Código: Guardianes
Capitulo 24
Una vez transformados, la batalla empezó en el interior del majestuoso templo, provocando, con la transformación, todo un espectáculo de luces que no pasó inadvertido, pero en cuanto empezaron los gritos y los golpes, todos los que por allí andaban salieron despavoridos de la plaza donde se encontraba el templo, dejando la zona desierta, permitiéndoles así que pudieran usar sus poderes a voluntad. Nada más ver a Ulrich, Inferno se lanzó a por él, con las palmas de las manos envueltas en llamas.
Ulrich, sabiendo que eso iba a pasar de un momento a otro, pudo pararle a tiempo, dándole un golpe en el estomago, y tirándole al suelo de una patada. Pero Inferno logró levantarse con rapidez antes de que Ulrich le lograra inmovilizar en el suelo, y, usando una llamarada, se lo quitó de encima.
-Ha pasado mucho tiempo, Inferno- le dijo Ulrich, con una sonrisilla- Y tu tan en forma como siempre- le espetó el otro, antes de volver a abalanzarse contra el otro.
Mientras, Electra había salido a la calle en su combate contra Fedrik, intentando darle con el martillo, pues ambos sabían que con solo sus rayos no iban a lograr nada, ya que la electricidad no les afectaba. Tras volverle a lanzar el martillo, y que este lo esquivara por poco, Electra resopló, cargando con el mismo, justo después de recuperarlo. La chica sabía, así como Fedrick, que aquel martillo era la única forma que tenía la adolescente de derrotar al general, por lo que esquivaba los golpes como mejor podía
-¡Has mejorado mucho, niña!- le gritó Fedrick, tras dar un salto, mientras cargaba un rayo y se lo lanzaba. Electra lo esquivó con facilidad, mientras le lanzaba otro rayo desde el martillo. Bufó cuando vio que su enemigo lo había esquivado, mientas se lanzaba contra él, dispuesta a golpearle.
Odd estaba ocupado luchando junto a los primos Belpois contra Loren, Océano y alguien que no conocían, respectivamente. Era una mujer de pelo rubio en dos trenzas a los lados, de piel ligeramente morena y ojos pardos, y una siniestra sonrisa en la cara. Mientras Odd usaba sus garras para intentar golpear a Loren, Jeremy hacia lo mismo con los puños envueltos en agua para golpear a Océano, pero viendo que no servía de nada, decidió sacar la artillería pesada, e invocó su tridente. La cara de Océano no reflejo nada, pero por dentro estaba bastante preocupado, si le daba con el arma, estaba acabado. Pero Jeremy no le dio tiempo a pensar, y rápidamente se lanzó para continuar su combate.
Mientras, Patrick esquivaba los raudos movimientos de su adversaria, que reía divertida. Patrick gruñó
-¿Qué te hace tanta gracia?-le espetó, mientras le lanzaba otro puñetazo- Pensé que dirías "yo no pego a mujeres", o algo así- le respondió, con sorna, mientras esquivaba el puñetazo, y lanzándole otro, pero Patrick lo paró, mientras la intentaba golpear con el otro puño, pero ella también atrapó su puño con la mano, empezando así un forcejeo.
- Diría eso si no fueras más peligrosa que las víboras en las que se transforma Odd- le espetó, mientras esquivaba por muy poco el golpe que ella le lanzaba con la mano, justo después de lograr liberarse del forcejeo en el que ambos entraron. Ella rió justo después- Gran verdad- le respondió, lanzándole algunas rocas, las cuales fueron cortadas por Patrick, que había invocado su espada, la cual refulgía en colores terrosos. Justo entonces, se volvieron a enzarzar en una lucha de golpes, él con la espada, y ella con su brazo derecho convertido en fuertes rocas, que, sorprendentemente aguantaba los golpes de la cimitarra, e incluso los devolvía.
Mientras, las gemelas luchaban contra Darko y Erik. Marin lograba esquivar los golpes oscuro de Darko tele-transportándose, además, si no podía hacerlo, creaba barreras a nivel atómico que lograban parar los golpes que le mandaba su adversario, quien , a pesar de estar haciendo gala de mucho poder, no parecía estar cansándose. En cuanto a Susan, esta lograba retrasar el crecimiento de las plantas de Erik, pero a pesar de eso, la danza de golpes y patadas era constante, por lo que sus poderes eran usados para intentar contrarrestar los del otro.
