Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D
Además, hay un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada.
Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.
◤El Intercambio◢
«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »
◉○ PARTE 1 ○◉
UKYO VIII
«En el que pasan cosas. Algunas más importantes que otras»
Ukyo durmió aproximadamente tres horas antes de que una pesadilla la despertara. Su subconsciente había recordado algo que ella había pasado por alto la noche anterior: Nabiki estaba de vacaciones con sus amigos de la universidad y, aunque nada tenía por qué salir mal, la única forma que tenían para contactar con ella era el teléfono que Ukyo había desconectado sin escrúpulos solo porque tenía miedo de que Akane lo estropeara todo.
Con el corazón desbocado y la respiración agitada, Ukyo se dirigió tan rápido como era capaz y sin hacer ningún ruido al recibidor, donde volvió a conectar el aparato a la toma.
Suspiró. Solo esperaba que, en las horas que había permanecido desconectado, no hubiese ocurrido nada grave.
Y que Akane no decidiese volver a llamar en medio de la noche.
Regresó a su cuarto, pero le fue difícil conciliar el sueño. Y, cuando por fin lo consiguió, apenas descansó, pues en sus sueños siempre sonaba un teléfono y era Ranma quien contestaba la llamada.
Por eso, cuando el familiar timbre de un teléfono irrumpió en el piso de abajo, Ukyo pensó que seguía soñando. Pero sus ojos se fijaron en los cálidos rayos de sol que se colaban por la rendija que había quedado entre las cortinas y sus oídos en el alegre piar de los pájaros del jardín.
Alguien estaba llamado.
Y esta vez de verdad.
—¡Yo lo cojo! —exclamó, poniéndose de pie de un salto y saliendo a toda velocidad de su habitación. Cuando llegó al recibidor, se dio cuenta de que no tendría que haberse dado tanta prisa: la única persona que estaba despierta tan pronto era Kasumi, que, a juzgar por los sonidos que salían de la cocina, tenía las manos ocupadas—. Residencia de los Tendo, ¿dígame?
—Acabaré contigo cuando vuelva a Nerima —la saludó Akane. No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que estaba enfadada. Muy enfadada—. Da gracias que no te he quemado el local, Ukyo Kuonji. Da gracias que…
—Oh, señora, creo que se ha equivocado de número —Ukyo esbozó una sonrisa condescendiente cuando Kasumi salió al pasillo a preguntarle quién había llamado tan pronto—. No, no somos la clínica del doctor Aisaka. No…
—¡Ukyo! —Akane sonaba furibunda—. ¡Te exijo que me dejes hablar con Kasumi! ¡O con Ranma! ¡Incluso con mi padre!
—No, señora —Ukyo siguió sonriendo—. No sé cuál es el número de la clínica del doctor Aisaka. ¿De Akita, dice que es? Verá, ha llamado usted a un número de Tokio…
—¡Ukyo!
—De nada, señora —Ukyo puso los ojos en blanco cuando Kasumi la miró con el ceño fruncido—. Espero que encuentre pronto el número…
—¡Ukyo!
Ukyo colgó.
El teléfono volvió a sonar menos de un segundo después.
—Residencia de los Tendo, ¿dígame? —repitió, a sabiendas de que se trataba de Akane de nuevo. Cuando la chica soltó un improperio dirigido a ella, soltó una rica carcajada—. Oh, señora, ha vuelto usted a llamar al número de antes.
—Eres una desvergonzada hija de…
—Oh, tranquila. No ha sido ninguna molestia.
Colgó. Pero esta vez no esperó a que Akane la volviera a llamar, no. Se aseguró de dejar el interruptor sin presionar, de manera que fuese imposible recibir llamadas hasta que alguien lo volviera a poner en su posición correcta.
Suspiró, aliviada. Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que alguien se diese cuenta de su descuido, pero, al menos, había ganado unos minutos.
Unos minutos muy valiosos, porque sabía que pronto Okonomiyakis U-chan se vería inundado de pedidos de desayuno.
A la gente de verdad, de verdad, que no le gustaba cocinar en verano.
Y Konatsu jamás la dejaría a su suerte.
Sonrió.
