Código: Guardianes

Capitulo 22

Una vez traspasado el portal, las chicas llegaron a donde sus compañeros, horas antes, habían ido. Sus ropas eran parecidas a la de los chicos, solo que eran ropas de color marrón en su mayoría, con zapatos de piel marrón y unos simples pantalones cortos y una camiseta, y, como pequeña decoración, sus respectivos símbolos en algunas partes de la camiseta. Algunas casi vomitan al ver el dantesco escenario ante ellas, pues el suelo estaba lleno de muertos, tanto de uno como del otro bando, pero supieron recomponerse, mientras miraban a otro lado, y deseando que sus compañeros no estuvieran entre los muertos. Como no los vieron por allí, decidieron seguir el camino que había por allí, mientras hablaban, intentando saber que pasaba.

-Creo que les han capturado durante el combate- dijo Aurora, mientras la brisa que ella provocaba las refrescaba un poco del agobiante calor- O puede que alguno de ellos la liara y por eso no aparecen, que será lo que pasó- comentó Electra, frunciendo el ceño- ¿Alguno de ellos como, no sé… William?- tanteó con una sonrisilla Sam. La joven se ruborizó ligeramente- No creo, pero el que es posible que lo haya echo fuera tu novio- le respondió, mientras miraba de reojo la reacción de Sam, quien también se ruborizó algo

-Dejémonos de tonterías y vamos a encontrarles, puede que estén en un lío muy serio- les espetó Yumi, acelerando el ritmo de sus zancadas, con el ceño fruncido.

-¡Eh, espera, Yumi!- le gritaron el resto de chicas, para quienes era difícil seguir el ritmo de la chica

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Mientras, en una de las celdas del casillo, los chicos se encontraban ideando un plan de escape, intentando encontrar alguna forma de no usar sus poderes para seguir la regla no escrita de las gemelas. Por ahora no habían logrado demasiado, pues al final acababan recurriendo a ellos de alguna manera, y las gemelas les habían advertido de los riesgos de hacerlo con unas explicaciones, siguiendo la tradición, no demasiado científicas para lo que esperaban de dos integrantes de la raza más poderosa del cosmos.

-Creo que la idea de Odd de usar un señuelo tipo "uno de nosotros se está muriendo, ayudadnos" no servirá- comentó William, mientras miraba por los barrotes de la celda. El aludido le miró- ¿Y eso?- preguntó- A nosotros nos funcionaba cuando teníamos que ir a Lyoko a desactivar una torre- argumentó, mientras se levantaba y empezaba a estirarse, con los movimientos algo limitados por las cadenas a las manos.

-Yo diría que, más que ayudarnos, nos dejarían morir aquí dentro- le respondió Jeremy, mientras, con disimulo, se curaba con algo de agua la herida que estaba empezando a formarse en sus muñecas y en las de Ulrich a causa de los grilletes.

-¿Y que proponéis, entonces' De cinco ideas que he dado, las cinco las habéis rechazado, pero vosotros todavía no habéis dado ninguna- les recriminó, con los brazos cruzados. Jeremy sonrió, mientras indicaba un punto en el pasillo. Odd se dio la vuelta, y vio un perro de tamaño medio durmiendo junto al carcelero, qu también estaba algo amodorrado, sentado en una silla, y con la norme panza subiendo y bajando al compás de su respiración. En ese momento, Odd sumó dos y dos, y sonrió.

-¿Cómo no me dí cuenta antes…- dijo, mientras chocaban palmas en señal de aprobación del plan y empezaban a animarse, pues ya sabían como escapar de esa prisión.

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De vuelta con las chicas, estas estaban ya en la ciudad de Toledo, buscando a los chicos. Se encontraban en una de las calles principales, pero, a pesar de intentarlo, no podían avanzar muy rápido, pues era día de mercado, y la calle estaba atestada de gente, con vendedores gritando para vender sus mercancías al público, animales en medio de la calle que habían logrado evadirse de los puestos sin que los dueños los vieran, y guardias, muchos guardias, perorados para que, en caso de altercado, intervenir con rapidez.

-Precisamente tenía que haber mercado…- se quejó Sam, mientras avanzaban, a paso lento, por las calles.

