Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D

Además, hay un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada.

Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.


◤El Intercambio◢

«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »


◉○ PARTE 1 ○◉


UKYO IX

«En el que una cita tiene lugar»


Ukyo estaba cansada; ahora que se encontraba junto a Ranma en el interior de un vagón en el que había dos asientos libres esperándolos, empezaba a notar las pocas horas de sueño que había conseguido la noche anterior. Además, el entusiasmo por su cita había dado paso a una sensación extraña en la boca del estómago que se parecía mucho a los nervios, pero que Ukyo sabía que era algo más, algo un poco más oscuro en lo que prefería no pensar.

(Se parecía mucho a ese cosquilleo en la nuca que siente uno cuando lo están observando. O cuando sabes que algo va a salir irremediablemente mal, te esfuerces lo que te esfuerces por evitarlo).

En cambio, sí quería pensar en lo que le deparaba aquella tarde. Tendría que asistir a la firma de libros, por supuesto, porque ese era el deseo de Akane, pero, sin duda, podría ir a cualquier otra parte, ¿no? Ukyo no conocía esa parte de la ciudad (Tokio era muy grande, su restaurante, muy pequeño, y el tiempo que tenía libre alcanzaba magnitudes microscópicas, por lo menos), pero se imaginaba que el Centro de Exposición Internacional (1), un edificio tan importante, estaría rodeado de cafeterías donde pasar el rato.

Los sitios importantes era buenos sitios para afincarse.

Al menos, eso le decía su intuición de propietaria de negocio.

Ukyo no se dio cuenta en qué momento se quedó dormida, pero sí notó el segundo exacto en el que se despertó: el tren se había detenido con más fuerza de lo normal y su cuerpo se había precipitado hacia adelante con el movimiento. De no haber sido por Ranma, que había extendido un brazo sobre su pecho, Ukyo estaba segura de que se habría dado de bruces contra el suelo.

—¿Has descansado? —le preguntó el chico con una sonrisa sobre la que muchas jóvenes debían haber sido advertidas por sus madres; se trataba de un gesto travieso que, por algún motivo, hizo que Ukyo sintiese unas repentinas ganas de mirar a otra parte—. Tienes un sueño bastante profundo, ¿lo sabías?

Por supuesto que no. Pero Ukyo, a falta de algo mejor, respondió:

—¿Qué?

Ranma emitió una risita que le crispó los nervios.

—Has dormido casi una hora en un tren de alta velocidad, lleno de gente —puso los ojos en blanco.

Por primera vez, Ukyo se percató el incesante zumbido que los rodeaba, causado tanto por la velocidad a la que se movía el tren como por el constante murmullo de las personas que se encontraban en su interior.

O Akane era una de esas personas capaces de dormir en cualquier parte, en cualquier situación, o Ukyo de verdad había estado cansada.

Se sonrojó.

—¡¿Me has dejado dormir durante casi una hora?! —se quejó.

Ranma volvió a reírse e hizo algo que definitivamente no era bueno para su corazón desbocado: con cuidado, y con un brillo sospechoso en la mirada, acercó un nudillo a la comisura de sus labios.

—Babeas cuando duermes —fue lo único que le dijo.

Ukyo, poniéndose de un absurdo tono de rojo, lo apartó de un manotazo.

Si no hubiese estado tan concentrada en ignorar las miradas de censura que estaba recibiendo de la mayoría de sus vecinos de vagón, tal vez se habría dado cuenta de que Ranma fruncía el ceño con confusión.

Si no hubiese estado tan concentrada en estudiar el cálido hormigueo que se había extendido por su piel desde el punto exacto en el que la había tocado, quizás habría notado el ligero gesto decepcionado que, por un segundo, había cruzado el rostro de Ranma.

Y si no hubiese estado tan concentrada en recuperar la calma, es posible que se percatara de que Ranma la miraba de arriba abajo con preocupación.

(Ay, pero Ukyo no estaba prestando atención a nada ajeno a sus pensamientos).

En un día normal, el trayecto entre la estación de Nerima y la estación Kokusai-Tenjijo había exactamente sesenta y dos minutos. Sin embargo, estaban en verano y el Gobierno había aprovechado para realizar obras muy necesarias en la vía, por lo que, tal y como Kasumi les había avisado, habían reducido horarios y añadido desviaciones que aumentaban hasta en media hora la duración de aquel viaje.

