haciéndoles un fuerte sonrojo en las mejillas, mientras Marin reía con ganas.

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Mientras tanto, en Asmara, Virio ya había acabado de trasladarse a su nueva morada. El castillo, más bien fortaleza, tenía un denso bosque rodeándole, con un rió alrededor del castillo, altas almenas, gruesas murallas, y fuegos encima de las torres del castillo. Todo él era de color negro, con vidrieras dando el único toque de color en el edificio central. Este estaba satisfecho, sabía que dos de sus rivales había recuperado su arma legendaria, pero eso no le importaba, pues, con sus generales de vuelta, aquello se estaba poniendo a su favor.

A pesar de haber perdido a tres aliados, eso no le importaba, de todas formas , esos tres chicos no valían para sus fines, dominar primero Asmara, después la Tierra, y finalmente, la galaxia. Si, Virio era alguien muy ambicioso, y, ahora que ya los tenía de vuelta a diez de ellos, podía ponerse a trabajar en los cuerpos de los dos que quedaban. Sí, ya podía saborear su triunfo. Y pensaba entrar por la puerta grande, atacando a los guardianes en su casa, con toda la artillería, sacándose así la espina del zapato, y teniendo a Asmara y a la Tierra en la palma de la mano.

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(1) Tales ciudades son Pompeya con el volcán, Troya con su caballo, a pesar de haberse luchado por ella durante diez años.

Me temo que a causa de los exámenes me ausentaré durante un cierto tiempo, casi dos semanas, además de las PAU ( Pruebas de Acceso a la Universidad)

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who.