—¿Va todo bien?
Kasumi todavía la miraba con curiosidad.
Ukyo le sonrió.
—Era una anciana de Akita que se había confundido de número —se encogió de hombros.
Kasumi no pareció darle más importancia al asunto.
—¿Despiertas a Ranma? El desayuno estará servido enseguida.
—¡Claro!
Ukyo no se atrevió a cometer el mismo error del día anterior y se dirigió a la habitación de Ranma con cautela. Sabía que no podía acercarse tanto como la última vez y que lo mejor era guardar las distancias. Abrió la puerta…
Y se dio de bruces contra Ranma.
—Estás despierto —murmuró con sorpresa. Jamás se hubiese imaginado que Ranma no aprovecharía la más mínima oportunidad para dormir hasta tarde—. Kasumi…
—Ya la he oído —Ranma la miraba con el ceño fruncido—. ¿Quién ha llamado tan pronto, Akane?
—Oh… —Ukyo repitió la mentira que le había contado a Kasumi. Cuando terminó, soltó una risita nerviosa—. ¿Vamos a desayunar? Me estoy muriendo de hambre…
Ranma arqueó una ceja.
—¿No te vas a cambiar?
Ukyo bajó la mirada y se sonrojó al recordar que no había tenido tiempo ni de lavarse la cara. Murmurando una disculpa (y maldiciendo a Akane para sus adentros), se retiró a su cuarto y se aseó. Cinco minutos después, mientras ayudaba a Kasumi a poner los cubiertos sobre la mesa, pensó en lo que la esperaba aquella tarde y no pudo evitar sonreír ampliamente.
—Vaya, Akane —la voz de Soun Tendo la sacó de su ensimismamiento—. Hoy tienes mucho mejor aspecto. ¿Ya te encuentras bien?
—Sí, muchas gracias, eh… padre —Ukyo hizo una mueca. Siempre había tenido la impresión de que Akane era una de esas chicas que todavía llamaban a su padre «papá»—. ¿Ha…s … sabido algo de Nabiki?
No podía olvidar las horas que el teléfono había permanecido desconectado. Haciéndose una nota mental de colocar bien el aparato cuando terminara el desayuno, Ukyo escuchó con atención cómo el señor Tendo se lamentaba por su hija mediana.
—¡Oh, Akane! ¡Sabía que no tendría que haber permitido que se marchara a otra ciudad para estudiar! ¡Ahora ni siquiera la vemos durante las vacaciones! —el padre de Akane se secó las comisuras de los ojos con un pañuelo que había sacado de su bolsillo—. Y pensar que pronto tú…
El señor Tendo rompió en lágrimas. Ukyo se acercó a él para darle palmaditas en la espalda; recordaba que, cuando su propio padre aún vivía, aquel gesto era el que había utilizado miles de veces para consolarla.
—Ya está, ya está…
Una risita hizo que levantara la vista hacia Ranma, que la observaba mientras se servía una humeante taza de té, y que ella también tuviese que disimular con un rictus serio. Kasumi, dándose cuenta de su situación, les preguntó qué iban a hacer ese día.
—Papá tiene médico esta tarde y voy a acompañarlo —Kasumi anunció con un brillo especial en la mirada—. Probablemente tardemos un poco.
—Oh…
—Y vosotros ibais a salir, ¿no? ¿Teníais que ir a un museo, o algo así?
Ukyo aspiró tan rápido que casi pareció un siseo. Miró a Ranma. ¿Acaso se lo había dicho durante los cortos minutos que ella había tardado en cambiarse el pijama? Ranma siempre le había parecido un chico bastante reservado, por lo que dudaba que hubiese aireado sus planes a la hermana mayor de Akane. Y, a juzgar por la extraña mueca que se esforzaba por disimular, Ukyo tenía razón.
La otra opción es que Kasumi ya hubiese estado al tanto de sus planes, lo que abría paso a un montón de preguntas que Ukyo no quería contestar. Al fin y al cabo, si Akane y Ranma ya habían quedado para salir aquella tarde, Ranma se lo habría dicho la noche anterior, ¿no?