Ya era media tarde cuando llegaron a su destino y resultó, no tan sorprendentemente teniendo en cuenta la estación (2), que también era el caso de todas las personas que quedaban en el vagón. Salir del tren fue una verdadera odisea: la gente empezó a empujarse y Ukyo tuvo que moverse rápidamente fuera del alcance de varios codos errantes que amenazaron con perderse entre sus costillas.

—¡Cuidado con esas manos, señora! —exclamó.

Por eso odiaba el transporte público. Recordó en el mismo instante en el que una mano se cerraba alrededor de su muñeca que apenas hacía uso de él porque no soportaba que muchos hombres utilizaran la falta de espacio personal como excusa para tocarla sin su permiso.

Justo cuando se disponía a soltarse de una sacudida, el propietario de aquel ofensivo miembro tiró de ella.

Ukyo se giró rápidamente con un puño en alto.

—¡Si no me sueltas ahora mismo te juro que…!

—Que soy yo, Akane —Ranma envolvió su puño con su mano libre al mismo tiempo que soltaba la otra—. No quería que nos separáramos demasiado —añadió, dándole un ligero apretón.

Más tarde, cuando hubiera relajado la mano y Ranma entrelazase sus dedos con los suyos, se lo devolvió.

El Tokyo Big Sight estaba a rebosar cuando llegaron. Con una estructura que le permitía albergar desde conferencias hasta eventos, siempre se celebraba algo que interesaba a la gente, por lo que nunca estaba falto de visitantes.

Ukyo se preguntó si habría algo de interés para ella en aquel lugar. Tal vez hiciesen alguna conferencia para emprendedores como ella. O hasta una feria gastronómica a la que Ranma pudiese acompañarla; la comida siempre había sido un aliciente para el chico y seguramente era algo en lo que Ranma estaría genuinamente interesado.

—¿Por qué no buscamos la caseta (3) de ese tal Kenji? —propuso Ranma, sacándola de sus ensoñaciones, cuando entraron al edificio—. Todavía es pronto, pero si de verdad es tan famoso tal vez haya cola y todo para entrar.

—Claro —parecía un plan razonable, aunque Ukyo no estaba interesada en lo más mínimo en Kenji Cómo-se-llame—. Mira, ahí hay un mapa. Tal vez encontremos algo…

En seguida les quedó claro que Kenji Shirayama era tan famoso como habían sospechado, pues incluso a una hora de que comenzara el evento ya se había formado una fila de gente bastante extensa.

Ukyo, temiéndose las largas horas que pasaría de pie, gimió.

—Preguntemos quién es el último —le dijo Ranma. Y eso hicieron. Después se pusieron detrás de la mujer que les había contestado con amabilidad que la última en llegar había sido ella—. Quédate aquí, ¿vale? Vuelvo en un momento.

Ukyo frunció el ceño.

—¿A dónde vas?

—Si vamos a estar aquí tanto tiempo como creo —señaló el mar de gente que había por delante de ellos, y luego a su alrededor—, necesitamos recuperar fuerzas. Creo que he visto una máquina de refrescos en la entrada…

—Oh, está bien…

Ranma se alejó después de darle un último apretón.

—¿Es tu novio?

Ukyo dio un respingo cuando se dio cuenta de que la pregunta la habían dirigido a ella.

Se trataba de la mujer de antes, que le sonreía con picardía.

—¿Qué? —empezaba a notar los comienzos de un rubor sobre su rostro.

—Ese chico —señaló con la barbilla la dirección en la que se había ido Ranma—. ¿Es tu novio?

Lo primero que se le ocurrió responder fue un «¿y a ti qué te importa?» que a Ukyo le pareció bastante razonable. Al fin y al cabo, no conocía de nada a aquella mujer, que en realidad era bastante más joven de lo que le había parecido en una primera instancia.

Pero…

La mujer estaba sola. Tal vez se aburría tanto que hablar con una desconocida le había parecido perfectamente razonable: Ukyo no era extraña a ese tipo de situaciones. A estas alturas, se sabía todo lo que ocurría en las vidas de la mitad de los clientes que visitaban su restaurante.

Se obligó a sonreír.

—No, Ranma no es… —le costaba pronunciar esa palabra sin titubear.

