Código: Guardianes

Capitulo 21

La banda la completo se encontraba en el patio, sentados en un gran grupo alrededor de la banca donde solían sentarse, algunos sentados sobre la misma, otros en el suelo, y otros de pie, pero atendiendo a la conversación igualmente. La conversación era una que jamás se hubieran planteado: la historia. La estaban cambiando, sin darse cuenta y sin querer, obviamente, pero la estaban cambiando, cosa que no gustaba a nadie, menos aún a las gemelas extraterrestres, que sabían que a este paso iban a llamar la atención de alguien en concreto, y eso no les gustaba.

-Si nuestro abuelo se entera de que estamos peleando…- comentó Susan, mientras miraba a sus compañeros- Estamos perdidas, no le gusta la violencia, mucho menos usar armas- comentó, mientras suspiraba. Su hermana le puso una mano sobe el hombro, apoyándola- Tranquila, no creo que se enfade tanto- comentó, sonriéndole.

Susan le devolvió la sonrisa- Se nota que tu te quedaste en casa, en vez de salir a ver el universo con él- rió, mientras el resto del grupo las miraba extraño- No fui por que no quisiera, y lo sabes- le dijo, mientras Marin ponía un dedo obre el pecho de su hermana, mientras la miraba a los ojos, con una sonrisa de medio lado- Es verdad, tu estabas de excursión aquel día, mientras que yo me quedé en la academia- dijo, mientras alzaba la vista al cielo, con ago de tristeza.

El ambiente se tensó por unos instantes, hasta que Odd decidió que eso no pida ser- ¡Percy! ¿Te vienes conmigo a la tienda de videojuegos? Ya trajeron el nuevo juego de "El Doctor Misterio" –saltó Odd, contento. Percy asintió- ¡Venga, vamos!- dijo alegre, mientras chocaban palmas y se iban de allí. Sam rió- Son tal para cual- dijo, mientras ella también se levantaba- Me tengo que ir, tengo que hacer el trabajo de historia, adiós- dijo, mientras se marchaba.

Tras eso, el grupo se fue dispersando poco apoco, bien porque tenían que estudiar, hacer un trabajo, o simplemente para estar en otro lado, a solas con sus pensamientos. Al final, ya solo quedaban Susan y Marin, ambas sentadas en el banco, mirando al suelo y con las piernas balanceándose. Ambas suspiraron.

-Lo echo de menos…- murmuró Marin. Susan asintió- Estuve buscándolo con mis poderes, pero nada, no encontré ni al abuelo, ni a Gallifrey- dijo Marin, algo enfadada. Susan volvió a asentir.

-Ambas sabemos que el abuelo encerró Gallifrey en un bucle espacio-temporal, a saber donde se encuentra ahora, y el universo es demasiado basto hasta para nosotras como para encontrarlos, hermana- la animó, mientras la abrazaba por detrás- Pero debemos consolarnos con que nuestro mundo no salió ardiendo como pensábamos, que está ahí fuera, esperando volver con toda su gloria- dijo Susan, mientras seguía reconfortando a su hermana- Y ahora, vamos a nuestro cuarto para hacer ese trabajito que nos mandaron, ¿vale?- dijo, con tono alegre. Su hermana sonrió ante eso, , tras abrazase, se encaminaron hacia el lugar en cuestión.

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Odd y Percy estaban de regreso a Kadik, con sendas sonrisas en sus caras, pues habían logrado comprar el juego, y estaban dispuestos a probarlo nada más llegar

-¡Ya lo veras, Percy! Este juego es genial, he visto videos de él en Internet y es fantástico- comentó alegre Odd, mientras alzaba un poco su bolsa con el juego dentro.

-Estoy deseando llegar y…- Percy fue cortado cuando su gema se iluminó ligeramente, así como la de Odd, y, tras mirarse entre ellos con complicidad, ambos jóvenes fueron corriendo directos a la Hermita, para allí reunirse con sus compañeros.

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Tras llegar a la Hermita, notaron que allí estaba ya la mitad del grupo, concretamente los chicos.

-¿Y las chicas?- preguntaron ambos jóvenes, casi a la vez. Patrick les contestó- No sabemos que fue lo que pasó, peo no podemos perder más el tiempo, tenemos que partir ahora- dijo, mientras ambos jóvenes se acercaban.

