Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D

Además, hay un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada.

Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.


◤El Interacambio◢

«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »


◉○ PARTE 1 ○◉


UKYO V

«En el que Ukyo no puede decir que no»


Si a Ukyo le hubiesen preguntado en aquellos instantes cuál era su fruta favorita, habría respondido sin pensárselo dos veces que la sandía.

No porque le gustase especialmente su sabor, ni porque fuese una fruta muy versátil y preciada en los meses de verano (que lo era), sino porque gracias a la sandía podía pasar la tarde en compañía de Ranma.

Bueno, sandías.

Cinco, para ser exactos.

—¿No crees que Kasumi se ha pasado un poco? —mencionó mientras caminaba lentamente al ritmo que marcaban las cigarras de la calle.

Ranma, taciturno, apenas asintió en su dirección.

Las sandías son una buena excusa para tener que ir con él, pensó Ukyo, frunciendo el ceño, pero no un buen motivo para que hablemos.

Cuando Kasumi le había comunicado que iba tener que ayudar a Ranma con un recado, Ukyo no había cabido en su cuerpo (¿en el de Akane?) de la dicha. ¡Una tarde con Ranma! ¡Paseándose por las calles de Nerima! Con su trabajo, a duras penas era capaz de pasar haciendo algo que no fuera calcular cuánto dinero le quedaba después de pagar el alquiler, los servicios y los proveedores.

Incluso en verano, porque durante las vacaciones la gente se volvía más perezosa y prefería comer fuera a cocinar en casa.

Pero ahora… ahora tenía la oportunidad de no hacer nada como cualquier otra adolescente.

Se preguntaba si así era como pasaba sus tardes Akane, y si algún día llegaría su turno para pasar una tarde despreocupada de verdad junto al hombre que amaba, sin farsas ni intenciones ocultas tras un rostro que no le pertenecía.

Suspiró. Pensar en ese futuro incierto le recordó que se estaba quedando sin tiempo. Y no solo porque desconociese cuánto duraría aquella situación (Ukyo prefería no hacerse ilusiones al respecto, aunque ni ella tenía muy claro si prefería quedarse o no), sino porque las vacaciones de verano estaban cada vez más cerca de acabar.

Cuando empezaran las clases, cualquier ilusión de tiempo libre se desvanecería como el humo en el aire.

Entre estudiar, llevar el restaurante y contar los días que faltaban para que aquel suplicio terminase, Ukyo sabía que tendría que pedirle prestadas algunas horas a la noche para dedicarle, aunque fuese unos minutos, a pensar en qué haría después de los exámenes finales.

Incluso ahora, Ukyo sabía qué era lo que quería, pero sabía con mayor certeza qué era lo que acabaría haciendo.

Llevaba siendo una adulta demasiado tiempo como para atreverse a engañarse con mentiras dulces y promesas vacías.

Al menos, se dijo, mientras ahorro lo suficiente para pagarme la matrícula.

Miró a Ranma. Y él, ¿qué haría? Había oído rumores de que Akane tenía las vistas puestas en la universidad de Kobe, por la buena reputación que tenía su departamento de literatura, pero todavía no tenía nada claro. Tal vez Ranma la siguiera. O, y Ukyo debía reconocer que esa opción le gustaba muchísimo más, tal vez Ranma escogiese la universidad que quedaba más lejos de ella a propósito.

Si es que escogía una universidad. Tal vez sus planes de futuro fuesen hacia otros caminos, hacia perfeccionar el Arte viajando por el mundo, como una vez había hecho su padre con él.

Ukyo pensó durante un segundo en seguirlo si lo hacía, pero descartó la idea de inmediato. Ya había probado aquella experiencia y se había jurado no volver a repetirlo.

—Jamás —murmuró.

—¿Qué has dicho?

Ukyo ahogó un jadeo. Otra vez, se había olvidado de quién la acompañaba.

Sacudió la cabeza.