-¡Cuidado Susan!- le gritó su hermana, pues pudo ver como un orbe de energía de Darko se dirigía directo a su hermana. Susan pudo evadirlo por muy poco, por lo que la esfera de energía acabó impactando contra un muro. A Susan no le dio tiempo siquiera a pensar, pues enseguida Erik continuó con sus ataques, aprovechando que la chica había perdido la concentración por el golpe antes recibido.
Mientras, Percy luchaba contra Timeo, y, a su lado, William contra otro desconocido. La lucha entre Percy y Timeo era un duelo de espadas en toda regla, pues ambos tenían sus brazos convertidos en afiladas espadas de acero, golpeándose con ellas con una maestría asombrosa. Y a pesar de que los golpes eran constantes, de vez en cuando uno de ellos lograba darle con el filo en alguna parte, pero debido a sus poderes, el golpe no les hacía daño, pues su piel era mucho más dura de lo normal, por lo que era muy difícil que se cortaran. Por su parte, William luchaba contra un hombre. Era de estatura media, de pelo verde, ojos magenta y piel blanca.
El extraño le lanzó a William un golpe de energía color índigo, el cual lanzó a William al suelo, y, antes de poder reaccionar, aquel tipo se planto justo delante de él, propinándole en apenas un segundo un potente puñetazo en el estomago, mandándole a volar. Mientras eso sucedía, Marin le mandó un mensaje vía gema a William.
-Ten cuidado, ese tipo controla el espacio- le indicó. William tosió un poco- ¡Ponte en pié, muchacho!- le espetó su enemigo. William lo logró por muy poco, pudiendo esquivar el golpe de su enemigo. Tras recolocarse, ambos combatientes se volvieron a colocar en su posición, y se lanzaron contra el otro.
Esto hacían los guardianes, pero Casandra e Ícaro estaban que no sabían que hacer. El aspirante a héroe estaba aún recuperándose de la poderosa llama que le impactó antes, y sus dos amigos procuraban sacarle de ahí. No hubieran podido de no ser por la ayuda de Aelita, que, sabiendo que Hércules había recibido un fuerte golpe, fue a ayudarle junto a Yumi. Entre ambas, cargaron al aspirante a héroe, y se escabulleron fuera del templo, aunque avisaron vía gema a sus compañeros para que no se preocuparan. Tras eso, salieron del templo aprovechando la batalla y que todos estaban demasiado ocupados combatiendo. Tras salir, se acercaron a una fuente que había cerca de allí, y le echaron algo de agua en la cara
-¡Estoy despierto, estoy despierto!- gritó Hércules, saltando del sitio, justo después de recibir el agua en la cara.
-¿Estas bien tío?- le saltó Ícaro, preocupado- Sí, algo atontado, pero bien… ¿Qué fue lo que pasó?- preguntó el chico- Nos atacaron antes de que tu padre llegara, logramos salir del templo sin que nos descubran gracias a su ayuda- le dijo Casandra, señalando a Aelita y a Yumi – Gracias, chicas- les agradeció. Ellas iban a responder, cuando fueron interrumpidos por una voz.
-¡Hércules, muchacho, te estaba buscando!- le llamó Hermes. Hércules le miró con algo de enfado- ¡Eh, a mí no me mires! El gran Z tenía que resolver asuntos muy urgentes, en un principio se iba a reunir contigo- le dijo, mientras le posaba la mano sobre el hombro. Hércules solo resopló por las palabras del dios.
Hermes rió- Bueno, bueno, de todas formas, Atenea me manda, quiere hablar contigo, muchacho- Hércules alzó una ceja- Tranquilo, esta vez vendrá, Herculito- le respondió- Bueno, ya que no tengo mucho trabajo, os acompañaré- dijo, posándose al lado de los adolescentes, y empezando a caminar junto a ellos.
