Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D

Además, hay un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada.

Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.


◤El Intercambio◢

«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »


◉○ PARTE 1 ○◉


UKYO VI

«En el que Akane hace su aparición»


De vuelta a casa, Ukyo solo podía pensar en una cosa. ¿Por qué ella nunca ha podido acercarse tanto a Ranma? Ranma era su amigo de la infancia, su primer amor y habría hecho cualquier cosa para tener la misma suerte con la que corría Akane. Tal vez, si Ranma fuese capaz de ver en primera persona todo lo que hacía por él…

Tal vez fuese capaz de perdonarla.

Hacía semanas que no hablaban. Ni siquiera en el instituto, donde, por lo general, Ranma hacía un verdadero esfuerzo por ser educado con todo el mundo. La única vez que Ukyo se había atrevido a acercarse a él, Ranma la había mirado con un desprecio del que no lo había creído capaz. Al fin y al cabo, Ranma nunca se tomaba nada con seriedad: todo le causaba gracia y, si no, él se encargaba de buscarla.

Oh, pero ese brillo acerado que había visto en su mirada cuando había pronunciado su nombre como el de una extraña…

Ukyo se estremeció. Siempre había esperado ansiosa el día en el que Ranma dejara de mirarla como una amiga, pero nunca en su vida se habría imaginado que llegaría el día en que Ranma la miraría como si fuese su enemiga.

Oh, pero Akane nunca tendría ese problema, gruñó para sus adentros.

A juzgar por las tiernas sonrisas que recibía cuando estaban a solas, por los ligeros toques que la sorprendían en cualquier momento, Akane nunca tendría que preocuparse por nada de eso.

Maldita, maldita, maldita Akane, suspiró.

—¿Sabes que el otro día Daisuke no paraba de hablar de Yuka?

Ukyo parpadeó al volver a la realidad.

Confundida, no pudo evitar mirar a Ranma para preguntarle de qué estaba hablando.

Ranma se encogió de hombros y puso los ojos en blanco.

—Oh, ya sabes —le ofreció una sonrisa ladina—, pensé que estarías interesada. ¿No te pidió Yuka el otro día que me preguntaras si sabía algo? Entonces no estaba seguro, pero creo que ahora sí puedo decir que sospecho que a Daisuke le gusta Yuka. Un poco.

—Espera, ¿qué?

Ukyo hizo un esfuerzo por recordar a ese tal Daisuke. Ukyo casi no iba al instituto por el trabajo y, evidentemente, conocía mejor a las chicas porque para ciertas clases se veía obligada a pasar tiempo con ellas. Pero, ¿a los chicos? El único que siempre le había interesado era su Ran-chan, por lo que nunca había prestado mucha atención a los demás.

Alto, con el pelo oscuro y ojos rasgados, recordó al cabo de unos segundos. Atractivo, aunque no tanto como Ranma.

Oh, ¿así que a ese chico le gustaba Yuka?

Recordó, casi sin querer, que hacía un par de días Sayuri había comentado algo al respecto.

—Oh, ¡así que a eso se referían! —comentó en voz alta. Cuando Ranma la miró con confusión, no pudo contener la sonrisa que le curvó los labios—. Sayuri dijo algo de una cita doble con Daisuke que puso a Yuka del color de un tomate. No había caído hasta ahora…

Ranma la sorprendió con una rica carcajada.

—Akane —posó una mano sobre su hombro—, para sacar tan buenas notas, no eres tan lista como tú te crees.

Ukyo frunció los labios, porque no se le ocurrió qué contestar.

¿Se refería a que Akane nunca parecía ser capaz de entender las intenciones de los demás a menos que se las gritaran a la cara? Después de todo, hasta Ukyo sabía que Ryoga estaba enamorado de la peliazul, pero que esta, hasta el momento, siempre lo había tratado como su amigo, incluso cuando Ryoga le dejaba claro que quería ser algo más.

Fuera como fuere, Ukyo no pudo meditar más al respecto, porque enseguida llegaron a casa. Kasumi salió a recibirlos con una sonrisa en los labios mientras se limpiaba las manos en su delantal.

—Cuando os cambiéis y os lavéis las manos, bajad a cenar —los advirtió—. No tardéis mucho, por favor.