-¿Qué dice el libro?- preguntó Odd- Dice que " La cimitarra de la tierra está en la época en la que los árabes controlaron el sur de Europa"- respondió Atenea, al lado del libro.

Durante un rato, pensaron de que se podría tratar, hasta que fue Patrick quien dio con la solución- ¡Aquí está!- dijo, alegre, cogiendo un libro de la estantería de historia de Europa. Lo abrió por una página, y leyó- " Durante la reconquista de Hispania por parte de los cristianos del norte a los árabes, la leyenda de Rodrigo Díaz de Vivar, alías El Cid Campeador, nació , hacia el año 1070 (1)"- dijo, alegre.

-En ese caso, creo que ya sabemos ha donde ir y cuando, ¿no?- dijo Jeremy, mirando a sus compañeros. Tras asentir, abrieron el portal, y se introdujeron en él, tras despedirse de sus profesores y de los reyes y de Cesar y Asmeya, quienes les despedían con la mano.

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En una amplia llanura, con alguna que otra encina en medio, los animales pastaban tranquilos, pero estos huyeron por el fuerte ruido que provocó un gran ejercito aproximándose hacia allí. A la cabeza de este, un hombre a caballo, con una espada en el cinto, y un escudo en el brazo izquierdo observaba la zona, estudiándola. Su pelo era de color marrón claro, con los ojos café y una densa barba, y, recubriéndole el pecho, una cota de mallas, con la zona del pecho decorada con un gran león en pié. En las piernas, unas simples botas de cuero, y un recubrimiento de mallas en el muslo. En la cabeza tenía un simple casco de acero con toda la cabeza recubierta, dejando al descubierto de los ojos hacia abajo.

-Como siempre, llegando tarde…- murmuró, mientras miraba al cielo, observando al sol- Este rey moro tendrá todos los lujos que quiera, pero no sabe lo que es la puntualidad- dijo, mientras sonreía de medio lado- ¡ Mario!- llamó, mientras giraba la cabeza. Un joven de apenas trece años llegó allí corriendo

-¿Señor?- preguntó, inclinándose- Quiero que le des esto- dijo, sacándose un papel enrollado de la cota de malla- al comandante de la compañía, ¿de acuerdo?- dijo, mientras le miraba a los ojos. El joven asintió- Si, señor – dijo, mientras salía corriendo de allí, pasando a través de las tropas.

Mientras el joven hacía el recado asignado, otro hombre a caballo se le acercó- Rodrigo…- llamó. El aludido se dio a vuelta- Llámame Cid, Fernando- le pidió- ¿Estas seguro de que quieres luchar contra ese rey árabe con solo estas tropas… Rodrigo?- le preguntó, señalándolas. Cid asintió

-Por supuesto, ¿ porqué no habría de hacerlo?- le respondió- Son muy pocas, señor, nos vencerán seguro- le espetó, mientras se le acercaba más. Cid sonrió- Te recuerdo que Don Pelayo derrotó a un ejercito similar con una cuarta parte de los hombres aquí reunidos, amigo mío- le respondió tranquilo- Aquello fue en un desfiladero y lo sabes, hermano- le recriminó, enfadado- Me niego a que te juegues la vida- le recriminó- Te comportas como si de verdad fueras mi hermano- rió Cid, mientras le daba un golpe en la espalda.

-Sabes que te aprecio como tal- le dijo el otro, serio. Cid inmediatamente paró de reír, mientras adoptaba una actitud más seria- Mira, sé que con este ejercito será difícil que ganemos, pero confío en ellos como confío en Tizona- dijo, mientras sacaba del cinto su espada, alzándola al aire, mostrándola- Es irónico que derrotes árabes con la espada que ellos mismos inventaron (2) - comentó el otro, observando la espada.

Su conversación se cortó cunado el sonido de un cuerno anunció la presencia de sus enemigos, los árabes habían llegado. Era un ejercito enorme, con su líder por delante, un hombre árabe de peo oscuro, ojos café, y piel bastante morena, con ropas blancas y un turbante por encima. Detrás de él, varias filas de hombres a caballo, y, tras ellos, soldados rasos, con escudos en un mano, y una cimitarra en la otra, y, algunos de ellos, con arcos y flechas en sus respectivos carcaj a la espalda.

