Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Yo solo juego con ellos porque el final del manga estuvo a puntito de provocarme una úlcera :D

Además, hay un link en mi perfil de la imagen que he utilizado como portada.

Advertencia: para basarme en los personajes me he fijado más en el manga que en el anime. Pero también es cierto que han pasado años desde que me lo leí y aunque he vuelto a él para pescar algunos detalles necesarios para este fic no me puedo considerar una experta. Así que habrán errores, claro que sí, y si me los señaláis puede que los corrija o puede que no. Depende de si contribuyen en algo a la hora de contar este relato.


◤El Intercambio◢

«"1. tr. Hacer cambio recíproco de una cosa o persona por otra u otras". Ukyo y Akane no saben qué ha ocurrido, pero están más que dispuestas a desvelar el misterio por el que se hallan tan lejos de sus propios cuerpos. Y mientras se enfrentan a diversos desafíos, quizás encuentren respuestas que no sabían que buscaban. »


◉○ PARTE 1 ○◉


UKYO IX

«En el que el engaño se descubre»


Ranma tardó una milésima de segundo en apartarse de Ukyo, como si, de repente, su piel hubiese estallado en llamas y no soportase el dolor que le causaba su cercanía.

Sin embargo, notó Ukyo con cierta incredulidad, no se alejó demasiado. Seguía estando lo suficientemente cerca como para aprehenderla fácilmente si era necesario.

O… Ukyo no se podía olvidar de que Ranma era un artista marcial. Y que, como tal, se especializaba en ataques a corta distancia.

Tragó grueso. Ranma no… no la atacaría allí mismo, ¿no? No en ese cuerpo. No delante de toda esa gente…

—No soy Akane —se apresuró a explicar—, pero este es el cuerpo de Akane. Estoy segura de que Akane te agradecería que no hicieras nada… precipitado.

Ranma guardó silencio y se limitó a arquear una ceja con displicencia.

Ukyo se humedeció los labios e intentó sorberse la nariz con tanta dignidad como fue capaz.

—Akane y yo hemos intercambiado cuerpos —aclaró—. Por lo que hemos podido deducir…

—¿«Hemos»?

A Ukyo le costó un momento entender qué le estaba preguntando.

—Oh, Akane, eh… —hizo una mueca—. Akane ha estado poniéndose en contacto conmigo.

Ranma contestó un murmullo ininteligible.

Permanecieron callados. Ukyo tenía la inconfundible sensación de encontrarse en peligro y era incapaz de permanecer quieta por mucho tiempo: cada pocos segundos, se veía obligada a cambiar el peso de una pierna a otra y a mirar a su alrededor. Maldijo al arquitecto que había diseñado aquel edificio. Los baños se encontraban en una especie de callejón cuya entrada Ranma tenía protegida.

Finalmente, Ranma emitió un largo suspiro y se pellizcó el puente de la nariz con firmeza.

—Si Akane ha estado en contacto contigo, ha sido mediante un medio que conoce perfectamente… ¿Por teléfono? —no esperó a que Ukyo desmintiera ni confirmara nada—. Pero las únicas llamadas que has recibido estos últimos días son de tus amigas y de Ukyo.

Ukyo tosió disimuladamente.

—Pero volveremos a eso más tarde. Por el momento… ¿Desde cuándo… no eres Akane? ¿Tal vez desde el día que te fuiste a la piscina con Yuka y Sayuri?

—¿Cómo has…?

Ranma se encogió de hombros.

—Conozco a Akane. Desde ese día te has… se ha… —gruñó una palabrota—. Desde ese día he tenido la sensación de que Akane estaba rara —acabó por decir—. De hecho, creí que alguien se estaba haciendo pasar por ella. Por eso, esta mañana, con el té…

—¿Té? —Ukyo estaba confundida. ¿Por qué Ranma estaba tan calmado? ¿Por qué le estaba diciendo todas esas cosas? —¿Te refieres al té de esta mañana? ¿Lo hiciste aposta? —por alguna razón, eso la molestaba.