Siguieron las instrucciones al pie de la letra y, cinco minutos después, Ranma y Akane se sentaron en la mesa. Kasumi había preparado somen y había dispuesto diversos cuencos llenos de acompañantes por toda la mesa. Mientras repartía los tallarines, les preguntó cómo había ido todo en casa de los Saotome.

—Oh —Ukyo recordó el sobre con las fotos—. Tía Nodoka encontró unas fotos que estoy segura que te encantarán. Las he dejado en mi habitación, pero después de cenar las podemos ver juntas.

—Claro —la hermana más simpática casi empezó a brillar de la emoción—. Oh, antes de que se me olvide. Ranma… —pareció dudar al dirigirse a su "cuñado"—. Ukyo ha llamado.

Ukyo, que se había pasado toda la tarde junto a Ranma, se atragantó.

Mientras Soun se abalanzaba para darle palmaditas en la espalda con la fuerza de un bebé, Ukyo advirtió por el rabillo del ojo que Ranma se tensaba. Había cerrado con fuerza la mano alrededor de su tazón y miraba con mucho interés un trocito de jengibre rallado que había caído sobre la mesa.

—¿Y… qué… ha dicho? —aspiró Ukyo con dificultad.

Kasumi la miró con algo que se parecía al agradecimiento. Ukyo no entendía muy bien por qué.

—Bueno, primero ha preguntado por ti, Akane, pero cuando le he dicho que te acababas de ir con Ranma me ha dejado el recado de daros esto —se sacó un trozo de papel del bolsillo del delantal y se lo tendió. Ukyo observó las cifras allí escritas con curiosidad— para que le devolváis la llamada.

—No.

La voz grave de Ranma evitó que fuese Ukyo quien contestara. Al mirarlo, Ukyo se percató de la fina arruga que se había formado en su entrecejo, y de la dureza que había invadido su rictus, por lo demás atractivo. Ahora tenía un aspecto casi peligroso.

—Ranma…

—Tira ese papel, Akane —dejando sus palillos con un fuerte golpe sobre la mesa, Ranma se levantó—. No tenemos nada de qué hablar con ella.

Una jabalina de dolor le atravesó el pecho. Mientras Ranma desaparecía en la oscuridad del jardín, Ukyo tuvo que parpadear varias veces para ahuyentar las lágrimas que se habían acumulado en sus ojos.

—Ukyo mencionó que iba a cambiar de localización dentro de poco —Kasumi le dio un ligero apretón en el brazo—. Creo que, si decides llamarla, deberías hacerlo pronto.

Más tarde, después de cenar y de que Kasumi subiese a su habitación para ver las fotos, Ukyo sostenía entre sus manos temblorosas el teléfono mientras esperaba que, al otro lado de la línea, alguien le contestara. Por una parte, guardaba la esperanza de que Konatsu hubiese convencido a Akane de seguir el extenuante calendario que habían programado para aquel verano: si mal no recordaba, ya tendrían que haberse movido un par de ciudades más al este de Yonabaru.

Pero, por otra, quería confirmar que Akane de verdad se encontraba en su cuerpo. Hasta ahora solo se había arriesgado a especular sobre lo que había ocurrido en términos generales. Además, si ella estaba en el cuerpo de Akane, sin duda Akane estaba en el suyo, ¿no?

Pero ¿y si había una tercera parte implicada? O más. Con Shampoo como causante de todo aquel lío (porque de eso no le cabían dudas), cualquiera podría haberse visto…

—Okonomiyaki U-Chan, ¿en qué le puedo atender?

—Soy yo, Konatsu —dijo Ukyo con una voz que no le pertenecía—. Soy…

—Oh, ¿eres la chica que me dejó tirado de la noche a la mañana en medio de ninguna parte? ¿La misma chica que parece haberme ascendido a jefe de cocina y de personal repentinamente?

Ukyo hizo una mueca.

—Konatsu…

—¿O tal vez eres esa chica que no ha dado señales de vida desde que desapareció de forma súbita? ¿Y que me dejó a cargo de un desastre con patas?

Al otro lado de la línea, se escuchó un «¡hey» bastante ofendido.

—No sé, Ukyo, ¿quién demonios eres? Creía que eras una joven muy responsable, pero…

—¡No sé qué ha ocurrido! —lo interrumpió, un poco cansada de que la acusaran de algo de lo que no era culpable—. ¡No sé por qué ha pasado lo que ha pasado, Konatsu! ¿Acaso crees que yo he tenido algo que ver?

