Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D
Además, hay un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada.
Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.
◤El Intercambio◢
«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »
◉○ PARTE 1 ○◉
UKYO VI
«En el que Ukyo se pone las pilas»
Akane no se iba a quedar callada, por supuesto que no.
Tres segundos después de haber dejado el teléfono en su soporte, el agudo timbre del aparato empezó a sonar.
Ukyo no tardó en acallarlo; era casi media noche y por nada del mundo iba a permitir que Akane llamase la atención de nadie que pudiese ayudarla. Sin pensárselo mucho, buscó con la mirada el cable de la extensión y lo desconectó.
—A ver si sigues llamando… —se rio.
Por alguna razón, el rostro decepcionado de Konatsu apareció en su mente. Ukyo sacudió la cabeza rápidamente y decidió que ya era hora de volver a su cuarto. Además, tenía que hacer lo que todavía no había tenido la oportunidad: el tiempo se le estaba acabando, y más rápido de lo que había creído ahora que sabía que Akane quería regresar a su hogar. Tenía que averiguar todo lo que pudiese ayudarla con Ranma…
Y empezaría por su habitación.
Ukyo ya se había dado cuenta de que Akane era una muchacha muy ordenada, pero no había caído en que Akane era una adolescente que vivía con su familia, a fin de cuentas. A pesar de la pulcritud evidente de la habitación, Ukyo notó zonas donde parecía concentrarse un caos organizado: una, cerca del armario, y otra, sobre el escritorio.
En una pila despreocupada descansaban todos los libros y las libretas del instituto. Tras echarles un rápido vistazo, Ukyo comprobó que Akane ya había terminado todos los deberes que les habían puesto durante las vacaciones (y se prometió acabar los suyos tan pronto tuviera la oportunidad) y que se había hecho anotaciones en notas adhesivas sobre la resolución de los ejercicios. Este último detalle llamó su atención. ¿Sería que Akane estaba considerando ser profesora, y no estudiar literatura como se había imaginado?
Sus ojos se desplazaron por el resto del escritorio y no pudo evitar reírse al descubrir varias hojas llenas de garabatos y dibujos escondidas bajo la carpeta de la clase de arte. La mayoría de las figuras no se podían distinguir, pero a Ukyo le pareció entrañable el evidente esfuerzo que se apreciaban en las líneas de lápiz, que habían sido borradas una y otra vez para ser trazadas de nuevo de la misma manera errática.
No había nada más sobre la superficie de la mesa. Tras dudar unos segundos, Ukyo se dirigió a los cajones. Para su gran alivio, no estaban cerrados con llave. Un error por parte de Akane, porque hasta ella sabía que en su casa la privacidad era casi como un ser mitológico…
No encontró un diario ni nada parecido, para su mala suerte. Ukyo descubrió que la mayoría de los cajones estaban llenos de material escolar y todo tipo de tonterías varias que a Ukyo no le interesaban en absoluto. En el primer cajón, la única excepción, Akane parecía haber guardado recuerdos de sus amigas y una agenda que Ukyo le había visto sacar más de una vez en clase.
Era una de esas agendas que costaban más de lo que realmente valían y estaba llena de esas decoraciones kawai que tanto les gustaban a las chicas de su edad. Por alguna razón, a Ukyo no la sorprendió que Akane fuera una de esas chicas, pese a que tendía más bien a tener gustos más parecidos a los suyos como norma general.
La abrió. Incluso en una agenda, Akane era una chica bastante ordenada y utilizaba un código de colores para organizarse la semana: negro para los entrenamientos, azul para las cosas de clase, verde para los momentos de ocio y rojo para los recados que le asignaban. La mayoría de las semanas eran negras, notó Ukyo. Y el segundo color más frecuente, ahora que estaban en vacaciones, era el rojo.
Ah, pero Ukyo encontró una entrada marcada con verde.