Como su andar era lento, pudieron fijarse en las casas de la ciudad. Al contrario que en la Atlántida, que eran todas con mucha decoración y muy parecidas entre ellas, estas casas eran todas distintas, sin apenas decoración, y con lo más básico, una puerta de madera, dos ventanas sin postigo, y de baja altura. Las chicas se dieron cuenta entonces de lo dura que era la vida entonces, más aún cuando, por un golpe, a Electra casi la tiran al suelo

-¡Oye!- gritó ella, mientras intentaba mantener el equilibrio para no caerse. Cuando se fijó en quien era, su furia pasó a curiosidad, pues era solo un chiquillo, de no más de diez años, con lo que parecía una gallina en una de las manos. Electra iba a decir algo, cuando el muchacho vio con miedo algo detrás de ella, y salió corriendo. Electra, sin saber que pasaba, le siguió, o lo intentó, mientras que, vía gema, les pedía a las chicas su ayuda para seguir al chico. A pesar de no saber muy bien que pasaba, sus compañeras la siguieron, y. gracias a las gemas, sabían donde estaban cada una de ellas, aunque deseaban que eso mismo pasara con los chicos, pero estaban demasiado lejos, o con alguna barrera especial, que impedía la comunicación entre ambos grupos.

Tras correr a través del mercado durante cerca de diez minutos, finalmente alcanzaron al chico, que seguía huyendo de ellos. Durante el trayecto, Aelita se fijó en quien era el primer perseguidor del chico, y enseguida comprendió la causa de su carrera, pues un gigantón, con algo de canas en la barba, pero sin pelo en la cabeza y con un gran cuchillo en la mano era ese primer perseguidor. La joven de pelo rosa solo sintió lastima por el chico, pues si le pillaban, lo pasarían mal. Lo que no alcanzaba a entender por que ellas debían correr tras el chico. Durante la carrera, Electra solo alcanzó a decir que vio el miedo en sus ojos, que quería ayudarle, y que nada la pararía para hacerlo. Electra en todo su esplendor, para resumir.

Durante esos pensamientos, Aelita no se fijó que habían llegado a una zona con menos gente, y, en apenas unos segundos, apenas estaban rodeados de gente. Fue entonces que se fijaron que el hombretón, que, junto a ellas, ibn detrás del chico, gritaba.

-¡Detened a ese bribón! ¡Me robo una de mis gallinas!- gritaba, furioso, mientras se quedaba cada vez más atrás, intentado seguir a los chicos. Sabiéndose seguro, el chico fue frenando, pero aún sin dejar de correr, pero fue interceptado por Yumi, que, de un rapidísimo movimiento, se puso delante suya, con los brazos en alto. El chico paró de golpe, aún algo asustado, con la respiración encabritada por el esfuerzo, y con algo de preocupación en lo ojos.

-¿Estas bien?- pregunto, detrás de ellos, Susan, mientras se le acercaba, con su hermana al lado. El chico solo atinó a acertar- ¿Cómo te llamas?- le preguntó Yumi- Me llamo Samuel- respondió, con la voz entrecortada- Por favor… no me llevéis… no me llevéis…- empezó a llorar, mientras se caía al suelo. Las chicas se miraron- ¿Por qué habríamos de llevarte?- le preguntó Marin.

El chico se sonó los mocos, y levantó la gallina, con pena en los ojos. Ellas rápidamente entendieron- Tranquilo,, no pasa nada- le tranquilizó Yumi, mientras le pasaba la mano tranquilizadoramente por la cabeza. El chico pareció calmarse- Yo no quería robarla, peo…- dijo, triste. Las chicas no insistieron, y dejaron que él se decidiera- Pero…mi familia pasa mucha hambre- alcanzó a decir. Ellas asintieron- ¿Qué te parece si yo le pago al hombre?- sugirió Susan. Él sonrió con muchas ganas, agradeciendo la ayuda, no así sus compañeras

-¿Estas loca?- le inquirió Aurora, arrastrándola- Sois vosotras las primeras en decir que no intervengamos y…- empezó Yumi, pero ella les calló- No importa, mirad- dijo, mientras se acercaba a un malhumorado vendedor, que se acerco a Susan. Tras intercambiar un par de palabras, el hombre cambio su expresión a una más suave, mientras contaba lo que parecían monedas. Claro que a Sam casi le da algo cuando notó que las "monedas" era piedras, pero el hombre siguió contando poco a poco, hasta que, contento, le dio un saludo a Susan y se fue por donde vino, mientras ella volvía con sus compañeros.