La mujer debió de notarlo, porque enseguida le ofreció una mirada comprensiva.

—Oh, ya entiendo. Quieres que lo sea.

Ukyo no se atrevió a negarlo.

—Es un chico muy guapo, ¿sabes? —por supuesto que lo sabía, pero la mujer siguió hablando antes de que pudiese decir nada—. ¿Dónde lo has encontrado? Los chicos de mi barrio no son para nada tan atractivos. Ni tan altos. Ni tan fuertes —se lamentó.

Ukyo hizo una mueca. Era muy consciente de que Ranma era uno entre muchos pocos.

—Vamos juntos a la escuela —respondió—. Lo conozco… desde siempre. O al menos eso me parece a mí.

—Ah, así que se trata de un amigo de la infancia —comentó la mujer, como si eso lo dijese todo—. Dicen que esos son los mejores.

—¿Los mejores?

—Los mejores novios, por supuesto —la mujer se rio cuando Ukyo se puso de un brillante tono de rojo—. Qué adorable eres. Seguro que ese chico está loquito por ti.

—Oh, no creo que Ranma…

—Hablando de Ranma, porque deduzco que así se llama, ¿no es él ese que viene por ahí?

Ukyo se giró para ver que, en efecto era Ranma quien se acercaba a ellas. Las dos chicas que se habían puesto detrás de ella se quejaron cuando las adelantó, pero en seguida se sonrojaron cuando Ranma se paró a explicarles que estaba con ella.

—Un rompecorazones, ¿eh? —oyó que comentaba la mujer.

Y Ukyo no pudo evitar darle la razón.

— Toma, te lo he pedido con fresas y chocolate—dijo Ranma a modo de saludo.

Ukyo parpadeó cuando Ranma puso frente a sus narices un crep enroscado que, en efecto, estaba cubierto de fresas y chocolate.

—¿De dónde has…?

—Había un puesto cerca de las máquinas. He creído que tal vez te apetecía más comer algo. Acaso… ¿me he equivocado? Porque si no tienes hambre siempre me lo puedo comer yo, aunque sea un dulce demasiado femenino y…

—¿Ranma? —lo calló Ukyo, cogiéndolo por las muñecas para acercarse el postre a la boca. Sin saber muy bien porqué, y sintiéndose victoriosa cuando vio a Ranma tragar saliva, le dio un mordisco sin apartar la mirada de la suya—. Muchas gracias.

Ranma, como toda respuesta, gruñó algo que Ukyo no alcanzó a entender.

La cola avanzaba lentamente. El crep desapareció más rápido de lo que a Ukyo le habría gustado admitir y pronto se vio obligada a conversar con la mujer de antes sobre el autor. Como Ukyo no tenía ni idea de quién era aquel hombre, ni mucho menos de los libros que había escrito, se limitó a asentir con la cabeza y a decir «tienes razón» de vez en cuando. La mujer, o Nagisa Mizuno, como se presentó en medio de la conversación, parecía contenta solo de tener a alguien que escuchase su opinión sobre «lo bien definidos que estaban los personajes femeninos» en la última novela que se había leído, así que tampoco pasaba nada.

Pero Ranma, en determinado momento, rodeó su mano con la suya para darle un ligero apretón. Cuando Ukyo lo miró, susurró:

—¿Estás bien? Hoy estás muy callada.

Y Ukyo, halagada por su preocupación y menos dispuesta a mentir que en otras ocasiones, se encogió de hombros antes de admitir que estaba un poco cansada, pues apenas había dormido la noche anterior.

La cola avanzaba lentamente, pero avanzaba. Pronto fue Nagisa Mizuno quien se acercó a un señor entrado en años con un libro en la mano y una sonrisa resplandeciente iluminándole el rostro. A Ukyo no le pareció que Kenji Shirayama le dedicara mucho tiempo, ni su completa atención. Es más, cuando fue su turno, Ukyo tuvo la sensación de que el tiempo pasaba muy rápido. O tal vez era que el autor, harto de firmar libros, dar la mano y hacerse fotos con sus fans, empezaba a hacerlo todo a mayor velocidad.