—Kenji Shirayama… —aquel nombre le sonaba de algo. Ukyo no sabía de qué y Akane no había puesto nada más que unos números que no le dijeron nada—. ¿TBS? ¿Qué narices es TBS?
Abandonó la agenda para seguir con su investigación. El resto del cajón estaba habitado por documentos que parecían importantes y que Ukyo no se atrevió a tocar. Con un suspiro, lo cerró y miró a su alrededor.
Con la excepción de un póster de algo que Ukyo no reconocía y un corcho lleno de dibujos, fotografías y anotaciones, las paredes del cuarto estaban desnudas. Ukyo se dirigió al corcho y sonrió al ver una gran cantidad de fotos con su clase como protagonista. Debían de ser de antes de que Ukyo se hubiese inscrito en el instituto Furinkan, puesto que ella no aparecía en ninguna.
Por alguna razón, ese detalle la molestó bastante. Sobre todo, cuando notó que había otras fotos para las que ella definitivamente había estado disponible, pero en las que tampoco estaba presente.
Apartó la vista con frustración. ¿Desde cuándo le importaba que Akane la tuviese o no en su muro? Ni que fuesen amigas o algo parecido…
Sus ojos se posaron en lo que parecía un folleto informativo.
—Ah, así que tú eres Kenji Shirayama…
Se trataba de un hombre entrado en años de sonrisa gatuna. Al parecer, se iba a celebrar una feria de libros en un distrito de Tokio que Ukyo desconocía y Kenji Shirayama era el invitado estrella. De hecho, ahora entendía la entrada de la agenda: su firma de libros se llevaría a cabo de seis a siete en dicha feria.
Y Akane quería ir.
Era más que obvio.
Tal vez…
Un golpe la sacó de sus cavilaciones. Sus ojos se dirigieron al techo, de dónde provenía el sonido. ¿Tal vez era un pájaro? No, las aves se retiraban a sus nidos en cuanto se ponía el sol. A lo mejor era un gato, aunque a estas alturas del año los felinos preferían refugiarse bajo los porches de las casas más antiguas, donde hacía más fresquito.
Ukyo frunció el ceño. ¿Y si se trataba de un ladrón? ¿Y si había visto las luces encendidas de la habitación de Akane y había decidido huir rápidamente con su botín? Akane nunca sería su mejor amiga, pero Ukyo tampoco deseaba que nada malo le ocurriese. Sabía que, aunque nunca se compararía con sus propias dificultades, la familia de Akane también se preocupaba por el dinero.
Olvidándose de que solo vestía la pobre excusa que Akane consideraba un pijama, Ukyo se dirigió a su ventana y no dudó en asomarse. Tuvo que hacer malabarismos sobre el escritorio, lo que la hizo prometerse aconsejar a Akane quitarlo de allí. Puede que fuese el lugar que recibía más luz natural en toda la habitación, pero también se encontraba en una posición demasiado estratégica para cualquiera que desease entrar a la casa sin llamar la atención.
—¿Quién anda…? ¡Eeeep! —Ukyo hizo todo lo posible por no gritar. De verdad. Pero una sensación de vacío, como el que se sentía en las bajadas de las montañas rusas, le había invadido el estómago cuando una mano se cerró alrededor de su brazo y la arrastró hasta el tejado.
Había sucedido tan rápido que Ukyo se sintió mareada.
Pero ¡¿de qué iba ese ladrón, atacándola por sorpresa?! ¿Acaso creía que iba a dejarse hacer como una niñita remilgada? ¿Acaso desconocía que aquel hogar albergaba a más de un artista marcial?
Enfurecida, se giró, con cuidado de no perder el equilibrio sobre las tejas ásperas que notaba bajo sus pies.
—Pero ¿qué demonios te crees que estás…? ¿Ranma?
Ranma, a quien Ukyo había confundido con un ladrón, se rio.
—¿Quién más iba a ser, Akane?