Le respondió el silencio. Pellizcándose el puente de la nariz, Ukyo suspiró.

—Lo digo en serio, Konatsu —se lamentó—. No sé ni cómo, ni por qué estoy aquí o Akane, allí, contigo.

—Pero tampoco has hecho nada para averiguarlo —dijo Konatsu—. Estuve esperando tu llamada desde ayer, ¿sabes? Todo el día. En cuanto Akane se dio cuenta de lo que sucedía, puso el grito en el cielo y no tardé mucho en enterarme yo. Decidimos esperar, pero entonces empezaron a llegar los clientes y tuvimos que ponernos a trabajar. Akane guardaba la esperanza de que tú te pusieras en contacto con nosotros…

—Akane pudo haber llamado, como hizo hoy —masculló Ukyo.

—Akane sabe perfectamente que te han declarado persona non grata en su casa, Ukyo —Konatsu también sonaba cansado—. Además, ¿no sería raro que llamaras preguntando por Akane? ¿Después de lo ocurrido hace un par de meses? La señorita Tendo que contestó esta tarde por poco nos cuelga en el acto, Ukyo.

Ukyo frunció los labios. Por supuesto que habría sido raro. Ranma le había dejado muy claro que Ukyo no era bienvenida allí, aunque había algo en la actitud de Kasumi que le decía que, quizás, el sentimiento no se aplicaba a todos los miembros de la familia.

—Sea como sea, aquí estamos —suspiró—. ¿Cómo… cómo ha ido todo? ¿Le está yendo bien al restaurante?

Konatsu resopló.

—¿Conoces a la misma Akane Tendo que yo?

Aquello le dijo todo. En su interior, sintió que se abría el mismo agujero frío de la preocupación por las finanzas que la había acompañado desde que era demasiado pequeña para comprender qué significaba.

—Pero ¿no te estás haciendo tú cargo de la cocina?

Ukyo ya había pensado en eso. Konatsu no servía para ganar dinero, pero sí para cocinar cuando le asegurabas que no tenía por qué escatimar con los ingredientes. Akane, en cambio, era el caso contrario. Era lo suficientemente guapa y simpática cuando quería como para atraer clientes con facilidad y ya había trabajado como camarera en alguna ocasión. Juntos, si se limitaban a hacer lo que se les daba bien, no deberían tener ningún problema…

—Akane insistió en ayudarme —murmuró Konatsu con un tono de voz que le dejó claro que se arrepentía de haber aceptado—. Oh, Señorita Ukyo, quizás es hasta mejor que no esté aquí para ver cómo ha quedado la cocina…

—Oh, ¿así que ahora dejas de tutearme otra vez?

Ukyo estaba segura de que podía escuchar el sonrojo del hombre kunoichi.

—No te preocupes, Konatsu —se apresuró en tranquilizarlo cuando su amigo se deshizo en disculpas—. Sabes que no tienes por qué tratarme de usted, ¿no?

Se lo había dicho miles de veces, pero Konatsu se empeñaba en tratarla con un respeto que Ukyo sabía que no se merecía.

—Señorita Ukyo… —Konatsu hizo una pausa como si dudara de lo que iba a decir a continuación—. Dese prisa en volver, ¿por favor? Aunque no me lo ha dicho, sé por qué decidió no llamar —Ukyo sintió que se le formaba un nudo en la garganta—. Y lo entiendo, ¿sabe? Entiendo mejor que nadie lo que es hacer cualquier cosa por la persona a la que ama —Konatsu carraspeó con nerviosismo—. Pero no se pierda a sí misma en el proceso, por favor.

Algo en sus palabras hizo que chasqueara la lengua. ¡Ja! ¿Perderse a sí misma? ¿Cómo era eso siquiera posible?

Sin saber por qué se sentía molesta, Ukyo resopló una risita gélida.

—¿Porque entonces ya no sería la mujer de quien te enamoraste? —sabía que estaba siendo cruel, pero no pudo evitarlo—. No te preocupes, Konatsu —dijo—. Quiero hablar con Akane.

—Señorita Ukyo…

—Ahora, Konatsu.

—Como usted quiera.

Ukyo no tuvo que esperar demasiado para hablar con Akane. Menos de tres segundos después, escuchó su propia voz, la suya de verdad, preguntándole qué narices estaba pasando.