—Tenía que comprobar que no eras nadie bajo la maldición —explicó Ranma con una tranquilidad que a Ukyo le ponía la piel de gallina—. El té era la única fuente de agua caliente que no levantaría sospechas, ¿sabes?

—¿«La maldición»? —Ukyo se tambaleó—. ¿Me estás diciendo que hay una maldición que adopta la forma de Akane? ¿Desde cuándo?

Ukyo había tenido la suerte de no caer bajo ninguna maldición de Jusenkyo, a diferencia de gran parte de los eneamigos de Ranma, pero eso no quería decir que no supiese exactamente cómo se originaban. Si había un estanque de la Akane ahogada...

Se estremeció.

Ranma, sin embargo, no parecía en absoluto preocupado. Es más, en el segundo exacto en el que había hablado, su mirada había adoptado un brillo perspicaz.

—Así que me conoces —dijo—. Conoces a la familia de Akane. Conoces a mi familia. Y conoces la maldición —explicó cuando Ukyo frunció el ceño—. No eres mi enemigo —concluyó.

—¿Cómo estás tan seguro de ello? —se vio obligada a preguntar.

—No has intentado atacarme ni una sola vez en todo este tiempo —señaló Ranma—. Es más, me parece a mí que solo has intentado pasar tiempo conmigo. ¿Por qué?

Ukyo se mordió la lengua.

—Diría que eres un espíritu que solo necesita divertirse un rato… tal vez una cita con un chico guapo, para pasar a la otra vida —siguió diciendo Ranma como si eso fuera algo que le pasara todos los días—, pero tú misma (porque eres una chica, ¿verdad?) has admitido que Akane está en tu cuerpo. Eso significa que estás viva.

Ranma dio un paso hacia ella y Ukyo se vio en la necesidad de retroceder.

—Ahora, lo importante… —susurró Ranma demasiado cerca de su rostro, con una mirada acerada que Ukyo habría encontrado increíblemente atractiva bajo otras circunstancias— es dónde está ese cuerpo. Y por qué Akane no ha regresado todavía, ni ha intentado contactar con nosotros.

Ranma se apartó de ella tan rápido como se había acercado. Una sonrisa cruel apareció en su rostro y Ukyo se estremeció con un escalofrío.

—Algo me dice que tú sabes la respuesta a todas esas preguntas.

—Ran-chan…

Ranma se puso tenso como una estatua.

—Algo así me imaginaba —dijo. Girando sobre sus talones, empezó a andar antes de que Ukyo tuviese la oportunidad de preguntarle a qué se refería—. Hablaremos en casa, Ukyo.

El viaje a Nerima fue incluso más silencioso que el viaje que los había llevado hasta el Centro de Exposición. Y eso que, esta vez, Ukyo no fue capaz de quedarse dormida, pese a que estaba cansada y lo último a lo que quería enfrentarse era esa espantosa calma que parecía rezumar Ranma.

Quien, por cierto, se encontraba a tan solo un asiento de distancia. Ukyo quería preguntarle por qué la trataba así, por qué no le reclamaba nada ni intentaba sacarle las respuestas en las que estaba evidentemente interesado.

Pero lo único que fue capaz de decir cuando llegaron a la estación de Nerima fue:

—No quería que pasara esto, Ran-chan.

—No, por supuesto que no —comentó Ranma con cierta saña.

Cuando llegaron a casa Tendo no había nadie. Una nota explicaba que un familiar del señor Tendo había tenido un problema de salud y que tanto él como Kasumi habían ido a visitarlo. Ukyo no necesitaba que Ranma le explicara que en realidad era una excusa para dejarlos solos.

—Claro está, que si supieran lo que le has hecho a Akane…

—Un momento, ¡yo no le he hecho nada a nadie!

—Me lo creeré cuando Akane me lo diga —replicó Ranma en un gruñido—. Ahora dime, ¿dónde está? ¿Cómo has hablado con ella?

A Ukyo no le quedó más remedio que admitir que no sabía exactamente dónde se encontraba. Le contó que sus planes para el verano consistían en viajar por las principales islas de Japón y que Akane, por algún motivo, había intentado seguirlos.