Estaba sentado a la turca como si fuese lo más normal del mundo estar sentado en un tejado. Y ni siquiera disimuló cuando deslizó su mirada por su figura. Ukyo entrecerró los ojos.
—¿Un ladrón? ¿Un pervertido?
—¿Otra vez me vas a acusar de crímenes que no he cometido? —la sonrisa de Ranma le decía que no hablaba en serio, pero Ukyo no pudo evitar preguntarse a qué demonios se refería.
Ranma aprovechó su momento de confusión para cogerla por la muñeca para tirar de ella. Ukyo se habría dado de bruces contra el techo si Ranma, con una habilidad sospechosa, no la hubiese girado en el último momento para sentarla.
Junto a él.
Demasiado junto a él.
Tanto, que Ranma tuvo que corregir su postura para evitar agobiarla. Apoyó un brazo detrás de ella para dejarle algo de espacio, aunque, por alguna razón, Ukyo tuvo la sensación de que esa nueva posición era incluso más íntima que la anterior.
Cruzó los brazos bajo su pecho.
—¿Qué estás haciendo aquí? —se interesó con una voz más áspera de lo habitual.
Ranma la observó de reojo unos segundos antes de decir:
—Yo tampoco podía dormir.
Ukyo no tuvo que preguntarse cómo había sabido que ella estaba despierta: las luces de su cuarto. Y, tuvo que admitir con un poco de vergüenza, probablemente por todo el ruido que había hecho mientras exploraba la habitación.
—¿Akane?
Ukyo alzó la vista hacia Ranma. La miraba como si esperase algo de ella, una respuesta.
Sintió un nudo en la garganta y la necesidad de apartar sus ojos de los suyos.
Ranma se movió para encararla.
—¿De verdad estás bien? Llevas unos días de lo más rara y sé que todavía falta una semana para que… —pareció dudar de qué decir a continuación. Con una suavidad insólita la cogió por las muñecas—. ¿Estás incubando algo? ¿Es eso? ¿Acaso estás enferma?
Una de sus manos se había posado sobre su frente con cuidado. Ukyo sintió que la cara empezaba a arderle.
Oh, ¡cómo le habría gustado que Ranma se preocupase así por ella de verdad!
Pero la forma en la que Ranma se había inclinado sobre ella le había recordado que se encontraba en un cuerpo muy diferente al suyo.
Un cuerpo que no le pertenecía.
Chasqueando la lengua, apartó a Ranma de un manotazo, quien se quedó mirándola con los ojos muy abiertos.
Al cabo de unos segundos, lo escuchó resoplar, frustrado.
—Sigues molesta por lo de Shampoo —dijo, con una firmeza que no dejaba lugar a dudas—. Akane, te he dicho mil veces que yo no la invité. Sabes que jamás se me ocurría hacer eso, y menos después…
Si Ukyo no hubiese conocido tan bien a Ranma, habría dicho que el sonido estrangulado que salió de su garganta era el comienzo de un sollozo.
—Además, estuviste presente durante toda la conversación —siguió diciendo Ranma, optando por tomar un rumbo con el que se sentía mucho más cómodo. Ukyo lo notó en sus hombros, que seguían tensos, pero no tanto como antes—. Que duró más o menos como cinco segundos. Estabas conmigo cuando Shampoo se marchó…
—La echaste —se sorprendió diciendo Ukyo—. No se marchó, tuviste que echarla. ¿Por qué?
Ranma parpadeó.
—¿De… verdad… me estás preguntado eso? —algo en su tono de voz cambió. Ukyo, de repente, tuvo dificultades para tragar–. ¿Acaso querías que la invitara a tomar un té? ¿Después de todo lo que hizo?
Ukyo resopló. Aunque no sentía ningún cariño por Shampoo, fue difícil no sentirse ofendida por ella.
—Por favor, el dojo ya está arreglado. No puedes…
—Sabes perfectamente que no me refiero a lo que ocurrió en la boda.