Minutos más tarde, con una instantánea guardada en un pequeño sobre de cartón que le ofrecería a Akane como símbolo de buena fe cuando todo volviera a la normalidad, Ukyo comentó que debían aprovechar el tiempo y ver qué tenían que ofrecer los otros autores antes de volver a casa.

Ranma, para su absoluto asombro, ni siquiera se quejó. Se limitó a cogerla de la mano y permitir que ella marcara la dirección que debían seguir.

Ukyo se pasó el resto de la tarde intentando no pensar en que hacía demasiado calor como para ir cogidos de la mano, incluso con el aire acondicionado del recinto en el que estaban. Una vez se había repuesto de la conmoción ocasionada porque Ranma la había cogido de la mano, un millón de dudas habían surgido en su mente: ¿y si le sudaban las manos? ¿y si a Ranma le daba asco? ¿y si decidía que nunca jamás se acercaría a ella por esa razón?

Pero Ranma no parecía molesto en absoluto, salvo por el ligero rubor que lo cubría cada vez que tenía que ajustad la posición de su mano entorno a la de ella. De vez en cuando le señalaba una caseta de libros a mitad de precio y la animaba a explorar puestos de autores de los que Ukyo jamás había oído hablar. En una ocasión hasta le enseñó un libro de «recetas fáciles» con una sonrisa traviesa en los labios, pero Ukyo se esforzó por no parecer interesada en lo más mínimo y lo rechazó con una mueca que esperaba fuera convincente.

Intentó interesarse en los romances trágicos que tanto le gustaban a Akane y, tras curiosear las sinopsis impresas en las contraportadas, no pudo evitar reconocer que aquellos libros parecían buenos. O, por lo menos, lo suficientemente complicados como para entretenerla un buen rato.

—Oh, mira, hay una oferta de dos por uno. Tal vez debería…

Mientras Ukyo se deshacía en una perorata sobre los pros y contra de comprarse dos novelas con tramas extremadamente parecidas, Ranma la observaba con absoluta adoración. Incluso cuando era evidente que no entendía nada de lo que estaba diciendo y fruncía el ceño, completamente aturdido.

Había encendido luces decorativas cuando se dieron cuenta de que la tarde estaba llegando a su fin. Ukyo y Ranma caminaban despacio entre las callejuelas que creaban las casetas de los autores y sus editoriales, disfrutando de la satisfacción que solo puede generar la certeza de haber cumplido un objetivo. Aunque no habían visitado todos y cada uno de los puestos, Ukyo podía afirmar sin miedo que, al menos, sí que se habían acercado a la mayoría de los más importantes.

Ya en la salida, Ranma se detuvo.

—¿Akane? —Ukyo tuvo que inclinar la cabeza para poder mirarlo de lo cerca que estaba—. ¿Te… lo has pasado bien?

Ukyo parpadeó.

—No he podido evitar notar que estás un poco rara —comentó. Ukyo sintió una caricia en un lado del rostro y tuvo que contener un jadeo—. Desde hace un par de días. Creía que simplemente era… —Ranma pareció pensarse lo que iba a decir a continuación. Se aclaró la garganta—. ¿Al menos te ha animado un poco la salida de hoy?

Parecía avergonzado. Ukyo no tardó en reconocer el esfuerzo que había hecho por asegurarse de que estaba bien, de que en realidad se había divertido con él.

Sonrió.

Alzando un poco la barbilla para verlo mejor, Ukyo sintió que un cosquilleo le recorría las palmas de las manos.

Tenía la boca seca. Cuando Ranma la miraba así, como si solo existiera ella y nada a su alrededor le importase lo más mínimo, Ukyo se sentía incapaz de hallar su voz.

Se limitó a asentir.

Ranma, a meros centímetros de distancia, imitó su sonrisa con timidez. Aunque, a medida que Ukyo sentía que sus mejillas se incendiaban, Ranma pareció ganar confianza y la mueca se hizo más amplia.

Ukyo se perdió unos instantes en su mirada. Bajo aquella luz artificial e insuficiente, sus ojos parecían dos pozos oscuros que albergaban misterios que solo ella podía resolver.

—¿Ranma? —pronunció al notar que sus rostros se acercaban…

Y, de repente, Ukyo sintió que algo frío y viscoso se deslizaba por sus piernas.

Ranma se apartó rápidamente de ella y Ukyo echó de menos su cercanía antes que instantáneamente.