-¿Cómo has…?- preguntó curiosa Sam. Susan solo le guiñó un ojo, mientras sonreía- Trucos de dama del tiempo, luego lo explico- le respondió, mientras se dirigía a Samuel- ¿Podrías ayudarnos a buscar a unos amigos?-preguntó ella, amable. Samuel asintió- ¡Claro! ¿Cómo son?- preguntó. Tras describirles a sus compañeros, el chico se entristeció un poco-¿Ocurre algo?- preguntó Marin

El chico solo señaló a una de las casas cercanas. Aelita se acercó a la misma, y, en la pared, encontró un papel con varias caras grabadas en él. Cuando se fijo en quienes eran y que ponía, se llevó una mano a la boca, con los ojos abiertos de la conmoción, y, asustada, corrió hacia sus compañeras

-¡Chicas, los chicos están en graves problemas!- gritó, mientras llegaba corriendo. Sus compañeras se alarmaron- ¿Qué les pasa?- preguntó Susan

-Están acusados de robo, les harán un juicio público, y después les darán condena-dijo, preocupada- ¿Qué es lo más grave que les pueden hacer?-preguntó Sam al chico. Este giró la cabeza- La… horca- dijo, en bajo. A pesar de eso, las chicas lo escucharon con claridad, y, mientras andaban al lugar donde se haría el juicio, es decir, la plaza, se pusieron a pensar en algún plan para rescatar a sus compañeros

-¿Qué habrán echo, los inútiles?- murmuró en voz baja Electra, enfadada. Tras caminar unos cinco minutos, llegaron a la plaza pública. Allí, ya se estaban preparando, pues la plataforma donde estarían los jueces y sus compañeros iban a estar colocados. Dieron un respingo cuando vieron ue ya estaba preparando las sogas y las compuertas en el suelo para proceder a la ejecución, llegado el caso.

-No hay duda, es aquí…- murmuró Aelita, observando a los trabajadores ultimar los preparativos-¿a que hora es la ejecución?- preguntó Aurora a uno de los obreros- A las seis, jovencita- le respondió, mientras seguía golpeando los clavos para colocarlos bien- ¿Cómo les salvaremos sin hacer una "intervención divina"?- inquirió Aelita, en un corillo con el resto. Marin sonrió de medio lado- Tranquilas chicas, mi hermana y yo hemos pensado en algo- respondió, mientras se separaban del mismo y veían como los jueces que iban a juzgar a los chicos se acercaban- Venga hermana, a actuar- le dijo Susan a su hermana, mientras ambas gemelas se dirigían hacia los jueces para poner en marcha su plan. Todas sus compañeras rezaron para que, hicieran lo que hicieran, saliera bien.

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De vuelta con los chicos, estos ya tenían claro el plan a realizar. Cuando fuera de noche, Odd llamaría al perro que montaba guardia con el guardia, y le pediría las llaves. Entonces, una vez fuera, buscarían la cimitarra de Patrick, la cogerían, y se volverían a casa. A pesar de que su plan no tenía ninguna laguna, no contaron con que los jueces llegaran ese mismo día.

-Salid, los jueces ya llegaron- les llamó el guardia, abriendo la puerta. Los chicos se sorprendieron- ¿Tan pronto?- preguntó, sorprendido, William. El chico estaba tan sorprendido como sus compañeros- ¿No se suponía que venían mañana?- preguntó Patrick. El guardia sonrió de medio lado- Sí, pero el rey insistió en que vinieran antes- respondió, mientras les quitaba los grilletes. Los chicos simplemente se pasaron las manos por las muñecas, algo enrojecidas, pero sin heridas gracias a Jeremy. Tras eso, salieron de la celda, y se encaminaron por los pasillos. No tenían demasiada iluminación, apenas unas velas o una antorcha cada varios metros, permitiéndoles ver lo justo.