No, Ukyo no tenía ni idea de a qué se refería. La sutil amenaza que se distinguía en sus palabras (pero no hacia ella, nunca hacia ella) evitó que preguntara por más detalles. Si era algo que Akane ya sabía y que a Ranma no le gustaba ni mencionar…
Mejor no arriesgarse.
Se aclaró la garganta. Ranma debió de notar que su actitud la ponía incómoda, porque enseguida regresó a sentarse sobre el tejado y la observó con los ojos muy abiertos.
—A veces eres demasiado buena, Akane —murmuró.
Ukyo, que estaba harta de que todo el mundo le recordase que Akane era perfecta, apretó los labios.
Entonces recordó la idea que se le había ocurrido antes de que hubiese confundido a Ranma con un ladrón.
Y sonrió.
—¿Tegustaríaacompañarmeaunsitiomañana? —preguntó. Sabía que se había puesto roja y que, a juzgar por su ceño fruncido, Ranma no había entendido ni una sola palabra. Mientras lo repetía, Ukyo estaba segura de que estaba a un paso de brillar de la vergüenza. Carraspeó—. Hay una firma de libros…
Si Ukyo no hubiese estado tan concentrada en tratar de no balbucear, habría notado la extraña sombra que había cruzado el rostro de Ranma al oír sus palabras.
Ay, pero, pese a su difícil crianza y a su corazón endurecido por las adversidades, Ukyo seguía siendo una chica sin experiencia en el amor. Sí, en varias ocasiones le había pedido salir a Ranma y había intentado más de una treta inapropiada con el chico que le gustaba, pero…
Era la primera vez que Ukyo lo hacía sin recurrir a ningún tipo de engaño.
Era la primera vez que Ukyo ponía su corazón a su disposición.
Los largos segundos de silencio que siguieron a su comentario, sin embargo, la hundieron en la miseria. Quizás había malinterpretado todo y Ranma no se sentía tan a gusto con Akane como ella se había imaginado. Quizás…
—Está bien —la voz de Ranma, grave y masculina, la devolvieron a la realidad. Ranma la observaba como si se tratara de un gran enigma que quisiera resolver—. Es a las cinco, ¿no?
—A las seis —lo corrigió. Una alarma se disparó en el fondo de su consciencia, pero no era tan raro que Ranma supiese a qué evento se refería. Seguramente había visto el cartel promocional de camino a alguna parte—. ¿De verdad vas a venir conmigo? —no podía evitar pensar que quizás se lo había imaginado.
Ranma sonrió, aunque había algo en el gesto que a Ukyo le pareció extraño. Quizás era porque había pasado tanto tiempo desde que Ranma la había mirado con algo que no fuese una mueca displicente…
—Claro —le dijo. Y por alguna razón, Ukyo se estremeció al escuchar la extraña tranquilidad de su voz—. Te he dado mi palabra, ¿no?
Ukyo asintió y le ofreció lo que esperaba que fuera una sonrisa entusiasmada.
Minutos más tarde, mientras Ranma la ayudaba a regresar a su habitación, todavía se preguntaba por qué, de repente, estar cerca de Ranma le causaba tanta incomodidad.
No fue hasta segundos antes de quedarse dormida que halló la respuesta.
Ranma, durante los últimos minutos de su conversación, la había mirado como si fuese una completa desconocida.
N/A: ¡ESTOY QUE ME SALGO! ¡Al paso que voy, voy a acabar la parte de Ukyo prontísimo! Sigo sin hacer promesas porque todo puede torcerse en cualquier momento, pero mira, no voy a negar que me estoy haciendo ilusiones ^^
¿Qué pensáis de este capítulo? ¿Os hacéis una idea de cuál será el plan de Akane para volver a casa? ¿Descubrirán pronto qué narices es lo que ha hecho Shampoo para que acabaran en esa situación? ¿Y Ranma? ¿Por qué está tan raro de repente?
Muchas gracias a los que habéis comentado en el último capítulo. ¡Vuestros reviews me animan mucho!