—Antes de que pasara todo eso estaba en Yonabaru —Ranma se había puesto pálido—. Pero la última vez que llamó, reconocí el prefijo de Amami. Está otra isla —aclaró cuando Ranma no reconoció el nombre de inmediato—. Solo sé que existe y el prefijo que utiliza porque tuve que hacer la reserva del apartamento hace un par de semanas. Es… es el número que me dio Kasumi anoche —reconoció.

Ranma cerró los ojos. A Ukyo le pareció escuchar que murmuraba «pero mira que soy estúpido», pero no estaba segura.

Lo siguió hasta el recibidor, donde le entregó el trocito de papel con números escritos del que tantas veces había querido deshacerse desde la noche anterior.

Ranma lo sostuvo con dedos temblorosos. Cuando se dio cuenta de que Ukyo lo observaba, arqueó una ceja en su dirección como preguntándole qué hacía allí todavía.

Ukyo se puso roja de la vergüenza al comprender que Ranma no iba a llamar a Akane mientras ella estuviese presente.

Decidió que ese era un buen momento para subir a la habitación de Akane. Al fin y al cabo, se había pasado todo el día fuera y además le habían tirado una bebida azucarada por encima. Un baño le sentaría bien después de todo lo que había ocurrido.

Cuando regresó a la habitación con el pelo envuelto en una toalla, se encontró con que Ranma la estaba esperando apoyado en el escritorio.

—Uy, qué corta ha sido esa llamada —comentó con malicia.

Ranma apretó la mandíbula con tanta fuerza que un músculo palpitó en su rostro.

—¿Cómo está Akane? ¿Cómo va el negocio? —se interesó.

Se dejó caer sin ganas sobre la cama y observó a Ranma. Con los brazos cruzados sobre el pecho y la cara de pocos amigos que tenía en esos instantes, resultaba realmente intimidador.

—Akane está bien —respondió al cabo de unos segundos. Tenía el pelo revuelto y varios mechones oscuros se le habían salido de la trenza, como si se hubiese pasado las manos por los cabellos muchas veces con desesperación—. Gracias por tu preocupación. No está muy convencida de que haya sido Shampoo y sigue en Amami, como habías dicho. Aunque, aparentemente —gruñó—, mañana va a mudarse a Tanegashima.

Ukyo arqueó las cejas. ¿Incluso ahora Akane pensaba seguir con su restaurante nómada?

Le transmitió sus dudas a Ranma, que esbozó la primera sonrisa sincera de la noche.

—Akane es muy testaruda —explicó. A Ukyo no le quedaron dudas de que se habían enzarzado en una discusión precisamente por eso—. Se le ha metido entre ceja y ceja que tiene que ayudarte con el restaurante. No sé muy bien por qué, teniendo en cuenta la situación —añadió con una mueca.

—Akane es demasiado buena —reconoció Ukyo con un extraño nudo en la garganta—. En su lugar, yo habría removido cielo y tierra…

—¿Ah, sí?

La ironía no pasó desapercibida. Ukyo suspiró.

—Me refiero a si tuviese esta vida —explicó con cansancio—. ¿Por qué crees que no he hecho nada por volver a mi triste realidad? Mi restaurante es mi vida. Y a veces es asfixiante —reconoció.

Ranma apretó los labios como si estuviese conteniendo un comentario y se incorporó. Parecía inquieto, como si él también tuviese los nervios de punta y fuese incapaz de quedarse sin hacer nada. Finalmente, dijo:

—Pero esa no explica estos últimos días, ¿no?

—No —admitió Ukyo agachando la mirada—. Al principio no estaba segura de qué estaba pasando. Luego quise —hizo una mueca— recopilar toda la información que pudiese sobre ti. Y estar contigo. Después… Después, solo deseaba que me miraras a mí. Como la miras a ella —se le rompió la voz.

Porque era cierto. En su subconsciente, hacía mucho tiempo que se había dado cuenta de la realidad y todo lo que había hecho desde entonces era un simple consuelo para su corazón roto.

Obligándose a sonreír, Ukyo lo miró. Ranma la observaba con tristeza, como si supiese exactamente el esfuerzo que le estaba costando no romper en llanto allí y entonces.