—Nada —se encogió de hombros, buscando en su mente una respuesta que Akane pudiese dar con sencillez—, pensaba en la última vez que te pasaste un peine. ¿No te podías haber arreglado un poco? Vamos a casa de tu madre, después de todo.

Ranma la miró con el ceño fruncido.

Y después le ofreció una de esas sonrisas cargadas de arrogancia que Ukyo tanto apreciaba.

—Oh, ¿tan mal estoy? —se revolvió el pelo con tanto brío que era imposible pensar que lo había hecho sin querer. Ambos se rieron cuando los mechones del flequillo acabaron apuntando a cientos de direcciones diferentes—. ¿Por qué no me ayudas?

Ukyo sintió que se le enrojecían las mejillas.

—¿Qué?

—Oh, vamos —la apremió Ranma, arrebatándole con un rápido movimiento las sandías de una mano y dando un paso hacia ella—. No tengo un espejo a mano y tú eres mi mejor opción.

Con la mano que le quedaba libre, la cogió por la muñeca y la guio hasta su pelo. Ukyo habría jurado que había muerto hacía unos instantes, porque nunca jamás se le habría ocurrido que Ranma hiciera aquello con ella…

Aunque, claro, Ukyo en esos momentos era Akane…

Ignorando la punzada de amargura, Ukyo le acicaló los cabellos, tal y como él quería, y se atrevió a sonreírle con apreciación cuando consiguió un resultado más o menos decente. Ranma la observó con los ojos cubiertos de un brillo extraño antes de alejarse repentinamente de ella.

—Me fio de ti —le dijo tras unos segundos de silencio.

Y luego siguió caminando como si nada hubiese sucedido nada.

Ukyo no se percató de que no le había devuelto las sandías hasta que Nodoka los hizo pasar hasta la cocina.

—Ranma—dijo la mujer con tono de desaprobación. Ataviada con un ligero kimono de verano, la mujer parecía más una princesa de los tiempos feudales que una ama de casa del siglo XX—, ¿qué clase de hombre eres, que no saludas a tu madre cuando llegas a casa? ¿Acaso no tienes modales?

—Mamá…

—Akane, querida —la miró a ella, repasándola de arriba abajo con un deje de curiosidad—, debo disculparme. Este hijo mío a veces es tan maleducado…

Por tradición, Ukyo se vio obligada a preguntar:

—¿A veces?

Pero Ranma, en vez de saltar ofendido como en tantas otras ocasiones, se limitó a exhalar una risita y sacudir la cabeza.

—¡Estas sandías pesan un poco, por si no te has dado cuenta! —se explicó—. Deberíais darme las gracias por no obligar a Akane a ayudarme. Aunque cinco sandías no son nada en comparación con las pesas que levanta durante sus entrenamientos…

Una sensación helada se asentó en el pecho de Ukyo al oír aquello.

¡Los entrenamientos! ¡Se había olvidado de los entrenamientos!

Oh, ¿sería así como se descubriría su mentira? ¿Por su memoria defectuosa y su negativa para reconocer a Akane como su rival, en más de un sentido?

No le dio tiempo a entrar en pánico, puesto que una voz masculina interrumpió sus pensamientos.

—Oh, ¿y cómo sabes eso, hijo? ¿Hay algo que desees contarnos?

Ranma se limitó a mirar a su padre, impasible.

El hombre se rio de su propia pregunta (no tenía sentido, al fin y al cabo) y saludó a la que quería que algún día fuera su nuera.

—Akane, querida, ¿qué tal está tu padre? Últimamente lo noto raro cuando hablamos por teléfono.

—B-bien…

—Bueno, el señor Tendo ha estado un poco preocupado por Akane—la cortó Ranma mientras, que en esos momentos se dirigía a la cocina por órdenes de su madre—. ¡Últimamente está más rara de lo normal!

Sin saber si sentirse ofendida o no, Ukyo preguntó si podía tomar un poco de agua.