Con un ademán, el rey árabe paró a sus tropas, a aproximadamente 100 metros de sus enemigos. Sonrió de medio lado, mientras observaba al ejercito enfrente suya

-¿Esto es todo lo que los cristianos tienen, Cid? Que decepción- dijo, con sarcasmo. Algunos de sus soldados rieron. Rodrigo solo frunció el ceño, mientras apretaba el puño de su espada- Abdul, tus insolencias las pagaras con la vida- le amenazó, mientras le señalaba con la hoja.

Tras eso, un potente grito de guerra de ambos líderes retumbó por toda la zona, mientras ambos ejércitos se lanzaban uno contra otro, pudiéndose oír unos segundos más tarde el entrechocar de las espadas.

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Mientras esto sucedía en el campote batalla, entre los arbustos cercanos al prado donde se desarrollaba la batalla, los jóvenes guardianes estaban agazapados, observando lo que sucedía delante de ellos, comentando el combate entre ambos ejércitos.

-Es increíble, estamos viendo al Cid, al auténtico- dijo entusiasmado Odd- Fijaos en su espada, Tizona, a pesar de estar peleando contra tres a la vez, está como si nada- comentó asombrado Percy, mientras hacía los mismos movimientos que el héroe legendario.

Tan ensimismados estaban en el combate, que ni siquiera se habían dado cuenta de que no estaban solos, y, de no ser por el fino oído de Odd, este y William hubieran sido atravesados por una cimitarra. Cuando la hubieron esquivado, ambos jóvenes se lanzaron contra su atacante, y, tras ellos, sus compañeros, saliendo así al campo de batalla. Cuando se dieron cuenta de eso, tuvieron que luchar contra los que estuvieran delante de ellos.

Sus ropas eran parecidas a la de los soldados de Rodrigo, con el mismo león sobre el pecho, pero con sus respectivos símbolos en las protecciones de sus antebrazos. En las caderas, tenían espadas, y, tras desenvainarlas, lucharon, o eso hicieron parecer, pues intentaban por todos los medios salir de allí cuanto antes, antes de que alguno de aquellos hombres les rebanaran. Cualquiera de ellos podría derrotar a ambos ejércitos con facilidad, pero Susan y Marin lo dejaron claro "No debemos llamar demasiado la atención", por tanto, estaban con las manos atadas.

El único que no estaba tan a la desesperada era Ulrich, que controlaba su sable como si fuera una extensión más de su cuerpo, derrotando a todo árabe que se le pusiera por delante. No les mataba, simplemente les daba una tajada en la corva, dejándoles tirados en el suelo, ya vendría algún soldado de Rodrigo a rematarles. Mientras se defendía de los que se le echaban encima, Ulrich notó que Jeremy estaba en problemas. Iba a ir a ayudarle, cuando notó que la tierra temblaba. Buscó con la mirada a Patrick, pero cuando le encontró, el joven negó con la cabeza, mientras ponía cara de no saber que pasó.

Claro que no tuvieron mucho más tiempo para pensar, pues los árabes empezaron a huir despavoridos de allí, mientras los soldados de Rodrigo alzaban las espadas al aire, mientras vitoreaban toda clase de consignas, celebrando lo que parecía la retirada del enemigo. Los jóvenes se miraron entre ellos, sin entender.

-¿Que fue lo que pasó? ¿Y el temblor?- preguntó William, mientras miraba a Patrick. Este negó con la cabeza- A mí no me mires, yo no fui- dijo, mientras se señalaba. Estaban pensando en eso, cuando una fuerte voz se alzó sobre el jolgorio general- ¡Nos vamos de vuelta a León, soldados!- ordenó, mientras seguían un camino, y, tras él, toda su soldadesca, en perfecta formación. Los muchachos resoplaron, fastidiados.

-Tiene que estar de broma…- murmuró Patrick, golpeando una piedrecita, siguiendo a los soldados. Sus compañeros asintieron- Me temo que no, primo, y vete tu a saber donde queda León- comentó, mientras se colocaba a su lado.

Por suerte para ellos, la ciudad quedaba cerca, y no tuvieron que andar más de dos horas, claro que estando en verano, los chicos se estaban asando, los únicos que no lo pasaban tan mal eran Ulrich y Jeremy, quienes consolaban como podían a sus sudorosos compañeros.