—Siempre ha sido ella, ¿no es así?

Esbozando una sonrisa abatida, Ranma asintió.

Ukyo ni siquiera sintió el golpe de dolor que siempre se había imaginado que acompañaría aquel momento; se dio cuenta de que siempre había estado allí, en cada gesto que Ranma dedicaba a Akane y en su evidente desinterés por ella.

Suspiró.

—Bueno —comentó con una alegría que no sentía—, ahora, ¿me vas a contar por qué Akane está tan interesada en hundir mi negocio en realidad? ¿O voy a tener que adivinar? Luego podemos hacer planes para visitar a Shampoo, si quieres.

La tensión del cuerpo de Ranma lo abandonó en una exhalación. Con cuidado, como si temiese romper la apacible calma que Ukyo intentaba mantener, se acercó hasta ella.

—¿Por qué no me cuentas lo que hiciste el día anterior al intercambio? —le pidió con afecto. Ukyo no sabía que había echado de menos precisamente ese tono de voz hasta ese momento. Sonrió, pese a que aquel cambio de tema (por no hablar de la actitud) le parecía especialmente sospechoso—. Tal vez… tal vez si lo comparamos con lo que hizo Akane, descubramos algo importante.

Ignorando el dolor que se había asentado en su pecho (y que sospechaba permanecería allí mucho tiempo), Ukyo arqueó una ceja.

—¿Es que ahora te pasas todo el día con Akane? —se burló.

Ranma tuvo la decencia de parecer ligeramente avergonzado. Atravesando la habitación con la seguridad que solo podía ostentar el dueño o alguien que pasase mucho tiempo entre esas cuatro paredes (Ukyo prefería no pensar mucho en ello), se dirigió a una estantería de madera que parecía curvarse bajo el peso de los libros y extrajo de ella una libreta tan fina que Ukyo ni siquiera había reparado en ella.

—Por supuesto que no me paso todo el día con Akane. Pero vivo con ella y sé… cosas —Ranma levantó la libreta en el aire con expresión triunfante—. Como dónde esconde su diario.

—Eres un ser despreciable —comentó Ukyo con voz impasible.

—Y tú no tienes ningún derecho a juzgarme —replicó él, dejándose caer sobre el suelo y abriendo el diario en un mismo movimiento.

Tenía razón, aunque Ukyo consideraba que todavía era un poco pronto para ponerse a hacer bromas con eso.

Ah, bueno. Suponía que Ranma estaba siendo bastante generoso, teniendo en cuenta las circunstancias…

Eso no evitó que lo empujara con más fuerza de la que su sonrisa juguetona sugería cuando se sentó junto a él.

—Ni creas que te voy a dejar leer su diario —murmuró Ranma mientras pasaba las páginas con gentileza.

Ukyo se rio por la nariz.

—¿Acaso soy un monstruo acosador como tú? —frunció el ceño—. Espera, será mejor que no respondas a eso.

El sonido de Ranma riéndose a carcajadas casi valió la pena.


N/A: Bieeeen! La primera parte de este fic está terminada... y estoy segura de que más de uno de mis lectores no estará muy contento.

Mi explicación: Ranma trata a Ukyo como un amigo y creo que eso es importante para él, que no ha tenido muchos amigos en su vida. Eso no quiere decir que la haya perdonado ni mucho menos, pero sí que está dispuesto a escuchar lo que tiene que decir, sobre todo porque confesó.

Ahora bien, ¿qué ocurrirá a continuación? ¿Por qué Akane no ha aprovechado esta oportunidad para volver a casa?

Por cierto, tengo algo que proponeros... ¿os interesa que en tumblr o twitter (o incluso instagram) vaya subiendo extractos del fic para que vayáis viendo cómo avanzo y me deis ánimos? Tengo una cuenta en wattpad para mis ideas originales y alguien me recomendó recientemente que me hiciera con un perfil en alguna de esas plataformas para hacer eso mismo (por cierto, quedáis invitados a leer esas historias originales cuando queráis, mi nombre de usuario en wattpad es el mismo que aquí, lo cual explica el cambio de nombre).