Nodoka le entregó un vaso con agua refrescante casi de inmediato, aunque antes le recordó que no tenía que preguntar estas cosas; al fin y al cabo, algún día, esa casa también sería su casa, y lo lógico era que se fuera acostumbrando desde ya.

Sintiendo un ligero rubor en las mejillas (de la furia, claro está, pero eso su futura suegra no podía saberlo), Ukyo miró a Ranma. Estaba claro que las había escuchado: aunque se había quedado en el pasillo discutiendo con su padre, se había acercado lo suficiente para entender lo que estaban diciendo. Cuando sus ojos se encontraron, Ukyo esperó encontrarse con la respuesta de siempre, esa que reafirmaba la certeza de que, de todas, Akane era la prometida con menos posibilidades…

Pero, en cambio, se encontró con una sonrisa.

Incómoda, Ukyo bajó la mirada.

—Oh, Akane —Nodoka llamó su atención cogiéndola suavemente de la muñeca—. Tienes que ver lo que he encontrado. Con las reformas he podido hacer un montón de limpieza y ni te imaginas la de tesoros que tenía guardados.

—¿Tesoros?

Nodoka se rio. Tras decirle que la esperara en la sala de estar, la mujer desapareció escaleras arriba. Sentada en el suelo frente a una mesa baja, Ukyo había podido estudiar con admiración sus alrededores. ¡Estaba todo tan bonito y ordenado! Nadie que no los conociera hubiese dicho que, unos meses atrás, la casa había estado prácticamente al borde de la demolición.

Y por tu culpa, le recordó esa vocecilla molesta de su cabeza.

Ukyo parpadeó varias veces con frustración.

Pero, ¿¡qué le pasaba hoy que todo lo que hacía o pensaba la hacía sentir culpable!?

No tuvo tiempo de explorar muy a fondo la respuesta, porque Nodoka decidió ese momento justo para regresar.

—Oh, Akane. ¡Tienes que ver esto!

«Esto» eran varios libros gruesos que Ukyo no tardó en identificar como álbumes de fotografías. Y, en cuanto vio la primera, todas sus preocupaciones desaparecieron como por arte de magia.

—Oh, Dios, Mío…

¡Era adorable! Vestido con un overol azul marino, Ranma, porque era evidente que aquel niño de no más de dos años era él, miraba a la cámara con irritación.

—¿Por qué está enfadado? —se sorprendió preguntando.

—Oh, si no recuerdo mal —Nodoka acarició con anhelo la mejilla de Ranma— fue porque no lo dejaba unirse al entrenamiento de su padre. Le dije que era muy pequeño todavía.

—¿Y aquí? —señaló la siguiente foto, una en la que Ranma lloraba abiertamente—, ¿qué ocurrió aquí?

Durante los siguientes minutos, Nodoka relató suficientes historias de la infancia de Ranma como para suplir una vida entera de fantasías. Al principio, a Ukyo le pareció curioso que solo hubiese fotos de Ranma cuando era poco más que un bebé, pero entonces recordó que ella lo había conocido cuando no era mucho más mayor; su padre debía de habérselo llevado a su viaje de entrenamiento poco después de su tercer cumpleaños.

—Era tan tierno… —se lamentó Nodoka—. Mi hijo ahora es muy varonil, no te equivoques, pero a veces me gustaría que…

—¿De qué estáis hablando? —preguntó una voz detrás de ellas que las hizo dar un respingo.

Nodoka se aclaró la garganta y le entregó el álbum y Ukyo no pudo contener la risita que se le escapó cuando vio el ligero rubor que se extendió por las mejillas de Ranma.

—Eras un niño tan guapo, Ranma —comentó Nodoka, intensificando con sus palabras el color rojo que había adquirido su hijo.

Ukyo no pudo estar más de acuerdo.

—Estoy segura de que mis nietos también lo serán —continuó diciendo la mujer—. ¡Akane es una mujer preciosa!

—¡Mamá!

—¡Tía Nodoka!