Una vez en la ciudad, todo el ejercito, Rodrigo a la cabeza, fue felicitado y alabado por los ciudadanos de la urbe, mientras algunos incluso les lanzaban ramos de flores o de olivos. A pesar de la algarabía general, Percy pudo notar que algunos de los aldeanos le miraban con malos ojos, algunos incluso, cuando pasaban a su lado, le golpeaban en el hombro, pero con la intención de hacer daño. Eso no pasó desapercibido para Odd, que le animó

-Tranquilo Percy, no te enfades (3) - le dijo, mientras pasaba una mano por su hombro- Ya sabes como eran n esta época…- le animó. Percy bajó la cabeza, apenado- Oye, no importa lo que esta gente diga, tu eres un tío genial, ¿vale?- le animó, mientras le daba un golpe juguetón en el hombro- Además- siguió- No todos pueden decir que sus brazos son como el acero, literalmente- rió, mientras le apretaba el brazo, mientras intentaba aplastarlo con los dedos. Percy rió por su broma, mientras le agradecía con la mirada sus palabras.

Un rato después, alargado sobretodo por los exaltados ciudadanos que les vitoreaban y coreaban los nombres de Rodrigo y de algunos de sus hombres más cercanos, finalmente llegaron al castillo. No estaba demasiado decorado, apenas un par de enredaderas recubrían un poco las altas murallas de la edificación, con altas torres almenadas en las esquinas del mismo. Estas tenían pequeños agujeros verticales por los que, según Jeremy, en caso de asedio disparaban los arqueros para estar protegidos. También pudieron comprobar que las torres apenas tenían cuatro ventanas, dejando que una minima cantidad de luz entrara al castillo. En líneas generales, era una fortaleza inexpugnable.

Los jóvenes, nada más entrar al patio central del castillo, notaron que la sobriedad y la poca decoración de fuera contrastaba con todo el lujo del interior, perfectamente decorado con banderines y rosales, con una alfombra roja en el centro de la plaza. Más impresionados se quedaron cuando vieron el interior del castillo. A pesar de haber visto el espectacular castillo en el que residía Virio en Asmara, este tenía un aire retro que les gustó mucho a los chicos, al contrario que el de Virio, con altos techos y columnas, este solo tenía las paredes como sostén del techo, con apenas dos o tres ventanales para iluminar el interior, pero como compensación, había grandes lámparas de araña, que iluminaban toda la sala sin ningún problema.

Una vez dentro, se colocaron en filas, todos arrodillados ante el rey, un hombre de la edad de Cesar aproximadamente, con barba y pelo negro, así como ojos café. A su lado, una chica de su misma edad, de pelo castaño y ojos oscuros.

-¡Ante los presentes súbditos, el rey Sancho II de Castilla, y su esposa, La reina Jimena! (4) - gritó uno de los hombres que estaban por allí, con un pergamino desenrollado. Tras las presentaciones de el Cid y sus hombres más importantes, tanto el rey como la reina, así como los soldados allí presentes, se levantaron. El rey caminó hacia ellos

-Me alegra que hallas ganado, Rodrigo- le felicitó, mientras posaba una mano sobre su hombro- Parece que hoy también Tizona hizo uso de su poder, ¿verdad?- comentó, mientras la observaba en su vaina.

Esas palabras hicieron que los chicos sumaran dos y dos, y que todos llegaran a la misma conclusión- No me digas que Tizona es la cimitarra que usó el anterior guardián como arma en la ley4enda…- murmuró Patrick. Ulrich asintió- Me temo que así es, tío- le dijo, mientras observaba lo que ocurría.

-¿Cómo haremos para recuperar la espada?-preguntó Percy- Ni idea, pero algo tendremos que pensar…- le respondió William, mientras empezaba a idear un plan.