—… han reducido los horarios para esa zona así que tendréis que tener mucho cuidado con los trenes —Kasumi había seguido hablando sin darse cuenta de la repentina tensión que había invadido el cuerpo de su hermana—. Yo no me arriesgaría con el último tren a Nerima, a menos que queráis pasar la noche...
Ukyo pensó en Ranma y en la extraña actitud que había adoptado para con ella después de haberle pedido salir. Hasta ahora, había achacado su comportamiento a los nervios, a la vergüenza o a cualquier otra cosa igual de estúpida, pero si Akane ya…
—¡Eh!
A Ukyo le costó varios segundos entender que había sido ella quien había gritado. Y un par más para entender por qué. Los suaves pantalones cortos que había escogido aquella mañana para combinar con la camiseta fucsia que había encontrado en el fondo del armario de Akane estaban empapados.
Alguien (Ranma) estaba tosiendo con vehemencia, como si se hubiese atragantado.
—¡Oh, Akane! ¿Te has quemado? Rápido, vamos al baño a quitarte eso…
—Ranma, hijo, a veces no entiendo cómo puedes ser tan torpe con todo tu entrenamiento…
—¡Cuánto lo siento! Akane, ¿estás bien? No creía que el agua estuviese todavía tan caliente…
Kasumi prácticamente la había arrastrado hasta el cuarto de baño y no fue hasta que la empujó contra la ducha que Ukyo fue capaz de reaccionar.
—¿Qué…?
—Échate agua en las piernas, Akane —le dijo Kasumi con severidad—. El té estaba caliente. Si te has quemado…
—Oh, no, no me he quemado —sí sentía que el líquido que se había derramado sobre sus piernas estaba bastante caliente, pero no lo suficiente como para que le hubiese quemado la piel. Es más, ahora que empezaba a enfriarse, más que dolor sentía una extraña sensación tirante—. Kasumi, estoy bien, gracias —solo tenía unas ganas tremendas de darse una ducha.
Kasumi pareció leer sus pensamientos.
—¿Por qué no te das una ducha rápida? Yo subiré tu cuarto a por una muda de ropa. No tardo nada.
Fiel a su palabra, unos minutos después, Kasumi tocó la puerta y pidió permiso para entrar. Ukyo la esperaba con una toalla envuelta a su alrededor.
—He creído que un vestido te resultaría más cómodo —Kasumi le enseñó un vestido de flores que a Ukyo no la disgustaba del todo—. Puede que no te hayas quemado, pero es evidente que sí te ha quedado la piel un poco sensible…
Se refería a las manchas rojas que habían aparecido sobre sus piernas. Apenas eran perceptibles si uno se fijaba en ellas y Ukyo sabía que desaparecerían en unas horas; al fin y al cabo, había recibido quemaduras peores en la cocina y nunca había tardado demasiado en volver a la normalidad.
Kasumi, sin embargo, parecía más preocupada.
—Tengo un ungüento en mi habitación que podría ayudarte…
—Oh, no te preocupes…
—No seas tonta —Kasumi la miró como si, en efecto, su cociente intelectual estuviese por debajo de la media y fuese culpa suya—. Esta tarde tienes una cita con Ranma. Recuerdo el conjunto que escogiste. Es imposible que no te importe el aspecto de tus piernas en estos momentos.
Ukyo, que se había puesto roja como un tomate al escuchar la palabra «cita», balbuceó algo que ni ella misma supo interpretar.
—Oh, no me vengas otra vez con eso de que «no es una cita» —Kasumi se rio y, esta vez, el sonido de verdad que rozó la burla—. Si no es una cita, ¿cómo es que Ranma está tan nervioso que te ha tirado el té encima?
—Ranma no…
Kasumi arqueó una ceja castaña.
—No es una…
—Ajá.
—Hmpf.
Ukyo sabía que estaba luchando una batalla perdida.
El resto de la mañana transcurrió sin más contratiempos: Ukyo volvió a la salita para terminarse el desayuno, Ranma se disculpó con ella, muy preocupado, y Soun derramó unas cuantas lágrimas más, para lo que Ukyo no tenía explicación.