Al notar que sus protestas se habían solapado, Nodoka se cubrió la boca con el dorso de la mano y dejó escapar una risita.

Todavía del color de un tomate maduro, Ranma se dejó caer a su lado. Ukyo sintió que todos y cada uno de sus músculos se tensaban cuando una de sus rodillas rozó accidentalmente su pierna.

—Oh, bueno, supongo que puedo admitir que incluso de niño era encantador —murmuró, pasando las hojas del álbum y sonriendo para sí mismo.

Ukyo lo observó durante varios segundos. Así, sonrojado y sonriente, Ranma parecía casi un desconocido…

Un desconocido muy, pero que muy atractivo.

—¿Akane?

Ukyo se aclaró la garganta y resistió el impulso de cubrirse el rostro cuando Nodoka llamó su atención. La que un día sería su suegra la miró con expresión cómplice, como si supiese exactamente lo que había estado pensando segundos atrás.

Aclarándose la garganta, Ukyo se las arregló para pronunciar un tímido—: ¿Sí?

Nodoka le entregó otro álbum. Este era más pequeño, aunque del mismo grosor. Cuando lo abrió, Ukyo sintió que algo frío y desagradable se le asentaba en la boca del estómago.

—Tu madre siempre supo que el compromiso sería entre vosotros dos, así que me enviaba fotos tuyas siempre que podía. He pensado que te gustaría tener algunas…

Ukyo no tuvo que preguntar a cuáles se refería.

La señora Tendo había sido una mujer preciosa. Incluso en una cama de hospital, cuando era evidente que acababa de dar a luz, su rostro tenía un brillo especial que hacía difícil apartar la mirada de él. Observaba con ternura al bulto de sábanas que tenía en el brazo, como si no terminase de creerse que estaba allí, y temiese que en cualquier momento fuese a desaparecer.

Akane, mientras tanto, dormía profundamente en su nido de mantas y amor.

En la siguiente foto en la que aparecía su madre, Akane ya había crecido lo suficiente para mantenerse sentada sola, y sonreía a la cámara con una candidez con la que rara vez se la veía ahora. La señora Tendo, detrás, cogía en brazos a quien solo podía ser Nabiki, mientras Kasumi, a su lado, soplaba las velas de su tarta de cumpleaños.

No debería estar viendo esto, pensó, pero fue incapaz de apartar la mirada.

—¿Estás bien?

Ukyo miró a Ranma con sorpresa. ¿Desde cuándo había estado mirando el álbum por encima de su hombro? Con cansancio, asintió, pero era muy consciente de que su respuesta parecía de todo menos creíble.

—¿Puedo llevármelas a casa? —preguntó, insegura—. Se las devolvería, claro, pero me gustaría hacer unas copias.

Sería como una ofrenda de paz para Akane, ya que le había robado este momento.

Nodoka, por supuesto, dio su aprobación. Mientras se iba a buscar un sobre en el que guardar las fotografías, Ukyo no pudo evitar estudiarla abiertamente: hasta el momento, todas sus interacciones con ella le habían causado cierto temor. Que fuera tan dulce con Akane…

Akane, Akane, Akane, pensó con disgusto. Siempre, Akane, pero nunca yo.

—¿A ver? —no había notado que Ranma se había inclinado sobre su hombro para observar el retrato que sostenía entre sus manos. Un escalofrío la recorrió de arriba abajo cuando notó su respiración, cálida, en la nuca—. Mmmm… —un estremecimiento le sacudió el cuerpo—. Tú también eras una niña de lo más mona, si te soy sincero —aguardó un segundo antes de añadir—: Me pregunto qué pasó para que dejaras de serlo.

Ukyo resopló y se giró para encararlo.

Sin embargo, no pudo decir nada, aunque no habría sabido identificar la causa de su repentina mudez: si la extraña sonrisa que había hallado en los labios de Ranma, o el descubrimiento de que el chico estaba mucho más cerca de lo que había pensado.