-Deja vu- murmuró William, mientras un fuerte escalofrío le recorría toda la espalda- ¿La pirámide de la Amazonía?- le preguntó Ulrich. William asintió- Que mal rato pasamos aquel día- volvió a murmurar. Ulrich iba a decir algo, pero fue acallado por el guardia- ¡Silencio ahí atrás!- gritó, enfadado. Ulrich gruñó, deseando darle un pequeño escarmiento, pero la mano de Odd se posó sobre su hombro, y con un ademán, le pidió que no lo hiciera. Ultich solo asintió, pero con una sonrisa de medio lado.

Justo cuando pasaron por una de las antorchas, esta crepitó con más fuerza de la usual, haciendo que algunas chispas saltaran, cayendo alunas delante del carcelero, que se asustó, pero, tras ese pequeño susto, prosiguieron el andar. Percy alzó una ceja, y Ulrich simplemente se hundió de hombros, con cara de niño que nunca ha roto un lato, provocando algunas risas, pero que volvieron a ser calladas por el autoritario carcelero- Estáis de muy buen humor, niños- comentó, mientras les miraba de reojo- Es que somos muy alegres, señor- le contestó Odd, mientras sonreía- Tranquilo, que toda esa alegría se te irá en breve- le respondió, mientras se paraba y abría una puerta.

Los chicos ni se dieron cuenta de que habían andado tanto tiempo, pero no tuvieron tiempo de pensar en eso, pues el guardia les empujó a salir, dejándoles cegados durante varios segundos por la diferencia de luz del interior al exterior del castillo. Tras recuperar la visión a causa del fuerte fogonazo, se dieron cuenta de que estaban en una plazoleta, con varios hombres armados cerca de una enorme puerta de madera, seguramente la salida. Delante de esos soldados, el rey, montado a caballo, miraba con ojos gélidos a los muchachos, y, a su lado, Rodrigo, también a caballo, con la Tizona en mano, observándoles impávido, sin mostrar sentimiento alguno. Fue entonces cuando el rey alzó la mano, y, como impulsados por un resorte, los soldados se pusieron en movimiento, delante los soldados delante de la puerta, detrás el rey y Rodrigo, tras ellos dos, los chicos, y finalmente otro grupo de soldados cerraban la comitiva. Tras andar el centenar de metros que separaban en castillo de la plaza principal, los muchachos se encontraron con una multitud muy exaltada, gritando y diciendo cosas que ninguno de ellos pudo comprender.

Pero no les dieron, una vez más, tiempo para pensar, pues enseguida les subieron a la plataforma en la que serían juzgados, y vieron con bastante desanimo las cuerdas con las que, supusieron, les ahorcarían, haciendo que algunos de ellos se pasaran la mano instintivamente por el cuello. Tras subir todos a la plataforma, notaron que el publico era muy diverso, niños, mujeres y hombres de todas las edades abarrotaban la plaza, literalmente todo el pueblo estaba allí. También vieron el lugar en el que el rey, la reina, Rodrigo y algunos de sus hombres más cercanos estaban. Era un toldo de color crema, ideal para el intenso calor que hacía allí, a pesar de estar ya muy entrada la tarde. Todos los allí presentes estaba expectantes ante la llegada de los jueces, y, tras un corto rato que se les hizo eterno, al fin llegaron.

Eran cinco hombres encapuchados, uno de ellos con un libro en la mano derecha y una pluma blanca en la izquierda, este era el que iba el primero. Las túnicas eran de color marrón con un cinto color negro a la cintura, e iban con las manos metidas entre las mangas, excepto el que portaba el libro y la pluma. Una vez encima de la plataforma, los cinco individuos se sentaron en las sillas allí dispuestas, con su propio toldo para no pasar calor, y depositaron los dos objetos sobre la mesa, tras lo cual se sentaron, y, después de abrir el libro, los cinco se quitaron las capuchas. Eran cinco hombres, tres de ellos con el pelo cano y algo de barba, y los otros dos eran también hombres, pero estos eran jóvenes, de pelo negro y ojos café.