Mientras ellos hablaban, no se dieron cuenta de que el rey había decidido celebrar un banquete aquella misma tarde para celebrar la victoria. Y aquello le dio una idea a los chicos: Era cosa segura que el Cid bebiera hasta el agotamiento, y, una vez borracho, no sabría ni para que lado está mirando. Por eso, aprovecharían su estado de ebriedad para coger la espada y salir de allí cuanto antes. Y así hicieron, a pesar de que sus estómagos rugían como leones ante todas las viandas, y apenas probando bocado, pues a pesar de la buena pinta, la idea de comer con las manos no les agradaba demasiado, excepto a Odd, pero él tampoco comió mucho. Esperaron, hasta que el alcohol empezó ha afectar a los comensales

-¡Y… yo… yo le dije!- gritaba el rey- ¡Que no… que no era buena, que …que ella tenía… muy mal genio… pero…- dijo, mientras le daba otro trago al vino- ¡No me hizo… caso… y… y mira como acabó!- rió, mientras le daba una palmada en el hombro a Rodrigo, que también reía, pero con algo menos de fuerza, pues no había bebido tanto, pero si que estaba empezando a achisparse.

-¡Y lo mejor… Rodrigo… fue cuando.. se dio cuenta de lo que pasaba… ya muy tarde!- siguió otro de los comensales, haciéndoles reír a todos.

Mientras el rey y sus gentes estaban demasiado ocupados riendo y disfrutando, Patrick se deslizó hasta ellos, procurando no ser visto por los siervos que correteaban de aquí para allá sirviendo el vino y retirando los platos sucios, sustituyéndolos por otros nuevos. Una vez que estuvo a la altura adecuada, fue acercando la mano poco a poco a la empuñadura de la espada, hasta que…

-¡Al ladrón!- gritó uno de los siervos, mientras agarraba a Patrick desde atrás, tirándole a la mesa en el proceso, provocando que los que estaban cerca se miraran intrigados, aún sin entender demasiado por el alcohol

-¿Qué intentó robar?- preguntó el rey, serio- La Tizona, señor- dijo el siervo. Algunos de los presentes le miraron con asombro, mientras otros le mandaban con ojos llenos de veneno, mientras algunos seguían comiendo y riendo, a pesar de la escena.

-Llévatelo a las mazmorras, siervo- le ordenó- Señor, sus compañeros- dijo, señalando al resto del grupo- Ellos estuvieron conspirando contra vos, señor- dijo, señalando a los chicos. Estos respingaron- ¿Qué hacemos con ellos?- preguntó. El rey ni lo pensó- Latigazos hasta que sus espaldas estén recubiertas por su sangre- dijo, mientras les miraba y se les acercaba.

Los chicos tragaron saliva al ver a todos aquellos tipos acercárseles con malas caras y las armas fuera, y ellos sin poder usar sus poderes para no alterar la historia… claro que aquello se puso peor

-Y para ti- dijo el rey, mientras se acercaba a Patrick, ya inmovilizado y con unos grilletes puestos- Para ti tengo algo muy especial…- dijo, mientras su pestilente aliento hacia que a Patrick se le revolvieran las tripas- Llamad al tribunal de justicia, serán ellos los que decidan el castigo para ti, y creo que serán ellos los que decidan el castigo para el resto- sentenció.

Los chicos se miraron entre ellos. Conociendo las salvajadas que hacían antes, a saber a lo que les condenaban

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Mientras, en la Hermita, las chicas ya estaban listas para partir para ayudar a sus compañeros. Habían pasado más de tres horas y aún no habían vuelto, así que decidieron que irían a ayudarles llegado al caso, pues muchas de ellas estaban preocupadas. Tras abrir el portal y despedirse, entraron al mismo, deseando que nada malo les esté pasando a sus compañeros.

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El Cid campeador fue un personaje histórico real, nacido hacia 1048, y murió en 1099 aproximadamente

Según he investigado, El Cid le ganó la legendaria espada en Marruecos al rey Búcar

En aquella época, a la gente de raza negra les veían con malos ojos en Europa, no solo por su, para ellos, "extraño" color de piel, si no por que la gran mayoría de ellos eran musulmanes, y en aquella época, los musulmanes en Europa no eran muy bien vistos, pues los árabes habían conquistado muchos territorios de Europa (casi toda la península ibérica y por poco no llegaron a Francia) De todas formas, quiero dejar claro que yo no tengo nada en contra de ninguna religión ni ninguna raza, este capítulo (y el siguiente) se expondrán hechos históricos reales, pero sin insultar a nadie por esos motivos antes mencionados, además, aquí solo se exponen la visión de los habitantes de la época, no la mía.

Sancho vivió demasiado poco como para casarse, por eso el personaje de Jimena es inventado

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who.