No tuvo tiempo para meditarlo. Nodoka había regresado y, con ella, la necesidad de respetar su espacio personal en Ranma. A Ukyo le sorprendió la facilidad con la que era capaz de aparentar la calma.

Ella sentía la cara en llamas.

—No deberíais tardar mucho en marcharos —les advirtió Nodoka, señalándoles el color rojizo que había adquirido la luz del sol—. Estoy segura de que Kasumi os está esperando con la cena hecha. Ranma, hijo mío, antes de irte, ¿podrías hacerme un favor?

Ukyo no prestó atención a lo que decía a continuación, pues había centrado todos sus esfuerzos en abandonar la culpa que la había invadido cuando Nodoka le había pasado el sobre lleno de fotografías.

Por eso la tomó por sorpresa que Nodoka le cogiera la mano sin avisar.

—Oh, Akane, muchas gracias.

Ukyo parpadeó confundida.

—… ¿Por las sandías?

—Oh, no seas tonta, querida —la elegante señora sonrió con la picardía de una niña—. Sabes a lo que me refiero. Ranma no vendría a visitarnos tanto si no fuera por ti.

—¿Visitarlos?

Entonces algo hizo clic en la mente de Ukyo.

De repente entendió por qué hasta ahora no había visto a Genma en casa de los Tendo. Si la casa de los Saotome ya estaba rehabilitada para vivir en ella… ¿por qué Ranma continuaba viviendo con Akane?

Parte de sus sentimientos debieron de verse reflejados en su rostro, porque la expresión de Nodoka adquirió un poco de seriedad.

—Ranma nunca ha sido muy apegado a su padre, por razones obvias —comentó. Dándole un ligero apretón en la mano que tenía entre sus dedos, le ofreció una sonrisa triste—. Y a mí apenas me conoce. Siempre que viene a vernos es porque tú estás con él.

¿Siempre que va a verlos?, repitió en su mente.

De nuevo, se preguntó por qué, por qué su Ranma no se había marchado de esa horrible casa, en la que vivía esa horrible muchacha que se lo había quitado…

—Además, celebro vuestra voluntad de acoger a Ranma en vuestro hogar… Sé que mi hijo atrae los problemas como la miel a las abejas. No debe ser fácil vivir con él.

En efecto, Ukyo había llegado a esa misma conclusión, aunque no por los mismos que Nodoka, al parecer.

—Gracias, Akane —siguió diciendo Nodoka—, por permitir que acabe el instituto en Furinkan. De haber vuelto con nosotros, habría tenido que cambiarse de colegio…

Ukyo distinguió la verdad en aquellas palabras: ella misma había escogido minuciosamente la localización de su restaurante para evitar precisamente aquello.

Pero, sin embargo, la mentira resonaba mucho más alto.

Oh, los Tendo habían ofrecido su casa a Ranma, de eso no tenía dudas.

Pero no porque querían que terminase el instituto en Furinkan, ni mucho menos.

Lo habían hecho para no separarlo de Akane.


N/A: Por una parte estoy contenta por haber escrito un capítulo más largo de lo normal. Por otra parte, odio este capítulo y nunca estaré satisfecha con esta versión final. La parte buena es que ya hemos llegado a la mitad de la parte 1 de esta historia y que Akane no tardará en hacer acto de presencia. ¿Hacia dónde creéis que va la historia? ¿Hay algo que deseéis que añada? No prometo tener en cuenta todas las sugerencias, pero sí me gustaría saber vuestra opinión :D

Editado 08/07/2019: Es un detalle insignificante, pero que desde que lo descubrí me ha estado tocando las narices. En la versión anterior, Ranma se queda con las sandías para llegar a casa de su madre milagrosamente sin ellas. Dado que la idea inicial era que todo era una treta para "ayudar" a "Akane" sin que esta se diera cuenta, decidí dejar las sandías en manos de Ranma y arreglar (más o menos) la conversación con su madre. Ha quedado un poco rara, pero el resto del capítulo tampoco estaba mal, así que así se queda