Al menos eso veía la gente, pues los chicos no veían a dos hombres jóvenes, sino a…

-Susan…- se sorprendió Jeremy- Y Marin…- continuó Odd- ¿Qué está pasando?- preguntó William , mirando hacia los que estaban en la plaza, que no parecían demasiado extrañados- Creo que debe ser alguna ilusión mental- comentó Percy

-Percy está en lo cierto chicos- todos ellos pudieron escuchar Susan hablando por ellos vía gema- Susan, ¿Qué estáis haciendo?- le inquirió Jeremy- Eso mismo podríamos preguntaros nosotras, chicos- le respondió Marin- Haced lo que tengáis que hacer, ¡pero libradnos de la horca!- les pidió William- ambas hermanas sonrieron, y dejaron de ver sus caras para ver las que, ellos suponían, veían el resto de los presentes.

Tras eso, uno de los ancianos se levantó- Damas y caballeros, sus majestades- dijo, mientras se inclinaba ligeramente, mirando a los aludidos. Estos hicieron una señal con la cabeza- Estamos aquí reunidos para juzgar a estos seis jóvenes por el delito de hurto- dijo, mientras pasaba algunas hojas del libro- Por ese delito, la ley es muy precisa en cuanto la pena: la horca- dijo,, serio. Los seis adolescentes tragaron saliva

- No estoy de acuerdo- dijo uno de los jueces más jóvenes, el que suponían que era Marin- No hay pruebas de tal delito- dijo, cruzándose de brazos. El mayor miró hacia el rey y Rodrigo, y el primero, en respuesta, solo asintió- Que pase el testigo- pidió.

El muchacho que intercepto a Patrick unas horas antes, cuando intentó coger la espada del Cid, subió a la plataforma- Dime chico, ¿fue este el que intentó robar la espada?- preguntó el mayor, señalando a Patrick.

Él asintió- ¿Sabes si sus compañeros cuchicheaban en contra de la vida de su majestad en realidad o fue suposición?- le preguntó el más joven de los jueces.

El chico pareció pensárselo- Tu silencio parece decir que en realidad solo eran suposiciones, ¿cierto?- prosiguió. El chico alzó la cabeza- Les oí hablar del Cid y de su espada señor, y supuse que…- siguió, pero fue cortado por el juez

- Por tanto, no está seguro de que cinco de ellos no estuvieran conspirando para robar la espada, ¿cierto?- preguntó. El chico pensó unos instantes- Si señor- respondió, simplemente.

Esas palabras provocaron que muchos de los presentes murmuraran en voz baja, perola suma de todos esos murmullos derivó en un gran sonido de voces, que cada ver tenían que hacerse más fuertes para posibilitar la comunicación. Pero esta situación terminó cuando uno de los jueces mayores cogió el mazo y empezó a dar golpes contra la mesa, mandando callar a los aldeanos, que obedecieron sin rechistar.

-En vista de lo dicho por el testigo, y en virtud de las leyes del reino y de Dios, yo le retiro los cargos a cinco de los jóvenes, por favor, bajadles de la plataforma- pidió. Con un gran alivio, Jeremy, William, Odd, Ulrich y Percy bajaron de la plataforma, con las piernas aún temblándoles, pero contentos por el resultado. Claro que Patrick aún estaba subido a la plataforma, y con el miedo de acabar "ajusticiado".

-Pasemos ahora al último acusado- prosiguió el otro de los jueces jóvenes, por descarte, Susan- ¿Intentaste robar la espada Tizona, señor?- preguntó, solemne. Patrick negó- No señor, yo… pretendía limpiarla, señor- explicó, intentando sonar convincente- ¿Y por que, entonces, te acercaste de manera tan furtiva a la espada, si pretendías limpiarla?- inquirió el último de los jueces que quedaban por hablar. Patrick entonces se quedó en blanco, no encontrando ninguna excusa creíble para ello- ¿Tiene el acusado algo que decir?- preguntó uno de los jueces más viejos, tras esperar un rato a que Patrick dijera algo- En tal caso…- dijo, mientras se levantaba él y el resto de los presentes- Declaro al acusado, por el poder que me ha dado su majestad el rey Sancho II de Castilla, y por el poder que me ha dado Dios, culpable del delito de hurto a Patrick Belpois -dijo, mientras daba un golpe sobre la mesa con la maza.

Patrick bajó la cabeza, triste, mientras esperaba la sentencia- Por el delito de hurto, será condenado con la pena de horca- dijo, mientras se levantaba, junto al resto de jueces, los más jóvenes mirándose entre ellos, buscando una forma de salvar a su amigo. De la misma forma estaban sus compañeros, que contenían las ganas de liarse a golpes con todos los presentes, coger la maldita espada, y salir corriendo de allí. Pero entonces, Rodrigo se acerco, Tizona en mano, a los jueces.