Tras una corta caminata hasta el templo de Atenea, los cinco adolescentes y el azulado dios entraron al templo. Este no estaba tan decorado como el de Zeus, pero tenía igualmente grabados en las paredes, con alguna que otra planta a los lados de las columnas. Tras recorrer el pequeño corredor inicial, llegaron ante la estatua de la diosa. Nada más llegar, una ligera luz iluminó parte del templo, concretamente el lado derecho del corredor. Tras irse, una joven de pelo azulado, ojos oscuros, piel morada y vestida con un peto que le recubría el pecho de color azul, capa, un casco griego en la cabeza, un escudo en una mano y en la otra un pequeño búho del mismo color del pelo que la dama.
-Saludos, Hércules- le saludó la dama- Atenea- le respondió el joven. Junto a Hércules, se inclinaron Casandra e Ícaro, y, casi a la vez, Yumi y Aelita hicieron lo mismo.
-Tengo que pedirte un favor, Hércules- empezó la diosa. Este le escuchaba atento- Los dioses del Olimpo nos hemos reunido en asamblea hace apenas unos minutos, por eso tu padre no pudo venir, pues fue todo de improvisto - le dijo, mientras Hércules la miraba curioso- De no ser por eso, te puedo asegurar que tu padre hubiera venido…- le dijo, mientras le posaba la mano sobre el hombro. Hércules solo sonrió.
-Los titanes que derrotamos hace tantas eras en la gran guerra están a punto de liberarse- les dijo. Los allí presentes se asustaron- Al menos parte de ellos. Cinco de ellos aún están a buen recaudo bajo el mar, pero los otros dos están a punto de salir de su prisión eterna, eso pronosticaron las hermanas del destino (1)- les dijo, mostrándoles imágenes de los mismos.
Uno de ellos era de color azul celeste con estrellas en su cuerpo, y lo que parecían rayos resplandecer por su piel. Algo que parecían nubes también recubría parte de su piel, como si fuera su ropa. El otro era de color acero, con fuertes brazos, algo de tripa y barba.
-¿Se sabe quien los libera?- preguntó Aelita. Atenea negó-No, pero lo que sí sabemos es que, de llegar a pasar, será el pandemonio- les aseguró la diosa- Por eso, los dioses confiamos en ti, Hércules, para realizar esta hazaña- le indicó
-¡Lo haré lo mejor que pueda, Atenea!- dijo, jubiloso, Hércules, mientras despedía a la deidad. A pesar de que los chicos estaban entusiasmados, ellas no tanto. La idea de que el patoso joven se enfrente contra dos titanes no les agradaba.
-Oye Hércules, no creo…- empezó Casandra, pero el chico ya había llamado a su caballo alado, Pegaso. El hermoso corcel blanco alado se posó elegante delante de su amo, y, tras darle un lametón amistoso, se subió al animal, e invitó a sus compañeros a subir. Tras un pequeño resoplido, el animal empezó a volar, dejando solamente a Casandra en tierra, pues dijo que "tenía cosas que hacer".
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Mientras, en el inframundo, su oscuro amo y señor estaba de reunió con Virio. Ambos señores oscuros veían complacidos como Hércules se dirigía para detener la huída de los titanes que ellos mismos iban a liberar. La mazmorra era muy parecida a la de los titanes encerrados bajo el mar, pero en este caso, era una prisión más en el sentido estricto de la palabra. La celda estaba excavada en la pared, con lo barrotes conformados por relámpagos. Tras echar un último vistazo a la pantalla en la que se proyectaban esas imágenes, tanto Hades como Virio desaparecieron de allí, dejando tras ellos un poco de humo negro.
Pocos segundos después aparecieron en una cueva, solo iluminada por una tenue luz amarilla. Esa luz amarilla no provenía de velas ni nada que se le acercara, sino de los rayos que conformaban las rejas que mantenían encerrados a los titanes. Desde ese punto eran todavía más impresionantes que desde la pantalla desde donde los estaban viendo hacía unos instantes. Uno de los titanes, el azul, les veía desde su celda, con ojos tristes, y ligeramente apoyado en las rejas. El otro no se podía ver entero, solo un poco de las piernas, el resto estaba invisible. Tras observarse en silencio unos minutos, el titán que estaba apoyado en las rejas habló.