—Pero, ¡¿qué?!

—Oh, disculpe, señorita —una vocecita infantil que pronto identificó como la causante de su situación se disculpó—. ¿Está bien?

Ukyo contuvo las ganas de gritar de frustración.

—¡Fumika! ¡Te he dicho miles de veces que no vayas corriendo por ahí! ¡Mira lo que has hecho! —la madre de Fumika se agachó en una avergonzada reverencia—. Ruego que me disculpen, jóvenes, mi hija…

—No se preocupe —contestó Ranma por ella—. Los niños necesitan correr y son muy activos. Estas cosas pasan.

—No saben cuánto lo siento —la madre se había sonrojado violentamente. Miró a Ukyo e hizo una mueca al notar sus piernas—. Oh, querida, si me da su información puedo pagarle la tintorería…

—Bobadas —Ukyo no estaba en absoluto contenta con lo que había sucedido, pero eso no significaba que fuese a aprovecharse de la amabilidad de nadie—. Iré al baño a ver qué puedo hacer, pero no es necesario que se moleste. Seguro que, con un buen lavado, esto desaparece sin ningún problema…

Suspiró con frustración.

Sabía que las cosas estaban yendo demasiado bien: Ranma se había comportado como todo un caballero durante toda la tarde, había aguantado que lo arrastrara de un lado para otro sin quejarse ni una sola vez e incluso la había invitado a todos los dulces que se le habían antojado…

Por no hablar de que, en ningún momento, había dudado en cogerle la mano. Aunque Ukyo sospechaba que aquel gesto seguía dándole un poco de apuro, pues sus orejas rojas no mentían, al fin y al cabo.

Sonrió. Nunca se le habría ocurrido que Ranma pudiese alcanzar aquellos niveles de adoración; como siempre se jactaba de ser muy masculino, se le hacía raro ser capaz de apreciar sus expresiones más vulnerables.

Decidió en ese mismo instante que era algo que quería ver cada de día de su vida. Sería como café para su alma: la llenaría de energía, y de amor, y…

—Oh, es aquí —en su ensimismamiento, casi había pasado por alto el letrero que señalaba el cuarto de baño para mujeres. Refunfuñó cuando la puerta se resistió a abrirse y tuvo que ahogar un insulto cuando una chica que salía por poco la arroyó—. Pero será…

No terminó la frase, pues sus ojos se encontraron con una mirada castaña que abrió un vacío bajo sus pies.

Akane. Era Akane.

… o su reflejo.

Incluso con una mancha enorme adornándole su falda blanca, estaba preciosa.

Akane era una de esas chicas que se veía bien se pusiese lo que se pusiese.

—Perdona, ¿vas a pasar?

Ukyo no notó que alguien la empujaba. Se acercó al espejo con lentitud, como esperando el momento en el que algo fallara y le dijera que lo que estaba viendo no era el reflejo de su propio cuerpo, que se trataba de una ilusión…

Pero, lo cierto era que la ilusión era lo que había estado viviendo aquella tarde.

Las caricias de Ranma.

Sus sonrisas.

Esos toques subrepticios que le llenaban los ojos de felicidad.

Las miradas cargadas de algo que había intentado disimular.

Ukyo se mordió el labio inferior cuando empezó a temblarle al recordar todos aquellos detalles que habían hecho de aquella salida una cita perfecta.

Me iba a besar, pensó, recordando el momento exacto en el que los ojos azules de Ranma se habían posado sobre sus labios.

En su reflejo, vio que los ojos se le habían llenado de lágrimas.

No. La iba a besar a ella.

Ukyo no supo cuánto tiempo permaneció de pie ante el espejo. Solo cuando una señora entrada en años le pidió que se apartara para lavarse las manos fue que parpadeó y volvió a la realidad: una realidad en la que había intentado engañarse a sí misma, sin mucho éxito.

Aunque la verdad era que se había embarcado en una misión suicida desde el principio, ¿no?

Cansada, examinó la mancha de chocolate que decoraba ahora su falda. ¿De verdad importaba que intentara limpiarla? Había creído que Akane no se ofendería tanto si, al menos, intentaba ser cuidadosa con sus pertenencias, pero…

Prácticamente le había robado su vida durante tres días.

Sabía que aquello no tenía perdón.

Así que, ¿qué importaba una ofensa más?