-Jueces- les llamó- No me parece justa la condena- dijo, mientras miraba a Patrick por unos momentos- Me gustaría cambiarla por una lucha a espadas conmigo, si gana, se le perdonará la vida, y si pierde, yo mismo le mataré con la espada que intentó robar- dijo, mientras lazaba la voz cada vez más, así como la espada. Toda la plaza estalló en aplausos tras su discurso, mientras los jueces decidían que hacer.

Tras deliberar varios minutos, uno de los jueces, uno de los más mayores, habló- Sea, Rodrigo. Lucha contra este joven, y, en caso de que gane, se le perdonará la vida, tal y como prometiste. Si pierde, tu mismo le matarás con la espada Tizona- dijo, en alto. Entonces, toda la plaza estalló en aplausos y vítores, demostrando que el pueblo estaba contento con la decisión.

Un par de minutos después, tras retirar la plataforma y hacer un gran circulo en el centro de la plaza, ambos contendientes estaban listos para luchar, Patrick con una espada normal, y Rodrigo con la Tizona.

-Y recuerda, procura ir lo primero a las corvas o a los codos para inmovilizarle- mientras Ulrich le explicaba por encima alguna técnicas con la espada, el resto de sus compañeros le animaban con pasión, insuflando ánimos en su compañero, y rogando por que todo saliera bien.

Finalmente, y tras una espera de infarto, el choque de las hojas de ambas espadas dio inicio a la batalla. La habilidad del Cid era innegable, pero la fuerza la tenia Patrick, que paraba los golpes que se le venían encima sin demasiados problemas, aunque tenía que ir con cuidado por las peligrosas fintas y ataques que le mandaba Rodrigo. Él, en cambio, apenas podía coordinar los golpes para, al menos hacer que se esforzara, y eso lo notó Ulrich, que miraba con preocupación el combate.

Rodrigo sonrió- Eres lento, niño- le dijo, mientras le daba otro golpe con la espada, tirando al suelo la de Patrick, dejándole sin arma- Mierda…- gruñó, mientras buscaba un medio de salvarse sin usar sus poderes. Justo en ese momento, la Tizona casi le pasa de parte a parte, pero logró esquivarla, y, en el suelo, le hizo una tijera, no le tiró al suelo, pero si logró hacerle perder el equilibrio lo suficiente para poder levantarse él y coger su espada, que estaba en medio de la plaza. Rodrigo rió- ¡Bravo, muchacho!- le felicitó, entre el griterío de la gente- Esa no me la esperaba, te felicito-dijo, mientras se pasaba el dorso de la mano por la frente para quitarse el sudor.

Patrick también hizo eso, pues el calor estaba empezando ha hacer su efecto, pues a pesar de ser la tarde, aún hacía calor, y eso les empezaba a pasar factura. Tras otro rato dando y devolviendo estocadas, Patrick notó que Rodrigo empezaba a cansarse, pues sus movimientos, a pesar de ser precisos como los de un cirujano, ya no eran tan fuertes como antes, dando a notar que, tras más de media hora de combate, empezaba a cansarse, y eso Patrick lo iba a aprovechar. Tras otra estocada, Patrick empezó dando cada vez más fuerte los golpes, hasta tal punto que Rodrigo apenas podía pararlos para defenderse, denotando que el esfuerzo era demasiado. La batalla se decidió entonces, Patrick lanzó su última estocada, así como Rodrigo, y, tras el último choque, ambos combatientes estaban a cada lado del circulo. Segundos después, un lastimado Rodrigo se desplomó sobre el suelo, dándole la victoria a Patrick, quien alzó la espada victorioso, así como sus compañeros y muchas de las personas en la plaza, que gritaban emocionadas por el fantástico combate que vieron. Patrick entonces se acercó a Rodrigo, quien estaba en el suelo, intentando recuperar el aliento.