-¿Quiénes sois?- preguntó, con voz grave, pero calma- ¿Ya no reconoces a uno de tus sobrinos, Celeste?- le dijo Hades, con su característica voz- Mi vista ya no es como antes, Hades- le respondió- Ya bueno, ya me lo contaras más tarde, oye, ¿ no estas cansado de estar ahí dentro?- le dijo, mientras sus llamas se encendían. Celeste le miró un poco- Hace tiempo que no veo el cielo, a pesar de representarlo- le respondió, irguiéndose.
-Y dime, ¿no sientes deseos de vengarte de Zeus, el que te encerró aquí, eh, eh?- le siguió incitado Hades, cada vez más exaltado- ¿De verdad nos vas a liberar, Hades?- habló el otro titán, mientras se levantaba- Por supuesto, mi gigantesco amigo- le dijo. El titán bufó- No me llames así, Hades- le amenazó- Vale, vale no te enfades, Férrico- le pidió, haciéndose el asustado.
-¿Qué ganas tu liberándonos?- le preguntó Celeste-¡Obtener lo que por derecho me pertenece!- gritó, lanzando llamas a los rayos que formaban las rejas. Tras eso, los rayos se deshicieron, fusionándose con las llamas de Hades, y, tras eso, las rejas desaparecieron completamente, liberando así a ambos titanes.
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Tras un corto vuelo, los adolescentes y el caballo alado se posaron en un prado. Este tenía todo lo que un prado suele tener, verde pasto, algún que otro árbol aquí y allá, y animales como vacas paciendo al lado del lago. Aquél idílico paisaje pronto se vería destruido cuando una enorme mano color celeste se elevó desde la tierra, alertando a los jóvenes.
-¿Qué es eso?- gritó Ícaro, asustado, escondiéndose tras Hércules- Creo que es uno de los titanes…- murmuró Aelita, viendo como el gigantesco ser se levantaba como podía, ya con casi todo el torso de su cuerpo fuera. Detrás de él podían ver al otro titán que les mostró Atenea antes. Como durante el proceso de salir de debajo de la tierra provocaba temblores, ninguno de los adolescentes pudo hacer nada más que procurar mantener el equilibrio.
Tras salir completamente de la tierra, el boquete que dejaron era norme, claro que los chicos centraron su atención en sus gigantescos enemigos. Claro que su impresión no fue poca cuando vieron como se desperezaban y bostezaban con fuerza, respirando con fuerza.
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Mientras esto pasaba con Aelita, Yumi, Hércules e Ícaro, en el templo de Zeus la batalla continuaba. A pesar de llevar un rato peleando, ninguno de los dos bandos parecía dar muestras de cansancio, lo que denotaba que su físico había mejorado. Mientras luchaban, notaron como el suelo tembló de repente, mientras en el cielo grande nubes negras y truenos se agolpaban, además de ver destellos en el cielo, pero no provocados por los rayos, pues eran de diferentes colores. Sabiendo que algo pasaba, los guardianes salieron de allí, seguidos de cerca por los hombres de Virio.
Mientras corrían en dirección a donde las luces iban, la batalla seguía, pero los hombres de Virio se marcharon a los pocos minutos, como i les hubieran avisado de algo. Los chicos no le dieron importancia a eso, , al galope, continuaron la carrera a través del campo, movidos por una fuerza que les indicaba que fueran allí.
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-¡Al fin libres!- gritaron amos gigante, felices, saltando, provocando algunos temblores menores. Los adolescentes les veían extrañados. Pensaban que estarían furiosos, encaminándose directos al Olimpo, pero no, ahí estaban, riendo, mientras empequeñecían, adaptándose al entorno para no ser vistos- ¡JA! Hacía años que no respiraba aire limpio…- dijo el azul, riendo- Echaba de menos el azul de cielo y el brillo del sol- dijo el otro, mientras caminaban hacia nadie sabe donde.
-¡Eh, esperad!- les gritó Hércules, acercándose, mientras corría. Al lado suyo iban Ícaro, Yumi y Aelita- ¿No vais ha hacer nada?- preguntó, extrañado. Amos titanes se vieron- ¿Y que deberíamos hacer, según tu, chico?- le preguntó el de color acero- Bueno, no sé… ¿destruir cosas e ir al Olimpo?- sugirió. Ambos titanes le miraron con una ceja en alto- ¿Crees que somos tan brutos de ir por ahí destruyendo cosas sin necesidad, mientras gritamos el nombre de Zeus y clamamos por vengarnos de él?- le preguntó. Hércules asintió.