—¿Cómo quieres que lo sepa? —espetó Ukyo.

—Bueno, teniendo en cuenta que sueles formar parte del grupo de personas causante de la mayor parte de mis desgracias… —Ukyo se mordió la lengua—. Esperaba que tú tuvieras más idea que yo, la verdad. Sueles planear cosas como esta con bastante frecuencia.

—Yo no…

—¿Sí?

Ukyo maldijo por lo bajo.

—Creo que fue Shampoo —masculló—. Ranma mencionó que os había visitado recientemente.

Al otro lado de la línea, Akane guardó silencio.

Ukyo, convencida de que tenía razón, siguió hablando.

—¿Recuerdas que te hiciera algo a ti en concreto? —se interesó.

Aunque su instinto le decía que Shampoo estaba detrás de todo, Ukyo, hasta ahora, no se había preguntado cómo. La amazona china había visitado a Ranma y Akane hacía un par de días, y eso explicaba la mitad del problema. Pero ¿y la otra mitad? ¿Y ella? Ukyo llevaba meses sin ver a Shampoo.

Cuando Akane comentó que Shampoo se había limitado a hablar con Ranma, sus preguntas se multiplicaron.

—¿Por qué nosotras dos? —se preguntó en voz alta. Akane no sabía a qué se refería, por lo que explicó—: Si la intención de Shampoo era un intercambio de cuerpos… ¿por qué no entre vosotras dos, en lugar de tú y yo? Tendría más sentido que Shampoo quisiese ocupar tu lugar.

—Mmm… Tienes razón. ¿Tal vez algo salió mal? Tal vez… Tal vez Mousse la ayudara. Los planes de Shampoo siempre se van al traste cuando Mousse la ayuda, aunque sea un poco.

Ukyo no pudo evitar reírse junto a Akane, y por un segundo le pareció que se trataban como viejas amigas. Después, recordó algo que la hizo ponerse muy seria y aclararse la garganta.

—Lo mismo sucede cuando tú pisas la cocina, Akane —se quejó.

—¡Hey! No soy tan mala…

—Konatsu ya me ha dicho que has hecho un desastre…

—… yo solo quería ayudar —Akane de verdad sonaba arrepentida. Resopló y dijo—: Sé lo importante que es este negocio para ti, Ukyo. Creía que podía, ¿vale? ¡Últimamente ya soy capaz de hacer arroz!

—Pero hacer okonomiyakis es mucho más complicado que hacer arroz.

—Ya me he dado cuenta de eso, ya.

Ukyo suspiró. Aquella llamada la estaba agotando mentalmente.

—Mira, tú abstente de cocinar y déjaselo a Konatsu. Conoce mis recetas y le suelen quedar bastante bien, ¿vale? Tú limítate a sonreír como una cosita bonita y atiende las mesas.

—Espera, ¿qué?

—Obviamente ya no espero sacar los beneficios que me había propuesto como objetivo este verano, pero creo que todavía podemos conseguir una gran parte…

—¡Ukyo! ¿Es que no piensas volver? Si le cuentas todo a mi familia, ¡estoy segura de que podrán ayudarnos! ¡O podemos cambiarnos por el momento y tú volverías a tu restaurante…!

—Y tú, ¿con Ranma? —se burló Ukyo—. No, no. Todavía tengo muchas cosas que hacer, Akane.

—¿Q-qué?

—Que te vaya bien.


N/A: ¡YEAH! ¡OTRO CAPÍTULO EN LA MISMA SEMANA! Eso sí, no os acostumbréis. Me gustaría terminar esta parte de la historia este verano (por no decir el fic entero, vaya, pero una es consciente de sus limitaciones) y sin contar este capítulo, quedan 4 capítulos para llegar a la parte de Akane. O 3, depende de cómo me salga todo.

Qué os está pareciendo todo? ¿Qué pensáis que va a ocurrir a continuación?

Muchas gracias a los que habéis comentado en el último capítulo. ¡Vuestros reviews me animan mucho!

PD: Si estuviera pensando en escribir otro fic RxA (para cuando esté esté a puntito de acabarse) estaríais interesados? Va a ser formato abecedario y tengo planeado como la mitad, pero me faltan letras. ¿A quién le interesa ayudarme?