-¿Estas bien?- le preguntó, tendiéndole la mano. Rodrigo dio un quejido mientras levantaba el brazo, y, tras ser ayudado por Patrick, se levantó con algo de dificultad. Uno de los jueces mayores se levantó- La victoria es para el joven Patrick, por lo que, como acordó con don Rodrigo, le será perdonada la vida- declaró, mientras toda la plaza rugía algunos de alegría, otros de enfado, y otros muchos solo por gritar un poco. Tras eso, el grupo entero se lanzó sobre Patrick, felicitándole por su victoria, mientras le daban palmadas en el hombro. Claro que las alabanzas cesaron cuando Rodrigo se le acercó, serio.

-Reconozco que jamás hubiera pensado que pudieras vencerme, niño-dijo, mientras le miraba fijamente- Pero lo has hecho, has demostrado tu valía como soldado- dijo, alzando un poco al voz- Por eso…- dijo, sacando la espada Tizona de su cinto- Y como me has vencido, te doy mi espada, la poderosa Tizona, como muestra de tu valentía y fuerza, y te pido que te unas a mí en la reconquista del reino de Castilla contra los árabes- dijo, solemne, mientras le entregaba la espada. Patrick abrió muchos los ojos por sus palabras, así como sus compañeros

-Señor….es un honor… pero- dijo, aún in creérselo- Me temo que no puedo unirme a sus ejércitos, señor- dijo, mientras observaba la funda de la espada, palpándola para asegurarse. Esta era de color tierra, con algunos grabados en ella, pero sin ninguna característica especial- No importa, joven, te la has ganado con honores- dijo, mientras le revolvía el pelo- Además- dijo, mientras se le acercaba, mientras le hacía señas de que hiciera lo mismo- la verdadera Tizona se rompió hace tiempo, esta es una que conseguí en una tienda- le dijo, mientras Patrick reía por lo bajo.

A pesar de no ser la Tizona real, Patrick sabía que esa era la autentica cimitarra de la tierra, pues nada más tocarla, notó todo su poder fluyendo por su cuerpo, pero logró retenerlo para no asustar a nadie. Tras eso, la plaza se fue vaciando de gente, cada uno se fue a hacer sus cosas, y, un par de minutos después, la plaza estaba vacía, solo los chicos estaban allí.

-Que experiencia, ¿eh?- dijo Jeremy, mientras se dirigían a un lugar apartado para volver- ¿Se puede saber que pasó para que te pillaran?- preguntó Sam a Patrick, que aún estaba embelesado por el regalo del Cid.

-No sé…- dijo, sin prestar demasiada atención. Después de que Percy le explicara a su hermana lo que pasó, algunas chicas le dieron un coscorrón a Patrick, pero este estaba demasiado embelesado para enterarse, provocando las risas de sus compañeros. Tras encontrar un lugar apropiado, Patrick probó el arma.

Tras desenfundarla, un aura marrón le envolvió, y, tras pegar un fogonazo e luz de ese mismo color, Patrick portaba la cimitarra en la mano derecha, y, como con sus compañeros, sus ropas cambiaron. Su peto era ahora plano, de color marrón, peo si se tocaba, se notaba que era de roca muy dura, pero, a pesar de eso, el joven se notaba muy cómodo y ligero con ella, casi como si fuera una camisa lo que llevaba puesto. Sus hombreras eran onduladas, y, en la espalda, una capa blanca le recubría. El casco era una tiara de piedra, que más de protección servía de decoración. Tras la pequeña prueba, una luz de color marrón le invadió, y, tras eso, sus ropas volvieron a ser las de antes, y como única cosa distinta, en la pulsera donde iba camuflada la gema tenía decoradas algunas espadas curvas.

Finalmente, y tras un muy duro día, se fueron de vuelta a casa, satisfechos pero cansados por tantas emociones.

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En Asmara, Virio estaba trabajando en un laboratorio, con multitud de frascos y libros abiertos en las mesas, y, con una mesa tapada con unas toallas.

-Me falta muy poco para lograrlo, ahora solo hace falta que los generales usen algo de sus poderes, y, junto a mis poderes oscuros, le daremos vida a este receptáculo- dijo, mientras pasaba la mano por la mesa- Falta muy poco ya, muy poco…- dijo, mientras seguía con su trabajo.

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Me temo que no voy a actualizar en un tiempo por las PAU, las cuales haré en junio ( ya aprobé bachillerato así que solo me falta eso)

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who.