Uno de los titanes, el de azul, iba ha hablar, pero fueron interrumpidos- ¡Bien, Hércules, justo lo que te pedimos!- bramó una voz. Enseguida, grandes nubes de tormenta se apelotonaron el en cielo, además de que empezaron a caer rayos en la zona. Cuando alzaron la vista, vieron que en el cielo había varias cuadrigas tiradas por distintos animales, y pilotándolas, los distintos dioses del Olimpo.
-¡A por ellos!- gritó otra vez la voz, y, en formación, loas cuadrigas fueron bajando hasta que sus pilotos bajaron, sacando sus armas, y lanzándose contra los titanes. Sabiendo que allí no podían hacer nada, los adolescentes salieron de allí corriendo con todo lo que sus piernas les daban. Mientras huían del divino enfrentamiento, vieron acercarse a sus amigos. Estos venían un poco sudados, pero parecían estar todos bien.
-¿Pero que está pasando aquí?- les preguntó, nada más llegar, Odd, completamente exaltado- Ni idea, pero mejor que nos vayamos de aquí, esta pelea va a ser monumental- les dijo Yumi, mientras miraba hacia el enfrentamiento.
-Y a donde vamos, entonces?- preguntó Jeremy- Ni idea- murmuró Patrick- En todo caso…- Electra fue cortada cuando un fuerte estallido se oyó por el lugar. Cuando se giraron a ver que fue lo que pasó, vieron a ambos titanes encadenados por cadenas de oro, y a todos los dioses alrededor de ellos. Con cuidado, se fueron acercando poco a poco, mientras escuchaban lo que decían.
-¿Cómo escapasteis?- les inquirió uno de ellos. Era alto, con fuertes músculos, piel bronceada, pelo blanco, y en sus ojos violeta se podía ver una a duras penas contenida ira.
-Yo también me alegro de verte, Zeus- le recriminó Celeste- ¿Qué haremos con ellos, Zeus?- le preguntó otro de los que estaban allí. Su piel era rojiza, con una espada en la mano, y pelo del mismo color de piel-Encerrarles, por supuesto, Ares- le respondió, mientras les agarraba de las cadenas y empezaba a caminar.
-¡Espera un momento, papa!- el grito de Hércules hizo que los dioses le miraron curioso. El chico se puso un poco nervioso por ello, pero continuó- Padre, por favor, déjales libres- le pidió. Todos los dioses se miraron extrañados, ¿Cómo podía decir eso?
-¡Jamás les dejaré libres, a saber lo que hacen!- bramó, mientras les miraba con mirada inquisidora- Pero cuando les vi saltando de felicidad por su libertad en vez de ir directos al Olimpo, les pregunté por qué no lo hacían, y… bueno… dijeron que no iban ha hacerlo- dijo, con algo de vergüenza.
Su padre se le acercó- Hijo, no puedes fiarte de ellos tanto, ellos…- Zeus iba a hablar cuando su hijo le cortó- Ya sé que han estad encerrados durante mucho tiempo, pero debes creerme, padre- le pidió.
Zeus dudaba. Por una parte, quería encerarles para asegurarse de que no volvieran ha escapar, pero por el otro, su hijo parecía confiar e ellos. Por su parte, ambos titanes parecían sorprendidos por la defensa que Hércules les estaba dando. Finalmente, Zeus resopló- Les daremos una oportunidad, pero…- dijo, mientras les ponía unos brazaletes en los brazos- Por ahora, no podréis usar vuestros poderes al máximo, solo una fracción de los mismos- les dijo, serio.
Al oír eso, tanto dioses como titanes se sorprendieron, así como los chicos y el propio Hércules, que pensaba que lo estaba haciendo en vano. Tras quitarles las cadenas, y con aún con la duda en el cuerpo, tanto dioses como titanes volvieron al Olimpo en sus carros. Aún así, era evidente el recelo que se sentían entre ellos, e cual se preveía que iba a durar mucho tiempo. Los chicos iban a volver a la ciudad para intentar encontrar allí el escudo de Aelita, pero fueron detenidos por Atenea. La deidad se colocó delante de ellos, mientras una ligera sonrisa adornaba su cara.