Sintiéndose vacía, Ukyo se dirigió a la puerta.

Ni siquiera se sorprendió cuando, nada más abrirla, vio que Ranma la estaba esperando afuera.

Se permitió unos segundos para estudiarlo; sabía a la perfección que aquella sería una de las últimas, sino la última, ocasiones que tendría para hacerlo. Cuando supiese la verdad, Ranma jamás la volvería a mirar.

Oh, ¡cuántas veces había soñado con ser objeto de su adorable preocupación! ¡Cuántas veces no había querido ser ella a quien cogía de la mano con tanta ternura, a quien se acercaba casi con devoción, a quien acariciaba con una delicadeza de la que nunca lo había creído capaz!

Pero no era a ella a quien dedicaba todos aquellos gestos. Mientras Ranma eliminaba la distancia que había entre ellos con apenas dos pasos, Ukyo pensó en la maravillosa tarde que habían pasado juntos… y que Ranma creía que había pasado con Akane.

Suspiró.

—Hey —unos dedos masculinos se posaron en su mejilla izquierda—. ¿Por qué estás llorando? ¿Qué te pasa?

Las lágrimas que luchaba por contener se escaparon de los confines de sus ojos.

—¿Akane? Es por… —Ranma pareció dudar—. ¿Es por el vestido? Porque sabes que no importa, ¿no? Es solo un vestido, Akane. No te preocupes, sigues estando…

—No…—gimió Ukyo, incapaz de levantar la vista—. No…

—¿Akane? ¿Qué te pasa?

Un sollozo sacudió su cuerpo.

—Oh, Ran-chan.

Armándose de valor y sorbiéndose la nariz, Ukyo se obligó a alzar la mirada. Ranma la observaba con preocupación evidente y parecía dispuesto a saltar en frente de cualquier amenaza en cualquier momento.

¿Qué haría cuando descubriera que la amenaza era ella?

—¿Akane? —repitió el chico que amaba sin dejar de acariciarla.

Y, con amargura, Ukyo respondió:

Eso es lo que me pasa —una risa espectral se escapó de entre sus labios—. Que no soy Akane.


(1) El Tokyo Big Sight o el Centro de Exposición Internacional se inauguró en 1996, en abril, para ser exactos. Siempre he creído que Ranma 1/2 se desarrolla más bien en la primera mitad de la década de los 90, pero esto es un fanfiction, así que creo que da un poquito igual.

(2) Dicha estación da directamente al TBS así que deduzco que se construyó/puso en funcionamiento para la misma época. Ah, y calculé más o menos el recorrido que hace el tren con la ayuda de mi amigo Google Maps, así que es más que probable que me equivoque, y más teniendo en cuenta que esto "sucedió" hace más de 20 años y que las cosas han debido de cambiar mucho desde entonces.

(3) En mi vida he estado en el TBS, Hulio. Ni medianamente cerca, así que lo más seguro es que lo descrito aquí diste mucho de la realidad. Me gustaría aclarar que me imagino el evento al que asisten Ranma y Ukyo como una feria del libro como se celebran en España, que son las únicas ferias del libro que conozco: se montan un montón de casetas numeradas que corresponden a editoriales. Suelen haber autores invitados que firman ejemplares y hasta se hacen fotos con sus lectores. Imagino que en vuestros países se hacen cosas similares.

Aunque el TBS es conocido porque casi no tiene lugares donde comer (eso sí, se ve que tiene máquinas de bebida gratuitas, como el aeropuerto de Frankfurt), he jugado un poco con mi poder de autora de este pequeño universo que he creado para añadir puestos de comida porque me parecía necesario.


N/A: Bueno. He tardado un poquito, pero al menos os he traído un capítulo dos veces más largo de lo que suelo escribir. ¡Espero que os haya gustado!

A todos los invitados que me habéis dejado un comentario, os doy las gracias por aquí porque por PM no puedo. ¡Vuestro apoyo me anima mucho a seguir escribiendo!

¿Qué creéis que pasará en el próximo (y último) capítulo de la parte de Ukyo? ¿Cómo creéis que reaccionará Ranma ante su confesión? ¿Y Akane? ¿Cómo creéis que lo está pasando en la otra punta de Japón? No dudéis en dejarme vuestra opinión en un comentario!