Tras desayunar, recordó conectar el teléfono y suspiró de alivio cuando nadie los llamó inmediatamente. Y, más tarde, cuando hubiese terminado de ayudar a Kasumi a recoger y limpiar los platos del desayuno, se dirigió a su cuarto. Ya había puesto un pie en las escaleras cuando vio que Ranma la observaba con expresión culpable apoyado en el umbral de la puerta, a lo que ella le sonrió para dejarle claro que se encontraba bien.
Las siguientes horas pasaron demasiado rápido y, al mismo tiempo, se le hicieron eternas. Para cuando dieron las cuatro, el momento en el que habían decidido salir de casa para aprovechar la tarde, Ukyo tenía la sensación de que había esperado una eternidad y media, aunque en realidad había tenido que darse prisa para arreglarse con la ropa que Akane ya había escogido por ella.
—¿Vamos? —preguntó con un ligero hormigueo recorriéndole el cuerpo cuando bajó al recibidor.
Ranma, que también se había cambiado de ropa, pero no había hecho un esfuerzo tan evidente como ella, asintió.
—¿Ranma? ¿Puedes venir un momento?
Ranma suspiró. Ukyo, que nunca había visto al padre de Akane en otro lugar que no fuese la sala o el porche, se sorprendió al ver a Soun de pie en medio del recibidor. Parecía un hombre completamente diferente cuando no se encorvaba sobre sí mismo para llorar: alto, con los cabellos todavía oscuros y los músculos fibrosos asomándose por el cuello de sus ropas de entrenamiento, parecía un hombre formidable y fuerte al que nadie querría llevarle la contraria.
Ni siquiera Ranma. A su lado, Ranma seguía pareciendo un muchacho.
—Tú y yo teníamos un trato, hijo —comentó Soun con los brazos cruzados sobre el pecho—. Espero que no lo hayas olvidado.
Ranma chasqueó la lengua, molesto, y por un segundo Ukyo creyó que saltaría como un resorte a defenderse y lanzar improperios; Ranma era muchas cosas, pero ella había visto cómo trataba a su propio padre y sabía que «respetuoso con los mayores» no era una de ellas.
Pero Ranma suspiró y miró a Soun a los ojos, casi con aspereza.
—Por supuesto que no lo he olvidado, señor —pronunció, como si pensar si quiera lo contrario fuese un insulto a su orgullo.
Ukyo parpadeó cuando Soun asintió con solemnidad y se preguntó por qué diantres Kasumi la estaba mirando con una complicidad que no entendía. Fuera como fuere, Ukyo no tuvo la oportunidad de pensar más en el asunto, porque llegó el momento de ponerse en marcha, como Ranma le hizo saber inmediatamente.
Todavía con la cabeza en aquellos últimos minutos en la casa de los Tendo, Ukyo casi ni notó el paso apresurado que habían adoptado. Para cuando quiso darse cuenta, ya habían llegado a las afueras del barrio y se dirigían rápidamente a la estación de tren.
A Ukyo le pareció que, a medida que dejaban Nerima cada vez más lejos, Ranma aminoraba la velocidad, como si su única intención hasta el momento fuese dejar la mayor distancia posible entre ellos y su hogar.
Y, si le hubiesen preguntado, habría dicho que, lejos de las miradas de sus familiares, Ranma parecía mucho más relajado. Ukyo no se había dado cuenta de lo tenso que había estado Ranma hasta ahora, cuando, en un suspiro, la rigidez había abandonado su cuerpo.
Sin saber muy bien por qué, preguntó:
—¿Estás bien?
Y la sonrisa que apareció en el rostro de Ranma le dijo todo lo que necesitaba saber.
N/A: Je. Otro capítulo que se me ha resistido y con el que nunca quedaré conforme. Espero que a vosotros, al menos, sí que os guste un poco.
¿Qué opináis de lo que ha pasado? ¿Tenéis sugerencias para la cita-no-cita que tendrá lugar en el próximo capítulo? ¡Recordad que solo quedan dos más para llegar a la parte de Akane!
Por cierto, a todos los que habéis dejado review como invitados... ¡muchísimas gracias por tomaros el tiempo de comentar! Todas vuestras opiniones son muy importantes para mi ^^.