-Lo habéis echo muy bien, chicos, no me esperaba menos de los guardianes- les felicitó, acercándose. Los chicos la miraron sorprendidos- No deberíais estar sorprendidos, soy una diosa, al fin y al cabo- les dijo, mientras se quitaba el escudo del brazo. Era de color blanco, con letras griegas en el mismo, y una lechuza dibujada en el centro. Hércules notó rápidamente que ese no era el escudo que la diosa solía utilizar- Según tengo entendido, vinisteis por un escudo- dijo, solemne. Aelita dio un paso al frente, asintiendo- Sabía que tenías que ser tú…- dijo, contenta, mientras le daba el escudo. Nada mas cogerlo, este se iluminó en blanco, generando una muy fuerte luz de ese color. Tras irse, Aelita tenía en su mano izquierda el escudo, y , en la derecha, una lanza de oro blanco con hermosas letras doradas en los lados. Sus ropas también cambiaron de apariencia, ahora la armadura la recubría entera, pero esta aún conservaba una figura esbelta. Además, ahora tenía más decoración en el pecho.
-Te queda muy bien, Aelita- le dijo Atenea. La chica sonrió, con las mejillas algo sonrojadas por sus palabras- Me quedaría ha hablar, pero tengo que irme, jóvenes. Os deseo lo mejor en vuestra empresa- les dijo, antes de marcharse en un destello azul de vuelta al Olimpo.
Una ver que Atenea se fue, el grupo felicitó a Aelita por lograr obtener su escudo, y agradeciendo que esta vez no tuviera que hacer una gran hazaña como cuando le tocó obtener su gema. Tras despedirse de Hércules y de Ícaro, el grupo abrió un portal para volver a casa, algo cansados, pero contentos de su logro.
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Hades y Virio se encontraban en aquellos momentos en el inframundo, bebiendo una copa de vino cada uno, sentados al sillón.
-El plan no salió del todo como esperábamos, pero fue un éxito- dijo contento Hades, mientras observaba deleitado una pequeña caja sobre la mesa.
-Fue muy buena idea la de liberar a dos titanes para, aprovechando la confusión, coger la caja sin ser visto, la verdad, me sorprendo de mi inteligencia, jajaja!- rió Virio, mientras tragaba todo el líquido de la copa- En fin Hades, me tengo que ir, gracias por tu hospitalidad- dijo Virio, cogiendo la cajita, y marchándose de allí- ¡Cuando quieras!- le respondió, mientras agarraba su propio souvenir del Olimpo, otra cajita.
Tras abrirla, vio su contenido, ni más ni menos que las cartas de Persefone hacía él, pero que, por intercesión de su madre Demeter, no le llegaron (2).
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Tras volver a su castillo en Asmara, Virio recibió el informe de la misión, aunque ya sabía que fue lo que pasó con el escudo y Aelita. A pesar de eso, estaba contento, pues tenía en su poder un arma con la que, esta seguro, pondría fin a esa guerra contra los guardines. En sus manos, estaba la caja de Pandora...
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Y tras una muy larga espera, aquí estoy de nuevo. Lamento no actualizar hasta ahora, pero me temo que la selectividad me lo ha impedido, pero de todas formas, he aquí la actualización que os prometí antes, y ue espero que esté a la altura de vuestras expectativas.
(1) Las hermanas del destino eran las encargadas de tejer un tapiz en el cual se hacía el destino, por lo tanto, para los griegos, el destino estaba predeterminado desde el nacimiento. Eran también llamadas las parcas, Átropos, Laquesis y Cloto
(2) En la película no aparece, pero por fanfiction hay muchísimas historias de esta pareja, una de las favoritas de muchos, y la mía también, además, no se me ocurría nada mejor, es lo que hay. También sé que el personaje de Hades en la película tiene poco de romántico, pero yo personalmente lo veo.
Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad , decid que os gusta y que no etc... Para acabar , me despido, hasta la próxima , y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece, así como Susan, que pertenece a Doctor Who. Los personajes de la película de Disney Hércules tampoco me pertenecen,
